La apachería en el siglo XIX (3)

1851

* A principios de enero, dos partidas de guerra apaches incursionan por Sonora. (La primera, formada por guerreros chokonen, estaba liderada por Posito Moraga, Trigueño e Yrigollen, con algunos nednais de rancherías situadas en Janos [Chihuahua]; la segunda, liderada por Mangas Coloradas [entonces tenía unos 60 años], incluía los chihennes de Delgadito y Ponce, los bedonkohes de Teboca, y los chokonen de Miguel Narbona y Esquinaline, más varios coyoteros White Mountain y, según algunas fuentes, unos cuantos mescaleros liderados por Cadete y Ratón. También estaban Cochise [yerno de Mangas Coloradas], Gerónimo [entonces tenía 28 años] y Juh. Los nednais de Coleto Amarillo no participaron, permaneciendo en Janos. Según informes mexicanos, cada grupo tenía, al menos, 150 guerreros cada una.

La primera partida se dirigió a las estribaciones occidentales de la Sierra Madre, a lo largo del río Bavispe y al sur hasta Sahuaripa [Sonora]. La segunda cruzó el río Sonora llegando por el suroeste hasta los alrededores de Hermosillo [Sonora], donde dieron la vuelta para emprender el regreso. Ranchos, haciendas, aldeas y viajeros cayeron presa de los guerreros, perdiendo vidas, caballos, mulas, ganado y bienes. Guiados por su odio a Sonora, los apaches mataron despiadadamente a cualquier mexicano que se cruzara en su camino. A mediados de enero, ambos grupos se dirigieron hacia el norte con 1.300 cabezas de ganado y caballos. Su ruta era previsible, por lo que el capitán Ignacio Pesqueira salió de Arizpe con 50 soldados de la Guardia Nacional de Sonora, enviando un correo a Bacoachi para que los efectivos allí presentes, bajo el mando del capitán Manuel Martínez, se reunieran con él en un lugar llamado “Cerro Colorado”, un pequeño grupo de colinas a 19 km al este del “Pozo Hediondo”. Pesqueira y Martínez se juntaron allí el 16 de junio, sumando en total 80 infantes y 20 dragones de caballería.

Al día siguiente, Pesqueira llevó el destacamento a unos 19 km al nordeste de la Sierra del Cobre [municipio de Altar, Sonora], donde se ocultaron para preparar una emboscada a los apaches que se dirigían al norte. Pesqueira envió una patrulla, la cual llegó el 20 de enero diciendo que habían visto por el sur, una nube de polvo que avanzaba por el valle. Al filo del mediodía, Pesqueira tomó posiciones en el “Pozo Hediondo” [la actual Bella Esperanza, 12 km al sur del río Nacozari, Sonora], a unos 32 km al este de Arizpe y a unos pocos kilómetros al suroeste de Nacozari.

El polvo era el grupo de Mangas Coloradas y Cochise. Delante venía la vanguardia con unas 350 cabezas de ganado. Detrás, Mangas Coloradas llevaba una manada de cerca de 1.000 caballos. Al acercarse la vanguardia, los mexicanos que superaban a los apaches en una proporción de dos a uno, les atacaron, cogiéndoles por sorpresa. Al estar en desventaja numérica, los guerreros abandonaron el ganado, retirándose a posiciones defensivas en las colinas, peleando ferozmente. Los mexicanos les persiguieron, atacaron sus posiciones, las superaron y los derrotaron pero no sabían que el grueso de la banda venía detrás. Mangas Coloradas viendo lo que pasaba, ordenó a sus guerreros [unos 150] cargar para rescatar a sus hermanos. Ahora fueron los mexicanos los que resultaron sorprendidos. Los dos bandos estaban tan cerca que los apaches podían usar sus lanzas y arcos. En muchos momentos la lucha fue “a cuchillo”; es decir, mano a mano. Gerónimo recordaría que atacaron a los mexicanos por delante y por detrás, aumentando su reputación como guerrero, al igual que otros jóvenes. “Luchamos con furia y muchos mexicanos cayeron bajo mi mano“. El duro enfrentamiento duró tres horas, obligando a los mexicanos a buscar posiciones defensivas, colina tras colina.

Sobre las 16:00 horas, todos los oficiales mexicanos habían resultado muertos o heridos. Pesqueira y el teniente, Rafael Ángel Corella, estaban  heridos; y su segundo al mando, el capitán Manuel Martínez había fallecido. Sobre esa hora, llegó el otro contingente chiricahua dirigido por Yrigollen, Posito Moraga, Tapilá, Trigueño, Delgadito y Ponce, sumando al menos unos 100 guerreros más. Los dos bandos tuvieron escaramuzas hasta el anochecer cuando Pesqueira hizo recuento de sus bajas: 26 muertos [entre ellos Martínez y otros tres oficiales]; 46 heridos [entre ellos Corella, tenía cuatro heridas, y él mismo]. Según los mexicanos, los apaches sufrieron 70 bajas, entre muertos y heridos, cifra que parece exagerada.

Siendo imposible continuar luchando, los mexicanos se retiraron hacia la localidad de Cumpas [Sonora], marchando los heridos a pie, cayéndose y levantándose pues sólo sobrevivieron cinco caballos que llevaron a los heridos más graves. Antes, Pesqueira había enviado un mensajero a Cumpas para pedir refuerzos.

Mangas Coloradas se dirigió a Bacoachi donde había poca guarnición ya que bastantes soldados habían ido al “Pozo Hediondo”. A las 09:00 horas del 21 de enero, los apaches sorprendieron a 11 personas fuera del presidio, matando a seis, incluyendo al alcalde Teodoro Bustamente, y capturando a los otros cinco. Poco después, según su costumbre, pidieron parlamentar para intercambiar sus prisioneros. Después de una larga reunión con Mangas  Coloradas y otros apaches, los mexicanos recuperaron a unos pocos, pero al menos tres quedaron en poder de los apaches, dos de ellos eran dos muchachos, Severo Heredia y Jesús Arvizu [Heredia, de 13 años, sería rescatado en el mes de junio por miembros de la Comisión Fronteriza en Santa Rita del Cobre {Santa Rita, Grant County, New Mexico}; mientras Arvizu fue cambiado por un caballo por Mangas Coloradas en un trato con los navajos, en julio de 1852].

Luego, los chiricahuas se dirigieron al este, hacia la Sierra Pitáicachi [municipio de Agua Prieta, Sonora], donde se dividieron. La mayoría de los chokonen permaneciron allí. Los chokonen de Yrigollen y los nednais [el joven Juh entre ellos] regresaron a los alrededores de Janos [Chihuahua] para luego, en unión del también nednai Coleto Amarillo, dirigirse a Casas Grandes [Chihuahua]; Mangas Coloradas con sus bedonkohes y chihennes regresaron a New Mexico a las Burro Mountains [Grant County, New Mexico]; los chokonen de Miguel Narbona y Cochise cruzaron el valle de San Bernardino para dirigirse a sus rancherías de las Dragoon Mountains [Cochise County, Arizona]; los chihennes de Cuchillo Negro, Ponce, Nana y Loco, y del nednai Cigarrito, se dirigieron a Janos [Chihuahua]; los mescaleros de Cadete y Ratón hacia el sur de New Mexico; y los coyoteros White Mountain hacia el sur de Arizona.

Informes mexicanos hablaban de que la fuerza chiricahua era de 400 a 700 guerreros. Por supuesto, eso era del todo imposible. Incluso 400 era una gran cantidad, considerando que muchos chihennes se habían quedado en New Mexico, y que la mayoría de los nednais estaban en Janos. Una cantidad aproximada podía ser la siguiente: los chihennes de Ponce, 50 hombres; los bedonkohes de Teboca, otros 50; los chokonen de Miguel Narbona, Cochise, Esquinaline, Carro, Posito Moraga, Trigueño, Tapilá e Yrigollen, unos 175 hombres; unos 25 nednais de Juh; y una banda White Mountain, unos 50; en total unos 350 guerreros. No hay seguridad de la presencia de guerreros mescaleros pero algunas fuentes mencionan su presencia.

El teniente coronel de la Guardia Nacional del presidio de Moctezuma [Sonora], José Ignacio Terán y Tato, al recibir el mensaje de Pesqueira, envió 100 hombres para que volvieran al “Pozo Hediondo” a enterrar a los muertos y seguir el rastro de los chiricahuas. Al ver los cuerpos muertos, de soldados y caballos esparcidos por el campo de batalla, los mexicanos se negaron a seguir el rastro de los apaches. Un guerrero capturado de la banda chokonen de Posito Moraga dijo a Terán y Tato que Yrigollen había dirigido a los chokonen en el ataque a Pesqueira. Este testimonio fue refutado por Luis García, un veterano comandante de la Guardia Nacional, natural de Bacerac [Sonora], que fue enviado por Terán y Tato, el 28 de enero, para hacer un registro de las bandas apaches acampadas en los alrededores de Janos [Chihuahua] y un informe sobre  su posible participación en la incursión y en el enfrentamiento en el “Pozo Hediondo”. García dijo que las 180 familias apaches de Janos eran inocentes de eso; que los autores eran apaches chokonen y coyoteros White Mountain llegados de los Estados Unidos. Desgraciadamente, cuando García estaba escribiendo su informe oficial, el coronel José María Carrasco [ahora comandante general de Sonora] iba camino de Janos con un gran destacamento. A mediados de febrero, Carrasco llegó a Bacoachi, donde manifestó su intención de declararuna guerra a muerte y sin cuartel contra todas las tribus apaches, excepto contra las mujeres y niños menores de 15 años“, culpando a los comandantes militares de los anteriores fracasos. Candelario, hijo del jefe nednai Juan José Compá, estando en Pitaicachi [municipio de Agua Prieta, Sonora] se enteró de que en Sonora había una expedición para atacar a los apaches de Janos. Coleto Amarillo informó a Zozaya de los rumores que llegaban de Sonora sobre una expedición para atacar a los apaches de Janos. Zozaya intentó calmarle, probablemente con la idea de que el informe de García detuviese a Carrasco. Se sabía que la banda nednai de Coleto Amarillo no participó en la batalla de “Pozo Hediondo” por encontrarse en Janos desde junio de 1850 pero Carrasco, no lo creyó o no le importó, considerando a Janos, al igual que muchos sonorenses, como un refugio para los asaltantes apaches y un centro de mercado para la venta del ganado robado.

Antes, a finales de enero, Mangas Coloradas había llegado a su ranchería en las Burro Mountains pero antes de salir de México había enviado un emisario a Janos para preguntar si era posible firmar un tratado de paz allí. Juan José Zozaya, comandante de Janos, dijo al emisario que primero debían firmar la paz con Sonora. Al mismo tiempo, Teboca y Esquinaline pidieron que Zozaya les firmara un salvoconducto para volver a Sonora y abrir negociaciones de paz. Los dos jefes apaches debieron de tener muchas dudas ya que volver a Sonora después del enfrentamiento del “Pozo Hendiendo”, podía equivaler a un suicidio. Mientras, nada más pisar Mangas Coloradas suelo estadounidense, Delgadito le dijo que un oficial deseaba reunirse con él para hablar. Ese oficial era el capitán Louis S. Craig.

Craig había sido enviado por John Russell Bartlett, responsable de la Comisión Fronteriza de los Estados Unidos, a inspeccionar Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] como posible sede de la Comisión. Con Craig iba John Carey Cremony, que escribiría el libro “Life among the Apaches”. Cremony tuvo, a finales de enero, un encuentro con el jefe apache chihenne Baishan o Cuchillo Negro [Cremony escribió en su libro que fue en 1850 pero es un error ya que ocurrió en 1851]. Lo relató así: “Un día me adelanté unos 4’5 km por delante del carro de la Comisión, el cual se había detenido al pasar por el Cooke’s Canyon [Luna County, New Mexico], un áspero y rocoso desfiladero muy peligroso, a unos 64 km al este del río Mimbres, y después de haber encontrado algunas huellas de antílopes, miré alrededor con la esperanza de ver a los animales, cuando me vi rodeado por una banda de alrededor de 25 indios, que avanzaban hacia mí desde todos los lados, dirigido por un salvaje que montaba varios metros por delante de los demás. En ese momento yo podría haber roto el cerco y unirme a mi grupo con muy poco riesgo ya que mi caballo era infinitamente superior en fuerza y velocidad a sus ponis pero como veía que el carro iba a estar a la vista dentro de poco tiempo, adopté otra postura. En ese momento, su líder iba a unos 25 metros por delante de sus seguidores y aproximadamente a la misma distancia de mí, percibiendo que acercaba mi mano derecha a mi cartuchera y que podía picar espuelas, me salió al encuentro. Me dirigí a él en los siguientes términos en español: ‘No te acerques o te pego un tiro’. A lo que él respondió: ‘¿Quién eres y de dónde has venido?’.

Al ver que sus guerreros me estaban cercando le dije: ‘Mira indio, aunque haya muchos guerreros contra un hombre, estás en mi poder; tu gente podrá matarme, pero yo te mataría antes, por lo que te digo que se detengan de una vez’.

Involuntariamente el apache hizo un gesto con la mano y sus guerreros se detuvieron a unos 35 metros de distancia. Al no gustarme tan poca distancia, volví a instar al jefe a que dejara a sus guerreros más atrás, dando al mismo tiempo, un significativo movimiento a mi pistola. Esto hizo que los apaches aumentaran la distancia en unos 135 metros. El jefe, quien después supe que se llamaba Cuchillo Negro se esforzó en ganar mi lado izquierdo, lo que me impidió mantener la cabeza de mi caballo en la dirección en la que él se movía. Luego dijo: ‘Adiós’ y comenzó a reunirse con sus compañeros pero de nuevo le hice ver en qué posición se encontraba, diciéndole que no lo permitiría, y que debía quedarse conmigo hasta que mis amigos se acercaran. Eso le sorprendió pues evidentemente creía que yo estaba sólo, o algo así. El siguiente diálogo tuvo lugar a continuación:

Cuchillo Negro: ‘¿Qué buscas en mi territorio?

Cremony: Vine aquí porque mi jefe me ha enviado. Él vendrá pronto con muchos soldados y pasará a través de este territorio pero no tiene la intención de permanecer en él o hacer ningún daño a sus hermanos apaches. Venimos en son de paz y siempre actuaremos en paz, a menos que nos obligues a adoptar otras medidas; si lo haces, las consecuencias pueden ser muy dañinas para ti’.

Cuchillo Negro: ‘No creo en tus palabras. Tú estás solo. Mi gente ha estado vigilando el camino y no ha visto que venga ningún grupo. Si viniese alguno lo sabríamos. Tú estás en mi poder. ¿Qué más tienes que decir?’.

Cremony: ‘Indio, eres tonto. Tienes que tener mucha seguridad para volverte descuidado. Una compañía de soldados se encuentra tras de mí pero vuestros jóvenes han estado dormidos. Las mujeres los han retenido en el campamento cuando deberían haber estado vigilando. Yo no estoy en tu poder pero tú sí estás en el mío. Tu gente me puede matar pero antes te meto una bala en el cuerpo. Cualquier señal que les hagas o cualquier movimiento tuyo hacia adelante, también significará tu muerte. Si no me crees, espera unos instantes y verás como mis amigos llegan alrededor de aquella colina. Ellos son muchos y tienen la intención de permanecer varias lunas en tu territorio. Si los tratas bien puedes hacerte rico y conseguir muchos regalos pero si los tratas mal te buscarán entre las rocas y las colinas de tu territorio, se apoderarán de tus manantiales, destruirán tus plantaciones y matarán a tus guerreros. Ahora elige’.

Cuchillo Negro: ‘Durante muchos años el hombre blanco no ha venido a estas regiones y no permitimos que la gente entre en nuestro territorio sin conocer su propósito. Si tuvieras amigos como dices, no les habrías dejado y venido sólo, por eso es una tontería. Mis jóvenes no han sido retenidos por sus mujeres pues no hay ninguna a dos soles de marcha y si viniera un gran grupo contigo, lo habrían sabido y me lo hubiesen dicho. Tú tienes muchas armas pero yo tengo muchos hombres y no te podrás escapar si doy la señal’.

Cremony: ‘Indio, no creo que des la señal, siempre y cuando tú y yo estemos tan juntos. Espera un momento y verás si te digo la verdad’.

Finalmente aceptó la proposición y nos sentamos en nuestros caballos esperando la llegada del carruaje. No es necesario decir cuáles eran mis sentimientos durante el siguiente cuarto de hora, ni explicar las maniobras que cada cual hacíamos para mantener la ventaja sobre su enemigo. Me siento incapaz de explicar esos instantes. Al terminar el plazo mencionado, el carruaje se puso a la vista a unos 400 metros, rodeando la cima de la montaña, que se había detenido durante la marcha a través del desfiladero rocoso y terrible, llegando con él la infantería con un formidable arsenal de brillantes tubos en su espalda. Ante esta inesperada visión, Cuchillo Negro miró por un momento como si estuviera soñando, pero reculando rápidamente, avanzó directamente hacia mí, extendiendo su mano derecha: ‘Jeunie, jeunie’, que significa amable, amistoso, bueno. Me negué a coger su mano para que, de repente, pudiera tirarme de mi caballo y apuñalarme al caer pero contentándome me dijo: ‘Somos amigos’. Luego se volvió rápidamente y se marchó a toda velocidad, asistido por sus guerreros. Desaparecieron en otro rocoso cañón, a unos 365 metros de distancia. Posteriormente me reuní con estos salvajes otras veces y estoy convencido de que el recuerdo de nuestro encuentro anteriormente narrado, no me perjudicó, ni con él ni con su tribu”.

La comitiva de la Comisión Fronteriza llegó al Río Grande acampando cerca de una gran laguna, en la orilla occidental del río observando cómo los apaches cazaban gran cantidad de patos silvestres y barnaclas [o brantas, género de aves anseriformes de la familia Anatidae] de la siguiente manera.

A principios del invierno, cuando estas aves comienzan a llegar en grandes bandadas, los apaches cogen un gran número de calabazas colocándolas a la deriva a barlovento en la laguna, siendo impulsadas gradualmente por el viento hasta al lado opuesto. Después las recogen y las vuelven a poner otra vez a la deriva. Al principio, los patos y los gansos recelan y sospechan de esos extraños objetos flotantes pero pronto se acostumbran y pasan junto a ellos sin prestarles atención. Entonces, los apaches encajan las calabazas en sus cabezas, después de haber hecho agujeros para los ojos, la nariz y la boca y, armados con un saco, entran en el agua a no más de 1’5 metros de profundidad, imitando exactamente el movimiento de la calabaza vacía sobre el agua para conseguir estar lo suficientemente cerca de las aves. Luego las agarran por las patas y las arrastran repentinamente bajo el agua, metiéndolas en el saco.  

La comitiva de la Comisión Fronteriza llegó a una fuente termal, cuyas aguas tienen 51º de temperatura, situada a unos 30 km al este de las minas de Santa Rita del Cobre. Cerca había un gran número de antílopes alimentándose en la llanura, a no más de 800 metros de distancia. John Carey Cremony fue a cazar uno, cabalgando a unos 450 metros de la manada. Desmontó y ató su caballo a un arbusto de yuca, avanzando a pie con cautela, con la carabina en la mano. Arrastrándose de arbusto en arbusto y escondiéndose tras las piedras, apuntó a uno de ellos cuando, de repente, se levantó sobre sus patas traseras, gritando en un razonable español: ‘¡No tiras, no tiras!’ [¡No dispares, no dispares!]. Lo que parecía que era un antílope, resultó ser un joven, hijo del jefe apache chihenne Ponce quien, después de haberse envuelto en la piel de un antílope, con la cabeza, cuernos y todo lo demás, se había deslizado hasta el rebaño bajo su disfraz para cazar, hasta que vio que Carey apuntaba hacia él. Los apaches adoptan con frecuencia este método de caza e imitan las acciones de los antílopes tan bien que engañan completamente a los animales. 

John Carey Cremony, relata en su libro “Life among the Apaches” un incidente que tuvo con un grupo de apaches: “Pocos años después de terminar mi trabajo en la Comisión Fronteriza, fuimos cinco norteamericanos, haciendo yo de guía porque conocía en camino, a Sonora en busca de provisiones. Una noche acampamos en un lugar donde había varios pozos cavados por anteriores viajeros, llenos de agua potable. Rodeando los pozos había una extensa llanura, sin rocas ni árboles, con algún que otro arbusto pero ninguno de más de 45 centímetros de altura. Había estado antes en este lugar cuando trabajaba para la Comisión Fronteriza norteamericana. Fue un regalo de Dios ya que habíamos estado sin agua durante casi 60 horas. Durante el día, habíamos observado numerosas señales indias por lo que estuvimos en guardia colocando dos centinelas a la vez. Richard Purdy y yo hicimos la primera guardia, cada uno a un costado del campamento. Acordamos no caminar sobre nuestros puestos sino ocultarnos todo lo posible manteniendo una aguda vigilancia. Antes de la caída de la noche, Purdy y yo arrancamos unos arbustos yendo silenciosamente a nuestro puesto de vigilancia sobre la hierba, estando cada uno protegido por un pequeño arbusto. No había luna pero la luz de una estrella brillante nos permitía percibir objetos a cierta distancia. El tiempo pasó tranquilamente y a las 23:00 horas llamamos a otros dos compañeros, quienes ocuparon nuestras posiciones. A las 02:00 horas fuimos despertados para reanudar la guardia y cada uno ocupamos nuestra puesto. Apenas había transcurrido una hora cuando me pareció que un pequeño arbusto había cambiado un poco de sitio; pero para no crear una falsa alarma y que se rieran de mí, decidí simplemente observarlo con más atención. Mis sospechas y precauciones se cumplieron al percibir que el arbusto se aproximaba, poco a poco. No me atreví a llamar a Purdy pero apunté mi rifle, lo mejor que pude, a la raíz del arbusto. Cuando pensé que acertaría, apreté el gatillo. El disparo fue seguido por los gritos de unos 15 apaches que se habían acercado a unos 30 pasos de nuestro campamento cubriendo sus cabezas con hierba y arrastrándose sobre sus vientres. Nuestros compañeros se pusieron en pie y comenzaron a disparar, haciéndoles. Tuvimos un caballo muerto y otro ligeramente herido pero, tras una inspección, encontramos al apache que movía el arbusto, muerto de un disparo en la cabeza. Sin esperar al amanecer, preparamos inmediatamente a los animales y continuamos de nuevo el viaje por temor a que los apaches nos adelantasen para emboscarnos en algún paso o cañón peligroso”.

El capitán Louis S. Craig, estaba al mando de una escolta de 85 hombres de la Comisión Fronteriza de los Estados Unidos dirigida por John Russell Bartlett. Debido a la imprecisión de la nueva frontera entre los Estados Unidos y México se designó una comisión para explorar y determinar la localización exacta de la misma. Bartlett estableció su cuartel general, con su numeroso séquito de oficiales y soldados, en las minas de Santa Rita del Cobre.

Craig había llegado a Santa Rita el 25 de enero. El día anterior, se había reunido con los chihennes Delgadito y Ponce; y el nednai Coleto Amarillo, a los que regalaron tabaco, grano y unas telas de algodón. Craig dijo que quería ver a su jefe Mangas Coloradas, ya que le constaba que tenía intenciones amistosas con los estadounidenses. Mangas Coloradas había llegado a New Mexico al mismo tiempo que Craig estaba reunido con ellos.

El 2 de febrero, Mangas Coloradas visitó a Craig en Santa Rita. Craig escribió: “Fue un gran placer reunirme con él, diciéndole que sabía que él era amigo de los estadounidenses; que el territorio en el cual, él y su pueblo vivían, había sido comprado hace poco por el gobierno estadounidense al gobierno mexicano, y que él y su pueblo tendrán un trato amistoso por parte del gobierno estadounidense, siempre que se comporten de manera correcta; que íbamos a mover la frontera entre los dos países, y esperaba estar entre su gente durante unos 18 meses o más y que esperaba que sus jóvenes no se metieran con nuestros animales mientras pastasen en las cercanías de los cuarteles. Mangas Coloradas dijo que sentía un gran odio por los mexicanos pero que miraba a los estadounidenses como sus amigos, y que en lugar de interferir con nuestros animales, si alguno fuera por mal camino, haría que los trajesen de vuelta“.

* El 19 de enero, se produce un enfrentamiento entre una banda de apaches mescaleros y un destacamento estadounidense en un lugar cercano a la actual Mayhill (Otero County, New Mexico) en el que muere el capitán Henry Whiting Stanton. (Los soldados habían salido para buscar a los apaches mescaleros que habían robado caballos, reses y ovejas a los colonos, que estaban ocupando su territorio. Dos columnas, totalizando 180 hombres, convergieron en los campamentos de invierno de los apaches mescaleros junto al río Peñasco, llegando, una desde el norte [Albuquerque, Bernalillo County, New Mexico], y la otra desde el sudoeste [Fort Fillmore, hoy Las Cruces, Doña Ana County, New Mexico]. Los apaches mescaleros tuvieron varios enfrentamientos y un gran combate con los soldados dirigidos por el capitán Richard Stoddert Ewell, falleciendo varios de ellos y huyendo los demás. Los soldados tuvieron tres muertos, entre ellos el capitán Stanton. El futuro Fort Stanton sería llamado así en su honor). 

* El 28 de febrero, cinco chiricahuas llegan a Janos (Chihuahua) para hablar con Juan José Zozaya. (Desgraciadamente no hay informes de quienes eran pero Gerónimo recordaría que él estaba presente con los bedonkohes al mando de Mangas Coloradas. Se puede especular que los otros tres eran Esquinaline, Posito Moraga y Tapilá [este último estaba en Janos a principios de marzo intentando cambiar la silla de montar de Pesqueira que había cogido en el “Pozo Hediondo”]. Se sabe que los nednais Coleto Amarillo y Arvizu, y el chokonen Yrigollen estaban en Janos. Es posible que el bedonkohe Teboca, también, o que hubiese venido con Mangas Coloradas. También puede ser que Mangas Coloradas llegase y se marchase, a tenor de lo afirmado el 24 de febrero por Zozaya: “… Las paces que solicitó Mangas Coloradas, Teboca y Esquinaline, en esta frontera, la primera y más esencial condición que se les puso fue de que la habían de celebrar [la paz] primero con Sonora…; y sigue: … que Mangas Coloradas baja de las Burras [Burro Mountains, Grant County, New Mexico], y al efecto me ha puesto dos correos, solicitando la paz que tengo orden de admitirle“. 

Es posible que Mangas Coloradas esperase una respuesta militar de Sonora después de lo sucedido en el “Pozo Hediondo”. La última campaña de Sonora había llegado hasta las Burro Mountains por lo que bien pudo pensar que ahora harían lo mismo contra los apaches de Janos, por los rumores que llegaban en ese sentido. Para el resto de líderes era su principal preocupación. Querían asegurarse de que el rumor de que un destacamento venía de Sonora era falso.

El 3 de marzo, Zozaya, distribuyó raciones de alimentos para 180 familias, que sumaban un total de 600 apaches, entre chihennes, chokonen y nednais, que vivían en cinco rancherías, a pocos kilómetros de Janos. Las penurias económicas de la hacienda pública obligaron a Zozaya a posponer la entrega de raciones a 200 apaches más para la siguiente ocasión. En ese momento, el coronel José María Carrasco estaba cruzando el límite de Sonora con Chihuahua. La escusa era la búsqueda de siete mulas recientemente robadas en Bacerac [Sonora]). Cuando llegó esa noticia a Janos, Zozaya intentó tranquilizar a Coleto Amarillo diciéndole que sólo era un rumor. Según informó un apache que Carrasco capturó en Janos, allí estaban todos los apaches. En otras palabras, ningún chiricahua estaba incursionando por Sonora.

Dos días más tarde, al amanecer del miércoles 5 de marzo, el destacamento del coronel José María Carrasco, estaba cerca de Janos, sin ser detectado por ningun apache o mexicano. Más tarde justificó su entrada en Chihuahua diciendo que estaba persiguiendo a los ladrones de las siete mulas robadas en Bacerac. Fuese cierto o no, quería venganza. Llegó a las inmediaciones de Janos, poco después de la medianoche del 5 de marzo, dividiendo su destacamento en dos grupos, uno bajo el mando del teniente coronel Prudencio Romero, y el otro por él mismo. Carrasco envió al destacamento de Romero, guiado por un soldado de Janos, a atacar una ranchería situada en el Rancho de la Virgen, a pocos kilómetros al sur de Janos. Eran alrededor de las 04:30 de la mañana. Habían planeado un ataque por sorpresa pero encontraron la ranchería abandonada porque los apaches se habían cambiado de ubicación, dándoles tiempo para llegar a la población, donde se refugiaron en casas particulares. Entonces se dirigió hacia Janos. De camino encontró a siete apaches rezagados. Mataron a uno y capturaron a cinco, además de 16 caballos. El séptimo se tiró al río Janos ahogándose. Luego fue a Janos, llegando a las 06:30 de la mañana, rodeando la población. Cuando los vieron llegar, un grupo de apaches que huía del otro destacamento mandado por Carrasco, huyó [entre esos apaches se cree que estaba Gerónimo].    

Mientras tanto, Carrasco atacó la ranchería de Yrigollen, a pocos kilómetros al oeste de Janos,provocando la huída, río arriba, de la mayoría de los apaches, dirigidos por Tapilá. El jefe Yrigollen, con tres hombres y cuatro mujeres, intentaron detener el asalto, plantándose ante los soldados intentando parlamentar, pero los mataron al instante. Seguidamente, los hombres de Carrasco destruyeron la ranchería para llegar a Janos por el oeste, a las 07:00 horas, media hora después de la llegada de Romero, juntándose los dos grupos. Carrasco entró en la población para capturar a los apaches que se habían refugiado allí, entrando en las casas particulares para buscarlos. Allí mataron a varios apaches más, entre ellos a Arvizu [estaba en la calle, desarmado, no habiendo participado en la batalla del “Pozo Hediondo”], lugarteniente de Coleto Amarillo. Al final de la operación, Carrasco había matado a 21 apaches [16 hombres y cinco mujeres]; y capturado a 62 [seis hombres, cuatro mujeres y 52 niños]. La mayoría de las bajas eran chokonen y nednais, aunque parece probable que mataron más mujeres y niños que los que Carrasco reflejó en su informe, al menos eso diría Gerónimo.

Gerónimo, cuando era prisionero de guerra en Fort Sill [Oklahoma] narró sus memorias en 1905 y 1906 a Stephen Melvil Barrett, inspector de escuelas en la comarca de Lawton [Comanche County, Oklahoma], teniendo como traductor a su primo segundo Asa Daklugie, hijo del jefe nednai Juh, cuñado de Gerónimo. Daklugie había estudiado en la Escuela India de Carlisle. En su relato y, posiblemente por su avanzada edad, 85 años, Gerónimo confunde las fechas, trasladando la matanza a 1858 cuando en realidad fue en 1851; y el lugar, afirmando que fue en Kaskiyeh, nombre apache para designar el pueblo de Ramos o Casas Grandes, cuando en realidad sucedió en Janos. El informe del coronel Carrasco no ofrece dudas, está bien documentado en los periódicos de la época y derivó en un conflicto político entre los Estados de Sonora y Chihuahua.

En el ataque a Janos, Gerónimo perdió a su madre, Juanita, a su primera esposa Geeshkizn [más conocida como Alope] y a sus tres hijos pequeños. Gerónimo en su vejez, dijo al artista Elbridge Ayer Burbank que los encontró tumbados sobre un charco de sangre, cuando anteriormente había dicho en sus memorias que no vio los cuerpos de su familia, pero él los dio por muertos. No pudo recuperar los cuerpos porque los jefes, tras reagruparse, lo prohibieron, marchando hacia el norte. ¿Por qué no pudieron estar entre los 62 cautivos que el coronel Carrasco se llevó hacia Sonora? Charles Leland Sonnichsen en su libro “Gerónimo. El final de las guerras apaches” dijo: “En 1851 el coronel José María Carrasco decidió poner freno a las incursiones de los chiricahuas y llevó a cabo la masacre de Janos, en la que murieron, según el relato de Gerónimo, su madre, su esposa y sus tres hijos. Las investigaciones más recientes han puesto en duda que la familia de Gerónimo fuera masacrada en aquella ocasión [más bien parece que su familia fue vendida en el mercado de esclavos], pero desde ese día Gerónimo juró vengarse de todos los mexicanos y se ensañó con una crueldad inusitada con todos cuantos cayeron en sus manos“.

Gerónimo diría en sus memorias: “Cada día íbamos al pueblo a comerciar, dejando el campamento bajo la protección de una reducida guardia, para que no pasara nada con nuestras armas, nuestros víveres, nuestras mujeres y niños durante nuestra ausencia.

Una vez, cuando volvíamos, nos salieron al encuentro unas pocas mujeres con niños diciendo que soldados mexicanos de alguna otra ciudad habían atacado nuestro campamento, matando a todos los guerreros de la guardia, capturando todos nuestros caballos, destruyendo nuestras reservas de víveres, y matando a muchas mujeres y niños. Nos separamos rápidamente, escondiéndonos lo mejor que pudimos hasta que llegó la noche; entonces nos reunimos en asamblea en un lugar que teníamos previsto, una zona de matorral muy espeso, junto al río. Llegamos cautelosamente uno por uno; colocamos centinelas y, una vez hicimos el recuento, descubrí que mi anciana madre, mi joven esposa y mis tres hijitos estaban entre los muertos. No habíamos encendido ninguna luz en el campamento, de modo que, sin que los demás se dieran cuenta, me fui. Estuve mucho rato de pie junto al río. No sé cuánto pero cuando vi que los guerreros estaban preparando un consejo, me reuní con ellos y ocupé mi lugar.

Aquella noche no voté ni a favor ni en contra de ninguna de las propuestas; se decidió sin mi voto que, puesto que no quedábamos más que 80 guerreros, estábamos sin armas ni víveres, rodeados por los mexicanos, no podíamos tener ninguna esperanza de combatir con éxito. De modo que nuestro jefe, Mangas Coloradas, dio la orden de ponernos en marcha, desde allí mismo y en silencio, hacia nuestros territorios de Arizona, y dejar allí los muertos.

Estuve allí de pie, quieto, hasta que todos hubieron pasado, sin saber qué haría. No tenía armas, ni tampoco deseaba mucho luchar, ni tampoco pensaba en recuperar los cuerpos de los que yo amaba porque eso se había prohibido. Tampoco recé, ni decidí nada en particular pues me encontraba sin objetivo en la vida. Al final seguí en silencio a mi tribu, manteniéndome a la distancia justa para oír el suave roce de los pies de los apaches en retirada.

A la mañana siguiente, algunos guerreros consiguieron caza, parándonos el tiempo justo para asarla y comerla; luego reemprendimos la marcha. Yo no había cazado nada y no comí. Durante los primeros días, y mientras estuvimos allí, no hablé con nadie, ni nadie me habló. No había nada que decir.

Durante dos días y tres noches caminamos a marchas forzadas, sin pararnos nada más que para comer; luego montamos un campamento cerca de la frontera [entre Estados Unidos y México], y nos quedamos allí descansando dos días. Allí ya comí un poco y hablé con los demás apaches que habían sufrido pérdidas. Pero ninguno había perdido tanto como yo, que lo había perdido todo.

A los pocos días llegamos a nuestro campamento habitual. Allí estaban los adornos que había hecho Alope, los juguetes de nuestros pequeños. Lo quemé todo, incluso mi wickiup, la de mi madre y todas sus pertenencias [De acuerdo con las costumbres apaches, Gerónimo no podía quedarse con las pertenencias de sus parientes pero no estaba obligado a destruir su wickiup ni los juguetes de sus hijos].

Ya no volví a estar contento en nuestro tranquilo campamento. Es verdad que podía visitar la tumba de mi padre pero había jurado vengarme de los mexicanos que me habían hecho tanto daño, y siempre que estaba cerca de la tumba de mi padre o veía algo que me recordara los felices días pasados, me dolía el corazón de las ganas de vengarme de los mexicanos“.

El 9 de marzo, cinco días después del ataque de Carrasco, Miguel Narbona lideró una partida de guerra chokonen, matando a varias personas en Bámori y Sinoquipe [municipio de Arizpe, Sonora. En Bámori, un mexicano infligió una herida en la cabeza a Miguel Narbona. Cuando al día siguiente atacaron Sinoquipe, llevaba un vendaje en la cabeza, diciendo a Justo Calderón, poco antes de clavarle su lanza, que había sido herido en Bámori durante su anterior ataque. 

El capitán Juan José Zozaya, comandante de Janos, protestó ante Carrasco por el ataque, quién defendió su acción, permaneciendo durante cinco días, registrando testimonios de apaches capturados. Su principal informante fue Tinaja, un apache cercano a Mangas Coloradas, que confesó que hacían pequeñas incursiones a Sonora “todos los días” para robar ganado; y que cada tres o cuatro lunas” organizaban grandes partidas de guerra, mientras sus familias permanecían en sus rancherías, yendo cada lunes a Janos para recibir sus raciones. En muchas ocasiones sólo las mujeres y los niños aparecían en los días de racionamiento. Tinaja implicó a varios ciudadanos de Janos en el comercio con diferentes chiricahuas como Candelario, Yaqui y Pealche [Piase], ninguno de éstos, miembro de su banda. Estos ciudadanos eran miembros de una red organizada para llevar los bienes robados para venderlos en El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua]. Sisgalle, probablemente una mujer del chokonen Chagaray, confirmó la versión de Tinaja. Otra mujer, Rita, confirmó que los apaches vendían las mulas abiertamente a los ciudadanos.

Carrasco afirmó haber recuperado 300 cabezas de ganado, incluyendo 38 caballos y mulas, de la ranchería de Yrigollen, que algunos pertenecían a ciudadanos de Sonora y otros al destacamento de Ignacio Pesqueira, tras la batalla del “Pozo Hediondo” [la silla de montar, en poder de Tapilá; y el caballo de Pesqueira, con una herida de bala en su pie derecho, fueron recuperados de la ranchería de Yrigollen]. Tapilá y Pealche [Piase] habían ido a Janos el día anterior al ataque, siéndoles prohibida la entrada en el presidio, por lo que fueron a la ranchería de Yrigollen, donde pasaron la noche, estando presentes, por coincidencia, durante el ataque de Carrasco. Éste planteó el caso de José María Robles, un ciudadano de Santa Fe [Santa Fe County, New Mexico] que había comprado una mula a un apache en Janos que antes había sido robada a un ciudadano de Tepache [Sonora]. ¿Cómo acabó la mula en poder del apache?

Zozaya negó las acusaciones de Carrasco de que apaches y ciudadanos locales estuvieran involucrados en el intercambio de bienes robados. Los apaches habían estado viviendo pacíficamente en las inmediaciones del presidio; todo el ganado estaba legalmente registrado y marcado por el Estado. El periódico oficial de Chihuahua, criticó severamente la acción del destacamento de Sonora. Su gran victoria había sido capturar a los apaches dentro de las casas de Janos, personas que esperaban obtener seguridad por un tratado de paz. Sus tropas habían violado el territorio de Chihuahua y subvertido todas las reglas de la disciplina militar. El coronel Medina, comandante militar de Chihuahua, protestó ante el gobierno central pero éste, dio su apoyo al coronel Carrasco. El 10 de marzo, Carrasco salió de Janos hacia Ures [entonces capital de Sonora] con los 62 apaches capturados [seis hombres, cuatro mujeres, y 52 niños]. Esa tarde, un grupo de asustados apaches entraron cautelosamente en Janos esperando en vano que Carrasco no se llevara a sus familiares. No responsabilizaron a Chihuahua de lo ocurrido; si no que intentaron convencer a Carrasco para que devolviera a sus parientes. Por cada pueblo que pasaba era recibido como un héroe. Llegó el 26 de marzo, entregando los cautivos al capitán Teodoro López de Aros, quien los llevó a Guaymas, no sabiéndose nunca más nada de ellos. ¿Estaban los familiares de Gerónimo entre ellos? Pocos meses después, Carrasco diría a John R. Bartlett, responsable de la Comisión Fronteriza, que los cautivos habían sido llevados al interior [de México], siendo distribuidos entre las haciendas y ranchos como sirvientes.

Un grupo local de Janos, liderado por el nednai Chinito, reanudó las hostilidades en Chihuhua, sin duda para vengar la muerte de Arvizu. Con otros 20 guerreros emboscó a un grupo al sur de Janos, matando a dos hombres, hiriendo a otros, y quemando varios carros. Ponce y Coleto Amarillo denunciaron este ataque, declarando que los hostiles se habían ido al río Mimbres.

A pesar de eso, 2/3 de los chiricahuas [95 familias que sumaban unas 400 personas] que recibían raciones antes del ataque de Carrasco, volvieron a primeros de abril.

Mientras, la prensa mexicana se hacía eco de la intervención de Carrasco y de sus consecuencias. El periódico “El Siglo XIX” publicó el 15 de abril: “Al dar el correo la noticia que oficialmente se sabe que los indios de Janos fueron atacados y derrotados por el comandante general de Sonora D. José María Carrasco, acusa a este jefe de ligereza, por haber acometido a una ranchería de apaches, que estaban confiados en la garantía del tratado de paz que habían celebrado con el gobierno y comandancia general de Chihuahua. Se espera aún que no se altere la tranquilidad, si se devuelven a los apaches los prisioneros que se les hicieron, y sobre todo, si no vuelven a ser atacados, mientras no falten a sus convenios“.

En la primavera, Mangas Coloradas estaba con los chokonen de Miguel Narbona, Carro y Cochise en el nordeste de Sonora, realizando las primeras represalias contra Sonora. Un grupo fue muy al sur, hasta Tepache, donde atacaron varios ranchos. Poco después asaltaron Granados, matando a siete hombres).

* En marzo, el teniente estadounidense J. P. Holliday visita a una banda de hambrientos apaches jicarillas que vivía a unos 95 km al sudeste de las Manzano Mountains ([Torrance County, New Mexico]. Su jefe, Francisco Chacón, que deseaba permanecer en paz, viajó a Albuquerque [Bernalillo County, New Mexico], entregando un rebaño de ovejas robada a los colonos por los navajos, quejándose amargamente de sus incursiones en su teritorio).

* El 2 de abril, los jefes apaches mescaleros Josecito y Lobo, y el jicarilla Francisco Chacón, firman un tratado de paz con James Silas Calhoun, gobernador de New Mexico y de oficio, Superintendente Indio. (El 16 de mayo, el gobernador de New Mexico, James Silas Calhoun, se reuniría con ellos en Anton Chico [Guadalupe County, New Mexico], 32 km al sur de Las Vegas [San Miguel County, New Mexico], dando maíz a los jicarillas y a una banda comanche que había venido de Texas pero que huyó cuando los comancheros [comerciantes que vendían armas y licor a los comanches] les dijeron que los estadounidenses los iban a matar.

El sucesor de Calhoun, John Greiner, continuaría su política y el 1 de julio de 1852, firmaría otro tratado. Sin embargo, estos tratados estaban condenados a romperse desde el día que se firmaban. Un jefe de una banda de apaches mescaleros que vivía en las White Mountains podía prometer vivir en paz, pero eso no era vinculante para las bandas que vivían las Guadalupe o Davis Mountains al sur. O peor aún, los estadounidenses no diferenciaban si una banda de apaches mescaleros estaba en paz, y una banda de apaches jicarillas cometía depredaciones, o al revés, y ambos sufrieron sus represalias).

* Durante la tercera semana de mayo, el coronel José María Carrasco está en Fronteras (Sonora) preparando una segunda campaña contra los chiricahuas. (Mientras estaba ultimando los preparativos, el 23 de mayo llegó John Russell Bartlett, reponsable de la Comisión Fronteriza, con una pequeña escolta al mando del coronel Craig. Iban camino de Arizpe en busca de suministros. Los 400 hombres de Carrasco [tres compañías de Infantería y una de Caballería] contaban con la presencia de un apache con el rango de sargento. Este apache, probablemente, Mariano Arista, había servido mucho tiempo con los mexicanos, siendo bien tratado y estando familiarizado con los lugares favoritos de su gente. Bartlett escribió que Carrasco “estaba decidido… a hacer una guerra de exterminio“.

A finales de mayo, Carrasco partió de Fronteras para las Alamo Hueco Mountains [Hidalgo County, New Mexico], donde atacó la ranchería del líder nednai Láceris. Allí capturó a un anciano, que murió poco después, y recuperó 23 animales. Luego fue a Janos donde se reunió con varios líderes chokonen y nednais, quienes expresaron su preocupación por los familiares que había llevado a Sonora. Con Yrigollen muerto, representaron a los chokonen Chepillo y Chagaray, quienes tenían familiares entre los cautivos. Gervasio [un hijo de Juan José Compá] y Calderón representaron a los nednais. Carrasco dijo que devolvería a sus prisioneros si los chiricahuas hacían la paz y se asentaban en Fronteras, Bavispe y Bacoachi. Sus términos, los cuáles contenían 28 artículos, eran innegociables. Los apaches, desesperados por ver a sus seres queridos, estuvieron de acuerdo en todo y prometieron enviar el mensaje de Carrasco a los chokonen que estaban en la Sierra Pitáicachi [municipio de Agua Prieta, Sonora] y a Mangas Coloradas.

Carrasco volvió a Fronteras a mediados de junio. Después se fue a Arizpe, donde fallecería de cólera el 21 de julio. Por su parte, a mediados de julio, 400 chokonen cumplieron con su palabra yendo a Fronteras y acampando en sus inmediaciones. En agosto, Chepillo y Chagaray viajaron a Ures a ver a sus familiares, entre quienes estaban la mujer de Chagaray, pero al no poder verlos regresaron a Fronteras, reunieron a sus seguidores y se fueron a las montañas).

* En el verano, una banda de apaches chiricahuas acude a México en busca de venganza por el ataque de marzo del coronel José María Carrasco en Janos ([Chihuahua]. Gerónimo diría en sus memorias: “… Cuando reunimos armas y víveres, nuestro jefe Mangas Coloradas [en ese tiempo, Gerónimo vivía temporalmente con él] convocó un consejo, donde todos los guerreros estuvieron dispuestos a emprender el sendero de la guerra. Me encargaron buscar el apoyo de otros apaches. Cuando llegué al campamento de los apaches chokonen de Cochise, éste convocó un consejo al alba. Los guerreros nos reunimos en silencio en un claro de una cañada, sentándose en filas según su rango, en silencio, fumando. A una señal de Cochise, me levanté y expuse mi causa de la siguiente manera: ‘Parientes habéis oído lo que recientemente han hecho los mexicanos sin ningún motivo. Vosotros sois parientes míos, tíos, primos, hermanos. Somos hombres igual que los mexicanos; podemos hacerles a ellos lo mismo que ellos nos han hecho a nosotros. Vayamos y persigámoslos. Yo os guiaré hasta su población. Los atacaremos en sus casas. Yo combatiré en primera línea de batalla. Lo único que os pido es que me sigáis a vengar esta afrenta hecha por los mexicanos. ¿Vendréis? Será bueno que vengáis todos. Recordad la ley de la guerra, los hombres pueden regresar o morir. Si algunos de estos jóvenes mueren, no espero condena de sus parientes pues ellos mismos decidieron venir. Si yo muero, nadie tiene que llevar luto por mí. Toda mi familia ha muerto allí y yo también moriré allí si hace falta‘.

Volví a mi campamento y conté el buen resultado a mi jefe, e inmediatamente me fui hacia el sur, al territorio de los apaches nednais. Su jefe Juh me escuchó sin decir nada pero inmediatamente dio orden de convocar un consejo y cuando todos estuvimos reunidos, hizo señal de que yo hablara. Les dije lo mismo que a los apaches chokonen, prometiendo también ayudarnos.

Tiempo después, guerreros apaches bedonkohes, chihennes, chokonen y nednais nos reunimos con las caras pintadas y con cintas de guerra atadas a la frente [cintas de piel de unos 5 cm de ancho atadas alrededor de la cabeza] listos para emprender el sendero de la guerra. Las familias quedaron escondidas con un contingente de guerreros en un lugar montañoso [cerca de la frontera internacional entre Estados Unidos y México] donde las recogeríamos al regreso, concertándose una serie de lugares diferentes en caso de que tuvieran que abandonar el primer campamento. Cuando todo estuvo dispuesto, los jefes dieron orden de avanzar. Ninguno iba a caballo y cada guerrero llevaba calzado y un paño con el que se envolvía la cintura que servía para cubrirnos al dormir y durante la marcha era una prenda amplia y protectora. Cada guerrero llevaba una ración para tres días pero como frecuentemente conseguíamos caza durante la marcha, era raro que nos encontráramos sin alimentos.

Viajábamos en tres secciones, los apaches bedonhohes y chihennes, dirigidos por Mangas Coloradas; los apaches chokonen de Cochise; y los apaches nednais dirigidos por Juh; pero no había ningún orden regular dentro de las tres tribus. Generalmente andábamos unas 14 horas cada día, hacíamos tres paradas para comer y hacíamos de 65 a 85 km diarios.

Seguimos el curso de los ríos y las montañas porque así podíamos ocultar más fácilmente nuestro avance. Nos dirigimos hacia el sur, pasando cerca de Quitaro [?], Nacozari [Nacozari de García, Sonora] y otros pueblos pequeños, llegando a Arizpe [Sonora] en el verano.

Acampamos en las cercanías de Arizpe saliendo a caballo ocho hombres de la localidad para parlamentar con nosotros. Los capturamos, los matamos y les arrancamos sus cabelleras. Lo hicimos para hacer salir a los soldados de la población; y al día siguiente salieron. Durante todo el día hubo escaramuzas, sin ninguna gran batalla, pero al caer la noche capturamos su intendencia y así tuvimos gran cantidad de víveres y algunos fusiles más.

Por la noche pusimos centinelas y no trasladamos el campamento sino que descansamos bien toda la noche pues esperábamos cansarnos al día siguiente. Al amanecer nos reunimos muy temprano para rezar, no para pedir ayuda sino para pedir salud y poder evitar las emboscadas y engaños del enemigo.

Como preveíamos, toda la fuerza mexicana apareció hacia las 10:00 de la mañana. Eran dos compañías de caballería y dos de infantería. Reconocí la caballería, eran los soldados que habían matado a mi familia. Se lo dije a los jefes y ellos me dijeron que entonces yo podía dirigir el combate.  

Yo no era jefe ni lo había sido nunca pero como había sufrido más que nadie, me concedieron ese honor, y yo decidí mostrarme digno de él. Dispuse a los  guerreros en un semicírculo cerca del río, y los mexicanos extendieron su infantería en dos líneas, con la caballería de reserva. Nosotros estábamos en el bosque y ellos avanzaron hasta unos 365 metros, se pararon y abrieron fuego. Entonces dirigí una carga contra ellos mientras mandaba a unos cuantos guerreros para atacarlos por la espalda. Durante todo el combate estuve pensando en mi madre muerta, mi mujer y mis hijos, en la tumba de mi padre y en mi juramento de venganza; y luché con furia. Muchos murieron de mi mano, y siempre estuve dirigiendo el ataque. Murieron muchos bravos. El combate duró unas dos horas.

En un lugar del campo de batalla, sólo quedamos yo y otros tres guerreros. Se nos habían acabado las flechas y habíamos roto las lanzas en los cuerpos de los enemigos. No nos quedaban más que las manos y los cuchillos para combatir pero aún así, conseguimos matar a todos los que se nos enfrentaron de cerca. Entonces nos vieron dos soldados armados con fusiles que estaban en otro lugar del campo. Abatieron a dos guerreros y los dos que quedamos, corrimos hacia atrás, hacia nuestras filas. Mi compañero cayó de un sablazo pero yo llegué a nuestras filas, cogí una lanza y me volví. El que me perseguía falló y yo le maté con la lanza. Le cogí el sable y me lancé contra el soldado que había matado a mi compañero. Nos agarramos y nos caímos al suelo. Le maté con el cuchillo y me levanté enseguida con su sable en la mano, por si había más soldados que matar. No había ninguno. Pero los apaches lo habían visto todo. Resonó el orgulloso grito de guerra de los apaches por el campo ensangrentado y cubierto por los cuerpos de los mexicanos.

Todavía estaba cubierto de la sangre de mis enemigos, aún tenía en la mano mi arma y estaba encendido por la alegría de la batalla, la victoria y la venganza, cuando me rodearon los guerreros y me hicieron jefe de guerra de todos los apaches. Entonces di la orden de cortar las cabelleras de los enemigos muertos.

No podía resucitar a los  que había amado, ni tampoco a los demás apaches muertos pero podía regocijarme con la venganza. Los apaches se habían vengado“.

Se cree que en esa batalla, Goyaalé adoptó el nombre de Gerónimo por las exclamaciones de los mexicanos al verle luchar con tanto valor. “Por San Jerónimo” exclamaban con temor, ¿era el 30 de septiembre, onomástica de ese santo?).

* El 2 de mayo, John Russell Bartlett, miembro de la Comisión Fronteriza entre los Estados Unidos y México, llega a Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Mangas Coloradas y muchos chihennes y bedonkohes estaban en Sonora cuando llegó Bartlett, quien salió para Sonora en busca de suministros.

El 1 de junio, estando Bartlett en Arizpe, población de unos 1.200 habitantes, ocurrió el siguiente suceso. Un grupo de 25 soldados llevaba a cinco presos apaches, dos hombres y tres mujeres, a la cárcel de Arizpe a la espera de su destino final. Dos días después, llovió torrencialmente; la noche era sumamente obscura y tormentosa; los truenos sacudían las colinas y los repetidos relámpagos de los rayos asustaban a la gente. Los guardias mexicanos que vigilaban a los apaches entraron a fumar. Poco después de la medianoche, oyeron unos peculiares ruidos que venían de fuera de la prisión, repitiéndose con un énfasis que les llamó la atención. Instintivamente, los guardias sabían que esos ruidos procedían de los apaches que estaban llamando a sus amigos encarcelados, lo que pronto se hizo evidente por los prisioneros, los cuales comenzaron a cantar en su lengua materna lo suficientemente fuerte para ser oídos desde fuera.  Ningún guardia se atrevía a salir a causa de la impenetrable obscuridad para enfrentarse a los apaches, cuyo número era desconocido. Los guardias no podían confiar en recibir ayuda; nadie les asistiría en caso de ataque, ya que sólo contaban con ocho hombres y un sargento, estando atemorizados. Percibiendo esto, los prisioneros apaches clamaron con audacia que los dejasen salir, dando al mismo tiempo, gritos para informar a sus amigos de su ubicación, siendo secundado por repetidos golpes con piedras contra la puerta. En su abrumador terror, los guardias se agruparon y abriendo un poco la puerta permitieron salir a los apaches. No es necesario añadir que no fueron vistos nunca más. 

Otro incidente que ilustra este temor, lo contó John Carey Cremony, también miembro de la Comisión Fronteriza, en su libro “Life Among the Apaches”: “Un grupo de 15 apaches siguió a una recua de mulas, cuyos arrieros alcanzaron por poco, unos 300 metros, Arizpe. Se salvaron gracias a la obscuridad de la noche pero la recua fue saqueada. En menos de una hora, cerca de 200 hombres se armaron con el propósito de perseguir a los salvajes y recuperar el saqueo. Sucedió que me encontraba [Cremony] en la plaza en ese tiempo, y pude observar a los indios en las montañas situadas al este de la población. ‘¿Por dónde se fueron?‘, preguntó el jefe mexicano. Señalé en qué dirección y también llamó su atención, la cantidad de polvo levantado por los salvajes en su retirada. Me dio las gracias, poniéndose a la cabeza de su columna gritando, ‘Marchamos valientes’, dirigiéndose en sentido contrario a la que señalaba. En ese momento me di cuenta que un asunto parecido nunca ocurriría donde yo soy, en cambio un mexicano debe preguntar por la ruta que han seguido los indios, sabiendo que es la opuesta a la que realmente han seguido“.

A principios de junio, un estadounidense llamado Antonio Hicks llegó a Janos [Chihuahua] con un grupo de cuatro estadounidenses, un inglés, un francés y un mexicano, en dirección a California. (Los habitantes de Janos les advirtieron del riesgo de ser atacados por los apaches pero el grupo de Hicks decidió seguir adelante, uniéndose otros dos hombres.

El 8 de junio, llegaron a la parte mexicana del Cañón de Guadalupe, donde unos 50 apaches [aunque dijeron que eran 200] les emboscaron, matando a un estadounidense e hiriendo a otros tres. [El Cañón de Guadalupe o Guadalupe Canyon está situado en el vértice que une los estados de Arizona {Cochise County}; New Mexico {Hidalgo County}; y Sonora {municipio de Agua Prieta}]. Este incidente lo relató John Carey Cremony, miembro de la Comisión Fronteriza entre los Estados Unidos y Mexico, en su libro “Life among the Apaches”: “Al regresar de Sonora nos encontramos con una fuerza de 200 soldados mexicanos en el Guadalupe Pass, quienes nos informaron que un grupo de 10 norteamericanos habían sido asaltados por los apaches, cerca de la localidad de Jano con el resultado de un muerto y tres heridos, salvándose los aterrorizados supervivientes gracias a su precipitada huida“. Cremony tuvo la convicción de que ese ataque había sido perpetrado por apaches mimbreños, quienes habían sido aparentemente amistosos con ellos pero no se pudo comprobar. Revelaciones posteriores indicaron que las sospechas estaban bien fundadas poco tiempo después a su llegada a Santa Rita del Cobre [Grant County, New Mexico] cuando John Russell Bartlett, responsable de la Comisión Fronteriza, habló con el jefe chihenne Mangas Coloradas sobre el tema, negando éste tener conocimiento de lo sucedido. Sin embargo, dos días después admitió que lo sabía y que lo habían hecho unos malos hombres “sobre los que él no tenía autoridad“. Mangas Coloradas pudo haber mentido sobre este punto para no admitir que su gente había matado a un estadounidense, aunque hubiese sido en Sonora. Probablemente participó en el ataque al grupo de Hicks junto con los chokonen de Miguel Narbona y Cochise.

Durante su estancia en Santa Rita del Cobre, John Carey Cremony conoció a un guerrero apache mescalero llamado Gian-nah-tah [en el futuro sería conocido como Cadete]. Éste, en el curso de una conversación le dijo: “¿no mantengo a siete mujeres?”, esto a pesar de no ser el jefe de su banda pero sí el saqueador más hábil.

Cremony contó otra anécdota estando en Santa Rita del Cobre: “Estaba una tarde escribiendo una carta sentado delante de mi tienda de campaña, cuando se acercó un apache y por alguna razón me miró con atención.

– ‘¿Qué estás haciendo?’, preguntó al fin.

‘Hablando con mis amigos que están en casa’.

– ‘Pero ¿cómo se puede hablar con ellos tan lejos?’.

‘Yo te lo diré. Cuando el apache quiere indicar velocidad hace la figura de un pájaro; si desea indicar algo hermoso o dulce, dibuja una flor; si desea expresar la pereza, hace la figura de una tortuga. Pero nosotros no usamos símbolos, y en su lugar hemos acordado ciertos caracteres que, poniéndolos juntos, hacen las palabras e indican ideas. Por ejemplo, ves que hacemos estas marcas; bien, yo enviaré esta carta a mis amigos y ellos saben exactamente lo que significan estas marcas; igual que  sabrían lo que significan un pájaro o una tortuga; porque estamos de acuerdo en una interpretación distinta y especial’.

Estas ideas le fueron expresadas en español y repetidamente hasta que pareció comprender lo esencial.

El apache reflexionó un rato y luego dijo: ‘No te creo, esos caracteres parecen todos iguales; nadie puede distinguir alguna diferencia entre muchos de ellos; estás tratando de engañarme y hacerme creer que eres un gran hombre medicina’.

‘Indio’, le contesté. ‘Yo te daré la prueba. ¿Ves al hombre de allí? Es el proveedor. Te daré una nota para él que le autoriza a darte un trozo de tabaco; hay por lo menos 370 metros de distancia y no puede saber lo que estamos hablando. Si te da el tabaco a la recepción de mi nota, me tendrás que creer’.

‘Muy bien. Mi hermano de ojos blancos habla muy bien. Voy a hacer la prueba y veremos si dices la verdad’.

Escribí la nota y se la di a mi amigo cobrizo, que comenzó a trotar hasta que alcanzó al proveedor, dándosela. Tras leerlo, el proveedor le entregó un trozo de tabaco, pareciendo asombrarle mucho. Mi amigo miró la maleza, a continuación se rascó la cabeza y miró de nuevo, sin disimular su asombro, avanzando sin detenerse hacia mi tienda. Cuando a unos 18 metros, noté que sus ojos brillaban con satisfacción contenida y a toda prisa por llegar, dijo: ‘Mira, hombre blanco, has intentado poner en ridículo a un pobre apache. Tú y el otro hombre habéis ideado esto de antemano para obligarme a creer que tienes una gran medicina. Ahora, si quieres que te crea, escribe otra carta para otro trozo de tabaco y si me lo da, entonces te creeré’.   

No es necesario añadir que el ardid del astuto apache para conseguir dos trozos de tabaco, no tuvo éxito“.

Bartlett egresó a Santa Rita el 23 de junio y al final del día se reunió con Mangas Coloradas quien, por aquel entonces, era el jefe máximo de toda la banda chihenne. Bartlett escribiría el 5 de julio en su diario que los jefes chihennes Mangas Coloradas, Cuchillo Negro, Delgadito y Ponce; y el nednai Coleto Amarillo habían venido a conferenciar.

Bartlett dio a los jefes varios regalos. A Mangas Coloradas le dio un “traje de paño azul”, describiéndolo así: “Era una levita forrada de escarlata y ornamentada con botones dorados. Sus pantalones, a petición suya, estaban abiertos desde la rodilla hacia abajo, a la manera de los mexicanos, con una fila de pequeños botones de fantasía a un lado, y una amplia tira de tela escarlata al otro, desde la cadera hacia abajo. Una camisa blanca y una faja de seda roja completaban el vestido. Mientras el sastre lo tenía en la mano, lo visitaba a diario para ver su progreso, y cualquier niño lo envidiaría por su placer“. Pocos días después, Mangas Coloradas perdió el traje en una apuesta con otro apache.

Bartlett acababa de regresar de Sonora y dirigiéndose a él, Mangas Coloradas le dijo que los apaches le habían estado observando todo el tiempo. El jefe declaró que aunque él y su pueblo profesaban amistad a los estadounidenses, éstos debían tener cuidado cuando viajaban por el territorio porque había indios hostiles. Bartlett contestó que también deseaba tener buenas relaciones con los apaches y explicó que ahora los estadounidenses y los mexicanos habían designado comisiones para determinar el trazado exacto de la nueva frontera internacional entre las dos naciones. Asimismo, explicó el contenido del artículo 11 del tratado de Guadalupe Hidalgo por el que los Estados Unidos tenían la obligación de prohibir toda incursión contra México y devolver las propiedades robadas allí. Aunque Mangas Coloradas no comprendía por qué, él y su gente, tenían que dejar de hacer lo que siempre habían hecho, aparentemente aceptó la explicación. Por lo menos así lo entendió Bartlett. Pero los apaches se sentían libres y las costumbres adquiridas a lo largo de más de dos siglos de conflicto con los españoles y mexicanos no iban a cambiar tan fácilmente.

El 27 de junio, los miembros de la Comisión Fronteriza de los Estados Unidos rescataron a una joven mexicana cautiva de los apaches. John Carey Cremony, también miembro de la Comisión Fronteriza, lo relató en su libro “Life among the Apaches”: En la tarde del 27 de junio [Cremony se equivocó de año siendo en 1851 y no en 1850], el Sr. W. Bausman, el Sr. J. E. Wierns y yo estábamos parados frente a la tienda del cantinero, cuando nos dimos cuenta de una luz, parecida a un fuego de campamento, a unos 180 metros de distancia, cerca de la orilla del arroyo. Sabíamos que los indios tenían prohibido estar ahí después de la puesta del sol y como nadie de la Comisión acampaba por esa zona, acordamos ir y averiguar quiénes eran. Nos acercamos cautelosamente y nos encontramos con un vivac de indios y mexicanos [en realidad eran de New Mexico]. Entre ellos se encontraba una joven y guapa muchacha, vestida con una camisa hecha jirones, con una falda de piel de ciervo y otra piel echada sobre sus hombros. Esta joven, que no era india, parecía ser la que servía al grupo, para los cuales estaba preparando la cena. Nos aproximamos sin ser vistos y tranquilamente nos dirigimos hacia el fuego, que estaba a unos 3’5 metros del grupo, y pregunté a la joven en voz baja, quienes eran esas personas. Ella parecía asustada y se negó a responder, alejándose a esperar a sus acompañantes. Nos quedamos hasta que regresó, cuando le dije que era necesario que supiésemos quiénes eran; a lo que ella puso un dedo en sus labios denotando que no se atrevía a hablar. Vuelta a preguntar afirmó en un susurro que era una cautiva y que los mexicanos presentes la habían comprado y que la iban a llevar a New Mexico. Como esto está totalmente prohibido por las leyes de los Estados Unidos, nos dirigimos de inmediato al señor Bartlett y pusimos el asunto en su conocimiento para su consideración. Con prontitud, el Sr. Bartlett comunicó los hechos por escrito al coronel Craig, y pidió al oficial un grupo de soldados para rescatar a la chica de su triste condición. Esta petición fue aceptada inmediatamente por lo que el teniente Green recibió la orden de guiar un destacamento para llevar a la muchacha ante el Comisionado. Esto se hizo sin demora y la cautiva fue instalada para pasar la noche bajo el cuidado del Sr. Bartlett, quien le asignó una cómoda habitación con una guardia de protección.

Mientras tanto, los apaches habían escapado, pero los tratantes mexicanos fueron puestos bajo custodia durante la noche. Al día siguiente fueron convocados ante el Comisionado para que diesen cuenta de la posesión de la chica y de sus futuras intenciones. Declararon llamarse Peter Blacklaws, Pedro Archeveque y Faustin Valdés. Los testimonios extraídos de estos hombres era muy contradictorios, pero a tenor de los mismos concluimos que estaban de acuerdo con otros 50, en el trueque y comercio ilegal con los indios, vendiéndoles pólvora y armas, probablemente, a cambio de prisioneras mexicanas, caballos, pieles, etc. El Sr. Bartlett estaba plenamente autorizado para arrebatarles a la cautiva pero no para castigar a esos sinvergüenzas, que fueron puestos en libertad;  pero indicándoles que abandonasen inmediatamente el lugar, cosa que hicieron en menos de 20 minutos. 

La joven cautiva, de 15 años, dijo llamarse Inés González, la mayor de los hijos de Jesús González, de Santa Cruz, en la frontera de Sonora. Unos nueve meses antes, ella había salido de Santa Cruz con su tío y otras personas para estar presente en la fiesta grande de Nuestra Señora de la Magdalena. Estaban protegidos por una escolta militar de 10 soldados y un alférez [era el teniente Saturnino Limón]. El segundo día del viaje, el 30 de septiembre de 1850, fueron emboscados por un gran grupo de apaches Pinal [Western Apaches], matando a su tío y a ocho soldados, incluyendo a su oficial; llevándola a ella y a dos amigas más. Había estado durante siete meses en su poder, obligados a realizar los duros trabajos de una mujer apache, recibiendo patadas y golpes como recompensa. Sin embargo una anciana de la tribu, que tenía una lengua ante la cual, incluso los guerreros se acobardaban, ayudó a Inés, y desde ese momento la protegió ante los insultos o daños, mientras estuvo entre ellos. Sus compañeras de cautiverio fueron posteriormente adquiridas por otros comerciantes mexicanos que se fueron al norte. Nunca más las vio u oyó hablar de ellas. Un segundo grupo la compró, con vistas a llevarla a Santa Fe [Santa Fe County, New Mexico] para revenderla, cuando fue rescatada por la Comisión, cuyos miembros compitieron entre sí para dar su protección y cuidar a esta pobre y sufridora chica. 

Inés González regresó a su hogar el 23 de septiembre, cuando faltaba un día para cumplirse el año de su captura. Posteriormente tendría dos hijos con el capitán Gómez, comandante de la guarnición mexicana de Tubac [Santa Cruz County, Arizona] entonces perteneciente a México; y con quien se casaría después. A su muerte se casaría otra vez con el alcalde de Santa Cruz [Sonora]”.

Al día siguiente, el 28 de junio, Mangas Coloradas y Delgadito llegaron con varios apaches más cuando dos muchachos mexicanos se introdujeron en la tienda de John Carey Cremony. Se llamaban Severo Heredia, de 13 años, natural de Bacoachi; y José Trinfan, de alrededor de 11 años, y natural de Fronteras.

Cremony, basándose en las actas de Bartlett, escribió en su libro “Life among the Apaches” los antecedentes de la reunión y la reunión misma:Tenía mi tienda a varios cientos de metros del resto de la Comisión, oculta a la vista de mis compañeros por una loma. Siendo la tarde extraordinariamente calurosa y sofocante, estaba yo acostado en mi catre leyendo una obra prestada del Dr. Webb, mientras José [mi criado] estaba ocupado frente a la tienda, lavando algo de ropa en un balde. Un gran número de los apaches se encontraba en el campamento ese día, pero no me habían molestado, como era su costumbre. De repente, dos niños mexicanos se introdujeron en mi tienda, escondiéndose debajo de mi catre. Esto me sorprendió por lo que les pregunté quiénes eran y qué querían. ‘Somos mexicanos caballero y estamos cautivos de los apaches y nos hemos escondido aquí para escaparnos. Por Dios no nos lleve otra vez con ellos’. Llamé a José y le pregunté: ‘¿Hay apaches cerca?’. No señor’, respondió, pero están llegando por el camino’.

Al instante salté de la cama, introduje dos revólveres en mi cinturón, cogí dos más, una en cada mano, ordené a José colgarse la carabina al hombro y llevar la escopeta de dos cañones en sus manos, diciendo a los chicos que se colocasen tras de mí, uno a cada lado, dejando la tienda de campaña para llevarlos ante el responsable de la Comisión.  

No habíamos avanzado unos 20 metros cuando un grupo de unos 30 ó 40 apaches nos rodearon y, con palabras y gestos amenazantes, exigieron la inmediata liberación de los cautivos; pero yo estaba decidido a pesar de los riesgos. Le dije a José que juntase su espalda a la mía, amartillase el arma y disparase al primer apache que armase su arco o que diese señales de hostilidad; mientras que, con una pistola amartillada en cada mano, fuimos dando vueltas, con el fin de hacer frente a todas las partes del círculo y a la vez, advirtiendo a los apaches que se mantuviesen a distancia. De esa manera avanzamos unos 180 metros, cuando mi situación fue percibida por varios miembros de la Comisión quienes, sacando sus revólveres, vinieron en mi ayuda. Los apaches nos acompañaron a donde el Comisionado, a quien le entregué los niños.  Al día siguiente por la noche, el señor Bartlett los envió al campamento del general García Conde, Comisionado mexicano, acompañados por una fuerte escolta quien, posteriormente, los devolvió a sus respectivas familias.

El 4 de julio, Mangas Coloradas, Ponce, Delgadito, Cuchillo Negro, Coleto Amarillo y unos 200 guerreros, entre los que estaba el que reclamaba a los chicos, llegaron a Santa Rita del Cobre, para conferenciar. El grupo de apaches formaron en semicírculo, en tres filas de profundidad, frente a la puerta del local donde tenía lugar la conferencia, mientras que los principales jefes y alrededor de una docena de miembros de la Comisión, bien armados, ocupaban una sala en nuestro edificio de adobe. Se repartió tabaco y una nube de humo se elevó antes de que se iniciara la sesión. Unos 150 miembros de la Comisión estaban cerca con sus armas listas. Después de un largo y profundo silencio, la conversación fue iniciada por Mangas Coloradas, por parte de los apaches, y por mí mismo, por parte de los americanos. Cada frase de los apaches se escribía y se traducía al señor Bartlett, quien decía algo, si le parecía importante, o permitía que el intérprete respondiera, según las circunstancias. Como las sucesivas conversaciones de la entrevista fueron originalmente escritas en su totalidad por mí mismo, y entregadas al señor Bartlett como registro oficial, y posteriormente publicadas por él sin ninguna alteración, considero justificado hacer uso de ellas para mi libro.

Mangas Coloradas habló y dijo: ¿Por qué cogisteis nuestros cautivos?

– John Carey Cremony: Vuestros cautivos vinieron a donde nosotros y pidieron nuestra protección’.

Mangas Coloradas: ‘Usted vino a nuestro territorio. Ustedes fueron bien recibidos. Sus vidas, sus propiedades, sus animales estaban a salvo. Vinisteis solos, de dos en dos, de tres en tres a través de nuestro territorio. Fuisteis y vinisteis en paz. Siempre trajimos vuestros animales perdidos de nuevo. Nuestras esposas, nuestras mujeres y niños vinieron aquí y visitaron sus casas. Éramos amigos, éramos hermanos. Creyendo eso, estábamos entre ustedes y trajimos a nuestros cautivos, confiando en que éramos hermanos y que sentiríais lo que nosotros sentimos. No ocultamos nada. Nosotros no vinimos a escondidas ni por la noche. Vinimos a pleno día y ante sus caras, mostrando nuestros cautivos. Creíamos en sus demostraciones de amistad y confiábamos en ellas. ¿Por qué nos quitasteis nuestros cautivos?’.

John Carey Cremony: Lo que hemos dicho es verdad. No decimos mentiras. La grandeza y la dignidad de nuestra nación prohíben que lo hagamos. Lo que nuestro hermano ha dicho es verdadero y bueno también. Ahora vamos a decirle por qué nos llevamos a sus cautivos. Hace cuatro años, nosotros también estábamos en guerra con México. Sabemos que los apaches distinguen entre Chihuahua y Sonora. Ahora están en paz con Chihuahua pero en guerra con Sonora. Nosotros, en nuestra guerra, no hacemos esa distinción. Los mexicanos, ya vivan en uno u otro Estado, pertenecen todos a una sola nación, y lucharon como nación. Cuando terminó la guerra, en la que vencimos, hicimos la paz con ellos. Ahora son nuestros amigos y, por los términos de la paz, estamos obligados a protegerlos. Nosotros dijimos esto cuando vinimos por primera vez aquí y les pedimos el cese de las hostilidades contra México. Pasó el tiempo y creció la amistad; todo ha ido bien. Usted vino aquí con sus cautivos. ¿Quiénes eran esos cautivos? Mexicanos; la misma gente que le dijimos que estábamos obligados a proteger. Se los quitamos y los enviamos al general García Conde, quien los puso en libertad en su propio país. Demostramos que no mentimos. Prometimos protección a los mexicanos y se la dimos. Prometemos amistad y protección para ustedes y se la vamos a dar. Si no lo hubiésemos hecho con México, no nos creerían ustedes con respecto a sí mismos. No podemos mentir’.

Durante la lenta conversación, Ponce se estaba volviendo muy excitado y, siendo incapaz de contenerse por más tiempo se levantó y con aspavientos dijo: ‘Sí, pero usted cogió nuestros cautivos sin advertirnos de antemano. Éramos ignorantes de esa promesa de devolver cautivos. Fueron hechos cautivos en guerra lícita. Ellos nos pertenecen. Ellos son de nuestra propiedad. Nuestro pueblo también ha sido hecho cautivo por los mexicanos. Si hubiéramos sabido de eso, no habríamos venido aquí. No habríamos puesto nuestra confianza en ustedes’.

– John Carey Cremony: Nuestro hermano habla con ira y sin reflexionar. Los niños y las mujeres pierden los estribos pero los hombres reflexionan y argumentan; y el que tiene la razón y la justicia de su lado, gana. Sin duda, ustedes han sufrido mucho por los mexicanos. Esa es una cuestión en la que es imposible para nosotros decir quién está equivocado o quién tiene la razón. Ustedes y los mexicanos se acusan mutuamente de ser los agresores. Nuestro deber es cumplir con nuestra promesa para ambos’. 

Ponce: No soy ni un niño ni una mujer. Soy un hombre y un bravo. Hablo con reflexión. Sé lo que digo. Hablo de los males que hemos sufrido y los que ahora se nos hace’. Entonces, poniendo su mano sobre mi hombro, dijo de una manera muy excitada: No debes hablar más. Deje que alguien más hable’.

Como era yo el que estaba negociando, inmediatamente coloqué ambas manos sobre sus hombros y, empujándolo hasta el suelo, le dije: ‘Quiero que sepas que soy el único intérprete que puede hablar con ustedes. Ahora permanezca sentado. Usted es una mujer y no un bravo. Voy a elegir a un hombre para hablar por los apaches. Delgadito venga aquí y hable en nombre de su nación’.

Es imposible describir la rabia contenida de Ponce pero, viendo que no tenía ninguna posibilidad, no pronunció una palabra más durante la sesión. Luego Delgadito se levantó y dijo: ‘Que mi hermano diga las explicaciones de su pueblo’.

John Carey Cremony: ‘Queremos explicar a nuestros hermanos apaches por qué hemos hecho eso y lo que podemos hacer por el dueño de esos cautivos. Sabemos que ustedes no han actuado a escondidas o en la oscuridad. Vinisteis de día y trajisteis a vuestros cautivos entre nosotros. Nosotros los cogimos en pleno día, obedeciendo las órdenes de nuestro gran jefe en Washington. El gran jefe de nuestra nación, dijo que debíamos coger a todos los cautivos mexicanos que estén en poder de los apaches y ponerlos en libertad. Nosotros no podemos desobedecer esa orden y por esa razón cogimos a vuestros cautivos’.

Delgadito: ‘No podemos dudar de las palabras de nuestros valientes hermanos blancos. Los americanos son valientes. Sabemos y creemos que un valiente desprecia mentir. Pero el dueño de esos cautivos es pobre. Él no puede perderlos, conseguidos a riesgo de su vida y adquiridos por la sangre de sus parientes. Él justamente exige sus cautivos. Somos sus amigos y deseamos que esto se cumpla. Es justo, y de justicia nos lo pide’.

– John Carey Cremony: ‘Vamos a decirles a nuestros hermanos apaches lo que se puede hacer. Los cautivos no se pueden devolver. El Comisionado no puede comprarlos. Ningún americano puede comprarlos; pero hay un mexicano empleado nuestro que está ansioso por comprarlos y devolverlos a sus hogares. No tenemos ninguna objeción de que lo haga; y si no es lo suficientemente rico, algunos de nosotros le ayudaremos’.

Delgadito: ‘El dueño no quiere vender, sino que quiere sus cautivos’.

– John Carey Cremony: ‘Ya le he dicho a nuestro hermano que eso no puede ser. No hablamos con dos lenguas. Entenderlo’.

A continuación, se celebró una breve consulta entre los líderes apaches después de lo cual, Delgadito dijo: ‘El dueño quiere 20 caballos por ellos’.

John Carey Cremony: ‘El apache se ríe de su hermano blanco. Piensa que soy una mujer y que puede jugar con él como con una flecha. Que el apache hable otra vez’.

Delgadito: El bravo que es dueño de esos cautivos no los quiere vender. Él ha tenido a uno de esos niños durante seis años. Creció bajo su cuidado. Sus lazos le obligan a permanecer con él. Es como un hijo para su vejez. Habla nuestra lengua y no lo puede vender. El dinero no puede comprar el afecto. Su corazón no se puede vender. Le enseñó a manejar el arco y empuñar la lanza. Le encanta el chico y no lo puede vender’.

– John Carey Cremony:Lamentamos que eso sea así. Lo sentimos por nuestro hermano apache y nos gustaría aliviar su corazón. Pero no es culpa nuestra. Nuestro hermano ha fijado su afecto en el hijo de su enemigo. Es muy noble. Pero nuestro deber es sagrado. No podemos evitarlo. Hiere nuestros corazones herir a nuestros amigos; pero si fueran nuestros muchachos y la ley nos obligara a ello, diría: Parte con ellos; parte con ellos. Nosotros lo haríamos. Deja que nuestro hermano apache reflexione y fije su precio’.

Delgadito: ‘¿Qué le van a dar?’. A lo que el Sr. Bartlett respondió: Venid y os lo mostraré’.

Todo el grupo se disolvió yendo al almacén del economato, donde estaban las mercancías, tales como tejidos de algodón, mantas y chaquetas, que por valor de 250 $ fueron presentadas para obtener su aceptación. Eso era más de lo que la codicia apache podía soportar; cerrándose pronto el trato y el asunto terminó en paz. Pero nunca fue olvidado, y estaba seguro de que llegaría la hora en la que procurarían vengarse. Mis expectativas fueron justificadas ya que, finalmente, robaron casi 200 animales de la Comisión”).

El 6 de julio, se produce una discusión en Santa Rita del Cobre entre un mexicano llamado Jesús López, trabajador de la Comisión Fronteriza estadounidense y un apache, resultando éste último herido por un disparo del mexicano. Un gran número de apaches, que estaban en Santa Rita, incluyendo Mangas Coloradas, Delgadito y Coleto Amarillo, montaron en sus caballos y huyeron en varias direcciones, sin duda recordando la masacre de Johnson. El coronel Craig, comandante de la escolta de la Comisión Fronteriza, indicó a Cremony, autor del libro ‘Life among the Apaches’ que los siguiera. Éste los alcanzó en las colinas y les convenció de que regresaran, que eran amigos, que el mexicano había sido detenido, y que se le pondrá en manos de la justicia. Al detenido le encadenaron los pies y puesto bajo vigilancia; mientras que el apache herido fue llevado al hospital, dándole toda clase de asistencias. Aguantó cerca de un mes, aguantando hasta el 19 de julio, cuando murió, siendo enterrado por los apaches, quienes rechazaron el ataúd y el entierro ofrecido por los estadounidenses de la Comisión Fronteriza. 

El 21 de julio, Mangas Coloradas regresó a Santa Rita donde un gran grupo de chiricahuas se reunió con Bartlett para discutir qué hacer con el mexicano que disparó a un apache. Había salido de Santa Rita el 10 de julio para ir a cazar ciervos a Santa Lucia Springs [después conocido como San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]. Mangas Coloradas cenó con Bartlett y, a continuación, volvió a su campamento en Santa Lucia Springs).

El 23 de julio, Ponce, Delgadito, Coleto Amarillo, Nachesoa y la madre del chiricahua muerto por el mexicano se reúnen con Bartlett para pedir la entrega del mexicano, contestando Bartlett que enviará al hombre a Santa Fe (Santa Fe County, New Mexico) para ser juzgado. (Un gran grupo de apaches se había congregado para escuchar a los que iban a hablar, para pedir la entrega del mexicano. John Russell Bartlett estaba decidido a que sólo se aplicara la ley norteamericana. Ese día los almacenes de la Comisión y los de los cantineros estaban cerrados y cada norteamericano estaba listo para actuar ante la menor advertencia. 

Bartlett: Me siento triste, igual que todos los norteamericanos aquí presentes, y simpatizo con nuestros hermanos apaches por la muerte de uno de sus bravos. Todos somos amigos. El fallecido era nuestro amigo, y lamentamos su pérdida. Yo sé que él no cometió ningún delito; que incluso no provocó el ataque sobre él. Pero nuestros hermanos apaches deben recordar que no murió por la mano de un norteamericano. Fue por la de un mexicano, aunque empleado de la Comisión. Por esta razón, es mi deber velar porque se haga justicia y el asesino sea castigado. Estoy aquí al mando de la Comisión Fronteriza para trazar la línea divisoria entre los Estados Unidos, el país de los norteamericanos, y México. Más allá de esto no tengo poderes. El gran jefe de los norteamericanos vive lejos, muy lejos, hacia el sol naciente. De él recibí mis órdenes y las órdenes se deben obedecer. Yo no puedo interferir en el castigo a cualquier hombre, ya sea indio, mexicano o norteamericano. Hay otro gran jefe que vive en Santa Fe. Él es el gobernador de todo New Mexico. Este gran jefe administra las leyes de los norteamericanos Sólo él puede castigar a un hombre cuando ha sido encontrado culpable. Enviaré a este gran jefe al asesino de nuestro hermano apache. Él le juzgará y, si es hallado culpable, le castigará de acuerdo a las leyes norteamericanas. Esto es todo lo que puedo hacer. Es lo que me dispongo a hacer con este hombre. Es todo lo que tengo derecho a hacer”.

Ponce se levantó para responder y dijo: Todo esto es muy bueno. Los apaches sabemos que los norteamericanos son sus amigos. Los apaches creemos que lo que dicen los norteamericanos es cierto. Sabemos que los norteamericanos no hablan con dos lenguas. Sabemos que usted nunca nos dijo una mentira. Sabemos que va a hacer lo que dice. Pero los apaches no estarán satisfechos al saber que el asesino ha sido castigado en Santa Fe. Queremos castigarlo aquí, en Santa Rita del Cobre, donde la banda del bravo muerto pueda ver a quien le quitó la vida cuando todos los apaches puedan verlo muerto [Ponce hizo la señal de colgarle por el cuello]. Entonces los apaches verán y sabrán que sus hermanos norteamericanos les hacen justicia”.

Bartlett: Voy a proponer otro plan para los apaches. Mantener al asesino encadenado, como lo veis; hacerle trabajar y dar todo lo que gane a la esposa y a la familia del bravo muerto. Eso lo pagará en mantas, en tela de algodón, en maíz, en dinero, o en cualquier otra cosa que la familia desee. Les daré todo eso ahora, lo que deba este hombre, y al final de cada mes les daré 20 $ en bienes o en dinero. Cuando venga la temporada del frío, estas mujeres y sus hijos vendrán y recibirán sus mantas y telas para mantener el calor, y el maíz para satisfacer su hambre”.

Ponce: Habla usted bien. Sus promesas son buenas. Pero el dinero no va a satisfacer a un apache por la sangre de un bravo. El dinero no ahoga el dolor de esta pobre mujer por la pérdida de su hijo. ¿Satisfaría a un norteamericano el dinero por la muerte de su gente? ¿Pagaría usted dinero, señor Comisionado, por la pérdida de su hijo? No; el dinero no iba a enterrar su dolor. No va a enterrar el nuestro. La madre del bravo muerto demanda la vida de su asesino. Nada más va a satisfacerla. Ella no quiere saber nada de dinero. Ella no quiere ningún bien. Ella no quiere maíz. ¿Satisfaría el dinero [golpeándose el pecho] la muerte de mi hijo? ¡No! Exigiría la sangre del asesino. Entonces yo estaría satisfecho. Luego estaría dispuesto a morir. No me gustaría vivir y sentir el dolor que la pérdida de mi hijo me haría”.

Bartlett: “Sus palabras son buenas. Usted habla con el sentimiento del corazón. Siento lo mismo que usted. Todos los norteamericanos sienten como usted. Nuestros corazones están tristes por su pérdida. Nosotros lloramos con esta pobre mujer. Haremos todo lo posible para ayudarla a ella y a su familia. Yo sé que ni el dinero ni los bienes pagarán su pérdida. No quiero que los apaches, mis hermanos, lo consideren así. Lo que propongo es para el bien de esta familia. Mi deseo es, que se sientan confortables. Deseo darles la ayuda de la que han sido privados por la pérdida de su protector. Si se arrebata la vida al detenido, se satisface su deseo de venganza. La ley y la justicia están satisfechas pero esta pobre mujer no obtiene nada. Ella y su familia siguen siendo pobres. No tienen a nadie que trabaje por ellos. ¿No será mejor prever sus necesidades?”.

Se produjo un breve intercambio de opiniones entre los apaches y la madre del hombre muerto fue llamada para saber su opinión. Exigió con vehemencia la entrega del asesino de su hijo, indicando su determinación de no estar satisfecha con nada más. De acuerdo con esta opinión Ponce volvió a hablar y dijo: Si un apache mata a un estadounidense, ¿no nos hacen la guerra y matan a muchos apaches?”.

Bartlett: No, yo pediría la detención del asesino y estaría satisfecho con castigarlo como los apaches castigan a los que cometen asesinatos. ¿No lo hice con una banda de apaches que atacaron a un pequeño grupo de norteamericanos, hace muy poco, en el camino de Janos? ¿Acaso no mataron a uno de ellos, hiriendo a otros tres con sus flechas? ¿Y no llegaron a repartirse  todos sus bienes? Todos ustedes saben que eso es cierto y yo sé que es verdad. Pasé cerca del lugar donde ocurrió, tres días después. ¿Por qué los norteamericanos no nos vengamos de ustedes por este acto? Somos lo suficientemente fuertes. Tenemos muchos soldados y en pocos días podemos traer mil más aquí. Pero no habría justicia en ello. Los norteamericanos creemos que ese crimen fue cometido por hombres malos y cobardes. Los apaches tienen malos hombres entre ellos; pero los que ahora se encuentran entre nosotros son nuestros amigos, y no vamos a exigir la compensación a ustedes. Sin embargo, como  dije antes, ustedes deben esforzarse por encontrar a los hombres que mataron a nuestro hermano y castigarlos. Nuestros animales se alimentan en sus valles. Algunos de sus malos hombres podrían robarlos, como ya lo han hecho; pero los norteamericanos no hacemos la guerra por eso. Nosotros os hacemos responsables y hacemos un llamamiento para que los encuentren y los traigan aquí, como antes hacían. Mientras los apaches continúen haciendo esto, los norteamericanos serán sus amigos y sus hermanos. Pero si los apaches cogen nuestras propiedades y no las devuelven, ya no pueden ser amigos de los norteamericanos. Entonces vendrá la guerra; miles de soldados tomarán posesión de sus tierras, sus valles de pastoreo y sus abrevaderos. Matarán a todos los guerreros apaches que encuentren, y cogerán cautivos a sus mujeres y niños”.

Este firme discurso amenazante, aplacó las peticiones de los apaches y, después de conversar entre ellos, la madre del difunto acordó dejar el castigo del mexicano en manos norteamericanas y de recibir por su pérdida todo el dinero que se le debía al prisionero, y 20 $ al mes, la cantidad de su salario, mientras estuviese en Santa Rita del Cobre).

* El 21 de julio, aproximadamente 400 chiricahuas están cerca de Fronteras (Sonora) teniendo que trasladarse allí desde Janos (Chihuahua) de acuerdo con el tratado firmado en mayo con el coronel José María Carrasco.

* El 28 de julio, la banda chihenne de Delgadito roba unas mulas que estaban a cargo del coronel Craig, miembro de la Comisión Fronteriza estadounidense, en Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. John Carey Cremony, en su libro “Life Among the Apaches” relató el incidente así: “Después de buscarlas por todo el territorio circundante, unos 48 km, el coronel Craig me invitó a su puesto de mando y me pidió mi opinión sobre el tema. Sin dudarlo, le informé que pensaba que las habían robado los apaches, ya sea con la esperanza de la recompensa por traerlas de nuevo [ya que el Comisionado Bartlett había concedido anteriormente regalos a los apaches que trajeran animales] o que las hubieran cogido para quedárselas. Después de dos o tres horas de conversación, el coronel aceptó mi razonamiento y decidió ir a buscarlas él mismo. Llevando 30 soldados, visitó el campamento de Delgadito, en el río Mimbres. Los indios estaban un tanto excitados, declinando toda participación en el robo o tener cualquier conocimiento de los animales desaparecidos; pero prometieron buscarlos y si los encontraban, devolverlos. Ocho días después de cumplir su promesa, desapareció otra manada de mulas y caballos del coronel. Como sólo tenía infantería, el coronel Craig no pudo mantener una campaña activa contra estos audaces y bien montados salvajes, por lo que reclamó la ayuda de la compañía de dragones del capitán Buford, de Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico]. Poco después de la llegada de ese oficial, otro lote de animales desapareció de la misma manera misteriosa, iniciando una expedición conjunta, integrada por los dragones y la infantería montada, para recuperar los animales perdidos o castigar a los ladrones, si fuera posible. Esta expedición resultó totalmente ineficaz, ni se recuperaron los animales, ni castigaron a los indios; pero durante la ausencia de la tropa los apaches, inteligentemente, habían atacado el campamento minero, a 4 ó 6 km según la costumbre, llevándose el ganado. Unos 20 miembros de la Comisión Fronteriza, encabezados por el teniente A. W. Whipple, montaron en sus caballos y salieron inmediatamente en su persecución. Los indios se dirigieron a un espeso bosque y un grupo, de unos 50 guerreros se quedaron para presentarnos batalla, mientras que el resto se alejaba rápidamente con el ganado. Los indios se ocultaron detrás de unos grandes pinos pero dejando ver su avanzadilla. Nuestro grupo desmontó y, acompañado por el señor Hay, el jefe minero, con cuatro de sus socios, dejamos nuestros caballos al cuidado de 8 hombres, y nos dirigimos a los árboles, manteniendo un vivaz fuego desde nuestro informal refugio.

Aquí acabó, por primera vez, las dudas sobre la identidad de los ladrones, ya que eran dirigidos por Delgadito, quien se mantenía a una distancia segura, vertiéndonos torrentes de los abusos más viles. Ese mismo sinvergüenza había dormido en mi tienda sólo dos noches antes, cuando le di una buena camisa y un par de buenos zapatos.

El gobierno estadounidense había proporcionado a la Comisión Fronteriza varias armas recién patentadas, y entre éstas estaban algunos rifles Wesson, cuyas balas podían alcanzar con bastante exactitud una distancia de unos 365 metros, en ese tiempo una distancia muy notable.  Uno de esos rifles estaba equipado con una nueva y fina alza, y a 320 metros un buen tirador podía alcanzar un objetivo del tamaño de su sombrero 8 de cada 10 veces.

Entre nuestro grupo estaba Wells, conductor del carro del Comisionado, un hombre excelente, valiente y frío, y un crack disparando. Indiqué a Wells donde estaba Delgadito y entregándole mi rifle, le dije que se acercara lo más posible, apuntara bien y abata al canalla. Wells se deslizó entre los árboles con la mayor prudencia y rapidez, hasta que llegó a 237 ó 246 metros de Delgadito quien, en ese momento, estaba golpeándose sus nalgas y nos desafiaba con su lenguaje más oprobioso. Estando exponiendo su trasero, una de las burlas favoritas entre los apaches, se descubrió ante Wells, quien apuntó intencionadamente al objetivo y disparó. Delgadito lanzó un grito sobrenatural y realizó una serie de bailes y cabriolas como haría un maestro de ballet. El líder apache se dio cuenta de su expuesta posición por el silbido de tres o cuatro balas en las proximidades de la parte superior de su cuerpo y cuando terminó su danza, corrió frenéticamente a través de un espeso bosquecillo, seguido por su banda. Volvimos hacia nuestros  caballos y después de volver a montar, proseguimos de nuevo la persecución. En 15 minutos habíamos pasado el bosque y llegamos a la abierta llanura, sobre la que los apaches corrían por su vida. La persecución se prolongó durante 48 km, y sólo al anochecer alcanzamos a las bestias, cuando el grupo a su cargo los abandonó y buscó la seguridad de sus compañeros. Percibiendo que la persecución sería inútil, nos contentamos con traer de vuelta el rebaño del señor Hay. Yo después me enteré  que la bala del fusil de Wells abrió un limpio agujero sobre esa parte de la persona de Delgadito denominada en la jerga escolar como el “sitio del honor”. No pudo montar a caballo durante varias semanas“.

Cremony relató en su libro ‘Life among the Apaches’ un suceso que ocurrió algún tiempo después de los acontecimientos antes mencionados: “Era necesario que yo visitase la ciudad de Socorro [Socorro County, New Mexico], con el propósito de ayudar en la compra de ovejas. Tenía la suerte de poseer un caballo como nunca se había visto. Valiente y resistente; fuerte, rápido y bien parecido, había entrenado un animal especial y noblemente respondía a mi llamamiento cuando la ocasión lo requería.

En esos tiempos Fort Craig [Socorro County, New Mexico] no existía, y el espacio entre Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico] y Socorro, una distancia de unos 200 km, es un gran desierto, cubierto con hierba fina en algunas partes pero absolutamente desprovisto de agua o sombra en 155 km. Esta franja intermedia de territorio es conocida por la denominación poco atractiva de ‘la Jornada del Muerto’. ¿Por qué recibió este nombre nunca lo supe claramente pero supongo que fue por causa de las muy numerosas masacres cometidas en ella por los apaches. El este del camino está bordeado por unos 100 km de la Sierra Blanca, un fuerte observatorio elegido por ellos donde, desde sus alturas, pueden percibir claramente cualquier grupo de viajeros por la amplia y desprotegida extensión de ‘la Jornada del Muerto’. Como la llanura no ofrece ninguna oportunidad para la emboscada, siguen al viajero desprevenido en número más de lo habitual y si tienen éxito en su ataque, derrotan a todo el grupo porque allí no es posible huir, y los apaches nunca cogen prisioneros, pero las mujeres y los niños pequeños, se convierten en cautivos de por vida.

En Socorro había una pequeña guarnición estadounidense consistente en cerca de la mitad de una compañía del 2º de Dragones, al mando del teniente Reuben Campbell, un oficial que había conocido durante la guerra mexicana y con quien abrigué una relación sincera.

Salí de Doña Ana como a las 03:00 de la mañana y viajé tranquilamente hasta las 16:00 de la tarde, cuando desensillé mi caballo, le até a un fuerte arbusto plantado en un campo de hierba fina establecido a sotavento de un cactus, para coger un poco de sombra. A las 00:00 horas, a la medianoche, reanudé mi viaje y llegué a Socorro al día siguiente, a las 11:00 de la mañana, después de haber viajado durante el fresco de la noche a un ritmo mucho más rápido. Durante el viaje, no vi señales de indios; y permítanme añadir que los apaches de “la Jornada del Muerto”, o más adecuadamente los apaches mescaleros, estaban por esas fechas en un estado de hostilidad activa. Pasé dos días agradables con el teniente Campbell recordando escenas e incidentes de la guerra mexicana… Después de haber descansado yo y mi noble caballo, me despedí de Campbell a la mañana del tercer día, a las 15:00 horas… Esperaba que mi viaje fuese tranquilo pero no iba a ser así. Di descanso a mi noble bestia todo lo que pude, desmontando con frecuencia y llevándolo de la brida, a fin de mantener su fuerza y rapidez en caso de necesidad. Así íbamos hasta eso de las 15:00 de la tarde, momento en el cual habíamos recorrido unos 80 km, faltando 120 aún por recorrer. El sol estaba alto e intenso y se veía como un escudo de latón al rojo vivo. Un arbusto agradable, rodeado de fina hierba, de pie a unos 90 metros a la izquierda del  fuerte y espléndido camino natural que corre a través de las 4/5 partes  de “la Jornada del Muerto”, me invitó a compartir  su modesta sombra y dirigí mi caballo en esa dirección cuando me sorprendió ver una columna de polvo a mi izquierda, en dirección a la Sierra Blanca, que tenía la apariencia de moverse rápidamente y que venía a mi encuentro. Instintivamente sentí que era causado por los apaches; y yo tomé la precaución de apretar las cinchas de mi caballo, ver que la silla estaba correctamente y comprobé mis cuatro ‘seis tiros’, dos de los cuales estaban en mi cinturón y otros dos en mi funda. También desaté un sarape mexicano [manta], que estaba atado a la parte posterior de mi silla, y atándolo, lo pasé por encima de los hombros y lo até debajo de la barbilla por una correa de robusta piel de ante. Para entonces el carácter del grupo que venía era inconfundible, y estaban evidentemente decididos a cortarme el paso en el camino. Mi valeroso caballo parecía apreciar lo que ocurría casi tan bien como yo. El grupo perseguidor fracasó en su primer intento entrando en el camino, a unos 275 metros detrás mí. Notando que mi caballo era infinitamente superior en velocidad  y poder, tiré de las riendas para darle descanso todo lo que pude, lo que permitió a los indios acercarse a unos 45 metros. Eran unos 40, y ninguno con armas de fuego, pero pertrechados principalmente de lanzas, sólo cinco o seis de ellos llevaban arcos y flechas. Estos proyectiles comenzaron a silbar cerca de mí; pero no presté atención, manteniendo de forma constante la carrera, hasta que uno penetró en mi manta; aunque fue completamente roto por el revoloteo de sus pesados pliegues dobles, que tenían un movimiento de traqueteo por la velocidad a la que íbamos. Al percibir que la fuerza de la flecha había sido neutralizada, saqué un revólver y, dándome media vuelta en mi silla, apunté a los salvajes. Esto les causó cierta alarma, aprovechando eso para redoblar mi velocidad durante 1’5 km o así, ganando unos 550 metros sobre mis perseguidores, cuando de nuevo tiré de las riendas para dar descanso a mi caballo.

Requería mucho tiempo para que recuperaran de nuevo la distancia de disparo, pero sus gritos y aullidos eran perpetuos. De esta manera, alternativamente comprobaba la aceleración de mi caballo y apuntaba mi revólver contra los salvajes, que me seguían durante muchos kilómetros de esa infernal ‘Jornada‘. Varias flechas sobresalían en mi manta; una había rozado mi brazo derecho, saliendo simplemente la sangre, y otra había rozado mi muslo izquierdo. Entonces me convencí de que mi caballo era el principal objeto de su persecución. Su valor y cualidades inigualables eran bien conocidos por los apaches, y estaban decididos a obtenerlo, si era posible. Por supuesto, habrían sacrificado mi vida, si hubiesen tenido éxito en este pequeño asunto. Yo había comprado el caballo al capitán A. Buford, del 1º de Dragones de los Estados Unidos, quien me aseguró que no existía igual en todo el Territorio. Un apache mescalero le había ofrecido 100 mustangs por el caballo pero se negó, alegando que podría cuidar de un animal con facilidad; pero si tuviera 100, los apaches tendrían posibilidad de robarlos en cualquier momento mientras pastaban.

Cerca del final de ‘la Jornada del Muerto‘, el camino toma una pronunciada curva a la izquierda, en dirección a Doña Ana, interrumpida por una serie baja pero robusta de pequeñas colinas y profundos barrancos. Cerca de las 20:00 horas, la luna estaba brillante y ni una sola nube a la vista. Me dirigí alrededor de la primera colina, y me sorprendió ver que los apaches, aparentemente, habían abandonado la persecución, porque no escuché ni vi nada más de ellos, a pesar de que estaba unos 370 metros por delante… Golpeé mis espuelas en los malolientes flancos de mi pobre corcel, y gallardamente respondió a esta última llamada. Voló sobre el camino. Pasaba colina tras colina con maravillosa rapidez hasta que casi había transcurrido un cuarto de hora cuando escuché de nuevo a mis amigos apaches, a unos 75 metros detrás de mí… Sus caballos galopaban vigorosamente, tanto como el mío. Habían cabalgado más suave todo el camino, mientras que yo había le había dado descanso de vez en cuando. Si hubiera ido los 80 km a un paso lento el día antes… 

Así continuamos nuestra carrera hasta que llegué a 8 km de Doña Ana, a las 23:00 horas cuando, sintiéndome relativamente seguro, comencé a vaciar los cilindros de mis revólveres contra ellos. Entonces sus gritos y alaridos se volvieron temerosos, pero no dejé de disparar hasta que estuvieron de nuevo fuera de mi alcance. El resto del viaje lo realicé sin compañía, y llegué a Doña Ana a las 00:00 horas, medianoche, después de haber hecho la distancia de 200 km, en un caballo, en el espacio de 21 horas, los últimos 112 km a la carrera.

Tan pronto como llegué, me quité mi sarape, que tenía un buen número de flechas clavadas en él, llamé a mi criado José, quien se encargó de mi caballo… Varios intentos posteriores fueron realizados por los apaches para obtener la posesión de esa noble bestia pero, estoy orgulloso y feliz de decir, que siempre sin éxito. En Santa Rita del Cobre lo salvé por mero accidente. En cierta ocasión, recordando que había perdido una herradura, envié a José a traerlo de la manada que estaba pastando a 1’5 km de distancia, bajo el cuidado de un guardia. La orden fue obedecida de inmediato y, media hora después de irse, todo el rebaño fue robado por los apaches.

Se puede decir como norma invariable, que las visitas de los apaches a campamentos estadounidenses son siempre con fines siniestros. No tienen nada que cambiar por lo que, en consecuencia, no es el trueque lo que les trae. Piden, pero de ninguna forma comparable a otras tribus indias; y difícilmente esperar recibir cuando piden. Sus agudos ojos perciben todo. Memorizan las armas y equipos, el número del grupo, su cohesión y precaución, el curso de su marcha, su sistema de defensa en caso de ataque, y la cantidad de botín que pueden obtener con el menor riesgo posible. Siempre que sus observaciones las pueden hacer desde cercanas alturas con posibilidad de una emboscada exitosa, los apaches nunca se muestran ni dan ninguna señal de su presencia. Como tiburón de tierra, uno nunca sabe que están allí hasta que siente su mordedura. En la naturaleza y disposición, en las costumbres, leyes, usos y costumbres, en la religión y ceremonias, en la organización tribal y familiar, en el lenguaje y signos, en la guerra y en la paz, son totalmente diferentes de todos los demás indios del continente de América del Norte…”).

* El 18 de agosto, Mangas Coloradas y un gran grupo de navajos llegan a Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] aparentemente para comerciar con miembros de la Comisión Fronteriza de los Estados Unidos. (Mangas Coloradas había enviado emisarios a su yerno, jefe de los navajos, para que le ayudase a robar caballos de los estadounidenses. Los emisarios dijeron a los navajos que los estadounidenses tenían muchos caballos, mulas, vestidos de algodón, collares, cuchillos, revólveres, rifles y munición. El responsable de la Comisión Fronteriza, John Russell Bartlett, creía que buscaban conocer el número y la fuerza de los estadounidenses. Por supuesto ni los navajos ni los chiricahuas querían una abierta confrontación aunque buscaban robar unos cuantos caballos y mulas sin ser detectados.

El capitán Louis S. Craig, comandante del escolta de la Comisión, dijo a Mangas Coloradas que desconfiaba de los navajos, contestando que “aceptaba hacerse responsable de cualquier animal perdido“. Esta declaración quedó en nada ya que a finales de agosto, seguidores de Ponce y Delgadito cometieron varios robos de ganado en Santa Rita del Cobre. Los apaches y navajos robaron unos 150 caballos y mulas de los miembros de la Comisión Fronteriza. Los navajos se fueron hacia el norte y los chiricahuas hacia el sur, a Janos y Corralitos. 

En esas fechas, la banda de Mangas Coloradas, [probablemente con él estaba su yerno Cochise] sumaba unos 300 guerreros, permaneciendo acampada a unos 6 km de distancia de Santa Rita del Cobre; mientras que la de Delgadito, sumaba casi la misma cantidad, ocupando el valle de río Mimbres, a 29 km de distancia de Santa Rita del Cobre; y unos 400 navajos ocupaban las orillas del río Gila, a 45 km de Santa Rita del Cobre).    

El 26 de agosto, Mangas Coloradas, quizás desilusionado con los estadounidenses, envió un emisario de paz a Juan José Zozaya, en Janos [Chihuahua]. Zozaya, que se había disgustado mucho cuando se enteró de que los chiricahuas habían hecho la paz con los estadounidenses en Santa Rita del Cobre, les invitó a hablar.

Trías había pasado parte del verano de campaña contra Cojinillín, Francisco y Felipe, líderes de los grupos locales nednais de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua], aunque ellos se llamaban Gol-ga-ene, que significa “gente de lugar abierto”, o Gul-ga-ki, “gente de perros de las praderas”. Después se reunió, el 26 de agosto, con Coleto Amarillo en Corralitos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. El jefe nednai dijo a Trías que los apaches querían la paz. Dos días más tarde, Trías se reunió con varios líderes chiricahuas, quienes le aseguraron de que eran dignos de confianza.

Pero durante el mes de agosto, una banda apache, probablemente los chokonen de Miguel Narbona y de Cochise, mató a 59 mexicanos en Sonora, cuyas autoridades anunciaron represalias. El teniente coronel José María Flores, que había sucedido a Carrasco, empezó a reunir soldados para una campaña contra los apaches.

El mismo día, 26 de agosto, una banda apache atacó a un destacamento de la compañía “B” del 1º de Dragones, al mando del teniente Abraham Buford, en un lugar entre los ríos Gila y Pinto, en el sudoeste de New Mexico. Uno de los soldados falleció, y otro soldado y un apache resultaron heridos.

El 4 de septiembre, el capitán Craig, quien había estado persiguiendo apaches durante las dos semanas anteriores, escribió al general Winfield Scott, comandante en jefe del Ejército en Washington: “Hay que dar una buena paliza a los indios, y deben devolver todas las propiedades que han robado o este país nunca podrá ser habitado… Mi opinión es que el gobierno debería enviar dos regimientos montados a este territorio independientemente de las tropas que hay aquí o deberían retirar las que hay aquí y dejar que los indios tengan el territorio. Los apaches tienen manadas de caballos. Creo que Mangas Coloradas tiene algunos de los mejores caballos que yo haya visto desde que estoy en este territorio. Si podríamos quitarles sus caballos, no tengo duda que pronto serían persuadidos a volver su atención a la agricultura“.

El 5 de septiembre, la Comisión Fronteriza pasó a través de Apache Pass [Cochise County, Arizona] donde tomó contacto con Gerónimo en algún lugar de esa zona).

* Durante las primeras semanas de septiembre, Ángel Trías, gobernador de Chihuahua se reúne en Janos (Chihuahua) con Láceris (a veces llamado Pláceris, padre de Juh), Coleto Amarillo, Delgadito, Ponce y Mangas Coloradas. (Quedaron de acuerdo en que recibirían raciones pero el 22 de septiembre, Trías llegó a Janos con tantos soldados que  los chiricahuas, al verlos, huyeron por temor a ser traicionados. Mangas Coloradas se fue a las Burro Mountains [Grant County, New Mexico] y Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico] a recolectar piñones, bellotas, fríjoles de mezquite, nueces, bayas y dátiles [éstos últimos introducidos por los españoles en 1765]).

* El 13 de octubre, un destacamento mexicano al mando del capitán Eusebio Samaniego, ataca una ranchería chokonen de los jefes Posito Moraga y Trigueño, cerca de Carretas (Chihuahua), matando a cuatro guerreros, dos mujeres y un muchacho, y capturando a seis mujeres y tres niños.

El 21 de octubre, dos destacamentos de Sonora, de 172 y 150 hombres cada una, más dos piezas de artillería, establecieron un campamento base en el San Simon Valley [Cochise County, Arizona], a 15 km al noreste de Apache Pass [Cochise County, Arizona]. El mando total lo tenía el teniente coronel José María Flores quien, con uno de los destacamentos, se dirigió al río Gila y al territorio de los Western Apaches, donde mató a cinco hombres y capturó a otros cuatro.

Terán y Tato con el otro, fue al territorio de Mangas Coloradas, a las Burro Mountains, pero éste eludió a los mexicanos yéndose al norte, hacia las Mogollon Mountains por lo que Terán y Tato volvió a México donde, a primeros de octubre, sorprendió en la Sierra los Pilares de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora] la ranchería del jefe chokonen Tapilá, matando a ocho guerreros y capturando otros cinco.

A finales de octubre, Tapilá fue a Bavispe [Sonora] con un gran grupo de chokonen, entre los que se encontraban Chepillo y Chagaray, para negociar un intercambio de cautivos. Según los informes mexicanos, los apaches llegaron borrachos y con actitud belicosa, mientras que éstos afirmaron que los mexicanos ofrecieron hospitalidad a los chiricahuas y se divirtieron emborrachándolos para luego matarlos más fácilmente. Sea como fuere, en el enfrentamiento que siguió, los mexicanos mataron a Tapilá y a otros 13 hombres, capturando a 27 mujeres y niños.

Este incidente llegó a oídos de Mangas Coloradas quien, en julio de 1852, contaría su versión de los hechos al agente indio de New Mexico, John Greiner. Por supuesto, su relato contradecía la versión oficial dada por el comandante de Bavispe). 

* El 28 de octubre, el jefe apache lipán Juan Castro firma el tratado de San Saba (San Saba County, Texas) entre la República de Texas, el gobierno de los Estados Unidos y los apaches lipanes de su banda. 

* Durante el otoño, bandas apaches tienen varias escaramuzas con los norteamericanos a lo largo del Río Grande (Texas y New Mexico).

* En diciembre, quizás en venganza por la muerte de Tapilá, una gran partida de guerra de unos 200 hombres, probablemente chokonen, incursiona por Sonora, asaltando el distrito de Moctezuma y los alrededores de Hermosillo y Ures, matando a unos 30 hombres en un encuentro. (No se sabe si Mangas Coloradas o los chiricahuas tuvieron algo que ver en esta incursión ya que ningún apache fue reconocido durante el enfrentamiento pero como el jefe chihenne no se encontraba en su territorio de New Mexico, a principios de 1852, parece probable que estuvo con los chokonen en esta incursión contra Sonora.

Los escritos de Jose Miguel Castañeda pueden ofrecer una prueba más de que Mangas Coloradas había llevado a su gente al territorio chokonen. Castañeda era un adolescente en 1851, cuando iba  en el grupo de John Able de Chihuahua a California. A finales de año, Able tenía 10.000 ovejas que intentaba llevar a California. Por entonces acampó en el abandonado rancho de San Bernardino, al nordeste de Douglas [Cochise County, Arizona], donde se reunió con Mangas Coloradas y 300 apaches de su banda, entre hombres, mujeres y niños. Able dio 10 ovejas a los apaches, quienes “después de una fiesta partieron dando muestras de amistad“. Pocos días después, volvieron y, al recibir solo dos ovejas, se fueron de mal humor. Poco después robaron varios caballos pero no pudieron llevarse ninguna oveja.

Mientras Mangas Coloradas estaba ausente de New Mexico, se produjeron varios cambios en su territorio. El Departamento de Guerra en Washington había dado órdenes al nuevo comandante del Departamento de New Mexico, el coronel Edwin Vose Sumner, a llevar a cabo una política diferente “para revisar todo el sistema de defensa”. Sumner decidió trasladar las guarniciones fuera de los asentamientos civiles para controlar mejor a los indios y proteger más eficazmente la frontera mexicana.

La política de Sumner tendría consecuencias para los mescaleros, al este del Río Grande, y para los chiricahuas al oeste. Sumner retiró guarniciones de El Paso [El Paso County, Texas], Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico], y Socorro [Socorro County, New Mexico]; y estableció nuevos “fuertes”. El 8 de septiembre de 1851, Fort Conrad [Socorro County, New Mexico], a 38’5 km al sur de Socorro, en el extremo norte de la “Jornada del Muerto”; el 23 de septiembre de 1851, Fort Fillmore [Doña Ana COunty, New Mexico], a 9’6 km de Mesilla; y el 23 de enero de 1852, Fort Webster [Grant County, New Mexico], en Santa Rita del Cobre). 

1852

* El 21 de enero, José Cordero, gobernador de Chihuahua, edita en el Boletín Oficial una orden por la que declara la guerra total a los apaches, ofreciendo recompensas por sus cabelleras.

* El 23 de enero, Delgadito y Ponce, con unos 100 chiricahuas, van a Fort Webster ([Grant County, New Mexico]. El capitán Israel B. Richardson pensaba que estos chiricahuas habían robado caballos y mulas a los miembros de la Comisión Fronteriza de los Estados Unidos el anterior verano y que eran responsables de las muertes ocurridas a finales de 1851, cuando unos chiricahuas de las bandas de Cuchillo Negro, Ponce y Delgadito, mataron a varios hombres a lo largo del Río Grande. En uno de los ataques, los apaches mataron a un conductor y capturaron 51 mulas, en el área entre El Paso y Fort Fillmore.

Richardson rápidamente ordenó a los soldados coger las armas y preparse para actuar, lo que detuvo a los apaches, los cuales enviaron a una mujer al puesto enarbolando una bandera blanca. Ésta dijo que buscaban hacer un tratado de paz. Richardson la envió de vuelta con el mensaje de que él sólo hablaría con toda la banda presente. Finalmente llegaron Ponce y Delgadito. Richardson les preguntó por la incursión realizada cerca de Fort Fillmore a lo que contestaron que los autores eran unos apaches miembros de una banda que vivía al otro lado de las montañas en México al mando de Mangas Coloradas, lo que sugiriría que el jefe chihenne estaba viviendo con los chokonen en el suroeste de New Mexico y en el sudeste de Arizona. Richardson les dijo que “si les pillaba merodeando por los alrededores, él y sus soldados les enviarían rápidamente a sus felices terrenos de caza. Tan pronto como los jefes volvieron a sus líneas, mostraron señales de prepararse para luchar por lo que ordené abrir fuego, primero con los mosquetes y poco después con nuestro viejo cañón“. La descarga de los soldados dispersó a los apaches en todas direcciones, hiriendo a varios apaches y capturando a dos mujeres heridas. 

El 25 de enero, el teniente Alfred Pleasanton, al mando de un destacamento de las compañías “D”, “E” y “H” del 2º de Dragones, destinadas en Fort Conrad [Socorro County, New Mexico] tuvo un enfrentamiento con un grupo de apaches, cerca de la actual Truth or Consequences [Sierra County, New Mexico]. Los apaches, que no tuvieron bajas, mataron a dos soldados de la compañía “E”, y dos más de la “K” al día siguiente. Según el gobernador de New Mexico, James S. Calhoun, culpó a los apaches con el nombre genérico de chiricahuas pero no se debe descartar la participación de los mescaleros.

El 26 de enero, los chiricahuas volvieron a Fort Webster, cayendo sobre los bueyes y la manada de reses para provocar la salida de los soldados del fuerte. Mientras las mujeres y los jóvenes se llevaban las reses, los guerreros protegieron su retirada poniendo señuelos haciendo creer a los soldados de que iban hacia otra dirección. Los 50 chihennes atacaron con sus flechas a los soldados. 

El capitán Richardson con la compañía “K”, del 3º de Infantería tuvo el enfrentamiento más duro, sufriendo tres muertos [los sargentos Bernard O’Daugherty y Nicholas Wade, y el soldado John Croty] un herido. Los apaches habían capturado a Wade, al que torturaron hasta morir. Normalmente no arrancaban cabelleras, pero ese día le arrancaron la suya, que era pelirroja, probablemente en venganza por las muertes del 23 de enero. Las pérdidas apaches son desconocidas pero los soldados creían haber herido a varios de ellos. Informes posteriores dijeron que Delgadito pudo ser uno de ellos, yéndose al norte de Sonora.

Poco después los chihennes robaron en Cooke’s Spring toda la reata de bueyes perteneciente a un mexicano llamado Constante, residente en Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico]. Constante había entregado ocho carros de maíz en Fort Webster y al regresar se detuvo en Cooke’s Spring para pasar la noche, dejando los bueyes pastando. A la mañana siguiente, se despertó viendo que habían desaparecido. Esa mañana, cinco guerreros llegaron a su campamento ofreciendo devolverles los bueyes a cambio de pólvora, balas de plomo, tabaco, mantas y telas de algodón. Constante accedió pero los apaches habían aumentado de número, amenazando con atacarles. Constante y sus hombres abandonaron los carros y caminaron hasta Doña Ana).

* El 3 de febrero, el coronel Edwin Vose Sumner ordena al comandante Marshall Saxe Howe salir de campaña contra los apaches chihennes y bedonkohes. (Sumner esperaba que los 300 soldados de Howe, del 2º de Dragones, golpearan duramente a Mangas Coloradas. La base de operaciones se estableció en Fort Conrad [Socorro County, New Mexico].

El 25 de febrero, al acercarse Howe al río Mimbres [suroeste de New Mexico], unos pocos apaches emboscaron a su guía, un indio pawnee, hiriéndole en la cadera izquierda. El destacamento vio a 15 apaches situados en una posición inexpugnable. Sus hombres querían rodearlos y matarlos pero Howe decidió dirigirse a Fort Webster [Santa Rita, Grant County, New Mexico] a donde llegó el 27 de febrero.

Después de descansar, salió el 1 de marzo para el río Gila y Santa Lucia Springs [después conocido como San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico] en busca de Mangas Coloradas. Al segundo día, encontraron rastros frescos de apaches pero según el diario del soldado James Bennett, “el comandante Howe decidió ir por otro camino“, mientras enviaba un correo a Fort Webster para pedir refuerzos al comandante Gouverneur Morris. Esta petición enfureció a Morris quien pensaba que Howe estaba haciendo una búsqueda inútil pero envió al capitán Richardson, con dos suboficiales, 30 soldados, y un cañón de campaña. También se quejó al cuartel general en Santa Fe de que Fort Webster estaba más vulnerable ante un posible ataque apache.

Por su parte, aunque Mangas Coloradas había reunido unos 90 guerreros, no tenía intención de enfrentarse a una fuerza de 300 soldados. Howe llegó el 5 de marzo a Santa Lucia Springs y luego al río Gila, donde subió a una colina, viendo con sus prismáticos “columnas de humo en uno o dos lugares” y “un rastro fresco de apaches y ganado“. Sin embargo Howe, otra vez se dirigió en dirección opuesta, hacia el sur, a lo largo del río Gila, según los diarios de los soldados Bennett y Matson, llegando a Fort Webster el 12 de marzo “con la manos vacías”).

* En la primavera, James S. Calhoun, gobernador de New Mexico, prepara un tratado con los Western Apaches. (Las diferentes bandas apaches incursionaron por ambos lados del Río Grande, atacando intensamente en Sonora).

* El 6 de marzo, un destacamento de Fronteras (Sonora) mandado por el capitán Miguel Lozada y guiado por el chiricahua Mariano Arista, se dirige a las montañas Caguillona, a unos 24 km al norte de Fronteras, donde encuentra, una hora antes del amanecer, la ranchería del chihenne Delgadito. (Lozada dividió su destacamento en tres columnas y al amanecer cargó contra los apaches, sorprendiéndolos totalmente. Mataron a cinco guerreros, dos mujeres y un niño, y capturaron a cinco mujeres, un niño y 54 caballos y mulas. Los mexicanos hirieron a varios más, incluyendo a Delgadito, supuestamente con serias heridas. Los supervivientes se dirigieron al norte, a las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] para unirse a los chokonen de Miguel Narbona y de Cochise).

* El 16 de marzo, 230 soldados mexicanos de Bavispe y Fronteras (Sonora) al mando del capitán Eusebio Samaniego, atacan la ranchería de Láceris, cerca de la Sierra de Carcay (municipio de Janos, Chihuahua), matando a tres mujeres y capturando a cinco más, a quienes enviaron a Bavispe. ( De allí Samaniego fue a Janos donde alistó como guías a dos apaches, Gervasio y Josecito, además de unos pocos ciudadanos de esa localidad.

El 24 de marzo, el destacamento de Samaniego se unió al de Miguel Lozada en Boca Grande [municipio de Ascensión, Chihuahua], sumando una fuerza de 230 hombres. Enviaron a los exploradores a buscar el rastro, encontrándolo en el sur de New Mexico, que iba de las Florida Mountains [Luna County, New Mexico] hacia el sur, hacia la Laguna Guzmán [municipio de Ahumada, Chihuahua].

A primeras horas de la mañana del 27 de marzo, el destacamento mexicano encontró una gran ranchería de 80 wickiups. Después de abrir fuego desde una distancia de 180 metros, los mexicanos asaltaron el campamento, cogiendo por sorpresa a los nednais y a unos pocos chihennes. Cuando todo terminó, yacían muertos 28 apaches, siete guerreros, incluidos Coleto Amarillo y El Chinito [quizás también llamado Chino], y 21 mujeres y niños. Los mexicanos también capturaron a cuatro apaches adultos y a 12 niños, y recuperaron a un cautivo de El Paso, y 63 bueyes y caballos. Los ciudadanos de Janos se llevaron tres cabelleras, una de ellas de Coleto Amarillo. Itán consiguió escapar).

* A mediados de marzo, un grupo de mineros llega a Fort Webster (Grant County, New Mexico) informando que habían visto a Mangas Coloradas y su banda de unos 100 guerreros, acampados en lado oeste de las Burro Mountains (Grant County, New Mexico) preparándose para atacar a los soldados. (Los guerreros de Mangas Coloradas iban camino de Arizona para unirse a los chokonen, bedonkohes, y a los chihennes de Delgadito para su anual incursión de primavera por Sonora.

Mangas Coloradas con su banda de más de 100 guerreros, había alcanzado el lado oeste de las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] poco después del mediodía del 20 de marzo. Enfrente está la parte norte de las Swisshelm Mountains [Cochise County, Arizona], donde Mangas Coloradas se sorprendió de encontrar, a unos 180 chokonen, bedonkohes y chihennes, parlamentando con un destacamento de Sonora mandado por Terán y Tato, y los capitanes Miguel Escalante y Teodoro de Aros. Uno de los hijos de Mangas Coloradas, probablemente Cascos, se había unido a la reunión, junto con Miguel Narbona, Esquinaline y varios hijos de Teboca. Los mexicanos, al ver a la banda de Mangas Coloradas, dieron por finalizada la reunión.

Poco después, llegó Delgadito y habló con el alférez Manuel Gallegos sobre su deseo de recuperar a su gente capturada dos semanas antes en las montañas Caguillona mediante un intercambio de cautivos. Como Gallegos no tenía autoridad para hacerlo, terminaron su conferencia.

Al día siguiente, el destacamento mexicano se dirigió al Bonita Canyon [Cochise County, Arizona]. Al amanecer el día del 22 de marzo, los chiricahuas, unos 300 guerreros, les atacaron. Llegaron de todas las direcciones, la mayoría a caballo, hiriendo al capitán Teodoro de Aros al inicio del enfrentamiento. Escalante y de Aros agruparon a sus hombres disparando un efectivo fuego contra los apaches. Al perder el elemento sorpresa, los chiricahuas se retiraron, manteniendo un intercambio de disparos durante las siguientes dos horas. Los chiricahuas habían matado a tres hombres y herido a 10, seis de gravedad. De Aros estimó que los apaches habían tenido 12 muertos y 30 heridos. Poco después de acabar el enfrentamiento, los mexicanos se dirigieron al norte de Apache Pass [Cochise County, Arizona] mientras los chiricahuas iban al sur, hacia Sonora).         

* El 30 de marzo, Delgadito y, posiblemente Mangas Coloradas, aparecieron por Fronteras (Sonora) sorprendiendo a 14 hombres que estaban trabajando sus campos en las afueras de la población. (La mayoría de los soldados estaban de campaña contra los nednais en el sur de New Mexico y en el norte de Chihuahua. Los apaches mataron a dos hombres y capturaron a otros seis, varios de los cuales resultaron heridos. Luego los apaches fueron a las colinas al este de Fronteras y aparecieron con bandera blanca. Buscaban cambiar sus prisioneros por los capturados en las montañas Caguillona el 6 de marzo. El comandante militar de Sonora, que estaba en Arizpe, autorizó el intercambio el 2 de abril aunque no estaba contento con el capitán Gabriel García, pero el intercambio de prisioneros se produjo según lo acordado y los apaches se fueron al interior).

* Entre abril y mayo, Mangas Coloradas se encuentra en territorio chokonen, utilizándolo como base de operaciones para incursionar por Sonora. (A primeros de junio, el chihenne Cuchillo Negro acampó a lo largo del río Mimbres, reuniéndose con el comandante Morris en Fort Webster ([Grant County, New Mexico] para pedir la paz a los estadounidenses. El viejo jefe reclamó que todos los líderes chihennes buscaban la paz y que él podría enviar mensajeros a Mangas Coloradas y a otros jefes para pedirles que viniesen a Fort Webster a conferenciar.

Cuchillo Negro dijo que los jefes estaban lejos y dispersos por el territorio por lo que le podría llevar 9 ó 10 días tomar contacto con ellos, lo que indicaría que Mangas Coloradas estaba todavía en territorio chokonen quizás reuniendo mescal antes de irse a sus campamentos del norte, cerca del Gila. Cuchillo Negro dejó claro que Mangas Coloradas aún era el más importante líder. El diario del soldado Matson corroboró lo que Cuchillo Negro decía: “Ellos nos dijeron que ningún tratado que pudieran hacer sería efectivo a menos que los firmara Mangas Coloradas. Por lo tanto, algunos de los jóvenes jefes fueron enviados a buscar a Mangas Coloradas, para informarle y que asistiese a un consejo de paz“. Al saber cómo sería tratado en Sonora, probó ser receptivo a las “buenas intenciones” de los estadounidenses).

* En la primavera, Carl Ferdinand Julius Fröbel, viajero y científico (exiliado de Alemania), sale de la ciudad de México hacia el norte, pasa por  Chihuahua, y cruza el sudoeste de los Estados Unidos en caravana como los pioneros. (En su obra: “Siete Años de Viaje en Centroamérica, Norte de México y lejano Oeste de los Estados Unidos”, Fröbel escribió: “En la tarde divisamos al otro lado del río una toldería grande de indios, frente a la cual, pero de este lado, armamos el corral. Al poco rato gran número de hombres y mujeres cruzaron el rio para venir a visitarnos. Había entre ellos varios jefes que nos honraron con su presencia, todos provistos de sendas constancias de su filiación y buena conducta extendidas algunas por empleados civiles del gobierno o por oficiales del ejército americano a cuyo cargo está la vigilancia de esa zona. Esos certificados, que ellos se apresuran a mostrar, tienen por objeto hacer que los viajeros confíen en el comportamiento del portador, y son, a la verdad, una cómica contraparte de los pasaportes del Viejo Mundo, y son además los únicos de ese género que se ven en Estados Unidos. Su fraseología es de por sí ridícula; y si no véase el siguiente ejemplo: ‘El portador del presente certificado es Manga Roja, famoso jefe de los apaches que al presente está en paz con los blancos. Los viajeros harán bien en ser amables con él y respetarlo, pero al mismo tiempo mantenerse en guardia’. Bajo este escrito se pone la visa del viajero:Manga Roja visitó nuestro campamento y se condujo, junto con sus acompañantes, de manera respetuosa’. Más abajo puso otro viajero: ‘No se fíen de este tipo, es un indio artero’. Cuando un indio, con la gravedad de la que sólo él es capaz de presentar, pone en manos de usted un carnet como ese, debe uno controlar, como hace él, los movimientos de los músculos de la cara para no traicionarse, pues una indiscreción podría tener desagradables consecuencias.

… En nuestro campamento de La Joyita vi por primera vez cara a cara a los temidos apaches. Mientras almorzábamos llegaron dos indios a caballo; se apearon, estrecharon las manos y con toda naturalidad comenzaron a compartir nuestra comida. Vestían ropa de gamuza y traían buenos fusiles, que pusieron a un lado. Nos dijeron que pertenecían a la tribu de los mescaleros, y uno de ellos se las echaba de jefe de tribu, pero sus rudos modales lo traicionaban. Los jefes indios, por lo general, son ceremoniosos y de porte distinguido. La fisonomía de esos dos hombres, a quienes al poco rato se les juntó una mujer, era muy semejante a la de los chinos, sobre todo por la nariz chata; sin embargo, también se ve entre ellos gran variedad de fisonomías, y vi después tipos bien perfilados y señoriales. Debido a que tienen hijos con mujeres mexicanas robadas, y a que la tribu suele adoptar a los niños prisioneros, se hace cada vez más difícil determinar la configuración facial y el color de la piel originales…

… Quise aprovechar esta oportunidad para colectar unas pocas palabras de la lengua de los apaches, pero me fue muy difícil lograr mi propósito. Mis preguntas les disgustaron al principio, y no me contestaron. Luego me valí de una artimaña que me dio resultado. Les dije que yo sabía hablar, esa lengua, y pronuncié unas palabras del comanche que yo conocía. El odio que los apaches sienten por los comanches llegó a tal punto que, para probarme la superioridad de su lengua, me enseñaron algunas palabras…

… Por esta gente supe que no todas las tribus apaches hablan la misma lengua. La de los apaches de la Mina del Cobre y la de los del Gila, por ejemplo, distan mucho de ser como la de ellos, y no la entienden. Nuestros huéspedes se fueron al anochecer. Esa noche dormí en las rondas de nuestro campamento, situado en una sabana cercana al pueblo; junto a mí se acostó el cocinero. De pronto nos despertaron el trote de unos caballos y los ladridos de nuestro perro. A cinco pasos de nosotros vimos a dos indios montados. En un segundo encañoné con mi escopeta a uno, y el cocinero, tomando uno de mis revólveres, apuntó al otro, mientras el perro se colgaba del pescuezo de una de las bestias. ‘¡No tire, compadre!‘, exclamó uno de los indios. ‘¿No conoce a sus amigos, los apaches, que vuelven a tomarse una taza de café con usted?‘. Les dijimos que no recibíamos visitas de noche, que se largaran; pero que si querían podían volver en la mañana a desayunarse con nosotros. Se fueron refunfuñando, y, cuando se habían alejado un poco, uno de ellos se volvió y me dijo: ‘¡Oiga, amigo!, los apaches somos buenos, nosotros somos amigos suyos, pero los de allá son bandidos!‘, calificando así a los de La Joyita. En la mañana los esperamos en vano; y más tarde los vimos rondar con ocho o diez más en una loma vecina. No queda duda de que su visita nocturna tuvo por objeto pulsar nuestra vigilancia, y sólo gracias a que el resto de nuestros hombres se encontraba cuidando las mulas a media milla de allí fue que no ocurrió nada desagradable…

… Jesús Domínguez, me acompañó en varias excursiones, y tenía fama de osado y muy valiente; de él hablaré cuando relate mi viaje a Sierra Madre. Cuando lo conocí supe que había sido herido varias veces, y para entonces se curaba de un flechazo cerca de la columna vertebral. Cierta vez, yendo en misión de recuperar algunos caballos valiosos de su patrón que los apaches habían robado, junto con otros siguió a los ladrones hasta cerca de su toldería en las sierras. Al anochecer llegaron a la vista de ellos. Domínguez, que de muchacho había sido prisionero de los apaches, se quitó la ropa que llevaba y adoptó la facha de guerrero comanche. Por un atajo se llegó sigilosamente casi junto a los apaches, y mientras sus compañeros se acercaban a caballo, él irrumpió de pronto detrás de una peña lanzando el grito de guerra de los comanches; tiró a dos apaches y de tal modo los aterrorizó que, en el tumulto, no sólo recobró los caballos robados sino que también se llevó otros…

… El jefe comanche ‘Bajo el Sol’. Se había elevado sobre el nivel de los demás de su tribu, y, de haber vivido, hubiera sido su reformador. Tenía él como cosa sagrada el cumplimiento de su palabra empeñada con el gobierno de Chihuahua que era de luchar contra los apaches en donde quiera que los encontrara. En una expedición que en compañía de algunos jóvenes guerreros de su tribu emprendió con el fin de averiguar dónde se encontraba el enemigo, dio de improviso con una toldería de apaches, de la tribu de los espejos. Como no habían sido vistos, los compañeros del joven le aconsejaron que era mejor retirarse; pero él desechó la idea. ‘He dado mi palabra de destruir a los apaches’, dijo, ‘y Bajo el Sol la cumplirá’. Y acto seguido lanzó el grito de guerra de su tribu; seis de sus compañeros le siguieron, y como fieras irrumpieron en la toldería enemiga arrasando con todo a su paso y sembrando la muerte y el terror por todas partes hasta que él y todos sus hombres cayeron en la lucha. Estas cosas se saben en México porque las cuentan los cautivos que logran escapar; y los mismos mexicanos, conscientes de la sangre india que corre por sus venas, divulgan con orgullo esas hazañas; esto a mí me consta. Muerto ‘Bajo el Sol’, su hermano, que le sucedió en la jefatura de la tribu, se sintió obligado a continuar la guerra contra los apaches. Durante mi permanencia en Chihuahua atacó una de sus rancherías y volvió con 37 cabelleras enemigas. Después, en mi viaje de Chihuahua a Texas, pasé por el Presidio del Norte [en el Río Grande, más allá de El Paso]; de donde poco antes los espejo-apaches se habían llevado a varias muchachas. Los norteños pidieron ayuda a los comanches, y con ellos salieron en campaña a Sierra Rica, en donde vivían los espejos; y como nosotros habíamos acampado cerca del Presidio, nos despertamos en la noche al oír las risotadas y las canciones de una caballería que pasaba en frente. Eran los norteños y comanches de la expedición. Supe después que lograron echar a la tribu apache de Sierra Rica a territorio texano. En otro viaje que hice de Texas a California, en la base del este de las montañas de Limpia, me encontré con el resto de esa tribu, la cual, habiéndose aliado con otra de los apaches mescaleros, fueron por mucho tiempo el terror de otra zona del Estado de Chihuahua. Los mismos hicieron amagos de atacar nuestra caravana…

… Durante mi estadía en Chihuahua, los mescaleros, viéndose en apuros por los ataques de los comanches, enviaron delegados para concertar la paz. En tales ocasiones, los comisionados viajan con salvoconducto. Se me dijo que los delegados mescaleros fueron asesinados en su viaje de regreso por orden del gobierno, pero yo no me atrevo a avalar el cuento. Sin embargo, alevosías de esa especie fueron cometidas en los tiempos de aquel Glanton…

… Salimos de la ciudad de Chihuahua el 3 de febrero por la tarde, y tomamos el camino de Santa Isabel, pequeña ciudad o pueblo situado unas 48’2 km al sur de la capital. En las afueras de la ciudad se toma un camino que va sobre terreno de pórfido y fragmentos basálticos, luego sobre profundas torrenteras, que, aunque secas entonces, en la estación lluviosa acarrean correntadas. Aun aquí el viajero debe precaverse, pues muchos pobres leñadores desarmados han sido tirados allí por indios ocultos mientras seguían inocentemente detrás de su mula cargada. Esa tarde no hicimos más que 19’3 km, y vivaqueamos cerca de las casas de Rancho del Fresno. Pronto se hizo una fogata en la que Domínguez cocinó la comida, y a cuyo alrededor se sentaron otros viajeros. Pasamos la velada en alegre conversación, cuyo tema principal fue el peligro del camino. Un hombre que del tío Conchos venía a la ciudad con una pequeña partida de ganado, trajo ‘novedades’ [desgracias] acontecidas al sur del Estado. Varios hombres de Chihuahua que iban en viaje a Durango, habían sido emboscados por una banda de comanches; algunos perdieron la vida y también unos 3.000 dólares en mercancías. Un viejo de Villa de la Concepción, hacia donde íbamos, dijo que los apaches habían cometido últimamente numerosas fechorías en esa localidad, y nos enseñó las cicatrices de heridas de balas y de flechas recibidas en varios encuentros con ellos. Yo era allí el único que ni directa ni indirectamente había sido víctima de los pieles rojas…

… A la mañana siguiente debíamos pasar la Caña del Fresno, uno de los lugares de más reconocido peligro del Estado de Chihuahua. Es un desfiladero de unos 6’4 km de largo; queda entre bosques de robles achaparrados y asciende gradualmente hasta la meseta. En este paso han aprovechado tanto los apaches las ventajas del terreno que, sin exageración, en su longitud de 6’4 km no hay un solo trecho de cien pasos en donde no haya corrido sangre de algún desdichado viandante. Un gobernador de Chihuahua que pasó un día por allí encontró tan lleno de cruces el camino que parecía un cementerio, por lo que ordenó quitarlas todas y quemarlas, pues que al verlas, dijo, los hombres se acobardaban. Más, con todo yeso, son tantas ahora las nuevas cruces que se han puesto, que los viajeros se acostumbran a la idea de la muerte. Fue suerte que nosotros llegáramos hasta arriba sin ‘novedad’. Allí pastaban numerosos hatos de ganado, y pudimos ver las hermosas casas de la Hacienda Los Charcos. Esta bella y valiosa propiedad pertenece a don Estanislao Porras. En esos días estaba él construyendo un sólido edificio en el extremo superior de la cañada, en el cual pudieran estar los viajeros a salvo de los indios. El edificio se hallaba casi terminado. Pero cuatro semanas después, estando ya nosotros de vuelta en Chihuahua, los apaches se apoderaron de él de noche, y al amanecer atacaron a una caravana que pasaba por allí, matando a 12 ó 15 personas. En la sabana de arriba vimos otra prueba del espíritu emprendedor de don Estanislao. Se trataba de un canal que había cortado, bajando de las montañas con rumbo al noreste, hasta llegar al camino, que es una distancia de por lo menos 12’8 ó 16 km, con el propósito de regar la tierra comprendida en ese espacio, que es toda suya. Pero los apaches se sirven del canal como de camino cubierto por el cual llegan sin ser vistos a orillas del camino real, y, agazapados en acecho, tiran a los viajeros cuando no son numerosos…

… los prados de los alrededores de la ciudad se engalanan de flores silvestres, Santa Isabel debe ser un paraíso. Altos cerros de extravagantes perfiles circundan el valle. Varios de ellos situados al norte fueron refugio de una tribu de apaches. Cuando estos salvajes tenían allí sus danzas nocturnas, en la ciudad se oía el taran tantán de sus tambores; de ahí su nombre: Sierra del Tambor…

… Hace algunos años un jefe apache, educado cristianamente en casa de un cura del Estado de Sonora, se convirtió en el terror de estos lados. Se aprovechó de que sabía leer y escribir, tal como en su situación lo hubiera hecho un salteador de caminos civilizado. Interceptaba el correo de las minas para saber cuándo y por dónde enviarían las cargas de plata y mercaderías, y planeaba con éxito el asalto. Pero al fin cayó con su banda en una emboscada que le pusieron las tropas mexicanas, y todos fueron exterminados. Este indio vivía con una muchacha mexicana a quien había robado de casa de sus padres. En el encuentro de la emboscada ella peleó contra las tropas a la par de los hombres, y unos soldados que la reconocieron le gritaron que si se rendía le perdonarían la vida. La muchacha desestimó la propuesta y cayó junto con los demás, habiendo antes matado a flechazos a vatios soldados. En un viaje posterior que hice a través del continente supe de un caso similar que me contó un vecino de Mesilla [Doña Ana County, New Mexico] respecto de una sobrina suya que había sido raptada por los apaches, y que entonces vivía por su gusto con ellos. El tío la encontró un día en Santa Bárbara con el jefe de la tribu apache ‘mina de cobre’ – en paz en aquel momento con los norteamericanos – y le dijo el apache que él no se oponía a que la muchacha, si quería, volviera a casa de sus padres; pero ella rechazó indignada el ofrecimiento, y cuando su tío trató de convencerla, ella se negó a hablarle. ‘¡Y era muchacha cristiana!‘, advirtió, y acto seguido explicó despectivamente: ‘¡Pero aindiada, apachada!…‘.

… El desfiladero del Puerto de las Casas Coloradas tiene reputación casi igualmente mala. En varios lugares encontramos restos de vagones saqueados y destruidos por los apaches…

… Seguimos adelante sin parar, y pasamos la noche en Mátachic. Dos días antes los apaches habían robado aquí 150 reses, y casi toda la población masculina del pueblo, junto con la de Tejológachic, Santo Tomás, Temosáchic y Yepómera, andaban persiguiéndolos. Entre Mátachic y Temosáchic paramos en un rancho perteneciente a un amigo de don Guillermo. Encontramos a don Blas en estado lastimoso. La semana anterior, un apache de un lanzazo le había pasado el cuerpo de claro en claro; me pareció que recuperaría…

… El pueblo de Yepómera, situado pocos kilómetros al norte, es el último de esta región del Estado de Chihuahua. Región despoblada, con casas en ruinas destruidas por los apaches, con ganado cimarrón, resto de grandes rebaños, que se extiende hacia Corralitos, Casas Grandes y Janos, lo más extremo del Estado hacia donde desde aquí lleva un camino muy solo…

… La primera noche acampamos cerca de las casas del Rancho de El Sauce, pertenecientes a la Hacienda de Encinillas. En la mañana de ese día los apaches habían asesinado a un hombre allí. Seis mil ovejas estaban siendo apacentadas allí mismo protegidas por dos piezas de artillería que, una a cada lado del rebaño, las llevaban de arriba para abajo de la pradera. Sin embargo, pocas semanas después que regresaba yo de El Paso, vi cubiertos de ovejas muertas y moribundas los alrededores de las casas. No quedaba una sola de las ovejas, y los cañones yacían abandonados. Las mujeres salieron a recibirnos anegadas en lágrimas y lamentándose. Una banda de apaches había atacado el rebaño, asesinando a los pastores, haciendo huir a los artilleros, llevándose gran parte de las ovejas a la montaña, y por puro gusto habían flechado a unas 100, gusto que estos salvajes nunca dejan de darse en tales ocasiones. Pocos días después estos mismos fueron sorprendidos a su vez por los habitantes del pueblo de San Andrés, quienes recuperaron las ovejas, y de vuelta a Chihuahua llevaron en triunfo 16 ó 18 cabelleras de los apaches. En mayo hice un viaje de Chihuahua al Presidio del Norte. Al segundo día llegamos a la Hacienda de Bachimba, en donde encontramos a sus moradores sumamente atemorizados. Los apaches acababan de matar, en el camino muy cerca de allí, a un grupo de hombres, mujeres y niños – 14 en total – que regresaban de los baños termales de Julimas. Cuatro cadáveres de mujeres fueron hallados traspasados a lanzadas, sin ropas, y sus cabelleras anudadas; los niños habían sido estrellados contra las rocas; los hombres muertos a flechazos, probablemente antes de que advirtieran el peligro. Esto fue venganza de los pieles rojas por la derrota sufrida a manos de los hombres de San Andrés, y como secuela de su sangriento ataque al Rancho del Sauce…

… Los norteños, como se les llama en México a los moradores del Presidio del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua] son los aliados, espías, suministradores de pólvora, y receptores y compradores de todo lo que se roban los comanches texanos. Tal vez la necesidad les obligue a hacer esto porque, por lo aislados y expuestos que están a los peligros, a duras penas podrían pasarla de otra manera entre los comanches y los apaches. Su alianza con los comanches conviene a sus paisanos mexicanos, pues gracias a ella, ayudan a exterminar a los apaches. Ya he dicho algo acerca de ataques efectuados contra éstos por fuerzas combinadas de norteños y comanches.

Vuelvo ahora a nuestra entrada a la Sierra Limpia [Davis Mountains, Jeff Davis County, Texas], después de la tormenta de nieve. El primer aguadero que debíamos encontrar, un pequeño manantial entre rocas del lado norte, al que indistintamente dan los mexicanos los nombres de Agua Escondida y Los Barriles, lo teníamos todavía a 3’2 km, y los animales no habían bebido agua desde hacía dos días. De repente tuvimos que parar ante la presencia de una banda de 80 ó 100 apaches, todos bien armados. Venían exactamente adelante de nosotros, y clavaron una lanza en el camino, como señal de que debíamos parar. Hasta ese momento no habíamos tenido que luchar más que contra los elementos de la naturaleza, pero ahora parecía que tendríamos que abrimos paso por la fuerza de las armas. El encuentro, naturalmente, nos alarmó. Tan pronto como la avanzada de nuestra caravana vio bajar a los apaches en fila por una cuesta con un pendón que traía el de adelante, los primeros vagones comenzaron a formar el corral mientras el grito de ‘¡los indios, los indios!‘ recorría la caravana de punta a punta. Yo venía de último y a pie para hacer ejercicio y había dejado mis armas en el vagón. Bestias y vagones corrieron en barajustada a formar el corral, dejándome solo atrás, mientras los indios comenzaron a desplegarse en alas, por la derecha y la izquierda, envolviéndonos en círculo. Esforzándome para no quedar aislado, logré llegar a donde se estaba formando el corral.

Las cosas, sin embargo, tomaron un cariz más pacífico de lo que al principio esperábamos. Habíamos hecho nuestra maniobra rápidamente y en orden perfecto; y aun cuando algunos mexicanos se habían acobardado embadurnándose la cara de harina, probablemente para que los indios los tomaran por blancos, sumábamos unos treinta buenos tiradores atrincherados detrás de los vagones; así que los pieles rojas, si nos hubieran atacado, habrían salido trasquilados. Tal vez esto lo vieron antes y sólo trataron de amedrentamos para que les regaláramos algo.

La banda apache tenía dos jefes [los hermanos Marcos y Soldadito] ambos muy conocidos. Pertenecían a la familia de los mescaleros, y habitaron antes las riberas del Río Grande, cerca del Presidio del Norte donde, por largo tiempo, habían sido el terror de los alrededores, hasta que fueron echados de allí y empujados a las soledades de Texas por los norteños y sus aliados los comanches. Supe después que los restos de la banda del renombrado Espejo se habían juntado a éstos que ahora teníamos en frente en son de guerra, y que eran los mismos que nueve meses antes habían sido vencidos por las fuerzas norteñas en combinación con los comanches.

Tan pronto como me desocupé, me fui al grupo en que los dos jefes hablaban con mis compañeros. Allí vi la lanza que habían clavado para detenemos; la rubia cabellera de una mujer asesinada flameaba al viento. La punta era una vieja hoja de espada con esta inscripción: “Por el Rey Carlos III”. Un prisionero mexicano era el intérprete de la conferencia, y oí que Marcos se dirigía a don Guillermo llamándole ‘capitán’. ‘Usted es rico’, le decía el apache; ‘sus vagones suenan como truenos en la pradera. Los hemos venido espiando. Ustedes se sientan alrededor de sus fogatas y fuman bastante tabaco. Nosotros, en cambio somos pobres y pacíficos. Somos sus amigos’. Un generoso obsequio de tabaco selló los términos de paz y amistad. Soldadito se esforzaba en querer hacerme entender que no debíamos temer nada de ellos. Sobre su mano abierta apoyaba la cabeza con los ojos cerrados y repetía: ‘¡Seguro!’, queriéndome decir que podíamos dormir tranquilos. ‘¿No cree usted’, me decía por medio del intérprete, ‘que pudimos haberlos saqueado y matado a muchos de ustedes? Por muchos días no les hemos quitado los ojos. Pero nosotros no les tenemos mala voluntad; ahora pueden viajar sin temor; no nos volverán a ver’. Al principio toda la banda – cuyo número había aumentado con la presencia de muchas mujeres y niños, y todos tan bien armados como los hombres – quería acompañamos hasta el aguadero; pero, al rehusarles su ofrecimiento, los jefes acataron nuestra voluntad. Uno de ellos dijo algo a la gente, e inmediatamente se dispersaron por todos lados, uno a uno o en parejas. Y no volvimos a verlos. Antes de nuestro encuentro, y también después, mataron y robaron a otros, pero de nosotros no se llevaron ni una mula…

… Visto desde esta altura, el valle de Mesilla, con su verde hondonada, el río apareciendo y desapareciendo entre el ramaje de los álamos, y por el lado de allá la Sierra de los Órganos, ofrece un panorama de imponente grandeza […] Estando allí se nos agregó Mr. W., un norteamericano de Virginia. […] Mr. W., quien había vivido en Santa Bárbara, hizo amistad allí con la tribu de los apaches llamados mina de cobre [chihennes o mimbreños], que por entonces estaban en paz con los norteamericanos, y se le veía con frecuencia en sus establecimientos. Nos trajo la desagradable noticia de que últimamente se habían agriado las relaciones entre ellos y los blancos. Un hijo del jefe, llamado Ponce, cogió las viruelas, y el comandante del fuerte más cercano – era el decir común – no permitió que el médico del ejército fuese a verlo, y murió. El viejo jefe salió del lugar con su tribu diciendo que en el futuro los viajeros no lo encontrarían tan amigable como antes; y así fue, pues pocos días después nos convencimos de que había hablado en serio. Entre nuestro grupo iban varios norteamericanos con sus esposas mexicanas, los que tenían la costumbre de adelantarse a nosotros en el camino, unos en coche y otros a caballo. Estando a pocas millas de la fuente de Cook, vimos venir por el camino adelante a toda carrera a un jinete que resultó ser el criado mexicano de aquéllos, diciendo que sus amos habían sido sorprendidos en el aguadero por una banda de apaches y que los habían matado. Con los señores W. y C. corrí a toda rienda hacia el lugar mencionado; pero antes de llegar vimos venir a las supuestas víctimas; un accidente curioso les había salvado la vida. Uno de los viajeros llevaba la cara horriblemente desfigurada por las viruelas. Cuando los indios rodearon el coche y miraron adentro en busca de botín, vieron al enfermo, y fue tal su terror que huyeron espantados. Su jefe era el renegado Delgadito, de pésima reputación, que de no haber sido por aquello, los viajeros la hubieran pasado muy mal.

En esa oportunidad me contaron varias anécdotas características del viejo Ponce. Había hecho prisionero a un hombre de Mesilla, y ya los pieles rojas tenían todo listo para quemarlo vivo; pero para gozar más de la terrible escena, se emborracharon. Entonces, ya entrada la noche, una de las esposas del jefe se acercó al prisionero que estaba atado a un poste, y con un cuchillo cortó las ligaduras que lo ataban dejándolo en libertad para que huyera. Ponce prefiere el aguardiente a cualquier otra cosa. Cuando su hijo murió de las viruelas, vendió su mejor mula para comprarse una garrafa de aquello. Se sentía tan apesadumbrado que sólo el licor podía hacerlo olvidar. Tomando la garrafa en sus manos la llevó a su hijo menor diciendo: ‘Le duele tanto la muerte de su hermano al muchacho que voy a contentarlo’. […] Al otro lado de Ojo de Vaca, por donde el camino pasa sobre las primeras estribaciones de una serranía, que dejamos al norte, y a cuyo más alto pico los norteamericanos llaman Ben Moore, dícese que hay un manantial que brota del agujero de una roca, y que tiene por nombre Ojo de Inés, el cual se deriva de un episodio romántico acerca de una muchacha mexicana llamada Inés que habiendo sido raptada por los apaches fue rescatada por un oficial norteamericano [John Carey Cremony]

… Cruzando el valle íbamos cuando vimos venir a paso lento, y como a 1’6 km sobre una loma, a dos indios. A unos 800 metros de nosotros alzaron una bandera; nosotros hicimos lo mismo. Se acercaron. Uno de los nuestros se adelantó a saludarlos, y comenzaron a platicar. Al poco rato ya sumaban ellos 20 ó 30. Eran apaches, con fisonomía distinta de la de otros de su misma tribu que yo había visto antes, en tanto que al mismo tiempo tenían señaladas características, y una gran uniformidad del tipo nacional indígena. No se veían en ellos los rasgos chatos del mestizaje comunes a los apaches y a los lipanes de Texas. Su contorno facial era más bien griego: las cejas, la nariz, los ojos y la boca bien trazados, y lo indio sólo se les notaba en los pómulos pronunciados y la siniestra expresión de sus facciones. Llevaban sombrero de cuero y un trapo colorado, en forma de casco, adornado de plumas y, como diadema, un trapo amarillo recortado en piquitos. El plumaje que de la cabeza les bajaba por la espalda consistía de plumas de la cola de los pavos silvestres, y a su lado llevaban colgados pellejos con sus plumas de diversos pajaritos. Un barbiquejo de cuero sostenía el plumaje que baja por detrás, y su conjunto les daba, a hombres y muchachos, aire verdaderamente bélico. Por dibujos que he visto, esta vestimenta es la misma de los navajos, de Nuevo México.

Estos apaches traían algunos muchachos mexicanos robados, y nos ofrecieron vender a uno. De buena gana hubiéramos comprado su libertad, pero no pudimos convenir en el trueque, pues querían pólvora y plomo, lo cual después bien podrían utilizar contra nosotros mismos. Para negarnos, sin tener que ofenderlos, le dije al jefe que no teníamos suficiente de eso. Pero Mr. Kaufmann me interrumpió exclamando airadamente: ‘¡Sí tenemos pólvora y plomo de sobra, pero para tirarle a los apaches!’. Ante esa actitud el jefe, sin darse por aludido, dijo que retendría al prisionero en espera de una venta ventajosa; pero, apenas volvió al lado de su gente, la tropa entera salió de prisa. Supimos después que este hombre se llamaba Miguel [Pindah-Kiss], y que tenía fama de ser uno de los apaches más temibles.

Iba entre ellos un viejo que hablaba español bastante bien y tenía aire señorial. Hablando con él le di a entender que no confiábamos en sus manifestaciones de amistad. Él, entonces, levantando sus manos y clavando los ojos en el sol, se expresó así: ‘¿No cree usted que Dios, este sol ve todo lo que hacemos, y que nos castiga cuando hacemos maldades?’. Su gesto era en verdad impresionante, pero nunca hubiera confiado mi vida a la verborrea de su santurronería. Esa partida de indios era conocida en los pueblos de Sonora con el nombre de vizcaínos, que es el gentilicio de los nativos de Chihuahua, pues ese Estado se llamaba antes Nueva Vizcaya. […] Estas tierras estaban tan en orden y tan limpias que parecían haber estado en constante cultivo por más de 100 años. Pero un amontonamiento de restos de vagones incendiados nos recordaba que todavía estábamos en tierra de salvajes, en la que los apaches merodeaban impunes. […] En este valle sólo falta seguridad para que venga a él gente progresista. El temor a los apaches impide que los pobladores tímidos de por aquí disfruten de los dones de la naturaleza…

… Cuando pasábamos por la Hacienda La Calabaza, el primer lugar habitado más allá de Santa Cruz, un criado me invitó a visitar la casa. Al patio salieron a recibimos dos alemanes que la ocupaban con numerosos criados mexicanos, indios pimas y apaches ‘domados’. […] Mis dos paisanos me dijeron que a poco de haberse instalado en la hacienda, fueron atacados por una banda de apaches. Los indios, que en su ranchería estaban proyectando su expedición predatoria, fueron tan imprudentes que se fiaron de un prisionero mexicano revelándose el plan, y éste, tan pronto como la banda salió a ejecutarlo, corrió a Tucson. El comandante de la guarnición mexicana en ese lugar, al enterarse del caso, ordenó a sus hombres montar en el acto y salir en auxilio de la hacienda amenazada. Y justamente cuando los apaches bajaban por una loma de al lado, las tropas mexicanas aparecían por el otro. En el choque de ambas fuerzas -según supe después- Mr. H. mató a tres indios, y los asaltantes quedaron tan escarmentados que no volvieron a aparecerse por allí…

… Un tal Mr. M., de Texas, a quien últimamente había visto en El Paso, se encontraba asimismo en San Xavier del Bac con una partida de ganado. Este hombre corrió una aventura extraordinaria en su viaje a California. Parece que su socio llevaba en mente deshacerse de él en el camino a fin de apoderarse del ganado. Para ejecutar su plan encabezó un motín entre sus mismos arrieros. Estos se negaron rotundamente a obedecer a Mr. M., lo que le puso en desesperada situación, cuando en eso llegaron los apaches y asesinaron a los dos líderes del motín. Esta casualidad hizo creer a los demás que la Divina Providencia había intervenido, gracias a lo cual todos volvieron a someterse a la obediencia. Sin embargo, este suceso ocasionó a Mr. M. la pérdida de parte de su ganado, otra parte murió de sed en el camino y el resto se lo robaron los indios; de modo que llegó a California con una mano atrás y otra adelante…

… No muy allá de San Xavier, sobre una altura del valle, junto al río y circundado de mezquites, descansa el pueblito de Tubac, cuyos habitantes son mayormente indígenas, entre los cuales hay muchos apaches “domados”. […] Para completar el cuadro de esta tribu de indios [pimas], debo decir que a sus afables y pacíficas cualidades juntan un ánimo resuelto, y de tal manera así que hasta a los salvajes apaches les imponen respeto.

Fröbel relató el consejo que le dio el coronel Emilio Langberg, de origen danés pero educado en Alemania e Inspector interino de las colonias militares de Chihuahua, “… no salga del camino, ni siquiera 20 pasos. Aún cuando acampamos en las afueras de Fort Franklin [El Paso County, Texas], se juzgó necesario llevar por la noche las mulas al patio del abandonado fuerte y vigilarlas, por estos temidos pieles rojas, principalmente apaches que habitan en las zonas montañosas de Nuevo México, Chihuahua y el oeste de Texas…”.

También Langberg le informó del tratado firmado entre las autoridades del estado de Chihuahua y los comanches, contra los apaches; así como datos de una ranchería apache.

Respecto a la colonia militar de Guadalupe, Fröbel dice que los alcanzó un escuadrón de la caballería mexicana. Le informaron que Langberg había enviado tropas a esa colonia para sofocar una sublevación, a causa del hambre que estaban pasando, echando al comandante y apoderándose de algunas reses y exigiendo su sueldo atrasado. “[…] la noche anterior antes de nuestra llegada, los apaches se habían llevado 30 reses de los alrededores. Un respetable lugareño me comentó que los soldados se están muriendo de hambre y no tienen caballos ni ropa, y así, ¿cómo van a protegernos de los indios? Los mismos soldados les temen tanto como los guadalupanos, y estos temen tanto a los soldados como a los indios”. 

Fröbel continuó: “… El 17 de noviembre por la mañana llegamos a Carrizal, hoy en ruinas, pero antaño un importante pueblo cuando fue un puesto militar establecido allí para proteger a la población de los ataques de los apaches. Estos enemigos de la civilización tienen una ranchería en uno de los cerros vecinos. Desde las casas del pueblo me señalaron sus fragosidades, y esos bandidos pueden siempre, desde sus atalayas rocosas, espiar el ganado que en cualquier momento puede pasar a sus manos. Los habitantes de Carrizal, al igual que todas las localidades del norte de México, viven como alertas pastores contra los apaches, y por eso es que todos los hombres andan armados. Semejante modo de vivir ha hecho de los carrizaleños, gente indómita y brutal, así que es mejor que los viajeros se anden con cuidado allí…“.

… Fröbel mencionó a Estanislao Porras, ganadero chihuahuense, de la hacienda de Agua Nueva: “una de las pocas grandes ganaderías del norte de México, en donde se crían rebaños al estilo y magnitud del antiguo norte de México”. Mencionó, “que protege su ganado de las correrías de los pieles rojas manteniendo un numeroso grupo de hombres armados, aun cuando dos de sus hijos y varios criados han sido asesinados por los apaches…“).

* El 17 de junio, un grupo de 300 apaches ataca la Colonia Militar de Tucson (Pima County, Arizona), siendo comandante del puesto, el capitán Agustín Romanos. (Los alféreces Miguel Romanos y Manuel Romero, y el juez de paz Ygnacio Saenz participaron en el contraataque contra los apaches).

* El 30 de junio, un grupo de indios Pueblo llega a Santa Fe (Santa Fe County, New Mexico) para informar al Superintendente de Asuntos Indios en New Mexico, John Griener, de que varias bandas bedonkohes y chihennes, querían ir al Ácoma Pueblo (Cibola County, New Mexico), el 11 de julio, para firmar un tratado de paz. (Esta noticia alegró a Griener, por la posibilidad de que viniera el mismo Mangas Coloradas. El coronel Edwin Vose Sumner, comandante del 9º Departamento Militar, a cargo de la Oficina Ejecutiva de New Mexico, estaba organizando una ofensiva contra los chiricahuas cuando llegó la noticia. 

Charles Overman, Agente Especial para los Indios, estaba por entonces en Santa Fe preparándose para ir a Santa Rita del Cobre y traer a tres líderes chiricahuas. Overman pospuso su viaje cuando los indios Pueblo llevaron el mensaje de Mangas Coloradas.

Después de firmar un tratado con los apaches mescleros el 1 de julio, Greiner preparó su viaje al Ácoma para reunirse con los chiricahuas. El 3 de julio, Greiner pidió al coronel Sumner una escolta para el viaje al Ácoma, donde un gran grupo de chiricahuas estaba esperándole. Sumner dijo: “Yo mismo voy a ir al Ácoma para reunirme con los apaches del Gila…“. Llegaron el 11 de julio.

Una gran banda de chiricahuas estaba en las cercanías pero temían entrar en la población porque el Ácoma estaba construido sobre una gran meseta de 105 a 120 metros de altura sobre la llanura, con solo una vía de entrada y salida. ¿Por qué Mangas Coloradas eligió el Ácoma, situado al norte de sus territorio? Quizás por su alianza con los navajos, y porque había comerciado allí en el pasado. De paso, visitó a sus parientes y amigos que estaban con los navajos, comerciando con ellos. Por ese tiempo, o poco antes, Mangas Coloradas y los líderes navajos habían establecido un límite que separaba el territorio apache del navajo. Años más tarde, George Martine, hijo del explorador chiricahua Martine [el nednai que actuó como emisario del teniente Gatewood para encontrar a Gerónimo y Naiche en agosto de 1886], dijo a los estadounidenses que las dos tribus habíann establecido su línea limítrofe en Gallup [McKinley County, New Mexico], en el noroeste de New Mexico, pero esta afirmación parece errónea, estableciéndose ese límite por la línea que iba desde la frontera oriental de Arizona hasta Quemado y Datil [Catron County, New Mexico], y Magdalena y Socorro [Socorro County, New Mexico], sobre el  Río Grande.

Estando con los navajos, Mangas Coloradas les entregó, a cambio de un caballo, al cautivo de 13 años, Jesús Arvizu, capturado en Bacoachi [Sonora], el 21 de enero de 1851, el día siguiente del enfrentamiento en el “Pozo Hediondo”. El cambio dejó desolado a Arvizu pero más tarde se acostumbró a la vida sedentaria de los navajos llegando a ser un importante intérprete en los años venideros. Debido a los problemas que tuvo con John Russell Bartlett, el responsable de la Comisión Fronteriza, con sus cautivos mexicanos, quizás Mangas Coloradas pensó que sería mejor obtener un beneficio antes de que los estadounidenses pidieran liberar a los cautivos mexicanos como requisito para firmar un tratado. En cualquier caso, el líder chihenne estaba acampado cerca del Ácoma cuando llegó el contingente estadounidense.

Greiner se preocupó cuando se enteró de que los apaches tenían dudas de ir al Ácoma. Greiner dijo a Charles Overman que fuese a donde los navajos, con regalos por valor de 20 $, para que se los diesen a Mangas Coloradas, para convencerle de que viniese al consejo de paz, cosa que hizo poco después. Acompañado por Blanquito, Capitán Simón, Capitán Vuelta, Cuentas Azules, y Negrito, entró en la tienda del coronel Sumner diciendo: “Usted es jefe de los hombres blancos. Yo soy jefe de los apaches. Ahora hablemos y hagamos un trato“. A pesar de que tenía unos 60 años, Mangas Coloradas impresionó a John Greiner, describiéndole como “un indio de magnífico aspecto… Él es el líder espiritual de su tribu“. Mangas Coloradas, quien se jactó de que “su voluntad y palabra son ley para mi gente“, admitió que los suyos se habían cansado de la guerra y ahora querían la paz con los estadounidenses. Los mexicanos, sin embargo, era otra historia.

El tratado, que contenía 11 artículos, llamaba a los chihennes y bedonkohes a reconocer la jurisdicción de los Estados Unidos; a establecer relaciones amistosas entre ellos; a permitir el establecimiento de puestos militares y agencias en su territorio; a devolver los cautivos mexicanos que tuvieran y a no incursionar en México.

Por contra, los estadounidenses se comprometían a darles regalos y otros artículos, pero el pacto no indicaba un calendario regular para proporcionar esos artículos. Mangas Coloradas estuvo de acuerdo con todas las condiciones hasta que los estadounidenses hablaron de prohibir las incursiones en México. Al oirlo, la expresión del jefe chiricahua cambió. Él había venido al Ácoma a hacer la paz con los estadounidenses, no con los mexicanos. Greiner preguntó a Mangas Coloradas por qué odiaba tanto a los mexicanos, a lo que contestó: “¿Debemos permanecer de brazos cruzados mientras nuestras mujeres y niños son asesinados a sangre fría como lo fueron hace poco en Sonora? [octubre de 1851] Esas personas invitaron a mi gente a una fiesta. Ellos demostraron en todo momento ser amistosos con nosotros. Esto nos dio seguridad cuando al final de la fiesta, trajeron [los mexicanos] un barril de aguardiente [whisky]. Mi gente bebió y se emborrachó, y luego los sonorenses reventaron la cabeza de 15 de ellos con estacas. ¿Debemos ser víctimas de tal traición y no vengarnos? ¿No debemos tener el privilegio de protegernos a nosotros mismos?“.

Hace algún tiempo mi gente fue invitada a una fiesta donde había aguardiente o whisky; mi gente bebió y se emborrachó, quedándose dormidos, cuando un grupo de mexicanos vino y golpeó con garrotes sus cráneos [la matanza de James Johnson en 1837]. 

Otra vez, un comerciante vino de Chihuahua. Mientras estaba comerciando… un cañón oculto entre las mercancías abrió fuego contra nosotros, matando a un buen número de ellos… [masacre de Janos en 1851] ¿Cómo puedo hacer la paz con este tipo de gente?”.

Sumner y Greiner le escucharon con atención. Greiner más tarde diría: “Va a ser extremadamente difícil mantener a estos indios en paz con el pueblo de México“. 

Desde la perspectiva de Mangas Coloradas, él no cedía ningún territorio a los estadounidenses, ya que no tenían ninguna razón para exigirlo. Si lo hubieran hecho, no lo habría consentido. A lo largo de su vida, Mangas Coloradas nunca estuvo de acuerdo con ningún tratado que perdiera sus derechos sobre su territorio.

Él era el único líder chiricahua que había firmado el tratado de Ácoma ya que ningún otro jefe había querido ir, aunque representaba a otros cinco, Ponce, Itán, Sargento, Doscientos y José Nuevo.

Al hacer este acuerdo y asegurar la paz, Mangas Coloradas podía concentrar sus esfuerzos en sus enemigos del sur, Sonora. Según la historia oral apache, Mangas Coloradas dijo a su gente: “Les mostraremos [a los estadounidenses] la importancia de nuestra palabra. Si decimos que mantendremos la paz, lo haremos. Mantendremos nuestro acuerdo“. Griener y el nuevo gobernador, William Carr Lane, mantuvieron el tratado que sería ratificado por el presidente Franklin Pierce el 25 de marzo de 1853.

Mientras Mangas Coloradas estaba en el Ácoma, muchos chihennes habían ido a Fort Webster [Grant County, New Mexico]. La primera semana de julio, un gran grupo acampó cerca del puesto, donde el subteniente Nathan George Evans les dio whisky, provocando algún problema. El 4 y el 5 de julio, el soldado Matson escribía en su diario que “todos los indios estaban bebidos“. Cuando un soldado borracho disparó a un apache, todos huyeron a las colinas, temiendo una traición.

Al día siguiente, convencieron a los apaches que volvieran, y una semana más tarde Ponce llegó con la noticia de que Mangas Coloradas había hecho la paz con el coronel Sumner y se dirigía hacia Fort Webster para reunirse con los oficiales. Matson escribió: “No creo que el viejo tramposo venga aquí“. Pero el jefe chihenne le sacó de su error cuando llegó el 23 de julio anunciando que había firmado la paz con el coronel Sumner. Según Matson, Mangas Coloradas iba vestido con el uniforme de un oficial mexicano de Artillería, probablemente perteneciente a un mexicano muerto en combate. Matson diría: “Hay una recompensa de 10.000 $ por el viejo Mangas Coloradas ofrecida por el gobierno mexicano, vivo o muerto, pero esta cantidad no ha sido suficiente para asegurar su captura por ese gobierno. Mangas Coloradas habla bien español. Él profesa gran poder sobre la gente apache y tiene gran opinión de sí mismo. Llamó a uno de los suyos y nos lo mostró. Tenía la nariz y sus dos orejas cortadas, desfigurándole completamente. Mangas Coloradas dijo a nuestro oficial que le había hecho eso para deshonrarle para siempre porque no le había dado permiso para matar a un mexicano y quitarle su caballo y su rifle“.

Estos comentarios contienen algunas medias verdades. Hubo rumores de que México ofrecía una recompensa de 5.000 pesos por la cabellera de Mangas Coloradas; y el dato de que había desfigurado a un miembro de su banda por matar a un mexicano no casa con su personalidad. Los líderes apaches no practicaban la crueldad con su propia gente.

Mangas Coloradas llegó un poco más tarde que una partida de guerra chiricahua, mandada por Delgadito, Ponce, Cuchillo Negro y Láceris, que partieron a incursionar, probablemente por Sonora, dejando a sus mujeres y niños acampados cerca del fuerte. Las tropas mexicanas habían matado, recientemente, a varios miembros del grupo de Poncito, preparándose los chiricahuas para vengar esas muertes. No se sabe mucho del incidente de Poncito pero pudo haber ocurrido en las Sierras Pitáicachi el 19 de junio; o en la de Teras [las dos en el municipio de Agua Prieta, Sonora], el 9 de julio. Soldados de Bavispe combatieron a los apaches, sufriendo tres muertos y 12 heridos en un enfrentamiento mano a mano. Cuando llegaron refuerzos de Bacerac persiguieron a los apaches hasta la Sierra Pitáicachi donde, aparentemente, les sorprendieron matando a varios guerreros.

Un grupo de Huásabas atacó una ranchería en la Sierra de Teras, capturando bastante material y ganado. Pudo ser el mismo incidente, cuando el 7 de julio, un gran número de apaches atacaron a unas cuantas familias de indios pápagos en el pueblo de Guitica [?]. Ese mismo día, el diario “El Sonorense” informaba de la persecución que hizo la Guardia Móvil nacional de Moctezuma [Sonora] sobre una partida de apaches. No les alcanzaron pero los apaches abandonaron 236 reses. Sea como fuere, varias mujeres del grupo de Poncito aparecieron en Fort Webster con su pelo cortado, una costumbre de las mujeres chiricahuas durante el periodo de luto.

El 3 de agosto, Mangas Coloradas pudo haberse reunido con su gente, ya que el diario del soldado Matson reflejó que dos guerreros navajos y varias mujeres habían venido al fuerte a buscar provisiones. Probablemente habían venido al sur con Mangas Coloradas, quien estaba preparando su vuelta a su territorio ahora que sus seguidores se habían dirigido al sur a encontrarse  con la partida de guerra que había salidos dos semanas antes.

El 12 de agosto, el Superintendente de Asuntos Indios de New Mexico, John Greiner llegó a Fort Webster para reunirse con otros jefes chiricahuas que no habían ido con Mangas Coloradas al Ácoma. Al no encontrar allí a  ningún jefe, envió a varios mensajeros para buscarlos. Tres días más tarde, llegaron Ponce e Itán, que justo venían de su incursión por México con unos 200 apaches, aceptando el mismo tratado que firmó Mangas Coloradas. También protestaron por el punto que indicaba que tenían que hacer la paz con México, aunque dijeron que lo aceptaban si el gobierno les protegía a ellos y a sus familias, una declaración difícil de creer. Finalmente Greiner informó de una sorprendente declaración [si fuese cierta]: “Los apaches podrían considerar vender parte de su territorio si tuvieran una compensación apropiada“.

Mientras se firmaba este tratado, Mangas Coloradas estaba probablemente en México. Greiner llamaba a estos apaches genéricamente “apaches del Gila” bajo la jefatura de tres jefes, Mangas Coloradas, Ponce y Llatana [más conocido como Itán]. El territorio de Mangas Coloradas abarcaba desde el río Gila hasta el oeste de las Burro Mountains; el de Ponce, desde las Burro Mountains hasta el este del Río Grande y norte de Santa Bárbara; el de Itán abarcaba todo el área circundante a Santa Rita del Cobre. Greiner no mencionó a Delgadito porque no estuvo presente en la firma del tratado; ni a los nednais de Janos de los líderes Láceris y Eligio que habían ido al territorio chihenne después de su derrota a manos de Eusebio Samaniego la anterior primavera.

* El 25 de agosto, el prefecto de Moctezuma (Sonora) informa de las incursiones de apaches en el pequeño pueblo de Granados. (Ese mismo día, la prefectura de Sahuaripa [Sonora] informó del paso de una partida apache rumbo al pueblo de Romualdo Amabisca [?] robando mulas y caballos. Alcanzados los apaches en Batemaneco [?], tuvieron un muerto y varios heridos, perdiendo el botín.

El 2 de septiembre, Fort Webster [que estaba en Santa Rita del Cobre] fue abandonado y trasladado 22’5 km más al este, en la orilla occidental del río Mimbres, a 1’6 km de la actual San Lorenzo [Grant County, New Mexico], teniendo el mismo nombre. Alrededor de una semana más tarde, un soldado mexicano llegó a la nueva ubicación informando que su destacamento, quizás operando desde el distritpo de Galeana, había derrotado recientemente a una banda de apaches, probablemente una banda chihenne que regresaba de una incursión por México.

Mientras los soldados del comandante del puesto, Gouverneur Morris, construían los nuevos edificios, algunos apaches que los jefes no podían controlar, reanudaron los robos cerca de Fort Webster. En agosto se llevaron 30 mulas del juez Hopping cerca de Mesilla [Doña Ana County, New Mexico], llevándoselas hacia la Laguna de Guzmán [municipio de Ahumada, Chihuahua]. El 17 de septiembre, otra banda robó 15 mulas y cinco o seis caballos del puesto. Como se supo después, dos de las mulas pertenecían al teniente Evans y al comandante Morris, quien recomendó que el Ejército descontara el dinero de los fondos asignados a los apaches por el tratado para compensar las pérdidas sufridas por los oficiales y ciudadanos.

Ponce llegó a Fort Webster, el 22 de septiembre, con la mayoría de las mulas y caballos robados cinco días antes, declarando que habían sido los navajos. Morris omitió en su informe que había dado a Ponce una recompensa por llevar los animales. El soldado Matson reflejó en su diario que Morris recompensó a Ponce y su grupo con whisky, “haciéndoles gritar y manteniendo despierta a toda la guarnición durante toda la noche“).

* El 17 de septiembre, una compañía de “Texas Rangers” al mando del capitán Owen Shaw ataca un campamento de apaches lipanes. (Los ciudadanos de Laredo [Webb County, Texas] solicitaron protección cuando un grupo de apaches lipanes cruzó el Río Grande y comenzó a incursionar a lo largo del río. Shaw encontró el rastro y lo siguió al norte del río Nueces, y luego río arriba. A unos 30 km al noroeste de Fort Ewell, sobre el San Roque Creek, y a unos 19 km al oeste de la actual Cotulla [La Salle County, Texas] encontró su  campamento. Los lipanes se acercaron a los texanos desde el arroyo, abriendo fuego con rifles, flechas y un seis tiros [revólver]. Desde unos 70 metros de distancia, Shaw y sus hombres respondieron con sus rifles, cargando después. Los lipanes se alejaron del arroyo, siendo alcanzados por los texanos a caballo, quienes mataron a nueve e hirieron a 11, logrando escapar sólo uno. También capturaron 23 caballos y mulas, más sillas de montar, bridas, y armas. Los texanos no tuvieron bajas). 

* Durante el otoño, Mangas Coloradas está en las Burro Mountains (Grant County, New Mexico) y Mogollon Mountains (Catron & Grant Counties, New Mexico) recolectando piñones, bellotas y nueces, yendo también a Socorro y a Lemitar (Socorro County, New Mexico) para comerciar, diciendo a los ciudadanos de la zona que él cooperará para recuperar todo ganado que se lleven los apaches. (Mangas Coloradas se había distanciado de su antiguo aliado, Delgadito, el único líder chihenne que había rechazado el tratado firmado recientemente por el resto de jefes. El 22 de septiembre, Delgadito, al frente de 45 apaches, había robado 132 cabezas de ganado y cuatro caballos pertenecientes a Alexander Degas, cerca de Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico].

*  El 6 de noviembre, el nuevo Agente Indio, Edward H. Wingfield, sale de Santa Fe (Santa Fe County, New Mexico) camino de Fort Webster ([Grant County, New Mexico]. Pasó siete días en Fort Conrad [Socorro County, New Mexico], donde insperadamente se encontró con Itán y otros tres apaches. Wingfield le dijo que quería reunirse con los líderes chihennes en Fort Webster. Itán prometió traer a su gente en unos 20 días y envías mensajeros a Mangas Coloradas y Ponce quienes aparentemente habían establecido sus campamentos de invierno en sus territorios locales.

Después de dejar Fort Conrad, Wingfield se topó con una expedición mexicana de unos 100 hombres, probablemente un destacamento del Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua] mandado por Mariano Varelo, a unos 32 km al sur de Fort Webster. El gobernador Ángel Trías había ordenado a Varelo cazar apaches de acuerdo a la nueva política militarista de Chihuahua. A Wingfield no le gustó su actitud, “de aspecto sospechoso” diría, sintiéndose aliviado cuando regresaron a México sin molestar ni a los apaches ni a los ciudadanos del sur de New Mexico. Finalmente, llegó a Fort Webster el 7 de diciembre, donde encontró a la mitad de los soldados alojados en tiendas mientras el resto estaba en edificios hechos de troncos y barro. Al mando estaba el capitán Enoch Steen, que había reemplazado al comandante Morris.

El 7 de enero de 1853, Ponce y Negrito llegaron expresando sus deseos de vivir en paz. Dijeron que vendrían en 20 días con sus seguidores pero no mencionaron a Mangas Coloradas, quien había ido al territorio chokonen para su incursión anual de invierno contra Sonora).

1853

* A principios de año, se forma en San Diego (San Diego County, California) un grupo de 10 hombres para explorar zonas de Arizona, para localizar minas de oro y plata. (John Carey Cremony, que trabajó en la Comisión Fronteriza mexicano-norteamericana, comenta en su libro “Life Among the Apaches” que fue contratado como intérprete y guía del grupo con un salario de 500 $ al mes, y añade: “… Estábamos expuestos a las visitas de los Tonto Apaches, que habitan el lado norte del río Gila, desde el Antelope Peak [Pinal County, Arizona] a los poblados pimas.

Nuestro grupo estaba bien armado, con dos revólveres cada uno, un buen rifle y un cuchillo de grandes dimensiones, sintiéndonos igual a un número de indios cuatro o cinco veces al nuestro en lucha abierta, pero también éramos conscientes de que era necesaria la mayor precaución posible. Una parte del camino está cubierto por una capa de fino polvo de 10 ó 12 cm, que contiene abundante álcali. Las ruedas levantan nubes de polvo por encima de la cabeza, y envuelve a un grupo de hombres a caballo evitando que se reconozcan entre sí a un metro de distancia. En algunos lugares, el camino pasa por el centro de una extensa llanura, incapaz de esconder a una liebre. Habíamos llegado a una de las abiertas llanuras, envolviéndonos en una nube de polvo tan densa que impedía la visión de todos excepto de los dos que iban delante. Uno o dos intentaron cabalgar por un lado del camino pero las terribles espinas de los cactus y las hojas puntiagudas de la yuca pinchona o bayoneta española, pronto cubrieron las patas de sus caballos de sangre, y cojeando los pobres animales, les llevó a reanudar el camino polvoriento. Nadie esperaba un ataque en tan abierto, expuesto y desprotegido lugar, sin embargo, los apaches lo eligieron para tal fin. Sabían que estaríamos en guardia al pasar por un desfiladero, un espeso bosque, o un cañón rocoso; y también pensaron que podíamos estar menos atentos al cruzar una llanura abierta. Ellos conocían bien el carácter polvoriento del camino y confiaron en ello para ocultar su presencia, ocultándose cerca de su extremo sur, a la espera de nuestra llegada.

En cierto lugar, donde una o dos docenas de árboles de yuca elevan sus hojas afiladas sobre cuatro pies por encima suelo, y mientras estábamos envueltos en una nube de polvo, una fuerte descarga cayó sobre nosotros desde una distancia de unos 18 metros. Siempre me ha sorprendido que nadie de nuestro grupo resultara muerto o herido en esa descarga; pero perdimos dos mulas y tres caballos. El denso polvo impidió a los apaches apuntar y dispararon demasiado bajo. No era el momento de dudar y dando la orden, desmontamos y luchamos a pie. No podíamos distinguir nada; hacíamos disparo tras disparo en dirección de los salvajes; primero veíamos un cuerpo oscuro y hacia  allí disparábamos. Cada uno se tiró al suelo; pero apenas sabíamos dónde estaban nuestros compañeros. Fue principalmente una pelea en la que cada uno estaba ensu propia emboscada‘.

Mientras estábamos postrados, el polvo se asentó un poco, viendo un poco al enemigo, cuando John Wollaston gritómuchachos, están corriendo‘. Cada uno se levantó al oírlo produciéndose una competición mano a mano con los mencionados granujas. Fue en ese momento que nuestros revólveres se pusieron a trabajar, como se demostró después. De nuevo, el polvo se levantó en cegadoras nubes, subiendo por los pies de los contendientes. Nos pusimos de pie con tantas posibilidades de ser alcanzados entre nosotros mismos como por ellos. El traqueteo rápido de los revólveres se escuchó por todos lados, pero los autores en esa mortal labor eran invisibles. La última carga de mi segundo revólver se había agotado; mi gran cuchillo se perdió en el espesor del polvo del camino, y la única arma que me quedaba era una pequeña daga de doble filo, fuerte pero afilada, con una empuñadura de hueso de ballena, con una hoja de cerca de 10 cm de largo. Estaba volviendo a cargar un revólver de seis tiros, cuando un robusto y atlético apache, mucho más pesado que yo, se puso delante de mí, a no más de un metro. Estaba desnudo con la única excepción de un paño para cubrirle sus partes, y su cuerpo estaba aceitado de pies a cabeza. Yo vestía una cazadora de color verde, con bordes negros, un par de pantalones verdes, adornados con ribetes negros, y un sombrero de fieltro de ala ancha verde. Nada más verme, avanzó hacia mí con un cuchillo largo y afilado, con el que se abalanzó sobre mi pecho. Aguanté el ataque deteniendo su muñeca derecha con mi mano izquierda, al mismo tiempo que dirigía mi pequeña daga hacia su abdomen. Él cogió mi muñeca derecha con su mano izquierda y, durante un par de segundos en esa posición estuvimos cada uno, con mi mano izquierda sosteniendo su derecha por encima de mi cabeza, y su izquierda sujetando mi derecha a la altura de su cuerpo. Sintiendo que estaba untado de grasa y que yo no podía esperar, le lancé una rápida y violenta patada con el pie derecho que lo tiró a tierra, pero en la caída se agarró y me tiró con él. En un momento, se puso encima y se plantó con firmeza sobre mí, con la rodilla derecha sobre mi brazo izquierdo, inmovilizándolo, y su brazo izquierdo sujetando mi derecho sobre el suelo, mientras que su brazo derecho estaba libre. Estaba completamente a su merced. Su fuerza y peso eran mayores que los míos. Su triunfo y alegría se reflejaron en sus brillantes ojos negros, y exteriorizó su placer salvaje. Sosteniéndome hacia abajo con las garras de un gigante contra el cual, todo mi esfuerzo eran totalmente en vano, levantó en alto su cuchillo largo y afilado, y dijo: ‘Pindah lickoyee das-ay-go, dee-dah, tatsan’, que significa, ‘el hombre de ojos blancos, pronto morirá’. Sentí que me mataba y, en ese momento espantoso, hice un elogio apresurado de mi alma al Benefactor, pero mezclándolo con un ardid para salir de mi situación, si era posible.

Expresar las sensaciones que experimenté en ese momento no se puede hacer por escrito. Mi errática e inútil vida pasó revista ante mí en un momento. Viví más en ese minuto de nuestra lucha a muerte que lo que había hecho en años y, como estaba totalmente impotente, me di por perdido víctima de la ferocidad apache. Sus ojos inyectados en sangre brillaban sobre mí con intenso deleite, y parecía retrasar el golpe mortal con el propósito de alegrar su corazón ante mi miedo y atroz tortura. Todo eso ocurrió en menos de medio minuto, pero a mí me parecieron horas. De pronto, levantó su brazo derecho para la estocada final. Vi el descenso del arma mortal, y sabía con qué fuerza venía.

El amor a la vida es un fuerte sentimiento siempre; pero  morir como un cerdo, por un apache, me parecía terrible y denigrante. El cuchillo venía, contra mi garganta como objetivo, y por su posición sobre mi cuerpo era la parte más expuesta a su ataque. Al instante giré la cabeza y el cuello a un lado para evitar el golpe y prolongar mi vida todo lo posible. El afilado cuchillo pasó peligrosamente cerca de la garganta y se enterró profundamente en el blando suelo, traspasando mi negra corbata de seda, mientras que su pulgar derecho quedó cerca de mi boca, quedando atrapado rápidamente entre mis dientes. Tenía miedo de que pudiese sacarlo pero mi vida dependía de lo contrario. Viendo que no podía, quitó su mano izquierda de mi brazo derecho para apoderarse de su cuchillo pero el cambio, hecho bajo un fuerte dolor, invirtió el estado de las cosas. Antes de que mi antagonista pudiera sacar su arma profundamente enterrada con su mano izquierda, y al mismo tiempo que el pulgar de su derecha estaba firmemente sujeto entre mis dientes, di la vuelta a su cuerpo y hundí mi fuerte y afilada daga dos veces entre sus costillas, justo debajo de su brazo izquierdo, al mismo tiempo que hacía otro supremo esfuerzo para apartarme de su peso. Lo conseguí y, en unos momentos, tuve la satisfacción de ver a mi enemigo jadeando bajo mis repetidas acometidas. La palabra no expresaría mis sensaciones durante esa contienda mortal, y no lo voy a hacer.

Casi al mismo tiempo terminó la lucha con la derrota de los agresores, que tuvieron 10 muertos y varios heridos, aunque no supimos cuántos. Por nuestra parte, perdimos un sólo hombre, James Kendick, y tres heridos, John Wollaston, John H. Marble y Theodore Houston. Los dos últimos murieron de sus heridas poco después de llegar a Tucson, aunque recibieron los mejores cuidados y la atención del noble caballero, Juan Fernández, y su amable familia. Este triste resultado disolvió el grupo, y volví a San Diego poco después con un grupo de inmigrantes que iban a California.

Esa vez fue una de las pocas ocasiones en que los apaches atacaron valientemente a viajeros sin tener la esperanza de obtener un gran botín y perdiendo muchas vidas en la lucha. Probablemente fueron empujados a atacar por sorpresa por su espíritu audaz, planeándolo y confiando en tener éxito en su imprevista y característica naturaleza. Estábamos precisamente en una parte del territorio que no ofrece ninguna cubierta ostensible y por lo tanto, nos volvimos menos cautelosos. Conocían las características del camino y el carácter cegador y la cantidad del polvo. Ellos dependían de los primeros disparos para matar a la mayoría de nuestro grupo y producir el pánico entre los supervivientes. Contaban con la sorpresa y una fácil victoria, y esperaban apoderarse de nuestros caballos, mulas, armas y provisiones. Lo habían planeado así y actuaron valientemente pero se vieron frustrados, aunque los resultados fueron más tristes para nuestra pequeña empresa, ya que alteraron por completo nuestras originales intenciones por la muerte de Theodore Houston, capitalista y fundador de la expedición. 

Con ese suceso aprendí otro aspecto del personaje apache que nunca antes había visto. Resultó que son capaces de audaces y peligrosos compromisos bajo circunstancias muy adversas, o cuando las posibilidades están parejas; pero eso rara vez ocurre, ya que casi siempre tienen la oportunidad de examinar a las personas o grupos que entran en las zonas habitadas por ellos, y planean todo aprovechando todas las ventajas  posibilitando el perder los menos hombres posibles”).  

* En febrero, dos grandes bandas de apaches incursionan por Sonora. (A principios de año, el jefe chihenne Mangas Coloradas había ido al territorio chokonen a reclutar guerreros para incursionar por Sonora. En enero, el capitán Eusebio Samaniego, al frente de un destacamento de Sonora había matado a cinco chiricahuas en la Sierra Larga [?], en el nordeste de Sonora, y peleó, a mediados de febrero, con los líderes chokonen Trigueño, Carro y Yaqui, en la Sierra de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora].

El 19 de febrero, una banda apache atacó un rancho en el distrito de Sahuaripa [Sonora], robando muchas mulas y caballos. Ese mismo día, otra banda atacó Milpillas, una hacienda cerca de Bacanora [Sonora], matando a nueve personas y robando todo el ganado.

Una semana más tarde, otra banda apache de unos 70 guerreros, asaltó un rancho cerca de Tonichi [municipio de Soyopa], matando a cinco personas y capturando a varios más. Los chiricahuas ncontinuaron incursionando durante el mes de marzo, atacando ranchos y viajeros en varios lugares de los distritos de Arizpe, Bavispe y Sahuaripa. A final de mes, los diferentes grupos se dirigieron al norte donde se juntaron en la Sierra de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora].

Mientras Mangas Coloradas incursionaba por Sonora, mantenía a su gente en paz en New Mexico, a pesar de que unos pocos chihennes habían cometido allí pequeños robos. El 8 de enero, unos pocos jóvenes guerreros del grupo de Ponce, robaron algo de ganado de un corral en Los Lunas [Valencia County, New Mexico], situado en la orilla occidental del Río Grande. El capitán Richard Stoddert Ewell, con 30 hombres y unos pocos mexicanos, les persiguió. Los apaches fueron en línea recta al sur, hacia Mesilla [Doña Ana County, New Mexico] pero antes de llegar giraron al oeste y se internaron en las Mimbres Mountains [Grant & Sierra Counties, New Mexico]. Ewell detuvo su persecución porque sabía lo que Mangas Coloradas había dicho: “Recuperaría lo robado en caso de que él lo supiera“. Además, los apaches habían cometido el robo para comer. Ewell sabía la diferencia entre guerra e incursión.

Unas pocas semanas más tarde, unos apaches se llevaron algo de ganado de San Antonito [Bernalillo County, New Mexico] al sur de Socorro. El capitán William Steele les siguió hasta el río Mimbres, donde sorprendió su campamento, matando a uno e hiriendo a otros dos, antes de destruir la ranchería de 17 wickiups. Entre los heridos estaba Ponce, según oyó más tarde el soldado Matson en Fort Fillmore [Doña Ana County, New Mexico]. Poco después, parientes y amigos de los chihennes muertos atacaron el correo cerca de Fort Webster, matando a dos soldados y llevándose sus mulas y caballos.

A mediados de febrero, varios chihennes llegaron a Fort Webster para hablar con el capitán Enoch Steen y el agente Edward H. Wingfield, expresando su pesar por las recientes incursiones, prometiendo no hacer ninguna más.

El 31 de marzo, William Carr Lane, gobernador del Territorio de New Mexico, llegó a Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico] esperando reunirse con los apaches mescaleros pero éstos no aparecieron porque a primeros de febrero, unos guardas de La Mesilla [todavía pertenecía a México] habían matado a 14 ó 15 mescaleros cerca de Doña Ana. Los mescaleros habían ido pacíficamente pero los mexicanos, sin otra razón aparente que no fuera su odio hacia los apaches, los mataron. [La Mesilla, en Estados Unidos, Gadsden Purchase, es una región de 76.845 km² del actual sur de Arizona y el suroeste de  New Mexico, comprada a México por los Estados Unidos mediante un tratado firmado el 24 de junio de 1853 por el presidente norteamericano Franklin Pierce y el 30 de diciembre de 1853 por el presidente mexicano Antonio López de Santa Ana, siendo ratificado por el Senado de los Estados Unidos el 25 de abril de 1854].

Los chihennes de Ponce y de Cuchillo Negro habían tenido anteriormente buenas relaciones con los mescaleros pero el mes de octubre último, el coronel Miles, comandante de Fort Fillmore [Doña Ana County, New Mexico] había informado de una disputa entre ellos. Según Miles, los mescaleros tenían miedo de los chihennes porque éstos habían matado recientemente a uno de sus jefes.

Cuando Lane se fue de Doña Ana para ir a Fort Webster, dejó para los mescaleros, por si aparecían, mantas, tabaco y maíz, al cuidado de José Pablo Melendres, alcalde de esa localidad.

Lane llegó a Fort Webster el 2 de abril, negociando hasta el día 6, con varios jefes apaches [había unos 300 chihennes], a los que explicó cuidadosamente los artículos del pacto, dando “medallas y emblemas que realzaran su autoridad” a José Nuevo y a Cuchillo Negro, dejando una al agente Wingfield para Ponce, que llegaría el 7 de abril. Ese día, Lane escribió en su diario: “El tratado o convenio firmado con los mimbreños o apaches del Gila, mediante el cual están de acuerdo en volverse estacionarios, a dejar de vivir del saqueo…“.

Los seis líderes que firmaron el acuerdo fueron Ponce, Cuchillo Negro, José Nuevo, Veinte Reales, Riñón [posiblemente un hijo de Cuchillo Negro], y Carrocero [también llamado Corrosero]. Otros apaches presentes eran Josecito [hermano de José Nuevo], Sargento [chihenne ?, conocido en el río Mimbres desde 1843] y Largos [chihenne ?].

El tratado invitaba a Mangas Coloradas, Victorio, Itán [a veces llamado Gitane y Llatana], Delgadito, Láceris, Placero, y Tusho [Losho o el que en el futuro sería conocido como Loco ?] que no estaban presentes, a firmar el acuerdo. Algunos de estos jefes estaban en el río Gila recolectando mescal mientras Mangas Coloradas estaba incursionando por Sonora con los chokonen, no viniendo hasta el 18 de mayo para dar su aprobación al acuerdo.

Dos días después de firmar el tratado, Lane y su escolta, acompañado por el capitán Steen y 16 Dragones, fueron a examinar la zona de Santa Lucia Springs y el río Gila, concluyendo que era un buen lugar para establecer una reserva para los apaches. Volvieron a Fort Webster el 17 de abril, reuniéndose otra vez con los jefes chihennes, saliendo al día siguiente para el Río Grande.

Washington finalmente rechazaría este tratado el 15 de junio, aunque ese intento marcó el comienzo de una nueva fase de contactos entre los apaches y los norteamericanos).

* A primeros de abril, un incidente llevó a Mangas Coloradas a entablar contacto con dos viejos enemigos, José María Elías González e Ignacio Pesqueira. (A mediados de marzo, una banda apache había robado 25 burros y dos caballos en Bacanuchi [municipio de Arizpe, Sonora], a 16 km al oeste de Bacoachi. Al día siguiente, el joven de 22 años Abundio Elías González [sobrino de José María], reunió un grupo de 22 hombres y siguió el rastro durante cuatro días sin poder alcanzarlos. La tarde del 3 de abril, los apaches regresaron inesperadamente robando todas las mulas del lugar. De nuevo, Abundio Elías reunió otro grupo de 18 hombres para seguir el rastro. Poco después, salieron otros nueve hombres para unirse a Elías. Antes de juntarse, el grupo de Elías alcanzó a los apaches, ordenando éste cargar, ante el espanto de sus hombres. Durante el enfrentamiento, Abundio Elías descubrió que sus hombres le habían abandonado. Los apaches mataron a un hombre, hirieron a otros tres, y capturaron a Abundio Elías.

Su captura recibió inmediatamente la atención en todo el Estado. El prefecto de Arizpe envió tropas a buscar el rastro, el cual prefería ir hacia Fronteras. El gobernador de Sonora, Manuel María Gándara, envió 30 soldados al mando del capitán Ignacio Pesqueira, quien fue a Banamichi [municipio de Banamichi, Sonora] donde recibió el refuerzo de otros 50 soldados. El 12 de abril iba a salir para Fronteras cuando, esa misma mañana, los apaches robaron algunos de sus caballos, retardando su salida. Pidió a Elías González, que estaba en Bacoachi, que le enviase todas las mulas y burros disponibles.

El 13 de abril, Pesqueira llegó a Turicachi [municipio de Fronteras, Sonora], viendo el rastro de un gran grupo de apaches. Pesqueira envió un correo a Fronteras para dar el aviso pero era demasiado tarde. Mangas Coloradas había decidido atacar Fronteras antes de volver a Arizona y New Mexico. Los grupos incursores se habían reunido al sur de la localidad.

A las 10:00 horas del 12 de abril, unos 300 apaches asaltaron el presidio por el sur. Mataron a cinco muchachos que estaban cuidando unos rebaños de ovejas, llevándose la mayoría de bueyes, caballos y mulas. Durante las siguiente cinco horas dieron vueltas alrededor del presidio. Cuando se fueron se llevaron sus muertos y heridos con ellos. Según los propios chiricahuas, los tiradores mexicanos mataron a ocho apaches e hirieron varios otros. [Un mes más tarde, Mangas Coloradas diría al capitán Enoch Steen que él había perdido tres guerreros pero bien pudo haberse referido a sus bedonkohes y chihennes, no mencionando las bajas chokonen].

En cuanto a Abundio Elías, probablemente había revelado su identidad a sus captores ante la posibilidad de ser intercambiado por cautivos apaches. Seguramente no pensó que su tío, José María Elías González, era uno de los mexicanos más odiados por los apaches, ya que los había combatido durante al menos una década. El cuerpo de Abundio Elías nunca fue encontrado, sufriendo quizás, una larga tortura antes de morir, como solían hacer con los prisioneros mexicanos.

Mientras, Pesqueira llegó a Fronteras donde, inexplicablemente, estuvo una semana. Salió el 24 de abril para explorar las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona]. El 1 de mayo, sus hombres capturaron a un apache que estaba observándoles. Pesqueira le interrogó admitiendo que su poblado estaba a pocos kilómetros del campamento mexicano. Enseguida preparó un destacamento de hombres al mando de Rafael Ángel Corella [teniente herido en el “Pozo Hediondo”]. Cuando se aproximaron al campamento, el apache gritó para advertir a su gente, dándoles la oportunidad de escapar. Después de ver señales de humo por todos los lados, Pesqueira decidió suspender la campaña y volver a Fronteras.

Pesqueira no se dio cuenta de que estaba en medio de varios cientos de apaches dirigidos por el mismo Mangas Coloradas. Era el 1 de mayo, cuando él y su banda, con sus mujeres y niños, había acampado en la cara este de las Chiricahua Mountains, entre Apache Pass y Cave Creek, estando recolectando mescal, esperando que sus hombres volvieran de la incursión por Sonora.

A las 18:00 horas de ese día, un centinela de Pesqueira dio aviso de que veía a dos apaches con pañuelos blancos a corta distancia del campamento. Pesqueira hizo lo mismo con la esperanza de rescatar a Abundio Elías y a otros cautivos que pudieran tener. Envió a Loreto Surdo, un ciudadano de Fronteras, para preguntar a los apaches qué es lo que querían y proponerles un cambio de cautivos. Uno de los apaches era Mangas Coloradas, el cual accedió a un intercambio. Mangas Coloradas envió a Surdo para que preguntara a Pesqueira cuándo y dónde iba a tener lugar el intercambio. Pesqueira respondió: “Fronteras, en ocho días“. Mangas Coloradas se negó diciendo que era poco tiempo, que necesitaba 20 días.

La oferta de Mangas Coloradas no era sincera. Pesqueira volvió a Fronteras, mientras sus hombres dispararon y mataron al prisionero apache “cuando intentaba escapar”, una frase muchas veces utilizada. Una vez allí, esperó la llegada de Mangas Coloradas pero éste nunca tuvo intención de ir, ya que siempre dudó de la sinceridad de los dirigentes de Sonora por lo que levantó su campamento durante la noche, yendo a New Mexico con sus caballos y mulas cargados con el botín conseguido en Sonora y con el mescal recién cosechado, en compañía de varios chokonen.

Mientras todo esto pasaba, el Agente Indio en Fort Webster, Edward H. Wingfield, esperaba la llegada de Mangas Coloradas. El 17 de abril, notificó a William Carr Lane, gobernador de New Mexico, que estaba preparado para dar raciones a 300 chihennes, cantidad que se iba a incrementar cuando Mangas Coloradas, Delgadito e Itán llegaran de su incursión por Sonora. El 27 de abril, Wingfield dijo a Lane que los chihennes habían comenzado a cultivar sus campos cerca del fuerte. Según el capitán Steen habían plantado 20 hectáreas de maíz, calabazas y melones. Cuando Wingfield estaba escribiendo su informe, llegaron dos mujeres de la banda de Mangas Coloradas. Ellas pudieron haber salido una semana antes de la reunión entre Mangas Coloradas y Pesqueira, ya que ellas llegaron el 2 de mayo. Dijeron que el jefe chihenne “estaba contento de oir que todos los apaches del río Mimbres estaban en paz plantando maíz“. Ellas no dijeron nada del enfrentamiento de los chiricahuas en Fronteras pero sí que los mexicanos habían atacado a una banda apache cerca de la Laguna de Guzmán. Se referían al ataque del capitán Baltasar Padilla, el 26 de abril, a la banda de Poncito [hermano de Ponce] cerca de las Florida Mountains [Luna County, New Mexico]. A los 69 soldados mexicanos les guiaban dos apaches, uno era Gervasio Compá, un hijo de Juan José Compá. Descubrieron a los apaches recogiendo mescal, les atacaron y mataron a un hombre [un pariente de Poncito] y capturaron a una mujer joven. El destacamento de Padilla quemó las wickiups y se llevaron 25 caballos. Los supervivientes escaparon a pie a Fort Webster llegando casi desnudos y muertos de hambre.

Mangas Coloradas llegó a Fort Webster el 18 de mayo, reuniéndose con Wingfield y Steen. Wingfield escribió al gobernador Lane, diciendo: “Mangas Coloradas llegó hoy. Le aseguro que es un noble especímen del género humano. Él se acerca más al ideal poético de un jefe, igual que Homero describió en su Ilíada, de cualquier persona que yo haya visto antes. Ningún señor feudal en los miserables días de la caballería tuvo alguna vez a sus vasallos mejor sometidos. Sus modales son aústeros, dignos y reservados, ráramente habla pero cuando lo hace, va al grano y con gran sentido. Yo puedo asegurar que él es un líder entre los apaches. Los indios van a celebrar un consejo esta noche y el resultado nos lo harán saber mañana“. Al día siguiente Mangas Coloradas y varios jefes se reunieron con Wingfield y Steen aceptando los artículos del tratado.

Solo una semana después, el 25 de mayo, el tratado se puso a prueba. Un jefe chihenne llamado Losio o Losho [Loco ?], miembro del grupo de Ponce llegó a Fort Webster con cuatro niñas mexicanas cautivas, de seis a 11 años, sin duda esperando que los estadounidenses ofrecieran un rescate. Pero el capitán Steen liberó a las niñas sin dar a Losho nada más que sus raciones. Al irse, los chihennes se mostraron tremendamente enfadados.

Otro problema fue la repentina llegada de unos 200 chiricahuas, probablemente bedonkohes, aunque también podrían ser chokonen, qienes nunca habían estado antes en la Agencia. A pesar de estar lejos de su territorio, buscaban raciones. Su llegada alarmó a Steen, quien pensaba que podrían causar problemas.

* A finales de mayo, Josecito y un pequeño grupo de apaches mescaleros Sierra Blanca entraron en Santa Fe (Santa Fe County, New Mexico) para seguir en contacto con los estadounidenses. (Dijeron que estaban teniendo suerte con sus cosechas, y todavía esperaban que construyeran una instalación militar en su sierra para protegerlos).

* A primeros de junio, la banda de Delgadito llega a Fort Webster (Grant County, New Mexico) de su incursión por México. (Delgadito ignoró al agente Wingfield rechazando toda relación con los estadounidenses, intentando permanecer a distancia del hombre blanco. Su banda contenía muchos guerreros jóvenes que habían desertado de las bandas de Itán, Ponce y Cuchillo Negro después de que éstos hicieran la paz con los estadounidenses.  El soldado Matson reflejó en su diario que Steen había hecho una campaña contra la banda de Delgadito, cerca de las Mimbres Mountains [Grant & Sierra Counties, New Mexico], matando al menos a dos guerreros e hiriendo a varios más.

El 3 de junio, el Dr. Michael Steck, que era agente de los utes y los apaches jicarillas en Taos [Taos County, New Mexico], es nombrado agente de los apaches mescaleros y los apaches del Gila en Fort Webster, sustituyendo a Wingfield. Mangas Coloradas y sus subjefes, Delgadito, Cuchillo Negro, Ponce e Itán estaban envejeciendo por lo que su mundo, necesariamente, iba a cambiar). 

* A finales de julio, el Dr. Michael Steck visita Fort Webster (Grant County, New Mexico) donde informa de las condiciones en que se encuentran los apaches. (A principios de agosto, Steck recorrrió las rancherías apaches a lo largo del río Mimbres, constatando que cada hombre tenía de dos a cinco esposas y que un hombre podía tener  de 10 a 15 personas bajo su dependencia. Declararó que la invasión de los blancos y la guerra con México habían reducido la población apache y que el gobierno debía alimentarlos o luchar contra ellos hasta exterminarlos. Esta última fue la decisión de David Meriwether, gobernador de New Mexico que, aunque los que vivían en las White Mountains parecía que habían hecho todo lo posible por vivir en paz, en agosto lanzó una serie de campañas contra los apaches mescaleros, la mayoría de las cuales discurrieron por las zonas más al sur de New Mexico).

* A primeros de agosto, el capitán mexicano Eusebio Samaniego captura ceca de Batepito (municipio de Bavispe, Sonora) a un muchacho de 16 años, hijo de un líder chokonen llamado Pascualito. (Samaniego llevaba de guía al sargento apache Mariano Arista. Pascualito, acompañado por dos importantes líderes chokonen, Carro y Yaqui [Yaque] intentó organizar un intercambio de cautivos.

Los apaches tenían gran recelo en acercarse a Samaniego, quien por entonces era su principal adversario en el nordeste de Sonora. El hijo de Pascualito informó que los chokonen estaban con Mangas Coloradas y que muchos de los apaches que tenían sus rancherías junto al río Mimbres tenían muchos mexicanos cautivos. Estimaciones mexicanas decían que los apaches tenían en su poder de 50 a 70 mexicanos cautivos.

Samaniego informó al gobernador de Sonora, Manuel Gándara, quien se enfureció por la actitud estadounidense. Gándara escribió al gobierno central en Ciudad de México para que realizase una protesta oficial ante el gobierno estadounidense por entender que hacían una labor de “protección” de los apaches en el país vecino. Gándara sugirió que el gobernador de Chihuahua, Ángel Trías, realizase una investigación debido a su cercanía a New Mexico, o que el gobierno mexicano enviase una comisión secreta para investigar sobre el terreno la postura de las autoridades estadounidenses.

México planteó el problema a James Gadsden, que estaba en Ciudad de México negociando con Santa Anna la compra de todo el territorio mexicano que éste estuviese dispuesto a vender. Gadsden escribió cuatro cartas en dos semanas al coronel John Garland, nuevo comandante militar de New Mexico, para que los oficiales de Fort Webster comprasen a los apaches los prisioneros mexicanos que estuviesen en su poder.

Garland escribió a Gadsden el 25 de diciembre que, durante una visita a Fort Webster dos meses antes, había visto a varios cautivos mexicanos en poder de los apaches liberados a la fuerza por los oficiales estadounidenses, sin recurrir a la compra. La única excepción fue la compra a los apaches de dos cautivos por parte del comerciante Esteban Ochoa [Nacido en Chihuahua, tenía buenas relaciones con los chihennes y en 1864 fundaría en Tucson la empresa “Tully, Ochoa & Co.”]. Ochoa lo hizo a petición del responsable de la Agencia, James Smith, después de que el gobernador de New Mexico, David Meriwether, se negara con el argumento de que incitaría a los apaches a capturar a mucha más gente.

El soldado Sylvester W. Matson, destinado en Fort Webster, reflejó en su diario el 8 de julio de 1853: “La mujer del hijo de Ponce, una mujer medicina, es una mexicana capturada siete años antes. Su padre está aquí reclamándola. Fue capturado a la vez que ella. Aún tiene las cicatrices de los cuchillos de los indios que le torturaron. Su destino era la hoguera pero escapó. Hasta ahora nunca tuvo noticias de su hija. El comandante Steen ordenó a Ponce que la trajera o luchara, diciéndole que entraríamos en su campamento y se la quitaríamos. Los apaches la trajeron“.

Los apaches comprendieron que no podían llevar sus cautivos con ellos cuando iban a los puestos a comerciar o a recibir sus raciones. También los llevaban lejos cuando los estadounidenses visitaban sus rancherías).

* El 21 de agosto, dos grupos chihennes dependiendo de Cuchillo Negro y Josecito llegaron a La Mesilla (Doña Ana County, New Mexico) solicitando un tratado para comerciar con los ciudadanos de la población. (Dijeron que habían venido desde Fort Webster [Grant County, New Mexico] y que iban a permanecer allí 10 días. El alcalde Domingo Cubero se negó, informando que multaría a cualquier individuo con 25 pesos por violar la ley que prohibía vender licor a los apaches. Pocos días después volvieron los chihennes, siendo rechazados de nuevo por Cubero. Finalmente, el 24 de agosto, Cuchillo Negro cruzó el Río Grande con Francis Fletcher [un intérprete que había vivido varios años con los coyoteros White Mountain] jurando que habían venido en paz deseando solo comerciar amistosamente. Por tercera vez, Cubero los rechazó. Sin embargo, Fletcher, que se suponía que estaba enseñando a los apaches cómo cultivar, no tenía ningún problema en comerciar por ellos. Al cambiar las mulas de los apaches, consiguió whisky para un guerrero llamado Ratón, un miembro de la banda de Delgadito. Ratón rápidamente se emborrachó, matando a sus dos esposas y a su cuñado. [Había dos apaches llamados Ratón. Uno era miembro de los chihennes de Delgadito y otro, aparentemente, un miembro de los nednais de Láceris. Éste , junto a Costales, estaba en una misión para el agente Steck cuando les mataron los mexicanos mientras dormían, aplastando sus cráneos y cortando sus gargantas, a finales de diciembre de 1856, en San Diego Crossing, sobre el Río Grande, a unos 16 km al sur de Fort Thorn [Doña Ana County, New Mexico].

Mientras el 26 de agosto, llegaba a Fort Webster, James Smith, el nuevo Agente Indio. Pocos días después de su llegada, se reunió con Delgadito, “un poderoso hombre y un belicoso líder de gran influencia, superado solo por Mangas Coloradas“. Smith prometió a Delgadito que castigaría a Fletcher. También elaboró un censo de las bandas chiricahuas que vivían en New Mexico: los mimbreños [chihennes], 100 chozas; los mogollones [bedonkohes], 125 chozas; y los apaches del Gila [probablemente la banda de Mangas Coloradas y los chokonen], 150 chozas. Los chiricahuas que vivían en México eran los janeros [un grupo local nednai], 100 chozas; y los carrizaleños [otro grupo nednai], 80 chozas.

Según sus estimaciones, en cada choza había unas cinco personas, con una población total de unos 2.775 individuos en 1853. Según Edwin R. Sweeney, esas estimaciones están un 10 ó un 15 % por encima de la realidad. En 1840, las cuatro bandas chiricahuas totalizaban de 2.800 a 3.000 individuos pero las campañas de James Kirker, José María Elías González, José María Carrasco y Eusebio Samaniego, por fuerza hicieron disminuir, significativamente, su número.

Smith diría: “Los indios [chihennes] eran pobres, desdichados y estaban sucios. Viven de la caza cuando pueden, del mescal, de los piñones [nueces], del cedro y otras bayas… Cuando tienen hambre se comen sus propias mulas y caballos, y si no tienen, acuden a los caminos y a los asentamientos para robarlos“.

Llegó a la conclusión de que el gobierno solo tenía dos opciones: alimentarles o exterminarles. No había término medio. Los jefes chihennes pedían raciones de maíz, carne, pólvora y balas, quejándose a Smith de que el gobierno no había cumplido sus obigaciones. No entendían por qué Washington no aprobaba el tratado. Smith contestó que el gobernador de New Mexico, David Meriwether les proporcionaba raciones regularmente a pesar de que seguían realizando incursiones. Smith pensaba que “una pequeña cantidad de dinero evitará esto, pero serán necesarios millones para exterminarlos“.

Durante el verano, nadie supo decir donde estaba Mangas Coloradas aunque todo el mundo pensaba que estaba en el sur, incursionando por Sonora. Del 10 al 31 de julio, varias partidas chiricahuas habían incursionado por Sonora, matando a 150 personas. Los chokonen estaban involucrados, una banda al mando de Posito Moraga, Trigueño y Teboquita; y otra por Carro y Yaqui [Yaque]. Probablemente Miguel Narbona, Esquinaline y Cochise formaban la tercera banda, y quizás Mangas Coloradas y algunos bedonkohes iban con ellos.

El periódico oficial del Estado, “El Nacional” editorializaba así: “… numerosas partidas de indios están recorriendo la parte central de nuestro Estado… Los apaches son un cáncer que amenaza la existencia del Estado. La desesperada lucha nos deja impotentes y sin aliento… No hay remedio; mientras tanto, los salvajes pisotean nuestro país. No tenemos más esperanza que la miseria y la muerte porque la prosperidad y el progreso son imposibles para la gente que cada día pierde su fortuna y su vida“.

En cualquier caso, el 8 de septiembre, Mangas  Coloradas apareció en Fort Webster. Iba acompañado por Itán y Delgadito para pedir raciones y conocer al nuevo agente. Al no tener más raciones, Smith tuvo que comprar dos reses, y de 50 a 75 fanegas de maíz para calmar a los apaches. Mangas Coloradas impresionó a Smith: “Mangas Coloradas es el jefe principal de todas las tribus y llega aquí desde el Gila con sus guerreros y mujeres para recibir maíz y carne. Él rechazó lo poco que yo le dí al principio, tirando una porción de carne, pero luego la cogió y desde entonces se ha portado bien… Es el más digno y noble indio que yo haya visto. Es un hombre de gran figura y gran poder muscular. Dicen que es un hombre honesto y sincero en todo lo que dice, y si se le integra adecuadamente puede controlar a todas las bandas“. 

Ese mismo mes, una gran banda chiricahua se reunió en las Burro Mountains [Gran County, New Mexico] para incursionar por México. Desde entonces no hay ningún registro de la presencia de Mangas Coloradas en la Agencia, ni en Fort Webster [Grant County, New Mexico] ni en la nueva ubicación de Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico] hasta otoño de 1854. Se desconoce el motivo. Quizás no quería recibir las escasas raciones que le ofrecían. Quizás la nueva ubicación de la Agencia le parecía demasiado lejos para tan escasas raciones. O quizás los éxitos de las partidas de guerra chiricahuas durante el verano y otoño de 1853, aumentó su deseo de luchar contra los mexicanos. Cualquiera que fuese la razón, decidió pasar el año 1853 y el siguiente junto a los chokonen. Con su yerno Cochise incursionó a partir de octubre por Sonora. Volvería a New Mexico en el otoño de 1854, después de casi un año de ausencia.

Al regreso de la incursión por Sonora, Mangas Coloradas se encontró con un gran rebaño de 50.000 ovejas camino de California. Uno de los propietarios, Miguel Antonio Otero, quien había conocido a Mangas Coloradas durante el tratado en Ácoma [Cibola County, New Mexico], en julio de 1852, habló con él y con 300 guerreros en Cow Springs [Luna County, New Mexico] en el sudoeste de New Mexico o cerca del río San Pedro [Arizona], en territorio chokonen. Según el Dr. Thomas E. Massie, quien iba con el rebaño, Mangas Coloradas estaba intranquilo y “hambriento” después de que Washington había paralizado su política de racionamiento y por consiguiente hizo una terrible incursión por México. A su regreso con su rico botín fue al campamento de Otero, asegurándole que podía pasar por el territorio sin ser molestado. En Tucson [Pima County, Arizona], Otero se enteró de que Mangas Coloradas acababa de venir de Sonora. Había dicho arrogantemente a los vaqueros de la hacienda del gobernador de Sonora, Manuel María Gándara, en Calabasas [Santa Cruz County, Arizona] que volvieran a poner en orden el ganado cuando regresara para otra incursión).

* A finales de año, aunque hay apaches pacíficos que viven en Janos (Chihuahua) no existen registros de si reciben raciones. (De noviembre de 1853 a diciembre de 1856 los censos administrativos en Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua] informaron de 15 apaches viviendo en la ranchería del jefe Dos Reales, quien estaba familiarizado con la zona después de haber vivido en el distrito de Janos desde agosto de 1842 hasta octubre de 1843, cuando se fue a Corralitos, recibiendo allí raciones de los mexicanos).

* El 20 de diciembre, la guarnición militar abandona Fort Webster (Grant County, New Mexico) y se traslada a Santa Barbara (cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico) junto al Río Grande. (Esta nueva instalación se llamaría Fort Thorn, convirtiéndose en sede de la Agencia Apache de Estados Unidos, reemplazando a Fort Webster durante los próximos cinco años, siendo el principal punto de contacto de los norteamericanos con los apaches mimbreños, y de vez en cuando con los chokonen y los Western Apaches más al oeste; y con los apaches mescaleros al este.

Dan L. Thrapp, biógrafo de Victorio, cree que este traslado tuvo profundos efectos en la unidad de los bedonkohes y chihennes. La mitad de los chihennes, esencialmente los grupos de Cuchillo Negro y de Ponce, movieron sus rancherías a la cara este de las Mimbres Mountains [Sierra County, New Mexico] para estar más cerca de la Agencia. Así, estos grupos se separaron de los de Delgadito y de Mangas Coloradas. Delgadito se quedó junto a las Mimbres Mountains la mayor parte del tiempo; Mangas Coloradas, cuando no estaba en territorio chokonen, permaneció en su tradicional feudo de Santa Lucía, con la mitad de los chihennes y bedonkohes).

1854

* A principios de enero, Mangas Coloradas y Delgadito están con los chokonen en las Chiricahua Mountains (Cochise County, Arizona) planeando atacar asentamientos en Sonora. (Esta información estaba en poder del capitán Eusebio Samaniego ya que un destacamento de Sonora había capturado a tres apaches [dos mujeres y un anciano llamado Naguile] en la Sierra Pitáicachi [municipio de Agua Prieta, Sonora]. Poco después, Samaniego descubrió una ranchería cerca de Batepito [municipio de Bavispe, Sonora], capturando a otros cinco [una era una hija del líder chokonen Casimiro], y matado a un guerrero llamado Taleluz. Este guerrero, conocido por su bravura, había herido a uno de los soldados de Samaniego antes de caer abatido por varios disparos. Los prisioneros dijeron que iban hacia la Sierra los Pilares de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora] para reunirse con otros grupos. Inmediatamente Samaniego se dirigió hacia allí, descubriendo una ranchería a través de su catalejo, preparándose para atacar con las primeras luces. A pesar de la dificultad del terreno, consiguió capturar a cuatro mujeres [una, la esposa de Teboquita], y recuperar a una cautiva, a quien los apaches habían herido durante el ataque. Los apaches, liderados por Trigueño, la habían capturado el 3 de enero en Tepachi [Tepache, Sonora]. Samaniego quemó la ranchería y una gran cantidad de mescal además de recuperar 30 reses, 200 balas, y mucha pólvora.

Samaniego obtuvo más información cuando 63 chokonen aparecieron cerca de Bavispe a finales de enero, esperando cambiar sus cautivos por los nueve que él había capturado a primeros de mes. Los chiricahuas estaban enfurecidos por su ataque, organizando precipitadamente una partida de guerra que actuó, directamente, contra el propio Samaniego. Los chiricahuas sabían quien les había atacado decidiendo vengarse. A primeras horas de la mañana del 28 de enero, asaltaron el rancho de Samaniego, al sur de Bavispe, pero los trabajadores se pusieron a salvo en la hacienda. Los apaches detuvieron su ataque dirigiéndose al sur, hacia Bacerac. Antes de llegar asaltaron una hacienda en Teramochic [municipio de Bacerac, Sonora], matando a un hombre y a un niño, capturando a otros cuatro, y teniendo poco después un enfrentamiento a caballo con 18 soldados de Bacerac, en el que mataron a tres mexicanos. Mientras tanto, los capitanes Sebastián Reyes y Eusebio Samaniego llegaron al lugar con un gran destacamento, incluyendo al sargento apache Mariano Arista.

Esa tarde, Casimiro liberó a un niño capturado en Teramochic, proponiendo un intercambio de prisioneros. La siguiente mañana, 29 de enero, tuvo lugar el cambio de la hija de Casimiro por un mexicano, seguido poco después por otro, un apache por otro mexicano. Los chokonen estuvieron de acuerdo en volver al día siguiente y liberar dos cautivos más de Bacerac y el ganado que habían robado por el resto de apaches que estaban en Bavispe. Este intercambio no salió tan bien ya que uno de los chokonen, un hombre llamado Chirumpe, llegó aparentemente intoxicado, por lo que Casimiro y Crisóstomo se acercaron a la localidad para saber el motivo. Lo que ocurrió fue tan confuso como diferentes los informes de los capitanes Reyes y Samaniego. Aparentemente Reyes había dejado las líneas mexicanas para hablar con Casimiro y otros pocos apaches cuando Samaniego, viendo el “seis tiros” [revólver] en el cinturón de Casimiro, y sospechando una traición, lanzó un ataque contra los chokones, matando a Casimiro, a Crisóstomo, a Chirumpe, y posiblemente a otros apaches. Mientras, el resto de la banda, bajo el mando de Carro y Yaqui [Yaque] desaparecieron en la Sierra Madre, no sin antes matar a sus dos prisioneros de Bacerac. Nunca se supo la verdadera razón por la que Samaniego atacó a los apaches.

En abril, Samaniego enviaría a los apaches cautivos a Moctezuma. A mediados de mayo, Terán y Tato los trasladaría a Ures [entonces capital del Estado], excepto un bebé que estaba enfermo y permaneció en Moctezuma.

Durante los dos días de conversaciones entre Samaniego y Casimiro, éste dijo que había habido un consejo en las Chiricahuas Mountains [Cochise County, Arizona] entre los chokonen de Miguel Narbona, Cochise y Taces; y los bedonkohes y chihennes de Mangas Coloradas y Delgadito. Los chiricahuas decidieron hacer una incursión por las poblaciones y ranchos entre Sahuaripa y Ures. Sobre el 10 de enero, entraron en Sonora por las Peloncillo Mountains [Hidalgo County, New Mexico & Cochise County, Arizona], y el Guadalupe Pass [Hidalgo County, New Mexico], yendo hacia el sur, hacia la Sierra Madre. Sobrepasando Bacadéhuachi [municipio de Granados, Sonora], se dirigieron al este, al río Moctezuma, y luego al sur. En algún punto el camino, la banda de 200 ó 300 guerreros se dividió en grupos de 30 a 50 para abarcar mayor terreno.

No se sabe en qué grupo estaba Mangas Coloradas. Cuando Manuel María Gándara, gobernador de Sonora, tuvo noticia de varias depredaciones apaches, “El Nacional”, el periódico oficial del Estado, publicó el 17 de febrero que “numerosas partidas de apaches habían aparecido en el Estado los últimos días, armados con carabinas y rifles adquiridos recientemente“. También publicó que los apaches habían obtenido sus armas del nefasto comercio con estadounidenses a lo largo del río Mimbres. Según Luis Tánori, un comandante ópata que estaba a cargo de la Guardia Nacional del distrito, estos apaches eran los mismos que habían cometido las sanguinarias incursiones del último verano.

Los informes decían que Mangas Coloradas lideraba un grupo que estaba incursionando al sureste de Ures. Su grupo atacó el rancho Agua Caliente [municipio de San Pedro de la Cueva, Sonora]; Rancho Viejo, y Álamos [los dos en el municipio de Álamos, Sonora]. Gándara, esperando que la partida de guerra continuase hacia el norte, hacia Cumpas y Moctezuma, ordenó a las tropas que les esperase cerca del Pozo Hediondo. Sin embargo, Mangas Coloradas, quizás recordando el sangriento enfrentamiento de tres años antes, no fue a ese lugar. También había otra razón según James Box, quien visitó Bacoachi y Fronteras durantge ese tiempo: “Los apaches sabían que allí no había nada que robar, yendo a otros lugares más ricos“. Por lo tanto, en vez de ir al norte, fueron al este, a la Sierra Madre cerca de Oputo [municipio de Huásabas, Sonora] para seguir la cordillera hacia el norte, hacia Arizona).

* El 1 y 2 de marzo, un grupo de chiricahuas visita el campamento del subteniente John Grubb Parke situado en Apache Pass (Cochise County, Arizona), en las Chiricahua Mountains. (Parke estaba explorando el terreno para la posible construcción de una vía ferroviaria a través del sur de Arizona, acampando duante unos pocos días en Apache Pass. El 2 de marzo, los apaches le robaron algunas mulas. Parke no mencionó a ningún líder de los que se reunieron con él. Si Mangas Coloradas estuviera cerca, probablemente lo habría hecho por su tendencia natural a reunirse con oficiales estadounidenses, pero lo más probable es que todavía no había regresado de su incursión por Sonora).

* El 5 de marzo, se produce un enfrentamiento entre una banda de apaches jicarillas del jefe Lobo Blanco y un destacamento de 30 hombres de la compañía “H” del 2º de Dragones al mando del teniente David Bell. (Cuando una banda de apaches jicarillas se llevó ganado de la manada de Fort Union [Mora County, New Mexico] el teniente coronel Philip St. George Cooke envió al teniente Bell tras ellos, encontrando a Lobo Blanco, en el Congillon Creek, a unos 112 km al sureste del fuerte. Cuando llegaron, los 22 guerreros de Lobo Blanco, no estaban montados. Bell acusó a Lobo Blanco del robo, teniendo una larga y tensa conversación. En un momento determinado, Lobo Blanco alzó su rifle para disparar provocando que Bell y sus hombres le dispararon varias veces mientras los apaches jicarillas se dispersaban hacia el cercano arroyo. Lobo Blanco, gravemente herido, fue rematado aplastando su cabeza con una gran piedra. Los soldados tuvieron dos muertos y cuatro heridos, matando o hiriendo a unos 16 jicarillas, y llevándose 30 caballos).

* El 30 de marzo, tiene lugar la batalla de Cieneguilla cuando una fuerza combinada de alrededor de 250 apaches jicarillas, al mando de Flechas Rayadas y sus aliados utes, tienden una emboscada a la compañía “I” y a un destacamento de la compañía “F”, en total 60 soldados, del 1º de Dragones de los Estados Unidos al mando del teniente John Wynn Davidson, en las Embudo Mountains (Rio Arriba County, New Mexico). Cada soldado iba armado con un mosquete Springfield, model 1847, del calibre 69; y una pistola Springfield, model 1842, del calibre 54; aunque algunos llevaban el revólver Colt Dragoon, calibre 44. La columna salió del pueblo de Cieneguilla [Santa Fe County, New Mexico] a primeras horas de la mañana del 30 de marzo, siguiendo la ruta hacia las Embudo Mountains. Al frente iban dos soldados y un explorador, Jesús Silva. Davidson les siguió durante un tiempo pero pronto se desvió hacia otro sendero que se dirigía hacia las montañas. Por qué envió Davidson a esos tres hombres en otra dirección no está claro. Pero el cuerpo principal encontró pistas nuevas de numerosos apaches jicarillas siguiéndolas hasta un estrecho desfiladero en cuya cresta estaban acampados. Los soldados subieron por la parte inferior del cañón a lo largo del sendero hasta llegar a un afloramiento rocoso con cuestas cada vez mayores que impedían nuevos avances, teniendo que ir por el lado derecho a una zona suavemente inclinada, cerca de la base de la cresta justo sobre el fondo del cañón, desmontando a unos 340 metros del arroyo.  

A las 08:00 horas de la mañana, cuando los soldados estaban subiendo la pendiente, los apaches jicarillas les desafiaron a gritos. Habían oído el ruido del eco de los caballos aproximándose hasta el estrecho cañón, enviando a sus ancianos, mujeres y niños lejos, a las boscosas barrancas al sur del campamento. Los guerreros estaban ahora listos para el combate y probablemente habían tenido tiempo para discutir cómo hacerlo. Davidson decidió atacar para que el desafío no quedase sin respuesta. Ataron sus caballos a los árboles quedándose el médico D. L. Magruder y ocho soldados custodiándolos. El resto se dividió en dos pelotones, el primero al mando del sargento 1º William C. Holbrook avanzando por la derecha y el segundo, al mando del sargento William Kent, por la izquierda. Los apaches jicarillas simularon una retirada dirigiéndose a ambos lados del cañón, atacando a los soldados cuando subían por la empinada pendiente, a unos 100 ó 145 metros del campamento. Los soldados agrupados sufrían los ataques de los apaches jicarillas que estaban escondidos detrás de los árboles y las rocas, por encima de ellos. Un pelotón ascendió un corto camino a través de un estrecho paso hacia el norte, mientras el otro iba hacia arriba desde donde estaban atados los caballos. Subieron despacio, combatiendo durante algo más de una hora. 

Sobre las 09:30 horas, los soldados llegaron a la cima después de un breve descanso donde estaban los guerreros esperándoles apostados en los alrededores. Tras un combate de 10 minutos, los soldados se retiraron ante las bajas sufridas [el sargento Kent y cuatro soldados fallecieron nada más llegar a la cima, y varios más resultaron heridos] pero tuvieron que detenerse a pelear ante las acometidas de los guerreros [cayendo más soldados] hasta, más o menos, las 10:30 horas. 

El soldado James Strowbridge, de la compañía “I”, diría: “Los indios enseguida cargaron contra nosotros desde tres puntos a la vez. Los rechazamos de nuevo y nos protegimos tras cualquier árbol o roca que pudimos alcanzar. Pusimos los caballos en una especie de círculo mientras los indios hicieron dos cargas más desde tres sitios a la vez. Los rechazamos otra vez. Entre estas cargas pasaron, algunas veces 20 minutos, otras media hora. Después cargaron juntos,  unas veces por un lado, y otras por otro. Los hombres de un lado, iban al otro donde los indios estaban cargando para ayudar a repelerlos. Nosotros los rechazamos todas las veces. Luchamos en ese lugar durante una hora y media a dos horas, perdiendo a algunos hombres allí y matando a algunos indios. Vi a dos indios caer ante mí“.

Davidson ordenó retirarse hasta una pequeña colina a 160 metros de distancia. Una vez allí fueron atacados por todos los lados. Davidson se dio cuenta que la posición era débil, cambiando de dirección para cruzar el arroyo. Durante estos movimientos llevaban los caballos que todavía vivían, yendo desmontados, deteniéndose a mitad de la cuesta para descansar. El soldado Strowbridge diría: “Estuvimos allí un minuto o dos viendo a los indios cruzar el barranco para subir a la cima de la montaña para dirigirse hacia nosotros. Fuimos hacia arriba, a la colina que estaba más lejos que parecía tener una posición mejor para luchar. Subimos a la colina y plantamos cara a los indios permaneciendo en esa posición durante unos 15 minutos. Los indios siguieron rodeándonos, frente a nosotros, por ambos lados“.

Los soldados vieron a los apaches jicarillas esperándolos en la parte superior. Allí siguieron disparando durante 10 minutos antes de que Davidson llevara a sus hombres a lo largo de la cresta mientras eran atacados varias veces. Davidson, que estaba herido por una flecha, ordenó a sus hombres dejar a los muertos, reunir a los heridos y llegar a la cima del cercano cañón. Habían perdido 17 hombres más durante la retirada con la mitad de los supervivientes heridos. El soldado James A. Bronson diría: “En el momento en que llegamos a la cumbre nos atacaron, teniendo un enfrentamiento de 10 minutos. Después la columna cambió de dirección, a la izquierda, yendo a la cima de una montaña. Pero a unos 100 ó 160 metros de nuestro primer enfrentamiento, en la cima de la montaña, los indios nos atacaron por la retaguardia.

Los heridos estaban sobre los caballos mientras los demás defendían las alas y la retaguardia. Nos movimos lentamente así durante cerca de 800 metros, siendo atacados varias veces por los indios, pero cada vez fueron rechazados“.

Cuando los soldados se acercaron al sendero vieron que la pendiente lateral era menos empinada, por lo que se retiraron por el lado de la cresta hasta el cañón adyacente, recorriéndolo durante varios kilómetros antes de pararse a descansar. El soldado Peter Weldon, de la compañía “F” recordaría que: “Sentía que ya no podía levantarme“, mientras el soldado James A. Bronson diría: “Al final de esa distancia llegamos a donde la montaña llevaba a un profundo barranco o cañón, donde los indios aparecieron para hacer su gran carga y rodearnos. También los rechazamos. Davidson estaba también herido en esos momentos, y también varios hombres que estaban de pie junto a mí. Davidson habló para ser oído y dijo: ‘No se agiten, hombres. Mantengan la calma. He estado en lugares peores que éste’.

La lluvia de flechas en ese lugar había sido tan grande, que el suelo estaba completamente sembrado de ellas. Los soldados que combatían eran pocos ya que la mayoría estaban heridos, antes de alcanzar ese punto, y escuché a los que defendían la retaguardia y las alas quejarse de que estaban completamente ‘cubiertos’ por ellas. Davidson ordenó al corneta tocar ‘llamada’ para montar y moverse. Entonces comenzó, lo que consideré, una retirada ante los indios, y un testigo ocular, podría reconocer que fuimos vencidos al ser más [los jicarillas] en esos duros enfrentamientos…

… Cuando llegamos al pie de la colina, de unos 40 metros de altura, me volví en la silla y vi en la cima de la colina que habíamos dejado, un gran grupo de indios, unos 60 ó 70, y también otros en los dos flancos, que nos hacían gestos con sus brazos de que podían con nosotros. Después de seguir el barranco a unos 100 metros, vi a dos indios a la derecha del barranco, disparando uno de ellos su arma, alcanzando la grupa del caballo que iba delante de mí. Ese fue el último de los indios que vi“.

El soldado Strowbridge diría: “La última vez que nos enfrentamos fue justo antes de bajar al otro lado de la colina. Mantuvimos nuestra posición allí durante unos 20 minutos, luchando contra los indios, creo que con la intención de mantener la posición. Yo estaba sentado tras un árbol tratando de conseguir disparar a un indio cuando un disparó golpeó el suelo junto a mí, y otro pasó entre las piernas del soldado Newhand cuando estaba en cuclillas, diciendo que no era bueno que nos quedásemos allí ya que no estábamos protegidos. Los indios en ese momento comenzaron a disparar flechas, viéndose 15 ó 20 de ellas clavadas en el suelo. Cuando nos levantamos para cambiar de posición escuché a alguien decir que el teniente estaba herido. Me di la vuelta y vi una flecha clavada en su hombro, diciendo que ‘no importaba, que no era nada’. Creo que fue el cabo Dempsey quien se la sacó. Davidson se hirió a sí mismo en el pie por una bala y uno de sus pulgares fue partido en dos trozos.

En esos momentos, el sargento Holbrook vino caminando hacia mí preguntándome si podría conseguirle un caballo ya que le habían disparado y no podía seguir a pie. Le conseguí un caballo e intentó montar pero estaba tan débil que no pudo. Sangraba mucho porque tenía clavadas dos flechas, una en su espalda casi hasta las plumas. Cuando intentó montar el caballo, cayó hacia atrás y falleció. No puedo decir cuánto tiempo después nos alejamos de ese lugar. Fue el último combate que tuvimos. Davidson dio la orden de montar y avanzar colina abajo. Había pocos que no estaban heridos. Pusimos a cada herido en un caballo, y uno ileso tras él, retirándonos así hasta el campo“. Así llegaron al camino de Taos dirigiéndose a Fort Burgwin [Taos County, New Mexico].

Los apaches jicarillas habían conseguido una gran victoria contra el ejército de los Estados Unidos. Eran de 100 a 130 guerreros liderados por Flechas Rayadas, quien había sucedido a Lobo Blanco, muerto el 5 de marzo anterior en un enfrentamiento con los Dragones de Fort Union [Mora County, New Mexico]. Los Dragones tuvieron 22 muertos y 23 heridos [al menos uno mortal], además de perder 45 caballos [muchos muertos y otros en poder de los jicarillas], y gran parte de los suministros. Las pérdidas de los apaches jicarillas no están claras pero estimaciones militares creen que llegaron a 50 [entre muertos y heridos]. Chacón, un jefe jicarilla que no estuvo presente en la batalla diría que otro jefe, Pacheco, murió allí. “Cuando comenzó el combate, los indios estaban haciendo vasijas de barro y algunos de ellos incluso estaban de rodillas pidiendo la paz. Los soldados mataron al jefe Pacheco, y una bala entró en las entrañas de una mujer, que sobrevivió. Alrededor de 50 indios murieron en Cieneguilla“.

El “Santa Fe Weekly Gazette” informaría: “Fue una de las batallas más duras que jamás haya tenido lugar entre las tropas estadounidenses e indios”.

En su informe, dos días después de la batalla, Davidson afirmó que “se encontró con los apaches cerca de Cieneguilla mientras sonaban los gritos de guerra. James A. Bennett, un sargento que sobrevivió a la emboscada, afirmó que la batalla duró unas cuatro horas pero parece que duró de dos horas y media a tres horas.

Otra versión sugiere que Davidson y sus tropas no sufrieron una emboscada sino que menospreciaron a los apaches jicarillas y utes, y atacaron a una fuerza superior.

Un tribunal militar investigó el papel del teniente Davidson en el combate, siendo exonerado de toda culpa. En su informe oficial, Davidson declaró: “Después de un desesperado combate de cerca de tres horas, me vi obligado a retirarme con mis heridos logrando llevarlos a Taos.

El triste deber me lleva a informar que 22 de mis valientes soldados quedaron sobre el terreno y 23 heridos, y además 45 caballos muertos y perdidos en acción. Enumero la lista de los muertos y heridos con detalle. Por mi propia observación y la de los indios Pueblo que fueron con el comandante George Alexander Hamilton Blake para traer a los muertos, dijeron que más de 300 apaches [jicarillas] y utes se enfrentaron a mí“.

Los estudios arqueológicos contradicen el informe de Davidson. Un grupo de objetos como cápsulas de percusión y botones de soldados demuestran que el combate donde los caballos estaban atados era, en realidad, un terreno reducido. Numerosas cápsulas de percusión fueron encontradas ahí y el 60 % habían sido disparadas, demostrando que los soldados se mantuvieron inquietos mientras estuvieron rodeados. En el posterior combate sobre la cresta, sólo el 30 % habían sido disparadas, indicando la creciente fatiga y pánico de los Dragones.

Los estudios revelan que la retirada no fue tan ordenada como Davidson declaró. En el suelo del camino había munición, cápsulas de percusión sin usar, y otros restos. Parece que los Dragones entraron en pánico en ese punto. Finalmente, Davidson informó que allí había más de 300 guerreros pero el terreno era demasiado pequeño para tantos; y aunque los apaches jicarillas eran más numerosos que los Dragones, combatieron con peores armas. El uso del terreno y de la astucia, y el exceso de confianza del propio Davidson, decidió el resultado de la batalla.

Después, el teniente coronel Philip St. George Cooke, del 2º de Dragones, salió en persecución de los apaches jicarillas, con la ayuda de indios Pueblo, exploradores mexicanos al mando del capitán James H. Quinn, y con Kit Carson como principal guía. El invierno llegó persiguiéndolos a través de las montañas, cuando Cooke los alcanzó y derrotó el 8 de abril en su campamento en el cañón de Ojo Caliente [Taos County, New Mexico. No confundir con la reserva de Ojo Caliente o Warm Springs, Socorro County, New Mexico]. Los apaches jicarillas se dispersaron en pequeñas bandas, eludiendo la persecución, pero muchos fallecieron por el duro clima invernal).

* El 25 de abril, el Senado de los Estados Unidos ratifica la compra de La Mesilla ([en USA, Gadsden Purchase], llamada así por James Gadsden, diplomático, soldado y hombre de negocios, enviado a Ciudad de México para conseguir dicha compra para el trazado del ferrocarril. Esta compra hizoque la frontera que estaba en el río Gila se trasladase hacia el sur, hasta su actual ubicación lo que modificó el estatus geopolítico de varias bandas apaches que pasaron a depender de la jurisdicción mexicana a la estadounidense).

* En mayo, una partida de unos 200 guerreros chiricahuas incursiona por Sonora. (El 11 de mayo, un cautivo fugado, residente de Sahuaripa, llegó a Huásabas, informando que había huido de una banda liderada por Delgadito y Costales [éste era un mexicano capturado de niño por los chihennes y criado por Delgadito]. Dijo que este último era muy cruel con los cautivos a pesar de ser mexicano de nacimiento. No mencionó a Mangas Coloradas pero probablemente estaba presente.

La banda estaba formada por chihennes, bedonkohes y chokonen. Recorriendo el camino de la incursión de febrero, volvieron a Álamos donde atrajeron con señuelos a un grupo de 22 hombres mandados por el comandante ópata, Luis Tánori, pereciendo él y 11 de sus hombres. El resto huyó a Álamos con los apaches en sus talones. Los apaches rodearon la población, matando a dos mujeres y un hombre, y quemaron una hacienda con sus siete cercanos edificaciones. De allí se fueron al norte con su botín, llevándose caballos y ganado con ellos. Cerca de Mazocahui [municipio de Baviácora, Sonora] mataron a dos mineros, y más tarde a cinco milicianos cerca de Baviácora.

Esperando cortarles el camino antes de que se retiraran más al norte, el gobernador Gándara envió una compañía desde Fronteras. José Yescas, un veterano sargento, muy conocido por los chiricahuas gracias a su largo servicio en Fronteras, guió a su destacamento sin poder alcanzar a los chiricahuas. Éstos habían establecido sus campamentos base en Sonora, desde donde lanzaban sus incursiones. Los chihennes en las montañas cercanas a Oputo [municipio de Huásabas, Sonora]; y los chokonen en dos lugares, Miguel Narbona y Cochise cerca de Turicachi [municipio de Fronteras, Sonora], y Posito Moraga, Trigueño, Carro y Yaqui [Yaque] entre Fronteras y Bacoachi. A finales de mayo, los guerreros ya habían llegado a esos campamentos.

Mientras se dirigían al norte, Mangas Coloradas, al frente de 19 guerreros, hizo una incursión relámpago contra Janos [Chihuahua], matando a tres civiles, y robando algunas reses. Miguel Narbona incursionó por Fronteras, robano 16 mulas y caballos, y capturando a un muchacho. Llegando el verano, las bandas chiricahuas llegaron a Arizona y New Mexico).

* El 9 de mayo, se produce un enfrentamiento entre una banda de apaches lipanes y un destacamento formado por las compañías “F” e “I”, de los Mounted Rifles de Texas, al mando del teniente George B. Cosby. (Cosby iba con 11 hombres al sur de Fort Merrill [Live Oak County, Texas] cuando un jinete mexicano le informó que había un campamento de 40 apaches lipanes en las orillas del Trinidad Lake, cerca de la actual Ben Bolt [Jim Wells County, Texas]. Aunque solo iban armados con revólveres y tenían poca munición, ordenó dirigirse allí.

Los apaches lipanes resistieron la carga de los soldados, rodeándolos. Cosby no tuvo más remedio que romper el cerco avanzando hacia un punto, disparando sus revólveres. Cosby se quitó una flecha del pecho que le hubiese matado si no se hubiese clavado en su cartera. Cuando otra flecha se clavó en su brazo, sacó su sable. Un guerrero fue a atacarle interponiéndose el sargento John Byrne, sable en mano. El guerrero lanzó una flecha al cuerpo del sargento, derribándolo para caer en manos de los lipanes.

El resto de los soldados cabalgó unos 180 metros hasta donde estaba el teniente herido, para desmontar y rodearle. El cabo William Wright diría después que los soldados querían combatir allí, repartiéndose la munición del revólver de Cosby. Ante la firme posición de los soldados, los lipanes prefirieron perseguir a dos de ellos que se habían separado del grupo, aprovechando un soldado para cabalgar hasta el campamento de Santa Gertrudis [Kingsville, Kleberg County, Texas] para pedir ayuda. Los refuerzos llegaron en menos de dos horas pero los apaches lipanes se habían ido.

Al ayudar a Cosby y a dos soldados heridos, murieron el sargento Byrne y otros dos soldados. Se cree que tres apaches lipanes murieron y otros dos resultaron heridos).

* El 9 de junio, las autoridades de Chihuahua firman un tratado de paz con los apaches mescaleros acampados en las inmediaciones de la hacienda de El Carmen (municipio de Buenaventura, Chihuahua).

* A finales de junio, un destacamento mexicano al mando de Eusebio Samaniego sale de Bavispe (Sonora) guiado por el chiricahua Mariano Arista y por el ópata Alberto Guaymuri. (No se sabe la razón pero Arista decidió adoptar el modo de vida mexicano. Según Samaniego era su mejor hombre, conocía las prácticas de los apaches y todo su territorio. Samaniego se dirigió a las Animas Mountains [Hidalgo County, New Mexico], en el suroeste de New Mexico, donde vivían un extenso grupo de chokonen y nednais. Las Animas Mountains era, históricamente, un excelente lugar donde cazar y recolectar frutos, con varios buenos manantiales. Allí atacó una ranchería, capturando a 14 personas, inclyendo a un viejo guerrero llamado Gillén. La mayor parte de los hombres no estaban en el campamento. Después Samaniego fue a la Sierra de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora] donde capturó a un guerrero bedonkohe llamado Severiano, un viejo aliado de Mangas Coloradas de los tiempos de Santa Rita del Cobre cuando todavía era conocido como Fuerte. La presencia allí de Severiano sugería que Mangas Coloradas estaba cerca.

Samaniego también liberó a un niño mexicano capturado en Fronteras durante la última incursión allí de Miguel Narbona. El niño le dijo que ungrupo de chokonen había ido a Turicachi [municipio de Fronteras, Sonora]. Mató a Severianomientras intentaba escapar” como informaría más tarde. Samaniego recompensó a sus dos exploradores, Arista y Guaymuri).

* El 8 de julio, el  Dr. Michael Steck, reelegido como Agente Indio, emite un informe desde Doña Ana (Doña Ana County, New Mexico) sobre el estado de los apaches. (El 23 de julio, estableció su agencia en Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico], junto al Río Grande).

* A finales de agosto, un grupo de chokonen emboscan a cinco hombres en el camino que va de Bavispe a Oputo (municipio de Huásabas, Sonora), matando a un hombre y capturando a Fulgencio Samaniego, un pariente de Eusebio. (Le dijeron que escribiera una nota ofreciendo cambiarle a él y a Abundio Elías por Guillén y los demás apaches capturados en las Animas Mountains [Hidalgo County, New Mexico], el mes de junio. Terán y Tato los había enviado a Ures donde no estarían mucho tiempo. Poco después escaparon por lo que asumió que pronto estarían con los chokonen y que éstos ya no cambiarían a sus prisioneros. De Fulgencio Samaniego y Abundio Elías no se supo nunca nada más.

Al mismo tiempo, unos apaches habían emboscado y aniquilado a un grupo de cinco hombres entre Bavispe y Huásabas [Sonora]. Uno era un hijo del capitán Sebastián Reyes. ¿Fue casualidad o los chiricahuas planearon esos ataques directos contra familiares de quienes mataron a Casimiro y otros apaches el último invierno?

También en agosto, Mangas Coloradas incursionó cerca de Santa Cruz [Sonora]. Atacó a dos grupos de emigrantes estadounidenses que iban de San Bernardino [municipio de Agua Prieta, Sonora] a Santa Cruz. No se sabe si Mangas Coloradas tenía conocimiento de que eran estadounidenses ya que los emigrantes iban por Sonora. El primer grupo iba dirigido por un hombre llamado Beck, en el que James Houston resultó muerto; el segundo dirigido por Fairchild, cuyo hermano resultó muerto al este de Santa Cruz. Ambos grupos perdieron varias cabezas de ganado.

Según J. G. Bell, un ganadero que llevaba ganado texano a California, los mexicanos de Santa Cruz le dijeron que Mangas Coloradas estaba en los alrededores y que había cometido depredaciones. Si es así, Mangas Coloradas no permaneció allí mucho tiempo ya que un grupo de 36 estadounidenses bajo el mando de un hombre llamado Callahan, acompañado por 25 voluntarios mexicanos de Santa Cruz, siguió a unos apaches a las Huachuca Mountains [Cochise County, Arizona], atacándoles y matando a 21 de ellos, y recuperando a un cautivo capturado en Tucson [Pima County, Arizona], unos cuatro años antes. Dada la ubicación, uno podía concluir que habían atacado a un grupo de chiricahuas pero los Western Apaches estaban activos en el sur de Arizona ese verano, siendo improbable que una banda chiricahua tuviese cautiva a una persona de Tucson a no ser de haberla conseguido mediante un intercambio.

En cualquier caso, poco después Mangas Coloradas llevó a su gente de vuelta a New Mexico. Muchas cosas habían cambiado durante su ausencia. Los soldados habían evacuado Fort Webster el último diciembre, siendo enseguida quemado por los chihennes.

El 12 de agosto, Cuchillo Negro y Josecito visitaron a Steck manifestándole sus deseos de paz. Al día siguiente salió de la Agencia con dos hombres con destino a los poblados apaches sobre el río Mimbres “para determinar el sentimiento de los jefes apaches hacia nuestro gobierno y ver cuánto habían cultivado“. Después de un viaje de seis días en el que se reunió con varios chihennes, aunque ningún jefe importante, unos pocos mexicanos dijeron a Steck que los líderes chihennes tenían intención de evitarle. Los mexicanos habían sugerido a los apaches que Steck era un espía del ejército estadounidense, el cual estaba planeando una campaña contra ellos. La ausencia de cultivos decepcionó a Steck, aconsejando a los apaches que pasasen la mayor parte del otoño recolectando bellotas, bayas, y mescal porque él no tenía mucho que ofrecerles.

Los líderes chihennes no evitaron a propósito a Steck. Habían ido a La Mesilla [Doña Ana County, New Mexico] con intención de comerciar. Estaban todos los líderes chihennes importantes excepto Mangas Coloradas, que estaba en Arizona con los chokonen. El 13 de agosto, Crisanto, acompañado por un hombre y tres mujeres, todos del grupo de Delgadito, llegaron a La Mesilla. Dijeron al alcalde, Domingo Cubero, que su jefe Delgadito buscaba hacer la paz y recibir una licencia para comerciar con la gente de La Mesilla.

Cinco días después, el 18 de agosto, llegó Itán, acompañado por Cuchillo Negro, Josecito, Poncito, Riñón, Costales [intérprete de los apaches porque era un mexicano capturado de niño por los chihennes y riado por Delgadito], y 50 mujeres y niños. Itán fue el que más habló. Dijo a Cubero que Delgadito había desarrollado una insperada enfermedad estando demasiado enfermo para viajar. Quizás Delgadito, el más belicoso de esos jefes chihennes, decidió no ir porque desconfiaba de Cubero, conocido por su inflexible oposición a los apaches. Los apaches buscaban una paz sólida no habiendo realizado antes depredaciones cerca de La Mesilla. Itán destacó que los mescaleros eran responsables de las recientes incursiones realizadas cerca de allí. La población no quiso comerciar con los apaches diciendo a Cubero que los echase de allí.

Tras esto, los apaches decidieron visitar a Steck en Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico] pero no antes de que algunos miembros de la banda de Delgadito robaran algunos caballos en La Mesilla. El 1 de septiembre, el gobernador de New Mexico, David Meriwether emitió un informe en el que describía a los apaches del Gila y su territorio. El 10 de septiembre, Delgadito e Itán llegaron con su gente a Fort Thorn, donde recibieron raciones de Steck.

En octubre, el Dr. Michael Steck visitó a los principales jefes chihennes a lo largo del río Mimbres [suroeste de New Mexico]. Los encontró pacíficos pero cerca de la indigencia, prometiéndoles raciones. Steck advirtió a Meriwether que “mucho se les ha prometido” y si el gobierno no cumple sus acuerdos, los apaches empezarán a incursionar. Steck instó al gobernador que “el cultivo del suelo es el camino más seguro para la civilización… No se debe perder tiempo en la realización de un objetivo que promete tanto bien“.

Steck reconoció que la caza, la recolección, y las incursiones formaban parte de la economía de los chiricahuas.

El 25 de octubre, llegaron a Fort Thorn, los líderes chihennes Cuchillo Negro, Josecito y Sargento con 60 apaches para recibir las raciones y suministros de Michael Steck.

Dos días después, el 27 de octubre, llegaron Mangas Coloradas, Itán y Delgadito con unas 90 personas, entre ellas probablemente Gerónimo. Era la primera vez que Mangas Coloradas se reunía con Steck, entablándose entre los dos una relación de amistad y respeto mutuo.

El 11 de noviembre, David Meriwether, gobernador del Territorio de New Mexico, fue a Fort Thorn y se reunió con varios líderes chiricahuas. En un escueto informe declaró que “la entrevista fue satisfactoria“. Steck proporcionó alrededor de mil dólares en regalos para unos 300 chiricahuas. El gobernador se encontró con Mangas Coloradas y otros jefes. También habló con el grupo de nednais de Janos de Láceris, José Nuevo, y Delgadito Janeros [así llamado para distinguirle del líder chihenne Delgadito]. Además de Mangas Coloradas, los otros líderes chihennes eran Delgadito, Itán, Losho [probablemente Loco], y Josecito. Meriwether prometió ayudarles pero si los apaches le tomaron en serio o no, es otra cuestión.

A mediados de diciembre, Michael Steck proporcionó más raciones a algunos chihennes en Forth Thorn pero los nednais de Janos y Mangas Coloradas no acudieron. Excepto la banda de Cuchillo Negro, que vivía al este de las Mimbres Mountains, la mayoría de los chiricahuas encontraron inconveniente la nueva ubicación para recibir raciones. Así lo reflejó Steck en su informe del 31 de diciembre. Por lo tanto, en los próximos años, llevaría frecuentemente sus raciones a un punto más céntrico, Santa Rita del Cobre).

1855

* A principios de enero, el capitán Richard S. Ewell con 81 hombres del 1º de Dragones, dirige una campaña contra los apaches mescaleros desde el río Pecos, al oeste del río Peñasco, y por la ladera de las Sacramento Mountains. (El 18 de enero, los apaches mescaleros les atacaron matando al capitán Henry W. Stanton y a dos hombres más, pero tuvieron, al menos 16 muertos en el enfrentamiento. Ante tantas pérdidas pidieron la paz. El Dr. Michael Steck [agente de las tribus de apaches chiricahuas del sur desde 1854 a 1859] llevó su petición a Santa Fe.

El 20 de enero, Steck proporcionó raciones a Mangas Coloradas en Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico] por lo que, durante ese invierno, el jefe chiricahua no incursionó por Sonora. Sin embargo, su hijo Cascos y su hermano Phalios Palacio continuaron liderando a los bedonkohes en sus incursiones por las pequeñas poblaciones y asentamientos del Río Grande.

Otro motivo para no incursionar era su edad y su enfermedad, debilitando su cuerpo. Durante 18 meses vivió semi retirado, aparentemente careciendo de la energía necesaria para liderar las facciones guerreras de los chiricahuas.

En febrero, Steck escribió, en su informe mensual, los problemas que había con los chiricahuas, afirmando que:

1. Los chiricahuas tienen relaciones amistosas con los estadounidenses.
2. El gobierno debe cumplir sus promesas en relación a las raciones y a la ayuda en materia agrícola.
3. Hay que abordar el problema de los cautivos mexicanos.
4. Hay que abordar el problema de las bandas hostiles de chiricahuas.

Los chiricahuas preferían la carne de vaca más que ninguna otra [excepto las mulas] pero Steck no tenía suficientes fondos para distribuir más que unas pocas reses).

* El 7 de febrero, los vigilantes de La Mesilla atacan a una banda apache en Doña Ana (Doña Ana County, New Mexico).

* En marzo, el gobernador interino de Chihuahua, Luis Zuloaga ordena perseguir a los apaches por las sierras del Torreón, Güérachic, Malanoche, Las Rucias, Tepehuanes, Negritos, Santa Clara hasta el Carmen, pasando por San Lorenzo, sin resultados positivos. (También en marzo, el capitán Andrés Centeno, comandante de las guarniciones sonorenses de Santa Cruz, Tucson y Tubac, lideró un destacamento de 80 hombres para reconocer las montañas entre Fronteras y Bavispe, sin encontrar rastro de apaches en los lugares que casi siempre estaban ocupados por los chiricahuas llamados janeros.

Poco después, el capitán Bernabé Gómez envió un destacamento de 80 hombres al territorio de los Western Apaches. Cerca del río Gila, en Arizona, sus hombres se enfrentaron a una banda de 200 Western Apaches [coyoteros White Mountain y Tonto Apaches] que se dirigían al sur para incursionar por Sonora. En un combate que duró dos horas, echaron a los apaches al norte del Gila, matando a cuatro de ellos, y apoderándose de 25 carcajes con sus arcos, tres carabinas, tres lanzas, varios mocasines, y una gran cantidad de mescal.

Poco después, Gómez envió a Centeno con otros 120 hombres a las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona]. Una mujer Western Apache de la banda Pinal [posteriormente los apaches Pinal se incluirían dentro de los apaches San Carlos] que había llegado a Tucson huyendo de un violento marido, había dicho al capitán Gómez que los apaches estaban recogiendo mescal en las Chiricahua Mountains. También dijo que las bandas Western Apaches habían contemplado hacer un tratado en Tucson pero recibieron información de comerciantes estadounidenses de que los mexicanos no podían cruzar el Gila, por lo que paralizaron el intento de pedir la paz, decidiendo continuar la guerra. Esta revelación confirmó a las autoridades de Sonora de que los apaches buscaban refugio al norte del río Gila. Mientras, en el nordeste de Sonora, Terán y Tato, después de perseguir una partida apache al interior de la Sierra Madre, dedujo que los apaches habían llevado mulas de Sonora a Chihuahua).

* En la primavera, los chihennes Mangas Coloradas, Delgadito, Ponce (hijo del Ponce padre), Itán están a lo largo del río Mimbres [suroeste de New Mexico] para plantar maíz mientras, junto a Costales, consiguen más armas de fuego de comerciantes estadounidenses. (Cuchillo Negro estaba plantando unas tres hectáreas de maíz, en la cabecera del Animas River, a 72 km al noroeste de Fort Thorn [Doña Ana County, New Mexico]).  

* El 9 de mayo, Michael Steck, que estaba visitando los campamentos chihennes, regresa a Fort Thorn. (Al llegar se enteró de las instrucciones del gobernador de New Mexico para juntar en Fort Thorn a los mescaleros y chiricahuas el 7 de junio. A mediados de mayo informó al gobernador que todos los jefes chihennes estaban presentes, excepto Mangas Coloradas, que “aún estaba muy enfermo”. Se desconoce qué enfermedad tenía Mangas Coloradas, y desgraciadamente Steck, que era doctor, no lo mencionó).

* El 24 de mayo, una banda chiricahua incursiona por los alrededores de Janos (Chihuahua) siendo dirigida por los jefes chihennes Itán, Josecito y Costales. (El comandante de Janos, el capitán José Baltazar Padilla, reunió una fuerza de civiles y soldados para dirigirse a la abandonada hacienda de Ramos, donde pasaron la noche. A la mañana siguiente, sus exploradores encontraron el rastro de 20 apaches que iban hacia la Sierra del Pajarito [municipio de Buenaventura, Chihuahua], alrededor de 12’8 km al sur de Ramos. Siguiendo las huellas encontraron a dos apaches. Mataron a uno y capturaron al otro, un joven guerrero llamado Nalze, sobrino de Itán e hijo de Monteras [éste un importante guerrero chihenne]. Nalze dijo a Padilla que el grupo incursor había salido de Santa Rita del Cobre para reunirse con los chokonen en Apache Pass [Cochise Countuy, Arizona], uniéndose más guerreros en las Peloncillo Mountains [Hidalgo County, New Mexico & Cochise County, Arizona], llegando a ser 30 guerreros [chihennes, bedonkohes y chokonen] antes de separarse [unos fueron a Sonora y otros a Chihuahua].

Delgadito no participó en esa incursión, permaneciendo en el río Mimbres hasta primeros de junio que fue a Fort Thorn a recibir raciones y a firmar una tratado con el gobernador de New Mexico, David Meriwether.

Nalze también dijo a Padilla que muchos líderes apaches, incluyendo Mangas Coloradas, habían expresado el deseo de hacer la paz con Chihuahua. Según él, el jefe chiricahua sopesaba venir a Janos para discutir los términos de paz, quizás porque había oído que el capitán Antonio Sánchez Vergara [a quién había conocido a primeros de 1843 y en quién había llegado a confiar] estaba envuelto en negociaciones. De hecho, un grupo chokonen liderado por Yrinco había ido a El Carmen [municipio de Buenaventura, Chihuahua] para reunirse con Antonio Sánchez para saber si podía adherirse al tratado hecho con el grupo local de nednais del Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua].

A finales de abril o primeros de mayo, los jefes habían ratificado los términos del tratado. A cambio ellos pidieron raciones y permiso para marcar su ganado. Esta banda, de 289 personas, tenía 57 guerreros con siete líderes [incluyendo a Cojinillín y Felipe], 100 mujeres [44 eran viudas], y 133 niños.

Poco después de capturar a Nalze, el capitán Padilla parlamentó con el líder chihenne Costales y con un guerero llamado Crisanto en Cerros Colorados, un pequeño grupo de colinas al este de Janos. Costales reiteró lo que Nalze había dicho a Padilla, los apaches querían volver a hacer un tratado. Cuando Padilla y Zuloaga descubrieron que Nalze era hijo de Monteras y sobrino de Itán, pensaron que los chiricahuas abrirían pronto negociaciones pero eso no ocurrió hasta julio de 1856 cuando Itán y sus seguidores llegaron a Janos para hablar de paz y recuperar a Nalze.

El tratado de paz de El Carmen tendría corta vida ya que pocos meses después, una banda nednai comenzó a incursionar por lo que las autoridades del Carrizal y Galeana recibieron órdenes de comenzar acciones contra los apaches).

* El 5 de junio, algunos jefes apaches mescaleros, entre ellos Cisneros, Espejo, Metal, El Gordo, Marcos y El Chino, firman un tratado de paz con el coronel José Quintanilla, jefe del 3er Batallón de Línea, en el rancho Santa Teresa ([municipio de Ojinaga, Chihuahua]. Esos apaches mescaleros tuvieron que instalarse en el rancho Santa Teresa y devolver los cautivos que tenían en su poder, así como los animales que habían robado en Chihuahua).

* El 7 de junio, llega a Fort Thorn (cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico) el gobernador del Territorio de New Mexico, David Meriwether, para firmar un tratado con varias bandas de apaches chihennes y mescaleros. (El gobernador diría que las bandas participantes habían llevado a mucha de su gente pero otros informes estimaron que eran 250 los apaches presentes.

El tratado con los chiricahuas se firmó el 9 de junio, en medio de una fuerte ola de calor [los termómetros marcaron una media, durante esos días, de más de 38º C]. Firmaron el tratado 15 líderes chihennes y nednais de un grupo local de Janos. Por los chihennes firmaron Cuchillo Negro, Itán [quién ya había regresado de la incursión a Janos del mes anterior], Delgadito, Loco y Riñón; y por los nednais Láceris y José Nuevo. Otro nombre que aparece es Lucero. En la lista de firmantes también aparecen dos mujeres chiricahuas, Mónica y Refugia, quienes actuaron como intérpretes. Las memorias de Meriwether, escritas 30 años más tarde, resultan algo confusas, ya que mencionan la presencia de Cuchillo Negro y de Mónica, una mujer chihenne cuyo nombre aparece como intérprete de vez en cuando en otras negociaciones, a pesar de su avanzada edad.

Meriwether dijo que Mónica tenía de 70 a 75 años, actuando como intérprete de español a apache. Su competencia impresionó tanto al gobernador que dijo: “Es la mejor intérprete que yo haya tenido nunca”. Él le preguntó como sabía tan bien el español, a lo que ella contestó: “Cuando yo era una muchacha, aproximadamente a mitad del crecimiento, mi madre me entregó a unas monjas, quienes me enseñaron a leer en un libro, a cantar y a rezar. Pero después de la muerte de mi madre, mi padre me sacó de las monjas y me llevó de vuelta a la tribu, cuando yo ya había crecido totalmente. Nunca he olvidado lo que aprendí en los libros, los cánticos y las oraciones, y como vivo con mi tribu, actúo como intérprete con los comerciantes mexicanos, que vienen a comerciar con mi gente“.

Por los términos de ese tratado los chiricahuas, por primera vez, acordaron ceder parte de su territorio al gobierno a cambio de raciones regulares, herramientas, y una renta vitalicia. Los chihennes y nednais estuvieron de acuerdo en vivir en un tramo de tierra que bordeaba al oeste por el río Mimbres y el este por las Mimbres Mountains [Sierra County, New Mexico], y las Black Range [Sierra & Grant County, New Mexico]. Pero si se descubría yacimientos mineros en esa área, el gobierno tenía el derecho a reclamar esa tierra y ubicarlos en otra zona. El último artículo del pacto prohibía a los apaches incursionar por México. Es probable que los jefes apaches no conocieran las condiciones hasta que llegaron a Fort Thorn, y cabe preguntarse si entendieron bien lo que estaban firmando. Meriwether informó que “no pusieron objeciones a ninguna disposición del tratado“. Con todo, los mescaleros y chihennes [cada uno de los dos grupos sumaban de 600 a 700 personas], estuvieron de acuerdo en ceder al gobierno parte de su territorio a cambio de una reserva. Cumpliendo con los términos del tratado, los apaches entregaron 40 caballos robados y cuatro niños mexicanos.

El 14 de junio, Meriwether firmó el tratado con los mescaleros, los cuales acordaron ceder todas sus tierras en New Mexico, estimadas en 3.107.985 hectáreas, al gobierno federal. Los mescaleros rehusaron ubicarse al oeste del Río Grande para no estar cerca de los chihennes. Meriwether al principio dudó pero después de que un mescalero matase a un chihenne durante una pelea, decidió que las dos tribus debían tener reservas separadas. Los mescaleros, recibirían 776.996 hectáreas para una reserva y 72.000 $ pagados en 72 cuotas. Durante ese mismo año, se construyó Fort Stanton [Lincoln County, New Mexico] en el río Bonito, en el corazón del territorio de los apaches mescaleros.  

Mangas Coloradas no ratificó el tratado, siendo reacio a firmarlo porque pensaba que los supuestos beneficios del tratado nunca llegarían a manos de los apaches. Quizás entendió que perdería sus santuarios de Santa Lucía y las Burro Mountains. Inicialmente estuvo de acuerdo en ir a Santa Fe [Santa Fe County, New Mexico] con Steck para terminar el pacto pero luego tuvo dudas de realizar un viaje tan largo desde el territorio chiricahua, poniendo como excusa las altas temperaturas. Aunque aceptó cumplir con lo que Delgadito e Itán habían firmado, no pondría su firma en el documento. También objetó que su territorio podía ser invadido por tropas de Sonora.

Al final, el Congreso estadounidense no ratificó los acuerdos firmados por David Meriwether porque consideró que no se debía pagar a los indios por tierras que se habían comprado a México.

Mientras, jóvenes guerreros de la ranchería chihenne de Mangas Coloradas junto a otros apaches coyoteros White Mountain, hicieron una incursión en Sonora. Algunos regresaron con cautivos y animales).

* También el 9 de junio, el jefe apache Tomás Pino firma en la ciudad de Chihuahua un tratado de paz con el teniente coronel Miguel Castro, en representación del gobierno del Estado de Chihuahua.

* El 14 de junio, el gobernador de New Mexico, David Meriwether firma también otro tratado con los apaches mescaleros, los cuales acuerdan ceder todas sus tierras en New Mexico, estimadas en 3.107.985 hectáreas, al gobierno federal. (A cambio, recibirían 776.996 hectáreas para una reserva y 72.000 $ pagados en 72 cuotas. Desgraciadamente, el tratado nunca fue ratificado por el Congreso. Durante ese mismo año, se construyó Fort Stanton en el río Bonito en el corazón del territorio de los apaches mescaleros).  

* A mediados de julio, apaches chihennes de Josecito y algunos bedonkohes atacan a unos mineros cerca de Corralitos (municipio de Casas Grandes, Chihuahua), matando a 14 e hiriendo a dos. (También incursionaron por Galeana, capturando a dos muchachos, uno de ellos llamado Refugio Corrales, quien permaneció en poder de los bedonkohes durante 16 meses. Más tarde declaró que los apaches regresaron a Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] donde se dividieron. Josecito fue a su ranchería que estaba cerca de allí; y los bedonkohes al territorio de las Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico]).

* El 30 de julio, Michael Steck realiza un recuento de los apaches que dependen de su Agencia. (Steck comprobó que la población chiricahua dependiente de él estaba disminuyendo. Incluyendo los chihennes, un grupo de bedonkohes liderado por Phalios Palacio [hermano de Mangas Coloradas], y quizás los nednais de Láceris y Eligio [cuñado de Coleto Amarillo], sumaban 893 personas, de los cuales 178 eran hombres. Le preocupó la gran diferencia en el número de hombres y mujeres producto de las constantes hostilidades de los últimos 25 años, reduciendo la cantidad de guerreros prácticamente a la mitad. Informó que durante los últimos seis meses 12 hombres habían fallecido, nueve por enfermedades y tres en combate).

* A mediados de agosto, Mangas Coloradas conduce una pequeña partida que incursiona por Janos (Chihuahua), matando a un hombre e hiriendo a otro, para regresar después a New Mexico. (Mientras, tropas de Sonora habían perseguido a varias partidas chiricahuas que iban camino de New Mexico con su botín y sus cautivos. Tres diferentes bandas llevaron un total de 42 cautivos, según oyó el Dr. Michael Steck [agente de las tribus de apaches chiricahuas del sur desde 1854 a 1859]. Steck envió un comerciante al campamento de Mangas Coloradas situado en Santa Lucia Springs [luego San Vicente de la Cienega; y finalmente en Silver City, Grant County, New Mexico] para convencerle de que fuese a la Agencia. Mangas Coloradas puso reparos diciendo que “no podía dejar a su gente en esos momentos” porque un destacamento de Sonora estaba por la zona de las Peloncillo Mountains [Hidalgo County, New Mexico & Cochise County, Arizona]. No hay muchos datos de ese destacamento pero pudo ser liderado tanto por el capitán Ignacio Pesqueira como por el capitán Eusebio Samaniego, o por ambos. En cualquier caso, no hubo ningún enfrentamiento).

* En octubre y noviembre, varios grupos pequeños de apaches bedonkohes dejaron sus refugios en las Mogollon Mountains (Grant & Catron Counties, New Mexico) para dirigirse al Río Grande. (Un grupo robó 150 mulas a José Chávez en el Bernalillo County [New Mexico] pero los militares recuperaron 120 de ellos. Otro grupo dirigido por Chaynee robó ganado a Ramón Luna, probablemente cerca de Socorro o Lemitar [Socorro County, New Mexico].

El 25 de noviembre, otro grupo de ocho apaches mató a un hombre e hirió a otros dos al oeste de Mesilla [Doña Ana County, New Mexico]. Entre ellos iban dos parientes de Sargento [un yerno y un sobrino]; un hermano de Ronquillo; y un hermano y un hijo de Delgadito Janeros. Poco después de esta incursión, Delgadito Janeros estaba en Fort Thorn [Doña Ana County, New Mexico] para recibir sus raciones, el cual, antes de partir, admitió ante el agente Steck que algunos de los suyos habían robado algo de ganado en Mesilla, llevando al teniente coronel Miles a concluir que ellos eran los autores de la persona muerta. Esto era frustrante para los estadounidenses, que no comprendían la estructura social de los apaches, cuya autoridad estaba dividida entre varios líderes grupales en lugar de ser ejercida por un jefe principal. Inevitablemente, esta confusión llevaba a los militares a buscar soluciones basadas en generalizaciones o incorrectas suposiciones. Para ellos un apache era un apache, una simple visión que llevaría una y otra vez a más violencia y muertes, con vítimas inocentes por ambos lados).

* El 20 de diciembre, una banda apache incursiona en Socorro (Socorro County, New Mexico) llevándose más de 30 animales, entre caballos, mulas y reses.

* A finales de diciembre, Michael Steck viaja al arroyo de Tierra Blanca (Tierra Blanca Creek, a 5 km al sureste de la actual Kingston, Sierra County, New Mexico), donde se reúne con los líderes chihennes Delgadito, Itán, Cuchillo Negro, Riñón y Pajarito y con los líderes nednais Láceris y José Nuevo. (Costales y Mónica actuaron de intérpretes. Mangas Coloradas estaba, aparentemente, en Santa Lucia Springs [luego San Vicente de la Cienega; y finalmente en Silver City, Grant County, New Mexico]).

1856

* El 17 de febrero, una gran partida de chiricahuas, liderada por Mangas Coloradas, incursiona en Fronteras (Sonora) con la intención de conseguir cautivos para cambiarlos por munición en los Estados Unidos.

* El 24 de febrero, el ejército de los Estados Unidos organiza una expedición contra los apaches bedonkohes de las Gila y Mogollon Mountains ([New Mexico].  El 12 de marzo, uno de los dos destacamentos se encontraba a 19 km al oeste de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] al mando del teniente Alexander Early Steen, hijo del capitán Enoch Steen, quien también estaba presente. Riñón, probablemente un hijo de Cuchillo Negro, estaba con las tropas, junto a Delgadito e Itán quienes prestaron información acerca de la ubicación de los bedonkohes. El 16 de marzo, las tropas de Steen atacaron la ranchería apache de El Cautivo, donde mataron a un hombre, hirieron a tres o cuatro, y se llevaron 350 ovejas y 31 caballos y mulas. Los apaches acababan de regresar de recolectar mescal en las Chiricahua Mountains. Las ovejas eran producto de una incursión en el Río Grande. El grupo estaba estrechamente asociado con Mangas Coloradas y Cochise. A finales de marzo, al regresar de la expedición, el capitán Daniel T. Chandler, que mandaba el segundo de los dos comandos que perseguía a los bedonkohes, abrió fuego contra una pacífica ranchería chihenne).

* En marzo, el licenciado Jesús María Palacios, gobernador interino de Chihuahua, ordena al 3er Batallón de Línea, al que se suman vecinos de Chuvíscar y Nombre de Dios, perseguir a los apaches por las sierras de las Damas, El Tule, Ojitos, Las Rucias, Monte de Terán, Metates, Palomino hasta el cañón del Nido donde en su boca les atacan consiguiendo varias cabelleras.

* En abril, los apaches chihennes y chokonen se unen para hacer incursiones en Sonora y Chihuahua.

* En abril, soldados mexicanos, en campaña por el oeste de la Sierra Madre, atacan la ranchería de jefe nednai Cojinillín (citado por primera vez en 1850 viviendo, a veces, en el Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua]. Mataron a unos 14 apaches).

* El 18 de abril, Michael Steck viaja al río Mimbres (suroeste de New Mexico) para repartir raciones a los apaches para que comiencen a plantar cuando llega Mangas Coloradas. (Steck escribe, que “es agradable, está solo, su pueblo lo ha abandonado”. Delgadito también está presente).

* El 20 de abril, Steck reparte raciones a, aproximadamente, 500 apaches a lo largo del río Mimbres. (Después de recibir las raciones, Mangas Coloradas vuelve a Santa Lucia Springs [luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]).

* En mayo, Mangas Coloradas se une a los bedonkohes con su hijo Cascos; a los chihennes de Victorio, Monteras y Negrito; y a los chokonen de Cochise, estableciendo un campamento base al este y al sur de Bavispe (Sonora), incursionando por Sonora y Chihuahua.

* Durante el verano, Mangas Coloradas se encuentra en el río Mimbres (suroeste de New Mexico), Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) y Santa Lucia Springs (hoy Silver City, Grant County, New Mexico]).

* El 29 de junio, Steck reparte raciones a Mangas Coloradas y su grupo de 50 personas en Santa Lucia Springs (hoy Silver City, Grant County, New Mexico).

* El 25 de julio, Michael Steck reparte raciones a los chihennes en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico).

* El 28 de julio, Michael Steck vuelve a dar raciones a Mangas Coloradas y a 65 de sus seguidores en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico).

* El 30 de julio, Itán, Láceris y Monteras llegan a Janos (Chihuahua) y solicitan una tregua.

* El 15 de agosto, dos bandas de apaches chihennes hacen tratados con Janos (Chihuahua) y Corralitos ([municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. Su intención es intercambiar cautivos. Los chihennes buscan liberar a Nalze, sobrino de Itán).

* El 2 de septiembre, una gran partida de guerra liderada por el jefe chihenne Mangas Coloradas y su hijo Cascos, El Cautivo, Barboncito, el nednai Galindo, Perea, Durasnillo y, probablemente, Cochise, asalta Janos (Chihuahua) llevándose más de 100 cabezas de ganado y caballos. (No se conocen bien los detalles del ataque aunque los mexicanos lograron atrapar a 13 apaches. Los mexicanos, por su parte, decidieron hacer un reconocimiento por la frontera internacional por si los animales todavía estaban en México, pero se desconoce si al final lo hicieron.

Poco después del ataque, 23 hombres y 44 mujeres y niños apaches fueron a Janos a solicitar la paz. En ese momento, había allí un grupo de Sonora, dirigido por Luis García con el pretexto de ir tras unos apaches que habían incursionado por su rancho, haciendo que los apaches allí congregados se fueran.

Mientras tanto, se produjo un intercambio de cartas entre los funcionarios mexicanos de Janos y el oficial norteamericano al mando en Fort Thorn [Doña Ana County, New Mexico] indicando la inocencia o culpabilidad de los apaches del río Mimbres en la incursión del 2 de septiembre. Dos de los prisioneros capturados eran un hermano y un sobrino del jefe nednai Láceris. La información recabada indicaba que estaban involucradas algunas de las rancherías que negociaban la paz en Janos; justificando el hecho en que había sido realizado por guerreros incontrolables. Los líderes de la conferencia se comprometieron a que el botín fuera devuelto. En un momento dado, el jefe chihenne Mangas Coloradas trató de utilizar el ganado como un recurso para obtener la liberación de los prisioneros. Los mexicanos ofrecieron entregar sus prisioneros para obligar a los apaches a devolver los animales pero éstos habían sido llevados hacia la frontera con los Estados Unidos, probablemente a un lugar llamado Agua Tiznada [?].

El nednai Láceris y los chihennes del río Mimbres se quejaban a los norteamericanos de que los mexicanos retenían a los rehenes injustamente, ya que no habían tenido nada que ver con la incursión. El comandante de Fort Thorn trató de interceder ante los mexicanos basándose en que era responsabilidad de los Estados Unidos proteger a sus indios. Alegó que no había absolutamente ninguna relación entre los apaches del río Mimbres y el grupo de Mangas Coloradas.

El comandante de Janos, el capitán José Baltazar Padilla, respondió categóricamente que los prisioneros apaches eran realmente culpables, existiendo abundantes pruebas de ello; todos estaban aliados con la ranchería de Mangas Coloradas. La historia de que los mimbreños eran pacíficos era simplemente mentira; que constantemente realizaban asaltos, tanto en Chihuahua como en Sonora. Costales con 14 guerreros había  incursionado cerca de Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua], cuando Padilla capturó a Pajarito, quien reveló muchas cosas sobre la actualidad de los apaches [eso fue un año antes]. Monteras con 15 guerreros, entre ellos Victorio, desde el área del río Mimbres hizo otra incursión en la jurisdicción de Janos. El propio Padilla alcanzó a ese grupo en la Sierra Vado de Piedra [municipio de Ascensión, Chihuahua], donde recuperó los animales robados y mató a tres guerreros. El prisionero confirmó que los apaches mimbreños, aliados con rancherías afines a Mangas Coloradas, atacaban continuamente en Chihuahua y en Sonora.

Padilla estaba explicando que los norteamericanos no habían tenido tiempo suficiente para comprender a los apaches y se dejaban engañar. Los mexicanos tenían décadas de experiencia y sabían mucho sobre ellos y que en su contacto con algunos apaches, éstos habían reconocido a muchos guerreros que habían participado en las incursiones. Sin embargo estaba encantado de que los norteamericanos estuviesen dispuestos a cooperar. En cuanto a los cautivos apaches, cualquier decisión tendría que venir de sus superiores en la comandancia general de Ciudad Chihuahua.

Conseguir la liberación de los prisioneros apaches era el principal objetivo de muchos de ellos [especialmente de Láceris y de miembros chihennes y nednais de su ranchería] a causa de los vínculos familiares. Durante el mes de septiembre, Láceris envió de emisarios a Carlota y Boquerón con la oferta de devolver el ganado robado recientemente para continuar las negociaciones para liberar a los prisioneros. Estos mensajeros estuvieron dentro y fuera de Janos varias veces durante ese mes, pero después del 30 de septiembre nada más se supo hasta diciembre).

* El 19 de septiembre, Ceran St. Vrain, editor de la “Gaceta de Santa Fe” envía una carta a Michael Steck proporcionando información sobre los apaches de las Mogollon Mountains ([Grant & Catron Counties, New Mexico]. Mangas Coloradas es nombrado por St. Vrain como el jefe principal en tiempos de guerra).

* El 20 de septiembre, Michael Steck y David Meriwether proporcionan raciones en el río Mimbres a Mangas Coloradas y a 50 seguidores suyos.

* El 24 de octubre, Mónica, la intérprete apache chihenne, llega de nuevo a Fort Thorn (cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico) con la respuesta del capitán José Baltazar Padilla a la carta de Michael Steck solicitando la liberación de los chihennes en Janos. (La respuesta es negativa).

* En noviembre, Michael Steck da mantas, camisas, cuchillos, tabaco y otras provisiones a los apaches mescaleros, quienes estaban comiéndose los caballos que robaban para poder sobrevivir porque los suministros prometidos no llegaban. (Al darles las provisiones, les persuadió para que cultivasen en el La Luz Canyon [Otero County, New Mexico], al pie de las Sacramento Mountains. Los apaches mescaleros mantuvieron la paz con los blancos, principalmente por los esfuerzos de Steck).

* El 14 de noviembre, las tropas estadounidenses llegan a Tucson (Pima County, Arizona) desde Fort Thorn (Doña Ana County, New Mexico) al mando del mayor Enoch Steen, vivaqueando en la misión de San Xavier del Bac ([Pima County, Arizona]. Steen traslada sus tropas a 96 km al sur de Calabazas [Calabasas, Santa Cruz County, Arizona] a casi 13 km de la frontera).

* El 15 de noviembre, un grupo de apaches coyoteros y mogollones están cerca de Zuñi (Zuni, McKinley County, New Mexico) para conseguir sal, llevándose también algunas reses. (Los zuñis les persiguieron y mataron a un miembro del grupo. Parece ser que los apaches volvieron para vengarse cuando se encontraron con el Agente Indio de New México, Henry Lafayette Dodge, al que capturaron y quemaron vivo en una hoguera. Dodge  había salido con un explorador indio a cazar para una patrulla de soldados que perseguía a apaches hostiles. El teniente Carlisle informó: “Una parte de sus restos [sólo se encontró su calavera] fueron encontrados cerca de donde se separó de Armijo, la nieve estaba manchada de sangre, creemos que fue asaltado, asesinado, arrancado el cuero cabelludo y despojado de su ropa”. Nunca se supo qué indios fueron en realidad los causantes de su muerte. Mangas Coloradas estaba en los asentamientos de Lemitar y Socorro [ambos en Socorro County, New Mexico] cuando ocurrió este suceso).

*  El 22 de diciembre, Bartolo, un mensajero del jefe apache nednai Láceris, anuncia en Janos (Chihuahua) que una multitud de apaches están acampados cerca. (Los mexicanos pensaron que en ese grupo probablemente había familiares de los rehenes apaches que querían recuperar a sus parientes por la fuerza pero el asunto podía manejarse con diplomacia y que no había que cerrar la puerta a una posible paz por el robo de ganado realizado por el jefe chihenne Mangas Coloradas, casi cuatro meses antes. Además, esos animales probablemente ya habrían sido sacrificados y comidos, por lo que no podían ser devueltos).

* El 29 de diciembre, dos mexicanos roban 16 caballos de la ranchería del chihenne Delgadito. (Los apaches recuperaron 12 caballos al día siguiente. Steck envió a Costales y Ratón tras los dos mexicanos, quienes mataron a los apaches mientras duermen).

* A finales de año, muere el jefe apache chokonen Miguel Narbona y Cochise queda como líder principal de la tribu. (Con él está, el cautivo Merejildo Grijalva).

1857

El 2 de enero, Láceris (nednai), Poncito, Felipe (nednai) y Pascolo llegan a Janos (Chihuahua) con nueve guerreros y 14 mujeres a solicitar la paz. (Zuloaga fue a Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuaha] a concluir los acuerdos. Se desconoce si los apaches estuvieron en Janos durante ese tiempo pero Láceris y Zuloaga partieron el 19 de enero hacia Ciudad Chihuahua a ratificar el tratado con el comandante general José Merino. El 1 de febrero se informó que Láceris con 149 apaches y Poncito con 33, estaban residiendo en Janos.

Las raciones comenzaron a ser distribuidas a los recién llegados el 10 de febrero, permitiendo las autoridades mexicanas a los apaches mantener sus campamentos río abajo del presidio, a unos 10 km de distancia. El 1 de abril, el jefe chihenne Delgadito con 50 apaches y el nednai Felipe con 97 llegaron a Janos).

* A principio de año, muchos chihennes dejan sus territorios para ir al norte de Sonora y Chihuahua. (A partir de este año, se reorganizan las diferentes bandas apaches. La chihenne de Mangas Coloradas comienza a romperse en cuatro grupos encabezados por Delgadito, Itán, Josecito y Cuchillo Negro. Mangas Coloradas comienza a alinearse más con Cochise y los chokonen. Surgen líderes chihennes más jóvenes como Victorio, Riñón y Loco.

Mientras tanto, Michael Steck, el Agente Indio en Fort Thorn, acabó perplejo del comportamiento de los apaches con los que había estado en contacto. A principios de año, se habían registrado algunas hostilidades en la zona, en La Mesilla [actual Las Cruces, Doña Ana County, New Mexico] y en Socorro [Socorro County, New Mexico], entre otros lugares. Las incursiones disminuyeron, aunque en una ocasión, unos mexicanos robaron los caballos del campamento del jefe chihenne Delgadito, perdiendo la vida Costales y Ratón en el enfrentamiento subsiguiente. Cada vez había menos apaches cerca de Fort Thorn, informando éstos a Steck que muchos chihennes o mimbreños estaban cosechando mescal, algunos tan lejos como las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona]. Steck ordenó que todos los apaches mimbreños regresaran a la reserva en el plazo de un mes, amenazando con que todos los que se encontraran fuera, serían tratados como enemigos).

* El 21 de enero, siguiendo a una pequeña banda que había robado un poco de ganado, 40 guardias de La Mesilla (Mesilla, Doña Ana County, New Mexico) atacan una ranchería en las Florida Mountains (Luna County, New Mexico) matando a un apache y a sus dos hijos.

* En febrero, el número de apaches en Janos (Chihuahua) aumenta a 282, recibiendo raciones  y suministros.

* En marzo, los chihennes ya no acuden a la agencia de Michael Steck en Fort Thorn ([cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico]. Algunos de ellos, por lo menos, se enontraban en las Chiricahua Mountains [sureste de Arizona] o en Janos [Chihuahua]. Quizá mataron a Itán durante esa época [nunca más sesupo de él], mientras Mangas Coloradas estaba en las Chiricahua Mountains recolectando mescal y otros chiricahuas residían en las Alamo Hueco Mountains [suroeste de New Mexico].

A mediados de mes, Steck se enteró que no habían ido al sur para hacer mescal, sino que habían ido a Janos a negociar un tratado de paz, para rescatar a los apaches allí cautivos, aprovechando también para comerciar con mulas, caballos y ovejas [vendieron 500 ovejas, sin duda, robadas en el río Puerco [New Mexico]).  

*  A principios de abril, un grupo de 150 civiles mexicanos (de origen desconocido aunque no parece que fueran de Sonora) llega a Casas Grandes (Chihuahua) para atacar a los apaches que están en paz en Janos (Chihuahua) y Corralitos ([municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua]. Aunque el destino de esa expedición era desconocido, las autoridades locales la detuvieron, ya que no había gran malestar con los apaches).

* En mayo, el coronel Benjamin Louis Eulalie de Bonneville, comandante del Departamento de New Mexico, emprende una campaña contra los apaches chiricahuas y White Mountain por sus recientes depredaciones, entre ellas la muerte del agente de los navajos, Henry Lafayette Dodge. (La campaña de Bonneville alarmó a los chiricahuas, quienes se dirigieron hacia el sur, hacia Janos [Chihuahua]. Mangas Coloradas, con sus chihennes y bedonkohes, se unió a su yerno Cochise, ahora el principal jefe de los chokonen, permaneciéndo juntos hasta que la campaña de Bonneville terminó.

Bonneville acampó en la orilla oriental del río Gila, a pocos kilómetros al sureste de Clifton [Colfax County, New Mexico]. 

El coronel William Wing Loring salió de Albuquerque [Bernalillo County, New Mexico] con una columna de 350 a 400 soldados hacia el suroeste, al norte del campamento de Bonneville.

El 1 de mayo, el teniente coronel Dixon Stansbury Miles, del 3º de Infantería, salió de Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico] con tres compañías del 1º de Dragones; dos de los “Mounted Rifles”; y un batallón del 3º, y otro del 8º de Infantería, sumando de 350 a 400 soldados. Se dirigieron hacia el oeste, al sur del campamento de Bonneville. En esta columna iba el teniente John Van Deusen Du Bois, mandando la compañía “K”, quien escribió un diario relatando los eventos de la campaña.

El capitán Richard Stoddert Ewell mandaba otra columna, de unos 120 soldados, que salió de Tucson [Pima County, Arizona] hacia el este, a las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] a donde llegó a mediados de mayo, atacando una ranchería chokonen y capturando 21 caballos. La noche siguiente, los apaches recuperaron sus caballos y se llevaron otros dos pertenecientes a los soldados.

El 24 de mayo, el coronel Loring atacó la ranchería del jefe chihenne Cuchillo Negro en el Cañón de los Muertos Carneros [Catron County, New Mexico]. Exploradores indios Pueblo de Loring mataron al jefe apache. Resultaron muertos otros cinco hombres y una mujer; heridos graves otros dos; y la esposa de Cuchillo Negro y otras ocho mujeres con niños fueron capturadas, al igual que varias reses y más de 1.000 ovejas. 

El 2 de junio, Bonneville envió a Miles al río Gila. A última hora de la tarde, las tropas atacaron un campamento de apaches coyoteros White Mountain, enfrentándose con ellos durante tres horas, derrotándolos, y destruyendo grandes cantidades de maíz.

El 27 de junio, dos destacamentos del coronel Bonneville y del teniente coronel Miles atacan a una partida de apaches mimbreños y coyoteros White Mountain, a 56 km al noreste del Mount Graham [raham County, Arizona], matando a unos 38 hombres y cuatro mujeres, capturando a otros 45, en su mayoría mujeres y niños. El teniente Du Bois afirmó en su diario que los muertos apaches fueron 24 y los cautivos 26. Más tarde, el Dr. Michael Steck, agente de las tribus apaches del sur, incluyendo a los coyoteros, consideró la campaña como desafortunada. Temía que los coyoteros, a quienes creía que no habían atacado los asentamientos de New Mexico, buscarían venganza).

* A finales de mayo y principios de junio, Cochise y Mangas Coloradas están con su gente, a lo largo de la frontera, en las Alamo Hueco Mountains ([New Mexico]. Mangas Coloradas y Cascos lideraban a los chihennes y a los bedonkohes, mientras Cochise, Esquinaline, Carro y Parte lo hacían con los chokonen).

* A mediados de junio, toda la banda chokonen de Cochise y otros líderes apaches buscan la paz en Janos ([Chihuahua)]. Además de por la liberación de los cautivos apaches, el nuevo asentamiento apache de Janos fue impulsado por la presión de las expediciones militares norteamericanas en la zona del río Gila en mayo y junio. Las tropas reconocieron una amplia franja a través del sur de New Mexico hacia el oeste, hasta el territorio apache coyotero White Mountain. Se inspeccionaron las Florida Mountains [Luna County, New Mexico]; Burro Mountains [Gran County, New Mexico]; Animas Mountains [Hidalgo County, New Mexico]; Peloncillo Mountains [Hidalgo County, New Mexico & Cochise County, Arizona]; y las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona]).

En un enfrentamiento cerca de Fort Thorn dos apaches murieron a manos de soldados norteamericanos, quitándoles unos 30 caballos y mulas. A pesar de ello, no mucho después, el chihenne Delgadito envió a Steck un mensaje diciendo que, aunque las autoridades mexicanas no habían liberado a los cautivos apaches, algunos mimbreños querían regresar a Janos).

* A finales de junio, Mangas Coloradas llega a Janos (Chihuahua) con Victorio, Sargento y Veinte Reales a buscar la paz. (La banda de Mangas Coloradas se compone de 20 hombres, 30 mujeres y 15 niños llegando más tarde, 30 más, a los que se unen Delgadito y Riñón, quienes ya están en Janos, sumando tal vez unos 600 chiricahuas).   

* El 24 de julio, un destacamento formado por 14 soldados destinados en Fort Davis (Jeff Davis County, Texas) y en Fort Lancaster (Crockett County, Texas) son atacados por una banda de apaches mescaleros. (El destacamento llevaba varios carros que transportaban correo de los  EE.UU. y troncos de madera.  Aproximadamente a 40 km al noroeste de Fort Lancaster [cerca de la actual ciudad de Iraan, Pecos County, Texas], el destacamento fue abordado por más de 40 apaches mescaleros bajo bandera blanca, mientras otro grupo estaba oculto en un barranco cercano. Al ponerse en guardia los soldados, los apaches mescaleros que estaban protegidos por el bvarranco abrieron fuego hacia los carros, matando a un soldado. Superados en número por cuatro a uno, los soldados desengancharon los equipos y utilizaron los carros para cubrirse. Más tarde, se retiraron y abandonaron los vagones a los apaches mescaleros, yendo a pie durante toda la noche hasta llegar a Fort Lancaster. 

Al día siguiente, el comandante de Fort Lancaster ideó un plan para localizar a los apaches mescaleros que habían atacado a los soldados. Varios carros cubiertos fueron cargados con unos 80 soldados, y disimulados como una desarmada caravana de suministros. Se dirigió a Fort Davis por el mismo camino que había sido atacado el día anterior esperando que los apaches mescaleros vieran la caravana y la atacasen. Así fue. Después de viajar durante algún tiempo, los soldados vieron un gran grupo de guerreros apaches mescaleros en el horizonte. El oficial al mando, el teniente Edward Hartz escribió: “Un cuerpo considerable de 30 a 40 indios, bien montados y provistos de armas de fuego cayeron de repente sobre los carros“.

Los soldados salieron de los carros desplegándose para disparar sobre los primeros apaches mescaleros. Sorprendidos por los soldados y ahora superados en número, los apaches mescaleros detuvieron su avance intercambiando disparos durante varios minutos antes de retirarse fuera del alcance de los rifles de los soldados. El teniente Hartz escribió: “Ellos [los guerreros apaches] luego prendieron fuego a la pradera con la evidente intención de quemar la caravana y aproximarse al amparo del humo.

Pero la rápida actuación de los soldados evitó el desastre. Los carros fueron conducidos rápidamente a varios cientos de metros de distancia a un claro libre de hierba y maleza. Después de esperar a que el fuego amainase, los soldados avanzaron provocando que los apaches mescaleros se replegaran más allá del alcance de los fusiles de los soldados para ver cómo podían apoderarse de los carros. Al final los apaches mescaleros se retiraron llevándose los cuerpos, muertos o heridos, de dos o tres guerreros. El teniente Hartz dijo: “La estratagema tuvo éxito… ninguno de mis hombres resultó herido“)

* A finales de julio, 608 apaches están instalados en Janos (Chihuahua), repartidos en unas 10 rancherías. (Aparte del grupo del apache Dos Reales en Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua]; en Janos había 336 apaches de las rancherías de Láceris [nednai], Poncito, Felipe [nednai], Pascolo y Delgadito [chihenne]. Otras cinco rancherías de los chihennes Mangas Coloradas, Victorio, Sargento, Veinte Reales, Riñón y otras 258 personas llegaron en junio, sumando la población apache en julio y agosto a 608 personas en 10 rancherías. Esos apaches están en Janos para obtener la liberación de sus familiares y obtener raciones y suministros. Por razones desconocidas, varias rancherías cambiaron su residencia a Corralitos durante los últimos tres meses del año. De octubre a diciembre, además de la ranchería residente de Dos Reales, estaban las de Poncito, Felipe, Victorio, Veinte Reales, Riñón y Cojinillín [nednai], aumentando la población apache allí en 350 personas, habiendo sólo 198 en Janos).

* De julio a septiembre del siguiente año, la “San Antonio-San Diego Mail Line”, completa, aproximadamente, 47 viajes transportando el correo desde San Antonio (Bexar County, Texas) a San Diego (San Diego County, California) sin ninguna incidencia a través del territorio chiricahua.

* En agosto, el jefe apache chokonen Cochise y sus seguidores llegan a Janos (Chihuahua) para comerciar cuando algunos apaches caen enfermos, al parecer por las raciones mezcladas con arsénico y estricnina que el gobernador de Chihuahua, Luis Zuloaga Trillo, les ha proporcionado, lo que hace que muchos chokonen se vayan.

* En agosto, un preso apache se escapa de la cárcel de Corralitos (municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua) yendo a las rancherías apaches acampadas cerca, anunciando que los mexicanos planeaban enviar tropas para matarlos. (Esa noticia, junto con el temor de que un apache recientemente desaparecido [Potrillo] había muerto a manos de los mexicanos, provocó que muchos se fueran).

* El 1 de septiembre, tiene lugar la que ha sido denominada como “la última gran batalla entre indios”. (Una coalición de guerreros quechans [yumas], mojaves, yavapais y Tonto Apaches atacaron a los maricopas y pimas, durante la intensa ola de calor de primeros de septiembre, cerca del río Gila, en el suroeste de Arizona. En el enfrentamiento murieron más de 100 guerreros de ambos bandos.

El capitán Henry Stanton Burton, comandante de Fort Yuma [Imperial County, California] informó que la batalla tuvo lugar porque un grupo de Tonto Apaches había ayudado a cinco yumas a realizar una incursión contra los maricopas varios meses antes, con la consiguiente respuesta. Los maricopas mataron a 16 Tonto Apaches y capturaron a tres niños, hecho que exigía venganza. 

Hubo un testigo de la batalla, Isaiah Churchill Woods. Estaba sentado bajo un árbol viéndolo todo de principio a fin pero sólo se le ocurrió escribir dos párrafos en su diario. Para él era más importante el carro con el correo que llevaba a San Diego [San Diego County, California]).

* El 2 de septiembre, un jefe de apaches coyoteros White Mountain llamado Chino Peña y tres compañeros visitan al Dr. Michael Steck en la Agencia India en Fort Stanton ([Lincoln County, New Mexico]. Los coyoteros acababan de celebrar un consejo, dijo Peña. Después de conferenciar durante tres días y tres noches, fue enviado a solicitar la paz. Dijo que era portavoz de todos los jefes entre las Pinal Mountains [Graham County, Arizona] y Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico], y que ofrecerían sus montañas, su agua y sus alimentos a cambio de la paz. Steck envió a Peña de regreso a su pueblo asegurándole que los estadounidenses no querían sus tierras, sino sólo la paz. Steck advirtió que si las depredaciones continuaban, destacamentos militares serían enviados a su territorio. Los coyoteros tenían mucho que perder, incluyendo sus huertos y sus rebaños, como para participar en una guerra).

* A primeros de septiembre, unos 680 chokonen, incluido Cochise, llegan a Fronteras (Sonora) buscando la paz, raciones y suministros. (El gobierno de Sonora es lento a la hora de decidir qué hacer con la oferta de paz apache y si se les da raciones y suministros. Mangas Coloradas permanece en Janos hasta el otoño, cuando regresa a New Mexico o a las Chiricahua Mountains para recoger piñones, bellotas y otros frutos secos. Victorio y otros chihennes permanecen en Janos hasta el final del año).

* El 22 de septiembre, el capitán Gabriel García reparte raciones a los 680 chiricahuas de Cochise, en Fronteras (Sonora).

* A primeros de octubre, los chiricahuas de Cochise se van de Fronteras para recoger bellotas y otras plantas silvestres en Guadalupe Canyon, cerca del río San Bernardino. (Muchos están enfermos por las raciones contaminadas que les habían dado en Janos [Chihuahua] en agosto). 

* El 15 de octubre, 150 chihennes, quizá de la banda de Cuchillo Negro, que nunca salió de New Mexico, reciben raciones de Michael Steck en Fort Thorn (cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico).

* En noviembre, una mujer chokonen llega a Fronteras (Sonora) en nombre de Cochise, Esquinaline y Colchón, indicando que unos 10 hombres y tal vez 30 ó 40 mujeres y niños han muerto por las enfermedades y, posiblemente, por los envenenamientos por parte de los mexicanos y que esas son las razones por las que se fueron al norte. (Michael Steck señala que los apaches son extremadamente pobres, están casi desnudos y hambrientos. Apenas queda una familia que está sin el cabello corto, señal de duelo entre los apaches por un familiar fallecido. Victorio, Láceris y algunos líderes menores permanecen en Janos hasta principios del siguiente año).       

* El 17 de noviembre, el jefe chihenne Mangas Coloradas y unos 350 chiricahuas llegan a Fort Thorn (cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico) reuniéndose con el Dr. Michael Steck al día siguiente. (A últimos de noviembre, Steck escribió que muchos de los apaches mimbreños habían comentado que querían volver de Janos. “Todos ellos son extremadamente pobres y están casi desnudos, pasando mucha hambre. Desde mayo… han estado viviendo cerca de Janos en la frontera de México y ocasionalmente recibían raciones del gobierno de México. Han sufrido muchas enfermedades y muchos han muerto a causa ellas. Muchos tienen el pelo muy corto, señal de luto por algún pariente cercano. Ellos creen que han sido envenenados y no tengo duda de que muchos de ellos, por los informes que han llegado aquí, que ciudadanos de Janos habían envenenado a muchos apaches. Los síntomas, según describen los apaches, se asemejan a los de una intoxicación en sus raciones administrada, probablemente, con arsénico”. Dijo que los apaches estaban tristes por haber salido de su propio territorio pero que también habían sufrido mucho por una campaña de Estados Unidos, y por eso se habían ido a México, para escapar de las tropas norteamericanas. El jefe chihenne Mangas Coloradas estaba ahora dispuesto a enterrar el hacha de guerra y hacer la paz. Se desconoce si los apaches recuperaron a sus cautivos y el informe de su presunto envenenamiento en Janos, necesitaría datos más concretos. Ya sea así o simplemente un rumor entre los apaches, esa podría haber sido la causa de que muchos de ellos se fueran a Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua] a finales de 1857.

* A finales de otoño y hasta fin de año, el jefe apache chihenne Mangas Coloradas y sus seguidores se asientan en Santa Lucia Springs (luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]).

* Durante el invierno y hasta el inicio de la primavera del próximo año, el jefe apache chokonen Cochise se encuentra en el sureste de Arizona, desde donde incursiona por México.

1858

* Este año, Samuel Woodworth Cozzens (juez del primer distrito judicial en Arizona, y viajero que escribiría el libro “The Marvellous Country; or, Three Years in Arizona and New Mexico, the Apaches’ Home”); el Dr. Michael Steck (Agente Indio en Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico]); y otro ciudadano llamado Laws, visitan las minas de cobre situadas junto al río Mimbres, en Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Con ellos iban un guía y tres sirvientes, y contando las mulas de carga, llevaban 13 animales. En el camino de regreso de las minas, los sirvientes se habían adelantado con las mulas de carga para buscar un lugar apropiado para levantar el campamento mientras Cozzens, Steck y Laws, acompañados del guía, iban por detrás, ya que habían salido más tarde. Cozzens en su libro escribiría: “Mientras cabalgábamos despreocupadamente, riendo y bromeando, la mula que montaba el Sr. Laws hizo inconfundibles gestos de que los apaches estaban cerca, pero al final decidimos que era una falsa alarma; y el Dr. Steck comentó, en plan jocoso, que por muy salvajes que fueran, preferirían atacar a otro antes que al ‘Gran Padre’, como le llamaban las tribus indias del territorio; y por lo tanto no dimos más importancia al asunto.

Nada más entrar en un cañón que atravesaba las colinas que conducía a la pradera que había tras ellas… Sonó de pronto en nuestros oídos, el aterrador grito de guerra de los apaches, cuyo eco resonaba de lado a lado de las inmensas paredes… A pesar del susto, tuvimos el suficiente ánimo para espolear a nuestras mulas hacia la salida del cañón, a la que nos faltaba poco para llegar. Nada más alcanzarla y dejar atrás las obscuras paredes para salir a la hermosa y verde pradera, lanzamos un inconsciente grito de triunfo, pero ¡ay!, habíamos cantado victoria demasiado pronto. Una de las flechas que nos dispararon alcanzó al pobre Laws en la espalda, cayendo muerto en el acto mientras su mula, ya sin jinete, huía a todo galope por la llanura.

Nada más alcanzar la loma más cercana, lejos del alcance de las flechas de los apaches, decidimos defender nuestras vidas a cualquier precio. Estuvimos una hora, revólver en mano, esperando a los apaches pero no aparecieron. Entonces fuimos, con mucha precaución, a coger el cadáver de nuestro compañero, que seguía en el lugar donde había caído; y colocándolo sobre una de las sillas de nuestras mulas, nos dirigimos tristes hacia el cerro más alto que había por las inmediaciones y allí montamos nuestro campamento. Cuando la noche cubrió la tierra con su obscuridad y a la tenue luz de la luna, cavamos una fosa con los pocos medios de que disponíamos, depositando allí el cuerpo de nuestro compañero…“.

En otro episodio del libro, Cozzens comenta el encuentro que tuvo con un apache cuando, estando con un grupo acampado en el río Tularosa [New Mexico], salió sólo a cazar un antílope que había visto, perdiéndose y teniendo que pasar la noche a la intemperie:Debía llevar varias horas durmiendo cuando me despertaron los relinchos de mi mula. Pensando que algo iba mal, me levanté, y con el revólver en la mano, me acerqué al lugar donde estaba atada. La encontré con los ojos asustados, las fosas nasales dilatadas, y luchando con todas sus fuerzas para romper la cuerda, que al estar hecha de pelo, aguantó todos sus tirones. Al verla así me di cuenta de que había indios cerca… Luego vi, o creí ver, un pequeño arbusto… que se movía… apunté a la parte baja del arbusto y disparé mi revólver. Oí un grito y el arbusto desapareció… Mi mula pastaba tranquilamente lo que me tranquilizó… Así pasaron lentamente las horas hasta que aparecieron por el este las primeras luces, por lo que, inmediatamente ensillé mi mula y cogiéndola con una mano por el hocico y empuñando mi  revólver con la otra, me acerqué despacio hacia el arbusto… Encontré un rastro, largo y serpenteante, que indicaba claramente que quien se había ocultado tras el arbusto, se había  aproximado boca abajo, usando los codos para avanzar. Siguiendo el rastro unos 83 metros, encontré a un indio dentro de un pequeño arroyo que parecía dormido, de costado. Un lado de su cara estaba pintada de bermellón y el otro manchada de fango… Bajé al arroyo, cogí su arco y sus flechas, le corté su cabellera y me dirigí a la zona más alta de los alrededores donde, después de pocos minutos, vi a lo lejos, por mi izquierda, el ‘humo del hombre blanco’ [su campamento] a donde me dirigí…“.

Cuesta creer que todas las aventuras que Cozzens comenta en su libro ocurrieran de verdad, dando la impresión de que son historias contadas “de oídas”. El libro se publicó en 1873, narrando hechos ocurridos en los años 1858, 59, y 60; años de una baja actividad bélica de los apaches chiricahuas en el sudoeste de los Estados Unidos [no así en el norte de México].

Cozzens comete muchos errores, tanto de fechas como de clasificación de las tribus apaches [confunde a los apaches Pinal y Tonto {Western Apaches} con chiricahuas, al afirmar que Cochise era un jefe Pinal cuando era un chokonen, y Mangas Coloradas un jefe Tonto Apache, cuando era un chihenne o mimbreño.

Comenta que Mangas Coloradas era jefe de todas las tribus apaches [jamás tuvo influencia sobre las diferentes tribus de Western Apaches ni sobre los mescaleros, lipanes o jicarillas].

No menciona en ningún momento la palabra “wickiup”, refiriéndose siempre a los hogares apaches como chozas; ni sus “n’deh b’ken” o botas altas, siempre comentando que llevaban mocasines. A todos los apaches los describe desnudos salvo con taparrabos cuando en esa época muchos ya usaban ropas occidentales. Menciona que Mangas Coloradas solo llevaba una lanza y Cochise, arco y flechas, cuando muchos usaban fusiles de avancarga, sobre todo los jefes.

Describe a los apaches como feos, sucios, con uñas como garras, y cuenta la extrañeza de las mujeres y los niños apaches de verle lavarse en el arroyo con una pastilla de jabón. Antes de esa fecha, los apaches, Cochise y Mangas Coloradas en particular, habían tenido mucho contacto con los mexicanos en los presidios y “establecimientos de paz” donde los apaches acudían a recibir raciones, conociendo perfectamente la forma de vida de los mexicanos, pastilla de jabón incluido. En la ranchería de Cochise podía no haber jabón pero que lo conocían, seguro. En cuanto a lo sucios que eran, es bien sabido que el apache, siempre que había agua cerca, se aseaba convenientemente y sólo aparecía desaliñado cuando se veía obligado a esconderse en lugares alejados de fuentes de agua.  

Cuesta mucho creer que la danza de las cabelleras [que se describe más adelante] fuese tal como dice. Originalmente los atabascanos no tenían la costumbre de escalpar, la desarrollaron al tomar contacto con otras tribus que sí la llevaban a cabo [y posteriormente con los españoles] y lo hicieron de forma parcial. El etnólogo Grenville Goodwin señaló que las cabelleras enemigas nunca eran llevadas a casa por los apaches, eran arrancadas en territorio enemigo, danzaban en ese mismo lugar y ahí mismo eran tiradas. Los apaches chiricahuas escalpaban en pequeña proporción, pues las cabelleras eran temidas al ser consideradas porciones de los muertos. 

Gerónimo, narró un episodio en los que tuvo lugar esa práctica en Sonora, “cuando estábamos casi en Arizpe, acampamos y ocho hombres vinieron a parlamentar con nosotros. Los capturamos, matamos y escalpamos“. Al día siguiente se enfrentaron con soldados a los que derrotaron, vengándose por las muertes de Kaskiyeh. Gerónimo, en su calidad de jefe de guerra, ordenó escalpar a los enemigos muertos. Su testimonio concuerda con la tradición oral de los atabascanos al indicar que la toma de cabelleras sólo tenía lugar en territorio enemigo, y que tenía como finalidad mostrar el grado de odio que tenían por él.  

En posteriores enfrentamientos con mexicanos narrados por Gerónimo, no se hace mención de escalpados, por lo cual se puede pensar que esta práctica era ejecutada por apaches cuando la venganza era el motivo principal del ataque. En otras circunstancias Gerónimo relata la muerte de varios sonorenses, pero señala que “no los escalpamos porque no eran guerreros“, probablemente se refiere a que no eran miembros de la Guardia Nacional que se enfrentaba a los apaches, sino civiles.

Cozzens utiliza un lenguaje despectivo y lleno de odio contra los apaches, coincidiendo con la opinión de la mayoría de sus contemporáneos. ¿Conoció verdaderamente a Cochise y a Mangas Coloradas o sólo les describió, a ellos y a los demás apaches, con el cliché típico de la época?. De todas formas, los relatos sobre apaches que cuenta están aquí incluidos. Que los lectores juzguen su veracidad).

* En enero, de los 397 apaches registrados en establecimiento de paz de Janos (Chihuahua) sólo el jefe nednai Láceris con 47 personas, y el chihenne Veinte Reales con 72, quedaban en el presidio. (Las rancherías de Cigarrito [nednai] con 51 personas; Dos Reales con 14; Felipe [nednai] con 54; Poncito con 28; Riñón con 68; y Victorio [chihenne] con 63, vivían en Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua]. Mangas Coloradas [chihenne], Delgadito [chihenne] y Cojinillín [nednai] ya se habían ido de la zona, y el resto, pronto les seguirán. Aunque no hay más censos disponibles, todas las rancherías desaparecieron del distrito durante el siguiente mes. A mediados de marzo, los asaltos aumentaron en las inmediaciones. El último documento en los archivos del presidio de Janos cita una redada en el Valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua] el 1 de julio.

* A primeros de año, Michael Steck reparte raciones, completamente insuficientes, a 450 chihennes y a 75 ó 100 seguidores de Mangas Coloradas, mientras dos hijos suyos mueren a manos de soldados mexicanos en Cucurpe (Sonora) donde estaban incursionando. (Varios cientos de mineros mexicanos acuden a Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, Arizona] a causa de una pequeña fiebre del oro).  

* Este año se cierra el presidio de Janos (Chihuahua) como establecimiento de paz para los apaches. (Había durado tres cuartos de siglo).

* El 17 de abril, mexicanos de La Mesilla (Doña Ana County, New Mexico) atacan, al parecer sin provocación, a los apaches mescaleros en Fort Thorn, masacrando indiscriminadamente a los hombres, mujeres y niños. (Este es el segundo ataque de los vigilantes de New Mexico a los apaches en tres años).  

* En mayo, Mangas Coloradas incursiona por Sonora buscando venganza por la muerte de sus dos hijos ([hermanos de Dos-teh-seh, esposa de Cochise, quien también le acompaña]. Incursionan por los distritos de Sahuaripa y Moctezuma, llevándose casi todo el ganado de Fronteras [Sonora]).

* A primeros de junio, Mangas Coloradas está en el área del Stein’s Peak (Hidalgo County, New Mexico) donde se reúne con un grupo de norteamericanos.

* A primeros de julio, una mujer apache chokonen llamada Soledad, acude a Fronteras (Sonora) a pedir la paz para su banda acordando que pronto llegarían más. (El 14 de julio, los apaches llegaron a Fronteras produciéndose un enfrentamiento, en el que las versiones difieren por el motivo del inicio del mismo, pero parece que la encerrona estaba premeditada, dando los mexicanos de beber a los apaches para después matar a 23 hombres y nueve mujeres, persiguiendo a los que huían, matando a tres hombres y una mujer más).   

* El 6 de agosto, el Agente Indio, Dr. Michael Steck, escribe en su informe anual acerca de las relaciones amistosas existentes con los apaches mimbreños y mogollones, sugiriendo que sean trasladados para formar una única banda, porque están siendo diezmados por las enfermedades.

* A primeros de septiembre, unos 300 bedonkohes y chokonen se reúnen en las Burro Mountains, estando presentes unos 70 guerreros, incluidos Mangas Coloradas y Cochise, para dirigirse después hacia el Stein’s Peak (Hidalgo County, New Mexico).

* El 12 de septiembre, después de reunirse en el Stein’s Peak (Hidalgo County, New Mexico) Mangas Coloradas y Cochise conducen una partida de guerra buscando venganza contra Fronteras (Sonora).

* El 15 de septiembre, la Butterfield Overland Mail Company” comienza el servicio de diligencias y correo, construyendo nueve estaciones entre La Mesilla (Mesilla, Doña Ana County, New Mexico) y Tucson ([Pima County, Arizona]. Las estaciones para el cambio de los caballos y el descanso de los viajeros se establecieron, aproximadamente, cada 30 km de media y dos de los más importantes fueron emplazadas en Dragoon Springs y Apache Pass [ésta a unos 500 metros al oeste de Apache Spring, un manantial de agua]; ambos en el centro del territorio de la banda de Cochise).

* El 16 de septiembre, una banda apache ataca Fronteras (Sonora) sin éxito porque son rechazados por el fuego de un cañón. (Este ataque parece estar motivado para vengarse de los acontecimientos del 14 de julio. Mangas Coloradas regresó al Stein’s Peak [Hidalgo County, New Mexico]. Cochise incursionó por Sonora antes de volver a las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] en octubre).

* A mediados de octubre, Mangas Coloradas y su banda, en la que está Gerónimo, regresa a Santa Lucia Springs (luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico) para recoger las raciones y suministros que les da Michael Steck. (Eran 125 hombres y 500 mujeres y niños entre los bedonkohes; y 70 hombres y 450 mujeres y niños entre los chihennes. (Después se dirigieron al territorio de Cochise, cercano a Apache Pass, para pasar el invierno, y desde donde pretendían lanzar incursiones a Sonora.

James Henry Tevis era el encargado de la estación de la “Butterfield Overland Mail Company” en Apache Pass, quien ayudó a Michael Steck. Éste ofreció trabajo al indio ópata cautivo e intérprete de Cochise, Merejildo Grijalva, en su Agencia en New Mexico, lo que hará que al año siguiente huya de los apaches y se vaya con Steck. Ya en 1866 trabajaba para el ejército norteamericano como guía e intérprete. Conocía tan bien a la banda de Cochise que una vez los identificó por el calzado y los utensilios encontrados en un campamento abandonado. Sabía rastrear como un apache y comprendía su forma de guerrear y la preparación de emboscadas. Su trabajo era extremadamente peligroso pues sabía que si alguna vez era capturado, le reservarían la más espantosa de las muertes. Cuando coincidía con ellos notaba las miradas de odio en sus ojos. Siempre reservaba una bala para dispararse a sí mismo antes que ser apresado. En marzo de 1873, Cochise llegó cabalgando a Fort Bowie acompañado de 20 guerreros. Cuando Merejildo le vio se acercó, ofreciéndole la mano pero el jefe chiricahua le dijo que no se la estrecharía hasta haberle azotado. Desmontó del caballo golpeándole tres veces con su látigo para darle después un amistoso abrazo y comenzar a hablar de los viejos tiempos.

El 1 de diciembre, Mangas Coloradas y Cochise, con unos 100 guerreros bedonkohes, chihennes y chokonen, dejaron Apache Pass para incursionar por Sonora, dividiéndose en dos grupos. Mangas Coloradas y Gerónimo cruzaron por las Huachuca Mountains [Cochise County, Arizona], mientras Cochise lo hizo por los alrededores de la actual Douglas [Cochise County, Arizona]).

El 13 de diciembre, tropas de Sonora atacaron una ranchería apache, probablemente chihenne o bedonkohe, en las montañas de los Otates [Sonora] donde mataron a dos hombres y 16 mujeres y niños, y capturaron a cuatro. La ranchería era probablemente un campamento base para incursionar en Sonora ya que los guerreros estaban fuera cuando atacaron los mexicanos).

El 30 de diciembre, Cochise regresó de Sonora con el ganado robado, conferenciando por primera vez con el Dr. Michael Steck en Apache Pass, quien da a los apaches unas cabezas de ganado, 20 fanegas de maíz, 211 mantas, 200 ollas de bronce y telas. Los chokonen eran, en ese momento, unos 150 hombres y 600 mujeres y niños. Mangas Coloradas y Gerónimo volverían el 18 de febrero de 1859).

* A finales de año, el Dr. Michael Steck, Agente Indio, informa al Comisionado de Asuntos Indios, Charles E. Mix que los apaches coyoteros White Mountain habían ido varias veces durante este año, desde su territorio a través del Río Grande para visitar su Agencia en Fort Thorn (cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico), y que habían mantenido su promesa de paz con los estadounidenses. (Aunque su agencia no tenía contacto regular con los coyoteros, opinaba que se podría llegar a un mejor entendimiento con ellos si se pudiera celebrar un consejo en su territorio. También dijo que había que proporcionarles herramientas agrícolas, lo que podría detener las depredaciones de los coyoteros, que supuestamente llevaban a cabo tan al sur como Tucson [Pima County, Arizona].

Preocupado por las depredaciones apaches, la Oficina de Asuntos Indios envió al agente especial George Bailey para investigar. Después de detenerse en Fort Yuma [Imperial County, California] y Maricopa Wells [Pinal County, Arizona], y estudiar los informes de reconocimientos militares, Bailey declaró que la mayoría de las incursiones apaches provenían de la zona al norte del río Gila. Al regresar con su botín de México y la zona al este de Tucson, los asaltantes tenían que ir necesariamente por los pocos cursos de agua del este de Arizona. Pensó que erigir puestos militares en los cruces de caminos bloquearía las incursiones, algo más barato que pagar las reclamaciones de la depredaciones.

El informe de Bailey convenció al Departamento de Interior de la necesidad de una política decidida con respecto a los apaches. En diciembre, el presidente estadounidense James Buchanan sugirió al Congreso que, tras la “Gadsden Purchase” o “Venta de La Mesilla” era necesario construir fuertes ubicados al norte de Sonora para cooperar con Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona], construido en el sur de Arizona en 1856).

1859

* El 22 de enero, el Dr. Michael Steck se reúne en Santo Domingo Spring, 120 km al norte de Fort Buchanan (Santa Cruz County, Arizona), con 180 apaches coyoteros White Mountain a los que advierte de que detengan sus incursiones en México, y de que permanezcan al norte del río Gila, cultivando y viviendo en paz. (Los jefes apaches aceptaron y, a cambio, Steck prometió enviarles azadas para ayudarles en la siembra. Poco después de la reunión, Steck escribió a James L. Collins, Superintendente de Asuntos Indios en New Mexico, diciendo que creía que los coyoteros eran los apaches más fiables que había conocido.

Steck también viajó por las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] informando sobre los apaches que allí había, indicando que no observó señales de que hubiesen hecho depredaciones, reuniéndose posiblemente con Mangas Coloradas, Cochise y Gerónimo. Se descubrió oro en la zona de Pinos Altos [Grant County, New Mexico] acudiendo muchos mineros al territorio de los apaches chihennes o mimbreños).

* El 8 de febrero, el teniente H. M. Lazelle, al mando de 32 hombres, sale de Fort Bliss (El Paso County, Texas) para localizar el paradero de una banda de apaches que había robado un rebaño de reses y varias mulas tres días antes. (Los soldados cubrieron 265 km en siete días sin encontrar agua en su camino. Al sexto día no les quedaba ni una gota de agua, tampoco para los caballos. Al mediodía del séptimo día, el rastro les llevó al Cañón del Perro [Dog Canyon en las Guadalupe Mountains, Culberson & Hudspeth Counties, Texas].

Los soldados cabalgaron sin oposición durante 3’2 km hasta el interior del cañón. Entonces se encontraron con un grupo de 30 guerreros, probablemente apaches mescaleros, pintados y armados pero portando una bandera blanca. Los apaches preguntaron qué intención tenían los soldados cuando les dijeron que les acusaban de robo de ganado ya que afirmaban que ellos no habían sido. Dijeron que habían sido algunos “hombres malos”, añadiendo que habían perseguido a esos hombres malos y recuperado el ganado.

No creyéndolo, Lazelle ignoró la bandera blanca y ordenó atacar. Inmediatamente se encontraron atrapados en un  fuego cruzado desde la parte superior del cañón. Asediado por ambos lados y por el frente, no tuvo más opción que retirarse, cabalgando con varios de sus hombres heridos hasta salir del cañón, falleciendo alguno de ellos durante el regreso).

* En abril, vecinos de San Andrés, Chuvíscar y Nombre de Dios (Chihuahua) persiguen a un grupo de apaches por las sierras de Encinillas, Mezquite y los Arados hasta los Arcabuces matando y capturando a varios de ellos.

* El 18 de febrero, Mangas Coloradas y Gerónimo llegan a Apache Pass (Cochise County, Arizona) con muchos caballos, mulas y otros bienes, yéndose pronto a cultivar a la zona de Santa Lucia Springs (luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]).

* En marzo, Michael Steck se reúne con Mangas Coloradas en Santa Lucia Springs (luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico) para comenzar a plantar.

* El 1 de abril, Steck se reúne de nuevo con los chokonen en Apache Pass (Cochise County, Arizona) y ofrece algunos regalos, raciones y suministros. (Cochise está, tal vez, en Sonora en una incursión. Según James Henry Tevis, el encargado de la estación de la “Butterfield Overland Mail Company” en Apache Pass, sólo están allí dos guerreros y algunas mujeres y niños).

* El 24 de abril, Cochise y Francisco, un apache White Mountain, dejan Apache Pass (Cochise County, Arizona) para incursionar por Sonora.

* El 27 de abril, Cochise y otros apaches incursionan en Fronteras (Sonora).

* En junio, Samuel Woodworth Cozzens, que escribiría el libro “The Marvellous Country; or, Three Years in Arizona and New Mexico, the Apaches’ Home”, conoce al jefe apache chokonen Cochise en Apache Pass, una estrecha garganta en las Chiricahua Mountains ([Cochise County, Arizona]. En su libro diría: “La primera vez que lo vi, estaba desnudo como vino al mundo excepto con un taparrabos y los mocasines. Era alto, de aspecto digno, de unos 40 años, con la cara pintada de color bermellón y ocre. De su nariz colgaba un aro de unos 12 cm de circunferencia, hecho de un pesado alambre de latón mientras que otros tres colgaban de los lóbulos de sus orejas. Su cuerpo estaba completamente untado con una grasa de olor muy fuerte. Tenía una abundante cabellera negra peinada hacia atrás, recogida en una especie de nudo en la parte superior de su cabeza, mientras que el resto caía sobre su espalda. Tenía dos plumas de águila colocadas verticalmente en su cabeza, que se movían con el viento. Cuando se acercó, dejó su arco y flechas sobre la hierba, y dándome su mano, sucia y con las uñas largas, dijo bastante bien en español: ‘Yo Cochise, amigo del hombre blanco, dame tabaco’.

Al volverme hacia Jimmy, mi criado irlandés, vi su expresión de asombro, tardando unos tres minutos en recuperarse y preguntar: ‘¿Pero qué es esto, si se puede saber?’ Y cuando le contesté: ‘Un apache’, dio un grito y corrió hacia el corral de la ‘Butterfield Overland Mail Company’ y no hubo forma de hacerle volver hasta que Cochise se fue. Di a Cochise un poco de tabaco y whisky, desapareciendo casi tan repentinamente como había llegado.

Habíamos dejado nuestros carros a cierta distancia del corral, junto a un pequeño manantial que brotaba de entre las rocas, donde íbamos a pasar la noche. No pusimos turnos de guardia porque al estar tan cerca del local de la ‘Butterfield Overland Mail Company’ no pensamos que habría algún riesgo. Sin embargo, durante la noche desparecieron dos de nuestras mulas y encima con tanta habilidad que no había ningún rastro. Por supuesto, sospeché de Cochise, aunque cuando le pregunté después lo negó indignado diciendo que él era un bravo que no se dedicaba a robar…

… Tres días después, al anochecer, vinieron tres apaches con  cuatro de las mulas más enfermizas que yo haya visto en mucho tiempo, ofreciéndolas por 25,40 kg de maíz cada una. Hicimos el cambio y algún tiempo después nos enteramos de que las habían robado, cinco meses antes, de una estación de la ‘Butterfield Overland Mail Company’, situada a unos 160 km al oeste de Tucson [Pima County, Arizona]

… Después de la experiencia de la primera noche, el comandante De Rythe, superintendente auxiliar de la ‘Butterfield Overland Mail Company’, nos dejó guardar nuestros animales en el corral de la compañía. Estando allí llegó la familia Frazier, compuesta por el padre, la madre y cuatro hijos, de viaje a San Diego [San Diego County, California] en dos carretas tiradas por dos caballos cada una. Los hijos mayores eran un joven de unos 18 años y una muchacha de unos 16, la cual conducía una de las carretas, mientras que la madre llevaba la otra. Esperaban llegar a Tucson la semana siguiente, donde pensaban permanecer hasta conseguir compañía, antes de salir para San Diego. Dos días después, el conductor de la diligencia de Tucson informó que, nada más pasar la entrada del cañón, encontró los restos de dos carretas, con los cuerpos mutilados de Frazier y de su hijo atados a las ruedas y parcialmente quemados. Todo lo que había de valor se lo habían llevado incluso hasta las piezas de hierro de las carretas. De la madre y de los otros hijos nada se supo. El comandante De Rythe ordenó que fueran, a la mañana siguiente, a recoger los restos de los dos desafortunados pero nada se hizo para castigar a los autores o rescatar a los cautivos[A continuación, Cozzens comenta la masacre de la familia Oatman afirmando que fue cometida por apaches, quizá porque eso dijo Olive Oatman, la única superviviente, cuando fue liberada. Todos los historiadores coinciden en que los autores de las muertes fueron yavapais, quienes vendieron después a los mojaves a las dos hermanas que sobrevivieron al ataque, y estando con éstos falleció una de ellas. Refiriéndose a la masacre de la familia Oatman dice: ‘Desde entonces se ha asegurado que el grupo que cometió la masacre de los Oatman eran Tonto Apaches, cuyo líder era Mangas Coloradas, quien se hacía llamar amigo del hombre blanco‘. Como se sabe, no lo hicieron los Tonto Apaches sino yavapais, y Mangas Coloradas no era líder de los Tonto Apaches sino de los chihennes o mimbreños].

… Durante mi estancia en Fort Apache comencé a tener el deseo de aprender más sobre los apaches. Un día comenté el tema a Cochise que, aunque le invité a  whisky, se negó a hablar del asunto. Mis amigos intentaron convencerme de que me olvidara pero tras convencer a Cochise con un trozo de tabaco; un barril de 19 litros de whisky; y un par de mantas de color rojo, decidí ponerme en marcha yo sólo a su ranchería, situada a unos 193 km al noroeste de las Chiricahua Mountains, cerca del río Gila.

Me aseguró que no correría ningún peligro y, tras dejar a su hermano [Coyuntura ?] bajo custodia del comandante De Rythe para garantizar mi regreso, salimos hacia su ranchería montando, Cochise y yo, cada uno una mula, llevando tres más cargadas, una de ellas llevando dos grandes recipientes de cuero con casi 23 litros de agua cada uno… A la mañana siguiente, antes del mediodía, llegamos a un pequeño arroyo donde Cochise, escarbando y apartando la tierra con las manos, abrió un pequeño hueco que se llenó rápidamente de agua, donde nuestras mulas  bebieron con ansiedad… Otro día… Cochise cazó un antílope con su arco y flechas proporcionándonos jugosos filetes, mucho mejores que la dura y seca carne que llevábamos…

… Me gustaría… poder plasmar en un lienzo algunas de las características del notable territorio que visité durante mis dos semanas de viaje con Cochise‘¡Mira, hogar apache!’, dijo. Miré y lo que vieron mis ojos me produjo una impresión imborrable. Un hermoso valle, con una rica y verde vegetación, que se extendía a lo largo de 4’8 km y casi 1’6 km de ancho, por donde discurría una corriente de agua, clara como el cristal sobre un lecho de guijarros, con sus orillas bordeadas por una especie de pequeños sauces, cuyo follaje de color verde amarillento contrastaba con el tono obscuro de la hierba, y todo rodeado por unos riscos de unos 30 metros de altura… Esparcidas por el valle se encontraban las chozas apaches pareciendo  enormes melones cortados por la mitad, forrados con paja amarilla. Delante de cada entrada ardía una pequeña hoguera, cuyo humo ascendía lentamente hasta que perdiendo densidad se desvanecía en el aire. Más allá, hacia el extremo superior de valle, se veía pastar tranquilamente una gran manada de ganado vacuno, ponis y mulas, mientras que en la parte inferior había huertos de maíz…

Cochise dijo unas palabras a la gente en su lengua, que no entendí, y luego me hizo señas para que desmontara. Lo hice y, al instante, las manos de una docena de guerreros se extendieron para agarrar la mía, cada uno murmurando su bienvenida en un sonido bajo y gutural mientras cogían mi mano.  Me llevaron a una choza donde me iba a alojar mientras estuviese allí, según me dijo Cochise en español, mientras los guerreros comenzaron a desensillar y descargar los animales que fueron llevados después a pastar sobre la exuberante hierba que rodeaba el campamento por todas partes. Tuve un momento para examinar la choza donde me iba a alojar, viendo que su armazón constaba de palos clavados en el suelo, inclinados hasta llegar al centro donde se ataban juntos.

Después de participar de una copiosa cena de pemmican [comida concentrada, compuesta de una masa de carne seca pulverizada, bayas secas y grasas; inventada por los nativos de Norteamérica, siendo muy utilizada por los europeos durante la época del comercio de pieles y posteriormente por los exploradores árticos y antárticos como una comida hipercalórica. Mezclando todos estos ingredientes se obtiene una especie de pan o pasta, que tiene la propiedad de no enmohecerse y puede almacenarse durante largos periodos de tiempo], extendí mi manta contento de tener la oportunidad de descansar… Sin embargo, Cochise me informó que algunos guerreros querían hacer una danza en mi honor, y esperaban que yo asistiera y les diera un poco de tabaco. Di por sentado que estaba obligado a ir, cosa que no me hizo ninguna gracia. Al salir, había una docena de guerreros alrededor de una pequeña hoguera, dándome cada uno la mano en señal de bienvenida. Nos sentamos, empezando dos apaches  a golpear a un tambor, hecho con una piel de cuero sin curtir extendida sobre el extremo de un tronco hueco de unos 90 cm de diámetro. Los guerreros seguían el ritmo del tambor con una especie de cascabeles hechos con trozos de madera, de los que colgabann ocho o diez tiras de cuero sin curtir, a las que habían sujetado garras de oso, garras de águila, pezuñas de ciervo, trozos de hueso, y piedras pequeñas. Agitaban con fuerza los cascabeles mientras balanceaban sus cuerpos al ritmo del tambor, y acompañando el movimiento gritando en alto lo siguiente: ‘Hi yah, hi yah, hoo, hoo’

… me levanté de mi humilde lecho, yendo, toalla en mano, al pequeño arroyo que serpenteaba silenciosamente por el valle para asearme. Esto, por supuesto, atrajo la atención de una multitud de mujeres y niños, para quienes una pastilla de jabón era algo tan curioso como lo sería la vista de un apache en Broadway. No entendían cómo la hermosa espuma blanca, que trataban de atrapar en sus manos mientras flotaba en el agua, desaparecía cuando la tocaban… Mientras hacía una rápida comida a base de carne y atole [bebida elaborada con maíz cocido, molido, diluido en agua o leche y hervido hasta darle cierta consistencia; es típica de México y de otras zonas de América Central] me di cuenta de que algo raro estaba pasando. Incluso Cochise parecía inquieto cuando me dijo que los exploradores habían detectado la cercanía de un gran grupo de indios pero que no sabían si eran amigos o no, ya que se encontraban lejos del poblado. Probablemente eran apaches aunque podían ser mojaves con los que estaban en guerra. Era una situación que no había previsto. Morir en un poblado apache como si fuera un apache… Con tanta indiferencia como pude aparentar, pregunté a Cochise su opinión sobre el grupo que llegaba. ‘¿Quien sabe?’, dijo en español, respuesta que no me tranquilizó… Una docena o más de guerreros se habían lanzado sobre sus caballos, cabalgando a través de la llanura tan lejos como sus animales podían llevarlos.  Todo era confusión y nerviosismo. Unos guerreros examinaban sus lanzas, otros sus arcos y flechas.

Cochise pronto anunció, para mi alivio, que era un grupo de su propia banda, que venía de realizar una incursión en Sonora, al mando de Mangas Coloradas, que habían estado fuera alrededor de ‘una luna’, y a juzgar por el número de ganado y mulas que traían, la incursión debía haber tenido éxito. Tan pronto como se supo que Mangas Coloradas regresaba, el nerrviosismo acabó. Los guerreros quitaron las cuerdas de los hocicos de sus caballos permitiéndoles campar a sus anchas sobre el césped mientras ellos se tumbaban perezosamente al sol, y las mujeres iban a recoger leña y a hacer trabajos que normalmente suelen hacer los hombres.

Sintiendo dudas de cómo me recibiría Mangas Coloradas, no pude abstenerme de preguntar a Cochise, de la manera más indiferente que pude, lo que diría al ver a un hombre blanco viviendo tan tranquilo en su poblado. ‘¡Oh!’, dijo Cochise, ‘le envié un mensaje en cuanto supe que el que venía era él, y tú sabes también que él, es amigo del hombre blanco‘. 

Los ladridos de los perros, los gritos de los guerreros, y las voces estridentes de las mujeres, anunciaba la llegada, en lo alto de la loma, de unos 30 guerreros. Dadas las circunstancias, pensé que lo mejor era no estar a la vista hasta que Mangas Coloradas decidiese conocerme, cosa que hizo poco después visitando mi choza, y extendiendo su mano, dijo en español: ‘¡Buen día! dame tabaco’. Después de estrecharle la mano, le di tabaco de mascar, y también un pequeño fardo de tabaco para fumar, con lo que me gané su simpatía y su amistad. Observé a este jefe con gran curiosidad. Era uno de los mejores especímenes indios que yo haya  visto en mi vida. Tenía más de 1’82 metros de altura; recto como una flecha; de físico espléndido; su largo cabello negro estaba suelto sobre sus hombros, estando profusamente adornado con plumas de águila; su cara estaba pintada con color ocre y bermellón, mientras que sus costados lo estaban de rayas verdes. Llevaba un par de excelentes mocasines. Una pesada manta de color rojo colgaba de sus hombros, atada a la cintura con un fajín de seda que, evidentemente, había pertenecido a algún oficial del ejercito mexicano. Llevaba solo una lanza con la punta de obsidiana atada con tendones de ciervo a una vara de casi dos metros y medio [las solían hacer con el tallo seco del cactus llamado sotol]… 

La lanza de uno de los guerreros llevaba sujeta lo que parecía una bandera de tregua pero, después de fijarme mejor, vi que era un vestido de una niña pequeña, finamente bordado, y hecho de buen material. Me lo enseñaba, manchado de sangre, diciéndome mediante gestos que había matado a la pequeña con la misma arma que tenía en su mano, y su alma enviada al ‘Gran Espíritu’. Al ver ese trofeo decidí, que tan pronto como las circunstancias lo permitiesen, dejaría a los apaches y su poblado.

Cochise me informó que el botín de la expedición ascendía a 30 cabezas de ganado, 50 mulas, 16 ponis y seis cabelleras que, poniendo especial interés en decirme, eran mexicanas. También me dijo que iban a hacer un gran banquete y una danza de las cabelleras para celebrar el éxito de la incursión, y que sería apropiado que estuviera presente, que iba a estar seguro, que nadie me haría daño porque los de su tribu no eran ladrones sino apaches. Aunque no estaba seguro de sus palabras, me animé lo mejor que pude y acepté su invitación con expresiones de agrado que estaba lejos de experimentar.

Pasé la mayor parte del día paseando por la ranchería, visitando las chozas, y conversando con aquellos que sabían español. Gracias a ellos conseguí alguna información relativa al territorio de los alrededores. Supe que el poblado tenía poco menos de 700 personas, y que el lugar donde vivía Mangas Coloradas estaba situado a casi 4’8 km al oeste, con un centenar de guerreros y sus familias, y que ningún hombre blanco había visitado su ranchería. También me enteré que el territorio tenía mucha caza, y que había gran cantidad de oro en los cañones y quebradas, a unos 24 km al norte.

Al ver que una multitud se había reunido en la parte inferior del poblado, caminé hacia allí, viendo a varios guerreros queriendo tirar al suelo a una mula que estaba sujeta con un lazo. Preguntando me enteré de que iban a matarla para el banquete [a los apaches les gustaba mucho la carne equina]. Después de derribarla y atarle las pezuñas, dos de ellos cortaron con cuchillos grandes trozos de los muslos y de las partes más carnosas del animal, entre los gemidos más espantosos que se pueda imaginar. Después de cortar la carne hasta el hueso, le cortaron la yugular, poniendo fin a su sufrimiento, mientras las mujeres recogían la sangre en grandes calabazas.

Después me enteré de que lo hacían así porque creían que cortando la carne de un animal vivo estaba más tierna. Dieron de beber la sangre a los niños para hacerlos valientes, utilizándola también para condimentar sus guisos. Después de contemplar esa escena, huelga decir que no tenía ganas de preguntar más por lo que me retiré a mi choza… Mis pensamientos se vieron interrumpidos con la entrada de Cochise en mi choza para decirme que Mangas Coloradas quería estar conmigo en la fiesta… Pronto llegamos a un lugar en la parte baja del valle, donde encontramos a Mangas Coloradas exhibiendo sus plumas de águila, y sus pinturas. Estaba sentado sobre una manta extendida en el suelo. Me indicó que me sentara a su lado, extendiendo una enorme mano con unas uñas como garras de águila diciendo, en un tono de voz que pretendía ser suave y cautivador, ‘¡Dame tabaco!’, a lo que respondí poniendo en su mano mi último trozo de tabaco de mascar que él, inmediatamente, se metió en su boca con un expresivo  gruñido de satisfacción.

Asumiendo el lugar donde estaba, me preparé para presenciar una escena que presentía me iba a llenar de aversión y repugnancia. Seis guerreros avanzaron y, con evidentes muestras de orgullo, clavaron una lanza cerca de la hoguera, que ardía ante nosotros, y sobre la que colgaba una enorme caldera con agua hirviendo… De la lanza colgaban… los trofeos de la incursión. Dos de las cabelleras se veían que eran de mujer por la longitud de la melena. Era una visión horrible y deseaba no tener que verla… Aparecieron una veintena de mujeres con vestidos típicos apaches, con su tupido pelo negro, colgando desaliñado. Formando un círculo alrededor del fuego y la lanza, comenzaron a balancear sus cuerpos al ritmo de dos tambores que tocaban algunos de los hombres mientras otros efectuaban un canto bajo y monótono, manteniendo el compás con una especie de cascabel hecho con calabazas que contenían pequeñas piedras, trozos de hueso, etc. A medida que tocaban los tambores  más rápido, el ruido de los cascabeles se hacía más frenético, lo que, junto a las agudas voces de las mujeres, creaban el ruido más infernal que se pueda imaginar. De repente, una de las mujeres sacó de la caldera un trozo de carne de la mula que habían sacrificado y alzándola humeante con sus manos hacia las cabelleras, con expresión de desprecio, la mordió con los dientes para unirse de nuevo a la danza, manteniendo el compás la música…

… Continuaron danzando durante más de una hora, hasta cansarse. Los guerreros que habían conseguido las cabelleras se sentaron en círculo alrededor del fuego, iniciaron su participación en el acto. La más anciana de las mujeres daba a cada guerrero la lanza de la que colgaban las cabelleras, quienes uno a uno expresaban el desprecio que sentían por los enemigos muertos, escupiendo y emitiendo un aullido de satisfacción. A cada uno les dieron abundante cantidad de la carne que hervía en la caldera. Durante todo el tiempo no paró la música ni una sola vez, provocando un auténtico jaleo. Molesto y cansado, comuniqué a Cochise mi deseo de ir a descansar, acompañándome a mi choza, donde me metí entre mi manta, encontrando pronto reposo a las emocionantes escenas vividas durante ese día…“.

Cuando Cozzens comunicó a Cochise su idea de volver a Apache Pass, éste le preguntó cuándo quería partir: “Por la mañana desde luego“, contestó Cozzens. “Su ‘está bien’ me sonó a música celestial, pidiéndole que me trajera los animales para examinarlos antes de partir. Después caminé hasta un lugar cercano, donde varias mujeres estaban empezando a curtir unas pieles de ciervo. Los apaches tienen fama de ser los mejores en el curtido de pieles entre todos los indios, por lo que observé cómo lo hacían. Primero separaban cuidadosamente la carne de la piel con un hueso afilado, y quitaban el pelo afeitado con un cuchillo afilado. Después las colgaban para secarlas durante unas horas para después lavarlas cuidadosamente con agua mezclada con ceniza para eliminar los restos de grasa. Luego se metían en recipientes con agua conteniendo varios cerebros de venado. Después se hervían y se estiraban atadas a unas varas para secarlas, y ser humedecidas de nuevo, raspadas, y finalmente secadas lentamente junto al fuego. Este proceso se repite tres veces y, si la piel aún está dura, la atan a una cuerda pequeña, de la que la mujer tira, tensándola y suavizándola muy bien. Luego se ahuma durante un par de horas en una hoguera hecha con madera podrida, encendida en un agujero excavado en el suelo. Entonces está lista para usar. No es raro que la piel que han conseguido a la mañana se haya convertido en unos mocasines antes de la noche, y muy buenos además.

Cochise  trajo mis animales, alegrándome de encontrarles bien. Al menos para ellos, el viaje había sido beneficioso. Habiéndole dicho que comunicase a Mangas Coloradas que iba a partir a la mañana, rápidamente envió a un apache para que se lo dijese, viniendo poco después Mangas Coloradas a visitarme vestido, como de costumbre, pintado de ocre, bermellón y con sus plumas de águila. Después del apretón de manos y la habitual petición de tabaco, se sentó en una manta y comenzó a contarme lo pobre que era, de un modo tan conmovedor, que pronto me di cuenta de que tenía que hacerle un regalo. Enseguida me dijo que le gustaba mi mula como muestra de la gran estima que sentía por mí. Decliné ese gran honor asegurándole que no podría montar otra, y que no podría volver a casa sin ella. Reconociendo la fuerza de mi argumento, propuso aceptar otro de mis animales. Le contesté diciéndole que los necesitaba todos pero que le enviaría, por medio de Cochise, cuando él regresase, mantas rojas, alambre de latón y tabaco; promesa con la que parecía muy satisfecho por lo que empecé a pensar que yo tenía una manera de persuadir tal que mis servicios serían inestimables para el gobierno como negociador con los indios, cosa que hasta ahora no parece valorar.

Después de varios apretones de manos, Mangas Coloradas me aseguró que Cochise me llevaría sano y salvo a Apache Pass, escoltado por cinco guerreros. Recordándome que no olvidase los ‘grandes regalos’ prometidos, Mangas Coloradas se despidió, para mi deleite y satisfacción, felicitándole por su éxito como diplomático. Cochise se fue con Mangas Coloradas, regresando dos horas después diciendo que debería tener los animales preparados por la mañana temprano, y aconsejándome retirarme muy pronto, para ‘dormir mucho’, cosa que hice. Tranquilizado al pensar en un rápido regreso a Apache  Pass, pronto me dormí en un sueño tan profundo como no había disfrutado desde mi llegada al territorio apache.  

Fui despertado temprano por Cochise, diciéndome que una de mis mulas había desaparecido misteriosamente, y que no había manera de buscarla por ninguna parte. Sabiendo que sería inútil tratar de recuperarla, me prometí a mí mismo que, si salía sano y salvo de allí, Mangas Coloradas nunca recibiría los regalos que le prometí, decidiendo salir inmediatamente con mis cuatro animales restantes. Declinando firmemente todas las ofertas para comerciar, hice un rápido desayuno, y una hora antes del amanecer estábamos recorriendo uno de los escarpados caminos de una de las lomas que había en los alrededores de la ranchería apache…

Durante el viaje de regreso, en un momento determinado, Cochise dijo a Cozzens: ¡Indios!‘. Cochise fue a hacer un reconocimiento de la zona para llegar poco después diciendo que había un grupo acampado formado por cuatro indios y dos hombres blancos. Eran el Dr. Parker y Jimmy, amigo y criado respectivamente de Cozzens, acompañados por cuatro apaches pacíficos que habían salido a buscarle.

Llegamos a Apache Pass al atardecer del quinto día. Después de una buena cena, y de una noche de descanso, Cochise y sus guerreros se fueron cargados de regalos, aunque ninguno para Mangas Coloradas. Cochise se quedó con los mejores, y se fue declarando su estima y  consideración… Aunque soy consciente del fracaso de mi entrevista con Mangas Coloradas en lo que concierne a las mulas, me consuela pensar que se debió más a la actitud de los apaches, tozudos como mulas, que a mi falta de tacto; y si fue Cochise quien me robó la mula, me consuela pensar que lo hizo obedeciendo ordenes de Mangas Coloradas y que la idea no partió de mi guía.

En la actualidad, estoy satisfecho con el resultado de mi viaje, cuando reflexiono que, sin duda, soy el único hombre blanco que alguna vez ha visitado la ranchería de los apaches Pinal y Tonto [esto es un error de Cozzens, Cochise y Mangas Coloradas eran chokonen y chihenne respectivamente], cerca de las aguas principales del Gila, y que pudo volver para contarlo“). 

* El 13 de julio, Mangas Coloradas está plantando cultivos en Santa Lucia Springs (luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico) donde se reúne con Steck y con unos 50 militares de los Estados Unidos que inspeccionan los campos de cultivos. (Durante los meses de julio y agosto, Mangas Coloradas visitó el campamento del teniente George Washington Howland, que estaba cerca de las Burro Mountains [Grant County, New Mexico]).

* El 14 de julio, James Henry Tevis, empleado de la estación de Apache Pass (Cochise County, Arizona) y corresponsal  del periódico de Tubac  (Santa Cruz County, Arizona) “The Weekly Arizonian”, envía un artículo contra Cochise: Sr. Editor: Alrededor de 20 de nuestros guerreros llegó de Sonora ayer y trajo 35 cabezas de ganado y algunos caballos y mulas. Cogieron el ganado de Oposura [municipio de Moctezuma, Sonora], o alrededores. Van y vienen en pequeños grupos todo el tiempo.

Ca-Chees [Cochise] ha ido a Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona] con toda su banda que no está robando en Sonora, o al menos me dijo que iba. Teme que el capitán Ewell le acuse de haber robado el ganado de la mina Patagonia [Santa Cruz County, Arizona], lo que sabía antes que yo. Cochise es un indio muy falso. A primera vista, un hombre pensaría que está inclinado a ser pacífico con los estadounidenses, pero está lejos de eso. Durante ocho meses le he visto y he llegado a la conclusión de que es el mayor mentiroso del territorio y mataría a un estadounidense por alguna nimiedad, siempre que pensara que no se descubriría. Teme a los soldados, y si no fuera culpable no tendría motivos. Creo que el jefe Es-co-nella es el único que es realmente amistoso con los estadounidenses; su banda no ha estado últimamente en ninguna expedición de saqueo.

La última vez que el jefe coyotero Francisco estuvo aquí, me preguntó si los estadounidenses iban a comprar o a tomar Sonora. Le dije que pensaba que lo harían. Luego quiso saber si los estadounidenses dejarían que los indios robaran en Sonora, y le respondí que prefería no pensar en ello. Luego, dijo que mientras viviera y tuviera un guerrero que le siguiera, lucharía contra Sonora, y no le importaba si los estadounidenses intentaban detenerlo, que lucharía hasta que lo mataran. Creo que decía la verdad.

James Henry Tevis“.

* El 18 de julio, Samuel Woodworth Cozzens, que escribiría el libro “The Marvellous Country; or, Three Years in Arizona and New Mexico, the Apaches’ Home”, viaja con unos amigos por el Río Grande, cerca de Valverde ([Socorro County, New Mexico]. En su libro diría: “Allí estaba acampada una familia de colonos que venía de Missouri, llamada Pennington, que se dirigía a Calabasas [Santa Cruz County, Arizona] para establecerse porque allí vivía un hijo suyo. ‘Que me aspen si no lo consigo’, dijo dando unos golpes a su rifle. Tenía otras siete hijas de entre 13 y 30 años.

Meses más tarde, estando en Tucson [Pima County, Arizona], llevaron a una mujer que había sido rescatada por una patrulla de soldados al mando del capitán Richard Stoddert Ewell. La llevaron a una fonda teniendo un aspecto tan lamentable que espero no volver a ver nunca más… La vi de nuevo horas después y, ante mi sorpresa, me reconoció hablándome de nuestro encuentro cerca de Valverde. Entonces caí en la cuenta de que era una de las hijas del viejo Pennington. Me dijo que se había casado con un hombre llamado Paige, viviendo cerca de Tubac [Santa Cruz County, Arizona].

La señora Paige estaba en casa con su padre cuando fueron atacados por los apaches que la capturaron junto a dos de sus hermanas. Por el camino, los apaches se toparon con el señor Paige y otros tres colonos, a los  que mataron. La señora Paige, que estaba enferma cuando la capturaron, no pudo seguir el ritmo de los apaches, recibiendo de éstos un golpe en la cabeza con una maza y, dándola por muerta, la tiraron a un barranco. Cuando recuperó el conocimiento… estuvo 16 días alimentándose de raíces y bayas, viendo a lo lejos su casa. ‘Era terrible estar muriéndome de hambre y de sed pero demasiado débil para pedir ayuda o para ir hasta allí’, dijo.

Aún sigue viviendo en Arizona o, al menos, allí vivía cuando la volví a ver dos años después. Jamás se volvió a saber de sus hermanas“.

En otro episodio, Cozzens cuenta la visita que hizo junto a unos amigos a Fort Buchanan (Santa Cruz County, Arizona), donde conocieron al capitán Richard Stoddert Ewell. Querían ver las minas de plata de las inmediaciones por lo que le pidieron que les acompañara. Salieron con Ewell y 10 soldados en dirección a la mina Patagonia [Santa Cruz County, Arizona], propiedad de Sylvester Mowrey. Cozzens relata: … Cuando llegamos la compañía estaba poniendo una maquina de vapor que había sido transportada por mulas desde Lavaca [Calhoun County, Texas], a una distancia de 2.253 km. También habían traído una caldera que pesaba casi 2722 kg de la misma manera, para gran terror de los apaches, que no se atrevían a acercarse a ella, creyendo que era un enorme cañón llevado allí para destruirles de una sola descarga… Poco después de mi visita, una banda de apaches se llevó todo  el ganado de la compañía, matando al superintendente y a varios mineros. Desde entonces la mina ha dejado de funcionar, la valiosa maquinaria está inservible, muchos de los edificios destruidos y la desolación y decadencia se ven por todas partes…

… A la mañana siguiente me levanté temprano por lo que salí a dar un paseo de unos 5 km para visitar un paso o cañón en las montañas, cuya belleza había oído hablar al capitán Ewell en varias ocasiones. Estaba a unos 3 km del campamento admirando la grandeza del paisaje montañoso, cuyos picos brillaban bajo los primeros rayos del sol, cuando oí el ruido de cascos de caballos sin herrar resonando en el suelo duro y pedregoso, como el galope lejano de un escuadrón de caballería. Al no detectar el ruido que hacen las herraduras de nuestros caballos, pensé de inmediato que se trataba de un grupo de indios. Escondiéndome rápido detrás de un grueso matorral, esperé conteniendo la respiración. No tuve que esperar mucho tiempo porque pronto vi acercarse a un grupo de ocho apaches, cada uno de ellos adornado con plumas de águila y adornos de latón.

Pasaron muy cerca de mí, tan cerca, que pude ver el rostro y los diferentes adornos que llevaba cada uno del grupo. No se oía otro sonido que los cascos de sus caballos, ni hablaron entre sí mientras permanecieron ante mi vista. Cada uno iba desnudo, salvo el taparrabos, llevando en la mano su conocida lanza, tan temida entre los colonos de Arizona. Cuatro de ellos llevaban en sus sillas colgando sendos rifles Mississippi, antiguos, de llave de chispa, pero muy efectivos en manos de los apaches. Sus caras y cuerpos estaban pintados de color bermellón, ocre y negro, y a medida que pasaban sentados, rectos y firmes como una roca sobre la parte trasera de su caballo, miraban constantemente a derecha y a izquierda, examinando cada arbusto y roca por si pudiera ocultar a un enemigo. Admiré su porte digno aunque bien sabía que si me descubrían solo podía esperar una muerte segura y rápida. Tengo que confesar que durante el tiempo que estuvieron ante mi vista no estuve más callado en toda mi vida.

Tan pronto como les perdí de vista, corrí hacia el campamento… el capitán Ewell salió inmediatamente con ocho de sus hombres, con la esperanza de alcanzarlos. Nos quedamos allí todo el día hasta que el capitán y su grupo no llegó hasta bien entrada la noche, sin haber podido alcanzar a los apaches que lograron esconderse tan pronto como llegaron a las montañas.

Los apaches, cuando están en una incursión o en el sendero de la guerra, solo hacen una comida al día, y descansan sólo tres horas diarias. Su disciplina cuando incursionan es impresionante, comparable a la de cualquier ejército civilizado, mientras que su capacidad para soportar las dificultades e incomodidades de una campaña es muy superior a la de los hombres blancos. Los indios que vi en mi paseo matutino eran, sin duda, apaches coyoteros, parte de la banda de Deligado [¿otro error de Cozzens? ¿Quién es Deligado? Igual se refiere a Delgadito pero éste no es un apache coyotero {White Mountain} sino chihenne o mimbreño].

En otro episodio, Cozzens cuenta: “… Cuando nos preparábamos para salir al día siguiente de la ciudad [Tucson], apareció un oficial del capitán Ewell… diciendo que el capitán había partido hacia el este, hasta las Dragoon Springs, una estación de la “Butterfield Overland Mail Company, situada en la ruta que íbamos a seguir y, que si quería, nos escoltaría. Con gran alegría aceptamos la proposición y a las 05:00 horas estábamos en camino. A nosotros se habían sumando 32 dragones y con los nuestros, eran seis carros, lo que daba al convoy una apariencia bastante imponente y respetable… el color purpura del aire de Arizona, aliviado solo por el claro humo azul de las hogueras de los indios, que ascendía perezosamente por las montañas que nos rodeaban. Era una imagen hermosa y agradable de contemplar, y fue entonces cuando oímos decir al capitán Ewell, no sin preocupación, por parte de uno de los exploradores, que había avistado un grupo de apaches a cierta distancia de donde nos encontrábamos.  Todos deseábamos tener un  encuentro con ellos para poder ver a los ‘valientes muchachos de azul’, que estaban con nosotros, cómo los sorprendían con sus nuevas carabinas Spencer.

El capitán Ewell dio, inmediatamente, orden de comenzar la persecución, y pronto 25 soldados estaban galopando sobre el duro y áspero terreno, con tanta intensidad que anunciaba una rápida victoria sobre los apaches, si lograban alcanzarles. Pronto llegamos a una leve elevación, donde pudimos ver claramente a los apaches a lo lejos, conduciendo un pequeño rebaño de ganado que, sin duda, habían robado a algún pobre ranchero, mientras que, aún muy atrás, los soldados estaban reduciendo rápidamente la distancia con ellos. La persecución fue muy emocionante, especialmente después de que vimos a los apaches abandonar sus reses y dirigirse a las montañas tan rápido como sus pequeños ponis les podían llevar. Pronto los perdimos de vista, aunque el capitán Ewell y sus muchachos continuaron la persecución, sin detenerse incluso a recoger el ganado que ahora estaba tranquilamente en la llanura.

Continuamos lentamente hacia el lugar donde habíamos previsto acampar, a donde llegamos a las 17:00 horas, contentos de ver el refugio que nos proporcionaban los muros de piedra y el techo de paja del corral de la “Butterfield Overland Mail Company”,  que nos había ofrecido amablemente su operario. No fue hasta las 10:00 horas de la mañana cuando oímos la corneta que anunciaba el regreso del capitán y su destacamento. Habían seguido a los apaches hasta las montañas pero habían perdido su pista; y aunque habían examinado a fondo el cañón, no encontraron ninguna huella. Trajeron el ganado, 13 mulas y nueve bueyes. Las reses estaban medio cojas y con heridas en sus pezuñas, demostrando que probablemente venían de muy lejos, quizá de Sonora o Chihuahua, y se dirigían a territorio apache. Ewell estaba enfadado por su fracaso diciendo: “Me da igual los apaches pero voy a averiguar donde han ido esos malditos jodidos”, asegurándonos que permanecería allí otro día para explorar el cañón, en el que habían desaparecido tan misteriosamente.

Cozzens, su amigo el Dr. Parker, y el criado Jimmy, se ofrecieron a acompañarles. “Aunque nos retiramos esa noche con la perspectiva de la siguiente aventura, no nos despertamos hasta que sonó la corneta por la mañana. Salimos temprano, 24 hombres, incluidos el Dr. Parker y yo. Recorrimos unos 9’5 km sobre una hermosa pradera ondulada, que se elevaba gradualmente hacia las montañas. El suelo estaba cubierto con hierba verde y hermosas flores, entremezclado ocasionalmente con pequeños cedros, cuyo verde oscuro contrastaba espléndidamente con el follaje más ligero de los robles que salpicaban el paisaje que nos rodeaba. De vez en cuando se veía una enorme roca, de color marrón obscuro que contrastaba con el entorno…. Pronto llegamos a la entrada del cañón en el que los apaches habían desaparecido misteriosamente el día anterior. Se notaba la quietud de la muerte; no se oía un ruido excepto las pisadas de nuestros caballos, o el ocasional ruido metálico del sable en su funda… El aspecto inseguro y sospechoso del desfiladero por donde teniamos que pasar, hizo que el capitán Ewell ordenase el alto antes de entrar en él. Envió a dos exploradores para examinar el terreno por si había señales de los apaches y ordenó a sus hombres que procediesen con la mayor cautela, manteniéndose alerta ante la posible presencia de los apaches. 

Al poco tiempo regresaron los exploradores indicando que no había señales de ellos, dando Ewell orden de avanzar con prudencia. Los exploradores iban ahora por delante, seguidos del capitán Ewell a la cabeza de sus hombres. Me había quedado atrás con el Dr. Parker y Jimmy… cuando de repente el aire se llenó de terribles gritos, acompañados por disparos aunque se oía la voz alta y clara del capitán Ewell gritando a sus hombres. Saltando sobre nuestros caballos, nos pusimos en marcha hacia la entrada del desfiladero pero antes de llegar, nos topamos con dos o tres soldados con la expresión tan asustada en los rostros que mostraban claramente que estaban tratando de huir tan rápido como la naturaleza del terreno lo permitiera. Les preguntamos precipitadadamente qué había pasado, y de sus incoherentes respuestas dedujimos lo siguiente. Estaban atravesando cautelosamente el paso… cuando de repente, oyeron por encima de ellos, el grito de guerra apache. Mirando hacia arriba, vieron una docena o más de grandes rocas que caían desde lo alto, con el evidentemente propósito de aplastarlos. Precipitadamente giraron sus caballos, espoleándolos para llegar lo más rápido posible a la boca del cañón. Dejando nuestras monturas a cargo de estos hombres, fuimos al cañón a pie. Al entrar en él, la situación era caótica. De vez en cuando caía una roca desde la parte superior, impactando contra la pared de enfrente, rebotando una y otra vez hasta caer finalmente al suelo con un tremendo impacto, haciendo que los soldados se pegaran a la pared sin pensar en sus caballos nada más que para protegerse tras ellos. El capitán Ewell, con unos 12 de sus hombres, estaba separado del resto por una gran roca lanzada desde arriba, que bloqueaba completamente el paso. Parecía que quería reagrupar a sus hombres en un intento de escalar las paredes casi perpendiculares, en cuya cima estaban los apaches, cuyos gritos resonaban a través del estrecho desfiladero, haciendo más confusa la situación. Varios hombres se esforzaban por liberar a dos de sus compañeros, quienes con sus caballos, estaban atrapados bajo las rocas lanzadas desde arriba. 

Todavía no habíamos visto a ningún apache cuando el Dr. Parker atisbó una cabeza asomando por el borde de una roca muy por encima de nosotros, y levantando su rifle, disparó casi sin apuntar. Vimos caer el cuerpo desnudo de un apache, con su arco aún firmemente agarrado en su mano. Mientras caía rebotaba una y otra vez contra las empinadas paredes, cayendo al suelo muy cerca de donde estábamos nosotros… Durante unos segundos estuvimos de pie viendo al capitán y a sus hombres subir por la empinada cuesta por lo que nos acercamos a ayudar a sacar los cuerpos difuntos de los soldados. Después de trabajar durante un par de horas, conseguimos recuperar los cuerpos que estaban bajo las rocas. Luego los colocamos con cuidado sobre unas parihuelas que sus compañeros habían hecho con sus rifles, llevándolos hasta la entrada del cañón donde los pusimos sobre la hierba para esperar la llegada del resto del destacamento que, con su capitán al frente, estaba recorriendo las rocas en un vano intento de alcanzar a los apaches. Después de muchos y repetidos intentos, los hombres consiguieron apartar parte de las rocas que impedían el paso, pudiendo sacar a sus caballos. Unas horas más tarde, el capitán Ewell y sus hombres regresaron agotados de su infructuosa búsqueda. Al llegar a la cima donde estaban los apaches habían encontrado toneladas de rocas apiladas, listas para ser tiradas y, junto a ellas a un apache herido, que uno de los hombres remató inmediatamente con su sable. El resto de la banda había desaparecido como si se los hubiera tragado la tierra.

Después de un breve descanso emprendimos la marcha hacia el campamento situado en las Dragoon Springs [Cochise County, Arizona], llevando los soldados los cadáveres de sus dos compañeros, llegando bien entrada la noche. El capitán ordenó inmediatamente a cuatro hombres que cavasen una fosa en un pequeño promontorio que estaba en las cercanías, y los cuerpos de Wilbur Carver y Charles Tucker fueron envueltos en sus mantas y depositados en sus estrechas paredes… Esa noche nos retiramos contentos con poder descansar después de la fatiga y las emociones de ese día, y satisfechos con la ilusión de haber perseguido a los  apaches hasta su fortaleza natal con la caballería regular. Estábamos envueltos en nuestras mantas y disfrutando de un estimulante sueño cuando fuimos despertados por los chillidos de por lo menos, 10.000 demonios. En un instante nos dimos cuenta de que los apaches estaban provocando una estampida pues sus gritos iban acompañados por el campanilleo de viejos cencerros, del relincho de caballos, del rebuzno de mulas y del mugido de aterrorizadas reses, todo mezclado con la descarga de armas de fuego y el grito de los hombres, para formar una escena tan confusa como sea posible imaginar. Por supuesto que no podíamos hacer nada más que esperar y eso es lo que hicimos, hasta que desapareció todo el jaleo.

Al poco, la voz del capitán Ewell se oyó en la puerta del corral, diciéndonos que los apaches habían espantado el ganado, y que iba a coger algunas monturas para perseguirles.  Cogió cinco y volvió al campamento, mientras que nosotros volvimos a acostarnos esperando la luz del día antes de aventurarnos a cruzar la puerta que nos había brindado tan perfecta protección… Tan pronto como hubo suficiente luz, fuimos al campamento para ver cómo estaba la situación. Los apaches habían logrado soltar a todos los animales del capitán Ewell, excepto a diez, junto al ganado recuperado el día anterior, haciendo un total de casi 50 cabezas. Ewell había salido tras ellos con 15 hombres. Por supuesto, había varias versiones sobre cuántos apaches eran, diciendo unos que eran 50, y otros que  no eran más que 10… Los apaches son sin duda los ladrones más hábiles, consiguiendo llevarse  los caballos y el ganado antes los mismos ojos de sus propietarios de la forma más inexplicable, y sin que les vean. Para ello, a veces se ven obligados a avanzar arrastrándose durante un kilómetro o más a través de la hierba alta. Después de llegar al animal, silenciosamente lo desatan de su estaca y sigilosamente se ponen de costado, se aferran a su cuello con sus brazos, tapando su cuerpo, de modo que el animal forma un escudo entre ellos y el dueño. Avanzan así hasta estar lejos del alcance del rifle, y luego galopando, pronto se les pierde de vista, dejando al dueño preguntándose dónde habrá ido el animal tan repentinamente.

Cuando quieren provocar una estampida, primero capturan al líder de la manada, y luego con gritos y ruidos aterrorizan y confunden a los otros animales que todos, no dudan en seguir al líder, que lleva sobre él al más atrevido y experto ladrón del grupo… Eran casi las 22:00 horas cuando el capitán Ewell regresó de su infructuosa persecución. Tuvieron que esperar varias horas a que el agua de la fuerte tormenta que había caído bajase por un cauce seco, retrasándoles y permitiendo a los apaches eludir con éxito a sus perseguidores, aunque tuvieron que dejar el ganado atrás…  y pocas semanas después, tuvo la oportunidad de dar a los apaches un fuerte correctivo, en la Puerta del Curcuco, cerca del rancho Buseni, en las Santa Rita Mountains [Pima y Santa Cruz County, Arizona], donde no menos de 16 de aquellos pícaros ladrones acabaron muertos“.

Cozzens, el Dr. Parker y Jimmy, se dirigieron a la estación de la “Butterfield Overland Mail Company” en Apache Pass donde estaba Cochise. “Nos enteramos que Cochise y sus cinco guerreros habían regresado esa mañana después de una ausencia de tres días. Por ello y por su peculiar expresión cuando le preguntamos por los apaches que habían provocado la estampida, nos llevó a creer que él y su grupo estaban con los apaches que habían ‘visitado’ el campamento en las Dragoon Springs. Por supuesto, sólo podíamos hacer conjeturas ya que no teníamos más pruebas que las insatisfactorias respuestas a nuestras preguntas sobre su paradero durante su ausencia. Pero ¿alguien ha recibido una respuesta satisfactoria por parte de un apache a cualquier pregunta? Pasamos la noche en Apache Pass, con la intención de llegar al día siguiente a la estación de correo de San Simón [Cochise County, Arizona], donde esperábamos acampar… Mientras estábamos allí nos enteramos de que sólo dos días antes, un pequeño grupo de apaches había asaltado las cuadras de la estación, y robado dos de las mulas, para disgusto del encargado de la estación y de sus ayudantes, no pudiendo alcanzarlos. Se habían dirigido hacia el Stein’s Peak, lugar por donde teníamos que pasar. Habían visto señales de su presencia por los alrededores durante el día por lo que tuvimos que permanecer, a regañadientes, durante un tiempo en la estación, para nuestra propia seguridad y para dar a nuestros animales una generosa ración de grama [planta forrajera muy olorosa de la familia de las gramíneas] que les gustaba mucho… El encargado de la estación, sin embargo, pronto descubrió un grupo de cinco apaches, galopando tan rápido como podían sus ponis en dirección a dos vaqueros llevando ganado camino de la estación, y que estaban a punto de alcanzarla. Cuando las reses quedaron a buen recaudo, todos entramos en el edificio esperando a ver qué pasaba.

Pronto nos dimos cuenta que los apaches no tenían ninguna intención de atacarnos sino que su objetivo era simplemente llevarse alguna res ya que se detuvieron a casi 800 metros de la estación, aparentemente para deliberar sentados en sus ponis. Teniendo a mano una de las carabinas Sharp, la cargué y elevando el alza, apunté a uno de los cinco apaches, que estaban muy juntos, y disparé. No tenía la más mínima esperanza de dar a uno de ellos pero, para mi sorpresa, vi a uno caer de su silla, mientras los hombres que estaban a mi alrededor daban un grito de jubilo por el éxito de mi disparo, que a oídos de los apaches debió sonar como un grito de desafío. El ruidoso trueno de Arizona retumbando a través de aquel cielo, hermoso y despejado, no habría dejado a los apaches más asombrados que el resultado de mi disparo. Evidentemente pensaron que estaban lejos del alcance de los rifles Evidentemente, que se encontraban lejos del alcance de los rifles, y tan seguros como si hubieran estado a kilómetros de distancia. Un instante después de que su compañero mordiera el polvo, se dispersaron en todas direcciones, pero en cuanto no oyeron más disparos, pronto se juntaron y dos de ellos cabalgaron apresuradamente al lugar donde estaba el apache muerto. Inclinándose desde sus sillas, cogieron su cuerpo y poniéndolo sobre uno de sus ponis, se alejaron al galope… 

… Hasta que llegó la diligencia por el Este diciendo que habían sido atacados por un grupo de apaches en el Doubtful Canyon [Cochise County, Arizona, e Hidalgo County, New Mexico], y que el responsable, que iba sentado con el conductor, había resultado malherido. Evidentemente, el plan era matarlos a los dos pero habían fallado debido a la oscuridad. Mashon, el responsable, tenía una grave herida de flecha en un costado, que vendamos tan bien como pudimos con los pocos medios que teníamos a mano y, tras ensillar nuestras mulas, nos pusimos en marcha cuanto antes, sabiendo que los apaches,  temiendo ser perseguidos, abandonarían las cercanías del cañón durante un día o dos, dirigiéndose a otro lugarregresamos a la estación del Stein’s Peak [Hidalgo County, New Mexico]. Allí nos enteramos de que no estábamos fuera de peligro, pues sólo una semana antes los apaches habían atacado la ‘Barney Station’ [Hidalgo County, New Mexico], a pocos kilómetros al sur, matando a uno de los  vaqueros y robando varias mulas de la compañía.

De allí, Cozzens, el Dr.Parker y Jimmy se dirigieron a Mesilla [Doña Ana County, New Mexico]. “Poco después de nuestra llegada, me estaba esperando un tal Sr. White, de Philadelphia, quien me informó que recientemente había sido nombrado proveedor de suministros en Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona], y habiéndose enterado de que yo acababa de estar allí, quería saber el estado de los caminos,  como era el  territorio, si era probable encontrarse con indios, etc. Dijo que iba acompañado de su esposa y su bebé… Era casi el mediodía del día siguiente cuando partieron, acompañándolos el Dr. Parker y yo durante unos cuantos kilómetros, dejándolos que siguieran su tedioso viaje alrededor de las 15:00 horas  mientras que nosotros regresábamos… A la mañana temprano nos despertó el sonido del gran tambor que golpeaban en la plaza. Como eso sólo ocurría para que los habitantes cogieran sus armas, me levanté y me vestí a toda prisa, dirigiéndome a la plaza donde estaban reunidos una docena de mexicanos, escuchando la historia de un par de rancheros que acababan de llegar de las Mimbres Mountains [Grant & Sierra Counties, New Mexico]. Dijeron que alrededor de la medianoche, mientras venían de su rancho, habían encontrado los cadáveres de dos hombres, uno estadounidense, el otro mexicano, tendidos junto al camino, sin cabelleras, y a poca distancia de ellos, los restos de una carreta y una hoguera todavía ardiendo. Al borde del camino estaba esparcido el contenido de varios baúles rotos, y las señales de la  masacre eran visibles por todas partes. Los rancheros habían traído algunas cosas que pudieron coger, que yo reconocí de inmediato como pertenecientes al señor White. Los hombres no encontraron ningún cuerpo más lo que indicaba que los apaches se habían llevado a la señora White, a su bebé, y a su criada.

Pedí al alcalde, que acababa de llegar, que siguieran tocando el tambor durante un rato, mientras yo fui a caballo hasta el cercano Fort Fillmore para informar de lo ocurrido. Antes de llegar me encontré con el teniente Howland, del 1º de Dragones, al que informé de los hechos, diciéndome que tan pronto como fuera posible, enviaría un destacamento de Dragones para perseguirlos. Volví a Mesilla encontrando a unos 50 mexicanos reunidos en la plaza con sus caballos y rifles, listos para salir de inmediato en busca de los apaches, y sabiendo que los soldados tardarían cierto tiempo en partir, tanto el Dr. Parker como yo, así como media docena de estadounidenses allí presentes, nos ofrecimos voluntarios para ir con el grupo, e insistimos tan intensamente en la necesidad de salir de inmediato, que el capitán Pardilla, comandante de la fuerza mexicana, dio las órdenes necesarias, partiendo, acompañados por Jesús Armijo y Manuel Chaves, dos de los más famosos exploradores mexicanos del territorio. Tras dos horas y media de viaje, llegamos al lugar de la masacre. Los cuerpos del señor White y su sirviente, el primero medio devorado por los lobos, yacían junto al camino acribillados por gran cantidad de flechas y terriblemente mutilados, mientras que por todas partes había visibles rastros de que los dos hombres habían hecho desesperados esfuerzos para rechazar el ataque.

Pasamos en el lugar sólo el tiempo suficiente para enterrar decentemente los cuerpos determinando los guías, que habían estado reconociendo a fondo el terreno en las inmediaciones del lugar de la masacre, que el grupo estaba formado por 15 apaches; que la señora White, su bebé y la criada, estaban con ellos; y que todo el grupo se había ido hacia el sur, a la parte mexicana de las Florida Mountains, en Chihuahua… El rastro pronto nos llevó a un cañón en las montañas, el cual seguimos, y justo con la primera luz del día llegamos a un lugar donde, por el gran numero de huellas que se veían, era evidente que los apaches se habían detenido unas pocas horas antes.

Mientras dejábamos beber a nuestros caballos en un pequeño manantial que burbujeaba bajo una enorme roca cercana, uno de los mexicanos vino corriendo con el cadáver del bebé de la señora White que había encontrado tras un pequeño arbusto cerca del manantial, alanceado una docena de veces con lanzas por los apaches. Era una visión escalofriante. El cuerpo desnudo del niño, con sus abiertas y feas heridas, silenciosa pero elocuentemente apelaba a cada destello de hombría que tuviéramos para que le vengáramos… Tras dos horas de duro cabalgar… nuestros guías señalaron una delgada columna de humo, ascendiendo a lo lejos, entre una serie de bajos picachos, que parecían formar parte de la sierra de la Florida… partieron los exploradores… para reconocer el campamento de los apaches… Allí pasamos las horas que transcurrieron lentamente hasta que llegó uno de los exploradores cuando la tarde estaba muy avanzada diciendo que los apaches habían encendido un nuevo fuego en el mismo lugar donde lo habíamos visto por la mañana, lo que parecía indicar que tenían intención de acampar allí esa noche.

Casi oscurecía cuando regresaron los dos exploradores informando que había 12 apaches en el campamento, a unos 6’5 km de distancia. Los habían visto bien y también a la señora White y a su criada que, agotadas por el terrible viaje, aparentemente estaban dormidas. No esperaban ningún problema en rescatarlas pero pensaron que era más seguro no intentarlo hasta más tarde, bien entrada la noche, cuando sería más probable encontrar a los apaches dormidos… Nuestro grupo debía dividirse para poder rodear a los apaches, y así impedir su huida. Debíamos tomar posiciones a los lados de las colinas que rodeaban su campamento y a una señal dada, el canto de un chotacabras repetido dos veces, cada hombre debía seleccionar un apache y disparar, deseando que al esperar hasta las últimas horas de la noche, la luna iluminaría directamente su campamento, permitiéndonos ver mejor.

No habiendo llegado los soldados, montamos nuestros caballos a eso de las 21:00 horas, y a 1’5 km más o menos de su campamento desmontamos, dejando nuestros caballos con seis hombres, para hacerse cargo de ellos. El grupo se separó en dos, uno a cargo de Manuel Chaves, dando un gran rodeo para llegar al lado opuesto del campamento, mientras que el resto íbamos con Jesús Armijo, con la indicación de esperar la señal de Chaves. Rápidamente y en silencio, nos dirigimos a los picachos tras los cuales estaban acampados los apaches. Nadie hablaba, no se oía ni siquiera el ruido de nuestras pisadas. De vez en cuando, cuando oíamos a Armijo soltar un rápido y agudo ‘Chisss’ nos parábamos para oír lo que decía en susurros, que anduviéramos con cuidado o que tomáramos una determinada dirección… y finalmente, el campamento con sus ocupantes estaba ante nosotros… Gracias a la clara luz de la luna pudimos contar hasta nueve cuerpos acostados. Otros dos estaban agachados sobre las brasas del fuego, envueltos en sus mantas alrededor de sus hombros, para protegerse del frío de la noche, pero no pudimos ver a las cautivas.

¿Dónde podían estar? Armijo, anticipándose a nuestra pregunta, señaló silenciosamente a un frondoso grupo de pinos, a poca distancia del fuego, y antes de bajar su mano, como si él mismo respondiera a la pregunta, un apache desnudo surgió a la brillante luz de la luna de ese grupo de pinos, e inclinando la cabeza en actitud de escucha, dirigió su mirada alrededor del campamento. Instintivamente nos llevamos nuestro rifle al hombro pero Armijo, con un gesto, nos impidió disparar contra el espléndido blanco que estaba ante nosotros, y el apache desapareció entre las sombras de los pinos otra vez… … Por fin, desde la colina que estaba al otro lado del campamento, oímos el canto de un chotacabras, tan natural y veraz que nos pareció de verdad. Pero un instante después, oímos el chasquido agudo del rifle de Armijo y nos preguntamos si sería la señal de Chaves. ¿La repetirá? Con la emoción del momento casi olvidamos respirar. Cada sentido estaba alerta. Se oyó otra vez…  Y ahora la respuesta vino de los labios de Armijo, para volver a oirse en las rocas de enfrente y entonces, la rápida descarga de 20 rifles perturbó la quietud de la noche. 

En un instante los lados de la colina parecían revivir al llenarse de hombres. Con el sonido de las rocas cayendo, el ruido de los hombres que tropezaban, y los gritos de excitación de los mexicanos, los apaches, aún medio dormidos, emitieron un débil grito de desafío, viendo tres o cuatro formas obscuras que se levantaban del suelo yendo rápidamente hacia el bosque. Corrimos en tropel hacia el campamento, empujándonos a toda prisa camino de la espesura de pinos, en la que esperábamos encontrar a las cautivas… Podíamos distinguir sus siluetas incluso a través de la profunda obscuridad de los pinos… En el suelo yacían los cuerpos de la señora White y su criada mexicana, con una docena de heridas, de las que salía la vital sangre que disminuía rápidamente. Ambas estaban muertas, aunque los cuerpos aún calientes evidenciaban el triste hecho de que los disparos de nuestros rifles habían dictado su sentencia de muerte.

Encontramos muertos a siete apaches en el campamento. El resto había huido sin saber a dónde, dejando todo detrás de ellos. Parte de nuestro grupo se apoderó de los animales, 19 en total, cargándolos con todo el botín del campamento, incluyendo todo lo robado a la señora White. Hicimos un par de parihuelas con unas mantas y unas pértigas donde pusimos los cuerpos para emprender el regreso. Bajo las sombras de las frías y grises rocas de las montañas de la Florida… enterramos los cuerpos de la señora White y su criada… Casi un año después, un amigo de Tucson [Pima County, Arizona] me envió una parte de un pequeño reloj que tenía un apache recientemente capturado que llevaba el nombre de E. J. White“).

* El 21 de julio, unos jóvenes chokonen roban 11 cabezas de ganado de la empresa minera de Arizona “Sonora Exploring and Mining Company” pero Cochise envía los animales al capitán Richard Stoddert Ewell en Fort Buchanan (Santa Cruz County, Arizona) como prueba de buena voluntad de mantener relaciones amistosas con los americanos. (Merejildo Grijalva, el indio ópata cautivo de los apaches, es uno de los que devuelven el ganado.

Charles Debrille Poston, llamado el “padre de Arizona”, y que era gerente de esa empresa minera declaró: Los apaches no nos habían dado, hasta ahora, ningún problema; al contrario, veían pasar nuestras manadas, pasando durante cientos de kilómetros hacia México, donde hacían sus incursiones,  en vez de romper su amistad. . . con los norteamericanos“).

* En agosto, el Agente Indio, Dr. Michael Steck realiza su informe anual en el que indica la reducción del número de chiricahuas. (Las enfermedades han hecho que los chihennes y bedonkohes pasen de 400 a 150 familias. Menciona que la campaña de Bonneville obligó a los apaches a ir a México donde sufrieron el envenenamiento de sus raciones por lo que recomienda establecer una reserva en Santa Lucia Springs [luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]). 

* El 15 de agosto, Samuel Woodworth Cozzens, juez del primer distrito judicial en Arizona, visita Apache Pass (Cochise County, Arizona) para investigar las acciones de James Henry Tevis, el encargado de la estación de la Butterfield Overland Mail Company”. (En una carta, Cozzens escribió que Cochise no estaba presente pero Esquinaline y los suyos sí. Merejildo Grijalva abandona a los apaches y parte para La Mesilla donde se reúne allí con Steck, trabajando los dos en la Agencia India de Fort Thorn [cerca de la actual Hatch, Doña Ana County, New Mexico]. Fort Thorn fue evacuado por los militares en marzo pero la oficina de Steck permaneció allí).

* En octubre, Cochise y su gente están en, lo que hoy es, Cochise Canyon, en las Chiricahua Mountains (Cochise County, Arizona). 

* El 29 de octubre, el Agente Indio, Dr. Michael Steck reparte raciones a 800 bedonkohes y chihennes en las Burro Mountains (Grant County, New Mexico).

* El 6 de noviembre, Steck reparte raciones a unos 400 apaches en Apache Pass, yéndose a continuación a San Simón (San Simon, Cochise County, Arizona) para hacer lo mismo con Cochise y otros chokonen.

* El 13 de noviembre, 2.500 apaches White Mountain reciben raciones en Pueblo Viejo, o Solomonville ([Graham County, Arizona]. El estado de su agricultura le impresionó, e inmediatamente informó a James L. Collins, Superintendente de Asuntos Indios en New Mexico, de que los apaches White Mountain podían hacerse totalmente autosuficientes si se les daba herramientas, ubicados en una reserva, y obligados a permanecer allí. Pero la presencia de 200 apaches Pinal en la reunión le llenó de dudas. Steck consideró que las tropas militares en New Mexico eran insuficientes para conseguir que los apaches White Mountain se establecieran. Por lo tanto, recomendó el establecimiento de un puesto en el San Simon Valley, cerca del río Gila. También aconsejó evitar cualquier expedición militar, argumentando que causaría represalias contra los asentamientos de los colonos.

* En el otoño, el capitán Isaac V. D. Reeve ataca un poblado de los apaches Pinal (Pinal County, al norte del río Gila, Arizona) matando a algunos hombres y capturando a 43 mujeres y niños.

* Durante los meses de invierno, se producen tensiones entre los chiricahuas, al cruzar a lo largo de la frontera para incursionar en México y los colonos, por la llegada masiva de éstos.

1860

Este año, Samuel Woodworth Cozzens, que escribiría el libro “The Marvellous Country; or, Three Years in Arizona and New Mexico, the Apaches’ Home”, viaja al territorio de los hopis con su amigo el Dr. Parker, con su criado Jimmy y con Rafael Orrantia como guía. (Estando con los hopis, dos de ellos trajeron a un estadounidense que habían encontrado. Era alto, robusto, de aspecto ojeroso, de unos 60 años de edad, con una larga barba blanca que caía sobre su pecho hasta casi la cintura. No llevaba chaqueta ni chaleco, mientras que, con un pañuelo alrededor de su cabeza, y su camisa cubierta de sangre, parecía un loco o un salvaje. Nada más verlos dio un salto hacia adelante, y agarrando sus manos, exclamó, con lágrimas corriendo por sus mejillas, dijo:¡Gracias a Dios, amigos, por fin!“. Presentaba un aspecto cansado y famélico y tenía una fea herida de flecha en el hombro derecho. Después de que el Dr. Parker le curarse como mejor pudo, contó su historia: “Se llamaba Parley Stewart y era de Missouri. Había salido de su casa dos meses antes, con el propósito de ir a Los Ángeles [California], por la ruta del paralelo 35. Cerca de Los Ángeles vivía un hijo suyo, cuya esposa e hijo iban con él, al igual que su propia esposa y otros seis hijos, el menor una niña de 13 años de edad; formando el grupo un  total de 10 personas: cuatro hombres adultos, y seis mujeres y niños. Llevaban sus enseres en cuatro carretas, tirada por dos mulas cada una… Acamparon en el río Little Colorado [Arizona]. … Durante el día, dos de los hijos fueron a cazar, volviendo con su presa antes del anochecer sin ver ningún rastro hostil… Aquella noche, el señor Stewart… se retiró a descansar de nuevo. No sabía cuánto tiempo había estado durmiendo pero el terrible grito de guerra de los apaches le despertó de su letargo.

Poniéndose en pie de un salto, cogieron sus rifles, inconscientes de por dónde les venía el peligro que les amenazaba, apesar de que habían recibido una lluvia de flechas que, en su fatal y bien dirigido objetivo, habían matado a la señora Stewart y dos de sus hijos, y a la nuera con su hijo… otra lluvia de flechas… cayó matando a otra hija. Stewart y su segundo hijo, que hasta ahora habían salido indemnes, estaban utilizando sus rifles y revólveres, aunque disparando totalmente al azar porque hasta entonces no habían visto a ningún apache. Viendo que el fuego de la hoguera del campamento impedía distinguir cualquier objeto más allá de las inmediaciones, mientras que al mismo tiempo permitía a los apaches ver claramente cada movimiento que se producía en el interior, Stewart ordenó a su hijo que lo apagase si podía. Eso hizo apartando las ramas que estaban ardiendo pero entonces se oyó el disparo de un rifle, y el hijo, gritando dijo: “¡Padre, me han matado!“, cayendo muerto sobre las brasas de la hoguera, de donde le sacó una de sus hermanas arrastrándole. Stewart declaró que en el momento en que escuchó el disparo y vio caer a su hijo, renunció a toda esperanza, diciendo a sus hijas que se escondiesen en el agua, en la orilla del río que estaba a pocos metros de distancia, y que en seguida iría con ellas. Disparó toda la munición del revólver de su hijo sobre los apaches y abandonó el campamento, sin embargo, antes recibió un flechazo en uno de sus hombros. Tan pronto como pudo se refugió en el río, donde esperaba encontrarse con sus hijas.

Al llegar al río no las encontró, escondiéndose apresuradamente lo mejor que pudo en el agua, y estando allí, vio y oyó a los apaches que lo buscaban por todas partes. Sin embargo, pudo eludirlos y tras esperar una o dos horas, se aventuró a reanudar la búsqueda de sus hijas, haciéndolo con la mayor prudencia, sin atreverse a llamarlas, por miedo a que los apaches que había visto saqueando y destruyendo su campamento le oyeran. Contó, al menos 20 de esos demonios en su misión de destrucción pero no pudo ver ni oír a sus hijas. Siguió con calma y cautela la búsqueda, esperando hasta que los apaches hubieran destruido todo y desaparecer rumbo al sur. Entonces se acercó cuidadosamente al lugar donde estaba con su familia al atardecer… ¡Qué vista encontró su horrorizada mirada! Sobre un gran fuego yacían los cuerpos desnudos de su mujer y de seis niños, sin cabelleras, convirtiéndose en cenizas por efecto de las llamas alimentadas por las tablas de las carretas que los apaches habían echado a la hoguera, aparentemente con el propósito de aumentar la intensidad y potencia de las llamas. La visión lo dejó destrozado… Sin hijos, sin esposa, sin hogar, y con el corazón roto, el viejo volvió a buscar a sus dos hijas restantes, pero no halló rastro de ellas… Siguiendo un camino que supuso le llevaría al territorio hopi, abandonó el valle para siempre“. Después lo encontraron los hopi.

Cozzens, el Dr. Parker, Jimmy, Rafael Orrantia, y ahora Pasley Stewart, se dirigieron a La Mesilla [Doña Ana County, New Mexico]. En el camino encontraron a Sam Bean, explorador del coronel Benjamin Louis Eulalie de Bonneville, comandante del Departamento de New Mexico, que estaba siguiendo el rastro de una banda de apaches White Mountain. Se unió al grupo y siguieron camino hasta que llegó la hora de acampar. De repente, Stewart, que estaba mirando a la obscuridad, disparó diciendo: “Un demonio menos“.

¿Qué quiere decir, viejo tonto, disparando así? Si su cabellera no le importa puede haber hombres que sí“, dijo el explorador

Lo he matado“, dijo Stewart con brusquedad.

¿A qué se refiere?“, preguntó el explorador.

Al indio que está allí“.

Allí no hay ningún indio y, si lo hubiera habido, lo lógico es que no lo hubiera visto porque está muy obscuro“.

Pero le vi y le disparé“, dijo Stewart. “Venga conmigo y véalo“. Y los dos desaparecieron en la obscuridad. 

Regresaron en unos instantes, Stewart con la cabellera ensangrentada de un apache que, tras enseñarla, la ató en su cinturón. Poco después cayó una lluvia de flechas alrededor de ellos sin darles, disparando sus armas hacia la obscuridad. Esto se repitió varias veces entre los rebuznos de las mulas y los relinchos de los caballos hasta que llegó el amanecer, apareciendo Stewart con cinco cabelleras apaches. También dos de sus animales estaban heridos levemente por impactos de flechas y, entre los matorrales cercanos al campamento, encontraron siete cadáveres y tres caballos. Después de desayunar, San Bean partió y el resto tomó el camino de Fort Craig [Socorro County, New Mexico] donde Stewart falleció).

* En enero y febrero, el Agente Indio, Dr. Michael Steck reparte raciones a dos bandas apaches en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico).

* Al final del invierno, el jefe apache chokonen Cochise lidera una partida de unos 100 guerreros en Sonora. (Durante ese tiempo, incursionan por el sureste de Ures, en Soyopa, Tonichi, Sahuaripa y Alamos, matando a unas 50 personas).

* El 10 de marzo, el Agente Indio, Dr. Michael Steck informa de las malas condiciones en que se encuentran los apaches chihennes o mimbreños. (Analiza la irresponsable invasión de los norteamericanos quienes tienen una insaciable hambre de tierras, oro, plata y cobre).      

* En marzo, una banda apache nednai incursiona en La Mesilla siendo perseguidos por los vigilantes por el oeste de las Florida Mountains (Luna County, New Mexico) hasta el sur de la Laguna Guzmán (municipio de Ahumada, Chihuahua) donde localizan una ranchería con unos 380 apaches dirigidos probablemente por el jefe nednai, Juh. (Algunas depredaciones de menor importancia tienen lugar en los meses siguientes. Los norteamericanos residentes a lo largo del Río Grande y del río Mimbres [New Mexico] se sienten amenazados por los apaches).

* El 18 de mayo, un grupo de Mesilla (Doña Ana County, New Mexico) descubre oro en la cordillera de Pinos Altos (Grant County, New Mexico), al noroeste de las minas de cobre de Santa Rita del Cobre ([Grant County, New Mexico]. Para el mes de agosto había 700 buscadores por los arroyos de la nueva población de Pinos Altos. Mangas Coloradas dijo a su gente que evitara a los mineros en la medida de lo posible. Gerónimo a menudo subía los más de 2.000 metros de altura de las crestas y cumbres boscosas de Pinos Altos, que estaban al oeste de su lugar de nacimiento, pero que no tenían el terreno tan abrupto como las Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico] más al norte y con refugios más seguros para ellos. En mayo, el agente Michael Steck, de permiso en Washington, llegó a un acuerdo con el Comisionado de los Asuntos Indios para establecer una reserva en el alto Gila para los apaches bedonkohes y chihennes o mimbreños. La reserva tendría un cuadrado de 24 km a cada lado, situado en la esquina sureste de Santa Lucia Springs [luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]. El Comisionado pidió a la Oficina General de Tierras de los Estados Unidos que instruyera al inspector general de New Mexico a que fijara los nuevos límites. En julio, el Superintendente de Asuntos Indios de New Mexico, James L. Collins, temía que la nueva reserva entrara en conflicto con los recién llegados mineros, y para evitarlo estaba el nuevo puesto militar que se estableció al pie de las Burro Mountains [Grant County, New Mexico] para proteger a los apaches de los mineros [Un gran número de cabañas bautizadas como Fort Floyd pronto surgió, siendo más tarde nombrado Fort McLane, que duró sólo tres años]. Las preocupaciones de Collins rápidamente aumentaron cuando un grupo de estadounidenses se establecieron en el río Gila, dentro de la reserva, con intención de fundar una ciudad y cultivar el terreno para vender alimentos a los mineros. Comprometido con la reserva, el gobierno estadounidense se negó e instruyó a Collins para que echara a los intrusos.

El mundo de los apaches se acercaba a un gran cambio. Ellos no lo sabían pero en noviembre los estadounidenses eligieron a un nuevo presidente, Abraham Lincoln. Casi de inmediato, algunos de los estados del sur comenzaron a separarse de la Unión. Les siguieron más, y en abril de 1861 comenzó la Guerra Civil entre el Norte y el Sur. Aunque muy lejos, los chiricahuas experimentarían las consecuencias de los estadounidenses luchando entre sí. Desde 1849, cada vez más estadounidenses habían pasado por la ruta del sur hacia California. El camino rozaba el borde sur del territorio chihenne de Mangas Coloradas, pero no perturbó seriamente a los apaches. Al oeste, había un paso que daba a un promontorio montañoso, el Stein’s Peak. Atravesando ese paso, se llegaba por el sur a las Peloncillo Mountains [Hidalgo County, New Mexico], una larga serie de montañas serpenteando al noroeste desde México hacia el suroeste de New Mexico y el territorio del río Gila, en Arizona. Estas cadenas montañosas jugarían un papel importante en la historia de los chiricahuas. Después de superar el Stein’s Peak, los emigrantes iban por el camino que descendía por una larga pendiente hacia el San Simon Valley, teniendo al oeste las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona]. En estas montañas, más largo y tortuoso que el Stein’s Peak estaba el Apache Pass, abriéndose al oeste hasta el valle de Sulphur Springs, separando las Chiricahua de las Dragoon Mountains. Esas montañas y valles son el territorio de los chokonen de Cochise. La “Cochise’s Stronghold”, situada entre las Dragoon Mountains, proporcionaron una base inaccesible para el líder apache. En 1858, la “Butterfield Overland Mail” comenzó a enviar diligencias de Saint Luis a San Francisco. Los cocheros tuvieron que pasar a través de Apache Pass. La compañía puso una estación en el paso, y Cochise rápidamente se hizo amigo de los trabajadores, incluso suministrándoles leña).

* El 20 de mayo, una banda chihenne ataca unos carros cerca de Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) matando a cinco mexicanos y llevándose 24 mulas.

* El 29 de mayo, los chihennes atacan a 30 rancheros mexicanos y norteamericanos cerca de Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico).

* En primavera o verano, el jefe apache chihenne Mangas Coloradas acude a Pinos Altos (Grant County, New Mexico) para entablar conversaciones de paz con los mineros quienes (según algunos historiadores) le atan a un árbol y le azotan.

* El 12 de junio, algunos chokonen, habiendo dejado Apache Pass (Cochise County, Arizona) solicitan la paz en Janos (Chihuahua). José María Zuloaga, intenta arreglar la paz con el permiso del gobernador de Chihuahua.

* Durante el verano y el otoño, Cochise permanece en Apache Pass ([Cochise County, Arizona]. Otros chokonen están en México. Los apaches están desencantados por el poco apoyo recibido de los norteamericanos. Mientras, Delgadito sale hacia México y Victorio está a lo largo de la frontera con Chihuahua en áreas como Tres Hermanas y Alamo Hueco. Mangas Coloradas permanece en New Mexico. Mientras Michael Steck comienza a diseñar su propuesta de reserva en Santa Lucia Springs [luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]).

* El 16 de septiembre, el ejército de los Estados Unidos establece un puesto militar, Fort McLane, alrededor de 32 km al sur de Pinos Altos ([Grant County, New Mexico]. Durante este periodo, aumentan las dificultades en las relaciones entre los chiricahuas y los norteamericanos).

* En otoño, unos 30 mexicanos llegan a Tubac (Santa Cruz County, Arizonza) informando que los apaches habían destruido sus ranchos en México y que estaban regresando a sus territorios de Arizona, por un paso del río Santa Cruz, a pocos kilómetros, aguas abajo de Tubac. (Los mexicanos pidieron a los habitantes de Tubac que les ayudasen a realizar una emboscada a los apaches, prometiéndoles a cambio darles la mitad de los 300 caballos y mulas que los incursores habían robado y que se llevaban hacia el norte. Charles Debrille Poston, gerente de la empresa minera “Sonora Exploring and Mining Company” no permitió que sus hombres participaran en ella. Los mexicanos fueron a unos 20 km al norte de Canoa [Canoa Ranch, Pima County, Arizona], sede de una empresa de leñadores. Ellos talaban madera en las cercanas Santa Rita Mountains [Pima & Santa Cruz Counties, Arizona] y siempre necesitaban más caballos y mulas. Los mexicanos hicieron a los madereros la misma oferta y éstos aceptaron. La emboscada tuvo éxito sufriendo los apaches un tiroteo cruzado y mortal, abandonando el ganado robado).

* El 27 de septiembre, Mangas Coloradas y Cochise toman represalias contra los mineros, entablándose algunos combates. (Los apaches atacaron una caravana de colonos que se dirigía a California, matando a 16 personas, quemando los carros y llevándose 400 reses y 600 ovejas.

Charles Debrille Poston escribió: Estábamos pasando el habitual tranquilo domingo en Tubac [Santa Cruz County, Arizonza], cuando un vaquero mexicano entró galopando frenéticamente en la plaza gritando: ¡Apaches! ¡Apaches! ¡Apaches! El mexicano dijo que los apaches habían atacado el campamento maderero realizando una sangrienta venganza. Poston y un grupo de sus hombres fue a Canoa [Canoa Ranch, Pima County, Arizona] encontrándose con una escena de masacre y destrucción. El lugar parecía como si hubiera sido alcanzado por un huracán. Las puertas y ventanas estaban destrozadas y la casa era una ruina humeante. Los hombres yacían muertos por los alrededores  muertos y tres de ellos habían sido arrojados al pozo, cabeza abajo. Enterramos a siete hombres en fila delante de la casa quemada. Un destacamento de dragones del cercano Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona], erigido en 1857, fue en persecución de los asaltantes, pero nunca los alcanzó“).

* A principios de octubre, 46 apaches se establecen cerca de Fronteras (Sonora) pidiendo la paz.

* El 4 de noviembre, Michael Steck reparte raciones a los apaches en Santa Lucia Springs (llamada más tarde, San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico).

* El 10 de noviembre, Michael Steck reparte raciones a los chiricahuas en Apache Pass (Cochise County, Arizona) donde los chokonen no las habían recibido durante los anteriores ocho meses. (Durante el invierno de 1860-61, Cochise tenía un contrato para suministrar leña a la estación de la “Butterfield” emplazado junto a los manantiales de Apache Pass y cerca de donde unos años más tarde fue construido Fort Bowie).

* El 4 de diciembre, James Henry Tevis encabeza un grupo de 28 mineros, que ataca sin provocación previa a los apaches chihennes que están acampados junto al río Mimbres, cerca del abandonado Fort Webster ([Grant County, New Mexico]. Los 400 mineros de la región de Pinos Altos, lamentándose del escaso éxito que tenían sus explotaciones, buscaron otro medio de obtener beneficios planeando atacar el cercano campamento apache. Intentaron sorprenderles al amanecer pero los apaches estaban alerta. Una vez que empezó el enfrentamiento, guerreros de otra ranchería apache llegaron para ayudar. Tevis vió al jefe Elías, un viejo conocido, que iba sobre su caballo a unos 180 metros de distancia. Los apaches dijeron más tarde que Elías intentó detener el enfrentamiento yendo hacia Tevis para hablar con él. Sin embargo, Tevis llamó al jefe “terco”, diciendo a uno de sus hombres si podía tirar a Elías de la silla. Un minero llamado Davis apuntó su rifle y disparó al jefe, que cayó de su caballo, haciendo que los apaches se retiraran. Tevis trató de seguirlos pero al estar varios de sus hombres, y sus caballos, heridos, se detuvo.

Los mineros mataron a cuatro apaches, hirieron a varios, y capturaron a 15 mujeres y niños, llevándolos a Fort McLane [Grant County, New Mexico]. Después del ataque, algunos supervivientes chihennes fueron a México y otros a Apache Pass [Cochise County, Arizona] para unirse a los chokonen. Mangas Coloradas estaba en esa época en las Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico] y aparentemente no quería la paz con los norteamericanos).

* El 9 de diciembre, Cochise está en el nordeste del estado de Sonora desde donde envía representantes a Fronteras (Sonora) para buscar la paz y solicitar raciones y suministros. (Las autoridades finalmente aceptaron pero ante la tardanza en responder hizo que Cochise se impacientase y volviese a Apache Pass [Cochise County, Arizona]).

* El 12 y 13 de diciembre,  Mangas Coloradas se reúne con el capitán Matthew Rider Stevenson para protestar por el ataque de Tevis sobre los chihennes en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico).

1861

* En enero, Cochise regresa a Apache Pass después de una incursión por México. (En su ausencia, Mangas Coloradas, Gerónimo, y otros apaches furiosos con los mineros de Pinos Altos [Grant County, New Mexico] fueron al territorio de los chokonen, para emprender después su propia incursión por Sonora).

* El 27 de enero, unos Pinal apaches, roban 20 reses del rancho propiedad de John Ward (o Wadsworth), situado en el Sonoita Valley (Santa Cruz County, Arizona) llevándose también a Félix, de 12 años y tuerto del ojo izquierdo (probablemente por una infección en la infancia), e hijo de María Jesús (Jesusa) Martínez ([o Jesusa Salvador]. Era una viuda mexicana que vivía con Ward y cuyo difunto marido era Santiago Téllez. Otra versión dice que estaba cautiva de los apaches cuando nació el niño, siendo el padre un guerrero apache. Tras su rescate, fue a vivir con  Ward.

Sin duda atraídos por la ausencia de hombres en el rancho, los apaches atacaron. No vieron a un cochero, John Cole, que estaba enfermo cerca de la casa de Ward, probablemente en la cabaña del herrero. Desde su escondite, Cole vio a nueve apaches que fueron a la casa, con la intención de capturar a las mujeres y los niños, mientras que otro grupo perseguía el ganado al otro lado del arroyo. Lo más probable es que este último grupo encontrara al joven Félix, a unos 300 metros de la casa, donde había un gran huerto, y mientras las ovejas y cabras pastoreaban en la ladera, Félix estaba sentado encima de un melocotón, le dijeron que bajara, y se lo llevaron.

La oportuna llegada de dos estadounidenses, H. E. McCarty y George W. Wilson, hizo que los asaltantes huyeran. Aunque los dos hombres les persiguieron, los apaches se llevaron 20 cabezas de ganado y al niño Félix. “Un grupo de hombres persiguió a los indios pero se dividieron en tres grupos: un grupo cogió a mi hermano, otro al ganado“, recordó Santiago Ward. Santiago había oído que “el tercer grupo seguía incursionando, llevándoles a seguir un rastro equivocado“. Con el regreso de McCarty y Wilson, la noticia de la incursión llegó a Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona], situado a 20 km.

A la mañana siguiente, el teniente coronel Pitcain Morrison, del 7º de Infantería, envió una patrulla al mando del inexperto subteniente George Nicholas Bascom de 24 años, con sólo tres meses de servicio en Arizona. Desconocía todo sobre los apaches y creía que todos eran iguales. Regresó la noche siguiente e informó que las huellas iban hacia el noreste, a las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] donde estaba la banda de Cochise.

La mañana del 29 de enero, Bascom salió de nuevo con 54 hombres del 7º de Infantería, montados en mulas, con la orden de recuperar al niño y al ganado, usando la fuerza si era necesario cumpliendo con las instrucciones del cuartel general en Santa Fe en caso de una incursión apache. Los rancheros y soldados del territorio creían que los apaches chokonen eran los culpables debido a anteriores robos de ganado ocurridos en la zona. Con Bascom iba Antonio Bonillas, un intérprete de 35 años; y John Ward, a quien se había notificado la incursión sobre su rancho. Cochise, en ese momento de unos 50 años de edad, desconocía lo ocurrido.

El domingo 3 de febrero, los exploradores chokonen notificaron a Cochise que un destacamento de soldados estadounidenses, montados en mulas, venían desde el oeste. Era una noticia rutinaria porque los soldados solían pasar por Apache Pass. Ese mismo día, Bascom llegó a Apache Pass donde se encontró con un destacamento de 13 soldados al mando del sargento Daniel Robinson que venía de realizar una escolta a unos carros. Éste informó dónde se encontraba la ranchería de Cochise y Bascom les agregó a su destacamento, con lo que el número total ascendía a 67, más el intérprete Antonio Bonillas y el ranchero John Ward. Cruzaron Apache Pass y llegaron hasta la estación de diligencias de Butterfield, donde estaban el encargado, Charles W. Culver y el conductor, James F. Wallace, quienes informaron a Bascom que conocían a Cochise, siendo enviados como emisarios para invitarle a visitar el campamento de Bascom. Después el destacamento montó las tiendas a unos 1.600 metros de la estación.

Cochise llegó la tarde del día siguiente [entre las 18:00 y 19:00 horas] confiado, con su esposa Dos-teh-seh [hija de Mangas Coloradas] y su hijo Naiche; su hermano menor Coyuntura; y dos sobrinos suyos, creyendo ir a una reunión social pues los emisarios no le habían informado nada del asalto. Bascom, flanqueado por unos pocos soldados con mosquetes, intercambió saludos con Cochise, cuando las tropas comenzaron su almuerzo de mediodía y le invitaron a su tienda. Cochise y Coyuntura entraron en la tienda y comieron. En el interior Bascom, a través del intérprete Antonio, empezó a interrogar a Cochise. El jefe apache pronto se dio cuenta de que había sido engañado. El teniente, convencido por Ward y por la investigación inicial, acusó a los chokonen del asalto. Cochise rechazó la acusación, sin embargo se ofreció a ir a donde los Pinal apaches, a 80 ó 100 km de distancia, para convencerles de que devolvieran al muchacho. Bascom, desconocedor de las bandas apaches, separadas e independientes entre sí, pensaba que Cochise tenía autoridad para dar órdenes a otra banda. Le dijo que todos quedaban como rehenes hasta la entrega del joven y del ganado.

Rápidamente, Cochise sacó un cuchillo y rasgó la lona de la tienda y salió corriendo seguido de sus familiares. Uno de sus sobrinos fue golpeado por un soldado y otro le clavó la bayoneta en el estómago. Los familiares fueron capturados mientras Cochise corría hacia las montañas. Ward disparó el primero su arma contra él, seguido por los soldados, causándole una herida leve en la pierna. Este hecho sería conocido por los apaches como “Cortar a través de la tienda”, como diría el viejo guerrero Jason Betzinez en su autobiografía, “I Fought with Geronimo”, y despertaría gran indignación entre otras bandas apaches. Una hora después de la fuga, Cochise se presentó en la cima de una colina pidiendo ver a Coyuntura. Bascom, respondió con una andanada de disparos de mosquetes. Cochise juró venganza, y luego desapareció tras las colinas. Una andanada de disparos llegó desde las alturas alcanzando a algunos soldados obligándoles a refugiarse en la estación.

Bascom envió un soldado a Fort Buchanan para recibir asistencia médica, llegando en menos de dos días. El doctor B. J. Irwin, al mando de 15  soldados de infantería montados en mulas, partió bajo una tormenta de nieve para relevar a Bascom y atender a los heridos en la estación de correo.

El día 5, Bascom trasladó su campamento hasta la estación de diligencias situada a escasamente 2 km. Allí acudió Cochise, acompañado por el jefe apache White Mountain Francisco y unos 250 guerreros bajo bandera blanca. Un solitario apache se adelantó para declarar que Cochise quería parlamentar. Cuando Bascom, Antonio el intérprete y dos soldados se aventuraron, también lo hicieron Cochise y tres guerreros.  

Cuando Cochise pidió la libertad de sus parientes, Bascom le informó que lo haría tan pronto como devolviera al niño, algo que obviamente no podía hacer. La acción del oficial estadounidense seguramente le recordó las matanzas cometidas por Johnson y Kirker. Ahora lo que quería era obtener la libertad de sus familiares y con ese fin, aprovechó el momento para apresar a los empleados de la compañía Butterfield con la intención de canjearlos por su gente. El encargado de la estación Charles W. Culver y el conductor James F. Wallace, acompañados por otro empleado llamado Robert Welch [o Walsh], se alejaron de los soldados para conversar con Cochise pues confiaban en la amistad que tenían con él.

En cuanto los hombres entraron en un arroyo fueron rodeados por los apaches. En ese momento Francisco, señalando al arroyo con el palo que sostenía la bandera blanca, gritó en castellano: “¡aquí, aquí!”. Inmediatamente Bascom bajó su bandera blanca y dio la orden de abrir fuego. Los apaches apresaron a Wallace pero Culver y Welch lograron huir hacia los soldados que habían comenzado a disparar. Culver resultó herido por un disparo en la espalda pero los soldados lograron ponerle a salvo mientras Welch logró llegar hasta el corral de la estación donde fue alcanzado de lleno por un disparo de los soldados que le confundieron con uno de los apaches atacantes, muriendo en el acto.

Al mismo tiempo que Bascom había enviado a buscar refuerzos a Fort Buchanan, llegó un numeroso grupo de guerreros chihennes y bedonkohes al mando de Mangas Coloradas que venían de una incursión por Sonora. Gerónimo se hallaba en ese grupo y su relato, realizado años después, constituiría una de las fuentes de información acerca de los hechos ocurridos en ese fatídico mes de febrero. Por la noche, mientras nevaba, los apaches se preparaban para la batalla.

A la mañana siguiente, 6 de febrero, Cochise hizo un esfuerzo más para reconducir la situación trayendo a Wallace atado para cambiarlo por sus familiares, junto a 15 mulas. Bascom rechazó el intercambio, en contra de los consejos de sus propios hombres [entre ellos el sargento Reuben F. Bernard, quien fue arrestado por su insistencia]. Aquel mismo día, Cochise atacó una caravana de cinco carretas que pasaba a 3 km al oeste de la estación de diligencias. Se apoderaron de las mulas y de los carreteros, seis mexicanos y tres estadounidenses.

Los apaches ataron a los seis mexicanos a las ruedas de los carros, los torturaron y los quemaron [Gerónimo seguramente estaba presente por su odio a los mexicanos], respetando a los tres estadounidenses que iban con ellos, Sam Whitfield, William Sanders y Frank Brunner. Cochise envió una nota, escrita por Wallace, con los nuevos términos.

La mañana del día 7, mientras una patrulla a pie de 15 soldados al mando del sargento James Huber vigilaba las mulas que estaban abrevando, unos 200 apaches montados realizaron una carga por sorpresa y a pesar del nutrido fuego en contra, lograron llevarse 29 mulas. Según Bascom, los soldados mataron a cinco apaches e hirieron a otros varios mientras que el sargento Daniel Robertson, y John Ward, recibieron heridas leves. 

Al no recibir respuesta de Bascom, Cochise intentó capturar la diligencia que llegaba de Tucson [Pima County, Arizona] para obtener más cautivos. Los apaches hirieron a dos de las mulas y al conductor, King Lyons. Un pasajero salió de la diligencia, cortando los arreos de las mulas heridas, mientras William Buckley, superintendente de la línea postal, cogía las riendas, azotando a las mulas restantes para que galopasen. Bajo una lluvia de balas y flechas, el vehículo logró alcanzar la protección de la estación. Enseguida Buckley envió un mensajero a William Sanders Oury [entonces agente postal] en Tucson solicitándole que enviara a alguien a Fort Breckenridge [Old Camp Grant, Pinal County, Arizona], en el río San Pedro en busca de ayuda. Oury, tan pronto como pudo, organizó un pequeño grupo para Apache Pass. Cuando Oury llegó a la estación de Ewell, a unos 24 km al oeste de Apache Pass, supo que los tenientes R. S. C. Lord, e Isaiah N. Moore, al mando respectivamente de las compañías “D” y “F”, [60 hombres del 1º de Dragones] le habían precedido, saliendo desde Fort Breckenridge el 10 de febrero. Oury los alcanzó antes de que hubieran llegado, yendo juntos a la estación, llegando después de que Cochise se hubiera ido.

Antes Cochise había enviado a las mujeres y niños de su banda al sur, fuera de peligro, y al día siguiente, 8 de febrero, comenzó la lucha con varias bajas por ambas partes. Cochise intentó atacar la estación de diligencias pero se percató de que la posición de los soldados era sólida y podía causarles muchas bajas por lo que tomó posiciones rodeando la estación durante varios días.

Mientras el doctor B. J. Irwin, que venía de Fort Buchanan, cruzaba el Sulfur Spring Valley, interceptó a un grupo de apaches llevando algunas reses y caballos. Tras un enfrentamiento,  la mayoría de los animales fueron recuperados y tres apaches White Mountain fueron hechos prisioneros, entregándoselos posteriormente al subteniente Bascom. Al entrar en el cañón, Irwin encontró los cinco carros saqueados y quemados por Cochise.

El 14 de febrero, llegaron a Apache Pass los tenientes Moore y  Lord provenientes de Fort Breckenridge. Viendo la llegada de las tropas de refuerzo, Cochise renunció a más negociaciones con Bascom y a recuperar a su familia. Mangas Coloradas y los suyos se dirigieron al río Gila mientras Cochise llevaba a su gente hacia los alrededores de Fronteras [Sonora] donde estableció una ranchería junto a Esquinaline, Teboca [bedonkohe], Chiquito y Delgadito. Antes, Cochise torturó y mató a los cuatro norteamericanos que tenía prisioneros y dejó sus cuerpos mutilados sobre el terreno, siendo encontrados el 18 de febrero.

Al descubrirlos, Moore, ahora el oficial de mayor antigüedad, ahorcó a Coyuntura [el hermano de Cochise] y a sus dos sobrinos [uno era el que había sido herido en el estómago con una bayoneta cuando intentó escapar] y a los tres coyoteros White Mountain que Irwin había encontrado en el camino, estando los seis cuerpos colgados durante meses de un roble cerca de Apache Pass hasta su descomposición. La esposa y el hijo de Cochise fueron puestos en un carro, llevados a Fort Buchanan y, posteriormente, liberados. Cuando los soldados iban hacia Fort Buchanan capturaron a una mujer chiricahua y rescataron a dos niños que habían sido capturados por los chiricahuas el 5 de febrero. 

El sargento Reuben F. Bernard, que se había opuesto a la acción de Bascom, fue juzgado por el comandante de Fort Buchanan por insubordinación, pero fue puesto en libertad. Bernard, que se había mostrado como uno de los combatientes militares más eficientes contra los apaches [llegaría a ser teniente coronel] escribiría ocho años más tarde sobre Cochise: “Este indio estaba en paz hasta que fue traicionado y herido por hombres blancos. Ahora, cuando le hablan de paz, señala sus cicatrices y dice: Estaba en paz con los blancos hasta que intentaron matarme por lo que otros indios hicieron; ahora vivo y muero en la guerra con ellos”.

El subteniente George Nicholas Bascom, sería trasladado a Fort Craig, New Mexico, muriendo en la batalla de Valverde, a orillas del Río Grande el 21 de febrero de 1862, luchando contra los confederados. Charles Debrille Poston, explorador, buscador de oro, escritor, político y funcionario, llamado el  “Padre  de  Arizona” diría de él: “… llevaba barba para ocultar su juventud, era un tipo bien parecido, de Kentucky, de West Point y, por supuesto, un caballero pero, desgraciadamente, un tonto…”.

Estos sucesos se conocen como el “Incidente Bascom”. El joven de 12 años, protagonista involuntario en el drama que trajo la guerra, nunca más vería a su madre ni a John Ward. Llegaría a la edad adulta entre los apaches coyoteros White Mountain y sería un explorador del ejército estadounidense llamado Mickey Free, sabiendo hablar español, inglés y apache. Se alistaría el 2 de diciembre de 1872 en Fort Apache, bajo el mando del jefe de exploradores Al Sieber. Fue especialmente efectivo en el año 1883, en la expedición del general Crook en Sierra Madre [México]. Cuando se retiró de explorador, vivió en la reserva de los apaches White Mountain, donde se casó y tuvo varios hijos [muchos de sus descendientes aún viven en esa reserva]. Mickey fallecería en el verano de 1915 cerca de Whiteriver [Navajo County, Arizona].

En 1977, en una entrevista en San Carlos, May Mitchel Naltazan, sobrina de la segunda esposa de Mickey Free, reveló la identidad de los apaches que asaltaron el rancho de Ward, más de un siglo antes. Víctor, el jefe del grupo, tenía sólo un ojo y llevaba un trozo de cuero y una cuerda alrededor de su cabeza. Según May, era un apache aravaipa, que se trasladó de México al Aravaipa Creek, instalándose allí … donde estaba El Capitán.

Víctor, llamado Beto por los apaches, era un ex cautivo mexicano que había ascendido a la posición de líder de un grupo local. La banda aravaipa estaba muy estrechamente relacionada con los Pinal apaches y, como todos los otros Western Apaches, tenía como unidad social básica una extensa familia, una o más de las cuales formaban un grupo local. El líder del grupo se convirtió en su jefe. En virtud de la capacidad, los logros y las relaciones, algunos de estos jefes extendieron su influencia a toda la banda y a veces más allá. Eskenaspas y Eskiminzin eran los otros principales jefes de la “gente de las rocas oscuras”, los aravaipa, que ocupaban el San Pedro Valley, entre las Pinaleno y Santa Catalina Mountains [Pima & Pinal Counties, Arizona].

Entre estos apaches había hombres y mujeres de otras bandas que se habían casado con los aravaipas. Una de ellas era una joven, Adahay, de la banda de Eskeatzah de los apaches White Mountain Occidentales, que vivía en Cedar Creek. Adahay, de unos 23 años de edad, se había convertido en la tercera esposa de un hombre llamado Haskinentah, que ya estaba casado con dos hermanas, según la costumbre. Los apaches creían que las esposas que eran parientes de sangre podían coexistir amistosamente pero a veces podía fomentar el resentimiento hacia otra esposa, que no era pariente.

Adahay, que ya tenía una hija pequeña y estaba nuevamente embarazada, se encontró “extraña”. Siendo una mujer independiente y de carácter fuerte, decidió volver con su propio pueblo. Aunque Adahay nunca regresó con su marido ni se volvió a casar, ella crió a muchos niños además de los suyos. En sus últimos años se convirtió en narradora de la historia de la familia, contándosela a su bisnieta, Mary Velasques Riley. Refiriéndose a Félix Ward, Mary recordó: “La abuela dijo que Mickey estaba por los alrededores de los ríos San Pedro y Aravaipa, pero no dijo que él estaba con ella, sólo dijo que estaba allí y que el jefe del grupo era Eskiminzin“. Mary citó a Adahay diciendo: “Mickey estaba en el Aravaipa Canyon. Sólo los apaches saben cómo seguir por ese cañón. Solía decir que era un ‘Nakaiyé’, un mexicano capturado, pero por quién o cómo, no lo dijo“. Mary añadió: “Mi madre y mi padre solían hablar de cómo Mickey fue capturado“. Mickey dijo: “Cuando fui capturado estaba en un melocotonero“.

Al igual que Adahay, Félix pronto se trasladó al territorio de los White Mountain. Los apaches aravaipa y Pinal a menudo intercambiaban o regalaban cautivos a otras bandas que vivían a una mayor distancia del hombre blanco. El anciano apache White Mountain, conocido por el nombre anglosajón de John Rope, explicó al etnólogo Grenville Goodwin: “Mickey Free, se crió conmigo. Siempre lo tratamos como uno de nosotros“. Rope recordó que la gente de Eskiminzin cambió a Félix por alguna medicina especial y que el viejo chamán que lo recibió, se lo dio a mi padre para que lo tuviera como ayudante. En sus recuerdos publicados, Rope dijo que “Mickey fue criado por mi padre. Se lo entregó la gente de San Carlos cuando era un niño pequeño. Mickey y yo fuimos criados juntos, así que nos llamamos hermanos“.

El padre de John Rope, Nayundiie, era el líder de un grupo local de apaches White Mountain occidentales que vivían en las bifurcaciones del Cedar Creek. Las dos esposas de Nayundiie, que le habían dado muchos hijos e hijas, eran las hermanas de Adahay. Además de John Rope, sus hijos incluían a los muchachos que más tarde serían conocidos como Nathan y David Declay, al cambiarse sus nombres apaches por nombres anglosajones. “Mickey se quedó con John Rope y, mi bisabuela y su gente, cocinaron para esos niños“, explicó Mary Riley. “Las dos esposas eran sus hermanas. Ellas murieron en el parto. Por eso dijo a Mickey que fuera a buscar agua, quedándose con los niños. Ella dijo:Siempre tenía miedo al darle de comer, cuando él quería hacerlo. Dejaba suficiente comida en la olla pero temía que excarvara demasiado e hiciera un agujero en ella. Las mujeres solían tener miedo al darle de comer“. Ella diría: “Mickey siempre comía“. Así Félix descubrió que los “sanguinarios salvajes” eran tan capaces de calidez y humanidad como cualquier otra gente. Por otra parte, su fuerte sentido de la paternidad aseguraba que ningún joven, huérfano o cautivo, se quedara sin familia. Poco a poco, al aprender la lengua apache, Félix encontró que sus captores eran un grupo gregario y amantes de la diversión, a pesar de lo reservados que eran con la gente que no conocían bien, sospechando de los extraños.

Nayundiie, el jefe de la familia adoptiva de Félix, era el líder del grupo local de los apaches White Mountain occidentales, cuya principal granja estaba en las bifurcaciones del Cedar Creek, de donde su clan recibió el nombre de “Álamos uniéndose”. Las dos esposas de Nayundiie, los hijos que habían dado a luz y su hermana Adahay, pertenecían al clan “Picos delgados que se levantan”, que estaba fuertemente representado en las fincas un poco al sur, en Cedar Creek Crossing, y cuyo principal sitio estaba cerca de Bear Springs [Navajo County, Arizona]. Muy relacionado con el clan de Nayundiie, estaba el clan “Entre dos colinas”, muchos de cuyos miembros, junto con la gente de los “Picos delgados”,  fueron invitados a instalarse en la granja en Cedar Creek, después de una sequía que arruinó algunos de sus campos en 1864. Fue entre esta gente, interrelacionadas a través de la sangre y el matrimonio, que el joven Félix amplió sus contactos inmediatos y con los que permanecería asociado a lo largo de su vida adulta.

La historia de la primera década de Félix Ward entre los apaches es la de la aculturación. Aprendió el idioma, el estilo de vida, y aceptó los valores y obligaciones de los apaches. Debido a que las granjas no eran lugares de residencia permanente, el joven Félix llevó una existencia nómada. Los grupos apaches locales se movían alrededor de su territorio natal, particularmente en viajes de caza y recolección de alimentos. “Solíamos juntar bellotas desde Oak Springs [Apache County, Arizona] al oeste, hasta Rocky Creek [?] al este. Cuando las bellotas estaban maduras, subíamos a los árboles y sacudíamos las bellotas al suelo“, recordó John Rope. “Después de un tiempo siempre enviábamos a alguien a Cedar Creek para ver cómo estaba el maíz y si estaba maduro, toda nuestra gente empaquetaba las bellotas que habíamos recogido y volvía a cosechar el maíz. A finales del otoño solíamos juntar bayas de enebro“.

Además de ayudar en el campamento y en los viajes para recolectar alimentos, Félix y otros muchachos jugaban, hacían carreras, peleas simuladas, y cazaban. Los chicos solíamos cazar ratas con arcos y flechas. Empezábamos por la mañana y cazábamos hasta la media tarde. Un chico introducía un palo largo en el nido de la rata, mientras otro niño esperaba en la entrada del nido“, explicó John Rope. La rata llegaba a la entrada y asomaba la cabeza, entonces el chico le disparaba.

Adahay, que recordaba a Félix como un muchacho perpetuamente hambriento, capaz de arruinar su cerámica en su entusiasmo por raspar hasta el último bocado, servía sus comidas en el metate de piedra que utilizaba para moler harina de maíz, y le asignaba un trabajo para conseguir su comida. Es por eso que cuando se quedaba con ese grupo, la abuela no le ordenaba nada porque ayudaba, más que otros chicos, y después empezó a darle de comer igual que al resto“, explicó Mary Riley. Pero después de que él empezó a vivir con ellos, ella comenzó a quererlo un poco más, así que ya no le cuidaba, tratándolo igual que al suyo. Ella dijo que los chicos solían ir a cazar con su padre“.

Siendo anciana, Adahay contó a su bisnieta cómo los muchachos regresaron triunfalmente con un cerdo salvaje colgado de una pértiga, su primer trofeo de caza real. Al día siguiente, como era costumbre, el premio fue asado y compartido entre todos. Recordó, también, cómo Félix traía pájaros, conejos y otros pequeños animales. Adahay hervía los conejos en un estofado al que añadía bellotas, y hacía pan de maíz que ella misma molía. A pesar del origen extraño de Félix y el apetito que había desarrollado en la granja de su padrastro [John Ward], la cuñada de Nayundiie creció queriendo al muchacho cautivo de piel clara unido a su familia adoptiva. Incluso perdonó a Félix cuando él y algunos otros muchachos no advirtieron al campamento de un ataque inminente. “Ella dijo que Mickey se sentó y bebió un trago de agua y no fue a decirles quién venía“, relató Mary Riley. Ella estaba muy enojada con él“. Alguien lo envió a buscar agua y después de llenar su jarra, bebió un vaso de agua e incluso cuando supo que había “cosas en su camino” [el enemigo] no fue a decíserlo a su gente. Sin embargo Mickey no estaba seguro, ella dijo que él le había dicho que había “un montón de cosas negras en la noche y era casi de mañana“. Adahay dijo a su bisnieta que “muchas personas murieron y que sólo unos pocos escaparon vivos. Todos los muchachos mayores salieron corriendo“.

Este incidente se parece a un ataque de un destacamento de soldados, con papagos y apaches “mansos” aliados, contra un campamento apache White Mountain en 1864. En cualquier caso, los ancianos posteriormente perdonaron  la aterrorizada inacción de Félix y los otros muchachos, aislados del campamento en la oscuridad previa al amanecer, quizá debido a las creencias apaches que asociaban la noche con fantasmas y espíritus malignos. A medida que crecía, Félix estaba a menudo ausente del campamento de Nayundiie, pero Adahay lo veía siempre que él y los hijos de sus últimas hermanas regresaban. Cuando el joven Félix Ward asimiló el estilo de vida apache, de 1861 a 1871, la población anglosajona y mexicana de Arizona aumentó casi un 50 %. El torrente de recién llegados produjo un aumento de los contactos, y muchas veces confrontaciones, con los pueblos nativos de Arizona. Mientras que colonos como John Ward se sentían un poco más protegidos que antes de la Guerra Civil, los apaches ahora veían nerviosamente la proliferación de puestos militares en todo su territorio. Varios de esos puestos se duplicaron como estaciones de racionamiento para las reservas indias propuestas.

Fort Goodwin, por ejemplo, se estableció en el extremo suroeste del territorio de los apaches White Mountain y Cibecue en 1864. Al principio, una base para los movimientos de tropas contra los campamentos apaches, se convirtió para muchos indios, en particular para las mujeres y los niños, en una fuente de nuevos lugares de interés, y extraños regalos. Aquí, muchos de ellos vieron soldados y civiles blancos por primera vez. En mayo de 1870, poco después de que Arizona se convirtiera en un departamento separado dentro de la División del Pacífico, el ejército estableció un puesto en el corazón del territorio White Mountain y Cibecue. Posteriormente fue trasladado a una mejor ubicación en las bifurcaciones del White River, siendo llamado Camp Apache. Además de su papel militar, Camp Apache sirvió como un “puesto de alimentación” para los indios vecinos. Esta función difícilmente habría podido satisfacer al joven que, pocos años antes, había raspado las ollas de Adahay hasta casi destrozarlas. De hecho, Félix mejoró las oportunidades que ofrecía el puesto del ejército entre las raciones semanales. Se recuerda que trabajó en la desordenada cocina de Camp Apache por su alojamiento.

La gente de Nayundiie, que vivía en Cedar Creek, estaba entre los más occidentales de los apaches White Mountain. La banda del jefe Pedro vivía por encima de ellos y bandas lideradas por el jefe Miguel y los otros jefes de Cibecue acampaban al oeste. Al este estaban los apaches White Mountain orientales, cuyo jefe principal era Eskeltecela o Eshkeldahsilah. Mientras que los matrimonios mixtos y las afiliaciones de clanes vincularon a la gente de Nayundiie con las otras bandas White Mountain, la proximidad las puso en contacto también con la gente de Cibecue. Los jóvenes nómadas, como Félix, estaban sin duda bien informados por todos los lados.

La aculturación del joven Félix continuó en ese contexto. Después de varias entrevistas, la biznieta de Adahay, Mary Riley, dijo en una confidencia: “Hay algo que no te dije, es acerca de las personas que eran nuestros enemigos. Bueno, Mickey Free era un guerrero y lo entrenaron para serlo, yendo en incursiones apaches“. Mary contó que Mickey había hablado de una incursión contra indios enemigos e incluso de que había matado a una joven y a su bebé. Cuando ella y otros niños le preguntaron por qué, él respondió: “Ellos hicieron lo mismo a nuestra tribu, en el Velasquez Butte [Gila County, Arizona], allí mataron a muchos apaches, hicieron lo mismo“. A los ojos de Mary, “él pensaba en ello y hacía lo mismo, y ¿él no es un apache?, seguro que pensaba que lo era“.

Que la víctima de una incursión apache se convirtiera en asaltante, revela el grado de asimilación que Félix había tenido en la forma de vida de la gente de los White Mountain. Se habían convertido en uno más, y ni la oportunidad ni la invitación le llevaría a dejarlos. Félix no sólo participó en incursiones sino que hizo, por lo menos, un viaje comercial al territorio hopi. Ambas actividades demuestran claramente el grado en que había sido aceptado y la confianza que tenían en él sus captores. Un agente indio comprobó una vez que, aunque Félix había sido capturado cuando era niño, había sido adoptado como miembro de la tribu, posición que ahora mantenía en plena comunión. Los 10 años durante los cuales, el muchacho se transformó en un guerrero apache White Mountain, eran los últimos en los que éstos pudieron seguir con su estilo de vida tradicional sin obstáculos.

Félix fue testigo de las visitas de sucesivos generales y comisionados de paz; del primer reclutamiento de exploradores apaches en 1871; y del establecimiento de la Agencia India de Camp Apache. Félix se dio cuenta de la consolidación de la autoridad estadounidense en Arizona adaptándose, una vez más, a las nuevas circunstancias. En noviembre de 1872, el general George Crook, comandante del Departamento Militar de Arizona, se preparó para lanzar una campaña contra las bandas indias hostiles. Félix participó como explorador del ejército estadounidense contra los chiricahuas).

* A finales de enero, una banda apache roba ganado en la Cañada de Cortés, a 9 km de la ciudad de Chihuahua, siendo perseguidos por Joaquín Terrazas con 22 civiles, atacándoles en el Álamo, frente a la sierra de las Damas (municipio de Aldama, Chihuahua), matando a 10 de ellos, capturando un niño y recuperando las reses robadas, los caballos y un gran botín.  (Terrazas deja a nueve de sus hombres con los caballos y con los otros 13 ataca los cerros donde se parapetan más de 40 apaches. Regresa a Chihuahua el 4 de febrero).

* El 9 de febrero, Joaquín Terrazas con tropas de Infantería retoma las huellas de los apaches que había atacado en el Álamo, alcanzándolos a causa de los heridos que llevaban. (Los persigue durante dos días por las sierras del Espía, Escaramuza y la Charamuzca y al tercer día, inesperadamente, se encuentra en el Chupadero del Tule, con otra banda de apaches llevando ganado robado. Éstos huyen dejando el ganado pero las tropas, agotadas, acampan sobre el terreno. Las señales de humo de los apaches les hacen perder la esperanza de sorprenderlos, cabalgando por las sierras de las Taravillas, Aparejos, Gallego, Piélagos, los Amoles del Pastor, Encinillas y Sauz, hasta llegar a la ciudad de Chihuahua).

* El 10 de febrero, el cuartel general del Ejército del Territorio de New Mexico, con sede en Santa Fe (Santa Fe County, New Mexico), ordena realizar operaciones de castigo contra los apaches en las dos orillas del Río Grande a su paso por New Mexico.

* A mediados de febrero, Victorio, Riñón y Chaboncito, líderes chihennes o mimbreños, acuden a Fort McLane (Grant County, New Mexico) solicitando la paz, prometiendo enviar emisarios para traer a Mangas Coloradas. (Los militares entregaron a los apaches los prisioneros capturados por Tevis y sus vigilantes el 4 de diciembre de 1860 en Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] recibiendo raciones en cuatro ocasiones, durante los próximos tres meses).

* De abril a junio, Cochise y su banda atacan casi todas las diligencias al este de la estación de Tucson. (Mataron al menos a 30 hombres, destruyeron seis diligencias y obtuvieron cientos de caballos y mulas; y también varios rifles Sharps y revólveres Colt. Cochise también atacó Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona] llevándose la mayoría del ganado; mientras que Mangas Coloradas, a primeros de mayo incursionó por Pinos Altos, en la zona de Fort McLane [Grant County, New Mexico] sumándose Victorio, Chaboncito y Riñón el 7 de mayo. Los chiricahuas fueron testigos de acontecimientos extraños, los conductores de diligencias desaparecieron de los caminos que pasabn por sus territorios; los soldados empezaron a irse de los establecimientos militares para irse hacia el este debido a la Guerra Civil. En New Mexico, la guarnición de Fort McLane [Grant County, New Mexico] abandonó el puesto; en Arizona, ocurrió lo mismo en Fort Buchanan [Santa Cruz County, Arizona] y Fort Breckinridge [en el futuro Camp Grant, Graham County, Arizona]. Se reunieron en Fort Fillmore [Doña Ana County, New Mexico] cerca de Mesilla. Tanto Cochise como Mangas Coloradas pensaron que habían expulsado a los soldados del territorio).

* El 21 de junio, el ejército estadounidense erige Fort Goodwin ([Graham County, Arizona]. Era la primera vez que los soldados se establecían en el territorio de los apaches White Mountain. El comandante del puesto, el coronel Edwin A. Riggs, del 1º de Voluntarios de California, dijo que quería ver a Hacke-ldasila, el principal jefe de los apaches White Mountain del este en esa época. Hacke-ldasila llegó con una bandera blanca en la mano acompañado de toda su banda. Riggs dijo a Hacke-ldasila que le quería como amigo, diciendo: “Nosotros los blancos estamos aquí, lejos de casa, pero ustedes conocen todo este territorio, dónde está el agua y dónde están las mejores tierras. Tu gente debería establecerse y vivir por aquí en buenos lugares. Hacke-ldasila dijo que viviría en un lugar donde se unían dos corrientes [la bifurcación del White River]. Entonces él y Riggs se abrazaron).

* En junio, dos emisarios de varias bandas se presentan en la Hacienda de Agua Nueva (Chihuahua) solicitando la paz. (El gobernador ordenó a Joaquín Terrazas que acudiese a parlamentar con los jefes para explicarles las condiciones y que les atacara si oponían resistencia por lo que fue con soldados de Caballería, dejando más fuerzas auxiliares cerca de la Hacienda por si eran necesarias.  En los primeros días de junio, Terrazas se entrevistó en el fortín de la Hacienda con los jefes apaches Venancio, Cojinillín [nednai], Antonio el Zurdo, Taralchi y José Nuevo llegando al acuerdo en que, Coleto Amarillo [nednai] y otros tres apaches, fuesen a la ciudad de Chihuahua a hablar personalmente con el gobernador.

Joaquín Terrazas acompañó a los cuatro apaches quienes, a medida que avanzaban, daban señales de desconfianza al ver a las personas que les observaban a su paso. De repente, el nednai Coleto Amarillo consiguió alcanzar el revólver de Terrazas, huyendo con los otros apaches rápidamente. Terrazas ordenó a uno de sus hombres, Jesús Domínguez, que les siguiese para convencerles de que regresaran pero a pesar de que éste les alcanzó y les habló, no consiguió nada ante las amenazas de utilizar el revólver robado. Más tarde, es Terrazas el que les siguió desarmado, logrando alcanzarles pero los apaches, sin querer escucharles, se dispersaron alejándose. 

Uno de los vaqueros de la zona, se acercó a Terrazas y le dejó su arma con la que éste efectuó dos disparos contra los apaches sin éxito.  Cada vez que Terrazas se acercaba, los apaches le amenazaban con el revólver pero sin disparar, lo que podía significar el respeto que tenían por él.  Terrazas regresó el 10 de junio a Agua Nueva indicando a los dos mensajeros apaches que allí estaban que informaran a sus jefes que quería hablar con ellos. Al día siguiente, el 11 de junio llegaron varios apaches a los que Terrazas informó de lo ocurrido. Venancio dijo que buscará a Coleto Amarillo para hablar con él.

El 12 de junio, Coleto Amarillo llegó con Venancio diciendo éste que los apaches huyeron porque los mexicanos hacían signos de que les iban a degollar devolviendo el revólver a Terrazas y afirmando de que al día siguiente se reunirían todos los apaches para negociar la paz.

Así, el día 13 de junio llegaron grupos de apaches con sus jefes a la cabeza, Venancio, Cojinillín, Agatón, Antonio el Zurdo, Tarachi, Gorgoño, José Nuevo y Coleto Amarillo. Pero en la noche anterior, habían llegado 80 soldados de Infantería más 30 civiles ocultándose en las casas. Terrazas dijo a los apaches que acudieran a parlamentar a la casa del Sr. Estanislao Porras mientras éstos contestaron que lo harán en el fortín. El mismo Porras y un oficial de Terrazas acudieron al fortín para insistir ante los apaches de que acudieran a su casa a parlamentar siendo retenidos por la desconfianza de éstos. Terrazas envió las condiciones escritas a las que Cojinillín, que ejercía de portavoz de los apaches, aceptó soltando a los retenidos y enviando varias mujeres apaches con ellos. Éstas, algo debieron notar al llegar a donde estaba Terrazas, pues salieron corriendo hacia el fortín provocando la huída de todos los apaches hacia los cerros de los alrededores. Los soldados le siguieron sin lograr alcanzarles pero abatieron a Venancio, José Nuevo y a Agatón con los primeros disparos.

Más tarde iniciaron la persecución, descubriendo la ranchería apache en el cañón del Álamo, acabando con 14 de ellos entre muertos y prisioneros).

* Durante el verano, Gerónimo parte con algunos bedonkohes para una incursión en Chihuahua, por los alrededores de Casas Grandes. (En un duro enfrentamiento con soldados mexicanos sufrió una grave herida. Sus compañeros le atendieron y le llevaron a las Santa Rita Mountains [Pima & Santa Cruz Counties, Arizona], cerca de Tucson, donde acamparon con sus familias mientras sanaba, no sabiendo que las tropas mexicanas los habían seguido. En septiembre, cuando muchos hombres estaban ausentes cazando, los soldados lanzaron un ataque por sorpresa al amanecer. Gerónimo logró escapar con su esposa Chee-hash-kish, pero su otra mujer, Nana-tha-thtith, y su hijo murieron al igual que la mayoría de las mujeres. Las tropas quemaron el campamento y regresaron a México con cuatro mujeres cautivas. Gerónimo había perdido a dos mujeres, cuatro hijos y su madre a manos de los mexicanos. Su odio hacia ellos aumentó. Mientras Gerónimo huía de los soldados mexicanos, Cochise y Mangas Coloradas formaron una gran alianza de los chiricahuas para atacar Pinos Altos [Grant County, New Mexico] formada por varios cientos de guerreros bedonkohes, chokonen, y chihennes).

* En julio, el chokonen Cochise y el chihenne Mangas Coloradas se reúnen cerca del Cooke’s Peak, a unos 29 km al norte de Deming (Luna County, New Mexico) atacando a los norteamericanos que pasan a través del cañón.

* El 23 de julio, el chihenne Mangas Coloradas y el chokonen Cochise se dirigen a Janos (Chihuahua) comerciando con la gente del lugar mientras, ese mismo día, las tropas de los Estados Confederados de América llegan a las Franklin Mountains (El Paso County, Texas) obligando a las tropas de la Unión a abandonar Fort Bliss (El Paso County, Texas) y dirigirse hacia el norte hasta Fort Stanton ([Lincoln County, New Mexico]. Las tropas confederadas superan a los federales y éstos se rinden. Las tropas confederadas se dirigen hacia el sur de New Mexico y Arizona. El teniente coronel John R. Baylor, de los “Mounted Rifles” de las fuerzas confederadas, ocupa Fort Fillmore [Doña Ana County, New Mexico] y se proclama, el 1 de agosto, gobernador de Arizona, siendo confirmado por el Congreso de la Confederación el 14 de febrero de 1862. Por otra parte, ya en el mes de marzo, la compañía “Butterfield” había suspendido sus operaciones ya que una parte de su ruta pasaba por Texas, estado que el 1 de febrero se había separado de la Unión para integrarse en la Confederación).

* El 3 ó 4 de agosto, una banda apache ataca Tubac (Santa Cruz County, Arizona), llevándose todo el ganado y matando a dos hombres, aunque pierden de 7 a 10 guerreros. (Al final del verano, el sur de Arizona está despoblado de norteamericanos con excepción de Tucson [Pima County, Arizona]; Tubac [Santa Cruz County, Arizona] y las minas Patagonia [Santa Cruz County, Arizona] donde se refugiaron los que no pudieron huir del territorio. Ante la ausencia de tropas, los apaches se dedicaron a devastar Arizona destruyendo aldeas, ranchos y minas mientras los aterrorizados colonos escaparon como pudieron. Muchos pagaron con su vida la grave equivocación de Bascom en Apache Pass. Los informes que envió Sylvester Mowry, dueño de la más importante mina de plata de la región, son elocuentes. Tuvo que fortificar su establecimiento convirtiéndolo en uno de los pocos sitios donde los fugitivos pudieron sentirse relativamente seguros. Al principio, Mowry escribió a Washington pidiendo que enviasen soldados desde California pues los fuertes Breckinridge y Buchanan habían sido abandonados por las tropas federales que tuvieron que ir a New Mexico para luchar contra los confederados que llegaban desde Texas. Pero cuando sus peticiones no surtieron efecto, desesperado, se dirigió al general confederado Henry H. Sibly, dando toda clase de información sobre los movimientos de tropas de la Unión que se estaban preparando en California para dirigirse al Este. Finalmente una unidad de caballería texana compuesta por 75 hombres al mando del capitán Sherod Hunter llegó a Tucson el 28 de febrero de 1862. Los habitantes del pueblo votaron su secesión de los Estados Unidos y los confederados crearon el Territorio de Arizona que posteriormente fue ratificado por el gobierno de la Unión cuando sus tropas lo ocuparon de nuevo. Cabe mencionar que los apaches no distinguían entre unionistas y confederados. Para ellos eran simplemente norteamericanos con distinto uniforme y en agosto de 1861, los apaches mescaleros atacaron a uno de sus destacamentos, matando a 14 soldados confederados).

* El lunes 12 de agosto, la banda del jefe apache mescalero Nicolás embosca a un destacamento confederado mandado por el teniente Reuben E. Mays en el Big Bend ([zona fronteriza con México]. Mays había salido de Fort Davis [Jeff Davis County, Texas] con 14 soldados persiguiendo a la banda de Nicolás, que había matado a dos guardias y algunas reses, llevándose parte de la manada de caballos de Fort Davis. Nicolás, sabiendo que le seguían, apostó a sus guerreros, de 80 a 100, a ambos lados de un cañón rocoso y esperó. Los confederados cayeron en la emboscada falleciendo todos menos el guía mexicano que logró huir y contar lo sucedido.

Dos meses antes, Nicolás había aceptado una invitación para ir a Fort Davis para negociar un tratado de paz con el teniente coronel confederado John R. Baylor. Incluso viajó en una diligencia hacia El Paso [El Paso County, Texas] para firmar el compromiso con los confederados.

En una fiesta dada en su honor, Nicolás pronunció un discurso: “Me alegro de haber venido, mi corazón está lleno de amor por mis hermanos blancos. No han hablado con lenguas torcidas. Hemos hecho un tratado de paz y amistad. Cuando me acueste a la noche el tratado estará en mi corazón, y cuando me levante por la mañana todavía estará allí. Y me alegraré de estar en paz con mis hermanos blancos“).

* El 15 de agosto, sale de Tucson (Pima County, Arizona) un grupo de mineros y rancheros partidarios de la Confederación con idea de abandonar el Territorio y dirigirse al Río Grande, cerca de Mesilla (Doña Ana County, New Mexico) ante la ausencia de protección militar ante los apaches debido a la Guerra Civil. (El grupo, al mando de Felix Grundy Ake y William Wadsworth, viajaba en seis carros dobles y un gran carro tirados por bueyes, y dos sillas de paseo. Estaba formado por 24 hombres [uno de ellos Moses Carson, hermanastro del famoso Kit Carson], 16 mujeres y siete niños, junto a 400 cabezas de ganado y 900 ovejas y cabras, así como varios caballos.

En la tarde del 26 de agosto, en la abandonada estación de postas junto al río Mimbres en New Mexico, se les unió un hombre llamado Eugene Zimmer. Era un alemán que dijo, en un mal inglés, que había sido atacado por los apaches cerca del Cooke’s Canyon [Luna County, New Mexico] cuando llevaba un grupo de vacas a Pinos Altos [Grant County, New Mexico]. Según dijo, los apaches les habían emboscado, matando a los vaqueros mexicanos y robando la manada, mientras él conseguía huir. Aconsejó a los viajeros cambiar de ruta pero Ake y Wodsworth desconfiaron, pensando que quería atraerlos a una trampa.

A la mañana siguiente, la caravana continuó el viaje entrando en la barranca de Cooke. En el estrecho paso, no había espacio suficiente para pasar dos carros a la vez, yendo todo el ganado por delante de la caravana, mientras Wadsworth y Ake flanqueaban el pesado carro de la cabeza, con la mayoría de las mujeres y los niños en el carro de cola. Uno de los que iban a la cabeza, Tommy Farrell, se detuvo de repente y dio la alarma. Dos cuerpos desnudos yacían en el borde del camino. Cuando llegó la noticia a la caravana, algunos hombres montaron sus caballos y huyeron. Entre ellos se encontraba Sam Houston, nieto del famoso texano. Sólo quedaron 17 hombres capaces de luchar.

Poco después, la caravana continuó. Justo al pasar por el punto más estrecho, una descarga de disparos y flechas llegaron de las paredes rocosas de la garganta. John St. Clair y James May, que iban delante, murieron en el acto. Parte de la manada, presa del pánico, se volvió deteniendo el avance de los carros y dificultando su maniobra. William Redding y algunos otros hombres cargaron contra los apaches para atraer su atención mientras Jack Pennington organizaba un círculo con los carros. Al no poder hacerlo, optó por una especie de triángulo como defensa. Tan pronto como los colonos desplegados volvían del cañón, los apaches se dirigieron a saquear el carro abandonado que iba a la cabeza, dando tiempo suficiente a los hombres para escapar en la calesa de Ake y en dos carros. Robert y América Phillips, tuvieron el tiempo justo para llegar con sus hijos a la defensa creada por Pennington con los otros carros. Una bala rompió una pierna de Redding, que resistió en la silla hasta que otros disparos lo mataron. Carson, Ake, Wodsworth, Nathaniel Sharp y un indio llamado Chickasaw Brown comenzaron a disparar para proteger los carros. No se sabe con seguridad quien guiaba a los guerreros apaches pero por el número de ellos tenía que ser un gran jefe, Mangas Coloradas o Cochise. Lo más probable es que fueran ambos, ya que en ese tiempo los dos operaban por el suroeste de New Mexico. 

Cuando estaba recargando su fusil, Jim Cotton disparó accidentalmente el arma atravesando su pierna la baqueta de avancarga. Nat Sharp rompió el asta de una flecha que tenía clavada debajo de su oreja y siguió disparando, con la punta clavada en su cuello. Jack, el perro bulldog del joven Jeff Ake, corrió hacia los apaches, agarrando a un guerrero por la garganta y tirándole al suelo. Otro apache le tiró una flecha. El perro y el guerrero murieron juntos.

La mayoría de los apaches estaban ocupados en reunir el rebaño, su principal objetivo. Cuando lograron llevárselo, Ake y Wodsworth abandonaron su refugio para subir a una cresta y ver mejor a los asaltantes. Wodsworth fue alcanzado por un par de balas y Nat Sharp, a pesar de la herida en el cuello, corrió a ayudarlo y lo trajo de vuelta. Grundy Ake estaba solo en la colina, rodeado por los apaches, pero Tommy Farrell corrió a ayudarle, matando a un guerrero pero al volver fue alcanzado en la espalda. Los dos se arrastraron hacia los carros pero Farrell se desmayó y solo Ake consiguió llegar. Wadsworth fue llevado al último carro, donde estaban las mujeres y los niños. Aprovechando un momento de respiro, un conductor logró dar la vuelta y huir hacia el río Mimbres. Los apaches, ocupados con la manada y entretenidos por el fuego dirigido contra ellos por el resto de los colonos, lo dejaron ir.

La batalla continuó en un enfrentamiento de disparos esporádicos. Los apaches habían conseguido lo que querían y no tenían intención de correr más riesgos para matar a más colonos. Éstos creían que Tommy Farrell, cuyo cuerpo estaba tendido no muy lejos de los carros que formaban su refugio, estaba muerto pero después escucharon sus gritos de ayuda. Pennington y Sharp fueron a ayudarlo, amenazando a los demás con dispararles si trataban de escapar antes de su regreso. Volvieron con el herido y pronto organizaron la retirada a la parte trasera de la caravana. Un joven mexicano llamado Mariano Madrid mató a un apache. Los apaches decidieron irse con el ganado. La batalla terminó con cuatro colonos muertos y ocho heridos, mientras que tal vez fueron cinco las bajas apaches.

Tras partir la caravana, el alemán Eugene Zimmer se dirigió a Pinos Altos para advertir a la Guardia de Arizona, un destacamento de 35 hombres pertenecientes al ejército confederado, dirigida por el capitán Thomas Mastin. Los soldados salieron de inmediato, encontrando en el camino el carro con las mujeres, niños y con Wodsworth, que poco antes había muerto en los brazos de su esposa. Continuaron hacia el cañón, encontrando al resto que regresaba de nuevo al lugar con los carros que quedaban.

Los colonos fueron conducidos a la vieja estación de postas, donde habían acampado la noche anterior, mientras que el capitán llevó a algunos soldados y voluntarios tras la pista de los asaltantes, alcanzándoles en las Florida Mountains [Luna County, New Mexico] y tras una breve batalla en la que mataron a ocho apaches, recuperaron el ganado robado. De regreso, enterraron los cuerpos de los colonos muertos. Unos días más tarde, otro grupo de soldados confederados bajo el mando del teniente James Tevis, llegó al lugar tapando con piedras las tumbas que habían sido excavadas por los animales salvajes. Luego fueron a la estación de postas junto al río Mimbres y escoltaron a los supervivientes de la caravana a Las Cruces [Doña Ana County, New México]).

* El 11 de septiembre, un ciudadano de Bavispe (Sonora), llamado Agustín Acuña, que había venido de Corralitos (Chihuahua) donde había algunos chiricahuas y por comentarios de éstos, informa que el chokonen Cochise ha reunido varios guerreros en el valle de las Ánimas (Animas, Hidalgo County, New Mexico) con idea de atacar Fronteras (Sonora).

* El 27 de septiembre, unos 300 guerreros de Mangas Coloradas y Cochise, atacan los campamentos mineros de Pinos Altos (Grant County, New Mexico) que habían sido ocupados por los soldados confederados de los “Rangers” de Arizona. (Al amanecer, rodearon la población y sus campos mineros aledaños, atacando por todos los lados.  El asalto sorprendió por completo a los habitantes de la población minera. Algunos mineros murieron cuando estaban en sus excavaciones; otros permanecieron en los túneles asustados. Los “Rangers” estaban de patrulla cuando atacaron los apaches, quienes intentaron quemar varias cabañas del perímetro de la ciudad. Afortunadamente para los mineros, el pelotón de 15 hombres del capitán Thomas Mastin regresó a la ciudad poco después de que comenzaran las hostilidades mientras que el otro pelotón estaba todavía de patrulla. Mastin ordenó a sus hombres y a los civiles tomar posiciones defensivas en el centro de la población. Durante un tiempo, los dos bandos lucharon a distancia hasta que los apaches se dispusieron a lanzar un ataque masivo. Dándose cuenta el capitán Mastin que si no hacía nada estaba perdido, ordenó coger un viejo cañón y cargarlo con clavos oxidados y perdigones, pues no había balas de cañón ya que estaba sólo de adorno. El cañón fue disparado sobre el grupo de guerreros y varios cayeron, muertos o heridos, retirándose el resto. Los “Rangers” montaron en sus caballos y los persiguieron mientras los civiles disparaban sus fusiles por las ventanas de las casas. La lucha duró hasta más allá de las 13:00 horas. El capitán Peter Hardeman, que estaba con 25 hombres de patrulla encontró el rastro de los apaches y los persiguió durante varios días hasta el río Gila pero tuvo que retirarse porque sus suministros se estaban agotando. El capitán Mastin fue gravemente herido durante la carga de caballería que decidió la batalla muriendo días después en Pinos Altos. Durante la batalla fallecieron otros cuatro de sus hombres. Por parte apache, sufrieron unas 30 bajas, entre muertos y heridos.

Chaboncito, Delgadito [chihenne] y Esquinaline [chokonen] están aparentemente muertos por esa época habiendo fallecido probablemente en Cooke’s Canyon [Luna County, New Mexico] o en Pinos Altos [Grant County, New Mexico]. John C. Cremony en su libro “Life Among the Apaches” refleja que Delgadito fue muerto por un mexicano a quien el jefe apache estaba tratando de engañar para después matarlo hacia 1856. Estaban cruzando el río Mimbres a pie y al llegar a la orilla oriental, Delgadito cogió una rama caída de un árbol para ayudarse, cuando el mexicano aprovechó ese momento para hundirle su cuchillo en el corazón por la espalda. El apache fue encontrado, al día siguiente, todavía aferrado a la rama.

Sin embargo, Gillet M. Griswold afirmó que Delgadito murió en 1855; Clum dijo que había muerto en un combate en Pinos Altos [Grant County, New Mexico] cuando un grupo de 40 norteamericanos mataron a 12 apaches; mientras que Francis Stanley informó que murió en 1864 a manos de una milicia mexicana bajo el mando del general Estanislao Montoya).

* A finales de octubre, Cochise, que se está convirtiendo en el principal líder de guerra chiricahua por la vejez de Mangas Coloradas, envía a nueve mujeres apaches a Fronteras (Sonora) solicitando la paz, sin lograr materializar ningún acuerdo. (Mangas Coloradas está en las Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico] recogiendo bellotas y piñones. Durante el invierno, Cochise y su gente acampa en las Huachuca, Dragoon y Chiricahua Mountains [todas en Cochise County, Arizona], probablemente debido a una epidemia de viruela y a la presencia de cazadores de cabelleras por el norte de Sonora y Chihuahua). 

1862

* En enero, una banda chiricahua roba 100 caballos a los confederados llevándoselos a México. (Inmediatamente el coronel John R. Baylor les sigue el rastro hasta el estado mexicano de Chihuahua, llegando a la población de Corralitos [a unos 100 km al sur de la frontera]. Allí capturan a nueve apaches [un hombre, tres mujeres y cinco niños] ejecutando a los adultos y llevándose prisioneros a los niños).  

* A principios de año, muchos chiricahuas continúan recibiendo raciones en Fronteras (Sonora) mientras una epidemia de viruela se propaga por Sonora y Chihuahua, diezmando los apaches. (A modo de ejemplo, el 11 de febrero, 17 hombres y 15 mujeres mueren en Fronteras por esa enfermedad).

* El 20 de marzo, el gobernador confederado de Arizona (territorio que abarcaba la mitad sur de los actuales estados de Arizona y Neew Mexico), John R. Baylor emite la siguiente orden: Se deben utilizar todos los medios para convencer a los apaches o a cualquier otra tribu de que venga con el propósito de hacer la paz, y cuando estén todos juntos, matarlos, llevándose prisioneros a los niños para costear el gasto de haberlos matado. Compren whisky y otras cosas que puedan ser necesarias para los indios que yo pediré los comprobantes de la cantidad gastada. No dejen de hacer cosas para asegurar el éxito, y tengan un número suficiente de hombres alrededor para conseguir que no escape ningún indio”. Cuando la noticia llegó al presidente confederado Jefferson Davis, fue relevado de su cargo de gobernador

Los apaches chiricahuas y mescaleros se enfrentaron varias veces con las fuerzas confederadas de Baylor a lo largo de 1861 y 1862. Cuando los confederados abandonaron New Mexico, el Superintendente Indio James L. Collins, para que los apaches mescaleros estuviesen controlados, nombró a Lorenzo Labadie su agente en la primavera de 1862.

* En abril, una banda apache roba caballos en la Hacienda de San Lucas (Chihuahua) siendo perseguidos por Joaquín Terrazas hasta la sierra del Hueso donde ataca su ranchería, matando a varios apaches, capturando caballos, cabras y todo el botín.

* El 5 de mayo, Cochise y el jefe apache White Mountain Francisco atacan, con unos 100 guerreros, un destacamento de soldados confederados al mando del sargento Sam Ford, perteneciente a la Compañía “A” de los “Rangers” de Arizona cuyo comandante es el capitán Sherod Hunter, en las Dragoon Springs ([Cochise County, Arizona]. Los apaches mataron a tres soldados y a un joven pastor mexicano que iba con ellos, llevándose 25 caballos y 30 mulas. Al recibir el informe, el capitán Sherod Hunter ordenó a sus hombres recuperar el ganado y vengar la muerte de sus compañeros. Así lo hicieron el 9 de mayo, cuando atacaron a los apaches matando a cinco de ellos y recuperando, sin pérdidas, todos los animales robados. Los tres soldados y el mexicano fueron enterrados cerca de la parada de postas de las Dragoon Springs.  

Al enterarse del avance de los federales, los confederados abandonaron Tucson el 4 de mayo. Las tropas del general de brigada James Henry Carleton y sus 2.350 soldados de Infantería y Caballería llegaron a Tucson el 20 de mayo y cuatro días después ordenó la reocupación de Fort Buchanan y Fort Breckenridge [más tarde llamado Camp Grant] como medida de protección contra los apaches. En seguida Carleton envió hacia New Mexico un destacamento compuesto por 140 hombres de Caballería de las compañías “B” y “C” al mando del coronel Edward E. Eyre. Éste logró pasar por Apache Pass aunque primero tuvo un encuentro el 15 de junio con Cochise. Bajo bandera blanca los norteamericanos parlamentaron con el jefe chiricahua y mediante la entrega de obsequios como tabaco y pemmican [comida concentrada, compuesta de una masa de carne seca pulverizada, bayas secas y grasas; inventada por los nativos de Norteamérica, siendo muy utilizada por los europeos durante la época del comercio de pieles y posteriormente por los exploradores árticos y antárticos como una comida hipercalórica. Mezclando todos estos ingredientes se obtiene una especie de pan o pasta, que tiene la propiedad de no enmohecerse y puede almacenarse durante largos periodos de tiempo] consiguieron que les dejasen continuar sin problemas hacia New Mexico. Después descubrieron los cadáveres de tres de los soldados que habían desaparecido antes del encuentro y que los apaches habían matado. Cochise decidió tender una emboscada a la siguiente unidad militar que intentara atravesar Apache Pass).

* El 15 de junio, ante la retirada de las tropas confederadas del territorio de Arizona, el general de la Unión, James Henry Carleton, envía a tres hombres hacia el este para reconocer la ruta e intentar tomar contacto con el general Edward R. S. Canby, que se encontraba en New Mexico. (Contrató al antiguo empleado de la “Butterfield Overland Mail”, John Jones como mensajero, y al mexicano Chávez como guía, el cuál conocía bien el territorio. Iba con ellos el sargento William Wheeling, del 1º de Infantería de California. El día 18, un grupo de apaches chiricahuas les atacó en las proximidades de Apache Pass y, con los primeros disparos hirieron gravemente a Chávez en la cadera. Cuando intentaron montar sus mulas, Wheeling fue herido, ocultándose momentáneamente. Jones convenció a Wheeling que la única posibilidad de sobrevivir era alejarse del círculo cada vez más estrecho de los apaches, abandonando a Chávez a su suerte. Éste suplicaba que no le abandonasen pero Jones y Wheeling alcanzaron sus monturas e intentaron huir. Wheeling fue inmediatamente abatido, cayendo de su cabalgadura y falleciendo en el acto pero Jones logró huir, con varios guerreros pisándole los talones. Perseguido unos 32 km por el San Simon Valley, Jones hirió a dos apaches y finalmente logró distanciarse de sus perseguidores a la puesta del sol. Dos días más tarde, Jones se topó con los confederados cerca del pueblo de Mesilla [Doña Ana County, New Mexico] siendo hecho prisionero).

* El 25 de junio, los guerreros chokonen de Cochise ven como 140 soldados estadounidenses acampan en la abandonada estación de la “Butterfield Overland Mail Company” en el Apache Pass ([Cochise County, Arizona]. Tenía todavía fresca en su memoria la muerte de su hermano y sus sobrinos a manos de soldados estadounidenses. Desde lo alto de Apache Springs, sus guerreros dispararon a las tropas que daban de beber a sus caballos. Sin embargo pararon cuando vieron una bandera blanca. Una hora más tarde, apoyado por 75 hombres, Cochise se atrevió a hablar con el oficial estadounidense al mando, el teniente coronel Edward E. Eyre, quien le aseguró que venían en paz y querían ser amigos, dándole tabaco y pemmican [comida concentrada, compuesta de una masa de carne seca pulverizada, bayas secas y grasas; inventada por los nativos de Norteamérica, siendo muy utilizada por los europeos durante la época del comercio de pieles y posteriormente por los exploradores árticos y antárticos como una comida hipercalórica. Mezclando todos estos ingredientes se obtiene una especie de pan o pasta, que tiene la propiedad de no enmohecerse y puede almacenarse durante largos periodos de tiempo]. Cuando acabó la reunión, Eyre descubrió que tres de sus soldados [James F. Keith, Peter Maloney y Albert Schmidt, de la compañía “B”, del 1º de Caballería] habían sido tiroteados, lanceados, y desnudados. Eyre informaría: “Ellos fueron víctimas de su propia imprudencia, todo el destacamento había sido repetidamente advertido por mí de no alejarse del campamento“.

El destacamento avanzó 3’2 km más al este y acampó. Durante la noche, los apaches dispararon contra el campamento, hiriendo al cirujano Kittridge y matando a un caballo. A la mañana siguiente, la columna formó y se dirigió hacia el este. Los apaches los dejaron ir.

De la conversación con Eyre, Cochise dedujo que estos recién llegados formaban parte de una unidad más numerosa que llegaba a su territorio y que eran demasiados para luchar sólos contra ellos. Pidió ayuda a Mangas Coloradas, y sus bedonkohes y chihennes respondieron, así como los chihennes de Victorio y Nana, e incluso Juh con unos cuantos nednais. También estaba Francisco, con varios guerreros White Muntain. En poco más de una semana, se reunieron en Apache Pass.

* A primeros de julio, Joaquín Terrazas persigue a los apaches por la sierra de la Tinaja Liza (Chihuahua) con escaso éxito al capturar sólo a una mujer apache. (Durante ese mes, Miguel Yrigollen [hijo del chokonen Yrigoyen, muerto por el destacamento del coronel Carrasco, el 5 de marzo de 1851, en Janos], Elías y Aguirre trasladaron a sus 156 chiricahuas de Janos [Chihuahua] a Fronteras [Sonora] al haber sido atacados por soldados de Chihuahua. Otros apaches ya estaban viviendo en Fronteras por lo que, a finales de mes, aproximadamente 262 chiricahuas vivan allí).

* El 10 de julio, el capitán Thomas L. Roberts, del 1º de Infantería de los Voluntarios de California, sale de Tucson (Pima County, Arizona) al mando del siguiente destacamento: 72 hombres de la compañía “E”, del 1º de Infantería, mandada por él mismo; 10 hombres de la compañía “H”, del 1º de Infantería, mandada por el teniente Alexander Bartholomew MacGowan; 24 hombres de la compañía “B”, del 2º de Caballería, al mando del capitán John Carey Cremony; 20 hombres de una batería de dos cañones de campaña transportados por ocho mulas al mando del teniente William A. Thompson, sumando un total de 126 soldados, más unos 25 ó 30 conductores de carros al mando de Jesse R. Allen, y 242 animales. (Al anochecer del día 12 llegaron al San Pedro River donde descansaron, dejando Roberts allí la compañía de McGowan para proteger los suministros que llevaban para el siguiente destacamento que iba a venir hacia el Este.

Siguieron avanzando, dividiendo Roberts aún más sus fuerzas. Dejó atrás a Cremony con 25 hombres de Infantería y Caballería, y unos 20 conductores de carros, protegiendo los suministros y el ganado. Roberts fue a Dragoon Springs permaneciendo allí hasta las 17:00 horas del 14 de julio, cuando con unos 95 hombres, incluyendo el resto de carreteros [5 ó 6], se dirigió a Apache Pass.

Acababa el día 14 cuando Mangas Coloradas y Cochise descubrieron una gran nube de polvo que se elevaba de Dragoon Springs, a 65 km al oeste de Apache Pass. Cochise supo por su reciente conversación con Eyre, el oficial del destacamento estadounidense en Apache Springs, que otra fuerza mayor venía por el antiguo camino que utilizaban las diligencias. Marcharon toda la noche y al día siguiente llegaron a Apache Pass [las fuentes más fiables estiman que eran unos 180 apaches].  

Los manantiales situados dentro de Apache Pass constituían la única fuente de agua en esa parte del camino y Cochise sabía que los soldados estarían exhaustos y sedientos después de su marcha a través del valle del Sulphur Springs bajo el intenso calor estival de Arizona. Utilizando grandes rocas, los apaches construyeron parapetos a ambos lados de las fuentes desde donde pensaban concentrar su potencia de fuego al estar ocultos.

Los apaches nunca habían visto tantos “casacas azules” dirigirse hacia el manantial de Apache Pass. Cochise permitió que los soldados llegasen hasta la abandonada estación de la “Butterfield Overland Mail”. La Caballería llegó a la estación alrededor del mediodía, seguida de la Infantería. Detrás 20 soldados con dos carros de suministros, con dos vehículos de ruedas que los apaches llamarían más tarde “armas de carro”, iban a la retaguardia. Cuando habían recorrido 2/3 partes del desfiladero, una lluvia de flechas y balas cayó sobre la retaguardia de la columna. El capitán Roberts ordenó al trompeta que tocase retirada pues pensaba que, entre las rocas, había de 400 a 500 guerreros cuando, en realidad no llegaban a 200.

Cuando se recuperaron de la sorpresa, Roberts dividió a sus hombres en dos grupos, ordenando al sargento Albert Fountain que atacara, a pie y a la carrera, las posiciones apaches mientras los dos cañones de campaña disparaban, por encima de los hombres de Fountain, sus obuses obligando a los apaches a abandonar sus posiciones. Tiempo después Cochise diría a Fountain: “No nos hubierais vencido si no hubierais disparado los carros contra nosotros“. Asa Daklugie, el hijo de Juh, contaría a la escritora Eve Ball: “Después de que volvieron los cañones contra nosotros en Apache Pass… mi gente supo que estaban condenados“.

Disparando los cañones, desalojaron a los apaches para que Fountaine tomara el manantial ya abandonado y establecer un campamento antes de caer la noche. Un oficial escribiría después que “los apaches huían como perdices” por el fuego de los cañones. Los estadounidenses tuvieron dos muertos [los soldados Docher o Dosher, y Webb, que fallecería siete u ocho días después de los hechos por la gravedad de sus heridas]; y dos heridos [los soldados Abbott, con una herida en el pecho, y Charles Nelson, sufriendo la amputación de un brazo]. Roberts estimó que los apaches sufrieron por lo menos nueve muertos. La afirmación del capitán John Carey Cremony, que no participó en el enfrentamiento, de que murieron 63 apaches parece una exageración.

Al día siguiente de la batalla, el capitán Roberts envió al sargento Titus D. Mitchell y a los soldados Teal, Maynard, Keim, King y Young a que avisasen a la columna de aprovisionamiento que venía por la retaguardia al mando del capitán John Carey Cremony. Los seis hombres fueron vistos por los apaches que salieron en su persecución, unos 40 ó 50, hiriendo con los primeros disparos al soldado Jesse D. Maynard y a dos caballos, aunque siguieron cabalgando por delante de los apaches. El soldado John Teal tuvo que desmontar al agotar su caballo.

El soldado John Teal contaría en el libro “Life Amonf the Apaches”, de John Carey Cremony: “Poco después de salir del paso llegamos a una especie de pequeña llanura o valle, de 1,6 km de ancho, por donde entramos a toda velocidad. Iba en la retaguardia a unos 180 metros cuando, de pronto, un grupo de aproximadamente 15 indios llegó entre mí y mis compañeros. Giré la cabeza de mi caballo hacia el sur corriendo a lo largo de la llanura con la esperanza de dejarlos atrás pero había exigido demasiado a mi caballo y no podía aumentar la distancia. Ellos se acercaron y comenzaron a disparar, una bala traspasó el cuerpo de mi caballo, justo delante de sus cuartos traseros. Ante la negra perspectiva, desmonté de inmediato, decidido a luchar hasta las últimas consecuencias. Mi caballo cayó muerto apostándome tras su cuerpo abriendo fuego con mi carabina, que siendo de retrocarga, me permitió mantener una viva descarga de fusilería. [Era una carabina Sharps del calibre 52, modelo de 1859]. Este repetido fuego pareció confundir a los apaches y en lugar de avanzar a la carrera, comenzaron a cabalgar en círculo a mi alrededor, disparando ocasionalmente en mi dirección. Ellos sabían que yo también tenía un revólver [un Colt Navy, calibre 36, modelo de 1851] y un sable, pudiendo luchar de cerca. De esta manera la lucha continuó durante más de una hora, cuando se puso a tiro un indio prominente entrándole una bala de mi carabina en el pecho. Debe de haber sido alguien de cierto renombre, porque poco después parecían estar lejos de mí, pudiendo oír sus voces cada vez más lejos en la distancia. Pensé que era un buen momento para largarme y, quitándome mis espuelas, cogí la silla de montar, bridas y una manta de mi caballo muerto y me dirigí al campamento caminando unos 13 km”.

Teal no lo sabía pero acababa de herir, probablemente en el tórax, a Mangas Coloradas quien fue llevado a donde Cochise. Éste decidió abandonar la lucha y buscar ayuda médica para su suegro, llevándole a Janos [Chihuahua], distante unos 130 km, llegando el 17 de julio. Allí, cuidando de no ser vistos por la guarnición mexicana, consiguieron que el médico Felipe Maldonado, bajo amenaza de muerte, extrajera la bala y curara la herida. Al poco tiempo, Mangas Coloradas regresó con su gente a las Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico]. Se repuso y a partir de entonces, ya sea por la edad o porque estaba cansado de luchar, buscó la paz con los  estadounidenses lo que a la larga le acarrearía la muerte). 

* El 27 de julio, el 1er Regimiento de Voluntarios de California construye Fort Bowie en Apache Pass, quedando como primer comandante el mayor Theodore H. Coult. (Es llamado así por el comandante del Regimiento, el coronel George Washington Bowie, del 5º de Infantería de Voluntarios de California. Al igual que la mayoría de los “fuertes” del sudoeste, Fort Bowie constaba de unos barracones y otros edificios sin murallas, situado sobre una colina que dominaba los manantiales y una explanada ideal para acoger a las caravanas de carromatos que tenían que pasar por esa zona. Debido al escaso número de soldados destacados en el nuevo puesto, Coult solicitó que le enviasen dos piezas de artillería desde Tucson.

Mientras estaban construyendo Fort Bowie, tuvo lugar el primer incidente con los apaches. En la tarde del 6 de agosto, el soldado McFarland de la compañía “G”, del 5º de Infantería, recibió un disparo en un barranco a unos 550 metros del campamento. El soldado cuidaba solo el ganado mientras pastaba, estando desarmado desobedeciendo las órdenes en sentido contrario. Una vaca se había alejado de la manada y McFarland fue tras ella por el barranco. No consiguió alcanzarla, perdiéndola de vista, cuando decidió dar la vuelta y regresar. De repente, un apache salió de detrás de una roca, a unos 6 metros de él, disparándole en el pecho. McFarland gritó y salió corriendo mientras dos apaches le perseguían a unos 180 metros. Finalmente se las arregló para trepar por la pendiente a la vista del campamento y cayó. Con el primer grito, la guarnición había salido fuera,  logrando rescatarlo unos minutos después de desplomarse. Los apaches fueron perseguidos por dos destacamentos sin éxito. El teniente Benjamin Clarke Cutler diría en su informe: “… McFarland recibió un disparo en el pulmón derecho, pero desde entonces está mejor, y el doctor Wooster tiene muchas esperanzas de que se recupere rápidamente. Si es así, no lamentaré mucho el incidente, ya que ha hecho que los hombres se despierten de la falsa seguridad en la que estaban cayendo por la ausencia de los apaches“. 

Fort Bowie sería abandonado el 17 de octubre de 1892, siendo transferido a la Secretaría de Gobernación el 14 de noviembre de 1894. Hoy en día es un parque histórico).

* El 30 de agosto, Edmond Dana Shirland, capitán de la compañía “C” del 1er Regimiento de Caballería de los Voluntarios de California llega a Fort Davis (Jeff Davis County, Texas), instalación que había sido abandonada por los confederados en su huída hacia el Este. (Cuando llegaron encontraron los cuerpos de tres soldados confederados, que habían sido abandonados por sus compañeros, muertos por flechas apaches y con evidente signos de haber tenido la viruela. Los apaches debieron huir, presa del pánico, al verles con esa enfermedad a la que tanto temían, matándolos sin acercarse y alejándose sin inspeccionar el fuerte. Al día siguiente, Shirland a la cabeza de 25 soldados, vio a seis apaches acercándose a caballo llevando una bandera blanca a 16 km al oeste del lugar conocido como “Dead Man’s Hole” [Burnet County, Texas]. De repente, 25 ó 30 más a caballo y otros muchos más a pie les atacaron. Shirland realizó una carga contra los apaches que iban a pie, haciéndoles huir junto a los que iban a caballo. En su informe reflejó que mató a cuatro e hirió a unos 20 apaches, sufriendo sólo dos heridos).

* El 8 de septiembre, un grupo de apaches matan al granjero Jesús María Martínez y a un empleado, mientras cortaban madera cerca de la desembocadura del Madera Canyon ([Santa Cruz County, Arizona]. Martínez y dos empleados habían ido con un carro para traer madera, siendo sorprendidos por la mañana mientras dormían en la mañana por los apaches, matándolos. Otro empleado, que había escapado, dijo que Martínez había matado a un apache. Ese mismo Martínez, en otros encuentros con los apaches, los venció, matando a muchos de ellos, a menudo acompañado de uno o dos compañeros. El rifle de Martínez se recuperó más tarde en otro enfrentamiento con los apaches).  

* A mediados de septiembre, Cochise se reúne con Mangas Coloradas en las Burro (Grant County, New Mexico) o las Mogollon Mountains ([Grant & Catron Counties, New Mexico]. Mangas Coloradas fue a la zona del Ácoma [Acoma, Cibola County, New Mexico], llegando el 19 de septiembre, para enviar un mensaje de paz a Santa Fe [Santa Fe County, New Mexico]. El general James Henry Carleton desestimó la petición del jefe apache, cuando le fue enviada para su aprobación. Entonces Mangas Coloradas se dirigió a Pinos Altos [Grant County, New Mexico] para intentar negociar con sus habitantes. Representándolos habló con Mangas Coloradas un ex-oficial de la milicia confederada, Jack Swilling, quien prometió darles carne de reses, mantas y otras provisiones si traía a toda su gente. Mangas Coloradas acordó volver en dos semanas).

* El 27 de septiembre, el general Carleton ordena al coronel Kit Carson, ir con cinco compañías del 1er Regimiento de Voluntarios de Caballería de New Mexico a Fort Stanton (Lincoln County, New Mexico), situado en territorio de los apaches mescaleros. (También le ordenó que, de camino para reocupar Fort Stanton: “Mate a todos los indios varones de la tribu mescalero, cuando y donde usted pueda encontrarlos. Las mujeres y los niños no sufrirán daño, siendo llevados presos a Fort Stanton, dándoles alimentos hasta que reciba otras instrucciones“. Carson había ordenado al anciano jefe mescalero Manuelito [no confundir con el jefe navajo del mismo nombre] que fuera a las Gallinas Springs [Lincoln County, New Mexico]. Allí llegó el capitán James “Paddy” Graydon con sus hombres, parlamentando con Manuelito, yéndose poco después. Sin embargo en Cement Springs, a 4’8 km de allí, se reunieron otra vez. Manuelito alzó la mano en el señal de paz, caminando hacia los soldados. A una orden de Graydon, alzaron los fusiles y dispararon, matando a Manuelito, a otros cinco hombres, entre ellos al subjefe José Largo, y una mujer. Cuando los mescaleros huyeron, los soldados cabalgaron y mataron a otros cinco, e hirieron a varios antes de que pudieran escapar. A primeros de noviembre, John M. Whitlock, un médico del ejército, acusaría a Graydon de matar sin motivo a Manuelito y a los demás mescaleros. El 4 de noviembre, Whitlock mataría en un duelo a Graydon [fallecería cuatro días después] y los hombres de éste a Whitlock).

* El 11 de octubre, el comandante William McCleave, al mando de dos compañías del 1er Regimiento de Caballería de los Voluntarios de California, persigue a 500 apaches mescaleros hasta el interior del Dog Canyon (Otero County, New Mexico) entablando un combate con 100 guerreros. (McCleave sorprendió a los mescaleros que no sabían de su llegada, cargando contra la ranchería. Mientras huían, los soldados mataron a 25 de ellos cuando subían por las pendientes. Una vez que alcanzaron los altos, los mescaleros se reagruparon y se parapetaron, defendiéndose e hiriendo al teniente French y a un soldado. Los hombres de McCleave avanzaron por la pendiente, disparando de roca en roca, matando a tres apaches más y haciendo huir al resto. Unos días más tarde, toda la banda, unos 500 mescaleros, entre ellos los principales jefes con sus mujeres e hijos y unos pocos apaches jicarillas, apareció en Fort Stanton [Lincoln County, New Mexico] perseguidos por McCleave, para entregarse a Kit Carson.

Mientras el capitán Thomas Roberts, al mando de dos compañías se dirigió al sur, por las Hueco Tanks [El Paso County, Texas] y se enfrentó a otro grupo de apaches lipanes dirigidos por Magoosh.

El que sería futuro explorador apache mescalero Big Mouth diría: “Yo era un niño cuando trasladaron a los mescaleros de nuestra tierra natal hasta Bosque Redondo, en Fort Sumner. Mi gente había estado cazando con arcos y flechas. Los soldados vigilaron el campamento y hubo un gran combate. Resistimos a los soldados durante un tiempo pero ¿cómo íbamos a luchar contra sus armas con sólo piedras, arcos y flechas? Durante un tiempo, luchamos y nos escondimos, hambrientos. Más tarde, nuestro jefe Cadete hizo un consejo con los ojos blancos. Muchos guerreros habían muerto, mucha gente tenía hambre y frío y Cadete pensó que era mejor hacer lo que decía Kit Carson. Él nos dijo que en Bosque Redondo, en el Pecos, nos darían de comer. ¿Qué podíamos hacer?“.

Poco después, cinco de los principales guerreros fueron llevados a Santa Fe [Santa Fe County, New Mexico] bajo escolta militar para conferenciar con el general James Henry Carleton, quien les exigió que debían ser ubicados en la Reserva de Bosque Redondo, junto a Fort Sumner [De Baca County, New Mexico]. La respuesta de su jefe, llamado Cadete por los mexicanos pero cuyo nombre apache era Gian-nah-tah, indica la naturaleza y el carácter de su tribu. Después de oír al general, dijo: “Vosotros sois más fuertes que nosotros. Hemos luchado contra vosotros mientras teníamos rifles y pólvora pero vuestras armas son mejores que las nuestras. Dadnos armas y dejadnos marchar y nosotros lucharemos de nuevo contra vosotros; pero estamos agotados; ya no tenemos corazón [para luchar]; no tenemos víveres ni medios para vivir; vuestros soldados están en todas partes; nuestras fuentes y pozos están ocupados o vigilados por vuestros jóvenes. Vosotros nos habéis echado de nuestra última fortaleza y ya no tenemos corazón. Haced con nosotros lo que queráis pero no olvidéis que somos hombres y valientes”.

Carleton no les dio más opción que la rendición total y el internamiento en la nueva Reserva de Bosque Redondo, situada en una planicie junto al río Pecos en el norte de New Mexico, donde el ejército levantó un puesto militar, Fort Sumner [De Baca County, New Mexico]. Llegarían allí en marzo del año siguiente).

* El 14 de octubre, el general Carleton ordena al coronel Joseph R. West hacer una campaña contra Mangas Coloradas (entonces de unos 70 años) y que el mejor momento para iniciarla es en invierno por lo que le indica que recoja toda la información que pueda sobre él. (El 2 de noviembre, West respondió a Carleton: “El deseo del comandante general de enviar una expedición contra los indios en la zona de las minas de Pinos Altos se puede hacer, y creo que con buenos resultados. Jack Swilling está en las minas y está disponible para el servicio. Tengo aquí empleado a un muchacho mexicano de Sonora que tenía siete años cuando fue capturado por la banda de Mangas Coloradas. Con tan buenos guías… lo más probable es que se pueda infligir un fuerte castigo a los indios…“.

* A primeros de noviembre, Joaquín Terrazas y otro hombre van de avanzadilla de su tropa por un arroyo de la sierra del Carrizalillo (Chihuahua) cuando se topan con una partida de apaches quienes, sin apercibirse de que sólo son dos, huyen dejando caballos y mulas cargadas. (A la mañana siguiente, Terrazas envía a un oficial con 20 hombres a seguirles logrando capturar a una mujer apache. Reunida más tarde toda la tropa, siguen avanzando por la sierra observando señales de humo que los apaches hacen para reagruparse. Se dirigen hacia el lugar, atacándoles consiguiendo matar a unos y capturar a varias mujeres y niños).

* A mediados de noviembre, después de la reunión en Pinos Altos (Grant County, New Mexico), Mangas Coloradas reúne a sus chihennes y bedonkohes, al sur del Stein’s Peak, en las Peloncillo Mountains (Hidalgo County, New Mexico) para decidir qué hacer. (Mangas Coloradas dijo que quería hacer la paz con los estadounidenses y dedicarse a la agricultura en Santa Lucia Springs [después conocido como San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]. Pocos líderes bedonkohes, incluido Gerónimo, confiaban en los estadounidenses, expresando su rechazo. Lo mismo dijeron los chihennes Victorio y Nana. Al final, decidieron que la mitad de la banda fuera a Pinos Altos con Mangas Coloradas y saber si los estadounidenses actuaban de buena fe. La otra mitad permanecería en Arizona a la espera de noticias. Aun así, Victorio y algunos bedonkohes y chihennes fueron con Mangas Coloradas cuando fue a Pinos Altos).

1863

* En enero, cerca de 500 apaches mescaleros son enviados a Bosque Redondo, junto a Fort Sumner (De Baca County, New Mexico), a más de 160 km de distancia de sus tierras. (Bosque Redondo fue establecido por orden del general James H. Carleton en el otoño de 1862. Los primeros indios llevados allí eran apaches mescaleros. En el verano de 1864, más de 6.000 navajos también serían llevados allí. Cuatro años más tarde se cerró y los edificios de Bosque Redondo fueron vendidos al ganadero Lucien B. Maxwell).

* A principios de enero, Joseph Rodman West, ascendido a general de brigada, instala su cuartel general en Fort McLane, a 32 km al sur de Pinos Altos ([Grant County, New Mexico]. Resulta increíble que los apaches hayan caído tantas veces en engaños urdidos por los españoles, mexicanos y estadounidenses sin tomar nota de ello. ¡Cuántas veces han sido invitados a negociar, comerciar o beber alcohol, entrando en poblaciones o instalaciones militares para, estando desarmados, acabar muertos!  Esto volvió a ocurrir.

West decidido a solucionar el problema apache, de una vez por todas, pensó que, eliminando al jefe más importante, lo lograría. Ordenó al capitán Edmond D. Shirland, del 1º de Caballería de los Voluntarios de California, que idease un plan para capturar a Mangas Coloradas.

En enero, el jefe chihenne, con cerca de 70 años, se hallaba acampado con una parte de su banda cerca del asentamiento minero de Pinos Altos. Allí había un grupo de buscadores de oro que había venido de California, esperando encontrar el preciado metal, cuyo responsable era Joseph Reddeford Walker. Después de estar en Arizona y Colorado se habían establecido en Pinos Altos. El capitán Shirland conocía a Jack Swilling, uno de los hombres de Walker, a quien contrataron como explorador, enviándole el 16 de enero al campamento de Mangas Coloradas para invitarle a ir a Fort McLane a firmar un tratado de paz. A pesar de la oposición de Victorio y de otros apaches, Mangas Coloradas aceptó la invitación, quizá con la esperanza de mejorar sus relaciones con los estadounidenses. 

Terminando la mañana del 17 de enero, Mangas Coloradas y su escolta de guerreros se acercaron, caminando lentamente, a 135 metros de Pinos Altos. Jack Swilling le estaba esperando con un grupo de hombres armados alineados detrás de él, intercambiando una palabras en un mal español. Swilling miró hacia atrás, y de repente sus hombres alzaron sus rifles. Dijo a Mangas Coloradas que ahora era un rehén para asegurar el buen comportamiento de sus hombres. Cuando iniciaban su marcha hacia la población, los guerreros que protegían a su jefe también avanzaron. Swilling dijo a Mangas Coloradas que se quedasen, que no eran necesarios. Cuando el jefe apache les dijo que se diesen la vuelta comprendió que había sido traicionado y que, probablemente, le matarían. En otro tiempo, con su astucia podía intentar la huida. Ahora pasados los 70 años, vio que todo era inútil. Cuando llegaron a las afueras de la población, los soldados salieron de las cabañas y del chaparral adyacente [pequeños arbustos resistentes a la sequía y a las temperaturas cálidas].

Al día siguiente 18 de enero, los soldados formaron y, acompañados por Swilling y sus propios hombres, cabalgaron con el jefe apache hacia el antiguo puesto militar de Fort McLane [Este puesto fue  quemado por los apaches cuando fue abandonado el 16 de septiembre de 1860, siendo reocupado por los soldados estadounidenses]. Una vez dentro, fue atado de pies y manos. El general West le acusó de haber dirigido todas las sangrientas incursiones de los últimos años en el sur de Arizona y New Mexico. Tras un breve discurso en inglés, del que Mangas Coloradas no entendió nada, fue puesto bajo custodia de dos soldados dentro de uno de los edificios de adobe derruidos, dejándole al aire libre. West sugirió a sus soldados que preferiría no verlo con vida al día siguiente: “Hombres, ese viejo asesino se ha escabullido de cada destacamento militar y ha dejado un rastro de sangre por los 800 km de los antiguos paisajes. Lo quiero muerto mañana por la mañana, ¿entienden? Quiero que muera“.

Los soldados le dijeron que se sentara en el suelo, le dieron una sola manta, e hicieron una hoguera para calentarse ellos mismos. Esa noche del 18 de enero se volvió muy fría, soportando el jefe apache la tortura bajo una sola manta. A medianoche, cuatro soldados reemplazaron a los dos soldados. Uno se puso en un lado del perímetro del edificio; otro en el otro lado. A las 01:00 horas del 19 de enero, los otros dos soldados, James Colyer y John V. Meal, apoyados por el sargento Henry C. Foljaine, cumplieron los deseos de su general. Calentaron sus bayonetas en la hoguera hasta ponerlas al rojo vivo para rozar con ellas, varias veces, las piernas y pies de Mangas Coloradas. Éste se movía de un lado a otro, intentando protegerse con la manta, hasta que se incorporó diciendo que no era un niño para que jugasen con él. Los soldados le dispararon cayendo al suelo. Después, otro soldado le disparó con el revólver en la cabeza. Mangas Coloradas, de 73 años, había pagado un precio muy alto por su confianza en los estadounidenses. A la mañana, West consiguió lo que quería. Su informe decía que Mangas Coloradas había recibido un disparo en su tercer intento de fuga. 

Ese mismo día, el soldado John T. Wright, con un largo cuchillo de cocina, quitó el cuero cabelludo al cadáver. El cuerpo fue enterrado en una zanja de la cual fue desenterrado brevemente para que D. B. Sturgeon, cirujano del fuerte, pudiera amputar la cabeza. El doctor hizo un informe con la descripción de Mangas Coloradas: “Era un hombre con las mejores proporciones y cualidades físicas… tan recto como las cañas con las que hacen sus flechas. Su cabeza y rostro estaban formados por los modelos más hermosos y más notables de su raza. La frente resaltaba clara y prominentemente sobre los ojos. Era inusualmente alto y ancho para un indio. La cabeza era notable por el ancho de oreja a oreja. Los pómulos eran grandes y prominentes, y la mandíbula inferior enorme… Sus ojos negros eran muy grandes y, cuando se enfadaba, centelleaban y brillaban como diamantes negros… Su cuello era fuerte y firme, no grueso, estando elegantemente unido a un magnífico par de hombros, y a un cuerpo que medía 43 pulgadas [1’09 metros] de circunferencia, y cubierto con músculos que habrían confundido a un  joven y entusiasta estudiante de anatomía. Sus extremidades no tenían defectos, perfectas en proporciones y simetría“.

Sturgeon envió el cráneo a Orson Squire Fowler, un frenólogo de New York, que determinó que era más grande que la cabeza de Daniel Webster, considerado como uno de los principales pensadores y literatos de la primera mitad del siglo XIX. [Según el pensamiento de la época, el tamaño de la cabeza tenía que ver con la inteligencia del individuo]. Fowler describió el cráneo de Mangas Coloradas en su libro “Human Science”: “Frenología de Mangas Coloradas. El cráneo que aparece en la página siguiente fue presentado al autor por el cirujano D. B. Sturgeon, quien vio a este indio pocos minutos después de que le dispararan, y preparó este cráneo expresamente para mí, por lo que su identidad está asegurada. Es una de las mejores contribuciones posibles a la ciencia frenológica, por lo que cada lector, sin duda, se unirá al autor para agradecer al donante…“.

Al final del día, los soldados atacaron el campamento de Mangas Coloradas, donde estaba Victorio, matando a 11 ó 12 personas, y cortándoles el cuero cabelludo. El 20 de enero, otras dos rancherías cercanas fueron atacadas, hiriendo a la mujer de Mangas Coloradas, matando a uno de sus hijos [Sethmooda] y capturando a otro.

La muerte de Mangas Coloradas causó honda impresión entre los apaches cuya furia hizo que aumentaran las depredaciones, torturas y muertes tanto de civiles como de militares. Cuando Cochise se enteró de la muerte de su yerno quedó totalmente consternado. Su banda, formada por bedonkohes y chihennes, quedó sin una jefatura clara, siendo los más influyentes José Mangas, Chastine, Gordo, Chiva y Esquine.

Tres años después de la muerte de Mangas Coloradas, su banda se fracturó en tres grupos. La mayoría de los chihennes se unieron a los chihennes de Victorio en New Mexico, intentando buscar la paz con los estadounidenses. Otros fueron para unirse a Cochise. Como Gerónimo recordaría: “Nos retiramos a las montañas cercanas a Apache Pass, y Cochise asumió el mando de toda la banda“. Pero al final, Gerónimo y sus seguidores se unieron a Juh, por su amistad y vínculo familiar con él desde juventud. Alternativamente estuvo unido tanto con los nednais de Juh como con los chokonen de Cochise, pasando parte de los siguientes años en Sonora y Chihuahua. Su familia probablemente permaneció en la Sierra Madre la mayor parte del tiempo).

* El 1 de febrero, el general Carleton informa a Washington que los apaches mescaleros han sido completamente sometidos.

* El 24 de febrero, el presidente Lincoln firma la ley por la que se crea el Territorio de Arizona. (El Congreso divide la mitad occidental de New Mexico de la mitad oriental para crear el Territorio de Arizona justificándola por la posible riqueza mineral de la región). 

* En marzo, llegan a la Reserva de Bosque Redondo, los apaches mescaleros, junto a unos pocos apaches jicarillas, que se habían rendido en Fort Stanton (Lincoln County, New Mexico) en noviembre del año anterior. (Esta nueva reserva está situada en una planicie junto al río Pecos en el norte de New Mexico, junto a Fort Sumner [De Baca County, New Mexico]. Los jefes apaches mescaleros son Gian-nah-tah o CadeteNa-tanh; Too-ah-yay-say; Natch-in-ilk-kisn; Nah-kah-yen; Para-dee-ah-tranKlo-sen; y el jefe apache jicarilla Kicking Horse. Llegarían a sumar unos 500 apaches mescaleros.

Gian-nah-tah significa “Siempre Listo” o Always Ready. Era el jefe principal y ha pasado a la historia con el nombre de Cadete. 

Nah-tanh significa Flor del maíz” o Corn Flower, llamado así porque en una ocasión, durante una incursión, se escondió él y su partida en un campo de maíz cerca de la localidad de Ures [Sonora] logrando llevarse unos 200 caballos. Era llamado Chato por los mexicanos [no confundir con el chiricahua Chato] porque su nariz estaba rota y aplastada por la patada de un caballo. Era muy estimado entre su gente, como guerrero y como juicioso consejero. Tenía unos 40 años, pesaba alrededor de 90 kilos; era ancho de pecho, poderoso y muy serio, casi nunca se dignaba a sonreír. Su opinión en cuanto a las cualidades de un caballo o de un arma se consideraba definitiva. Había participado en muchas incursiones hasta que se rindió.

Too-ah-yay-say significa Fuerte Nadador o Strong Swimmer porque una vez se salvó por los pelos de morir ahogado en el Río Grande, cuando trataba de cruzar con una banda de caballos robados. Después de una lucha desesperada, en el que varios de los animales se perdieron, logró llegar a la orilla y huir con el resto de apaches de un gran grupo perseguidor mexicano que no se atrevieron a aventurarse en las aguas del río. 

Natch-in-ilk-kisn significa Gotas de Colores o Colored Beads era un hombre alto y señorial que siempre llevaba un collar rígido y grueso alrededor de su garganta, y brazaletes en sus muñecas.

Nah-Kah-yen o Keen Sighted era particularmente hábil en seguir rastros y su conocimiento del sentido de la orientación y de los hábitos de los animales era realmente maravilloso. Tenía unos 27 años, de mediana estatura y bien formado. Era una especie de dandy entre los apaches, llevando siempre la mejor ropa, y cuidando su melena de manera especial, siempre bien peinada y adornada con unas pequeñas placas de plata.

Para-dee-ah-tran significa Contento” o Contented porque era tranquilo, de temperamento fácil y buen carácter y buen compañero.

Klo-sen significa Soga de Pelo” o Hair Rope por haber enlazado y matado a un comanche durante un combate entre las dos tribus. Habiendo agotado sus flechas utilizó las armas de su enemigo muerto, contribuyendo a ganar el combate.

Frederick Peso, vice-presidente de la “Mescalero Apache Tribe” a finales del siglo XX, diría: “Cuando se mudaron a Bosque Redondo casi no había nada allí. Fue un nuevo fuerte. Tuvieron que reconstruirlo. Tuvieron que hacer adobes. Tuvieron que limpiar el terreno para poder cultivar y cuando lo hicieron, nuestra gente no estaba acostumbrada a eso. Eran guerreros, cazadores, combatientes. Eran valientes y tuvieron que venir y arrastrarse por el fango“.

La creación de la reserva en Bosque Redondo supuso un gran trabajo. Aunque el propósito principal de Fort Sumner era proporcionar protección a los colonos, la tarea de crear una reserva india en Fort Sumner demostró ser mucho más difícil de lo que se podía imaginar. A los más de 400 apaches mescaleros se unirían, a finales de 1864, más de 8.500 navajos. Además de cerca de 500 soldados y 200 civiles que vivían Fort Sumner, la reserva tenía una población de cerca de 10.000 personas. Nunca en la historia de New Mexico había habido tanta gente junta en un solo lugar. El Ejército sólo esperaba que hubiera 5.000 personas, por lo que el suministro de alimentos, agua y alojamientos fue un grave problema desde el principio.

Hubo que cavar una gran acequia para el riego de los campos; hacer una presa en el río Pecos que había que reparar constantemente debido a la erosión, erigir edificios y alojamientos, plantar cultivos, etc. Los apaches mescaleros estaban resentidos porque los navajos se aprovecharon del trabajo que ellos habían hecho antes de su llegada. Los navajos temían que los soldados no les diesen alimentos si la reserva no funcionaba. Los enfrentamientos entre los apaches mescaleros y los navajos, que nunca había vivido tan cerca, eran constantes. Ambos eran la mano de obra. Para colmo, la salud empeoró. La gente no tenía agua limpia; el agua del río era muy alcalina; no había leña para cocinar. Pero trabajaron duro para mantenerse con vida, haciendo lo que fuese necesario para el cuidado de sus familias. La vida para los apaches mescaleros y navajos era lamentable. Sobrevivían.

Para el verano, la reserva tenía campos con cultivos plantados. Desgraciadamente, toda la cosecha se perdió por una plaga de gusanos que destruyó los cultivos. Ante esa dificultad, el Ejército proporcionó escasas raciones de alimentos a los indios, que eran constantemente reducidas porque no llegaban para tanta gente. Tanto los apaches mescaleros como los navajos enfermaron por comer alimentos que eran totalmente diferentes de su dieta normal. Los apaches mescaleros habían vivido en las montañas y en densos bosques donde la caza y plantas comestibles eran abundantes. Los navajos tenía enormes rebaños de ovejas y cabras y venía de un territorio donde el buen pastoreo, la buena comida y el agua era abundante.

El agua del río Pecos, muy alcalina, causó graves problemas intestinales y enfermedades que se propagaron rápidamente. Una epidemia de viruela se extendió por toda la reserva provocando bastantes muertos. Los inviernos en Bosque Redondo eran muy fríos careciendo de medios adecuados para construir los típicos tipis de los apaches mescaleros y los hogans de los navajos. No había leña suficiente para calentarse. Tenían frío, y estaban enfermos y hambrientos. Los navajos se refieren a esa época y lugar como “hweeldi”, traducido como “el lugar de sufrimiento”.

Lorenzo Labadie, el agente indio de la Reserva de Bosque Redondo, diría a John Carey Cremony, capitán en ese momento en Fort Sumner [De Baca County, New Mexico] y autor del libro “Life Among the Apaches”: Estos indios están en la miseria porque hace dos días que han consumido sus raciones y no tienen qué comer. Hay muchas mujeres y niños entre ellos y todavía faltan dos días más para que les distribuyan de nuevo los suministros. Sus guerreros han pedido que se les permita ir a cazar. Las llanuras cercanas están llenas de rebaños de antílopes que pueden ser cazados fácilmente. He estado con el capitán Updegraff pero no quiere saber nada. Por favor hable con él y vea lo que puede hacer pues de lo contrario pueden intentar escapar de la reserva”. 

Cremony habló con el capitán Joseph Updegraff, comandante de Fort Sumner, diciéndole: “Capitán, los apaches han pedido su permiso para ir a una cacería que ha Vd. negado; permítame decirle que se mueren de hambre, que tienen a sus mujeres e hijos como rehenes y Vd. recordará su determinación. Me ofrezco voluntario para ir con ellos para que regresen en 48 horas”.

El capitán Updegraff respondió:Muy bien, capitán, si Vd. decide confiar en esos diablos rojos sin pacificar y hacerse responsable de su regreso, y me da la garantía oficial por escrito, lo que es indispensablemente necesario, puede ir con ellos mañana por la mañana a la luz del día; pero no permanezca lejos más de 48 horas”.

Cremony habló con Lorenzo Labadie, el cual informó a los apaches mescaleros de las condicionesde la cacería. A las 07:00 horas de la mañana siguiente, un grupo de 110 apaches, 95 guerreros y 15 mujeres, salieron de la reserva acompañados sólo de John Carey Cremony. Los apaches iban armados de arcos y flechas ya que todas las armas de fuego tuvieron que dejarlas en la reserva.

Los apaches formaron dos líneas, la primera a unos 550 metros por delante de la segunda. Estos dos grupos ampliaron sus líneas de modo que no hubiera dos apaches a menos de unos 40 metros el uno del otro, extendiendo cada línea a una distancia de unos 2’5 km, barriendo una gran superficie de territorio, y sin embargo lo suficientemente cerca para evitar que escape un antílope a través de las dos barreras o entre los cazadores. La formación avanzó así hasta avistar una manada a unos 800 metros. Inmediatamente las dos alas de la primera línea se adelantaron a toda velocidad cortando la retirada de los animales, rodeándolos mientras la segunda línea llegó rápidamente para completar el cerco. Los apaches cazaron 87 antílopes. Al cabo de 36 horas, el capitán Updegraff fue informado del éxito de la cacería.

Entre los apaches mescaleros de la Reserva de Bosque Redondo había un cautivo mexicano llamado Juan Cojo. Había sido capturado a la edad de 11 años y no obtuvo su liberación hasta que cumplió 33. Hablaba apache con fluidez y fue contratado como intérprete).

* En marzo, varios grupos de apaches firman en Fronteras (Sonora) un tratado para acordar una tregua, no formando parte de ella Cochise debido a que, probablemente, esté de nuevo en Arizona. (Los supervivientes de la banda de Mangas Coloradas se unieron a Cochise y sus chokonen).   

* A mediados de marzo, el general Carleton dice a West: Yo no espero ninguna paz con ellos (los apaches) salvo con los que ya están bajo nuestro dominio. Ellos no deben tener voz en el asunto. La alternativa es la subyugación o la eliminación de todos los hombres”.

* El 22 de marzo, 30 apaches bedonkohes, chokonen y chihennes a caballo y varios más a pie, roban 60 caballos en las Pinos Altos Mountains, cerca de Fort West ([Grant County, New Mexico]. Huyeron hacia el oeste, a Arizona, deteniéndose en el Bonita Creek, un afluente meridional del río Gila. Un destacamento de soldados que les perseguía los encontraron el 27 de marzo, y atacándolos por sorpresa, mataron a 25 apaches en 20 minutos, dispersándose el resto).  

* A primeras horas de la mañana del 25 de abril, unos 200 apaches fueron vistos acercándose a Fort Bowie (Cochise County, Arizona) desde el norte. (El capitán Benjamin F. Harrover, de la compañía “E” del 5º de Infantería, comandante del puesto, salió con 20 soldados de su propia compañía y cinco más de caballería, acompañados por el cirujano del puesto Edward L. Watson, del 1º de Infantería. Al llegar al manantial, al norte del fuerte, los apaches se toparon con los hombres de Harrover, quien ordenó abrir fuego. Los apaches, 30 de los cuales iban a caballo, comenzaron a retirarse pero respondiendo al fuego de los soldados, ya que varios de ellos tenían armas de gran calibre y bastantes fusiles. El enfrentamiento continuó durante casi tres horas, tiempo durante el cual los hombres de Harrover persiguieron a los apaches durante unos 6’5 km. 

Tres apaches resultaron muertos, aunque Harrover creyó que fueron más, entre muertos y heridos, porque vio caer a unos cuantos. Un soldado, M. B. Wilcox de la compañía “E”, del 5º de Infantería, resultó gravemente herido en el hombro y un caballo recibió una herida en el pecho.

* El 7 de mayo, el capitán Thomas Theodore Tidball ataca a una banda apache en el Aravaipa Creek (Graham County, Arizona) matando a 47 de ellos y regresando a Tucson con 10 cautivos y 66 reses. (Tidball había salido de Fort Lowell, situado en las cercanías de Tucson [Pima County, Arizona] guiado por Jesús María Elías, un prominente ciudadano mexicano de Tucson y por varios “apaches mansos” de la zona).

* Durante la segunda semana de mayo, Cochise está en Fronteras (Sonora) al parecer para intercambiar bienes robados por comida, armas y municiones. (Los mexicanos mataron a algunos de los suyos por lo que respondió matando a varios ciudadanos, terminando la tregua).

* A finales de mayo, una banda apache roba algunos caballos en el rancho de la Laborcita y matan varias vacas en los corrales de Nombre de Dios ([ambos en Chihuahua]. Joaquín Terrazas les persiguió con 15 soldados de Caballería alcanzándoles en la sierra del Gato, estableciéndose un tiroteo mientras trepaban por los peñascos hasta la cima observando rastros de sangre de algunos apaches. Al llegar a la cima capturaron varias mujeres y niños, recuperando los caballos robados y el botín que llevaban).

* El 20 de junio, el capitán Albert H. Pfeiffer sale de Fort McRae (Sierra County, New Mexico) de excursión a una fuente termal, que estaba a 15 km, con su mujer embarazada, María Antonia Salinas; su hija adoptiva, María Antonia Pfeiffer, una sirvienta, la señora Mercado; y seis soldados de escolta cuando son atacados por un grupo de apaches mescaleros. (Albert H. Pfeiffer y su esposa, habían adoptado el 11 de mayo de 1862 a tres jóvenes indios a los que bautizaron, figurando en el registro de bautismos de Abiquiú [Abiquiu, Rio Arriba, New Mexico]. La mayor era una chica ute de 17 años a la que llamaron María Antonia Pfeiffer; un niño navajo de 7 años, José Lázaro Pfeiffer y una niña navajo de 5 años, María Juliana Pfeiffer.

El capitán Pfeiffer estaba destinado en Fort Craig [Socorro County, New Mexico] cuando empezó a tener molestias en sus ojos, por lo que decidió pasar unas semanas en un manantial al sur de Fort McRae donde esperaba mejorar gracias a sus aguas termales. Levantaron las tiendas de campaña en un bosque de álamos cerca de las fuentes y en poco tiempo la salud de Pfeiffer empezó a mejorar. Una mañana, al salir el sol, bajó a la fuente para bañarse y cuando salía del agua oyó el grito de guerra de los apaches mescaleros. Los soldados Quintana y Mestas murieron; otro llamado Dolores y un un civil llamado Betts resultaron heridos, huyendo con los dos soldados restantes. Pfeiffer estaba desnudo pero tuvo tiempo de coger su rifle antes de que los apaches se abalanzaran hacia él. Corrió hacia el río con una flecha clavada en la espalda hasta llegar a un lugar protegido por unas rocas donde se detuvo para descansar y defenderse. Permaneció allí durante varias horas, bajo un sol ardiente. Los apaches mescaleros, al ver que no podrían alcanzarle sin tener bajas, se fueron por lo que Pfeiffer pudo llegar a Fort McRae. Llegó más muerto que vivo. Cuando el cirujano sacó la flecha de su espalda, la piel quemada por el sol que rodeaba la herida salió con ella, y durante días sufrió una intensa agonía, estando durante dos meses a punto de morir.

Mientras tanto, un destacamento enviado por el comandante Arthur Morrison encontró el campamento quemado y los cuerpos de dos soldados y el de la sirvienta. Los apaches mescaleros habían capturado a la esposa de Pfeiffer, y a su hija adoptiva. Conociendo sus costumbres, pensaron que no matarían a las mujeres, sino que las llevarían cautivas. Fueron tras ellos, alcanzándolos en los alrededores de las Caballo Mountains [Sierra & Doña Ana Counties, New Mexico]. Viéndose acosados, mataron a las dos mujeres y escaparon.

El capitán Pfeiffer se recuperó por completo, yendo al año siguiente con el coronel Kit Carson en la campaña contra los navajos. En venganza, combatió a apaches y comanches. En una ocasión dijo: “Ellos pagaron por ello, sí que han pagado bien por ello, en sangre“).

* El 24 de junio, un grupo de apaches tiende una emboscada a una columna desoldados norteamericanos en la Jornada del Muerto, donde matan al teniente L. A. Bargie y a dos de sus hombres. (La Jornada del Muerto está en el estado de New Mexico, denominando así los españoles a esa zona estrecha de desierto de unos 160 km de longitud).

* El 28 de junio, otro ataque apache cerca de las Gallinas Mountains (Socorro Mountains, New Mexico) a dos soldados correos de Fort Stanton (Lincoln County, New Mexico) acaba con uno de los soldados muertos y el otro, N. Quintana, herido y capturado, al que atan a un poste y lo queman vivo. (Tras estos ataques apaches, el general Joseph Rodman West ordena al comandante William McCleave: “Esta banda de indios del río Mimbres debe ser exterminada hasta el último hombre. En cuanto las condiciones lo permitan cumplirá esta orden. Use cada hombre disponible… explore cada trozo de tierra y déles una paliza en todos sus lugares predilectos”. Mientras, Cochise y Victorio están probablemente en el Cook’s Peak atacando a dos columnas de soldados en el Cooke’s Canyon).

* En agosto, tres grupos de apaches atacan Fort Bowie (Cochise County, Arizona) llevándose todos los caballos pertenecientes al pequeño destacamento de la compañía “E”, del 1º de Caballería. (Un destacamento dirigido por el capitán Tidball persiguió a los apaches sin éxito).

* El 22 de septiembre, una banda apache ataca el rancho de la Laborcita (a unos 9,5 km de la ciudad de Chihuahua) matando a varias personas e hiriendo a otras. (Joaquín Terrazas les persiguió con 43 soldados alcanzándoles y produciéndose un tiroteo. Los apaches se defendieron tras las rocas pero al llegar 100 soldados de refuerzo de Chihuahua, más varios civiles de Torreón y Sacramento, se retiraron tras la cima abandonando los caballos tras matar al capitán José Herrera. Los soldados siguieron los rastros de sangre hasta que se hizo de noche regresando a la ciudad de Chihuahua).

* A primeros de octubre, Joaquín Terrazas y sus hombres encuentran las huellas de una incursión apache que les lleva hasta la sierra del Chivatito (Chihuahua) donde estaban asediando una caravana de carros que se dirigía al Paso del Norte ([Ciudad Juárez, Chihuahua]. Matan a varios apaches y capturan a otros, junto a varios caballos).

* El 2 de octubre, el capitán Valentine Dresher, de la Compañía “B”, del 1º de Infantería de California funda, por orden del general Carleton, Fort Cummings (Luna County, New Mexico) para controlar a los apaches y proteger la ruta de la “Butterfield Overland Mail Company” y el camino que va hacia el sur de California, que pasa a través del Cooke’s Canyon.

* En noviembre, Joaquín Terrazas persigue a un grupo de apaches hasta la sierra de los Arados (Chihuahua) donde captura a un guerrero, varias mujeres y niños, y unos cuantos caballos y mulas.

* En noviembre, el capitán Heraclio Escalante y 90 hombres de Bavispe (Sonora) destruyen una ranchería cerca de Janos (Chihuahua) matando a 21 apaches, seis de ellos varones y capturando a siete más.

* A finales de año, los chiricahuas de Cochise se ven obligados a moverse continuamente. (Por esa época, en Chihuahua, el sistema de recompensas por cabelleras está en pleno apogeo siendo aniquilados varios grupos locales de apaches).   

1864

* En enero, Merejildo Grijalva, el indio ópata que había estado cautivo del jefe apache chokonen Cochise durante varios años, llega a Fort Bowie, después de haber sido enviado allí por el general West para colaborar en una campaña contra Cochise, estando allí durante dos años y medio. (Durante la 1ª Asamblea de la Legislatura del Territorio de Arizona, los apaches fueron denominados como “asesinos por descendencia y ladrones por prescripción”).

* El 5 de enero, un grupo de apaches entra en el corral del rancho de Abraham Harlow Peeples, cerca de Weaverville (Yavapai County, Arizona), llevándose 32 caballos y mulas, dirigiéndose hacia el Salt River. (Se formó un grupo persecutor de 28 hombres con raciones para 10 días. Además de Peeples, iban Daniel Conner, Joe Dye, y King Samuel Woolsey, quien asumió el mando.

Viajaron en dirección Este, siguiendo el rastro a través del Agua Fría River, Lost Creek y Verde River. Allí el rastro se dirigía a través del San Francisco River continuando en dirección Este hacia la boca del cañón del Salt River. Al ir escasos de provisiones acamparon allí, yendo Peeples con varios hombres a un poblado de indios pimas para conseguir suministros.

Regresaron el 21 de enero con harina, pinole, y con 45 indios pimas y maricopas como refuerzo. Fueron a la parte superior del Salt River durante unos 25 km, encontrando el rastro en la boca del cañón. Allí todos los pimas retrocedieron diciendo que no entrarían en el cañon ya que no habían estado allí antes, pero Juan Chivari, el jefe maricopa, dijo que él iría a donde hiciese falta. El grupo quedó reducido a los 28 hombres originales, más Cyrus Lennan [administrador de correos] y G. G. Fisher, los dos residentes en los poblados pimas, y 16 indios maricopas, entrando en el cañón. 

Pasaron todo el día 23 recorriendo el cañón, y en la oscuridad encontraron el rastro que llevaba a una alta montaña, hacia el lado sur del río. Viajaron toda la noche sin encontrar ningún signo fresco hasta cerca del amanecer, cuando descubrieron huellas de mujeres y niños. Avanzaron al galope y a las 08:00 horas encontraron la ranchería vacía. No sabían si eran Tonto o Pinal Apaches pero, evidentemente al verles llegar, habían huido.

Era el 24 de enero. Estaban desensillando los animales para acampar junto a unos pequeños estanques de excelente agua, y a punto de preparar el desayuno para luego descansar, cuando vieron las alturas ocupadas por apaches, y en poco tiempo, estuvieron completamente rodeados. Estaban a unos 550 metros siendo unos 250 apaches. [Woolsey diría después que eran unos 400 pero eso parece una exageración].

Woolsey se dirigió hacia la pendiente más cercana con sus intérpretes, un maricopa y un muchacho yavapai, para hablar a distancia con el jefe apache, llamado Par-a-muck-a, quien le preguntó si les estaban siguiendo para matarles. Woolsey dijo al jefe que estaba equivocado, que habían ido allí con los jefes pimas y maricopas para hacer un tratado y que habían seguido el rastro del ganado robado porque no conocían otro camino hasta ese territorio.

El jefe bajó a pie desde las alturas hasta donde estaba Woolsey, quien llevaba su carabina Sharps, diciéndole entonces que si intentaba volver a subir por la pendiente le dispararía, y que sus hombres podían venir a parlamentar. Después de alguna duda, el jefe apache llamó a sus hombres para que bajaran al campamento donde los maricopas habían preparado una fiesta para ellos con harina, pinole y tabaco. Llegaron unos 30 apaches, y ninguno llevaba armas de fuego.

Entonces las montañas, tanto como la vista podía alcanzar, se llenaron de señales de humo, viniendo y saliendo mensajeros apaches en rápida sucesión. Tras dos horas, uno de ellos informó que esperaban la llegada de Big Rump o Delshay, jefe de los Tonto Apaches, con 40 guerreros. Hacia las 16:00 horas, otro mensajero llegó al campamento diciendo que Delshay no llegaría hasta la mañana siguiente.

Lo que pasó después es contradictorio. De repente, uno de los apaches clavó a Cyrus Lennan una lanza en el pecho izquierdo, matándolo instantáneamente. En el subsiguiente enfrentamiento, 24 apaches resultaron muertos, además de varios heridos. En el grupo de Woolsey sólo falleció Lennan, y un maricopa resultó herido leve por una flecha en el cuello, resultando muerto un caballo. [Así lo plasmó en un informe, el 14 de septiembre de 1864, al general James H. Carleton, comandante del Departamento de Arizona y New Mexico. Se desconoce por qué Woolsey dijo que el herido era un maricopa cuando en realidad era un empleado suyo, un yuma llamado Tonto Jack, que había sido cautivo de los apaches, conociendo su idioma].

Pero hay algunas diferencias en el relato de algunos que participaron en los hechos. Algunos participantes estuvieron en los poblados pimas días después del enfrentamiento, siendo entrevistados por el escritor J. Ross Browne; y por Charles Poston, Superintendente Territorial de Asuntos Indios.

Browne, echando mano a sus notas, diría más adelante: “De repente Woolsey sacó su revólver, apuntó y disparó a Par-a-muck-a matándolo en el acto. Esa fue la señal para la firma del tratado. Simultáneamente todo el grupo comenzó a disparar sobre los indios, matándolos a derecha e izquierda“.

Poston, 30 años más tarde, dijo de esa entrevista: “Woolsey no solo era valiente sino también inteligente, percatándose de que, o ellos o los indios, iban a morir, dijo: ‘Chicos, o salimos de aquí o moriremos. Que cada uno elija un indio, que yo dispararé al jefe como señal”.

Otro participante escribió una carta, fechada el 10 de febrero de 1864, que apareció en la edición del 9 de marzo de 1864 del periódico californiano “Sacramento Union”. La carta, que iba firmada con las iniciales J. K. S., decía: “ Entonces se produjo un contratiempo en la que perdimos a un hombre, muerto por un corte de lanza a manos de un apache, y el intérprete de los maricopas resultó herido, aunque no de peligro…  Hicimos buenos a 24 indios – o los matamos que es lo mismo – también a los que evitaron el plomo…“. La carta parece indicar que las intenciones de los hombres de Woolsey coincidían con lo que pasó.

El escritor Dan L. Thrapp en su libro “The Conquest of Apacheria”, confirma los hechos. La señal para empezar a disparar sería cuando Woolsey se llevara la mano a su sombrero.

Los acontecimiemtos pudieron desarrollarse de la siguiente manera. Cuando el grupo de Woolsey notó que ninguno de los apaches hablaba inglés, comenzaron visualmente a escoger sus objetivos, mientras sonreían, asentían y señalaban con la cabeza. El tiroteo empezó cuando Woolsey se llevó la mano al ala de su sombrero como señal, matando él mismo al jefe Par-a-muck-a. Woolsey advirtió a Lennan que tuviese cuidado con un apache cojo que blandía una lanza. “Me encargaré de él“, contestó Lennan pero disparó a otro apache que tenía cerca, no pudiendo evitar que el apache le clavase la lanza en el pecho. Joe Dye lo mató. Lennan en el suelo exclamó: “¡Me muero!“, falleciendo seguidamente. La lanza se había clavado en el corazón. Los apaches que no fueron abatidos lucharon con desesperación, retrocediendo y girándose para disparar sus flechas mientras huían. La lucha, si así se puede llamar, duró siete u ocho minutos. Inmediatamente empacaron y cabalgaron 24 km durante esa noche.

El 29 de enero, estando cerca del Agua Frío River se toparon con dos apaches Pinal, que llevaban dos mulas y un caballo que habían robado de la mina Hassayampa [Maricopa County, Arizona]. Mataron a uno e hirieron gravemente al otro, llevándose los animales. Regresaron el 3 de febrero habiendo estado ausente 27 días. A ese enfrentamiento se le conoce como la batalla de “Bloody Tanks”.

Woolsey y su grupo fueron tratados como héroes, y el gobernador John Noble Goodwin nombró a Woolsey, ayudante militar con el rango de teniente coronel de la milicia.

John Langellier, ex director del “Sharlot Hall Museum” de Prescott, dijo que “no siempre es justo aplicar los estándares de hoy a las figuras históricas. El héroe de ayer es el villano de hoy. No hay duda de que por los estándares de hoy sería consid