Eskiminzin

* Eskiminzin. Hashké Bahnzin, más conocido como Eskiminzin, nació alrededor de 1828 en la banda Pinal pero se casó con una aravaipa, llegando a ser su jefe. Las dos bandas pertenecían al grupo que más tarde fue llamado apaches San Carlos. A mediados de la década de 1840, se casó con una hija de Santos.

En febrero de 1871, pensando que era inútil seguir luchando contra la masiva llegada de hombres blancos al territorio, decidió rendirse. Envió a cinco ancianas apaches a Camp Grant (Pinal County, Arizona) a pedir la paz. El teniente Royal Emerson Whitman, comandante temporal del puesto, recibió a las mujeres con cortesía y preparó un encuentro con Eskiminzin para hablar de paz. En reuniones posteriores, llegaron a un acuerdo para que su gente instalara sus wickiups al este de Camp Grant. Para el 5 de marzo, había 300 apaches; poco después aumentarían a 500. Técnicamente eran “prisioneros de guerra” bajo la jurisdicción de Camp Grant. Whitman informó al general George Stoneman, comandante del departamento de Arizona, y esperó órdenes. Stoneman, cuyo cuartel general estaba en California, esperó demasiado en transmitir sus instrucciones a Whitman, lo que contribuyó a desencadenar los acontecimientos.

El 10 de marzo, nativos sin identificar atacaron un convoy que iba de Camp Grant a un puesto militar temporal en las Pinal Mountains. Mataron brutalmente a un soldado y a un mexicano, y robaron 16 mulas.
El 20 de marzo, unos nativos mataron a L. B. Wooster, un ranchero de Tubac (Santa Cruz County, Arizona); y se llevaron cautiva a Trinidad Aguirre, una mujer mexicana, de una localidad al sur de Tucson.
El 22 de marzo, varios ciudadanos de Tucson se reunieron y formaron un “Comité de Seguridad Pública”, cuyo principal organizador era William Sanders Oury (un antiguo soldado en la guerra entre los Estados Unidos y México; y ex alcalde de Tucson. Era conocido por su temperamento violento, habiendo tenido dos duelos con dos hombres a los que mató). Decidieron enviar una delegación al general Stoneman para pedir protección militar, quien contestó que la política del gobierno buscaba la pacificación con todos los apaches y se opuso a la petición. Oury llegó a la conclusión de que los ciudadanos estaban solos. Whitman aseguró a los ciudadanos de Tucson que los apaches que estaban acampados en las cercanías de ese puesto militar, nunca dejaron de estar bajo su control.
El 25 de marzo, un editorial del “Arizona Citizen” de Tucson contribuyó a aumentar el odio contra los apaches diciendo: ¿Permitirá el comandante del Departamento que los asesinos sean alimentados con los suministros comprados con el dinero del pueblo?“.
El 10 de abril, unos nativos saquearon una granja y se llevaron 19 cabezas de ganado. La noticia llegó a Tucson por medio de unos papagos, tradicionales enemigos de los apaches. Rápidamente se formó un grupo que fue tras los autores durante 80 km. Encontraron a un nativo solitario, llegando a la conclusión de que era un rezagado del grupo al que perseguían, identificándolo como un apache aravaipa de Camp Grant, al que mataron. Durante la persecución, encontraron muertos a otros tres colonos blancos. El incidente vino reflejado en el “Arizona Citizen”. Tres días después, en una localidad a 48 km de Camp Grant, un campesino apareció muerto.
John Wasson, editor del “Arizona Citizen”, tuvo acceso al informe anual del general Stoneman, referente a 1870, que recomendaba que siete de los 15 puestos militares del Departamento fueran cerrados.
Oury decidió actuar, y junto a Jesús María Elías, un ranchero mexicano, empezaron a reclutar voluntarios para atacar a los aravaipas que tenían su ranchería en el Aravaipa Creek, cerca de Camp Grant, y a los que culpaban de ser los autores de las últimas depredaciones. Elías y su hermano José eran buenos rastreadores, lo que sería muy útil para encontrar la ranchería en la obscuridad. Además estaban dispuestos a hacerlo porque los apaches habían atacado recientemente su rancho, matando a dos hermanos y llevándose parte de su ganado.
Al final, el grupo quedó formado por seis estadounidenses y 48 mexicanos pero considerándolo escaso, fueron a hablar con Francisco Galerita, el jefe papago, reclutando a 94 hombres más.
Sidney Randolph DeLong era el proveedor más importante de mercancías para el ejército, rancheros, contratistas, y mineros. Alguna de sus caravanas había sido atacada por los apaches por lo que estaba interesado en participar. Lo hizo proporcionando provisiones al grupo atacante.
Samuel C. Hughes, Ayudante General del Territorio, proporcionó las armas y municiones para los seis estadounidenses y 48 mexicanos. Los papagos iban armados de mazas y lanzas.
El 28 de abril, el grupo se puso en marcha en pequeños grupos, para no levantar las sospechas de los militares de Fort Lowell (en las afueras de Tucson), reuniéndose a pocos kilómetros de allí. Para evitar que alguien de Tucson pudiese dar la alarma o que alguien del grupo se arrepintiese y diese media vuelta, Oury dejó a seis jinetes en el camino que llevaba a Camp Grant para que interceptasen a toda persona que pasase por allí, mientras el resto se dirigía a su destino. Entre estos seis hombres estaba Hiram Sanford Stevens, un buen amigo de Oury.
Oury acertó. De alguna manera, la noticia llegó a Fort Lowell, saliendo a todo galope el cabo Clark para dar aviso a Camp Grant de lo que iba a ocurrir. Clark fue interceptado y retenido durante dos horas por los seis jinetes que Oury había dejado atrás, y tuvo que volver a Fort Lowell sin poder cumplir su misión.
Esa noche, el grupo de Oury acampó muy cerca de la ranchería de los aravaipas, esperando al amanecer. Alrededor de las 02:00 horas se levantaron, se prepararon y avanzaron, llegando tan cerca que podían ver los rescoldos de las hogueras del campamento situado junto al Aravaipa Creek. Siguieron adelante, agachados, como fantasmas, de roca en roca.
A las 05:00 horas del 30 de abril de 1871 atacaron. En media hora acabó todo, comenzando el saqueo y llevándose recuerdos de su acción. Después prendieron fuego a las wickiups arrojando al fuego lo que no quisieron llevarse.
El grupo de Oury no tuvo bajas. Mataron a ocho varones, y a 110 mujeres y niños. También se llevaron a 28 niños que desaparecieron en México. La gran mayoría de las muertes fueron realizadas por los papagos golpeando a los apaches con sus mazas.
A las 07:30 horas de aquella mañana del 30 de abril, un excitado mensajero llegó a Camp Grant desde Fort Lowell interrumpiendo el desayuno del teniente Whitman con un mensaje urgente. Declaró que ciudadanos armados de Tucson planeaban una masacre contra los apaches que estaban bajo custodia del teniente. Whitman envió inmediatamente a dos intérpretes para avisar a los apaches y que viniesen al puesto a protegerse. Pero cuando llegaron, el campamento estaba completamente diezmado. El cirujano del puesto, Conant B. Briesly, junto con 12 hombres, fueron inmediatamente a prestar ayuda a los heridos encontrando los cadáveres dejados al sol para que se pudrieran. Sin embargo, la masacre era tal que sólo una mujer sobrevivió. Estaba tan emocionalmente paralizada que no volvería al puesto. A las 08:00 horas de la mañana, el grupo atacante responsable de la masacre estaba desayunando y celebrando su acción.
Whitman dirigió personalmente un destacamento para enterrar a los muertos con la esperanza de demostrar a los supervivientes que no pretendía hacerles daño y convencerles para que regresaran. Poco a poco, los aravaipas fueron llegando. Después de una larga charla, Whitman convenció a Eskiminzin que siguiera en paz. (Había perdido a dos esposas, una de ellas llamada Oshtunney, y a cinco hijos en la masacre. Pudo salvar a una hija pequeña llevándosela a rastras).
La prensa y los ciudadanos de Arizona lo justificaron como un acto en defensa propia. El presidente estadounidense Ulysses Simpson Grant lo describió como “puro asesinato” y exigió que los autores fueran juzgados bajo amenaza de imponer la ley marcial.
Los periódicos de Arizona, en particular el “Arizona Citizen” de John Wasson, intentaron implicar a Whitman, más tarde conocido como “el hombre más odiado de Arizona”, en la masacre que intentó detener.
En diciembre, 104 de los participantes en la masacre fueron detenidos y acusados del ataque y de las muertes que causaron. Después de un juicio de cinco días, el jurado deliberó durante 19 minutos, y su portavoz John B. Allen entregó al juez John Titus el veredicto de “no culpables”. William Sanders Oury sonrió.
Cuando John Philip Clum llegó a San Carlos, Eskiminzin se convirtió en un estrecho colaborador. En 1876, Clum le llevó junto a otros apaches a Washington.

Tuvo un pequeño rancho en el San Pedro Valley , a unos 95 km al norte de Tucson. Diez años después, en 1887, el ex teniente Britton Davis visitó el rancho y se sorprendió de lo que vio. Dijo que la pequeña colonia de seis u ocho familias bien podría haber sido confundida con prósperos agricultores mexicanos, y que su capacidad de adaptarse a las costumbres estadounidenses era al menos una generación antes de lo que él pensó que podría ser. Más tarde, Davis se enteró a través de los comerciantes de Tucson que Eskiminzin tenía crédito en la localidad, al menos por 4.000 ó 5.000 $ (unos 100.000 $ de 2017).

Pero también había gente que le tenía envidia. Había blancos en Tucson que estaban indignados por su éxito, e incluso por estar fuera de la reserva, comentando que había que atacar su rancho. En 1888, el capitán Francis C. Pierce, comandante y agente de San Carlos, envió al teniente Watson al rancho de Eskiminzin para avisarle que estaría más seguro en San Carlos porque un grupo de Tucson quería atacarle. Más adelante, Eskiminzin informó: Vinieron al día siguiente después de que salí de mi rancho y dispararon a mis mujeres, agujereándoles las faldas y llevándoselas, junto a 513 sacos de maíz, trigo y cebada. Destrozaron 523 calabazas y se llevaron 32 cabezas de ganado. Llevé mis caballos, carros [había dos] y arneses conmigo a San Carlos“.

Pierce dijo a Eskiminzin que podía elegir un terreno para una granja en la reserva. Escogió una parcela en el río Gila y empezó de nuevo, limpiando tierra, poniendo cercas y cavando una zanja de riego. En 1884 ó 1885, Apache Kid se casó con una hija de Eskiminzin y tuvieron dos hijos. En ese momento Apache Kid parecía tener un futuro brillante. Era un respetado explorador, sargento 1º en el ejército y un protegido del jefe de exploradores Al Sieber. En 1887 Apache Kid mató a un apache llamado Rip que creía que estaba detrás de la muerte de su padre. Todo esto sucedió mientras Al Sieber le había dejado a cargo de los exploradores en San Carlos mientras él y el capitán Pierce iban a resolver unos asuntos fuera de la reserva. Cuando regresaron y se enteraron de que Apache Kid y otros tres exploradores estaban ausentes por esa muerte, Sieber, enojado y molesto, ordenó a los exploradores que entraran y se rindieran, lo cual hicieron. Sin embargo, entre la multitud de apaches reunidos para verlos detenidos, alguien disparó a Sieber. Aunque Sieber estaba seguro de que fue Apache Kid, más tarde se demostró que no fue él ni ninguno de los otros exploradores. Sieber, herido en el tobillo y lisiado de por vida, seguía creyendo que Apache Kid era el tirador y así lo testificó en futuros juicios. Después de que Apache Kid y los demás pasaran por tres juicios y un tiempo en Alcatraz, fue liberado y regresó a San Carlos. Pero debido a un cambio en la ley, un tribunal civil de Arizona en 1889 después del tercer juicio condenó a Apache Kid a siete años en la prisión de Yuma por disparar a Al Sieber. Apache Kid y otros nueve prisioneros apaches escaparon, matando al sheriff y su ayudante mientras los llevaban a la prisión de Yuma. Un año después, solo Apache Kid estaba libre y nunca fue atrapado.

El capitán John Bullis, entonces agente de San Carlos, afirmó que tenía pruebas de que Eskiminzin había ayudado a los fugitivos, proporcionándoles comida y municiones, siendo una “influencia perturbadora“ en la reserva. En marzo de 1890, Bullis, alegando que estaba evitando un levantamiento en San Carlos, envió a 75 hombres, mujeres y niños,  familiares o simpatizantes de los fugitivos a Fort Union (Mora County, New Mexico). Entre ellos estaban Eskiminzin y su familia, y la esposa e hijos de Apache Kid. Desde Fort Union fueron enviados a Mount Vernon Barracks (Mobile County, Alabama) como prisioneros de guerra junto a los chiricahuas de Gerónimo y Naiche. Gerónimo y los demás prisioneros pensaron que la razón por la que habían enviado a Eskiminzin con ellos fue porque los oficiales del ejército querían vengarse de él por ayudar a Juh a sacar al encadenado Gerónimo y al resto del calabozo de John Clum en San Carlos 12 años antes.

En 1892, Eskiminzin pidió que le enviaran de vuelta a su granja en San Carlos. Sin embargo, todos los oficiales del ejército que tuvieron algún contacto con él en San Carlos (el capitán Bullis que lo envió a Mount Vernon; el capitán Lewis Johnson que le sucedió como agente de San Carlos; y el general de brigada Alexander McCook al mando del Departamento de Arizona) rechazaron su regreso diciendo que desde que Eskiminzin no estaba, la paz y la tranquilidad reinaban en San Carlos. 

Cuando John Clum visitó Mount Vernon en enero de 1894, vio a su amigo prisionero trabajando de jardinero y realizando gran cantidad de compost junto a dos mujeres. Clum le preguntó por qué estaba allí y él dijo: Grandes mentiras, ya sabes. Clum empezó una campaña por su liberación, escribiendo cartas y visitando el Departamento de Guerra. Eskiminzin también tuvo el apoyo del teniente Hugh Lennox Scott, oficial que el Departamento de Guerra había enviado a Mount Vernon para evaluar la posibilidad de reubicar a los chiricahuas en Fort Sill. Le dijo a Scott que no había estado en guerra y que había sido encarcelado por algún “cotilleo” sobre Apache Kid. Pidió que le llevaran a Arizona, donde tenía una esposa que aún cuidaba su granja, aunque habían robado 10 de sus caballos.

Scott recomendó al general Miles que permitiera a Eskiminzin regresar a su hogar. Miles respondió enojado que eso nunca sucedería mientras viviera porque Eskiminzin había enterrado a un hombre blanco hasta el cuello en un hormiguero. Scott argumentó que eso ocurrió 25 años antes, que Miles había tolerado actos de salvajismo de otras tribus y que Eskiminzin tenía una vida productiva fuera de la reserva, y que creía que Miles estaba cometiendo un error. Luego dejó el tema temiendo que haría más daño que bien si continuaba insistiendo. El 14 de septiembre de 1894, todos los prisioneros de Mount Vernon, excepto Eskiminzin y su banda, fueron llevados a Fort Sill. Los aravaipas quedaron bajo la custodia de la compañía de Infantería del capitán Bailey mientras el Departamento de Guerra preguntaba a Miles acerca del lugar dónde iban a ser enviados. Scott pronto se enteró que el capitán Bailey y sus soldados escoltaron a Eskiminzin y su gente de vuelta a Arizona.

En el tren, un oficial de la escolta dijo: Esos apaches corrieron hacia adelante por los vagones con lágrimas de alegría en sus rostros al reconocer puntos de referencia de su antiguo país. En 1928, el general Scott escribió en “Some Memories of A Soldier”:El agente los estableció en su reserva, donde demostraron ser las personas más laboriosas, educadas y progresistas que había, un ejemplo notable para otros. Eskiminzin murió poco después de su regreso, y sentí que algo tuvo que ver al permitirle morir en su propio país, porque la gente de Arizona le había hecho un daño enorme“.  Eskiminzin murió en San Carlos en diciembre de 1895. Sus descendientes continuaron cultivando sus tierras de San Pedro Valley.