1801
* El 17 de febrero de 1801, Antonio Cordero, gobernador de Coahuila, ordena la eliminación de tres apaches mescaleros vistos por la Sierra de La Paila (municipio de Saltillo, Coahuila) que han estado incursionando por la provincia.
* El 5 de junio de 1801, una banda apache sorprende a tres personas que estaban
cuidando los rebaños de ovejas en el exterior de la misión de San José de Tumacácori ([Santa Cruz County, Arizona]. Los tres pastores fallecieron en la primera acometida al no poder ponerse a salvo tras los muros de la misión.
El más mayor de los fallecidos era Juan Antonio Crespo, un pima de 50 años, casado con la yaqui u ópata María Gertrudis Brixio. Su hijo Juan Antonio Crespo se alistaría como soldado en el presidio de Tucson [Pima County, Arizona] en mayo de 1819, figurando en su hoja de alistamiento, la siguiente descripción: moreno, sin barba, con cabello negro, ojos negros, nariz ancha y una cicatriz sobre la ceja izquierda.
El segundo era José María Pajarito, de 20 años, un yaqui, hijo de Ramón Pajarito y de María Plancha Platas; y el tercero, Félix Hurtado, de 15 años, hijo de Francisco Hurtado y de Juana de Dios Mesa.
Para intentar provocar la salida del resto de habitantes de la misión, protegidos tras los altos muros, los apaches empezaron a matar ovejas, pero era tal el pánico que tenían que ver como eran sacrificadas 1.360 ovejas sin atreverse a salir. Los apaches se apropiaron de productos de los huertos cercanos y de alguna res que estaba por los alrededores.
De alguna manera, consiguieron avisar al cercano presidio de Tubac [Santa Cruz County, Arizona], situado a 4’8 km de distancia. Cuando a las 06:00 horas del 6 de junio, los apaches vieron la llegada de un grupo de soldados y colonos, huyeron rápidamente. Fue entonces cuando pudieron ser recuperados y enterrados los cuerpos de los tres pastores en el cementerio de la misión a cargo de fray Narciso Gutiérrez).
* El 30 de agosto de 1801, el comandante de la Punta de Lampazos (municipio de Lampazos de Naranjo, Nuevo León) recibe comunicación de que “hace días que tres apaches, resto de una ranchería de apóstatas del Bolsón, traen en continuo movimiento a varias partidas de tropa que se han empleado en su persecución para impedir los robos de bestias que han originado en estos contornos. Tengo noticia, han salido últimamente por Santa Cruz con dirección a Encinas y ese punto, imprimiendo cinco rastros, dos de caballo y tres de mulas, de que infiero, llevan consigo sus familias con el fin de situarse en alguna sierra de las de esa comarca. Por lo que se le ordena la pronta atención de este asunto y cortar a lo largo de su circunferencia para destruir a tan perversos vecinos”.
* En 1801, el número de apaches residentes en Janos (Chihuahua) aumenta de 170 a 240 personas, apareciendo en los registros del presidio las rancherías chiricahuas de Coyote, Jasquienelté, Juan Diego Compá (nednai), Pisago y Vívora. (Estarían allí durante más de una década).
1802
* En febrero de 1802, el nuevo comandante general de las Provincias Internas, Nemesio Salcedo y Salcedo, envía una collera con 84 cautivos apaches ([21 hombres y 63 mujeres]. Los 22 soldados de escolta estaban al mando del sargento José Antonio Uribe. Salieron del Presidio de Pilar de Conchos [municipio de Valle de Zaragoza, Chihuahua] y llegaron a Ciudad de México el 1 de abril, encerrando a los hombres en la cárcel de La Acordada y a las mujeres en el Hospicio de los Pobres.
No se sabe la asignación tribal de esos apaches, pero probablemente eran gileños, como así
llamaban los españoles a los apaches que habitaban cerca de las fuentes del río Gila. El año anterior, 1801, el comandante del Presidio de Janos [Chihuahua] había informado de que varios jefes apaches gileños estaban en paz [en los registros del presidio figuraban la presencia de las rancherías de Coyote, Jasquienelté, Juan Diego Compá [nednai], Pisago y Vívora, sumando un total de 240 personas], y que estaban en pie de guerra contra otros apaches hostiles a los españoles. Probablemente, con la ayuda de estos aliados, los españoles capturaron a los apaches que más tarde fueron llevados en la mencionada collera.
Los españoles quedaron satisfechos con las capturas realizadas en el otoño e invierno de 1801, ya que afirmaron que el éxito de esas campañas hizo que tres jefes gileños, Concha, Chafalote y Naranjo [chihenne], solicitaran la paz el siguiente verano.
Si toda una familia era capturada, los oficiales solían separar a los jóvenes de sus parientes, dejándolos en el norte. A veces los dejaban a cargo de familias locales para que los criaran. Otras, los mismos militares que los habían capturado pedían hacerse cargo de ellos.
Algo de esto debió de ocurrir, ya que cuando los cautivos llegaron al Presidio de Pilar de Conchos a principios de febrero de 1802, no había ninguno que tuviera menos de 15 años. La mayoría eran adultos jóvenes o de mediana edad. Entre las mujeres, las más jóvenes eran dos muchachas de 15 años, y las de más edad, dos ancianas de 90 [una de ellas llegaría viva a La Habana].
El sargento Uribe, al mando de la collera de prisioneros, era un veterano en esas lides, consiguiendo que todos menos tres llegaran a Ciudad de México a fines de marzo de 1802, después de un viaje de casi dos meses. Félix Berenguer de Marquina, virrey de la Nueva España, elogió a Uribe por evitar las fugas, pidiéndole que informara de sus métodos para que otros destacamentos dedicados a la misma tarea los utilizasen.
Uribe explicó que encadenaba a los hombres de dos en dos a lomos de las mulas y rodeaba el convoy con soldados cada vez que se detenían. Por la noche, cuando encerraban a los cautivos en una posada junto al camino, ponía dos soldados dentro armados solo con garrotes [para evitar que los apaches se hicieran con armas de fuego] y uno en la puerta.
Como era costumbre, los cautivos apaches pasaron un tiempo en Ciudad de México, lo que explica el motivo de que muchos de ellos no llegaran hasta el puerto de Veracruz. La muerte por enfermedades o a causa de la edad, y las mujeres entregadas a familias pudientes para ser utilizadas como criadas, explican la disminución de su número.
Debido al hacinamiento se produjeron varios fallecimientos el 10 de abril, el 14 de mayo, el 16 de mayo, el 30 de mayo, y el 11 de junio, debido a la viruela, el cólera y otras enfermedades, haciendo todavía más aterrador su encarcelamiento, ya que, debido a sus creencias, no podían alejarse del lugar donde había ocurrido una muerte.
Cuando la collera llegó a Veracruz, los apaches volvieron a ser confinados en el castillo de San Juan de Ulúa a la espera de ser llevados en barco a La Habana. Allí, debido a que los nombres apaches eran imposibles de pronunciar, les identificaron por números. Tanto en el centro de México como en Cuba, los españoles no llamaban a los cautivos apaches así, sino que utilizaban la palabra “meco”, que deriva del término chichimeco, aplicado a los pueblos supuestamente “incivilizados” o “nómadas”. Les identificaban como “Meca número 1”, o “Meco número 10”.
En julio de 1802, los funcionarios de Veracruz planearon un bautismo masivo antes de enviarlos a La Habana y darles nuevos nombres cristianos. Algunos apaches aprovecharon la ceremonia para “huir en todas direcciones”. Esto, más los dejados en manos de ciudadanos pudientes, y los fallecidos, puede explicar por qué solo 16 hombres y siete mujeres salieron para La Habana.
A principios de agosto de 1802, subieron a bordo del “Santa Brújula” y el “Santa Polonia” con grandes medidas de seguridad. El gobernador de Veracruz señaló una vez que los apaches tenían tal desprecio por su vida que muchas veces se tiraban al agua desde el castillo de San Juan de Ulúa con las cadenas aún puestas.
Cuando un barco llevaba condenados a Cuba, el capitán llevaba sus sentencias para informar a los funcionarios de La Habana. En el caso de los “mecos” no había ninguna documentación, solo un recuento del número de hombres y mujeres a bordo. [En esos dos barcos no iban únicamente apaches. Otras personas habían sido condenadas por delitos graves a trabajar en fortalezas militares y en obras públicas de lugares lejanos del imperio español].
El gobernador de Cuba, Salvador de Muro y Salazar, más conocido como marqués de Someruelos, había anunciado en el “Papel Periódico de la Habana” la llegada de los “mecos” a los habitantes de La Habana para que “personas adecuadas les instruyeran en la religión y que quienes quisieran aprovechasen su servicio y contribuyesen a esta obra piadosa”. En cuestión de días, llegaron peticiones de ciudadanos deseosos de conseguir un hombre o una mujer, empleando argumentos religiosos, pero sin esconder el beneficio de tener a una persona no remunerada que se ocupase de las tareas del hogar.
Adquirir un esclavo africano era caro, por lo que conseguir un “meco” gratis era una opción muy apetitosa para personas no del todo pudientes. La viuda Ana María Gamonales explicó que la mantenían tres hijos que eran oficiales del ejército que no ganaban lo suficiente para poder comprar esclavos para trabajar en la casa, por lo que solicitaba una de las mujeres apaches que acababan de llegar, prometiendo “tratarla como a una hija y que su incorporación sería un gran alivio”. Lorenzo de Ávila, sargento del regimiento de Infantería, argumentó que su esposa estaba enferma y que al no poder atender la casa necesitaban la ayuda de un esclavo. No podía comprar uno, por lo que solicitó una mujer apache que “ayudara a su esposa y cuidara de sus tres hijos”.
Cuando el 2 de agosto de 1802 los barcos atracaron en el puerto de La Habana, los apaches desembarcaron en La Cabaña, un complejo fortificado que servía tanto de base militar como de prisión. Allí, o en la cercana plaza de Casablanca, eran entregados a las personas que los habían solicitado y los devolvían a la cárcel de la fortaleza si no convenían a sus amos, como ocurría en alguna ocasión. Algunos cautivos, en vez de trabajar en casas particulares, lo hicieron en la Casa de Beneficencia, el hospital de la ciudad o la fábrica de tabaco. A finales de agosto, todas las mujeres cautivas, excepto una, habían sido ubicadas, enviando Manuel Cavello, el sargento mayor encargado de la plaza de Casablanca, un informe al gobernador acerca de la distribución de los cautivos, detallando los nuevos nombres que los apaches habían recibido: “Meca número 1” se había convertido en “María Dolores”; “Meca número 4” en “María Antonia”, etc. Tres de estas mujeres ahora vivían en hogares de la zona, mientras que otras tres estaban sirviendo en el Hospital de San Francisco de Paula. Una mujer permanecía en prisión porque era “muy mayor”, siendo una de las dos mujeres de 90 años que había en la collera cuando partió del Presidio de Pilar de Conchos.
Por norma, los hombres apaches debían trabajar en obras de fortificación, en los astilleros y en las fábricas, pero había excepciones. José Muñoz, cirujano del barco Santa Brújula, hizo una solicitud para recibir un hombre y una mujer nada más atracar el barco, argumentando que los había “ayudado en su camino”. Quizás porque el gobernador ya había recibido varias peticiones, le concedió solo un cautivo, el “Meco número 3”, a quien Muñoz le llamó “José María”.
Es difícil seguir el rastro de los “apaches cubanos”, ya que todos los acontecimientos de sus vidas eran registrados en los mismos libros de contabilidad que los de los esclavos africanos. Al igual que estos, pudieron haber tenido hijos con sus amos, aceptar el catolicismo e incluso pudieron haber formado una familia.
Algunos apaches aprendieron el funcionamiento y las normas legales del entorno en el que vivían para tratar de conseguir la libertad. En marzo de 1805, dos “mecos” llamados Carlos y Manuel pidieron, con la ayuda de un notario español, su libertad al virrey José de Iturrigaray. Al no recibir contestación presentaron una segunda petición el 14 de octubre de 1805, explicando que habían trabajado en los puertos de Veracruz y La Habana durante 22 años junto a condenados y esclavos africanos. Citando su buen comportamiento, el bautismo en la fe católica, la vejez y el hecho de que no habían cometido ningún delito, pidieron al virrey que “les quitara las cadenas y les permitiera descansar lo que les quedara de vida. Sufrimos solo porque el Todopoderoso decidió criarnos entre los paganos”.
Pero no todos se “adaptaron” igual. Menos de dos semanas después de la llegada de los dos barcos a La Habana, seis apaches escaparon de la plaza de Casablanca y huyeron al campo. Las fugas de “mecos” y su cooperación con esclavos africanos preocuparon lo suficiente a las autoridades de La Habana, por lo que el gobernador de la isla solicitó que no se enviaran más apaches allí.
Los huidos fueron hacia el sur, a la zona montañosa de San José de las Lajas. El capataz de una hacienda notó la falta de un buey y al ir a buscarlo, vio seis caballos sin silla atados en la ladera de la montaña. Rápidamente, dio aviso al capitán del distrito, José López Gavilán, quien salió con un grupo de hombres para investigar. Al llegar a la zona descubrieron a los seis apaches en una zona alta desde la cual se defendieron arrojando gran cantidad de piedras. Al llegar la noche, los españoles consiguieron atrapar a uno de ellos, enviándolo de vuelta a La Habana mientras seguían con la búsqueda de los cinco restantes.
El hallazgo del cuerpo de un esclavo llamado Pascual en un corral de una plantación cercana proporcionó una nueva pista a López y sus hombres. Días después, localizó a los fugitivos, y en un enfrentamiento que, intermitentemente, se alargó hasta el día siguiente, mató a uno y capturó a los otros cuatro, llevándolos a la cárcel de La Habana. Nueve meses después, en septiembre de 1803, Rafael, Vitaque, Oste, y Cle se enteraron de sus sentencias. Su ejecución fue conmutada por 10 años de trabajos forzosos en algún presidio del imperio.
El tribunal ordenó que uno de ellos, Rafael, cumpliera su sentencia en el castillo de San Juan de Ulúa. Cuando llegó allí, el gobernador de Veracruz tuvo que recordar a los funcionarios de La Habana que, por decreto real, no se permitía a los apaches regresar a México, por el riesgo de que pudieran escapar y regresar a sus territorios. Rafael no sobrevivió para cumplir toda su condena. Enviado otra vez de vuelta a La Habana, murió en el hospital, esperando ser enviado a otro lugar, esta vez a Cartagena de Indias [Colombia].
Aunque los consejeros reales rechazaron oficialmente las demandas del marqués de Someruelos de dejar de enviar apaches a Cuba, en la práctica no se produjo ningún envío más a partir de 1816).
* En la primavera de 1802, la población de apaches residentes en Janos (Chihuahua) sube
a más de 300 personas. (A mediados de año, destacamentos españoles van dos veces a la zona de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] en busca de los jefes apaches Concha, Chafalote y Naranjo [chihenne]. Los dos primeros, finalmente, fueron en agosto a Janos para establecerse con 45 apaches. Naranjo, aunque dijo que iba a ir, nunca fue. Los españoles continuaron teniendo muchos problemas con los apaches de estas rancherías, muchos de los cuales se fueron enseguida al interior del territorio).
* En el otoño de 1802, el Ayuntamiento de La Habana recibe varios informes de que un grupo
de esclavos dirigidos por dos apaches que se habían escapado, destrozan varias casas, roban ganado, y queman campos. (En respuesta, las autoridades españolas enviaron un destacamento de 21 soldados para capturarlos. Cualquier conato de rebelión de los esclavos en Cuba provocaba una respuesta inmediata por la elevada proporción de ellos con respecto a la población española. Existen muy pocos datos de los cautivos apaches en Cuba y su rastro es muy difícil de seguir en los archivos cubanos.
Dos apaches mescaleros, denominados en los registros como El Indio Chico y El Indio Grande, dirigieron una rebelión de un pequeño grupo de esclavos. Habían llegado a La Habana en enero de 1797. Eran lo que quedaba de 200 apaches, llevados en collera desde sus territorios a mediados de 1796. Vendidos o muertos durante el trayecto, menos de 100 llegaron vivos a Ciudad de México. De allí, a finales de octubre, salieron 57 hombres, mujeres y niños hacia Veracruz. El 7 de noviembre llegaron a la venta de Plan del Río [municipio Emiliano Zapata, Veracruz]. Allí huyeron 18, aunque uno fue capturado en Teocelo [un pueblo cercano a Jalapa, la actual Xalapa-Enríquez, Veracruz]. El Indio Chico y El Indio Grande, fueron de los que no pudieron huir, siendo llevados al castillo de San Juan de Ulúa, en Veracruz, donde fueron encerrados a la espera de ser enviados a Cuba junto a otros miembros de otras colleras.
Varias de las mujeres apaches fueron interrogadas por un oficial y un soldado que hizo de escribano. Una de ellas juró ser cristiana y bautizada, y llamarse Manuela Lorenzana, quien a pesar de ser apache, aseguró no haber participado en ninguna rebelión ni haber realizado ningún acto violento contra los españoles; que fue entregada siendo niña a una familia pima de uno de los pueblos fronterizos y se crio entre nativos mansos. Dijo haber sido capturada en un asalto apache a un poblado de Sonora, adonde había sido llevada; y que luego fue capturada, llevada por la fuerza a Ciudad de México, donde recibió la doctrina católica en el Real Hospicio de los Pobres, y bautizada en la parroquia de la Santa Veracruz de la capital [aunque ya había sido bautizada antes en Nuevo México]. Le preguntaron si las mujeres intentaron huir el 7 de noviembre en la venta de Plan del Río, contestando que las que no eran cristianas sí, pero las demás, entre las que se incluía, no se movieron del lugar. Aseguró que el trato en el camino con los cautivos fue cruel y “humillante” con las mujeres, en particular con las más jóvenes, por lo que el oficial dio por concluido el interrogatorio sin hacerle más preguntas.
Después fue a donde otra mujer apache quien dijo llamarse María Dolores, recibiendo la doctrina católica por primera vez en el Real Hospicio de los Pobres de Ciudad de México y bautizada en la parroquia de la Santa Veracruz. Ratificó lo dicho por Manuela, hablando muy poco castellano, incurriendo en largos silencios, comentarios en su lengua y abundantes lágrimas. En un descuido de sus vigilantes, María Dolores se arrojó al mar antes de ser embarcada. Soldados y cautivos vieron los rastros de sangre en el agua cuando varios tiburones dieron cuenta de su cuerpo.
El castillo de San Juan de Ulúa, ubicado en un islote frente a Veracruz, era su última
oportunidad de escapar. Normalmente, estaban allí encerrados, pero a veces, ante la ausencia de mano de obra, les obligaban a cargar piedra múcara [extraída de los arrecifes y utilizada como material de construcción. El castillo de San Juan de Ulúa está construido con ella]. Era entonces cuando aprovechaban para arrojarse al mar, tratar de llegar a tierra y correr por la playa para luego esconderse e intentar regresar a sus lejanos territorios.
El 9 de marzo de 1785, el gobernador de Veracruz, Miguel del Corral y Horobio, informaría de que un grupo de apaches se lanzó al mar después de que dos de ellos se hubieran tirado antes para que los tiburones se ocupasen de ellos, permitiendo que el resto nadase hacia la playa. Añadiendo: “Y es que esta clase de gente no está bien en tierra firme ni aun encadenados en el castillo de San Juan de Ulúa, porque no conocen el riesgo a que se exponen, ni tienen conocimiento racional para reflexionar la perdición de sus almas, por lo que no solo me parecería muy conveniente darles destino ultramarino, repartidos en distintas islas y poblaciones, de donde no puedan regresar nunca, sino también a las mecas [centros de actividad económica], pues con el tiempo podría el Rey tener más número de vasallos que le sirviesen con utilidad…”.
El martes, 10 de enero de 1797, fueron embarcados en la fragata “Ángel de la Guarda” con destino a La Habana, junto a otros reos condenados por diferentes motivos donde trabajarían para propietarios de plantaciones por el resto de su vida, junto a miles de esclavos negros y mulatos. El mar les impediría regresar a su tierra. Los cautivos encadenados fueron trasladados en collera a diferentes lugares [astilleros, talleres y plantaciones de la isla]. En concreto, los mescaleros fueron destinados al astillero, donde les obligaron a realizar diferentes trabajos de carpintería. Durante los siguientes meses, su adaptación al trabajo forzoso fue muy complicada, pero con el paso del tiempo la vigilancia se relajó. En junio de 1798, dos de ellos fueron trasladados bajo custodia a la enfermería del astillero, cuando en un descuido escaparon de allí. Eran El Indio Chico y El Indio Grande.
Cuando el marqués Salvador de Muro y Salazar, más conocido como marqués de Someruelos, llegó a La Habana en 1799, nombrado por el rey capitán general y gobernador de Cuba, tuvo que hacer frente a varias rebeliones de esclavos que no soportaban los castigos infligidos por sus amos. La mayoría de ellos eran negros, seguidos de reos que habían llegado a Cuba por delitos políticos, robos, asesinatos, etc. A ellos se sumaban nativos, y entre estos había más de 3.000 que fueron enviados desde la Nueva España entre 1770 y 1810 [muchos de ellos apaches]. Pero a medida que veían su naturaleza indómita y la poca capacidad para el trabajo que tenían, prefiriendo el suicidio a esclavitud, las autoridades de la isla trataron inútilmente de detener las deportaciones, aduciendo razones de seguridad.
Desde finales de siglo, se tenía noticia de que nativos provenientes del norte novohispano formaban parte de grupos de sublevados, mayoritariamente integrados por negros. El problema creció cuando las fugas aumentaron y, sobre todo, cuando varios nativos, con experiencia en luchar contra los españoles, lograron ponerse al frente de los sublevados, teniendo que enviar tras ellos a soldados y grupos a sueldo de los hacendados. Los apaches enseñaron al resto de sublevados a fabricar lanzas, arcos y flechas, a usar armas de fuego, a montar a caballo, y a realizar ataques por sorpresa.
Cuando el marqués de Someruelos llegó a Cuba, El Indio Chico y El Indio Grande merodeaban por el territorio de Nueva Filipinas [hoy Pinar del Río], encabezando un pequeño grupo de fugados, poniendo en vilo a las autoridades e inquietando a la población comprendida entre Guanajay y el cabo de San Antonio. En octubre de 1802, el capitán general de la isla, decidió cambiar la estrategia, retirando los cuatro grupos que desde hacía más de un año perseguían a los sublevados sin ningún resultado y nombrar para esa misión al capitán José López Gavilán, hombre con experiencia que había capturado a otros seis apaches que habían huido en septiembre de ese año de los astilleros de La Habana, y que fueron localizados y eliminados en menos de un mes. Las cabezas de esos apaches se expusieron en La Habana dentro de frascos con aguardiente para desanimar al resto.
En diciembre de ese año, López se encontraba en la Nueva Filipinas persiguiéndoles, recorriendo las haciendas y los montes, sin obtener ningún resultado. Se dio cuenta de que esos fugitivos sabían hacer y fabricar armas. En pocos meses habían asaltado por la noche varias plantaciones, llevándose caballos, armas, vestimentas, y provocando la huida de más esclavos que en ocasiones se les unían. López decidió enviando a tres hombres, Eugenio Marbar, Manuel Ávila y al rastreador José Otero, a las haciendas del norte, mientras él, con sus ayudantes, fue al sur. Los tres hombres fueron avisados en San Cristóbal de los Pinos de que los sublevados habían quemado el Hato de Rangel y que pasaban habitualmente por la Hacienda Canalete [en el actual municipio La Palma], contando con la complicidad de algunos negros que permanecían en las plantaciones fingiendo lealtad a sus amos pero proporcionando alimentos a los huidos. Se apostaron durante tres días para esperar la aparición de los sublevados. Al tercer día, recibieron aviso del mayoral de la Hacienda de Canalete de que los sublevados estaban en un paraje llamado “Vuelta de La Chorrera” o “La Chorrera”, entrando en la casa, destrozando un cajón con loza, tirando la sal y el arroz, y robando muebles, un caldero, una navaja, 14 mudas de ropa y un sombrero, además de matar más de 20 reses, dos bestias, y siete perros. Entraron en la Iglesia de La Chorrera tras romper una puerta y se llevaron el mantel del altar, quitaron una mano a la imagen de Nuestra Señora la Pura y Limpia y se llevaron la vasija que servía de pila bautismal. Un testigo, Emigdio Miranda, dijo que: “… las muertes fueron muchas, pero de ciencia cierta conoce lo hecho por los indios en este particular combate: la de Francisco Peña, una mujer y tres niños, cuatro con el que le sacaron del vientre, en la Hacienda de Luis Lazo y […] a don Blas Hernández y a Isidro Remigio que los degollaron, y a otras muchas barbaridades cometidas […] y se robaron la ropa y varios muebles, picaron un cesto grande y se llevaron unas hicaduras o hilos de hamaca…”.
Inmediatamente, salieron hacia allí acompañados de José Ignacio Izquierdo, residente en “La Chorrera” alcanzando a los dos apaches que iban acompañados de pocos hombres, el 3 de enero de 1803, señal de que se habían dividido para evitar ser capturados todos a la vez. Se produjo un enfrentamiento en el que Eugenio Marbar disparó su trabuco matando a El Grande. También murió uno de los perseguidores, José Otero, atravesado por una flecha, y el mismo Marbar resultó herido en el hombro derecho por una flecha lanzada por El Chico, quien logró huir. La cabeza de El Grande, fue metida en un frasco de aguardiente y enviada al gobernador, José Ignacio Izquierdo.
Luego desaparecieron hasta agosto de 1804, cuando aparecieron en la Sierra del Guacamayo. En noviembre de ese año, otro grupo, también al mando del capitán López Gavilán, fue rechazado por los rebeldes, quienes lograron matar al principal miembro de los rastreadores que iban tras ellos. A los sublevados se les habían unido 11 hombres más, haciendo perder a sus perseguidores algunos víveres y munición. Los sublevados, dirigidos por El Chico, se movían por la zona de La Palma sin que sus perseguidores lograran capturarlos. Con el tiempo se asentaron en un cafetal abandonado en Vuelta Abajo [región de la provincia de Pinar del Río] con algunas cautivas mestizas y mulatas en calidad de concubinas.
A primeros de enero de 1806, casi todos murieron por disparos y a machetazos, combatiendo contra una fuerza muy superior enviada desde La Habana. Herido, El Chico logró escapar, pero fue acosado por los rastreadores con una jauría de perros. Llegó a la cima de una elevación rocosa que separa La Palma de Pinar del Río y ante la vista de sus perseguidores se arrojó al vacío, no sabiéndose nada más de él, ya que su cuerpo nunca fue encontrado.
El consejo de La Habana solicitó a la corona española detener todos los envíos de los “feroces indios” de México. Aunque disminuyeron mucho a partir de 1803, continuaron hasta 1816).
1803
* En enero de 1803, la población de apaches residentes en Janos (Chihuahua) alcanza la cantidad de
400 personas. (No se harían más registros hasta 1810).
* En 1803, las patrullas españolas recorren la Sierra Mogollón (Mogollon Mountains, Grant y Catron Counties, New Mexico) y El Cobre (Santa Rita del Cobre, Santa Rita, Grant County, New Mexico), siguiendo al jefe apache Jasquiegocá, que aparentemente es el mismo Asquegocá que desde el año 1787 estaba en libertad, realizando incursiones. (Jasquiegocá se las arregló para evitar todas las patrullas enviadas tras él).
* En 1803, comienza a extraerse cobre de manera intensiva en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) estableciendo los españoles una guarnición de soldados para proteger la mina de los apaches.
* En 1803, una collera de 82 apaches (19 hombres, 62 mujeres, y una niña de 12 años) sale del Presidio de Pilar de Conchos (municipio de Valle de Zaragoza, Chihuahua), con destino a Ciudad de México.
1804
* En mayo de 1804, una banda apache ataca a los apaches “mansos” que viven en Tucson (Pima County, Arizona) desde hacía 10 años, matando a cuatro y capturando a tres.
* En 1804, Namiquipa (Chihuahua) se convierte en un establecimiento de paz para diferentes bandas apaches provenientes de San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua) y a partir de mayo de El Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua) además de la ranchería del chihenne Ojos Colorados. (Llegaron en varios grupos. El 3 de enero, una banda con 170 apaches, entre hombres, mujeres y niños; el 10 de enero, 173 apaches; el 17 de enero, 114; el 24 de enero, 117; el 31 de enero, 116; el 7 de febrero, 88; el 14 de febrero, 65; y el 21 de febrero, 47.
En los meses siguientes, llegaron varios grupos más de apaches, que iban de las dos hasta las 30 personas. Sin embargo, era difícil contabilizar bien a esas personas porque los mismos individuos se presentaban a veces en diferentes grupos. Los oficiales españoles iban a donde los jefes de las rancherías identificándolas con el nombre del líder. En cada presidio, como en el caso de la Segunda Compañía Volante de Namiquipa, había hasta ocho bandas apaches, cada una con uno o varios jefes. La ausencia de un jefe común causaba dificultades a la administración presidial, por lo que se pretendió nombrar un líder que representara a los demás. Pero eso era desconocer la organización social apache, dividida en rancherías, independientes unas de otras.
A finales de 1814, las autoridades de Namiquipa continuaban dando provisiones a bandas apaches que al parecer no tenían un establecimiento fijo ni dentro ni cerca del presidio. Hacia 1825, solo residían 15 apaches de paz [varones adultos cabeza de familia]. Cuatro años después, los que permanecían en el lugar fueron trasladados a Galeana).
* En 1804, Los utes y los apaches jicarillas se unen a los españoles en
una campaña contra los navajos por el noroeste de Nuevo México.
* En 1804, muere Vívora (padre) en el presidio de Janos (Chihuahua), pidiendo Jasquedegá (nednai, alegando que eran sus parientes) que los miembros de la familia de Vívora pudieran pasar a su ranchería. (Se desconoce si las autoridades españolas accedieron a esa solicitud. No mucho tiempo después, el nuevo comandante general de las Provincias Internas, Nemesio Salcedo, desaprobó que Jasquedegá saliese de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua] con su ranchería de 74 miembros, incluyendo 16 guerreros, para ir al pozo de agua del Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico], en el camino entre Janos y Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] para ir a cazar porque podían cometer actos hostiles sin ser detectados. No obstante, dijo que si Jasquedegá insistía, el capitán de El Carrizal tendría que dejar que él y su gente fueran, pero el comandante de Janos tendría que vigilar su ranchería mientras se encontraba fuera. Para reducir los robos de ganado y las incursiones intermitentes, Salcedo ordenó que los permisos para cazar o recolectar alimentos silvestres solo se dieran para lugares donde los apaches pacíficos no estuvieran bajo sospecha. Ese fue el caso en la zona de Santa Rita del Cobre, donde los españoles trataron de restringir los viajes de los apaches, la caza y las acampadas. Mientras tanto, se dio permiso a El Güero y a Juan Diego Compá [nednai] para viajar por el territorio entre Janos y Sonora. De hecho, ya en 1803, quería Salcedo que Juan Diego Compá se fuera a Bavispe [Sonora] debido a las noticias falsas y rumores que difundió entre los apaches en Janos).
1805
En julio de 1805, Bartolomé de Rivera, justicia (cargo que se encargaba de temas judiciales) de la villa de Candela (Coahuila) informa a Antonio Cordero, gobernador de Coahuila, la llegada sin su pasaporte de cinco apaches lipanes, tres hombres y dos mujeres, para cambiar sus pieles. (Consulta si en adelante los deja entrar o se lo impide).
1806
En agosto de 1806, Matías de Hoyos, justicia (cargo que se encargaba de temas judiciales) de la villa
de Candela (Coahuila), informa a Antonio Cordero, gobernador de Coahuila, haber salido en persecución de una partida de nativos, al parecer apaches lipanes, a los que no fue posible alcanzar.
1807
* El 25 de junio de 1807, unos 150 guerreros bedonkohes y chihennes, asaltan
la mina de Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. En el ataque mataron a un soldado; hirieron a otro del servicio de escolta y se llevaron varias cabezas de ganado. El lugar fue reforzado con la llegada del capitán Juan Francisco Granados al frente de 70 soldados. Algunos de estos soldados eran ópatas traídos de acuartelamientos de Bavispe, Fronteras y Santa Cruz [los tres en Sonora]).
* En septiembre de 1807, José Joaquín de Ugarte, gobernador de la provincia de Coahuila, comunica a Nemesio Salcedo, comandante general de las Provincias Internas, que le han enviado preso a un apache mescalero llamado José María, autor de varios robos, por lo que sería conveniente enviarlo a México para que esté ocupado en algún trabajo para que de esa forma no esté cerca de los suyos.
1808
* En 1808, algunos españoles se establecen en la antigua misión de San Cayetano de
las Calabazas (Calabasas, Santa Cruz County, Arizona) abandonada desde 1786, donde erigen una granja dependiente de la misión de San José de Tumacácori (Tumacacori, Santa Cruz County, Arizona) restaurando la capilla, pero los apaches la queman y saquean, y la propiedad es vendida al gobernador de Sonora, Manuel Gándara.
* En abril de 1808, un grupo de chihennes y bedonkohes se lleva varias reses a menos de 500 metros de las minas de Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) matando a un hombre antes de que los soldados ópatas y los ciudadanos españoles les rechazaran.
1809
* El 27 de abril de 1809, un informe en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico)
relata que seis apaches han robado el ganado que pastaba a solo 500 metros de la localidad. (Los asaltantes mataron a un vaquero cuando este realizó un disparo para advertir a los demás de la presencia de los apaches. Inmediatamente, llegaron varios soldados ópatas y peones, recuperando la mayoría de los animales y rechazando a los asaltantes).
* El 1 de octubre de 1809, el capitán Juan José Elguézabal informa del estado en que se encuentra la Compañía de Caballería del Presidio de Agua Verde (hoy en ruinas, en el municipio de Zaragoza, Coahuila), donde se encuentran establecidos 16 apaches: 5 hombres, 8 mujeres, y 3 muchachos.
* El 17 de noviembre de 1809, el gobernador de Nuevo México, José Manrique, informa desde Santa Fe al comandante general Nemesio Salcedo, con sede en Chihuahua, que el 29 de octubre un grupo de apaches gileños montados a caballo había atacado a un grupo de zuñis dando muerte a cinco hombres y dos mujeres. (Manrique dispuso que saliesen 200 hombres de Zuñi [McKinley County, New Mexico], Laguna [Cibola County, New Mexico] y Acoma [Valencia County, New Mexico] guiados por cuatro navajos acompañados por un intérprete llamado Antonio García. Pero al ser informado por estos que los atacantes estaban ya muy lejos y reunidos con los Western Apaches, optó por esperar la llegada del capitán Bartolomé Baca, que estaba de campaña).
* El 13 de diciembre de 1809, son bautizados en la cárcel de La Acordada (Ciudad de México), 12 apaches que habían recibido el bautismo por parte del fraile del convento de San Diego.
1810
* En 1810, aparecen en los registros del presidio de Janos (Chihuahua) dos nuevos jefes
apaches, José y Cayetano. (La ranchería de este último pasaría a manos de Feroz en 1812).
* El 25 de febrero de 1810, varios apaches atacan a los centinelas de la mina de Nuestra Señora de Guadalupe en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) hiriendo a una persona. (Al día siguiente, la patrulla que iba tras ellos encuentra su rastro dirigiéndose a la cercana Sierra de Nacayé [?]).
* En 1810, el gobierno del virreinato realiza varios tratados de paz con los mimbreños. (Se les dio un extenso territorio que comprendía partes de Chihuahua y de Nuevo México, en las cuencas de los ríos Casas Grandes, Bravo, Mimbres y Gila).
* El 26 de julio de 1810, son atrapados y muertos los apaches Rafael o Rafaelillo y José Antonio. (Rafael, José Antonio, El Chinche, y una mujer de nombre desconocido, lideraban una pequeña banda de apaches mescaleros que, de 1806 a 1810, causaron numerosos estragos.
Rafael y su banda, fueron confinados a finales del siglo XVIII cerca del presidio militar de Santa María de las Caldas de Guajoquilla [hoy Ciudad Jiménez, Chihuahua] por orden de Jacobo de Ugarte y Loyola, comandante general de las Provincias Internas de la Nueva España.
Pero en 1803, por alguna razón desconocida [parece que el comandante general Nemesio Salcedo y Salcedo les quitó las raciones para obligarlos a trabajar, sublevándose], Rafael y sus apaches se fueron de Guajoquilla, comenzando una serie de asaltos que abarcaron a los actuales estados de Chihuahua, Durango, Coahuila y Zacatecas, dejando tras de sí una larga estela de sangre, muerte y destrucción. Sin dejar rastro, caminado distancias increíbles, ante los inútiles esfuerzos de sus seguidores que trataban de localizarlos. A causa de su contacto prolongado con los españoles, Rafael y los suyos hablaban con fluidez el español y en ocasiones se vestían con los uniformes de los soldados muertos para engañar a sus víctimas.
El 23 de octubre de 1804, el sargento José Baro llegó al Presidio San Pablo [Meoqui, Chihuahua] con el cadáver de un soldado que murió en el enfrentamiento producido la noche anterior, cuando logró alcanzar a la banda de Rafael. Baro informó que el ataque llegó con “tres indios, quienes llevaron las armas y el caballo ensillado del soldado muerto… de los que antes estaban en paz en Guajoquilla” [Rafael, José Antonio y El Chinche] y que al final de la batalla capturaron “16 bestias… y un niño de 3 o 4 años, hijo de Rafael”. Dos días después, el 24 de octubre, presuntamente dolido por la pérdida de su hijo, Rafael atacó el Rancho de los Ojuelos, matando a un hombre y capturando a su hijo de 10 años, al que poco después mataron atravesándole con una lanza. La esposa y madre de los muertos, se salvó junto con otros niños, y cuando llegó Baro al lugar, le dijo que los mescaleros le dijeron en español: “Vete a casa con tus tres criaturas”.
A partir de noviembre de 1804, Rafael y sus guerreros hicieron gala de una gran crueldad, atacando incluso a otros apaches a los que acusaron de ayudar a los españoles. El 23 de diciembre de 1804, atacaron una pacífica ranchería apache en El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua], capturando a la mujer del jefe; quien pidió autorización para perseguirlos, pero, incomprensiblemente, los españoles se negaron. Posteriormente, la mujer logró escapar, revelando que sus captores habían causado 18 muertes en el poco tiempo que estuvo en su poder.
El 22 de febrero de 1805, Morales, alcalde de Papasquiaro [Santiago Papasquiaro, Durango] describió a los jefes apaches: “Rafael, de complexión normal, delgado, rostro hermoso, nariz aguileña, ojos marrones, ‘zambo de pies’ [probablemente Rafael iba torcido, debido a algún tipo de deformidad en las rodillas o en los pies]; el otro es llamado José Antonio, delgado, un poco más alto, cara estrecha, nariz normal y ojos marrones; ambos llevan camisas grandes. El otro se llama El Chinche, bajo, gordo, cara oscura, redonda, plana, ojos negros, pelo gris; va con ellos una mujer india, desconocida”.
El 26 de febrero de 1805, el teniente Lucas Valenzuela informó en la Hacienda de Guatimapé, haber recibido noticias de que en las cercanías de Durango, Rafael, José Antonio y El Chinche habían matado a 9 personas, con el truco de dirigirse a la gente en español.
El 29 de octubre de 1805, el comandante general Nemesio Salcedo envió una comunicación a los “Justicias Mayores”: “Los tres apaches prófugos del establecimiento de Guajoquilla nombrados Rafael, José Antonio y El Chinche, habiendo sido sentidos en el Presidio de El Carrizal y persiguiéndoseles por partida de tropa, tengo noticias de que han vuelto a internarse en esta Provincia y como entre otras cosas los conocimientos que les asiste de ella, facilitan a su iniquidad la ejecución de toda clase de atrocidades, para que no se repitan las que se experimentaron anteriormente, prevengo a V. S. comunique a todos los Jueces de Partido a fin de que adviertan a los vecindarios y Haciendas de cada comprensión estén con la debida vigilancia y que no permitan se separen de las Poblaciones, individuos algunos sin llevar las respectivas armas para su defensa, encargando a V. S. al propio tiempo que en el caso de tener noticia de las inmediaciones de los tres mencionados enemigos, se empeñen dichos Jueces en su persecución hasta lograr matarlos o aprehenderlos…”.
El 26 de noviembre de 1805, M. Carrasco tuvo una reunión en el Cerro El Tascate [municipio de Guachochi, Chihuahua] con Rafael y sus guerreros, pero estos estaban en una posición inexpugnable, donde era imposible atacarlos. Por lo tanto, la conversación se desarrolló a distancia. Rafael propuso a Carrasco una nueva reunión dentro de 5 días para poder ver a su hijo, probablemente con el propósito de liberarlo. Aparentemente, no llegaron a un acuerdo, por lo que Rafael no volvió a ver más a su hijo. El 23 de enero de 1806, el teniente Valenzuela informó que el día 7 del mismo mes, Rafael y sus guerreros habían matado a un vaquero, llevándose cautivo a un niño en un lugar llamado La Zanja [municipio de Valle de Zaragoza, Chihuahua].
El 25 de enero de 1806, en la Llanura de las Hormigas, al oeste de Coyame [Coyame del Sotol, Chihuahua], Rafael y sus guerreros atacaron a unos apaches mescaleros que viajaban con sus familias [vivían en paz en Coyame]. Durante el ataque resultó muerto El Chinche. Un ex cautivo de los guerreros de Rafael dijo que atacaron a los mescaleros para llevarse a las mujeres.
El 24 de junio de 1806, el gobernador de Durango puso precio a la cabeza de Rafael y sus guerreros: “500 pesos a quien los entregue vivos o muertos”. El 28 de octubre de 1806, el comandante general de las Provincias Internas envió un informe al obispo de Durango, Francisco Gabriel de Olivares, en el que decía que Rafael había matado a varias personas en ese lugar, por lo que pedía que se celebrara una misa “para que Dios Nuestro Señor nos libre de él”.
El 16 de diciembre de 1806, en la Villa de Chihuahua, Alberto Maynez, comentó al gobernador intendente de Durango, Bernardo de Bonavía: “La vaga noticia que corre en esta ciudad del indio Rafael, dice que ha regresado al interior de la provincia, entre la Ciénega de los Olivos y Parral, y así lo confirman los reconocimientos que se han hecho a mi orden en diferentes puntos de la frontera. El teniente don Lucas Valenzuela lo persigue constantemente, pero considero que solo la casualidad podría liberarnos de este enemigo, que conoce nuestro idioma, que usa nuestras mismas ropas, que tiene un conocimiento práctico de todas las tierras de esta provincia, y que finalmente observa la precaución de no realizar robos de ganado que retrasen su fuga o que puedan servir de rastro en su persecución”.
Félix Colomo, al mando del grupo que perseguía a Rafael, informó a Bonavía, que le perseguía porque su banda había matado a dos paisanos en el puesto llamado El Pachón, el 20 de enero de 1807; más adelante, el 25 de enero, en el Arroyo del Salto de Lucas mataron a dos vinateros, dejando otro malherido. Félix Colomo y su grupo llegaron a donde estaban los muertos, recuperando el rastro que iba hasta el Cañón de Morcillo, donde encontró los restos de una hoguera, encendida la noche anterior y dos yeguas que habían matado, habiéndose comido la mayor parte de una. Los siguió de cerca por los llanos de Guatimapé [municipio de Nuevo Ideal, Durango] perdiéndose las huellas por las muchas pisadas de caballos que había por allí.
En Guatimapé, Colomo se enteró de que en Navidad, la banda de Rafael había matado a tres hombres y
capturado a un joven de 16 años, en la jurisdicción de El Oro e Indé [las dos en Durango], siguiendo con rumbo a Guanaceví, para después dirigirse a Canatlán y Santiago Papasquiaro [los dos en Durango].
El 30 de abril de 1807, el capitán Mariano Varela se enteró por José Díaz, juez del pueblo de San Miguel de las Bocas [municipio de Ocampo, Durango], que el 27 de marzo apareció en su Hacienda de Guadalupe el sargento Francisco Espinosa, herido por una flecha, junto a otro soldado, y otros dos más heridos por pedradas, como consecuencia del ataque que sufrieron a manos de los guerreros de Rafael en la Sierra del Carmen el pasado 26 de marzo, dejando en su poder cuatro animales cargados con todo su equipo.
El 11 de noviembre de 1807, Rafael atacó un poblado de nativos tepehuanes en la jurisdicción de Batopilas [Chihuahua], matando a tres hombres, tres mujeres, y tres niños, y prendiendo fuego a cuatro chozas. Se había presentado en el poblado disfrazado de arriero. Volvió al mismo lugar el 17 del mismo mes, matando a otras dos mujeres.
Desde Sombrerete [Zacatecas], Juan José Flores-Alatorre informó el 1 de diciembre de 1807: “Un indio apache llamado Rafael recorre el interior o provincias del interior, que ahora es tema de conversaciones en este lugar, y se dice que causó más de 200 asesinatos; que el comandante general envió tropas a diferentes bandos en su persecución, pero quien con mil disfraces y trucos siempre logra escapar; que se ofrezcan 1.000 pesos a quienes lo entreguen vivo o muerto”. El 12 de diciembre, un informe del subdelegado de Sombrerete, Manuel Iglesias, informaba al gobernador intendente de Durango: “que el día 9 se vio al indio Rafael, cerca de la Hacienda de San Sebastián, con otros dos hombres, una mujer y dos chicos; que nueve caballos habían sido robados de la Hacienda de Juan Pérez; que en la noche del mismo día envió a uno de los jóvenes presos [Salvador Bueno Laicano] a comprar puros, dando así noticia de dónde se encontraban”. Finalmente, un grupo de personas se reunió para perseguirlo, pero el 10 de diciembre, al amanecer, solo encontraron el cadáver de Francisco Chávez, muerto por una lanza.
Un año después, el 12 de febrero de 1808, José María Durán, autoridad judicial de Cuencamé,
informaba al gobernador intendente de Durango, Bernardo Bonavía, que el día 6 de febrero, unos apaches habían entrado en la estancia de Acatita, en las cercanías del río Nazas, donde después de matar a tres hombres se llevaron una manada de caballos, y que inmediatamente habían salido 22 hombres en su persecución sin poder darles alcance. En el Puesto de Tetillas los apaches mataron a dos hombres, y en el Cañón de las Ánimas a otros tres, saqueando y robando varios caballos, por lo que las autoridades de Cuencamé ordenaron la salida de tres destacamentos para perseguirlos y capturarlos. No obstante, no consiguieron darles alcance. En estos hechos no se menciona a Rafael, quien al aparecer había aparecido por esas mismas fechas en la hacienda de Ramos, jurisdicción de El Oro, en donde mató a un vaquero y a dos apaches mescaleros; acompañado por su hermano Antonio mataron a dos caminantes que iban del Parral y asaltaron y mataron a unos arrieros que llevaban maíz. Esto motivó que las tropas y vecinos de El Oro emprendieran su persecución. Rafael llegó a San Andrés de la Sierra, no sin antes matar a algunas personas por el camino, sin lograr sus perseguidores darle alcance.
El 14 de enero de 1809, Rafael apareció con su hermano Antonio y otros apaches en la laguna de Tlahualilo, donde mataron a un sirviente de la Hacienda de San Juan de Castro. De allí hasta el Cañón de Fernández mataron a otras 12 personas, desde donde fueron a la Sierra del Rosario, en las proximidades de río Nazas, perseguido por fuerzas militares. Aquí se fortificó y sus 11 perseguidores tuvieron miedo de atacarlo. Rafael les gritó que “… él y sus compañeros eran gente buena de La Laguna, que no llevaban armas, que los muertos que habían hallado no los habían matado ellos, sino unas mujeres, y que si querían saber más subieran a los cerros donde estaban o se fueran, porque ellos tenían cosas que hacer, y que ya se verían en La Laguna dentro de poco tiempo”.
Los perseguidores se fueron informando que “… Rafael vestía calzones azules y un coleto de gamuza con vuelta encarnada, mientras que Antonio iba vestido todo de gamuza, llevando ambos fusil, lanza, y carcaj bien provisto, y que en su compañía iban tres mujeres, una de las cuales, por la ligereza con que trepaba por las sierras mostraba traza de ser apache, y que todas iban con sombreros y montadas a caballo como los hombres”.
El 26 de julio de 1810, Rafael y José Antonio, fueron alcanzados en lo alto de los cerros cercanos a Acatita de Baján [municipio de Castaños, Coahuila], por un grupo mandado por Victoriano Waldo Rubio, mayordomo de la Hacienda de San Antonio de la Laguna, también llamado rancho El Marqués [municipio de Nadadores, Coahuila]. En el enfrentamiento que tuvo lugar, Rafael, estando escondido entre la vegetación, hirió de muerte a Inocente Perales, cuyo caballo se había enredado en unos matorrales, momento que aprovechó Rafael para hincarle una lanza en la pierna, atravesándole la rodilla, falleciendo esa misma noche. Pero al final, los dos apaches resultaron muertos y descuartizados, a los que cortaron la cabeza y algunas de sus extremidades. Otras fuentes indican que resultaron muertos a manos de un grupo al mando de José Merino, formado por nativos de Analco, El Tunal y Santiago Bayacora, [los tres en el municipio de Durango] y que varios comanches que estaban comerciando en la ciudad de Durango colaboraron en su persecución.
Desde la Villa de Chihuahua, el 21 de enero de 1811, Juan José Ruiz de Bustamante escribió su informe final al subdelegado real: “De las declaraciones realizadas por los prisioneros, no hay absolutamente ninguna sospecha de que los dos indios mencionados [Rafael y José Antonio] tuvieran conexión, acuerdo, ayuda o comunicación en sus atrocidades con cualquier categoría de personas; al contrario, parece que eran enemigos acérrimos de su propia especie”.
Rafael y su pequeño grupo de apaches cometieron numerosos ataques en el tiempo que estuvieron activos. Los informes enumeraron 396 víctimas: 298 muertos, 53 heridos, y 45 personas capturadas en diferentes etapas.
Rafael nació en la Sierra del Cibolo, ubicada inmediatamente al este del Río Grande, porque es posible que su ranchería perteneciera a los apaches mescaleros. Sin embargo, más tarde se supo que Rafael no era un apache de pura raza, ya que su padre era un ópata capturado y adoptado de niño por los apaches. En 1856 su padre aún vivía, teniendo más de 100 años, y residiendo en Santa Cruz de Rosales [Chihuahua]. El hijo de Rafael, capturado por los españoles en 1804, se convirtió en un soldado y en 1856 todavía ocupaba era militar).
* En agosto de 1810, el jefe nednai, Juan Diego Compá, comunica a Mariano Varela, uno de los principales ciudadanos de Janos (Chihuahua), que los apaches de ese lugar planeaban una rebelión para dentro de cuatro a seis días. (No ocurrió nada de eso, pero la información sirvió a Juan Diego Compá para cimentar sus relaciones de amistad con las autoridades españolas. Juan Diego Compá se servía para esas relaciones de su hermano Juan José Compá, recién graduado en la escuela del presidio, por lo que sabía leer y escribir perfectamente en español.
En diciembre, Juan Diego Compá instaló su ranchería, compuesta de 43 hombres, mujeres y niños, en los alrededores de Janos, con intención de pasar el invierno.
Ese mismo mes, un informe de Janos señalaba que un apache llamado Cosme, viajaba por varios presidios fronterizos incitando a la rebelión. Se desconoce el autor del rumor porque no ocurrió nada, excepto la preocupación de las autoridades españolas por este tipo de noticias que formaban parte de la vida cotidiana de los establecimientos de paz.
Los españoles estaban expectantes porque ese año, debido a las continuas depredaciones de los apaches, la población de Chihuahua había caído de 70.000 a 6.000 personas y que la hacienda de Encinillas [municipio de Chihuahua, Chihuahua], a modo de ejemplo, perdió más de 70.000 cabezas de ganado. Entre 1810 y 1821, los sucesos de la revolución mexicana obligaron a la Corona a retirar muchos soldados de los presidios fronterizos para luchar contra los independentistas mexicanos. Las guarniciones fueron drásticamente reducidas en número y la tropa que quedó no recibía ni la soldada ni los pertrechos y víveres necesarios para desempeñar su cometido. Después de la independencia en 1821, el nuevo gobierno federal se encontraría con una hacienda falta de fondos y por eso comenzaron a reducirse las raciones de los apaches, aunque se continuaron suministrando en Janos, Fronteras [Sonora] y Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico], la cantidad de ganado vacuno, maíz y otros víveres era insuficiente para alimentar a todos los nativos que acudían. Al verse privados del sustento al que se habían acostumbrado durante casi tres decenios, en 1824 los apaches nednais y chokonen acampados cerca de Fronteras se marcharon a las montañas y comenzaron a realizar depredaciones contra los poblados y explotaciones agrícolas y ganaderas del norte de Sonora, sur de Arizona y sudoeste de Nuevo México).
1811
El 21 de marzo de 1811, varios apaches mescaleros, junto a un grupo de comanches y unos
nativos de la misión de Peyotes (municipio de Villa Unión, Coahuila) ayudan a las tropas españolas en la batalla de Acatita de Baján (municipio de Castaños, Coahuila) contra los insurgentes durante la guerra de la Independencia de México. (El ejército insurgente huía hacia el norte buscando comprar armas en Estados Unidos. Los españoles enviaron a algunos nativos a observar los movimientos de los insurgentes que tenían poca disciplina militar. El día 19 de marzo, los exploradores nativos consiguieron llevarse 40 caballos del campamento insurgente, quienes creyeron que era una partida independiente de las tropas españolas. La noche del 20 de marzo, junto al intérprete Pedro Delgado y cuatro soldados más, se infiltraron en el campamento de los insurrectos robando dos caballos, un asador de carne y el sarape de un soldado que estaba durmiendo, proporcionando valiosa información a las fuerzas españolas. Los jefes mescaleros y comanches alardeaban de que cada uno de ellos valía como 10 rebeldes quienes, aunque sumaban cerca de 900, fueron derrotados huyendo en desbandada y sus jefes apresados y posteriormente fusilados en Chihuahua).
1812
* En 1812, pequeños grupos de apaches visitan el establecimiento de
Janos (Chihuahua) como el jefe Prieto de San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua); los jefes Nanegí y Asquiedenchul de Bavispe (Sonora); el jefe Molote Pinto de El Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua); y los jefes Mayá, Yescas y Compañé de San Elizario ([El Paso County, Texas]. El residente apache que más tiempo estuvo en Janos, El Güero, regresó brevemente de Bavispe con 97 personas. Sin embargo, el comandante de Janos, el capitán José Ronquillo, cada vez proporcionaba menos raciones).
* En enero de 1812, los chihennes y bedonkohes que llegan de la Sierra Mogollón (Mogollon Mountains,
Grant y Catron Counties, New Mexico) incursionan en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) y en pueblos y ranchos de Sonora en varias ocasiones. (El 17 y el 21 de abril, un grupo de chihennes y bedonkohes asaltó el pueblo y las minas de Santa Rita del Cobre en busca de caballos, pero se tuvieron que ir sin un solo caballo o mula. José Baca, un observador, escribió que estaba seguro de que los culpables no eran apaches “enemigos”, sino apaches pacíficos de El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua]. El 17 de abril, el jefe nednai Juan Diego Compá había llegado a Santa Rita con su ranchería camino del río Mimbres [Mimbres River, New Mexico] pero Baca no le acusó de los intentos de robos).
* En junio de 1812, el apache Ycujidillín dice a las autoridades españolas que está en curso una
insurrección en El Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua), conectada con cuatro apaches sin identificar que están en los montes y en guerra con los españoles. (En otra ocasión, llegaron noticias de que dos apaches, Chequé de Bacoachi y El Chiricaguito de Bavispe [los dos en Sonora] iban a provocar una rebelión; ya que estaban reclutando gente de Janos y Fronteras [los dos de Chihuahua] para unirse a ellos, pero no hay evidencias de que tal levantamiento tuviera lugar).
* En 1812, llega a Nuevo México, Robert McNight, personaje que, entre otras ocupaciones, se encargaría de proporcionar a los apaches mejores armas de fuego que las que tenían los mexicanos. (Sospechando que se trataba de un espía de los Estados Unidos, los españoles le encarcelaron durante nueve años en Chihuahua. Con la independencia de México conseguiría la libertad y en 1826 se asociaría con Stephen Courtier, amasando una considerable fortuna como copropietario de las minas de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]).
1813
* En 1813, apaches de la Sierra Mogollón (Mogollon Mountains, Grant y Catron
Counties, New Mexico) matan cerca de Bavispe (Sonora) al hermano de El Güero y a otros dos familiares. (También mataron a un apache pacífico en la Sierra de la Florida [Florida Mountains, Luna County, New Mexico] y secuestraron a la familia de uno de los hijos del jefe Mayá. El Güero, con otros jefes apaches de Janos [Chihuahua], solicitaron la ayuda de las autoridades españolas. Un destacamento fue enviado al territorio de la Sierra Mogollón, trayendo al jefe Brazo Mocho [al parecer, una variante de Mano Mocha] para realizar negociaciones de paz, aunque no se llegó a un acuerdo final.
Aparte de un breve intervalo en Janos a principios de 1822, Mano Mocha fue uno de los líderes de apaches chihennes o mimbreños que quedaron al margen de las autoridades españolas y mexicanas).
* El 18 de agosto de 1813, tuvo lugar la batalla del río Medina, también llamada del Encinal de Medina, o simplemente batalla de Medina ([un encinal a 32 km al sur de San Antonio, Bexar County, Texas]. Fue la batalla más cruenta jamás librada en suelo texano, en el que las tropas españolas derrotaron a un ejército revolucionario formado por texanos, estadounidenses, criollos novohispanos o mexicanos, ex soldados realistas españoles y apaches lipanes [llamado Ejército Republicano del Norte].
El 7 de agosto de 1812, bajo una bandera completamente verde y dirigido por Augustus William Magee, la vanguardia del Ejército Republicano del Norte cruzaba la frontera norte y entraba en territorio español, encontrando poca oposición por parte de las pequeñas guarniciones españolas que preferían retirarse sin hacerles frente.
Las cifras del número de componentes de ese ejército son muy dispares, variando entre 1.200 y 3.000 hombres. Incluso algunos de sus miembros que años después escribieron sobre dicha batalla no se pusieron de acuerdo. El número puede estimarse en unos 2.000 hombres, tras sumárseles unos 200 nativos [apaches lipanes y tonkawas].
Magee era un antiguo teniente de artillería graduado en West Point que, al no poder ascender a capitán al ser adelantado por otros compañeros de promoción, abandonó el ejército, se unió a la causa republicana en Texas, y fue nombrado coronel por la Junta Revolucionaria. Al ser Magee de origen irlandés, casi todos los historiadores coinciden en que fue él quien diseñó la bandera verde y el máximo responsable de la instrucción militar del incipiente ejército texano.
Dos días más tarde, el 9 de agosto de 1812, se unió a los revolucionarios el principal cabecilla de la rebelión, José Bernardo Gutiérrez de Lara, un terrateniente de Nuevo Santander, imbuido de las ideas de la Revolución Francesa. Gutiérrez había sido recibido en Washington por el gobierno estadounidense, que apoyaba su causa con la pretensión de anexionarse los territorios españoles. Solo dos poblaciones, San Antonio de Béjar [San Antonio, Bexar County, Texas] y La Bahía del Espíritu Santo [Goliad County, Texas], no habían sido ocupadas por los republicanos. El gobernador español de Texas, Manuel María Salcedo, decidió abandonar Béjar y agrupar sus escasas tropas para hacer frente a los republicanos en mejores condiciones. Salcedo contaba con pocos hombres disponibles porque los soldados que tenían que haber llegado de España estaban luchando contra la invasión napoleónica.
Sin embargo, Gutiérrez y Magee decidieron dirigirse a La Bahía. El presidio estaba defendido por una guarnición de 200 hombres que pertenecían a la milicia. Ante la abrumadora mayoría republicana se rindieron y muchos se pasaron a sus filas. Salcedo, junto al gobernador de Nuevo León, Simón Herrera, y las tropas españolas que habían logrado reunir, pusieron posteriormente sitio a la fortaleza. Al principio parecía que el final de los republicanos estaba cerca, incluso Magee planteó negociar la rendición con los españoles, pero sus oficiales se opusieron. El sitio se fue alargando y la llegada del duro invierno texano hizo mella entre los sitiadores, que escasos de suministros y careciendo de ropa apropiada para el frío, tuvieron que abandonar el lugar a principios de febrero de 1813.
Hostigados por la caballería texana mandada por Menchaca, los realistas consiguieron llegar a Béjar, que había sido saqueada por los nativos. El 8 de febrero de 1813 Magee murió aparentemente de tisis, pero pudo ser asesinado [Gutiérrez dijo en 1815 que se envenenó para no ser fusilado por intentar venderle a los realistas]. La verdadera causa de su muerte nunca ha podido ser demostrada. A Magee le sustituyó Samuel Kemper como jefe de los estadounidenses.
El 29 de marzo de 1813, Salcedo y Herrera se enfrentaron nuevamente a los republicanos en la batalla de Rosalis, también conocida como batalla del Arroyo de Rosillo, a unos 25 kilómetros de Béjar. Los españoles no pudieron resistir el empuje de los republicanos, ayudados por los apaches lipanes y tonkawas, siendo derrotados y sufriendo unas 300 bajas entre muertos y heridos en un enfrentamiento que duró unos 20 minutos. Los republicanos solo tuvieron seis muertos y 26 heridos. Salcedo negoció la rendición con los texanos, quienes recibió la promesa de que ni él, ni ninguno de sus hombres, sufrirían ningún daño. El gobernador español entregó su espada a Kemper, quien le dijo que se la diera a Gutiérrez. Salcedo, al considerar a este un traidor, tiró su espada al suelo a los pies de Gutiérrez. Los republicanos entraron en Béjar sin oposición e izaron la bandera verde.
Días más tarde, Salcedo, Herrera y 12 oficiales españoles fueron sacados de Béjar escoltados por 60 jinetes a las órdenes del capitán Antonio Delgado. A unos 10 km de Béjar, los desnudaron, les quitaron sus pertenencias y los mataron a sablazos. A continuación decapitaron los cadáveres y sus cabezas fueron llevadas a Béjar. Este hecho enfadó a algunos oficiales estadounidenses, entre ellos Kemper, quienes se habían unido a la causa de la independencia de Texas movidos por nobles ideales. Kemper y esos oficiales se fueron y regresaron a los Estados Unidos, a pesar de que Gutiérrez empeñó su palabra de que no tenía nada que ver con las muertes. Años más tarde, algunos testigos declararon que el mismo Gutiérrez había dado la orden. Ante la marcha de Kemper recayó el mando de los estadounidenses en Henry Perry.
El 6 de abril de 1813, en una ceremonia celebrada en San Antonio de Béjar, Gutiérrez de Lara, se nombró a sí mismo Presidente Protector del Gobierno Provisional del Estado de Texas, al que declaró territorio independiente de la Corona española. La nueva Constitución en su artículo 1º proclamaba que el nuevo Estado era una parte de la República Mexicana a la cual estaba inviolablemente unida. Eso no gustó al gobierno estadounidense cuya pretensión era unir Texas al territorio de Louisiana. Retiraron su apoyo a Gutiérrez y apoyaron como líder al cubano José Álvarez de Toledo y Dubois, que había sido oficial de la Armada Española y que había representado en las Cortes de Cádiz, a Puerto Rico y a Santo Domingo. La Junta Revolucionaria destituyó a Gutiérrez y nombró jefe del ejército a Álvarez de Toledo.
El virrey de la Nueva España, Félix María Calleja, ordenó al recién nombrado comandante general de las Provincias Internas de Oriente, José Joaquín Arredondo, que terminara con la rebelión. Arredondo se puso en marcha con algo menos de 2.000 soldados, entre caballería e infantería y 11 cañones. Ordenó al teniente coronel Elizondo, comandante del presidio de San Juan Bautista del Río Grande [hoy municipio de Guerrero, Coahuila] que se reuniera con él en Río Frío [Real County, Texas] pero este desobedeció la orden y el 29 de junio se enfrentó con sus escasas fuerzas a los republicanos en Alazán [Nacogdoches County, Texas] donde dejó en el campo de batalla cerca de 400 muertos y decenas de prisioneros.
Elizondo y los supervivientes consiguieron reunirse con Arredondo, quien reprendió severamente Elizondo, dirigiéndose juntos hacia Béjar al encuentro de los republicanos. Les acompañaba también el teniente coronel Zambrano como oficial al mando de la caballería realista. Las tropas españolas llegaron a las proximidades del arroyo Galván el 17 de agosto de 1813. Esa noche, los republicanos acamparon en las cercanías del arroyo Gallinas. Habían salido de Béjar dos días antes despedidos con música y los vítores de sus partidarios. Aún se discute por qué los texanos abandonaron la ciudad y salieron al encuentro de los españoles. Álvarez de Toledo y los estadounidenses preferían defender Béjar, antes que enfrentarse en campo abierto a los realistas. Además, los españoles, tras varios días de marcha, estarían agotados, mientras que los texanos, descansados, tendrían agua y comida para resistir. Lo más seguro es que se dejaran convencer por mexicanos y texanos que temían por sus hogares y familias que vivían en la ciudad.
Álvarez de Toledo cometió el error de formar sus compañías y escuadrones por nacionalidades, sin tener en cuenta las rivalidades y diferente formación militar que había entre ellas. Su plan consistía en esperar a los españoles en el arroyo Gallinas para tenderles una emboscada. Situó una avanzadilla para dar la voz de alarma cuando aparecieran los realistas, pero sin delatar la emboscada que tenía preparada. La mañana del 18 de agosto de 1813, Arredondo levantó su campamento y con toda la columna se dirigió hacia el arroyo Galván para cruzarlo. A las 05:00 horas de la madrugada salió de exploración el teniente coronel Elizondo con 180 jinetes, pues el general desconocía la posición exacta del enemigo al que sus informes situaban en Béjar. Elizondo se movió posiblemente entre el arroyo Galván y el arroyo Gallinas. Elizondo envió por delante al alférez Francisco López, que, confiado, cabalgaba por el terreno arenoso que había entre los dos arroyos. Cuando la avanzadilla de los republicanos vio al alférez, abrió fuego sobre él que, de milagro, pudo escapar ileso. Los disparos alertaron a Álvarez de Toledo, cuya caballería, creyendo que se aproximaban los españoles, cargó sin esperar la orden de su jefe Menchaca.
Álvarez de Toledo, sin saber lo que ocurría, tuvo que ordenar avanzar a la infantería, topándose todos con los 180 hombres de Elizondo, quien envió un mensajero a Arredondo para prevenirle. Elizondo estuvo a punto de ser cercado. Tras intercambiar disparos con la caballería texana de Menchaca que hirieron a dos soldados españoles, uno de ellos gravemente, Elizondo consiguió escapar de la difícil situación en la que se había visto envuelto. Álvarez de Toledo mandó regresar a sus hombres a la posición inicial, pero Menchaca y Perry, cuya relación con Toledo nunca había sido buena, sobre todo la del primero, se negaron a obedecer alegando que habían venido para combatir y que no estaban dispuestos a dejar escapar a los españoles. Álvarez de Toledo tuvo que ceder y todo el ejército republicano salió en persecución de Elizondo y sus hombres a través del bancal de arena que hacía muy difícil la marcha, especialmente para la infantería y los artilleros, cuyos cañones quedaban hundidos en el terreno.
Mientras tanto, el mensajero enviado por Elizondo para alertar a Arredondo comunicó al general lo ocurrido, por lo que este, envió al teniente coronel Zambrano con 150 jinetes y dos cañones de pequeño calibre para ayudar a Elizondo con la orden de evitar un enfrentamiento a gran escala y atraer a los republicanos a la trampa que les iba a preparar tras cruzar el arroyo Galván. Zambrano en su camino contactó con Elizondo, quien huía del acoso de los republicanos, quienes al ver nuevas tropas, creyeron que era el grueso del ejército español, por lo que continuaron su avance. Siguiendo el plan de Arredondo, los españoles huyeron abandonando los dos pequeños cañones que fueron capturados por los republicanos. La marcha por el terreno arenoso se hizo muy dura para la infantería texana y para los artilleros que tuvieron que dejar atrás los cañones más pesados atascados en la arena. La sed y el cansancio empezaron a agotarlos.
De repente, en medio del encinal cercano al arroyo Galván, se toparon con la infantería española formada en línea y preparada para disparar. Arredondo había colocado al Regimiento de Infantería de Vera Cruz en el centro, los cañones en los flancos [siete en total, ya que de los 11 con que contaba inicialmente, dos estaban desmontados y los otros dos, de pequeño calibre, los había perdido Zambrano] y la caballería cerrando los extremos cuando llegaron perseguidos por los republicanos. Antes de que Álvarez de Toledo pudiera reorganizar sus agotadas tropas, los cañones españoles empezaron a disparar. El informe de Arredondo indicaba que fueron cerca de 950 proyectiles.
Álvarez de Toledo situó sus tropas en línea, alternando una compañía de texanos o mexicanos con una compañía de estadounidenses. Esta decisión sería fatal para sus propósitos, ya que los mexicanos fueron los primeros en retroceder. Si hubiera mezclado en sus compañías todas las nacionalidades, la resistencia de los estadounidenses podría haber animado a los mexicanos a resistir. Aun así, como señala Arredondo en su informe dirigido al virrey: “Ellos avanzaron sobre mi ejército con gran valor hasta que estuvieron al alcance del tiro de pistola”. Durante más de dos horas, el intercambio de disparos fue continuo. Álvarez de Toledo intentó que su caballería desbordara a los españoles, pero la caballería realista les hizo desistir.
La caballería texana de Menchaca combatió con gran valor hasta que un trozo de metralla le alcanzó mortalmente en el cuello, derribándole del caballo. Su muerte desconcertó a sus hombres que empezaron a retroceder; al mismo tiempo lo hicieron las compañías mexicanas, y a continuación toda formación republicana se deshizo. Arredondo mandó a la caballería perseguirles. Los sables españoles causaron estragos entre los que huían. Cuando la huida se convirtió en desbandada, Arredondo ordenó a la banda de música que empezara a tocar y al redoble de los tambores la infantería española avanzó con las bayonetas caladas, usándolas contra los pocos que aún resistían. Después de más de cuatro horas de combate, la derrota republicana fue total. Cerca de 1.000 muertos dejaron los republicanos en el campo de batalla. Las bajas españolas fueron 55 muertos, 178 heridos y dos desaparecidos. De camino a Béjar, Arredondo capturó a otros 215, ordenando la ejecución de los que a su juicio “merecían la muerte”. Tras entrar en Béjar, Arredondo fusiló a otros 40 sospechosos de simpatizar con la rebelión. Las madres, esposas e hijos de estos desafortunados fueron encerrados en aposentos tan estrechos que ocho de ellos murieron asfixiados.
Álvarez de Toledo y Perry lograron llegar a los Estados Unidos y ponerse a salvo. La Primera República Independiente de Texas había dejado de existir. En el ejército de Arredondo luchó un joven teniente llamada Antonio López de Santa Anna, en el futuro hombre fuerte de México, fue condecorado por su valor tras la batalla.
El papel de los apaches lipanes en dicha batalla no se ha podido determinar).
1814
En el verano de 1814, el apache chihenne Fuerte es mencionado en informes
mexicanos por primera vez. (Tendría entonces alrededor de 24 años. Varios historiadores señalan que Fuerte sería conocido más tarde como Mangas Coloradas.
Evidentemente presionado por las tropas españolas, Fuerte envió a su hermano Pitfhan a Janos [Chihuahua] para solicitar la paz, proponiendo Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] como su asentamiento de paz. Pitfhan dijo que si se firmaba la paz, se asentarían a lo largo del río Gila, probablemente refiriéndose a los manantiales de Santa Lucía, y el río Mimbres.
Las autoridades españolas decidieron que se debía alentar a los apaches a permanecer en paz, pero que debían asentarse en sus propios territorios en vez de vivir cerca de los asentamientos españoles. Se les prohibió expresamente asentarse cerca de Santa Rita del Cobre, aunque se les permitió que instalasen rancherías, siempre que estuviesen en paz, en la región del río Gila. Para los españoles, este acuerdo tenía una ventaja, y es que los españoles no tendrían que proporcionarles raciones si los apaches subsistían por sí mismos.
1815
* En 1815, nace posiblemente Cochise, futuro jefe apache chokonen.
* El 30 de junio de 1815, Fuerte (Mangas Coloradas) aparece en las listas del presidio de Janos (Chihuahua), donde residía junto a otros jefes apaches como los chokonen Coyote, Feroz, Jasquienelté y Pisago Cabezón; y el nednai, Juan Diego Compá, sumando un total de 407 personas, entre chihennes, chokonen y nednais. (A pesar de la reticencia española a proporcionar raciones, Fuerte llevó a sus seguidores a Janos. Con un total de 154 individuos, incluyendo 58 guerreros, se establecieron dentro de la jurisdicción de Janos, ubicando algunas de sus rancherías justo a las afueras de las murallas de Janos; otras a una distancia de entre 50 y 65 kilómetros. Fuerte pudo haber acampado en Álamo Hueco o tan al norte como la Sierra de las Ánimas, en el suroeste de Nuevo México. Desde allí podía enviar a su gente a recibir raciones semanales. La apariencia del jefe chiricahua debió impresionar a los blancos; medía casi dos metros de altura y pesaba más de 90 kilos. Tenía una cabeza extraordinariamente grande, con una frente ancha, ojos hundidos, una nariz grande y prominente, una boca enorme y una barbilla ancha. Su cuerpo era largo, musculoso y perfectamente proporcionado. En el informe mensual que finalizó el 30 de junio de 1815, las autoridades lo incluyeron como líder de un grupo, junto con otros notables apaches como Coyote, Juan Diego Compá, Feroz, Jasquenelte y Pisago Cabezón. En total, estos jefes representaban a 407 chiricahuas de las bandas chihenne, chokonen y nednai. Fuerte permaneció cerca de Janos hasta marzo de 1816, ya que el 4 de marzo de ese año, las autoridades españolas le obsequiaron a él y a Mano Mocha, 33 mantas. Poco después, se marcharon, probablemente debido a que la viruela había vuelto a azotar la zona. Regresaron a sus territorios locales justo a tiempo para cosechar el vital agave antes de lanzar una campaña contra Sonora, su objetivo predilecto).
* En diciembre de 1815, el jefe Chirimi llega a Janos (Chihuahua), desde San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua) llegando a ser un importante líder en la jurisdicción de Janos durante los próximos 20 años.
1816
* Entre 1739 y 1816, más de 2.000 apaches habían sido deportados desde sus territorios y obligados a trabajar en plantaciones y en casas de Ciudad de México o de La Habana (Cuba).
* En 1816, llegan a Janos (Chihuahua) los jefes apaches Chantielé y José, el primero,
proveniente de San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua); y el segundo, de Bavispe ([Sonora]. José, quizá sea el mismo que vivió en Janos unos cuatro años antes).
* En marzo de 1816, llega al presidio de Janos (Chihuahua) Pluma, jefe de una banda de chihennes y bedonkohes, donde aparece en sus registros por primera vez. (El 4 de marzo, los españoles le regalaron a él, a Mano Mocha, y a Fuerte 33 mantas. Es posible que muriera allí en 1827 o 1828. Poco después, un brote de viruela hizo que Fuerte y muchos apaches se fueran del presidio hacia sus territorios tribales.
En otoño de 1816, después de varias incursiones por Sonora, Fuerte y sus seguidores volvieron a la jurisdicción de Janos, permaneciendo allí, al menos hasta la primavera siguiente y posiblemente hasta el otoño de 1817. Sin embargo, por esa época surgió otro factor que complicó la situación. La guerra de independencia de México contra España había causado graves problemas en la frontera. La rebelión había comenzado en 1810 y había obligado a España a desviar tropas, recursos y fondos de los presidios del norte hacia el interior para sofocarla. Como resultado, a partir de 1817, las autoridades españolas redujeron, al mínimo, las guarniciones fronterizas, estando los soldados sin ropa, sin comida y sin paga. Esto afectó a los establecimientos de paz, ya que ahora contaban con menos recursos y regalos para entregar a los apaches. Los funcionarios españoles no tuvieron más remedio que recortarles las raciones, siendo plenamente conscientes de las terribles consecuencias).
1817
* En 1817, la población apache de Janos (Chihuahua) llega a 500 personas
al llegar un grupo de visita desde la Sierra Mogollón ([Mogollon Mountains, Grant y Catron Counties, New Mexico]. Las rancherías que vivían regularmente en Janos eran las de los chokonen Feroz, Jasquienelté y Pisago Cabezón; y las del nednai, Juan Diego Compá).
* En 1817, los apaches Cegá y Cigarrito (este último un líder nednai, notable en la región durante unos 30 años) de El Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua) informan a las autoridades españolas que varios apaches de Janos (Chihuahua) y San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua) estaban reclutando apaches de El Carrizal para una próxima rebelión. (Supuestamente, habían robado ganado y tenían miedo de las represalias españolas. Habían decidido sublevarse en vez de afrontar el castigo, y buscaban toda la ayuda posible que pudieran conseguir.
En noviembre, el comandante de Janos señaló que había entre 400 y 500 apaches en paz allí [los funcionarios consideraban esa cifra como el total de apaches de su jurisdicción, no solo a los que vivían en el presidio o recibían raciones semanales]; así como muchos otros de Bavispe [Sonora] y del territorio de la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant y Catron Counties, New Mexico]. No tenía noticias de ningún rumor o irregularidad entre ellos. Por eso pensó que la noticia de El Carrizal era claramente alguna maldad de los informantes.
El comandante de Janos advirtió a sus superiores que casi había agotado las provisiones para alimentar a los apaches. Instó a los funcionarios a solucionar la situación de inmediato o de lo contrario, los habitantes de la zona sufrirían las consecuencias, pues ningún apache iba a pasar hambre si había ganado cerca. Aunque las hostilidades no estallaron en ese momento, pero lo que ocurriría en el futuro, se veía venir. La mayoría de los chiricahuas regresaron a sus territorios ancestrales, comenzando a subsistir de la caza y y la recolección, pero también realizando incursiones ocasionales.
En 1817, Fuerte y sus seguidores pasaron la mayor parte del tiempo en el territorio de Nuevo México, aunque de vez en cuando iban a Janos [Chihuahua] para recibir raciones).
1818
* En 1818, llegan varios jefes apaches de visita a Janos (Chihuahua) para pasar una corta
estancia. (Manta Negra [chihenne], probablemente el Viejo [12 hombres, y 35 mujeres y niños], que vino del presidio de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua]; Ecugidillín o Ycujidillin [15 hombres, y 51 mujeres y niños]; Segá [23 hombres, y 58 mujeres y niños]; Sumas [75 hombres, y 205 mujeres y niños]; Pluma [bedonkohe], proveniente de la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant y Catron Counties, New Mexico] que llegó a principios de agosto y permaneció allí hasta más allá de 1820; Chirimi, que había pasado algún tiempo en Janos en 1816, vino de nuevo desde San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]; así como Jasquedegá [nednai] o Jasquiedega [25 hombres, y 66 mujeres y niños], que antes estaba en El Carrizal, pero también pasaba temporadas en San Buenaventura; y Fuerte. Otras veces, los apaches de Namiquipa [Chihuahua] y de Fronteras [Sonora] como Baltazarito, hacían apariciones cortas por Janos al pasar por la zona).
* A finales de 1818, una banda apache Pinal ataca a un destacamento de soldados y nativos auxiliares de Tucson (Pima Counthy, Arizona) siendo rechazados con muchas bajas. (Su jefe, Chilitipagé, se presentó el 17 de febrero de 1819 en Tucson con 78 guerreros pidiendo la paz. Pidieron que los españoles liberaran a seis prisioneros que el alférez Juan Alejo Carrillo había capturado. Se tuvieron que conformar con la entrega de una mujer y un muchacho que estaban cautivos en Fronteras [Sonora], firmando allí mismo la paz, prometiendo conservar la alianza con los españoles.
Tras la firma de ese acuerdo, otro jefe apache llamado Pascual Navicagé se presentó en Tucson con dos subjefes, solicitando la paz).
1819
* En 1819, es el último en el que los españoles realizan censos de apaches residentes en
Janos (Chihuahua), durante el período colonial. (Los siguientes informes serán hechos por las autoridades mexicanas. Entre el 4 de enero y el 21 de junio de 1819 se dieron raciones semanales a los apaches asentados en los alrededores de Janos, tal como aparece en la “Lista de raciones suministradas a indios de paz que habitan en las cercanías del Presidio de Janos”, firmada por el sargento Manuel Aguilar y el capitán José Ramón Ronquillo.
Los principales líderes apaches eran los chokonen Feroz, Jasquienelté, Pisago; y el nednai, Juan Diego Compá).
* En 1819, debido a que el 34% de los 835 soldados de la provincia de Sonora, es decir 281,
estaban destinados a las áreas centrales de la Nueva España, los apaches vuelven a atacar los presidios fronterizos, comenzando por los de Tucson (Pima County, Arizona) y Bacoachi (Sonora) pero Antonio Pascual Narbona, capitán de la compañía de Tucson, logra pacificar a los apaches de las montañas del Pinal (Pinal Mountains, Gila County, Arizona) con su jefe Chilitipagé al frente, estableciéndose en Tucson. (El 25 de febrero, Juan Alexo Carrillo, alférez de la compañía de Tucson, informaba al capitán Narbona: “El día 17 de este mes Chilitipagé, jefe de los apaches del Pinal, se presentó ante mí con 78 guerreros de su banda. Después de conferenciar con él, le dije que me parecía justo que para asegurar la paz, la promesa debía ser de buena fe y duradera. De acuerdo a la forma con que este indio habló, parece que la paz va a llegar. He dado ganado, tabaco y trigo a 14 mujeres que venían con él y los jefes han demostrado estar contentos. Al mismo tiempo, el cacique Pascual Navalcagé y dos guerreros me han pedido permiso para ir a esa ciudad con el fin de afirmar la fe de su paz y preguntarle a la mujer india a quien envié con Coyera, quien es hermana de unode ellos”. Según los informes oficiales, 236 apaches recién pacificados se unieron a los que estaban en Tucson).
* En abril de 1819, Fuerte (Mangas Coloradas) llega a Janos (Chihuahua) con 43 seguidores
para recibir raciones. (Según el censo, venían tres mujeres y tres niños con él, y al menos una de ellas era su esposa; y quizás las tres. Dos-teh-seh [futura esposa de Cochise] podía estar entre los niños).
En septiembre de 1819, llega a Janos el rumor de que los coyoteros White Mountain planeaban atacar e incendiar Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Aunque el ataque nunca se materializó, Fuerte lideró una campaña contra ellos por haber invadido el territorio de su banda. Aunque se conocen pocos detalles, se sabe que tuvo bastante éxito.
Las autoridades de Janos continuaron censando las bandas de Fuerte [bedonkohe-chihenne] y Pluma [bedonkohe] durante 1820 y 1821. En total, eran alrededor de 200, de los cuales unos 75 eran hombres. En diciembre de 1821, las autoridades de Chihuahua continuaron distribuyendo raciones a 1.423 apaches, y aunque asignaron alrededor de 1.000 cabezas de ganado para alimentarles, esta cantidad resultó insuficiente y algunos de ellos pasaron hambre.
Fuerte y sus seguidores pasaban la mayor parte del tiempo en el territorio de Nuevo México, aunque de vez en cuando regresaban a Janos para recibir raciones).
* El 22 de diciembre de 1819, el capitán José Romero del presidio de Tucson (Pima County, Arizona) informa de un enfrentamiento con una banda apache, quejándose de no tener hierro y acero para reparar las armas y hacer lanzas.
1820
* En 1820, José Pérez de Arizpe abre la primera mina en Cananea (norte deSonora) pero los apaches acaban con ella.
* El 4 de febrero de 1820, Antonio Cordero, intendente gobernador de Arizpe (Sonora) informa a Alejo García Conde, comandante general de las Provincias Internas de Occidente, que los apaches atacaron Bacoachi (Sonora).
* En 1820, tienen lugar una serie de ataques de apaches lipanes contra asentamientos españoles. (A principios de año, un grupo de lipanes mató a dos residentes de San Antonio [Bexar County, Texas]; también atacaron a un pequeño grupo de soldados españoles en Frio River, matando a cuatro soldados y llevándose todos los caballos; también atacaron a 200 soldados españoles y 50 milicianos saliendo del Presidio de La Bahía [Goliad County, Texas]. En represalia, las tropas españolas mataron a ocho apaches en un asalto a una ranchería lipán.
El 2 de agosto de 1820, un mexicano, que había sido capturado el 4 de junio último en el Río Grande, logró escapar de una ranchería lipán, informando que los lipanes fueron atacados al amanecer por un número indeterminado de tawakonis [wichitas] en el río Colorado [Texas], saliendo 85 guerreros a defender la ranchería. Durante el enfrentamiento, el resto de lipanes, hombres, mujeres y niños, aprovecharon para huir con sus caballos.
Cuando la batalla terminó, siete hombres regresaron para reconocer el campo de batalla, encontrando a los 85 guerreros, muertos sobre el terreno, regresando a toda prisa. Durante la confusa y desordenada retirada, el mexicano aprovechó para escapar.
Una vez llegó al presidio, dijo que los lipanes tenían 40 o más cautivos mexicanos, y que en otras rancherías había muchos más, principalmente jóvenes, pero que eran bien tratados. También dijo que poco antes de que ocurriera ese enfrentamiento, habían llegado noticias de una acción entre los lipanes y un destacamento español en el río Guadalupe, en la que los primeros llevaron la peor parte. En esa batalla estuvieron presentes dos comerciantes estadounidenses, uno de los cuales murió, y otro logró escapar con la pérdida de dos dedos).
1821
* En enero de 1821, Joaquín de Arredondo, de la Diputación de las Provincias Internas de Oriente,
envía a Monclova (Coahuila) un exhorto de esa diputación a los habitantes de esas provincias para que contribuyan a la formación de una tropa de 500 hombres para la defensa contra los comanches, y contra los apaches mescaleros y lipanes. (En agosto de 1821, Gaspar López, comandante general de las Provincias de Oriente, informó al alcalde de Río Grande, haber llevado a cabo un plan para lograr la paz con los comanches y apaches lipanes, que logrará la unión de todos los habitantes de esa provincia. El cabildo del Presidio de Río Grande, informó al gobernador de la provincia de Coahuila, que ningún vecino había querido ir a las rancherías comanches y lipanes a informarles del plan por miedo a perder la vida, conociendo lo cruel y sanguinarios que eran.
En noviembre de 1821, Alejandro Estrada, alcalde de Monclova [Coahuila], comunicó al gobernador de la provincia de Coahuila, que ese Ayuntamiento recibió la noticia de la buena disposición en que se encontraban los comanches y lipanes para firmar la tan deseada paz, dando muestras de ello al enviar a dos hijos de los jefes, Quiase y Menchaca al presidio de San Antonio de Béjar [Béxar County, Texas]).
* En 1821, México consigue la independencia. (La independencia provocó una drástica reducción de la población en el norte. En Janos, la población civil descendió de 2.000 habitantes en 1817, a 275 en 1825. El gobierno federal también reorganizó su administración, dividiendo en 1823 Nueva Vizcaya en los estados de Chihuahua y Durango. La lucha por la independencia había agotado las arcas públicas y los fondos necesarios para el mantenimiento de los presidios. El gobierno federal en Ciudad de México no prestó ayuda, y este abandono provocó el colapso del sistema de presidios. En Janos, el gobierno de Chihuahua redujo la guarnición y obligó a los soldados a vivir con raciones austeras y salarios irregulares, lo que obligó a los comandantes a movilizar a milicias civiles. El sistema de distribución de raciones a los apaches también se vio afectado. Las autoridades mexicanas derogaron las leyes españolas que prohibían el acceso libre de extranjeros a la frontera. Casi de la noche a la mañana, el territorio apache experimentó una afluencia de aventureros, en su mayoría anglosajones, en busca de caza, y oportunidades para trabajar en la minería o el comercio. Esto inevitablemente condujo a un comercio más intenso y al aumento de las incursiones apaches desde la década de 1780).
* En 1821, 16 apaches de la ranchería del jefe nednai Jasquedegá acamparon en la Laguna de Guzmán (municipio de Ascensión, Chihuahua) donde robaron y descuartizaron nueve novillos. (Los mexicanos les reprendieron severamente, instándoles a que no lo hagan más y pidan ayuda cuando tengan hambre. Jasquedegá, sin embargo, culpó del robo a miembros de la ranchería del jefe Chicoín).
* En diciembre de 1821, 1.423 apaches reciben raciones en toda Chihuahua. (Aunque las autoridades asignaron un millar de reses para alimentar a esas bandas, resultó insuficiente y algunos apaches pasaron hambre).
1822
* En 1822, dos jefes apaches lipanes, Cuelgas de Castro y Yolcna Pocarropa, firman un tratado con el nuevo gobierno mexicano. (Los términos del tratado implicaban olvidar la pasada enemistad, obedecer las leyes del Imperio de México, devolver a los cautivos, proporcionan ayuda militar contra los comanches, y dar a los lipanes los derechos sobre todos los caballos salvajes de Texas. Una disposición de ese tratado ofrecía tierras a los lipanes con el fin de tenerlos “bajo los cuidados de la civilización”. Posteriormente, los jefes fueron a Ciudad de México para reunirse con Agustín de Iturbide y asistir a su coronación como emperador de México.
El 7 de julio de 1822, Antonio Martínez, gobernador de Texas, comunicó a Gaspar López, comandante general, que fueran a la ranchería de los lipanes, los enviados de los jefes Cuelgas de Castro y Yolcna Pocarropa para informar a su tribu la buena bienvenida que les dieron en Ciudad de México; indicándoles además que se abstuvieran de cometer daño alguno a los habitantes de esos territorios.
El 26 de septiembre de 1822, Antonio Crespo, gobernador de la provincia de Coahuila, comunicó al ayuntamiento de la Villa de Nava [Coahuila] haber remitido un ejemplar del tratado de paz celebrado con Cuelga Castro y Yolcna Pocarropa.
El 5 de octubre de 1822, Nazario Lombraña, alcalde del Presidio de San Juan Bautista del Río Grande del Norte (Coahuila), comunicó a Antonio Crespo que se había recibido el oficio donde se firmaban los tratados de paz, celebrado con Cuelga de Castro y Yolcna Pocarropa.
Entre 1822 y 1834, Cuelgas de Castro es ampliamente documentado en el Archivo de Béjar [Bexar County, Texas] como representante de los lipanes).
1823
* En 1823, es la fecha más probable del nacimiento de Goyaałé, transcrito en inglés
como Goyathlay, que significa “el que bosteza”, conocido más tarde como Gerónimo. (Cuando dictó sus memorias a Stephen Melvin Barrett, afirmó haber nacido en 1829, pero es claramente un error, quizá debido a su edad. Una de las mejores biografías de Gerónimo es la de Angie Debo, quien escribió: “Mientras el anciano guerrero trataba de ordenar la sucesión de los hechos, parece que Barrett se esforzó por sistematizarlos conforme al calendario de los blancos. Ahora, confrontando sus experiencias con los datos históricos conocidos, es posible obtener una cronología más precisa. Jason Betzinez afirmó que su madre [Nah-thle-tla] y Gerónimo, de niños, se habían criado juntos. El nacimiento de ella puede fijarse aproximadamente en 1823 por sus
recuerdos del cometa Halley y de la ‘noche en que cayeron las estrellas’. [Beztzinez dijo que Nah-thle-tla y Gerónimo tenían 9 o 10 años en la “noche en que cayeron las estrellas”, una majestuosa lluvia de meteoritos que asustó a muchos nativos de América del Norte en 1832. Tres años más tarde, tuvo lugar la asombrosa aparición del cometa Halley]. También cabe establecer, por testimonios contemporáneos, que Gerónimo tenía mujer y tres hijos en 1850 e incluso antes.
Gerónimo se refería a su lugar de nacimiento con el nombre apache de No-doyon Canyon y lo situaba en las proximidades de las fuentes del río Gila, en la actual Arizona sudoriental, entonces parte de México. Pero, según la nomenclatura geográfica moderna, el Gila no nace en Arizona. De hecho, de los brazos que se unen cerca de la actual ciudad de Clifton [Greenlee County, Arizona] para formar el curso principal, el que lleva el nombre de Gila nace en New Mexico. En consecuencia, Daklugie situó el lugar de nacimiento río arriba a partir del punto de confluencia de los tres brazos del río, cerca del actual Gila Cliff Dwellings National Monument [Catron County, New Mexico], en la parte sudoccidental de New Mexico. Gerónimo no pudo haberse equivocado sobre el lugar; los apaches daban una importancia especial al lugar de nacimiento. Al niño se le decía siempre dónde había nacido y, si alguna vez, en su constante vagar, la familia pasaba por los alrededores, le hacían rodar por el suelo en dirección a los cuatro puntos cardinales. Este rito se celebraba todos los años durante la infancia, e incluso los adultos se revolcaban de este modo cuando regresaban al lugar natal. Pero Gerónimo, o el redactor de sus memorias [Barrett], bien pudiera haberse equivocado de Estado [Arizona o New Mexico]. Pero eso también es improbable, pues los apaches enseguida se dieron cuenta de tales subdivisiones políticas cuando se escabullían de las persecuciones por parte de las fuerzas militares. Lo único que puede afirmarse es que Gerónimo nació en los primeros años del decenio de 1820, cerca del curso superior del río Gila, en los montes que atraviesa la actual frontera del estado, probablemente en el lado perteneciente a Arizona, cerca de la actual Clifton”.
El mismo Gerónimo dijo, siendo prisionero de guerra: “No existe otro clima o suelo como el de Arizona. Es mi tierra, mi casa, la tierra de mi padre, a la que ahora no me dejan volver. Quiero terminar allí mis días, y ser enterrado entre aquellas montañas”).
* En junio de 1823, apaches de Janos (Chihuahua), Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua) y
Sonora realizan una serie de ceremonias con otros apaches acampados cerca de Casas Grandes ([Chihuahua]. Aunque las autoridades mexicanas no vieron problema en esas reuniones, la noticia causó cierta aprensión, sobre todo cuando en septiembre, nativos no identificados mataron a nueve mexicanos en un ataque cerca de El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua]. Las autoridades pensaron como hipótesis que los culpables eran navajos o miembros de rancherías de apaches hostiles de Mano Mocha y su hijo).
1824
* En 1824, los oficiales mexicanos deciden no dar más raciones y suministros a los
apaches que no estén presentes. (El control del gobierno mexicano sobre los apaches disminuyó haciendo que muchos chiricahuas dejasen los asentamientos debido a la disminución de los suministros. Esta situación provocó inevitablemente un aumento de las incursiones a partir del verano de 1824. Los chokonens que vivían cerca de Fronteras [Sonora] se habían retirado al norte, a las montañas Dos Cabezas, a pocos kilómetros al norte del célebre Paso Apache, en lo que hoy es el sureste de Arizona. Ese otoño, los líderes chiricahuas planearon varias incursiones en Sonora, llegando a atacar Fronteras y Bavispe, mientras que grupos de Western Apaches asaltaban por los alrededores de Tucson y Tubac. Sus logros fueron escasos; robaron algo de ganado y mataron a algunos mexicanos. Sin embargo, los saqueos evocaron recuerdos del pasado.
Comentarios de apaches residentes en Janos revelaban que Teboca, quien había abandonado
Fronteras, se había unido a Fuerte y Mano Mocha en Santo Domingo, en el suroeste de Nuevo México. El hecho de que Teboca, un líder bedonkohe que mantenía estrechos lazos con los chokonen, se uniera a Fuerte en ese momento corrobora el hecho de que, en tiempos de crisis, buscaban el liderazgo de Fuerte [Mangas Coloradas]. Un cuarto de siglo después, Teboca le diría a un funcionario mexicano que Mangas Coloradas era su “general” o jefe. En cualquier caso, otro informe sugería que los chiricahuas se habían unido a los Western Apaches, probablemente a los White Mountain [con los que Fuerte mantenía relaciones amistosas], planeando enviar una partida de guerra a México. Los informes también insinuaban que los chiricahuas estaban al acecho en la Sierra de Enmedio [municipio de Janos, Chihuahua] para emboscar a los viajeros que iban de Fronteras a Janos. Esos chiricahuas eran las bandas de bedonkohes y chihennes de Mano Mocha, Teboca y Fuerte. En consecuencia, las autoridades de Sonora organizaron una expedición compuesta por soldados de la guarnición de Fronteras y la milicia de diversos poblados como Santa Cruz y Bavispe. Aunque inicialmente no pudieron actuar por falta de armas y pertrechos, en noviembre un destacamento mexicano logró interceptar una partida de apaches, hiriendo a varios de ellos.
Esto, sumado a la llegada del invierno, pudo haber disminuido la intensidad de los asaltos apaches. En cualquier caso, en diciembre de 1824, el nednai Juan José Compá y otros tres líderes solicitaron un acuerdo en Santa Rita del Cobre que no tardó en pactarse. Por el momento, la mayor parte de los combates habían cesado. Durante 1825, algunos chiricahuas volvieron a sus asentamientos pacíficos en Janos, Fronteras y Santa Rita del Cobre, donde Fuerte y su ranchería de 168 personas recibieron raciones esporádicamente durante el resto de la década, siempre que hubiera existencias.
En 1824, México proclamó una nueva Constitución de carácter federal, por la cual se facultó a los distintos estados a crear sus propias milicias locales. Estas no podían desplegarse fuera de los límites de sus respectivos estados o territorios sin obtener previamente un permiso especial del Congreso de la República. Dichas milicias incluían a todos los hombres aptos, salvo aquellos cuya posición social o riqueza les permitía abonar una cantidad de dinero que les eximía de prestar el servicio militar. A partir de 1828, este sistema se implantaría en casi todos los estados. Puesto que Nuevo México no era un estado, sino un territorio, no fue hasta 1834 que pudo disponer de una milicia propia, teniendo que conformarse con los soldados regulares, mal pagados y mal equipados).
* En 1824, los habitantes de San Juan de Allende (hoy Allende, Coahuila) se quejan de las incursiones constantes de los apaches lipanes. (Cuando el jefe lipán Cuelgas de Castro fue preguntado por ello, argumentó que rompió el acuerdo porque los colonos les robaban sus caballos).
* En octubre de 1824, un juez de El Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez, Chihuahua) solicita al alcalde de El Carrizal que el vecino Juan Sandoval restituyera a El Güero de la “nación apacha […] una silla, un caballo con una camisa, unos calzoncillos blancos, un freno y una jáquima [cordel para caballos, acolchado en la nariz y el cuello, que sirve para atarlos y llevarlos]”. (En un juicio se demostró que Sandoval había robado esos objetos a El Güero y los había vendido a otra persona [Ramón Herrera]. Resulta sorprendente que un apache haya llevado a juicio a un vecino y, aún más, que haya tenido éxito).
* En diciembre de 1824, un apache llamado Gaylán y su esposa visitan Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) donde el oficial al mando de la guarnición les encarcela inmediatamente. (La razón fue que Gaylán había mostrado “poco respeto” a los militares mexicanos. Inmediatamente, dos jefes apaches solicitaron hablar con Gaylán, pero el comandante dio audiencia a uno solo. Al parecer, creía que las rancherías apaches, acampadas cerca, estaban detrás de los robos de ganado en Santa Rita del Cobre).
1825
* En febrero de 1825, aparentemente, los apaches de El Carrizal, El Paso y San Elizario tenían reuniones secretas para planear un levantamiento general y que los instigadores de esas reuniones eran los asentados cerca de El Carrizal. (Al respecto, el gobernador, José de Urquidi, comunicó al alcalde de El Carrizal, José Borrego, el 25 de febrero de 1825: “Por el oficio de usted […] quedo impuesto acerca de los robos que dice han cometido los indios [apaches] de ese establecimiento de paz, así como de hallarse usted en determinación de mandar una partida de gente a reconocer las rancherías con el fin que indica. Tal disposición no solo queda desaprobada por este gobierno, sino que prevengo a usted muy particularmente el que se abstenga de proceder en ninguna manera de modo que los indios puedan darse por ofendidos, pues aun cuando haya tal cual desconfianza de su conducta, todavía no llega el caso de descubrirla y mientras es necesario conducirse con la prudencia que exigen nuestras propias circunstancias, procurando entretanto, con el modo más cuerdo, impedir en lo posible esos robos rateros y demás daños, que hasta ahora no se presentan con el aspecto grave que tendrían si con una mala providencia provocásemos un rompimiento que desde luego traería al Estado las más fatales consecuencias […]”.
* En 1825, los chiricahuas retornan a sus establecimientos de paz en Santa Rita del
Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico), Fronteras (Sonora) y Janos ([Chihuahua]. En diciembre se realizó un censo en Janos indicando que los apaches eran dos veces más [556 personas] que la población hispana [275 personas], aunque el número real de apaches en los alrededores o, al menos, los que iban a recoger sus raciones, era alrededor de 100 personas ese año.
En general, los apaches acampaban a cierta distancia de sus establecimientos de paz. En Janos vivían a unos 80 km o más. En Casa de Janos [municipio de Janos, Chihuahua, a unos 30 km]; Carretas [Santa María de Carretas, municipio de Janos, Chihuahua] aproximadamente al oeste; en la Sierra de Álamo Hueco [Alamo Hueco Mountains, Hidalgo County, New Mexico]; o en la Sierra de las Ánimas [Animas Mountains, Hidalgo County, New Mexico], al norte. Los apaches de Galeana [Chihuahua], tan estrechamente relacionados con los de Janos, por parentesco y amistad, vivían cerca del Valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]; o en Casas Grandes [Chihuahua].
En Janos residen las rancherías de los jefes Jasquienelté, Feroz, Sidé [chokonen], Chirimi [nednai], Pisago
Cabezón [chokonen] y Juan Diego Compá [nednai].
Jasquienelté residía permanentemente en Janos, siendo citado cada año en los informes de racionamiento y en el censo.
Feroz estuvo en Janos desde 1800 como parte de la ranchería de Vívora, pero, a partir de 1810, fue miembro de la ranchería de Cayetano, encabezándola en noviembre de 1812, cuando Cayetano dejó de ser citado, probablemente a causa de su muerte. Después Feroz estuvo permanentemente en Janos hasta que él y otros apaches se fueron a mediados de 1831, a causa de una epidemia de viruela. Su nombre se oyó, por última vez, en agosto de 1832, cuando regresó a Janos como parte de una delegación de paz.
Sidé [también llamado Cidé] apareció en las listas de racionamiento de Janos en 1800 como miembro de las rancherías del chokonen Pisago y del nednai Juan Diego Compá [probablemente debido a imprecisiones en los registros]. Se alió con Pisago de 1812 a 1819, y a partir de 1822 fue catalogado como jefe de pleno derecho. Salió de Janos en junio 1831 con otros apaches, pero operó en la región durante otros siete años más o menos. Lo último que se supo de él, fue durante una incursión contra unas carretas en el Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico], el 30 de marzo de 1838.
Chirimi estaba en Janos desde diciembre de 1815, donde se había trasladado desde San
Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Era habitual en Janos hasta que se fue con los demás apaches, a mediados de 1831, viviendo en la zona de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]; río Mimbres [Mimbres River, New Mexico]; y la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant y Catron Counties, New Mexico], últimos lugares en donde se le mencionó, en la primavera de 1836.
Pisago se hace llamar por esa época, Pisago Cabezón, siendo un prominente apache en la jurisdicción de Janos en la década de 1830, hasta principios de 1840. Por su edad, probablemente era hijo del primer Pisago muerto en mayo de 1791. Sin embargo, hay dudas. Después de 1800 hubo otros dos apaches citados como Cabezón [apodo español referido a alguien agresivo y con autoridad]. Sin embargo, no hay dudas de que Pisago Cabezón estuvo en Janos y en sus alrededores durante estos años.
1826
* El 4 de abril de 1826, 30 milicianos y un grupo de tonkawas y lipanes, dirigidos
por James Jeffres Ross (uno de los primeros colonos de Texas), atacan un campamento de tawakonis y kichais o keeches (wichitas) en el Colorado River, a 24 km de La Bahía (Goliad County, Texas) en el que resultaron muertos ocho tawakonis, incluidos tres jefes: Cordero, Lisaque y Guichupa.
* En abril de 1826, el jefe apache lipán Cuelgasde Castro llega a Laredo (Webb County, Texas) a firmar la paz con el gobierno de México. (Yolcha Pocarropa, otro de los jefes, no quiso acompañarle, permaneciendo en pie de guerra. Cuelgas de Castro recibió una comisión como teniente coronel y un sueldo de la República de México. Su banda recibiría regalos y alimentos en Laredo en abril de 1827).
* El 15 de abril de 1826, el comandante general de Chihuahua solicita a Mauricio Ugarte, comandante de El Carrizal, que enviara una patrulla a la Sierra del Gallego (municipio de Ahumada, Chihuahua) a buscar algunos caballos que creían estaban en poder de los apaches de paz. (El día 22, Ugarte solicitó a Jesús Domínguez, alcalde de El Carrizal, le proporcionara ocho vecinos montados y armados, pues carecía de tropa suficiente. Esta acción serviría para comprobar que los apaches no tuvieran otros animales de esa población).
* En 1826, Adrian Balbi escribe el “Atlas etnográfico del mundo”. (En él dice: “Apaches,
hablado por los apaches, nación muy numerosa dividida en muchas tribus, derramadas desde la Intendencia de San Luis Potosí hasta la extremidad septentrional del golfo de California, y que parece hablan dialectos muy diversos, de los cuales algunos podrían considerarse como lenguas hermanas. A excepción de algunas tribus cultivadoras, que tienen la civilización de los indios de paz, los apaches son errantes, enemigos de los ietanes [nombre antiguo de los comanches] más aún de los españoles, a quienes tienen en continua alarma con sus ataques, tan terribles como frecuentes; la mayor parte de sus guerreros van montados al caballo, armados con grandes lanzas. Las principales tribus apaches son: los faraones y mescaleros, que viven entre los ríos Puerco y del Norte; los gileños, que vaguean cerca de las fuentes del Gila; los mimbreños, que habitan las agrestes quebradas de la Sierra de la Acha y de la de los mimbreños. Estas tribus son las más numerosas, viniendo en seguida los chiricaguis, que habitan al suroeste de los mimbreños; los tontos, que viven en la orilla meridional del Gila; los llaneros, al este de la gran cadena bajo el paralelo de 38º y 100º de longitud Oeste, y los lipanes más al oeste hacia el meridiano 104º”).
* El 5 de agosto de 1826, una banda de bedonkohes y chihennes dirigida por Fuerte
(Mangas Coloradas), Mano Mocha y Pluma, se reúne con un grupo de tramperos estadounidenses liderados por Sylvester Pattie y su hijo James Ohio Pattie en la zona de Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Se cree que este fue el primer encuentro entre apaches chiricahuas y anglosajones.
El 1 de agosto, dos estadounidenses habían descubierto huellas de seis apaches cerca de las minas. Poco después, los hombres de Pattie capturaron a dos de ellos, liberando a uno con una explícita advertencia. Si no venían a parlamentar, matarían al otro apache.
El 5 de agosto, los chiricahuas llegaron. Eran unos 80, mandados por cuatro jefes [entre ellos Fuerte, Mano Mocha y Pluma], quienes no ocultaron su desprecio por los mexicanos de Santa Rita del Cobre, relatando antiguos actos de traición sufridos a manos de ellos. Admitieron que habían incursionado por las minas, pero que querían cesar las hostilidades ahora que los estadounidenses trabajaban allí. Después ambos grupos fueron a Santa Rita del Cobre, donde Pattie mató tres vacas para dar de comer a los apaches. Después, el jefe apache regaló a Pattie 25 km² de un trozo de terreno junto a un río, a unos 4’8 km de las minas. Pattie dijo que si el terreno fuese suyo tendría que contratar mexicanos para cultivarlo. El jefe aseguró a Pattie que los apaches no molestarían a los trabajadores, que deseaba estar en paz con los estadounidenses porque no habían intentado matarle, excepto en la guerra. ¿El jefe era Fuerte [Mangas Coloradas]? Pattie no lo reflejó, pero parece que sí. Pattie solo mencionó el nombre de uno de los cuatro jefes, Mano Mocha, aunque no lo consideró como el líder del grupo.
Fuerte nacido entre 1790 y 1795 en el seno de una banda bedonkohe o
chihenne, destacaba en primer lugar por su físico, pues pesaba unos 114 kilos y medía 1’92 metros, algo muy poco corriente entre los apaches que no solían superar el 1’70 m. Es posible que se tratara del jefe llamado Fuerte que figuraba como uno de los jefes chihennes entre 1815 y 1840, cuando se dejó de mencionarle. En 1842 apareció Mangas Coloradas en documentos mexicanos que le identificaban como uno de los jefes más importantes de los chiricahuas.
El origen del nombre español se pierde en las leyendas de la época, alguna de las cuales describe cómo el jefe se embadurnaba con la sangre de sus víctimas hasta los hombros, una exageración a la que difícilmente se puede dar crédito. La versión más probable se remonta a un incidente entre los apaches y una partida de 14 tramperos mandados por Sylvester Pattie y su hijo James. Poco después de llegar a Taos, los Pattie se enteraron de que había gran cantidad de castores en el río Gila. Sylvester reclutó a los hombres y en diciembre se pusieron en marcha caminando por el Río Grande y luego al oeste hasta las minas de cobre de Santa Rita. En ese lugar contrataron a dos mexicanos para guiarles hasta las fuentes del Gila. Durante algún tiempo se perdieron en un agreste laberinto de montañas hasta que dieron con un río, posiblemente, el San Pedro [Arizona]. Allí lograron capturar muchas pieles de castor hasta que los apaches les tendieron una emboscada. Según el relato de James Pattie los apaches les ahuyentaron los caballos, aunque pudieron esconder las pieles antes de regresar a Santa Rita en una penosa caminata en la que pasaron verdadera hambre. Pattie dijo que durante el regreso tuvieron que ascender una serie de “heladas montañas” que se ocultaban en el valle hacia el este. Debían ser las Galiuro Mountains [Graham & Pinal Counties, Arizona]. Dado que se quejaron de la falta de agua, probablemente fueron más al sur del Aravaipa Creek.
Ahora bien, según relataría Mangas Coloradas, los apaches atacaron a los estadounidenses, mataron a la mitad y se llevaron las pieles. Se sabe que los Pattie llegaron a Santa Rita con solo cinco hombres y que los apaches mimbreños durante algún tiempo se vistieron vistosamente con pieles de castor. También un guerrero enorme llevaba puesta la camisa roja de Sylvester Pattie. Se especula que se trataba de Fuerte y de allí el eventual cambio de nombre a Mangas Coloradas. Los indios cambiaban de nombre con cierta frecuencia debido a las incidencias experimentadas durante sus vidas y este puede que sea uno de esos casos, aunque se tardara unos cuantos años en darse a conocer con el nuevo nombre.
En cualquier caso, además de su habilidad como jefe y guerrero, Mangas Coloradas era
conocido por sus dotes como negociador. Una de sus esposas se llamaba Tu-es-seh y se dice que era una bella cautiva mexicana. Sobre el año 1840, una hija de ambos llamada Dos-teh-seh se casó con Cochise; otra con el jefe de los navajos; y la tercera con el principal líder de una banda White Mountain. Pero Will Levington Comfort, en su libro “Apache” dijo que la primera hija la casó con Cochise; la segunda con Kutu-hala, un jefe apache White Mountain; y la tercera con Cosito, el jefe de guerra de los apaches coyoteros White Mountain.
Si Mangas Coloradas planificó estos enlaces matrimoniales con la intención de unificar a los indios contra los estadounidenses que ya empezaban a emigrar al Sudoeste, constituye una prueba de su habilidad política. Sin embargo, la única alianza que realmente funcionó fue con Cochise. En años sucesivos, Mangas Coloradas y Cochise colaboraron estrechamente en innumerables incursiones y combates contra los mexicanos y los estadounidenses).
1827
* El 24 de agosto de 1827, Ramón Muñoz, Jefe del Partido, escribe al alcalde de El Carrizal, que hay que tener cuidado con las acusaciones de pequeños robos que se hacían a los apaches y a no hacer nada contra de ellos sin tener todas las pruebas: “Queda impuesto el Gobierno de los […] robos que cometen los indios apaches de paz; y [al] respecto [le repito lo] que ya tengo advertido a esa presidencia […]: mientras no aparezcan quienes son los verdaderos agresores, ni puede reconvenírseles ni castigárseles por inferencias, por tanto, los reclamos como el castigo deben recaer sobre los verdaderos agresores de los daños y no sobre los apaches en general, que en el caso de disgustarlos serían más frecuentes y aun mayores los robos, muertes y daños […]”.
* En 1827, llega a Oposura (a partir de septiembre de 1828, cambió de nombre, llamándose Moctezuma, Sonora)
el aventurero John James Johnson (Oriundo de Kentucky, vivió varios años en Missouri dedicándose al oficio de sombrerero. Con un socio llamado Antonio Aguirre adquirió una hacienda. Desde Sonora viajó a menudo a Santa Fe; allí realizó negocios con McNight y otros norteamericanos. Asimismo, comerció con varios jefes apaches, incluyendo al nednai Juan José Compá. Por esa época llegaría a Nuevo México el irlandés James Kirker. Como se verá más tarde, Johnson y Kirker se hicieron famosos por organizar sendas matanzas de apaches).
* En febrero de 1827, una banda de wacos (wichitas) y comanches atacaron a los lipanes y tonkawas en el Río San Marcos, a unos 15 km por encima de Gonzáles (Gonzáles County, Texas), robando varios cientos de caballos.
1828
* Durante 1828, 552 apaches chiricahuas reciben raciones semanalmente, o cada dos semanas, en el presidio de Janos [Chihuahua], aumentando unos pocos más al año siguiente. (Manteniéndose la paz desde el acuerdo de 1824, las autoridades mexicanas tuvieron que reducir nuevamente, por motivos económicos, las raciones de los apaches, lo que obligó a muchos a trasladarse a las montañas para dedicarse a la caza y la recolección. Incluso algunos chiricahuas del grupo de Pisago Cabezón llegaron a sembrar algo de maíz en las montañas de Álamo Hueco [Alamo Hueco Mountains, Hidalgo County, New Mexico] lo que indica que practicaban la horticultura, aunque no tan extensamente como sus parientes, los Western Apaches.
Aunque la falta de ayuda de los mexicanos dejó a muchos apaches desilusionados, algunos grupos de chiricahuas, permanecieron cerca de Janos, como las rancherías de Asquinielte, con 107 personas, entre hombres, mujeres y niños; la del chokonen Pisago Cabezón, con 98 personas; la de Feroz, con 87 personas; y la del nednai Juan Diego Compá, con 121 personas.
La ranchería de Fuerte [Mangas Coloradas] con 168 personas, permaneció en los alrededores de Santa Rita del Cobre, y muchos chokonen continuaron viviendo cerca de Fronteras.
Tres apaches de Janos y de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua], Calabazas,
Yayame, y Andrés robaron en Bavispe [Sonora] varios caballos que llevaron al río Temehuaque, al oeste de Casas Grandes [Chihuahua]. Al enterarse de ello, Juan José Compá, para intentar mantener su liderazgo, igual que hizo su hermano Juan Diego con los españoles, investigó quienes fueron los autores. Cuando lo supo, comunicó al comandante de Janos sus nombres y la ubicación de la manada de caballos. Al saberse que eran miembros de rancherías pacíficas, se les advirtió que no cometieran más actos de ese tipo y que, por esta vez, solo iban a ser detenidos).
* En 1828, un grupo de tramperos encabezados por Ewing Young, un famoso hombre de la frontera que iba de Taos (Taos County, New Mexico) al río Colorado para cazar, son atacados por Western Apaches en algún lugar cerca del cruce de los ríos Salt y Verde. (Young, un nativo de Tennessee, había creado un puesto comercial de pieles en Taos, para evitar el pago de tasas en la aduana, cuyos funcionarios no pasaban de Santa Fe, 112 km más al sur.
En la primavera de 1826, Young envió a su socio, William Wolfskill, al frente de un pequeño grupo de tramperos a la cuenca del río Gila a cazar castores, mientras él iba a St. Louis en una expedición comercial. El grupo de Wolfskill fue emboscado por apaches coyoteros White Mountain teniendo que regresar a Taos con las manos vacías.
Casi al mismo tiempo, otro grupo de tramperos estaba cazando castores a lo largo de los ríos Gila, San Pedro y San Francisco. En este grupo iba James Ohio Pattie, consiguiendo una gran cantidad de pieles. Una banda apache se llevó sus mulas, por lo que los tramperos tuvieron que esconder las pieles al no poder llevárselas, procurando ocultar las huellas, para después dirigirse a Santa Fe a por más mulas. Cuando regresaron, descubrieron que los apaches se habían llevado todas las pieles.
En el otoño de 1826, Young fue con varios estadounidenses a cazar castores al río Gila. Se dirigieron al sur, siguiendo el curso del Río Grande hasta Socorro [Socorro County, New Mexico], para luego girar al oeste, hacia la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant y Catron Counties, New Mexico] y llegar a las minas de Santa Rita del Cobre [rant County, New Mexico], cerca de la actual Silver City. La mina estaba a cargo de un estadounidense, quien dejó a los tramperos instalarse allí antes de dirigirse al Gila. Antes de empezar a cazar, Young quiso hacer una demostración de fuerza ante los apaches. Llevó a su grupo de 16 tramperos al territorio de los coyoteros White Mountain, infringiéndoles numerosas bajas.
Mientras tanto, también Pattie estaba de vuelta en el Gila, esta vez con un grupo de tramperos franceses, encabezados por Michel Robidoux. Llegaron a un poblado nativo en la unión de los ríos Salt y Gila [en el extremo oeste del Salt River Valley]. Pattie afirmó que eran papagos, pero los antropólogos han sugerido que podían ser apaches o yavapais. Los nativos invitaron a los tramperos a pasar la noche en el poblado, y todos accedieron menos Pattie y otro trampero, quienes acamparon lejos del poblado. A mitad de la noche, les despertaron ruidos lejanos. Los nativos esperaron a que los tramperos se durmieran para atacarlos. Todos murieron, excepto Robidoux, quien pudo escabullirse en la oscuridad, logrando contactar con Pattie, probablemente en algún lugar cercano a la actual Phoenix. Los tres hombres se ocultaron hasta el día siguiente. Cuando llegó la noche avanzaron en la oscuridad hasta que encontraron lo que creyeron que era un campamento nativo. Cuando se acercaron un poco más, escucharon a un par de hombres hablando en inglés. Era el campamento de Ewing Young, quien al oír lo ocurrido decidió actuar.
Se dirigió, al frente de unos 30 tramperos, por el cauce de un arroyo seco hasta los alrededores del poblado, enviando a dos hombres para hacerse ver y actuar como señuelos para atraer a los guerreros a una emboscada. Unos 200 guerreros no se percataron de la treta, saliendo en persecución de los dos hombres. Cuando llegaron a unos 20 metros del arroyo, Young y sus hombres empezaron a disparar sus rifles de gran calibre, matando, según Pattie, a 110 guerreros [cifra que parece excesiva, aunque probablemente fueron muchos]. Después fueron al poblado, encontrándolo abandonado, excepto un anciano ciego y sordo que los tramperos dejaron en paz. Tras incendiarlo, desenterraron los cuerpos mutilados de los tramperos franceses. Al día siguiente, el jefe del poblado pidió parlamentar, accediendo a no atacar más a los tramperos.
Desde allí, Young llevó a sus hombres por el Salt River, más allá de lo que hoy es Scottsdale [Maricopa County, Arizona], hasta el cruce del río Verde, recorriéndolo y volviendo por el Salt y el Gila, consiguiendo cazar, a veces, hasta 30 castores por noche. Siguiendo el curso del Gila, fueron los primeros estadounidenses en llegar hasta su desembocadura, contactando, en un pacífico encuentro, con los yumas.
Después remontaron el río Colorado, donde se toparon con mojaves, cuyo jefe pidió que le dieran un caballo. Young se negó, atravesando el jefe al animal con una lanza, lo que hizo que un trampero le matara de un tiro. Los mojaves retrocedieron y desaparecieron entre la maleza, pero sospechando un contraataque antes del amanecer, los tramperos les esperaron, matando a 16 guerreros. Los mojaves no se dieron por vencidos, y después de varias noches, atacaron el campamento de Young con flechas envenenadas, matando a dos hombres e hiriendo a dos más. Pattie contaría que su manta estaba perforada por 16 flechas.
Jurando venganza, Young les persiguió, matando a varios más, colgando sus cuerpos en las ramas de un álamo como advertencia para el resto. Aun así, Young tomó precauciones, dividiendo su grupo en dos, mientras uno cazaba, el otro vigilaba. Los mojaves atacaron de nuevo, matando a tres tramperos en el río Bill Williams. Cuando Young encontró a los hombres, sus cuerpos habían sido cortados en pedazos y estaban siendo quemados en una hoguera.
Young decidió que era hora de volver a Taos. Después de recorrer unos 1.600 km, habían conseguido pieles por un valor de unos 20.000 $, habiendo perdido un tercio de sus hombres. Cuando llegó a Santa Fe, se llevó una sorpresa.
En 1824, México aprobó una ley por la cual, solo los ciudadanos mexicanos podían ser tramperos. Mientras algunos estadounidenses, simplemente ignoraron la ley, otros se convirtieron en ciudadanos mexicanos. En Taos, los tramperos estadounidenses acudían a donde el sacerdote, Antonio José Martínez, quien por un módico precio, arreglaba bautizos y matrimonios para que pudieran obtener la ciudadanía fácilmente.
Esta nueva ley entró en vigor mientras Young estaba cazando en Arizona. Cuando volvió a Santa Fe en la primavera de 1827, descubrió que su licencia había sido anulada por lo que sus pieles fueron confiscadas; y su amigo, el gobernador Antonio Narbona, había sido reemplazado por Manuel Armijo.
Milton Sublette, un miembro del grupo de Young, cogió sus pieles y corrió al interior de una casa ocupada por tramperos. Cuando las autoridades pudieron entrar por la fuerza, Sublette y sus pieles habían desaparecido. Su audaz desaparición corrió, de boca en boca, por las hogueras de los tramperos durante años. Enojado, Armijo, responsabilizó personalmente a Young por la huida de Sublette, presentando cargos contra él. Fue puesto en libertad unos días después cuando Armijo no pudo encontrar una copia de la Ley de 1824. Sin embargo, Young no recuperó sus pieles.
Young montó otra expedición en 1827-28 al territorio del Gila, pero en algún lugar cerca de la unión de los ríos Salt y Verde, los apaches tendieron una emboscada al grupo y mataron a 18 de los 24 tramperos. Young no se rindió y equipó otra expedición más, durante 1828-29, en la que iba un protegido suyo, quien en el futuro sería famoso, Christopher “Kit” Carson.
Para evitar a las autoridades mexicanas, Young se dirigió al norte de Taos, a unos 80 km, luego cruzó las Jemez Mountains [Rio Arriba, Sandoval, & Los Alamos Counties, New Mexico], hasta el pueblo de Zuni. Desde allí se dirigió a las White Mountains hasta la cabecera del Salt River. Como venganza, Young buscó a los apaches que habían diezmado su expedición el año anterior, matando a 15 de ellos, e hiriendo a muchos más. Luego recorrió el río Verde hasta su cabecera en Chino Valley [Yavapai County, Arizona]. Young y su grupo se dedicaron a colocar trampas. Los apaches continuaron hostigándolos, robando sus trampas y de vez en cuando matando a un caballo o a una mula. Pero los apaches no les atacaron. En la ladera occidental de la montaña Bill Williams, cerca de la actual Ash Fork, [Yavapai County, Arizona], dividió a su expedición, enviando a un grupo cargado de pieles de regreso a Taos. Young con 17 hombres, incluido Carson, se dirigió hacia California, territorio que había oído que tenía grandes recursos. Volvió a Arizona a cazar, pero regresó a California para asentarse posteriormente en Oregón, donde falleció).
* A finales de 1828, los jefes apaches Feroz y Pisago Cabezón (chokonen) se quejan ante el gobernador de Chihuahua de que ciudadanos mexicanos están invadiendo sus tierras convirtiéndolas en propiedades privadas. (Le pidieron que decretase que las Sierras de Enmedio [municipio de Janos, Chihuahua]; las Ánimas [Animas Mountains, Hidalgo County, New Mexico] y el Hacha [Big Hatchet Mountains, Hidalgo County, New Mexico] no se entregasen a ciudadanos mexicanos. Estas sierras contenían recursos, especialmente el mescal, del que los apaches pacíficos dependían ampliamente para complementar sus raciones. Poco después, los jefes Pisago Cabezón, Chirimi, Carabinero, y Bocón solicitaron que al mexicano Serafín Calderón, se le negase el derecho a quedarse con las tierras que se había apropiado en la Sierra del Álamo Hueco [Alamo Hueco Mountains, Hidalgo County, New Mexico]. Los apaches habían limpiado y plantado esas tierras, habiendo un buen mescal en ellas. El comandante general Simón Elías estuvo de acuerdo y subrayó que los apaches necesitaban protección, y que dada la situación actual, nada debía perturbar la paz actual, dando el 10 de enero de 1829, la concesión a los cuatro jefes apaches la posesión de esa propiedad. El incidente no terminó ahí y, un poco más tarde, los cuatro jefes pidieron permiso para vender el mismo terreno a Calderón a cambio de 30 yeguas. El comandante general lo prohibió enérgicamente, explicando que la posesión de esa tierra era un derecho de usufructo, solo para disfrutar de los productos naturales de la tierra, pero nada más. Por otra parte, pensó que los apaches, probablemente, no usarían las 30 yeguas para nada bueno).
1829
* En 1829, se repite la tragedia de hace 30 años. (Marín Ortiz, era un niño de siete años de La Punta de Lampazos [Lampazos de Naranjo, Nuevo León] nacido en 1822 que ayudaba a su padre en sencillas labores agrícolas mientras aprendía las primeras letras gracias a su madre.
Mientras Marín Ortiz jugaba con otros niños, un tropel de caballos los sorprendió. Al girarse, vio una partida de indios frente a ellos y una mano que desde lo alto agarró sus cabellos, sentándolo frente al jinete. Los niños corrían hacia todas direcciones, tratando de escapar, siendo atrapados uno a uno.
Inútilmente, se debatían entre los brazos de sus captores hasta que a golpes los fueron sometiendo, quedándose quietos y temblorosos, listos para una larga cabalgada, mientras los montes iban pasando ante sus ojos y los paisajes se tornaban desconocidos. Aquel día, fueron capturados siete niños de entre cinco a siete años.
“¡Apaches! ¡Apaches! ¡Los apaches se han llevado unos niños…!”, gritaron los vecinos para alertar a las familias y poner en guardia a todo el pueblo. Las madres corrían llamando con desesperación a sus hijos y los hombres salían con los rifles preparados.
Se dio también parte a la guarnición militar e inmediatamente, junto con un numeroso grupo de vecinos, salieron a rastrear los montes y caminos. Pero tras muchas horas vieron que las huellas de los caballos se unían a otro grupo más numeroso que iba hacia la Sierra de Santa Rosa [municipio de Ciudad Melchor Múzquiz, Coahuila], territorio dominado por los apaches lipanes, cuya ferocidad ya conocían, necesitando más hombres para hacerles frente. No se podía hacer nada, por lo que los niños se dieron por perdidos. Las madres lloraron durante mucho tiempo.
Los lipanes hicieron tres campamentos camino a su destino comiendo carne cruda, pero a los pequeños les daban arcadas y solo pudieron comer pinole y frutos silvestres. Aprendieron que durante una incursión no encendían fuegos porque el humo podía delatar su presencia. Su avance era invisible e inaudible en la oscuridad, pudiendo pasar a 50 metros de una casa sin ser detectados. Su presencia era silenciosa, furtiva, por eso la gente era presa fácil en los ranchos, siendo los perros los primeros en caer silenciados por las flechas.
Un atardecer, llegaron a su ranchería. Un coro de alaridos y un gentío de curiosos salió al encuentro de los que llegaban, observando, entre despectivos y burlones, a los niños capturados que sobrecogidos por el miedo esperaban a que les bajaran de los caballos. Los jinetes gritaron algo en su lengua, tirándolos desde lo alto de los caballos y unas mujeres los iban recogiendo para llevarlos a sus tipis.
Cada mujer tenía uno a su cuidado y aunque trataron de ser cariñosas, los chiquillos no entendían el idioma y temblaban de miedo ante su nueva vida, con comidas indeseables, rodeados de rostros de niños semidesnudos que los miraban retadoramente, sin consolarles la sonrisa de las mujeres ni los frijoles que les ofrecían. Esa noche cada uno lloró amargamente y a lo largo de toda la noche, se despertaban llamando entre sollozos a sus madres, que allí, en la lejanía, también mojaban de lágrimas la almohada. Así fueron recibidos y adoptados por la tribu. El matriarcado imperante se encargaba de cuidar la salud y formación de los niños. Una joven india, paciente, risueña y mujer del jefe principal, se hizo cargo de Marín.
Los niños conocieron la dura vida del nómada caminando para hacer campamento tras campamento por el sur de Texas, norte de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. Mujeres, viejos y niños caminaban por los montes cargando los enseres de la tribu y solo los guerreros o ancianos de cierto rango utilizaban caballos. Su vestimenta fue poco a poco cambiada por las calzoneras de piel, de manta, u otras telas robadas, chaparreras de piel de venado y calzado, o teguas de piel suave. Padecieron semidesnudos bajo el ardiente sol de agosto y los fríos vientos de enero. Su niñez pasaría aprendiendo a pescar y cazar piezas menores con los hombres; recoger leña, hierbas medicinales y frutos silvestres con las mujeres, y aprender a tallar armas y devastar piedras para las puntas de flechas y lanzas.
Pasaron dos años, y de los niños cautivos solo quedaban dos o tres, pues murieron uno a uno por la vida tan dura, las enfermedades que acababan con los más débiles, o como consecuencia de los enfrentamientos contra el ejército estadounidense, mexicano, y los comanches; donde no se perdonaba a nadie, hombres, mujeres o niños. Vivían en un constante sobresalto al que se tenían que acostumbrar, agudizando su instinto de supervivencia y aprendiendo a huir mientras los hombres defendían el poblado. Se acostumbraron a ver guerreros con graves heridas causadas por sables, balas o flechas; pero el sufrimiento más grande era el castigo que sufrían cuando no obedecían, y los golpes eran el pan de cada día. Los niños, nativos o cautivos, crecían disciplinados y resistentes al dolor.
Marín Ortiz sufrió duros castigos por no entender las órdenes que le daban en una lengua que no conocía. Y aunque muchos lipanes hablaban castellano por su contacto con españoles [soldados, colonos y franciscanos de las misiones], se negaban a hablarle en su idioma.
Los caballos eran la posesión más importante del lipán y durante el día, los niños se encargaban de cuidarlos. Los alimentaban, les daban agua y los custodiaban dando vueltas alrededor de ellos.
Un día que los guerreros venían de cazar búfalos, el jefe lipán llamado Bajo el Sol, fue a bajarse del caballo y haciendo un círculo en el aire con el dedo índice dirigiéndose a Marín, este interpretó, “rodea a la manada…”, pero quería decir, “cambia mi caballo…”. El joven se puso a dar vueltas en torno a los animales, mientras el jefe enfurecido, empezó a dar órdenes a sus hombres. Un lipán se lanzó contra el joven dándole golpes. El jefe bajó del caballo y pronto, un grupo de lipanes lo zarandearon. El joven, sin comprender nada, indefenso, rodaba y rebotaba de golpe en golpe, mientras lloraba y pedía piedad.
Al final, ataron unos arneses al lomo de una mula, atando al joven colgado bajo la panza, entre las patas del animal. Después los lipanes encabritaron a la mula que, asustada, salió al galope, lanzando coces en un intento de deshacerse del bulto que tenía entre las patas. Mientras tanto, Marín iba dejando la piel y la carne de la espalda por los arbustos.
La mula corrió y corrió tratando de zafarse del bulto; y el joven, creyendo morir, suplicó que alguien hiciera algo para terminar con aquel suplicio. Al fin, la mula cayó reventada y Marín quedó a su lado, luchando por liberarse. Las cuerdas se habían aflojado un poco por el sudor y la sangre, y así pudo liberar una muñeca, y después se desató. Luego, penosamente, se arrastró buscando la sombra de unos arbustos, donde se desmayó del dolor que sentía.
Pronto llegó la noche, que se hizo eterna. Las horas transcurrieron lentas, y la luna y las estrellas abandonaron al pequeño moribundo; hasta que llegó la mañana en que despertó. Abrió los ojos y los primeros pensamientos fueron que había despertado en el paraíso de los lipanes en el que hechiceros y ancianos de la tribu le habían enseñado a creer. Pero estaba vivo, y tendría que soportar el dolor de las llagas, llenas de sangre y tierra. Cerca había un río. Se levantó en busca del agua donde lavar sus heridas y, tambaleándose, caminó hasta una pequeña cascada. De ahí en adelante, buscó sobrevivir dándose baños de agua; haciendo trampas para atrapar peces y conejos, y buscando hierbas para hacer cataplasmas que había visto a las mujeres usar en las heridas de los guerreros. Pero las suyas sanaban muy lentamente y las llagas todavía supuraban y sangraban al paso de muchos días. Consiguió comida, pero las fiebres y la pérdida de sangre le debilitaba cada vez más. Tenía que intentar algo diferente.
Pensó que no tenía más elección que buscar a la tribu para que le curaran o le mataran, para terminar de una vez con aquel sufrimiento. Así, emprendió el camino de regreso y con raíces confeccionó una cuerda con la que fue atando leña hasta hacer un montón, llevándola al poblado en señal de sumisión y súplica.
Aquella mañana, el poblado estaba solo ocupado por ancianos, mujeres y niños. Los guerreros habían salido a cazar y solamente los ancianos y los niños lo vieron llegar enflaquecido, como un cadáver, con paso inseguro, tambaleante, con un montón de leña sobre su cabeza, sentándose frente a un tipi, de donde salió una mujer que, inmediatamente inundó sus ojos de lágrimas.
Conmovida por su estado, lo levantó en brazos y lo tendió sobre una piel de bisonte para alimentarlo. Luego, fue lavando suavemente su espalda con infusiones de hierbas medicinales. Mientras le ponía cataplasmas, la lipán sollozaba y susurraba al oído del joven suaves palabras que no entendía.
Marín Ortiz se quedó dormido bajo el cuidado de la mujer, mientras los ancianos más sabios de la tribu entraron en el tipi, intercambiando miradas de silenciosa condena, reprobando aquel desmesurado castigo.
Horas después, el poblado se alborotaba en alaridos con la llegada de Bajo el Sol y sus guerreros. Cuando el jefe se encaminó al tipi, la mujer salió corriendo a recibirlo y habló con él. Sumisa, pero firmemente, pedía piedad y perdón para el joven, mientras el jefe hacía furiosos aspavientos, amenazando con golpear a la mujer que parecía dispuesta a desobedecerle por salvar al joven.
Los ancianos, testigos del estado de Marín, con el peso de la autoridad y respeto que todo lipán les debía, intervinieron, le hicieron callar, y le introdujeron en el tipi para enseñarle su espalda. En algunas partes, se veían los huesos. El jefe comprendió sus excesos y agachó la mirada, antes fiera, y ahora triste, observando al muchacho. En su furia había olvidado algo, ¡era solo un niño de nueve años…!
El pequeño disfrutó de un plácido y largo sueño, pero despertó aterrorizado al descubrir ante él al jefe apache. Pero este tendió la mano invitándolo a tranquilizarse y para su sorpresa, con una lágrima corriendo por su mejilla, pero con el rostro pétreo e inexpresivo, le habló conciliador y paternal: “Zesnacané… Tú ahora eres de mi pueblo… Yo no hacerte más daño. Ahora tú eres de mi pueblo… Tú eres mi hijo y tu nombre es Zesnacané…”.
Ese era su nuevo y sonoro nombre: “Zesnacané”. Sería tratado como uno más de la tribu y le enseñarían la lengua apache, cosa que nunca intentaron. Pasó mucho tiempo recuperándose bajo el cuidado de la que ahora sería su madre. Más adelante, pudo sentarse a un lado de la entrada del tipi hasta que pudo incorporarse plenamente a la vida tribal. Lo peor había pasado, aunque le quedaban las horrendas cicatrices que le cubrían la espalda, costados y brazos como recordatorio.
Zesnacané, preguntaba a sus mayores y siempre obtenía una respuesta. El lipán era libre como el venado de la sierra y jamás aceptaría el sometimiento ante el invasor que solo les querían como esclavos en los campos y en las minas. Antes lo habían intentado, se habían acogido a la protección de los misioneros, pero los españoles, con permiso de los sacerdotes, se los llevaban a lejanos lugares para usarlos en trabajos forzados y ni la Iglesia ni las autoridades lo impedía.
Los hombres eran separados de sus mujeres y los niños de sus madres para morir trabajando en minas. Las mujeres sufrían abusos en las haciendas. O morían lentamente como esclavos o huían a las sierras; considerados indios hostiles a los que había que perseguir y matar. Los lipanes no tenían más remedio que huir y luchar para sobrevivir.
El blanco quería la tierra para él solo y cogía más de la que necesitaba; la tierra daba sus frutos a los hombres, pero el blanco la explotaba para esquilmarla; la ocupaba con sembrados y ganado, y no quería al indio más que como peón, como esclavo. El lipán tenía que vagar siempre porque si pedía tierra no se la daban; si pedía paz se la negaban porque eso suponía un lugar propio donde vivir y cuando el indio recibía una ranchería que podía prosperar también se la quitaban. La única condición para vivir en paz era dejarse matar de hambre, por el trabajo forzado y humillado constantemente. Los lipanes tenían como destino pelear hasta el exterminio, que era su trágico destino.
Con el entrenamiento en el manejo de las armas y el caballo, Zesnacané pasó la adolescencia y, con los años, deseó combatir contra los comanches, con los cuales rivalizaban por los campos de caza del búfalo. En esporádicos encuentros conoció guerreros de otros pueblos apaches; principalmente los apaches mescaleros.
Aunque se distinguía por su barba, pronto se olvidó de las demás diferencias y se convirtió en un orgulloso guerrero que, aunque de cabellera ondulada y piel diferente, fue haciendo propias todas las virtudes del lipán como su fiereza en el combate, su lealtad, su fidelidad, tomando como suya la afrenta recibida por cualquier ranchería por lejana que estuviera, el afán por proteger con su vida a las mujeres y niños, las habilidades como vigía, rastreador, cazador y como luchador a cuchillo, hacha, lanza, arco y rifles que obtenían en asaltos a ranchos y destacamentos militares.
Al fin, fue a luchar contra los comanches y contra los blancos. Combatió y sobrevivió en muchas batallas y escaramuzas, demostrando coraje y valor ante su jefe, quien supo valorar una habilidad más, muy rara en ese tiempo y más entre los indios: Zesnacané sabía leer y escribir. Lo utilizaría también como redactor y traductor de mensajes en los intentos de concertar alianzas y acuerdos de paz. Fue así como iría siempre al lado del jefe, estando presente en todas las conferencias.
Los años pasaron y parecía que Marín Ortiz había perdido ya las ansias de recuperar su origen.
Poblados enteros de lipanes eran masacrados. Al lipán se le prohibía portar cualquier tipo de arma, así que todo jinete era despojado de su cabalgadura o muerto si portaba armas sin más averiguaciones ni preocupaciones de ningún tipo. Como los lipanes no aceptaban eso, cada vez que eran atacados por faltar a la ley del blanco, en respuesta, poblados y ranchos eran arrasados. Así fue como Zesnacané, conoció la otra verdad y justificó pagar sangre con sangre, hasta ver normal la violación, degüello e incendios, ya que el enemigo también lo hacía con las mujeres y niños lipanes.
Cuando atacaban haciendas o pequeños poblados, si el objetivo no era el secuestro de mujeres o niños, solo cogían armas de fuego, de acero, herramientas y animales. El dinero no servía a los lipanes y lo enterraban en bolsas de cuero por los cerros, en sitios con alguna señal que lo recordara. Así, contenedores repletos de joyas y monedas de plata y oro quedaron por ahí, perdidos tanto para los lipanes como para los blancos. Zesnacané, atestiguaba cada entierro…
Era una tarde de invierno de 1849. Bajo el Sol, el jefe lipán había muerto. Alrededor del fuego, el consejo formado por ancianos y jefes se reunió para plantear las estrategias de una ambiciosa incursión. Se escuchó el plan de realizar ataques para acabar con los habitantes del pueblo y presidio militar de Santa Rosa [hoy Múzquiz], y Aguapoquita, nombre apache de la Punta de Lampazos. Al oír esa palabra, Zesnacané tenía una tempestad interior que agitaba su alma mientras, a la distancia, el hechicero elevaba cánticos, implorando que no se derramara más sangre que la de los invasores del territorio pertenecientes a los lipanes.
El plan de los ancianos era perfecto. Todas las bandas esparcidas por los alrededores del noreste de Coahuila, se reunirían en dos puntos para formar un gran grupo. El avance se iniciaría desde La Babia y La Piedra, con cientos de combatientes a caballo y a pie, bien motivados y armados. Los guerreros entrarían sigilosamente en cuatro columnas a la media noche, cerrando el cerco para efectuar el ataque en el centro, en la iglesia de Santa Rosa de Lima [Melchor Múzquiz, Coahuila], aprovechando que todos los pobladores estarían desprevenidos participando en la Misa de Gallo, ya que sería la víspera de Navidad. Mientras rezaban serían emboscados y exterminados. Matarían a todos los soldados y pobladores y con pocas bajas quedarían dueños de todo Santa Rosa. Llevarían caballos de repuesto para la carga de bienes, el rapto de niños y de mujeres. El aprovisionamiento de granos, semillas, telas, armas y toda clase de bienes sería difícil de predecir. El botín de guerra sería grande. El siguiente paso, Aguapoquita…
Todo estaba listo, pero Zesnacané estaba con el rostro impávido, pero con el recuerdo de imágenes que regresaban a su memoria. Calles queridas, rostros amables y sonrisas que empezaron a desfilar por su mente.
El plan se prolongó hasta altas horas de la madrugada y al terminar, se festejó con una frenética danza ante el fuego para invocar la asistencia de los antepasados en la futura incursión. Solo Zesnacané se retiró para ocultar su turbación, y sentado, pensaba y fijaba la vista en cada estrella consultando sus dudas. Lleno de confusiones repasaba en su mente todos los caminos posibles y parecía que la conclusión era siempre la misma; aquello no era bueno…
Pensó en la lucha hombre a hombre contra el blanco, voraz y asesino de los lipanes y en eso estaba de acuerdo; pero se imaginó la cacería y degüello de hombres desarmados, jóvenes y ancianos desvalidos, víctimas de la matanza, y algo se revolvía en el fondo de su ser al recordar lejanamente que tenía familiares, en Santa Rosa y en Aguapoquita. Ante esto, algo se empezaba a mover dentro de su espíritu.
Ahora tenía 27 años y tal vez nadie se acordaba de él, que ahora, con vestimentas lipanes y con pelo largo, no era ni la sombra del Marín Ortiz que fue arrebatado a su familia. Se encariñó con la tribu que lo adoptó tras el suceso, aquel en que fue atado a la mula y tal vez lo hizo como el perro que está con la mano que le da de comer, pero ¿qué hacer si le tocara matar a los de su propia sangre o secuestrar a una hermana y ponerla al servicio del lipán con los consabidos golpes? Se consideraba un auténtico lipán y sentía fidelidad por las ancianas que lo criaron y los guerreros que lo habían formado, pero no deseaba que nadie más de su sangre viviera la miserable existencia que a él le tocó. Todo aquello, ¡definitivamente no estaba bien…!
En la segunda noche, los guerreros descansaban escondidos en los bosques de la Sierra de Santa Rosa. Estaban listos para marchar hacia el primer objetivo y la mañana siguiente proseguirían el camino para hacer el último campamento en la loma de La Rosita. Solo surgió un inconveniente, una nevada cubrió de blanco las montañas y aquel frío de varios grados bajo cero mantenía adormecida a toda la banda. Mientras los guerreros dormían, Marín se levantó sigiloso y cogió su caballo para ir a Santa Rosa.
Cabalgó hasta reventar el caballo, obsesionado en salvar a su familia; siguió corriendo con la agilidad del venado, cubriendo muchos kilómetros gracias a la resistencia, a su juventud y al entrenamiento guerrero. Pasó por la loma de La Rosita y siguió hasta llegar desfallecido a un mirador desde donde podía ver el presidio militar de Santa Rosa.
A la salida del sol llegó a las orillas del pueblo y, agotado, se escondió cerca de la primera vivienda. Vio salir un niño al patio de aquella casa y le dijo: “Niño, niño, soy cristiano… No tengas miedo… Háblale a tu papá…”.
El pequeño se asustó ante el intruso y corrió al interior de la casa. Su madre lo calmó, cerró todo, puso trancas en puertas y ventanas y sin saber qué más hacer, se rodeó de sus críos y entre rezos siguió cocinando en espera de la llegada de su esposo.
Desde su escondrijo, Zesnacané podía percibir el casi olvidado olor que despedía una olla de café al fuego y el aroma de unas tortillas de harina. Los recuerdos del hogar perdido se agolpaban en su mente e inhalaba los olores hasta el fondo de sus pulmones, sintiendo en ello las caricias de la madre y todas las bendiciones del hogar que nunca olvidó. Sentía que, en cualquier momento, las lágrimas lo iban a traicionar; pero le habían enseñado que un guerrero, no estaba hecho para el llanto.
Cuando el hombre de la casa llegó, recibió la noticia y, con paso felino y las armas listas, se acercó. Ahí lo recibió un extraño lipán vestido con los típicos botines de gamuza, taparrabos, chaparrera, chaleco y con el largo cabello atado con una correa.
Marín tiró sus armas en señal conciliatoria y habló con el desconfiado lugareño: “Vengo en paz… Soy cristiano… Mi nombre verdadero es Marín Ortiz, nacido en la Punta de Lampazos… Fui cautivo mucho tiempo… Los apaches lipanes vienen y vengo a salvarlos porque aquí viven hermanos de mi padre. Quiero hablar al jefe de tu pueblo…”.
Dio al asombrado campesino los nombres de sus padres y los familiares residentes en Santa Rosa. El hombre dejó al guerrero lipán atado, saliendo corriendo al centro del pueblo y regresando rápido en compañía de un grupo de hombres armados.
Con ellos venía el coronel Francisco de Castañeda, jefe de la guarnición militar, que tomó con calma la presencia de alguien que podría ser la punta de una avanzadilla enemiga que lo enviaba a una trampa mortal; sin embargo, escuchó atento y paciente la historia de Marín Ortiz. Tras el interrogatorio, quedó formalmente preso. Lo escoltaron a las celdas del pueblo.
Mientras la noticia de la captura de un guerrero blanco corría como río por todas las calles de Santa Rosa, formando corrillos por las esquinas y provocando encontradas reacciones entre el desasosiego y la curiosidad en la población, Zesnacané, recibía la visita de un barbero que fue enviado para arreglar su cara. Le cortó el pelo y lo vistió con ropas civilizadas, recuperando la apariencia del hombre blanco. Le llevaron el almuerzo y quedó tras las rejas, resignado a lo que viniera.
El 19 de diciembre de 1849, desde el cuartel se dio la señal de alarma por todas las rancherías y haciendas. Al escuchar la llamada que convocaba a la defensa de los pueblos cada vez que se acercaban indios hostiles, presurosos, decididos empezaron a llegar todos los vecinos en edad de manejar un arma. Bajo la mirada de preocupación de madres y esposas, se preparó un destacamento formado por soldados y voluntarios; jóvenes, adultos y ancianos dispuestos al encuentro con los apaches lipanes antes de que llegaran a asaltar sus casas. Sabían que no había elección, o morían luchando, o los matarían uno a uno junto a toda su familia. En aquellos tiempos, los hombres estaban dispuestos a matar para defender su vida, su familia y sus bienes.
Marín Ortiz los guiaría y combatiría junto a ellos. Si se negaba o trataba de escapar, lo matarían; si había mentido, sería fusilado. Una vez más la vida lo acorralaba, le cerraba todos los caminos; pero, confiado en que el plan de los lipanes no había variado con su huida, puso su vida otra vez al azar del destino.
Para empezar, Marín les recomendó atacar de madrugada. Los apaches lipanes, con tiempo frío, eran de sueño pesado; y cuando dormía, nada los despertaba. Se les podría sorprender fácilmente. Él se encargaría de los guardianes y robaría los caballos para cortar toda posibilidad de escape. Los lipanes serían vencidos.
Desde el medio día ya se habían enviado partes a Monclova Viejo, San Fernando de Austria y Zaragoza [Coahuila], pidiendo que enviaran tropas de auxilio con las que se encontrarían en El Aguaje del Oso para formar un destacamento mayor. Aunque no superaban en número a los lipanes, la estrategia militar, la bravura y veteranía de los civiles podría valer. El contingente armado se despidió de padres y esposas y en perfecta formación, infantes y jinetes, desfilaron por las calles rumbo a la montaña. Marín iba al frente, era guía y prisionero a la vez.
Al unirse con los refuerzos en El Aguaje del Oso, confirmaron que eran todavía inferiores en número a los lipanes; pero confiados en el elemento sorpresa, continuaron la marcha al enfrentamiento en que se decidiría la suerte de sus familias. Al llegar a la loma de La Rosita, la avanzada descubrió el campamento de los lipanes dormidos, envueltos en pieles. Fueron tomando posiciones, rodeándolos silenciosamente.
Bajo la mira de los fusiles que le apuntaban para prevenir una traición y sin más armas que una piedra, Zesnacané dio cuenta de los dos guardias que dormían sentados al lado de los caballos. Algunos minutos después, los caballos del enemigo ya estaban lejos y a la voz de ataque, se lanzó la primera descarga; y tras ello, se inició la lucha cuerpo a cuerpo, desatándose una verdadera carnicería.
A la distancia, con los caballos en custodia, Marín Ortiz derramó una lágrima al saber que, en ese momento, muchos de sus hermanos serían heridos o muertos, y nunca más podría ser llamado con el nombre con que Bajo elSol le bautizó; pero el lejano recuerdo de sus verdaderos padres y hermanos, se impuso en su memoria. Aunque no podía estar orgulloso de ello, su conciencia le decía que cualquier hombre hubiera hecho lo mismo, que había tomado el camino correcto.
En el campo de batalla, los guerreros sorprendidos corrían por todas partes y caían bajo las acometidas de sables y fusiles. La defensa fue débil al ser improvisada, y al principio, unos pocos luchaban desesperadamente, cayendo también hombres y caballos de los atacantes. Tras los primeros instantes de sorpresa, los pechos se teñían de sangre por la lanza y el sable, la flecha y la bala; hombre a hombre se revolcaban con el cuchillo en alto hasta que, al fin, los sorprendidos lipanes fueron vencidos.Amparados por las sombras del amanecer, bastantes guerreros pudieron escapar, pero perdieron armas, caballos, muchos combatientes y con ellos, la esperanza de poder volver a organizarse a ese nivel con fines de guerra.
Los atacantes gritaron llenos de júbilo. Había sido cierto el aviso que les llevó el indio blanco. Aunque con la pena de cargar sus muertos y heridos, regresaron al pueblo gritando vivas a Marín, el héroe de Santa Rosa. Gracias a él la población entera se había salvado; y de paso, también el lejano pueblo de la Punta de Lampazos.
Marín encontró solo un puñado de primos hermanos que en realidad ya no conocía; pero en ellos encontró asilo y refugio a sus tristezas. Era el héroe del momento y todos lo invitaban a su casa, tal vez con la curiosidad por delante o quizá apreciando lo que había hecho por el pueblo; pero mientras decidía que hacer con su vida, se quedó a vivir en Santa Rosa. Ahí supo que sus tíos se habían ido al territorio de Texas, sus padres ya habían muerto, y estaba solo en el mundo.
Aquella noche del 24 de diciembre de 1849, Marín Ortiz, con su identidad todavía confundida, cambió el semblante triste, y tímidamente volvió a sonreír al vivir otra vez los festejos navideños. Las voces de hombres, mujeres y niños llenaban la nave de la iglesia de Santa Rosa de Lima entonando cánticos navideños. Las voces se elevaban al cielo, llenas de gratitud por aquella Navidad que pudo ser la última de sus vidas. Y Marín también se arrodilló y participó del festejo. Se sentía renacido. El restañar su interior dolorido, tal vez vendría después.
Recuperó el sentido que el blanco da al dinero y, recordando sus andanzas con los apaches lipanes, recorrió lejanos parajes entre cerros y cañadas en repetidas excursiones, para rescatar los entierros que presenció y regresaba al pueblo con bolsas de cuero llenas de oro y plata en alhajas y monedas. Con eso se pagaría los sufrimientos y los 20 años que pasó desde el secuestro. Poco a poco se hizo con una fortuna.
Paulatinamente, iba tomando posesión de su nueva vida. Aprendía los quehaceres del campo ocupado con sus familiares en la cría de ganado y el cultivo de la tierra; actividades que diferencia al nómada y al sedentario. Asistía a Misa y a los paseíllos dominicales alrededor de la plaza, donde se enamoró de Prudenciana Orozco, una sencilla joven del pueblo. Unos meses después, siguiendo las reglas del cortejo entre blancos, al hacer la petición de mano y ser aceptado, las campanas de la iglesia de Santa Rosa lanzaron al viento sus voces de bronce llamando a los pobladores para una boda que atestiguaron los invitados del pueblo y todas las rancherías cercanas.
Tantas cosas buenas habían llegado a su vida en tan corto tiempo, que Marín permanecía incrédulo ante todos los acontecimientos dichosos. Jamás habría soñado con todo aquello mientras cabalgaba por los despoblados territorios al norte y al sur del río Bravo [Río Grande], siempre con la lanza o el fusil, al viento, a la caza del búfalo y del blanco.
Con los tesoros que desenterró, compró reses y cabras. Y cargando con su familia, bienes, y nuevos sueños, salió de Santa Rosa en alegre caravana arreando su ganado para ir en busca de otro lejano amor, La Punta de Lampazos.
Se acomodó en la casa que fue de sus padres, la número 3 de la calle Guerrero, y allí se llenó de hijos, que lo llenaron de nietos, que lo llenaron de bisnietos; conoció algunos tataranietos, y así fue envejeciendo plácidamente teniendo siempre frente a sí un niño de su sangre preguntando lleno de curiosidad por las cicatrices en la espalda del paciente abuelo.
Fue así como la trágica historia de Marín Ortiz, Zesnacané, el indio blanco, el héroe todavía recordado por la tradición y la historia en Santa Rosa de Múzquiz, tuvo un final feliz y fue pasando a través de generaciones como una de las más bellas leyendas de Lampazos de Naranjo).
* En 1829, el apache Quidé es detenido bajo sospecha de robo. (Aunque las leyes
mexicanas prohibían los castigos extremos, el comandante de Janos [Chihuahua] le colgó cabeza abajo, durante dos horas. Considerando que esa situación era deshonrosa para él, Quidé intentó suicidarse. El comandante general de Chihuahua dio una fuerte reprimenda al comandante por su comportamiento, diciéndole que Quidé debía ser tratado correctamente, aunque para el comandante toda la ranchería de Quidé pasó a ser sospechosa de cometer robos.
Durante este año, 575 chiricahuas recibieron raciones en el presidio de Janos, mientras otros permanecían en las cercanías de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]y Fronteras[Sonora]).
* En agosto de 1829, un grupo formado por texanos y apaches lipanes, y liderado por Stephen Austin, emprende una expedición contra los tawakonis (wichitas).
1830
* El 11 de enero de 1830, cinco líderes chiricahuas se reunen con el comandante
militar de Janos (Chihuahua) para hacerle varias peticiones. (Pisago Cabezón [chokonen], Juan Diego Compá [nednai], Feroz, Chirimi, y Costilla del Hueso [chokonen], exponen:
1º. Que los suministros que les entregan son escasos y de poca calidad, al no incluir carne”. [Antes recibían maíz, carne, cigarrillos, mantas, y dinero, pero ahora solo estaban recibiendo maíz, 379 gramos por persona de más de tres años de edad, y 189 gramos para los niños, y una ración solo por cada individuo presente. Los jefes afirmaron haber permanecido leales y pacíficos, sin robar, pero que las asignaciones actuales eran insuficientes para alimentarse, ellos y sus familias. Querían que la carne volviese a ser suministrada].
2º. Que necesitan un intérprete para que la comunicación sea más fácil. [Los intérpretes apaches habían dimitido en octubre del año anterior porque no les pagaban].
3º. Que les den aperos de labranza. Dos de los jefes, Chirimi y Juan Diego, pidieron tres azadas y un hacha para poder cultivar. En el largo intervalo de contacto pacífico con los españoles, muchos de los apaches habían comenzado una transición hacia la vida sedentaria, dependiendo no solo de las raciones, sino del cultivo de maíz y habichuelas. No obstante, esta situación iba a cambiar radicalmente durante los años siguientes, cuando se vieron obligados a reanudar su tradicional vida nómada con una economía basada en la caza, la recolección y el botín adquirido en las incursiones llevadas a cabo contra los asentamientos mexicanos.
4º. Que los días de entrega de suministros, cuando los apaches se ponen en fila para recibir sus raciones, los soldados mexicanos se retiren al Cuerpo de Guardia porque su presencia es una falta de confianza en ellos.
El comandante remitió sus peticiones a sus superiores en Ciudad de Chihuahua [A partir de 1823, dejó de ser villa para pasar a denominarse ciudad]. La respuesta del comandante general de Chihuahua, fue que: 1º. No se podía hacer nada con los suministros porque estos eran pocos para todos los establecimientos de paz, y que las tropas también los necesitaban; 2º. El comandante puso en nómina un nuevo intérprete apache; 3º. Autorizó la entrega de herramientas agrícolas para que pudieran ayudar a mantenerse a sí mismos; y 4º. La forma de actuar en los días de racionamiento era una costumbre y no se debía cambiar.
El hecho es que la corrupción de los funcionarios que se encargaban de los suministros era una constante en los dos presidios más importantes, Janos y Fronteras [Sonora].
Finalmente, en 1831, el gobierno mexicano decidió que el costo de mantener a los apaches era prohibitivo; era hora de que los nativos aprendieran a valerse por sí mismos, por lo que ordenó la suspensión de los establecimientos de paz y el cese del sistema de racionamiento. Esta nueva política, sumada a un brote de viruela en la zona de Janos, no dejó a los apaches otra opción que regresar a sus antiguos hogares en las montañas.
Casi de inmediato, los apaches comenzaron a asaltar por Sonora y por Chihuahua, aumentando el conflicto a gran escala, involucrando a la mayor parte de la Apachería, desde los mescaleros, al este de Nuevo México hasta los Western Apaches en Arizona. Los chiricahuas, al estar en medio, fueron los más involucrados. Los Western Apaches habían iniciado hostilidades contra el norte de Sonora en 1830, con informes de Arizpe, San Ignacio, Tucson y Altar pidiendo ayuda. El gobierno no pudo ofrecer mucha, alegando falta de dinero y recursos. Para la primavera de 1831, casi todas las bandas apaches que antes estaban bajo influencia mexicana se habían declarado en guerra. Mangas Coloradas, que se acercaba a los 40 años y aún era conocido como Fuerte, participaría en muchos de los combates durante la siguiente década, desarrollando un especial odio hacia Sonora, un sentimiento que persistiría el resto de su vida. Nunca había sentido simpatía por los mexicanos, pero anteriormente, había aceptado la paz porque la mayoría de su pueblo, en particular los líderes de mayor edad, habían vivido en los establecimientos de paz y no conocían otra forma de vida. Ahora Fuerte se encontraba en la plenitud de su poder, y a medida que la guerra cobraba fuerza, también lo hacía su reputación. No todos los líderes chiricahuas compartían su forma de actuar, pues muchos deseaban un retorno a la situación anterior. Por lo tanto, a medida que avanzaba la década de 1830, los chiricahuas se dividieron en facciones: una generalmente compuesta por líderes mayores que preferían el regreso a la forma de vida en el presidio y la otra dominada por líderes más jóvenes y belicosos que habían tenido éxito en la guerra y no sentían más que desprecio hacia México. Fuerte durante la mayor parte de la década de 1830, lideró este último grupo.
Durante los años posteriores al brote, los chiricahuas acordaron varias treguas. Sin embargo, ninguna duró, porque un gobierno mexicano empobrecido seguía creyendo erróneamente que podía contener a los apaches sin proporcionarles raciones ni otro tipo de ayuda. Además, y quizás igual de importante, el conflicto había generado para entonces una desconfianza y antipatía mutuas. México respondió a los asaltos chiricahuas con campañas militares que recordaban a las de la década de 1780. Inevitablemente, todos tuvieron pérdidas, lo que, por supuesto, exigía represalias, dando lugar a un ciclo de acción y reacción que resultó imposible de detener.
Las políticas de Sonora y Chihuahua hacia los apaches diferían. Sonora optó por una estrategia agresiva y belicista, basada en la venganza. Justificando que el exterminio era la solución al problema, llegó incluso a pagar recompensas por las cabelleras de los apaches en 1835. Chihuahua, en cambio, prefería un enfoque más pacífico, movilizando a sus soldados para hacerles frente y obligarlos a rendirse como último recurso.
* En mayo de 1830, un destacamento de 154 soldados mexicanos del presidio de Tucson (Pima County, Arizona) al mando del capitán Antonio Comadurán, se dirige a la zona del Aravaipa Creek ([Graham County, Arizona]. A veces, los apaches encendían fuegos para despejar la tierra para el cultivo o para ahuyentar a los animales y dirigirlos hacia una determinada dirección donde les esperaban para cazarlos. Los mexicanos vieron el fuego a lo lejos y fueron a investigar. Quizás otros apaches aravaipas vieron a los soldados y se escondieron, pero tres de ellos avanzaron sin saberlo hacia el lugar en el que los mexicanos les esperaban para emboscarlos. Dos de los apaches se adelantaron al que prendió el fuego, resultando uno muerto y el otro gravemente herido en el pulmón por una lanza. El tercer apache consiguió llevar al herido a su ranchería, falleciendo poco después. Cuando vieron partir al destacamento, algunos guerreros fueron a recuperar el cuerpo del compañero caído).
* El 7 de julio de 1830, el gobernador de Chihuahua, emite una circular en la que prohíbe y sanciona la venta de bebidas alcohólicas a los apaches.
* En el invierno de 1830, varias partidas de apaches incursionaron por Sonora llevándose grandes rebaños de ganado hacia sus rancherías de las montañas.
* A finales de 1830, los apaches que residen en San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua) se van por la falta de alimentos y por una epidemia de viruela.
1831
* A principios de 1831, las autoridades de Chihuahua y Sonora suspenden el sistema
de raciones. (Aunque en ese momento parecía la decisión más lógica, resultó ser un error de terribles consecuencias. Los españoles primero, y los mexicanos después, habían apoyado los establecimientos de paz donde estaban instalados los apaches. La administración mexicana decidió que se mantuvieran por sí mismos, cuidando sus propios cultivos y su ganado, asentándose y sacando adelante a sus familias de la misma manera que lo hacían los mexicanos. Aunque el coste de las raciones representaba solo una pequeña parte del presupuesto militar en el norte fronterizo de Sonora y Chihuahua, costaba casi lo mismo mantener a un apache [mantas, maíz, sal, cigarrillos y carne de vacuno] durante un año que lo que ganaba un mexicano trabajando durante el mismo periodo de tiempo. Eso era indecente desde el punto de vista mexicano.
Pero no desde el punto de vista apache. De alguna manera tenían que ser compensados por la pérdida de las mejores tierras, zonas con agua, territorios de caza, etc., al haber sido ocupadas antes por los españoles, y luego por los novohispanos.
Los militares mexicanos que servían en el norte se consideraban agraviados por el hecho de que los apaches recibían raciones mientras ellos sufrían recortes salariales debido a la situación económica del país.
Las autoridades decidieron que eso tenía que cambiar, por lo que durante la década de 1820, empezaron poco a poco a eliminar productos de las raciones (sal, tabaco, e incluso carne de vacuno). También dejaron de darles raciones si no estaban presentes, eliminando la práctica que había permitido a los apaches que sus familiares recibieran sus raciones mientras ellos iban de caza o a recoger alimentos a otros lugares
En 1831, incluso lo que quedaba de las raciones [maíz], dejó de repartirse a los apaches que anteriormente iban a recogerlo. La administración de Sonora y Chihuahua decidió que había llegado la hora de que los apaches se valieran por sí mismos.
Según Kristine Z. Jones, en su trabajo “Comparative Raiding Economies: North and South”, calcula que el coste total de los tratados firmados con los apaches en Chihuahua, incluidas las raciones, ascendió a solo el 4 % del presupuesto militar general de la frontera; y Robert C. Stevens, en su trabajo “The Apache Menace in Sonora 1831-1849”, declara que, antes de reducir las raciones en la década de 1820, las autoridades mexicanas gastaban un promedio de 180 pesos por apache al año.
Víctor Orozco, en su trabajo “Tierra de libres: los pueblos del distrito de Guerrero en el siglo XIX”, escribe que en 1848, una encuesta en un pueblo del norte de Chihuahua encontró que el 85 % de la población ganaba menos de 240 pesos al año.
Los apaches no tuvieron otro remedio que irse de los establecimientos de paz y en cuestión de poco tiempo, empezaron a incursionar, atacando ranchos y pequeñas poblaciones, con las consabidas muertes y captura de cautivos. La población apache del presidio de Janos pasó de más de 200 personas en 1820 a 100 habitantes en 1831.
Los apaches que habían vivido en esos establecimientos de paz eran principalmente chiricahuas, pero también algunas bandas de Western Apaches y mescaleros. Los miembros de los grupos locales de estos tres grupos, gracias a las redes de parentesco, tenían comunicación con otras bandas que vivían más al norte, actuando la mayoría de las veces de forma coordinada, tanto en la paz como en la guerra.
Mientras los mexicanos proporcionaron raciones a los líderes apaches de más edad y con más influencia entre su gente, estos podían redistribuir los recursos recibidos entre sus parientes que vivían lejos, creando una red clientelar, haciéndoles ver que tenían más que ganar con la paz con México que con la guerra.
Cuando las raciones se redujeron y luego desaparecieron, los apaches defensores de realizar incursiones cobraron fuerza y recurrieron a esas mismas redes de parentesco para impulsar su apoyo a la guerra. Uno de estos líderes fue el chokonen Pisago Cabezón, según algunas fuentes, padre de Cochise. Pisago Cabezón envió mensajeros a las diferentes bandas apaches en busca de guerreros con los que aumentar la frecuencia e intensidad de las incursiones. Los asaltos chiricahuas produjeron tal cantidad de daños que la economía y la densidad de población del norte de Sonora y Chihuahua disminuyó drásticamente.
Por costoso que pudiera haber sido el sistema de raciones para la economía o la sensibilidad de los mexicanos, a finales de 1831, el coste de un poco de tabaco, sal, carne vacuna y maíz parecía razonable, comparándolo con lo que iba a venir. De hecho, hubo voces para volver a instaurar el sistema de raciones para alcanzar la paz, pero la confianza mutua ya estaba rota. Un gran líder como Mangas Coloradas podía mejorar la vida de su gente con las incursiones más que con las escasas raciones que le pudiera dar México, ya que conocía muy bien el estado de la economía mexicana.
Los apaches se convirtieron en “rancheros”, solo que no gestionaban ningún rancho. Dejaron que los mexicanos lo hicieran por ellos, por eso no se llevaban todo el ganado ni mataban a todos los habitantes. Necesitaban que hubiera los suficientes para que la hacienda que habían atacado se recuperara y volviera a tener más ganado que llevarse en el futuro.
Cuando los mexicanos y los apaches comenzaron a matarse, capturarse y robarse los unos a los otros, el odio, las represalias y la venganza, adquirieron un nivel tal que superó los niveles de la guerra que sus abuelos habían sufrido durante las décadas de 1770 y 1780. Pero ahora México era diferente a la Nueva España, y esta guerra sería peor.
Fue tal la crudeza de los enfrentamientos que los gobernadores, a instancias de los ciudadanos más influyentes, pusieron en funcionamiento medidas drásticas. Primero, ordenaron a los ranchos y a las poblaciones fronterizas que tomaran medidas prácticas para prepararse para la guerra, y cuando estalló, las autoridades de Chihuahua y Sonora instaron a cambiar los comportamientos relajados que se habían vuelto habituales durante el periodo de paz. El gobernador de Chihuahua, José Isidro Madero, se quejó de la “apatía y el descuido” que había en su estado, ordenando a las autoridades locales que armaran a todo el pueblo, si no había suficientes fusiles, al menos con arcos, flechas, y lanzas. Los que no supiesen usar dichas armas, debían ser instruidos los domingos. Debían fortificarse pueblos, ranchos y haciendas, colocando vigías y organizándose patrullas. Nadie debía viajar por el campo en grupos de menos de tres hombres armados. Una orden de Madero del 16 de junio de 1832, decretó que aquellos que se negaran a luchar contra los apaches debían de ser ejecutados en el acto.
Segundo, los gobernadores intentaron unir a la población contra el enemigo apache, ordenando que los informes de los enfrentamientos viniesen reflejados en los periódicos oficiales del estado y publicaron encendidas circulares destinadas a levantar el ánimo de la población. El gobernador de Sonora, Manuel Escalante y Arvizu, incitó a la población, diciendo que los “bárbaros y crueles” apaches, habían cometido actos atroces en Sonora, sin perdonar ni a los más inocentes, hasta ponerse al margen de la ley. Autorizó a todos los habitantes del estado a perseguir y exterminar a los apaches “como animales sanguinarios”. Los gobernadores también trataron de controlar ciertas conductas de sus ciudadanos. Había mexicanos que intercambiaban con los apaches licor y alimentos a cambio de animales que habían sido robados. En 1834, el gobernador de Chihuahua, José Joaquín Calvo, decretó que esas personas debían ser entregadas a las autoridades militares al descubrirse sus delitos, ser juzgadas y, de ser declaradas culpables, ejecutadas de inmediato. Sonora aprobó una medida similar el 7 de septiembre de 1835.
Y tercero, y lo más importante que podían hacer los gobernadores para mejorar la seguridad de la gente era gastarse el dinero. Ante las incursiones apaches, parte de la población empezó a abandonar ciertas zonas fronterizas, sobre todo cuando se intensificaron a principios de la década de 1830. Esto agravó el problema porque redujo la cantidad de asentamientos fronterizos y dejó a los que quedaban con menos posibilidades de hacer frente a los apaches. Para evitar la fuga de ciudadanos, los gobernadores trataron de mantener a la gente en sus haciendas. El gobernador de Chihuahua, José Joaquín Calvo, trató de frenar el éxodo eximiendo a las personas “menos pudientes” de aportar fondos para la guerra y dando importantes cantidades de dinero a las comunidades que mantuvieran a sus ciudadanos y pelearan. El gobernador también abolió todos los aranceles sobre productos domésticos y productos manufacturados enviados a los asentamientos fronterizos del norte del estado.
Los gobiernos de Sonora y Chihuahua establecieron otro tipo de medidas menos “civilizadas”, como las “contratas de sangre”, mediante las cuales pagaban recompensas por las cabelleras de hombres, mujeres y niños apaches.
La llegada a la zona de los estadounidenses supuso para los apaches, el tener que enfrentarse a otro enemigo superior, no solo en términos numéricos, sino también en términos cualitativos. Su formación y preparación, y sus recursos tecnológicos eran muy superiores a los que tenían los mexicanos, por lo que los apaches tuvieron muchos más problemas a la hora de enfrentarse a ellos).
* En abril de 1831, desaparecen dos caballos de la Hacienda de Gallego (municipio de Ahumada, Chihuahua), al parecer, robados por apaches pacíficos de los establecimientos de paz, pero una incursión en Santa María de Carretas (municipio de Janos, Chihuahua), acaba con la muerte de dos pastores, atribuidos a un grupo de coyoteros White Mountain.
* El 2 de mayo de 1831, los apaches abandonan Janos (Chihuahua) y Fronteras (Sonora), a causa de una
epidemia de viruela. (Los hermanos nednais, Juan José y Juan Diego Compá, se refugiaron en la Sierra de Enmedio [municipio de Janos, Chihuahua] para protegerse de la enfermedad. La viruela golpeó a los niños, los miembros más vulnerables de la comunidad apache y mexicana de Janos. Murieron 40, entre ellos la hija del capitán Juan José Zozaya y Petra Varela.
A pesar de ello, el 9 de mayo y el 20 de junio, Juan José y Juan Diego Compá se acercaron a Janos para recoger sus raciones, pero solo pudieron conseguir 4’5 kg de maíz a cada uno, al haber desaparecido del presidio. En ese momento, las demás rancherías ya habían salido de Janos y Fronteras, incluidas las del chokonen Pisago Cabezón y las del bedonkohe Teboca. Durante ese mes, Chihuahua y Sonora abandonaron el sistema de presidios y de racionamientos, por lo que los apaches se fueron de los establecimientos, retomando sus incursiones, y permaneciendo casi continuamente en pie de guerra. En 1831, toda la frontera mexicana fue devastada por los apaches que consiguieron un gran botín y muchos habitantes fallecieron a manos de los atacantes.
El fin de los suministros fue el motivo más importante por el que los apaches volvieron a las montañas de Sonora, Chihuahua, Arizona y New Mexico. Las relaciones hostiles continuarán en el futuro con cortos períodos de paz).
* El 16 de octubre de 1831, José Joaquín Calvo, comandante militar de Chihuahua, declara la guerra total a los apaches. (La guerra comenzó en la primavera de 1831. Las autoridades mexicanas pronto descubrieron que los apaches seguían teniendo fuerza. Aunque no se sabe del todo cuál fue el alcance de las incursiones apaches durante la primavera y el verano de 1831, debieron de ser significativas, pues tanto Sonora como Chihuahua elaboraron planes para contrarrestarlas. Ya en junio de 1831, Sonora planeaba reunir una fuerza de 400 hombres para combatir a los chiricahuas. Sin embargo, debido a la poca preparación y a la escasez de equipamientos retrasaron su salida del verano al otoño, y el destacamento, si es que llegó a partir, tuvo poco éxito. Para el 16 de octubre, el daño producido por apache se había extendido tanto que José Joaquín Calvo, declaró la guerra a los “hostiles” y comenzó los preparativos para una ofensiva, similar a las de la década de 1780).
* En 1831, los Pinal Apaches, una banda de los Western Apaches, intentan negociar un acuerdo de paz con los “apaches mansos” que viven cerca de Tucson. (El jefe de los apaches de Tucson, Antuna, envía una delegación de dos hombres y tres mujeres para hablar con los “apaches bárbaros” [en México se llamaba así a los apaches hostiles] pero por razones desconocidas, la reunión acaba en una pelea; los Pinal mataron a uno de los dos “apaches mansos” mientras el compañero de este mató al jefe de guerra Pinal. Unas semanas después, unos 50 hombres, amigos y familiares del fallecido jefe de guerra, montados a caballo, efectuaron una exhibición de fuerza dando vueltas al pueblo de Tucson, pero sin atacarlo).
1832
* En 1832, el comandante de Lampazos (municipio de Arteaga, Coahuila) informa que el jefe Cuelgas de Castro y sus apaches lipanes vivían en la Laguna de la Leche, cerca de Candela ([Coahuila]. Cuarenta hombres desarmados fueron a pedirle unos caballos robados, pero Cuelgas de Castro se negó a sus pretensiones, yéndose con las manos vacías. Cuelgas de Castro hablaba inglés y español y negoció con jefes políticos y militares españoles y mexicanos).
* En 1832, los robos de mulas y caballos por parte de los apaches, obligan a parar el transporte de metales de las minas de Cusihuiriáchic ([municipio de Cusihuiriáchi, Chihuahua].Entonces aún se usaban las bestias como única fuerza motriz para todo el trabajo minero. También Parral [Hidalgo del Parral, Chihuahua] fue escenario de dos devastadoras incursiones de bandas apaches y comanches, robando el ganado y destruyendo su escasa agricultura).
* En enero de 1832, el jefe nednai Juan José Compá, envía una carta a Mariano Varela,
propietario de la Hacienda de Ramos (amigo desde hace tiempo de la familia Compá, de José Ignacio Ronquillo, y suegro del capitán Juan José Zozaya y, probablemente, padrino de Juan José) diciendo que los apaches querían vivir tranquilamente en paz. (Las mujeres apaches que llevaron esa carta a Janos [Chihuahua] dijeron que los apaches estaban unidos y preparados para luchar, pero que si los mexicanos les concedían una tregua, Juan José aseguraba que cada ranchería volvería a su propio establecimiento de paz. El hecho de que Juan José Compá, un líder importante en el establecimiento de paz de Galeana [Chihuahua], en quien los mexicanos habían confiado durante años, estuviese con los “hostiles”, significaba que la situación era realmente grave.
También advirtió que los chiricahuas controlaban los caminos entre San Buenaventura, Janos y Carrizal. Poco después, entre 300 y 400 apaches incursionaron en el perímetro comprendido entre Carretas, Concepción, El Carrizal y San Buenaventura o Galeana [todos en Chihuahua]. El gobierno hizo lo que pudo ante la acometida apache, organizando y armando a los vecinos de los pueblos.
A mediados de enero, los apaches atacaron un rancho llamado “Lo de Ruiz” donde mataron a tres vecinos y capturaron a un menor, que luego pudo escapar. El 15 de enero, Mariano Ponce de León, comandante de El Carrizal, pidió al alcalde que proporcionara algunos vecinos para acompañar al alférez y dos soldados, la única fuerza con la que contaba. Unos días después, Ponce de León comunicó al alcalde que en el punto de las Lagartijas los apaches habían atacado la recua del sargento retirado, José Escageda, que iba rumbo a San Elizario, llevándose la caballada. Pidió que algunos vecinos armados fueran a custodiar El Carrizal mientras él salía en su persecución. No sabemos los resultados de ambas acciones, pero no debieron de tener éxito, ya que no se produjo ninguna documentación posterior.
En febrero, una banda apache se llevó los caballos de la ganadería de La Virgen de los Dolores en Janos, matando a un vaquero, y dirigiéndose al norte, hasta la Laguna de Guzmán [municipio de Ascensión, Chihuahua]; y al este, hasta el Corral de Piedra. También en febrero, otro grupo de apaches robó dos manadas: una, los caballos de un rancho de Álamos de Peña [municipio de Ahumada, Chihuahua]; y otra, las mulas de un vecino. Al día siguiente, salió una partida de 40 hombres, entre vecinos y soldados, que logró alcanzarles, hiriendo a cuatro apaches y recuperando los caballos.
A finales de febrero, una partida de guerra chiricahua asoló la campiña del noroeste de Chihuahua, sembrando el terror. Los guerreros atacaron primero las haciendas de San Miguel y San Diego; y luego incendiaron Carretas, matando a más de 50 personas en total, lo que horrorizó a las autoridades mexicanas. No habían visto tal derramamiento de sangre desde las destructivas incursiones apaches de las décadas de 1770 y 1780.
r estaban desesperadas por lo que pidió la ayuda de su estado vecino al oeste, Sonora.Con la esperanza de proteger la frontera norte, solicitó refuerzos de 100 nativos ópatas, enemigos acérrimos de los apaches, quienes los llamaban “la gente de las cuerdas que suben entre sus dedos” en referencia a sus tradicionales sandalias. Ramón Morales, el comandante militar de Sonora, recomendó que Sonora rechazara la solicitud debido a la “circunstancia crítica en la que se encuentra la frontera de este estado [Sonora]”. Sin embargo, el gobernador de Sonora rechazó los argumentos de Morales y le ordenó enviar refuerzos, razonando que “este objetivo beneficia no solo a ese estado, sino también a este”.
Mientras tanto, los chiricahuas seguían con sus asaltos en la zona triangular de Fronteras,
Bavispe y Janos. El 26 de marzo de 1832, se llevaron la manada de caballos de Fronteras [Sonora], e incursionaron por diferentes partes del estado, obligando a Morales a enviar refuerzos.
Una semana después, interceptaron el correo entre Bavispe [Sonora] y Janos [Chihuahua], obteniendo información de los planes mexicanos para exterminarlos, gracias a que algunos apaches sabían leer, como Phalios Palacio, hermano de Mangas Coloradas, que había aprendido español en El Paso del Norte.
Aproximadamente un mes después, asaltaron Turicachi, a unos 24 kilómetros al sur de Fronteras, matando a un hombre. Estos sucesos impulsaron a Ramón Morales a pedir al gobernador una fuerza de 400 hombres para una ofensiva contra los mogollones, según él, los verdaderos “hostiles”.
En abril, una banda apache se llevó algunos caballos del presidio de Janos;
asaltó las Haciendas de San Miguel, San Diego, y Carretas; e incursionó más al sur, en Rubio [hoy Colonia Obregón, municipio de Cuauhtémoc, Chihuahua]. José Ignacio Ronquillo preparó una campaña de represalia.
Era un hecho que, a principios de 1832, las incursiones apaches se habían generalizado. Según expresó el Congreso de Chihuahua, habían pasado 21 años en que, gracias a la paz con los apaches, la producción agrícola y ganadera, y las actividades comerciales habían progresado considerablemente: “Hoy […] vuelven a verse estos desgraciados habitantes envueltos en las escenas terribles y destructoras de la guerra. En menos de un mes han asolado muchas haciendas y ranchos que eran el sustento de honradas familias y que se contaban entre los más ricos propietarios del Estado. La muerte de los moradores y el robo de sus propiedades se experimenta desde Carretas hacia la raya del Estado de Occidente hasta las inmediaciones del presidio de San Buenaventura, Villa de Concepción, Carrizal, etc., es decir, que en un espacio de doscientas leguas de terreno son hoy las incursiones de esta nueva sublevación […]”.
Según el historiador José Agustín de Escudero, en su trabajo “Noticias estadísticas del estado de Chihuahua”, la reanudación de las hostilidades tuvo lugar “por la falta de política y circunstancias con que fueron tratados” los apaches: “Se quiso reducir a las tribus apaches a una vida civil y regularizada […]; esta empresa mal meditada y que no podía llevarse en ningún sentido a buen término ha traído la más terrible de las desgracias. Se sublevaron los apaches y comenzaron con tanto furor las hostilidades, que en muy pocos días contamos muchos muertos y un número escandaloso de bienes de campo robados. A gran priesa [sic] se despoblaron todas las aldeas, ranchos y labores en que había pocos hombres capaces de resistir a los bárbaros y nuestra campesina gente inerme y confiada en la paz que disfrutaba, se llenó de sorpresa y pesar, porque la miseria y la muerte eran los únicos objetos que tenían a la vista […]”.
El 28 de abril de 1832, los apaches Pedro José, Pegate, Yanté Ruiz, el Manco y su hijo
mataron al también apache Cegá y a su hijo Agapito porque se negaron a levantar su ranchería y unirse a ellos para realizar incursiones. Los propios apaches de la ranchería de Cegá capturaron a los autores entregándolos a José Peña, capitán de la compañía de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua]. En otro incidente, en abril, Peña salió de El Carrizal, avistando a tres apaches, a los que persiguió, matando a dos de ellos.
El 1 de mayo, Azulito, un jefe apache pacífico, informó a Juan Ramírez, comandante del presidio del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua], ubicado en la zona de incursión de los comanches, que muchos ataques realizados en la zona a principios de año eran de apaches mescaleros que se hacían pasar por comanches.
Un destacamento al mando del capitán José Ignacio Ronquillo se dirigió al sur del río Gila. Su
fuerza, de 138 hombres, estaba compuesta principalmente por tropas regulares, provenientes de los puestos del norte de Chihuahua: San Buenaventura, Janos, Príncipe y San Elizario. Su intención era asestar un duro golpe a los chiricahuas y demostrarles que el poderío militar de México aún existía. Tras penetrar en el corazón de su territorio, Ronquillo llegó a las estribaciones de la Sierra de Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], el 21 de mayo de 1832. Allí, envió a sus exploradores a rastrear el camino, encontrándose con algunos chiricahuas con los que tuvieron una breve escaramuza sin bajas por ningún bando. Dos días después, las tropas de Ronquillo libraron una verdadera batalla contra los seguidores del chokonen Pisago Cabezón; de los bedonkohes-chihennes de Fuerte [Mangas Coloradas]; y de los bedonkohes deMano Mocha [algunas fuentes señalan a este último como Mahko, el abuelo de Gerónimo], matando a 22 guerreros, hiriendo a unos 50, capturando a dos y recuperando 140 caballos. [Según Edwin Sweeney, Cochise pudo participar siendo un joven guerrero de 22 años]. Los mexicanos tuvieron tres muertos y 12 heridos.
Desde el principio, los hombres de Ronquillo lo pasaron mal. Habían marchado desde Playa Santo Domingo, situada al norte de la Sierra de las Ánimas, [situadas entre las Peloncillo Mountains, Hidalgo County, New Mexico; y Little Hatchet Mountains [Hidalgo & Grant Counties, New Mexico], en el extremo suroeste de Nuevo México. Era la estación seca, y los manantiales estaban seco. La falta de agua y la agotadora marcha habían extenuado tanto a los hombres como a los caballos, lo que obligó a dos tercios de la fuerza a caminar a pie. Dos soldados llegaron al río, tendidos sobre sus monturas, muertos de sed.
De sus 138 hombres, Ronquillo solo pudo llevar a la batalla la mitad de sus tropas, pues había asignado a la otra mitad a custodiar los caballos y los suministros. La noche anterior a la batalla decisiva, tuvo lugar una breve escaramuza entre la vanguardia mexicana y los chiricahuas, quienes perdieron varios guerreros. Poco después, los apaches izaron la bandera blanca para parlamentar, haciendo Ronquillo lo mismo. Pisago Cabezón, y su hijo Tichac, ambos armados, se acercaron a 10 pasos de Ronquillo, quien estaba desarmado. Hablaron de hacer la paz, y Ronquillo accedió a esperar hasta el mediodía del día siguiente la respuesta de los chiricahuas. Probablemente, Pisago Cabezón no tenía intención de hacer la paz, pues los chiricahuas superaban en número a los mexicanos, acampando a menos de dos kilómetros del campamento mexicano. Había logrado ganar algo de tiempo para que llegaran los bedonkohes y chihennes.
A la mañana siguiente, los chiricahuas volvieron a izar una bandera blanca, y unos cuantos guerreros se acercaron al campamento mexicano para hablar. Poco después, llegaron al lugar los bedonkohes y chihennes, bajo el mando de Fuerte y Mano Mocha, acompañados por Oya, Pluma, Caballo Ligero y Boca Matada. Solicitaron un documento para concluir la paz en El Cobre. Ronquillo accedió a su petición y les entregó el documento. Entonces, los apaches regresaron a su campamento, aparentemente indecisos sobre su siguiente paso. Ronquillo los vigilaba atentamente con el catalejo, preguntándose si tendría que luchar con ellos o escoltarlos hasta Santa Rita del Cobre para un tratado formal. Era cerca del mediodía cuando tuvo la respuesta.
Mientras los líderes chiricahuas se reunían en consejo, cuatro guerreros dieron inicio a la batalla, decidiendo por sus indecisos líderes. Cargaron audazmente contra la manada de los mexicanos, hiriendo a un caballo. Ronquillo respondió de inmediato y lanzó su ataque según lo había planeado. Las primeras fases de la batalla, que comenzó poco después del mediodía y duró hasta el atardecer, se caracterizaron por cargas alternas y combates cuerpo a cuerpo. Si bien los apaches sabían usar sus precisos arcos y flechas, hiriendo a Manuel Zambrano en la pierna y a Diego Sáenz en los glúteos, la mayoría de las heridas las hicieron con mosquetes. Algunos chiricahuas los tenían y sabían usarlos, fruto de sus años de paz en los presidios. Sin embargo, a pesar de su superioridad numérica, la disciplina y la potencia de fuego de las fuerzas mexicanas comenzaron a surtir efecto. Los soldados avanzaron con paso firme, tomando una posición apache tras otra hasta que finalmente doblegaron a los chiricahuas. Fue una derrota, no una retirada. Ronquillo cifró las bajas apaches en 22 muertos y 50 heridos. Los apaches lograron matar a tres hombres y herir a otros 12 soldados.
Según el historiador William Griffen, la expedición mexicana recordaba a las de la época colonial española. Desde la perspectiva de Ronquillo, su victoria tuvo un efecto desmoralizador para los chiricahuas, ya que, pocos después, pedirían la paz, Fuerte incluido.
Incluso algunos nednais, bajo el mando de los hermanos Juan José Compá y Juan Diego Compá, participaron en la lucha a lo largo del río Gila, al sur de la Sierra Mogollón, probablemente al norte de la actual Redrock [Grant County, New Mexico]. Pisago Cabezón le había contado a Ronquillo que parte del grupo local de janeros nednais había ido a Arizona para solicitar la ayuda de los Western Apaches. Otros informes decían que el grupo local de carrizaleños había estado cerca de Santa Rita del Cobre, pero que recientemente había abandonado esa zona para regresar a sus antiguos territorios en Agua Nueva [Chihuahua], donde habían solicitado la paz. Jasquedegá y Cristóbal lideraban este grupo, que representaba a unos 66 guerreros, de un total de 250 personas. Este grupo local residía casi exclusivamente en Chihuahua, entre Janos y Carrizal. [Pocos chiricahuas del siglo XX conocían a este grupo, aunque un estudio de Harry W. Basehart en 1959 incluyó una referencia a ellos. La explicación es sencilla. Las tropas de Chihuahua prácticamente los habían aniquilado a principios de la década de 1860, y el grupo local carrizaleno perdió su identidad. Los pocos que quedaron se integraron en el grupo local de janeros bajo el mando de Juh, a principios de la década de 1860].
El informe de Ronquillo decía: “El comandante de la división de operaciones D. José Ignacio Ronquillo con fecha 3 del corriente, comunica al Sr. comandante general de este Estado, entre otras cosas, lo que sigue:
El 21 de mayo atacaron cinco exploradores a seis apaches que echándose pie a tierra, unos y otros, d
ie
ron muerte a uno, y otro que dejaron malherido en el campo que recogí el 22. Ese día me atacaron 40 de ellos, murieron siete a mi vista y se recogieron ocho monturas, 12 carcajes; y el 23 nos atacaron más de 300 gandules a pie y a caballo. Se empezó la acción desde las 12:00 del día hasta las 17:00 de la tarde, muriendo 14 indios, les quité cuatro fusiles, 22 carcajes, y 18 caballos ensillados. Murieron tres soldados, Matías Villalobos, de la compañía de Janos; Refugio Lara, de la del Príncipe; y José Antonio Campos, de la de El Carrizal.
Los heridos de nuestra parte lo fueron… El punto de esta acción fue abajo del paso de las garzas
del río Gila, terreno bastante quebrado y áspero, de modo que, de 138 hombres con que salí a campaña, 24 estaban empleados de caballería; 20, defendiendo el agua que no la quitase el enemigo; y 30, parapetados con las monturas, bastimentos y parque; y 64, operando contra los enemigos, que se relevaban a ratos para que descansasen los más fatigados y heridos, respecto a que nuestra caballada en seis días no bebía agua ni comía, pues en 45 a 50 leguas [217 a 241 km] de travesía, desde la playa de Santo Domingo al río Gila, 85 hombres fueron a pie por sus caballos cansados, llegando con dos soldados al río atravesados en la silla muertos de sed.
El resultado de todo fue que con 60 o 70 hombres se atacaron más de 300, se lograron las
ventajas que llevo manifestadas, se batieron en las trincheras que formaron, se desalojaron de ellas, y se pusieron en vergonzosa huida, y no se les pudo perseguir por falta de caballería, que de haberla habría quedado el campo lleno de cadáveres de ellos.
El 23 de mayo último, al ponerse el sol, pusieron los enemigos bandera blanca de parlamento, después de la acción; les correspondí en iguales términos, trataban de revolverse entre nosotros con armas, no lo permití, algunos llegaron sin ellas, y solo el capitancillo Pisago [Pisago Cabezón, chokonen] y su hijo Tichac se acercaron a 10 pasos a hablar conmigo y aunque traían sus armas no quisieron que yo fuera con las mías; pero sin ellas los abracé y hablé sobre paces, y quedamos en que otro día a las 12.00 resolverían retirándose a dormir un cuarto de legua [1’2 km] distante de nosotros todos los apaches. A la mañana siguiente del 23, a 500 varas [419 metros] en una lanza enarbolaron bandera blanca, vinieron algunos al campo nuestro [excepto el nednai Juan José], y a las 11:00 del día, ya incorporados los capitancillos del Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], Fuerte [Mangas Coloradas], Pluma [bedonkohe], Mano Mocha [bedonkohe], Oyá, Caballo Ligero [chihenne], y Boca Matada [chihenne], se retiraron. Estos últimos me pidieron papel para celebrar paces en el Cobre; se los di, y observé con el anteojo iban de retirada más de legua para su tierra; pero luego retrocedieron para incorporarse con los demás, y viniendo cuatro a mi caballada que bajaba al agua, me lancearon un caballo melado [de color de miel], cuyo insulto no pude sufrir y a las 12:00 de este día rompí las hostilidades, conociendo a muchos indios del Mogollón que habían vuelto a la guerra. Desde esta hora hasta meterse el sol duró la acción, y solo una trinchera que se dificultaba ganarse, en donde dieron muerte a los tres hombres que
llevo manifestados, me pareció ser la primera en asaltarla, poniéndolos en vergonzosa fuga.
No puedo menos de recomendar… Como los apaches del Mogollón trataron de hacer las paces en el Cobre, dirigí mi marcha a aquel punto para ver si llegaban a él en los expresados días, y no habiendo recurso para subsistir en aquel punto, dejé seis enfermos y 24 hombres destacados…
El punto del Cobre lo he dejado fortificando para su defensa…
… Y para satisfacción de los habitantes del Estado se pone en su conocimiento tan plausible noticia. Chihuahua, 7 de junio de 1832”.
Los apaches luchaban en su mayoría con arcos, flechas y lanzas, siendo derrotados
por los fusiles de los mexicanos. Durante el dominio español, las autoridades controlaron el flujo de armas a los apaches. Se procuraba suministrar a los indios fusiles de poca calidad que se estropeaban con relativa facilidad. Para repararlos tenían que acudir a los servicios de un armero en el presidio de la zona en el que habían acordado establecerse. Esta situación cambió cuando el gobierno mexicano, debido a la inestable situación política que imperaba junto con la falta de recursos, no pudo continuar su suministro a los apaches y estos adquirieron armas de buena calidad a los traficantes estadounidenses.
Mientras tanto, unos 67 guerreros de las rancherías de los nednais Jasquedegá y Cristóbal, quizá también llamado Armijo e hijo del jefe nednai Cigarrito de la Sierra del Cobre [?], se trasladaron al sur y atacaron El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua]. Fueron alcanzados por un contingente mexicano que logró recuperar unos 150 caballos, pidiendo los dos jefes una tregua.
Ese mismo mes, un apache llamado Miguel Lamedas llegó a Janos [Chihuahua] borracho, insultado a los ciudadanos y llamándolos cobardes. Decía que los apaches eran mucho más valientes y estaban más unidos que los mexicanos y que pronto les vencerán. Las autoridades metieron a Lamedas en una celda del cuerpo de guardia, pero pronto se escapó.
En mayo, los apaches mataron a varios vecinos desarmados en las haciendas de Picacho y Babícora, en la zona de La Concepción [valle del río Papigochi, Chihuahua].
El 24 de mayo, el capitán José Peña, comandante de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua] informó de la solicitud de paz que hicieron los jefes nednais Esquedegad [Jasquedegá] y Cristóbal [nednai], dejando a sus familias en las inmediaciones de la mina de El Cobre para luego robar los caballos de varios ranchos de la zona).
* El 4 de junio de 1832, un destacamento de Sonora, ataca a una banda de apaches aravaipas
en el Cajón del Aribaypa ([Aravaipa Canyon, 80 km al norte de Tucson, Pima County, Arizona].
Los Western Apaches también habían reanudado las hostilidades contra Sonora. En respuesta, en la primavera de 1832, ciudadanos del norte de Sonora organizaron una milicia para reforzar a los soldados de los acuartelamientos. Reunidos en Cocóspera, a unos 56 kilómetros al suroeste de las montañas Huachuca en Arizona, organizaron una fuerza llamada “La Sección Patriótica” y eligieron a Joaquín Vicente Elías, miembro de la prominente familia Elías del norte de Sonora, como su líder.
A finales de mayo de 1832, una fuerza sonorense de 100 voluntarios se dirigió al norte hacia Tubac y se unió a los soldados del capitán Antonio Comadurán. El 4 de junio de 1832, la fuerza mixta de tropas regulares y voluntarias se enfrentó a los Western Apaches en el cañón de Arivaipa, a unos 80 kilómetros al norte de Tucson. Según informes mexicanos, los soldados sorprendieron y derrotaron a los apaches aravaipas, matando a 71 guerreros [algunas de las víctimas habían estado viviendo con los “apaches mansos” de Tucson y Santa Cruz]; capturando a 13 niños [que fueron repartidos entre los mexicanos]; y 216 caballos y mulas, que habían sido robados en anteriores incursiones. Los aravaipas mataron a un mexicano [Roque Somosa] e hirieron a otros 12. Sonora había logrado una victoria aplastante.
El 27 de junio, Manuel Escalante y Arvizu, gobernador de Sonora escribió a José Isidro Madero, gobernador de Chihuahua: “Su Excelencia, ya que su jurisdicción de Chihuahua y la nuestra de Sonora están ambas sitiadas por los crueles e indómitos apaches, sentimos que debemos compartir la buena noticia de cualquier ventaja que obtengamos sobre ellos. Además, siempre nos hemos tratado como vecinos y hermanos en la República que apoyamos juntos. En el Cañón Aravaipa a los cuatro días del presente mes, una fuerza de unos 200 de nuestros ciudadanos voluntarios se enfrentaron a nuestro enemigo común en su propio terreno. Después de un ataque implacable y valiente que duró cuatro horas, nuestros ciudadanos proclamaron una victoria completa. Setenta y un guerreros apaches yacían muertos en el campo. Se cogieron 13 cautivos menores de edad. Se recuperaron 216 caballos y mulas. ¡Dios y libertad!”).
* El 1 de julio de 1832, un gran grupo de apaches llega a Santa Rita ([Santa Rita del
Cobre, Grant County, New Mexico]. Entre ellos había varios representantes de los antiguos establecimientos de paz: ocho de Janos [Chihuahua], entre ellos el nednai Juan Diego Compá; Francisco, de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]; varios de presidios de Sonora; y uno de Namiquipa [Chihuahua]. Aunque no había representantes de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua], sus miembros estaban reunidos con el resto, en el río San Francisco [afluente del Gila, Arizona] a la espera del resultado de la conferencia de paz. A los pocos días, los enviados Mayá, Cantador, Pluma [bedonkohe], Antonino, Juan Albino, y Oyá llegaron a Janos. Después de conferenciar con los mexicanos, cuatro de ellos fueron a informar a sus jefes en la zona del río Gila.
José Joaquín Calvo, eufórico, dictó los términos preliminares de rendición al coronel Cayetano Justiniani, en Santa Rita del Cobre, el 28 de julio de 1832. Calvo instruyó a Justiniani, un experimentado oficial que tenía la confianza de los apaches, para que informara a los chiricahuas sobre las condiciones desfavorables del tratado. En esencia, el Tratado de 1832 era similar al de 1810, en el que Chihuahua había concedido la paz a los apaches mescaleros, derrotados sin asistencia gubernamental ni raciones. Los españoles les habían asignado áreas específicas para vivir, donde debían subsistir mediante la caza, la recolección y la agricultura. Pero lo que pudo haber funcionado en 1810, tenía pocas probabilidades de prosperar en 1832. Desde el principio, esta propuesta poco realista no tenía ninguna posibilidad de éxito. El único beneficio para los chiricahuas al firmar este tratado sería el regreso de las tropas mexicanas a sus cuarteles. Sin embargo, sin raciones, los chiricahuas no tenían ningún incentivo para vivir bajo control mexicano.
Los apaches iban y venían durante un periodo de varias semanas. Esos emisarios eran Selga, Matías [chokonen], Joaquín, Vicente, Costilla [chokonen], Antonino, Feroz, Juan Albino, Miguel Lamedas [el que huyó de la celda en Janos], y Cantador, yendo a Janos para organizar la paz.
A mediados de agosto, José Joaquín Calvo, comandante militar de Chihuahua, llegó a Santa Rita del Cobre, donde se reunió con 29 líderes apaches [la mayoría chiricahuas, pero también algunos mescaleros]. Firmaron el tratado el 29 de agosto de 1832. Según los términos, los apaches acordaron cesar sus ataques a las haciendas mexicanas, devolver todo el ganado robado durante las recientes incursiones, y abstenerse de entrar en el territorio de Chihuahua sin permiso. Devolver todo el ganado robado resultó imposible de realizar, devolviendo solo unos pocos animales. ¿Cuáles eran las obligaciones mexicanas con respecto a los apaches? No están claras. No hablaron de volver a darles raciones, y parece que los funcionarios pensaron que los apaches tendrían que trabajar como los mexicanos para mantenerse. Al igual que en el tratado de 1810, Calvo asignó a los apaches tres zonas:
A las rancherías de los antiguos establecimientos de paz de Janos, San Buenaventura, y El Carrizal
les dio la primera zona: La Boquilla de Janos y Corral de Quintero, las montañas de El Hacha [Big Hatchet Mountains, Hidalgo County, New Mexico]; El Sarampión [Peloncillo Mountains, Hidalgo County, New Mexico]; de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico] a la Casita [?, del Gila], y las sierras intermedias hasta Santa Lucía [Santa Lucia Springs, después llamado San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]. El nednai Juan José Compá fue nombrado “general” de la zona, estableciendo su ranchería en Janos. Durante mucho tiempo, Juan José Compá, a la vez que encabezaba rebeliones, fue el interlocutor más importante con los mexicanos. Pertenecía a una antigua familia que durante tres generaciones había mantenido una tradición de liderazgo entre los apaches. Baugtizado en 1794, había ido a la escuela, por lo que hablaba español fluidamente, habiendo sido premiado por el comandante de las Provincias Internas, Nemecio Salcedo, como alumno destacado en 1806. Era hijo de El Compá, otro jefe que, en la década de 1790, había hecho la paz con los españoles, fallecido de causas naturales el 29 de julio de 1794, tras lo cual su otro hijo, Juan Diego Compá, se convirtió en el líder de la familia. A principios de la década de 1830, con su hermano mayor ya anciano, Juan José Compá cobró protagonismo principalmente por ser bilingüe, alfabetizado y un líder pacífico.
A las rancherías del distrito de Mogollón les dio la segunda zona: desde Santa Rita del Cobre hasta la Sierra Negrita [Negrito Mountain, Catron County, New Mexico], incluyendo la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico]; la Sierra de Mimbres [Mimbres Mountains, Sierra & Grant Counties, New Mexico]. El bedonkohe-chihenne Fuerte [Mangas Coloradas] fue nombrado “general” de la zona, instalando su ranchería en Santa Rita del Cobre.
A las rancherías que vivían a lo largo de la cuenca media del río Gila, les dio la tercera región:
el chokonen Aquién, apache de poca importancia bajo ese nombre en Janos, pero que pudo haber sido el mismo, con el nombre de Matías en Sonora, fue nombrado “general” de la frontera sonorense.
Además, la paz fue acordada con los mescaleros, desde el este de San Elizario [El Paso County, Texas] hasta el Presidio del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua] y la Sierra del Sacramento [Otero County, New Mexico].
El copropietario de las minas de Santa Rita, Robert McNight, intervino en las negociaciones y el éxito logrado se debió en parte a su amistad con algunos apaches. Siguiendo la anterior política de la Corona española, Calvo asignó a cada banda una zona que correspondía al territorio de esta y asimismo se designó un “general” para cada banda que se hiciera responsable de sus miembros, y además, incorporaba la expectativa de que se convirtieran en agricultores, algo impensable en su cultura.
Si bien restableció un orden temporal en la frontera, contenía muchas deficiencias y, desde el principio, tenía pocas posibilidades de éxito. Para empezar, Calvo mantuvo la política austera e intransigente de no prestar ayuda, basada en la creencia idealista de que los apaches se las arreglarían para subsistir sin saquear. Se negó a incluir raciones en el acuerdo. Igualmente significativo, y quizás aún más preocupante, Calvo cometió el error de pasar por alto los intereses de Sonora y, deliberadamente o no, no invitó a las autoridades sonorenses a participar en las negociaciones. Los bedonkohes y los chokonen eran los más acérrimos enemigos de Sonora, incluido Fuerte. Por lo tanto, el plan de Calvo tenía pocas posibilidades de éxito a largo plazo, aunque la situación mejorase un poco al principio.
El tratado era un acuerdo entre el estado de Chihuahua y los chiricahuas, no incluyendo a Sonora, uno de los objetivos preferidos de las incursiones apaches. Al no haber ninguna cláusula para la entrega de raciones, los chiricahuas no tardaron en trasladar el producto de sus incursiones en Sonora a Santa Rita del Cobre. Uno de los principales motivos de este cambio de lugar era la llegada a Nuevo México de muchos estadounidenses, algunos de los cuales se dedicaban al comercio ilegal con los apaches. La frase “los estadounidenses comerciaban con armas y municiones con los apaches en Santa Rita del Cobre” se oía con demasiada frecuencia. Los chiricahuas comerciaban con bienes robados con James Kirker y Robert McKnight. Kirker era un trampero y comerciante que trabajaba fuera de Santa Rita, proporcionando, además, escolta en las operaciones mineras de Cuicier y McKnight, y en las caravanas de la “ruta del cobre”. Mangas Coloradas conoció a ambos y con el tiempo desarrollaría un particular desprecio por Kirker. A principios de 1833, el tratado de paz comenzó a desmoronarse y los chiricahuas reanudaron sus incursiones en México).
* El 6 de julio de 1832, el gobernador de Sonora comunica al de Chihuahua la victoria lograda el
4 de junio por
los vecinos en el Cajón de Aribaypa donde habían matado a 71 apaches y capturado a 13 niños; mientras el alférez Mariano Rodríguez Rey recupera a los apaches numerosas reses y caballos en la Sierra del Corral de Piedras (municipio de Galeana, Chihuahua).
* El 20 de julio de 1832, el nednai Cigarrito llega a Janos con toda su ranchería, donde les dan un novillo. (El 16 de septiembre de 1832, los chokonen Feroz, Costilla y Chato llegaron a Janos, provenienes de la zona del Gila y Santa Rita del Cobre.
El 29 de septiembre de 1832, los apaches Juan Albino y Antonino pasaron por Janos, camino de Ciudad de Chihuahua con mensajes para el comandante general.
El 5 de octubre de 1832, el nednai Juan José Compá llegó a Janos con su familia, instalando su ranchería en la Sierra de Carcay ([municipio de Janos, Chihuahua].
Poco después, el 18 de octubre, llegó a Janos con toda su ranchería, el chokonen Matías, jefe de los apaches en Sonora. A varios otros apaches, designados como “fieles”, se les dio dinero para su subsistencia; y a tres de ellos se les concedió una ayuda debido a una enfermedad. Esta asistencia esporádica a los apaches paró después de 1832).
* En 1832, vecinos de Cucurpe (Sonora) y Nacameri (municipio de Hermosillo, Sonora), dirigidos por el capitán José Cosme de Urrea, atacan en su retirada al jefe chihenne Baishan, más conocido como Cuchillo Negro que había incursionado por los alrededores de Ures (Sonora).
1833
* En febrero de 1833, algunos informes sugieren que los chokonen habían regresado a
sus antiguos territorios en la Sierra de Chiricahua (Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona) desde donde estaban planeando una serie de incursiones por Sonora. (Los chiricahuas, al tener que buscar su propio sustento, no tardaron en reanudar sus incursiones contra los mexicanos.
Enseguida, el chokonen Pisago Cabezón asaltó Janos [Chihuahua]. También se llevaron el ganado de la hacienda de Rafael Carbajal, cerca de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Para mayo, los chiricahuas habían incendiado la frontera, y para Mangas Coloradas comenzó una década de guerra contra los mexicanos, particularmente con Sonora.
En abril de 1833, el comandante militar de Chihuahua se negó a combatir a los chiricahuas ante la falta de medios, siendo sustituido por el coronel retirado Simón Elías González, un hombre con gran experiencia en la lucha con los nativos desde la época virreinal.
El 11 de abril, unos apaches se llevaron dos vacas y varios caballos de la Hacienda Carretas
[municipio de Bavispe, Sonora]. El chokonen Sidé estaba acampado con 25 guerreros y sus familias en la Sierra de Las Espuelas [municipio de Agua Prieta, Sonora], cuando soldados de Janos [Chihuahua] los descubrieron. Se vivieron momentos tensos cuando los apaches empuñaron sus armas, mientras las mujeres y los niños se fueron en silencio del lugar. Los mexicanos, calculando que Pisago Cabezón y otras rancherías chokonen estaban cerca para ayudarles, trataron de convencer a los apaches de que no iban a luchar, desistiendo de investigar más. Sidé negó toda participación en la incursión de la Hacienda Carretas, echando la culpa a apaches coyoteros White Mountain).
Dada su influencia, el partidario de la paz, el nednai Juan José Compá, trató de evitar las hostilidades. A finales de abril, un destacamento sonorense, al mando del líder ópata Blas Medrano, se encontró con el grupo de Juan José Compá cerca de la abandonada Hacienda Carretas, ubicada justo dentro de Sonora, en el camino entre Bavispe y Janos. Medrano exigió que Juan José Compá devolviera el ganado que algunos de sus jóvenes habían robado. Juan José Compá accedió. Medrano, enemigo acérrimo de los apaches, regresó a Bacerac y se unió a las tropas del presidio de Bavispe para realizar un posible ataque a la ranchería de Juan José Compá. En mayo, Juan José Compá escribió una carta.
La carta refleja, en ese momento, el punto de vista apache de las relaciones entre estos y los mexicanos. El 25 de abril de 1833, escribió desde su ranchería situada en la Sierra de Carcay [municipio de Janos, Chihuahua] que los mexicanos habían estado matando apaches, a veces en circunstancias pacíficas e incluso en presencia del capitán Ronquillo. Los mexicanos habían matado apaches en la Hacienda de Agua Nueva y en el camino a Ciudad de Chihuahua [los dos en el municipio de Chihuahua]. En la cercana Sierra de Encinillas [municipio de Camargo, Chihuahua] habían conseguido huir de las tropas atacantes. Los apaches se dirigieron hacia el oeste de la Sierra Madre, informando de estos hechos a Pisago Cabezón [chokonen] y a las rancherías de la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Juan José Compá escribió a Varela informándole que iba a decir a los apaches que no creyesen esas historias y mentiras, que si bien era cierto que habían muerto apaches, algo debían haber hecho para ofender a los mexicanos. Terminó su carta pidiendo dos hojas de papel [para poder escribir más cartas] y una caja de pólvora [para poder defenderse] diciendo que “los apaches no soportarán verme cuando sepan que he informado a su gente, algunos lo entenderán y otros no”.
En otra misiva a Varela unos días más tarde, Juan José Compá indicó que la mayoría de las rancherías ya habían partido de la zona. Sin embargo, planeaba ir a la Hacienda de Ramos o a Janos temiendo que, si se quedaba lejos, los mexicanos podrían pensar que estaba actuando de mala fe. Terminó con “Padrecito, como ustedes saben, tengo confianza en Dios y en usted, que yo no sufra ningún perjuicio al no haber cometido ningún error”. Y añadió: “Por favor envíeme un poco de tabaco”.
Varela, respondiendo el mismo día, apremió a Juan José Compá a llevar a su esposa e hijos a Janos. Allí estarían a salvo y no les pasaría nada. Incluso los “malos apaches” no podían hacerle daño en el presidio. Continuó: “Recuerde, su padre vivió en Janos hasta que murió, y nunca se preocupó de si gustaba a los apaches o no; … Usted debe hacer lo mismo. Le aprecio y le digo que vaya a Janos, y usted verá como el comandante general tendrá consideración con usted”. Cuatro días más tarde, el alférez Carbajal escribió a Varela desde Janos diciendo que Juan José Compá no había llegado. Una nota sin firma del mismo día denunció que estas cartas eran simplemente tácticas dilatorias y que Juan José Compá se excusaba alegando estar en poder de “indios malos”. Otra persona, probablemente también Carbajal, añadió que estaría agradecido si Varela podía persuadir a Juan José Compá que aceptara los tratados de paz recientes. Él acababa de saber, sin embargo, que una manada de caballos robados había sido conducida hacia la Sierra de Enmedio [municipio de Janos, Chihuahua], y no había duda de que los animales habían sido trasladados al campamento del chokonen Pisago Cabezón. Carbajal esperaba que Juan José Compá le convenciera para que viniera a Janos.
No es de extrañar que Juan José Compá se mostrara reacio a residir entre los mexicanos. Unos meses antes, había solicitado que le devolvieran un muchacho apache. Ponce de León, el comandante de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua], le contestó que la gente de allí tenía un odio terrible hacia los apaches debido a las maldades que habían hecho, y ni Juan José Compá ni otros debían aparecer por allí.
Sin embargo, las autoridades mexicanas estaban dispuestas a hacer una excepción con Juan José Compá ante la “remota posibilidad de que decidiera ir a vivir a Janos”. El comandante general de Chihuahua, en una carta remitida a Juan José Compá a través del comandante de Janos, instó a Pisago Cabezón, o a cualquier otro jefe a ir a Ciudad de Chihuahua [o a El Carmen {municipio de Buenaventura, Chihuahua}]; o Encinillas [municipio de Chihuahua, Chihuahua], si les gustan más] para entablar negociaciones de paz, dándoles toda la asistencia necesaria para el viaje, incluyendo escolta militar.
Juan José escribió a Varela de nuevo. Ahora estaba con “todos los apaches”, exhortándolos a mantener la paz y la calma. Su opinión, sin embargo, fue que “ya no hay un Dios o es su ley divina en este mundo la que está haciendo mil injusticias con los apaches”. El jefe Costilla [chokonen] y su esposa acababan de llegar de Bavispe [Sonora] cuando los mexicanos, sin provocación y bajo tregua, habían hecho prisioneros al resto de su ranchería cuando los apaches estaban todos juntos, todavía sin rebelarse, asaltar, o matar. Juan José Compá siguió advirtiendo que no se crean las historias que se cuentan, porque era imposible para los cristianos romper la ley de Dios. “Les he dicho todo lo que ha sido posible decirles”. Él y los otros jefes, Pisago Cabezón [chokonen], Juan Diego [nednai], El Carabinero, Costilla, y el resto de los apaches “están solicitando que, por amor de Dios, los mexicanos recuerden la ley divina y hagan el esfuerzo para que nuestra tierra no sea turbulenta”, no porque tengan miedo de los apaches, sino porque la ley divina lo exija.
Sin embargo, ya era demasiado tarde para cualquier gesto por parte de ambos bandos. De hecho, se produjeron problemas en varios presidios que agravaron las difíciles relaciones. En Agua Nueva, donde se había asentado el grupo local carrizaleño nednai, ciudadanos mexicanos mataron a un apache. Los chiricahuas sintieron que “no se había hecho justicia”, por lo que tomaron represalias, matando a varios mexicanos y robando ganado. Inmediatamente, los nednais enviaron emisarios a otros grupos chiricahuas, incitándolos a un levantamiento. Para empeorar las cosas, Costilla, que vivía cerca de Bavispe, tuvo un altercado con el comandante de la zona, y Juan José Compá sintió temor cuando visitó Janos. Aun así, prometió firmemente enviar un mensaje a Pisago Cabezón para aconsejarle que diera una oportunidad a la paz, sugiriendo que los apaches debían de haber provocado a los mexicanos para que esto hubiera ocurrido.
Mientras tanto, en Santa Rita del Cobre, la zona sobre la que Mangas Coloradas ejercía
como “general”, las hostilidades parecían inminentes. Los problemas comenzaron cuando, el 8 de mayo de 1833, el nednai Manuel Chirimi, quien había estado viviendo en paz cerca de allí, abandonó Santa Rita del Cobre para cosechar mescal en los manantiales del Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico]. Manuel Chirimi estuvo residiendo en las inmediaciones de Santa Rita del Cobre desde 1832, teniendo buenas relaciones con la población local, siendo sus hijos bien tratados en la mina. Aparentemente, se fue para recoger mescal, dándole las autoridades de Santa Rita del Cobre algunos artículos para el viaje, pero posiblemente estaba desilusionado con el resultado del tratado de paz. Mientras tanto, envió dos emisarios al este del río Mimbres para convocar a los jefes Mano Mocha [bedonkohe], Caballo Ligero [chihenne], Antonio [chokonen] y Pluma [bedonkohe] que estaban preparando allí unas parcelas para sembrar maíz para invitarlos a realizar una incursión.
Poco después de la marcha de Manuel Chirimi, un pequeño grupo [no se sabe si eran los que estaban acampados en el río Mimbres] asaltó un rancho cerca de Santa Rita del Cobre, robando caballos de una hacienda cerca de Pachatijú Springs [?]; mataron al vigilante y a una hermana de Juan José Compá, que sin razón aparente, se encontraba en la zona. Los mexicanos siguieron el rastro de los animales hasta los manantiales de Santa Lucía [hoy Mangas Springs, Grant County, New Mexico], donde los jefes Fuerte [Mangas Coloradas, bedonkohe-chihenne], Teboca [bedonkohe], Geta Matada [chihenne, probablemente el mismo Boca Matada de varios años más tarde], y Oyá [Ohoá] habían establecido una gran ranchería. Al verlos, los mexicanos se dieron la vuelta, regresando a Santa Rita del Cobre.
Más tarde, el nednai Jasquedegá llevó una gran manada de caballos de El Carrizal al río Mimbres, donde tenía previsto acampar mientras asaltaba por la zona de Santa Rita del Cobre.
Al mes siguiente, las autoridades mexicanas consideraron “hostiles” a cada uno de estos líderes. Fuerte y Pisago Cabezón lideraban claramente la facción beligerante, como lo harían durante el resto de la década.
A principios de junio de 1833, los informes indicaban que los chiricahuas se habían unido en
gran número en las montañas del norte de Sonora. El 2 de junio, atacaron Bavispe [Sonora], matando a un soldado y a un civil, e hiriendo a varios más. Los funcionarios mexicanos llamaron a Juan José Compá, entonces en las cercanías de Santa Rita del Cobre, que confirmó sus sospechas. En julio, Pisago Cabezón había ido a visitar a los apaches coyoteros White Mountain mientras sus aliados preparaban dos partidas para incursionar, una a Sonora y otra contra los navajos en Nuevo México. Los mexicanos se mostraron escépticos, y dudaron de Juan José Compá, creyendo que había ocultado información, sospechando de que las rancherías “sujetas a Compá” habían entregado solo una parte de los caballos [30 para ser exactos] de un rebaño mucho más grande robado en El Álamo [El Álamo Nuevo, municipio de Namiquipa, Chihuahua]. Consideraron que el resto, así como otros robados recientemente en Janos, habían sido llevados a la ranchería de Pisago Cabezón.
El 15 de julio de 1833, los chiricahuas atacaron un rancho de la Hacienda de Babícora, en la zona
de La Concepción [Valle del río Papigochi, Chihuahua] saliendo en su persecución 24 hombres desde Temósachic [municipio de Temosachi, Chihuahua], otros 20 desde la Hacienda de San Miguel y 15 más desde Babícora y Chávez; todos bajo el mando del capitán José María Zuloaga.
Poco después, Zuloaga y sus soldados se enfrentaron con una partida chiricahua a 24 kilómetros al noreste de Janos, cerca de la Laguna de la Ascensión [municipio de Ascensión, Chihuahua], matando a un guerrero y recuperando 86 caballos y 10 novillos.
El 27 de julio, Rafael Revilla, vicegobernador de Chihuahua, comunicó al presidente de la Junta Municipal de El Carrizal, la resolución del Congreso de Chihuahua por la que tanto los particulares como los militares y miembros de las milicias, recibirían una compensación de 25 pesos por cada apache que muriera en batalla, antecedente directo de las contratas de sangre que se establecerían en el futuro.
A primeros de agosto de 1833, los apaches mataron en la Hacienda de San Miguel [Chihuahua] a 20 vecinos que iban a ayudar a los habitantes del valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua] que se encontraban sitiados por los apaches.
En agosto de 1833, un contingente de 97 soldados y 30 civiles salió de campaña contra el jefe
nednai Juan José Compá. No se sabe el resultado, pero parecer ser el mismo destacamento mexicano que, a principios de septiembre, alcanzó una partida de guerra apache, recuperando una reata de caballos robados, aunque sufrieron varias bajas mientras los apaches no tuvieron ninguna.
El 17 de agosto de 1833, el gobernador de Chihuahua, José Isidro Madero, emite una orden, que, entre otras cosas, decía: “¿No sería una degradación vergonzosísima, ciudadanos, que tres o cuatro mil salvajes talen los campos, destruyan la ganadería, dificulten la agricultura, entorpezcan el comercio, y finalmente pongan en consternación y abatan la cerviz de 140.000 habitantes? No, chihuahuenses, no permitamos ser remarcados con tan negra ignominia […] A las armas, no entre un solo apache en las inmediaciones de los poblados y rancherías, que no sea perseguido hasta que en la muerte halle el escarmiento de su temeridad…”.
Sonora poco pudo hacer para impedir estas incursiones. Sus tropas, con escasez de raciones, vestimenta y dinero, estaban a punto de amotinarse. En septiembre de 1833, los comandantes de varios presidios se reunieron en Arizpe, en la casa de Ignacio Elías González, quien se puso al frente de los frustrados oficiales en una revuelta en los cuarteles contra el coronel Francisco Arregui. En octubre de ese año, mediante un acuerdo privado, el teniente coronel José María Elías González tomó el mando del ejército de Sonora. Sin embargo, poco pudo hacer para mejorar la situación.
El 3 de octubre de 1833, unos vecinos de Janos capturan a seis varones, tres mujeres y cinco muchachos apaches. La población apache de Janos era muy variable y cuando estos se levantaban en armas, los funcionarios registraban el hecho de diferentes formas: “No se presentan”; “se ignora donde andan los apaches”; “las rancherías que estaban en las inmediaciones de diferentes sierras, se han retirado”; “se ignora para dónde porque no hay quien de razón, pues ya no viene ninguno de ellos a presentarse a este presidio”.
En octubre de 1833, un grupo de apaches, mandados por el chokonen Manuel, pidieron la paz en la
Hacienda de San Diego, en el Valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Los mexicanos, sin embargo, desconfiaron de ellos. Estaban seguros de que la gente de Manuel espiaban para los apaches “hostiles”, y querían que fueran al presidio de Galeana [Chihuahua], donde podrían estar mejor vigilados.
A lo largo de 1833, las incursiones se extendieron a los ranchos y pueblos de Sonora, incluyendo
ciudades como Arizpe. Los chiricahuas, mejor armados gracias al comercio que realizaban en Santa Rita del Cobre, continuaron asaltando asentamientos mexicanos con total impunidad. Solo en Sonora, mataron a más de 200 personas desde el comienzo de las hostilidades en abril hasta octubre de 1833. Las pérdidas materiales fueron enormes; los apaches se llevaron un cuantioso botín en ganado y enseres de los habitantes, dejando atrás los humeantes restos de sus viviendas. Los gobiernos de los estados de Sonora y Chihuahua respondieron recaudando fondos de sus ciudadanos a base de impuestos y contribuciones para armarse y organizar expediciones contra ellos. También en distintos momentos se ofreció una recompensa por el cuero cabelludo de cada apache que se mataba; hombre, mujer o niño. En cuanto a la participación de Fuerte, solo se sabe que se había unido a Pisago Cabezón.
El 14 de diciembre, el gobierno de Chihuahua manifestaba:“… por desgracia nuestras tropas no han podido alcanzar ventaja alguna: el tesoro va disminuyendo día a día considerablemente y el enemigo [los apaches] con doble insolencia multiplica sus víctimas, extiende sus depredaciones según es su acostumbrada táctica y de este modo hace más difícil su persecución”.
El 23 de diciembre de 1833, el gobernador de Sonora, Sánchez Pareja, emitía una circular, que, entre otras cosas, decía “… al rumbo de nuestras fronteras nos agita fuertemente la sublevación general y temible de las naciones apaches y demás, esparcidas ya también en el interior del estado […]; y los coyoteros y otras familias del estado de Sonora obran en combinación con los primeros”).
* En abril de 1833, un destacamento mexicano al mando del capitán Manuel Barragán, ayudado por un grupo de apaches lipanes, mata a siete comanches al oeste de San Antonio (Bexar County, Texas).
1834
* En 1834, la situación no cambió en Sonora, ya que los chiricahuas concentraron sus incursiones contra ranchos y pueblos de su frontera norte. (Pisago Cabezón y Fuerte [Mangas Coloradas] dirigieron la mayor parte de sus partidas contra Sonora, aunque Josiah Gregg, en su “Commerce of the Prairies” relata un enfrentamiento entre apaches y mexicanos en Socorro [Socorro County, New Mexico]. Una compañía del ejército regular, apoyada por la milicia local, sufrió una rápida derrota siendo los mexicanos perseguidos hasta las calles de la población de Socorro, sufriendo 33 muertos y muchos heridos. Los apaches se llevaron a sus muertos, unos seis o siete. Casualmente, Josiah Gregg llegó al lugar al día siguiente, encontrando a los habitantes asustados, ya que esperaban otro ataque de los apaches.
Ese año, el licenciado José Agustín de Escudero edita “Noticias estadísticas del estado de
Chihuahua”, un compendio social, económico y político de la situación de dicho estado. (El apartado 23 dice: “Indios apaches que existen de paz a la inmediación de varios puestos de la frontera”.
“Queda referido que las tribus Lipan, Navajóe y Jicarilla viven en sus respectivos países sin causarnos daño; y las rancherías reducidas de las demás parcialidades, son las siguientes:
– En Bacoachi: 1 ranchería de Alej. o Netá [?], con 60 hombres, y 130 mujeres y niños. En total 190 personas.
– En Bavispe: 1 ranchería de El Huero, con 13 hombres, y 24 mujeres y niños. En total 37 personas.
– En Coyame: 1 ranchería de José, con 3 hombres, y 9 mujeres y niños. En total 12 personas.
– En El Carrizal: 4 rancherías, de Jasquiede, 91 personas; de Mantanegra, 47 personas; de Segá, 76 personas; y de Ycujidillin, 66 personas; sumando 75 hombres, y 205 mujeres y niños. En total 280 personas.
– En Janos: 5 rancherías, de El Fuerte, 56 personas; de Juan Diego, 124 personas; de Jasquinetl, 65 personas; de Manomocha, 54 personas; y de Plumas, 111 personas; sumando 127 hombres, y 283 mujeres y niños. En total 410 personas.
– En Namiquipa: 1 ranchería de N. [?], con 4 hombres, y 11 mujeres y niños. En total 15 personas.
– En el Presidio del Norte: 2 rancherías de El Carav. [?], 32personas; y de El Taraum.[?], 25 personas; sumando 17 hombres, y 40 mujeres y niños. En total 57 personas.
– En San Buenaventura: 3 rancherías de El Flaco, 102 personas; de José, 24 personas; y de Yadalgalí, 23 personas; sumando 29 hombres, y 120 mujeres y niños. En total 149 personas.
– En San Elizario: 10 rancherías, de Bigotes, 338 personas; de Intaé, 119 personas; de Isquinédiseñé, 59 personas; de José, 30 personas; de Maya, 52 personas; de Nataesyá, 47 personas; de Organo, 69 personas; de Papel, 309 personas; de Tacintayé, 92 personas; y de Yescas, 87 personas; todos en Nueva Vizcaya; sumando 312 hombres, y 890 mujeres y niños. En total 1.202 personas.
– En Tucson: 1 ranchería de Queneyala, con 47 hombres, y 97 mujeres y niños. En total 144 personas.
La suma daba un total de 687 hombres, y 1.809 mujeres y niños. En total 2.494 personas).
* Al amanecer del 8 de enero de 1834, una partida de unos 300 chokonen llega a la localidad de Fronteras
(Sonora), capturando unos 50 caballos. (Cochise pudo haber estado presente porque los dos principales líderes chokonen, Pisago Cabezón y Reyes, dirigieron la incursión.
El capitán Bernardo Martínez salió tras ellos con un destacamento del presidio y varios civiles, pero a unos 800 metros de Fronteras, los chokonen salieron de las colinas, rodearon a los soldados y mataron al capitán y a otros tres hombres, siendo contemplado por el resto de la dotación del presidio. Posteriormente, Reyes, Tutijé y Félix [probablemente Phalios Palacio, hermano de Mangas Coloradas] solicitaron una reunión, pero nadie en Fronteras se atrevió a salir para parlamentar.
Vicente Bustamante, el juez de paz de Fronteras, suplicó al gobernador que enviara ayuda, declarando que “me es imposible describir la situación que enfrentamos”. Si no recibía ayuda, advirtió, “este lugar tendrá que ser abandonado”. Además, escribió Bustamante, la provocación de los apaches había horrorizado a los habitantes de Fronteras, quienes durante los 40 años anteriores habían mantenido buenas relaciones con los chiricahuas. “Actualmente no hay un solo ciudadano que pueda trabajar sus campos… Todos están impactados por la determinación y la audacia del enemigo”.
El 12 de enero de 1834, Rafael Revilla, vicegobernador de Chihuahua, pidió la participación de la población civil para combatir a los apaches.Vecinos de Ciudad de Chihuahua aportaron 26.500 pesos.
Tras su asalto a Fronteras, los chiricahuas se dirigieron hacia el sur, matando a todo aquel que encontraban a su paso. Saquearon el rancho de Narivo Montoya, y luego mataron a dos ciudadanos en el camino a Bacoachi, donde mataron a otros seis hombres. A continuación, el grupo, ahora estimado en unos 200 guerreros, viró hacia el sureste, a Chinapa [municipio de Arizpe, Sonora], a orillas del río Sonora, llevándose todo el ganado antes de retirarse hacia el norte, a sus rancherías situadas en las Chiricahua y Mule Mountains [las dos en el Cochise County, Arizona].
Mientras tanto, Sonora reunió un destacamento de 200 hombres en Moctezuma, pero no persiguió a los chiricahuas porque estaban escasos de armas y provisiones, pero lo peor fue que, los reclutados se convirtieron en una turba indisciplinada y, desesperados por conseguir comida, saquearon las casas de los habitantes de Moctezuma, una situación que avergonzó a la jerarquía militar de Sonora.
El 13 de enero de 1834, el alférez Miguel Ochoa, comandante en las operaciones en la zona de Julimes [Chihuahua], tuvo noticias de que los apaches se habían llevado varios caballos de la hacienda de Nogalejo y de la Zanja, saliendo tras ellos con los tres soldados que llevaba y con el paisano Basilio Ávila. Durante la persecución se les unieron seis vaqueros y más tarde, en el Llano de los Cristianos, el cabo Miguel Lerma con otros 11 paisanos. Alcanzaron a los apaches en la Laguna de Chigüas [?] recuperando 123 caballos y mulas. Durante el tiroteo falleció un paisano de La Cruz y dos resultaron heridos; falleciendo un apache, mientras los demás huyeron con 15 o 20 caballos. Les volvieron a ver en el cañón de la Sierra de Aguachile, pero fue imposible alcanzarlos por el cansancio de los caballos del grupo del alférez.
El 23 de enero, mientras Ochoa estaba entregando los caballos a sus propietarios, llegó un correo de Julimes diciendo que el destacamento de Cholome [municipio de Julimes, Chihuahua] había avistado a 14 apaches en el Gramal. Al estar solo a 14 km de distancia, salió con sus tres soldados a su encuentro, mientras se reunía el grupo que debía salir en su persecución.
El 30 de marzo de 1834, una banda chokonen liderada por Matías emboscó y mató al capitán
Leonardo León, comandante de Tubac [Santa Cruz County, Arizona], cerca del rancho Babocómari, cuando iba con unos pocos soldados. [El rancho Babocómari, perteneciente a la influyente familia de Elías González, estaba junto a la orilla del Babocómari Creek, a unos 32 km al sur de las Whetstone Mountains, Santa Cruz & Cochise Counties, Arizona]. En el rancho, los chokonen capturaron a una mujer.
Esa banda venía para reunirse con otros bedonkohes, chihennes y chokonen mandados por Tutijé y por Fuerte [Mangas Coloradas], en Batepito [municipio de Bavispe, Sonora], a unos 29 km de Fronteras [Sonora]. Las dos bandas discutieron sobre el objetivo de su próximo ataque. Tutijé y sus bedonkohes querían atacar Fronteras; mientras Matías y sus chokonen preferían incursionar por el interior de Sonora, porque habían estado viviendo pacíficamente en Fronteras.
Finalmente, no se produjo ninguna incursión y las dos bandas se separaron, regresando Tutijé, Pisago Cabezón y Fuerte [Mangas Coloradas] a la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico] mientras Matías y Reyes, fueron a la Sierra de Chiricahua [Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona] a recoger mescal. Se sabe esa información por Montijo, un guerrero de Matías que fue al mes siguiente a Fronteras, contando que unos 400 apaches habían estado acampados en Batepito preparando un ataque que no llegó a producirse. La mujer capturada en el rancho Babocómari contó lo mismo, cuando consiguió escapar a primeros de julio de la ranchería de Matías en la Sierra de Chiricahua, y pudo llegar a Tucson.
Durante la primavera y el verano de 1834, circularon numerosos rumores sobre el próximo ataque de los chiricahuas. Uno de ellos afirmaba que tenían la intención de atacar Tucson; otro especulaba con que rodearían Tubac o Santa Cruz. Sin duda, los habitantes de Santa Cruz tenían motivos para preocuparse. Muchos habían comenzado a abandonar sus hogares, presintiendo la incapacidad del ejército para protegerlos.
La mañana del 15 de junio de 1834, Jesús María Orozco, jefe político de La Concepción
[hoy en día llamado Vicente Guerrero, Chihuahua] partió con 15 soldados y 15 vecinos hacia algunos ranchos y pueblos de la jurisdicción de Bachíniva, donde habían sido vistos apaches con caballos robados. Antes de la llegada de Orozco a Bachíniva, ya había partido de esa localidad otro grupo que había ido tras los apaches que se dirigían a las faldas de la Sierra de San Miguel [ubicada entre la villa de La Concepción y el pueblo de Bachíniva]. Durante los dos días siguientes no pudieron localizar los caballos robados ni dar alcance a los apaches, a pesar de haberse reunido los dos grupos. Gastaron solo 45 cartuchos porque dos soldados y los 15 vecinos de la expedición carecían de armas de fuego. La falta de armamento y recursos para combatir a los apaches era evidente.
El 9 de julio, el Ayuntamiento de La Concepción reclamó al gobierno del estado de Chihuahua que no estableciera ningún tipo de acuerdo de paz con los apaches si estos no devolvían todos los bienes robados.
El día 12 de julio, a las 08:00 horas, un grupo de unos 30 apaches atacó a unas personas en el paraje de la Boquilla [cerca del pueblo de Las Cruces] donde mataron a Nepomuceno Cos. A las 18:00 horas partió Jesús María Orozco con 50 hombres, entre ellos 12 soldados al mando de un capitán. Dieron la alarma al pueblo de Bachíniva, presentándose 30 vecinos que colaboraron en la persecución; y al pueblo de Santo Tomás para que fueran a inspeccionar los puntos de Teseachi y Nayurachi, los más cercanos a ese lugar. Cuando volvieron con las manos vacías, los vecinos pidieron a las autoridades que les dieran armas de fuego, ya que tuvieron que salir sin ellas.
Ese mismo mes de julio, tres apaches hicieron huir a un vaquero de la Hacienda de San Miguel de Bavícora [municipio de Ignacio Zaragoza, Chihuahua], mataron a una yegua a lanzadas, y la descuartizaron para comérsela. Unos mensajeros dieron la noticia a Salvador Solís, alcalde de Bachíniva, quien envió a varias personas para confirmar el suceso e informar a las autoridades de La Concepción. El rastro de los apaches iba hacia el cañón de San José [municipio de Guerrero, Chihuahua?] pero nadie salió tras ellos, ya que las armas disponibles estaban siendo usadas por otro grupo de unos 130 vecinos al mando del presidente de la villa de La Concepción, Jesús María Orozco, que iba tras las 3.000 reses robadas por los apaches. Dieron aviso a los pueblos de Matachí y Temósachic [los dos en el municipio de Temosachi, Chihuahua] para que protegiesen el Cañón del Toro [Chihuahua]. En el pueblo de Bachíniva solo se quedaron los soldados inválidos con armamento en malas condiciones, encargados de proteger a la población.
El día 23 del mismo mes de julio, los correos que iban a pedir ayuda en Bachíniva, se toparon en el camino con el administrador de la Hacienda de San Miguel de Bavícora y otros vaqueros que iban a inspeccionar las reses que apacentaban en ese lugar. Inmediatamente, emprendieron la persecución de los apaches, al menos durante dos días. En la mañana del día 25, divisaron desde La Casita, en el camino entre San Miguel y el rincón de La Serna, a dos apaches que estaban llevando caballos a la Sierra de San José [municipio de Guerrero, Chihuahua].
Mientras tanto, otro hecho había ocurrido el día 24 de julio, al constatar la presencia de apaches cerca de Santa Clara [municipio de Namiquipa, Chihuahua], cuyos habitantes pidieron ayuda al alcalde de Namiquipa, quien a su vez avisó al juez de Bachíniva. Al anochecer, dicho juez envió a Santa Clara dos correos a todo galope, quienes regresaron el día 25 de julio, alrededor de las 12 del mediodía, informando al juez que desde antes del alba, se estaba organizando una partida mandada por el capitán Vázquez para salir tras los apaches.
A finales de julio, el alcalde de Temósachi informó de un encuentro con los apaches en el arroyo de los Álamos; ocurriendo lo mismo en la región de Pedernales y Cerro Prieto [las dos en Chihuahua].
Con el propósito de hacer frente a las incursiones chiricahuas, el jefe político del distrito de Paso del Norte, Alejandro Ramírez, y el capitán José María Ronquillo, entonces comandante general en el estado de Chihuahua, firmaron un tratado con una banda comanche, el 23 de julio de 1834. Los comanches se comprometieron a negociar la paz con el resto de bandas y a hacer la guerra a los chiricahuas, además de aceptar las raciones que les iba a suministrar el gobierno estatal. Sin embargo, la falta de fondos, dio al traste con esa estrategia. Los comanches respondieron asaltando Santa Clara, llevándose más de 1.000 reses).
A mediados de julio de 1834, varios líderes chiricahuas aparecieron en la deshabitada misión ópata de Cuchuta [a unos 19 km al sur de Fronteras, Sonora], conversando con unos vaqueros que trabajaban en un rancho cercano. Los vaqueros reconocieron a los dos líderes: uno era Félix [probablemente Phalios Palacio, hermano de Mangas Coloradas], y el otro, Reyes [chokonen], quienes afirmaron que a finales de julio querían ir a Fronteras a concertar un armisticio, pero por alguna razón, no aparecieron siendo probablemente un ardid para evitar la ofensiva que el Congreso de Sonora había autorizado al gobernador Escalante y Arvizu para llevar a cabo ese otoño. Parece que eran miembros de una partida de guerreros bedonkohes y chokonen, sin intención de negociar con Sonora por su desconfianza hacia sus dirigentes. De firmar algún acuerdo, preferían hacerlo con Chihuahua, con quien grupos de bedonkohes, chihennes y nednais habían abierto negociaciones a principios de 1834.
A finales de febrero de 1834, Geta Matada [chihenne] había ido a El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua] para hablar con el teniente Santos Horcasitas sobre el deseo de paz de los apaches, quienes quedaron contentos porque en marzo siete líderes, liderados por Fuerte [Mangas Coloradas], hablaron con Horcasitas en El Paso del Norte. Este comportamiento era típico de Mangas Coloradas, quien nunca sintió la misma antipatía hacia Chihuahua que hacia Sonora. Mano Mocha lideraba a los bedonkohes y Jasquedegá a los carrizaleños nednais [El Carrizal, municipio de Ahumada, Chihuahua]. Desgraciadamente, los detalles de la conferencia son escasos, aunque debieron conseguir un armisticio porque dos meses más tarde, el capitán José Ignacio Ronquillo intentó hacer un tratado con los apaches acampados cerca de Santa Rita del Cobre [Grant County, New Mexico] y el río Mimbres, pero por una desconocida razón no llegó a buen término.
El 1 de agosto de 1834, el alférez de la milicia de Allende, José de la Luz Soto, informó que tras un tiroteo con un grupo de apaches, recuperó 200 caballos y mulas en el Cerro el Peñol, en la Sierra del Río Florido [Chihuahua].
El 11 de agosto de 1834, el alférez Miguel Ochoa llegó a la Hacienda del Río Florido con 220 caballos y mulas recuperadas y 23 apaches que había capturado en la Sierra de Baos. En el enfrentamiento fallecieron Pedro Blanco, cabo civil de San Pablo; y Rico, y Dámaso Portillo, cabo y sargento respectivamente de su compañía. En esa acción murieron cuatro apaches y unos cuantos resultaron heridos, consiguiendo huir.
El 31 de agosto de 1834, el gobernador de Chihuahua, José Joaquín Calvo, emitió una circular en la que decía que los apaches estaban preparando varias incursiones, ya que una partida de mescaleros y gileños, al mando de Gómez, había venido para investigar si con los soldados estaba el hacendado Estanislao Porras, enemigo suyo, con el fin de matarle. En la Sierra del Caballo se estaba reuniendo una banda al mando de Estrella, el Viejo, quien estaba dolido por el robo de caballos que le habían hecho varios vecinos del Vado y que tenían intención de incursionar por el territorio de Nuevo México y Chihuahua. Los gileños entregaron a un grupo de siete anglos, al mando del inglés Santiago Bosue, 200 mulas en el río Mimbres a cambio de pólvora. En Boca Nueva, unos carreteros reconocieron a los apaches Gómez y Chepito quienes, dejando sus armas, se aproximaron para hablar diciéndoles que su partida se componía de unos 200 guerreros y que la recua de caballos que llevaban se la habían quitado a los comanches, algo difícil de creer.
La mañana del 28 de septiembre de 1834, un grupo de 200 a 300 guerreros, liderados por los chokonen Pisago
Cabezón y Reyes, entre los que también estaba Fuerte [Mangas Coloradas], se llevó 130 caballos de los alrededores de Janos [Chihuahua], matando a dos hombres. Soldados mexicanos les siguieron hasta cerca del río Casas Grandes, donde les alcanzaron. Tras un enfrentamiento que llevó a ambos bandos a un punto muerto, los mexicanos se acercaron lo suficiente como para disparar varias salvas de un cañón que llevaban contra los sorprendidos chiricahuas, matando a seis guerreros, e hiriendo a unos 20, huyendo a toda velocidad. Los mexicanos tuvieron tres muertos y dos heridos. Esta derrota, sumada al rumor de que Sonora mandaba tropas para realizar una campaña contra ellos, obligó a algunos líderes chiricahuas, incluido Fuerte, a reanudar las negociaciones con Chihuahua.
Los mexicanos conocían las intenciones de los chiricahuas gracias a un muchacho de 12 años,
llamado José Gregorio Madrid, que había sido cautivo del jefe Pescas, en el norte del río Gila, y que había conseguido huir. Dijo que la ranchería era grande, con mucho ganado, donde nueve chicos y una mujer estuvieron cautivos de los apaches. Los líderes apaches consultaban con el nednai Juan José Compá, y regularmente enviaban partidas de guerra a Chihuahua y Sonora. Según Madrid, después de un consejo, las bandas chiricahuas habían enviado tres partidas de guerra. Una, de 136 guerreros, había incursionado por Janos [Chihuahua]. Otra, del mismo número, por los asentamientos a lo largo del Río Grande, en New Mexico, para robar ovejas. Y la tercera, de 100 hombres, por Sonora, pero tuvo que regresar después de sufrir graves pérdidas. Madrid también confirmó que los apaches habían comerciado con aventureros estadounidenses que les habían proporcionado mosquetes y pólvora. También dijo que varios apaches habían muerto por beber lo que los supervivientes creían que era café envenenado, responsabilizando a los comerciantes estadounidenses y prometiendo vengar esas muertes. Habían planeado atacar El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua] y Janos [Chihuahua], disfrazándose con uniformes del ejército. Luego iban a aliarse con apaches mescaleros y atacar El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua]. Sin embargo, había otros apaches que estaban dispuestos a unirse al nednai Cigarrito y al grupo local de nednais [carrizaleños], para ir a El Paso del Norte y hacer la paz; que es lo que querían los ancianos en vez de los hombres y mujeres jóvenes que querían luchar, según dijo Madrid.
Pero de cara al invierno, intentaron alcanzar una tregua. A principios de octubre, los jefes nednais de El Carrizal, Cigarrito y Jasquedegá, enviaron dos emisarios a El Paso del Norte para buscar la paz. Además, los bedonkohes y chihennes de Caballo Ligero, Cuchillo Negro y Fuerte autorizaron a los dos líderes nednais a hablar por ellos).
* A finales de septiembre de 1834, el gobernador de Sonora, Manuel Escalante y Arvizu, dirige
en persona una expedición de 402 hombres para atacar las rancherías apaches que pudiera encontrar. (Descrito como un “hombre audaz y aventurero”, decidió ceder sus funciones administrativas al vicegobernador Ignacio Bustamante y tomar personalmente el mando de lo que esperaba que fuera un ataque decisivo contra los chiricahuas. El destacamento se componía de caballería e infantería, con dos oficiales que tendrían gran importancia en las relaciones de los mexicanos con los chiricahuas en el futuro, Antonio Pascual Narbona y José Ignacio Terán y Tato, y varios guías ópatas y siete apaches de Tucson y Tubac
Guiados por varios ópatas y siete apaches “mansos” de Tucson y Tubac, establecieron su primer campamento base en la Hacienda Elías, en el río Babocomari, que años más tarde se convertiría en el emplazamiento de Camp Wallen, un fuerte estadounidense de Arizona establecido el 9 de mayo de 1866.
El 15 de octubre llegaron al entonces llamado Puerto del Dado [Apache Pass, Cochise County, Arizona]. Allí los ópatas se negaron a continuar, a pesar de que el gobernador amenazó con ejecutarlos, por lo que desertaron. Por el camino habían encontrado 13 rancherías abandonadas [tres en las Chiricahua Mountains; tres en Apache Pass, una de ellas cerca de los manantiales; y el resto cerca del cañón].
Escalante y Arvizu envió a la mayor parte de sus soldados, más de 300, tras el rastro. El 24 de octubre de 1834, en las estribaciones de la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], probablemente al norte del lugar donde Ronquillo había luchado dos años y medio antes contra los chiricahuas, las fuerzas mexicanas lograron sorprender a un pequeño grupo de guerreros, dirigido por Vívora y Tutijé, que venía de incursionar por Chihuahua. Después de un breve, pero duro enfrentamiento, mataron a dos guerreros y capturaron a Tutijé junto a varios caballos ensillados. Al día siguiente, los mexicanos se dieron por satisfechos y emprendieron el regreso.
En lugar de retener al jefe como rehén para asegurar la paz o canjearlo por cautivos mexicanos, Escalante optó por llevárselo a Arizpe [Sonora] donde Tutijé fue exhibido en un desfile por las calles de la ciudad antes de morir ahorcado. Escalante se dirigió así a los ciudadanos de Arizpe el 22 de noviembre de 1834: “… que con los castigos que han sufrido los apaches en nuestras diversas correrías, y principalmente por el triunfo obtenido por la campaña de voluntarios sobre el principal caudillo de aquellos, memorable Tutijé, que en esta capital fue pasado por las armas, debe rebajarse notablemente el orgullo de esos enemigos, reconcentrados en el día a las remotas regiones del norte, a donde se ha dirigido en su persecución una campaña…”.
Lejos de impresionar o amedrentar a los apaches, dicho acto produjo el efecto contrario y estos, enfurecidos, intensificaron sus incursiones. Además del ejército regular y la milicia de ciudadanos, se contrató el servicio de cazadores de recompensas estadounidenses y mexicanos. También hubo casos de apaches que murieron a consecuencia de raciones envenenadas con arsénico que recibieron de los mexicanos. Los apaches respondieron con mayor saña que nunca contra sus enemigos, muchos de los cuales sucumbieron con una muerte lenta a manos de sus torturadores. Ahora bien, también era una práctica de los apaches exigir un rescate por sus cautivos o bien canjearlos por aquellos de los suyos que se hallaban en manos mexicanas).
* En octubre de 1834, los apaches atacan dos veces el pueblo de Cusigüiriachi (Chihuahua),
quedando prácticamente despoblado.
* En octubre de 1834, Stephen Courcier, patrón de James Kirker (este último trampero, comerciante y aventurero que proporcionaba seguridad a las minas) contribuye con 50.000 $ a un fondo de guerra en Ciudad de Chihuahua para luchar contra nativos “hostiles”. (A ellos se sumaron otros dos ciudadanos de esa ciudad, Mariano Orcasitas y Juan Álvarez, contribuyendo con otros 50.000 $ cada uno. Los mexicanos conocían a Courcier como Esteban Curcier, estadounidense de ascendencia francesa, que tenía el monopolio del cobre en Santa Rita del Cobre [Grant County, New Mexico] y fijaba los precios del metal a su antojo).
* El 7 de octubre de 1834, el gobernador de Chihuahua y Nuevo México, José Joaquín Calvo, recibe facultades extraordinarias para realizar la guerra a los apaches. (El 14 de octubre de 1834, el “Periódico Oficial” del estado de Chihuahua, publicaba que los chihuahuenses, en su lucha contra los apaches, se verían obligados a pedir ayuda a otra nación, si la Federación no lo hace).
* El 21 de octubre de 1834, el periódico “El Fanal de Chihuahua” denuncia que algunas partidas apaches utilizan fusiles modernos, superior a las viejas carabinas y mosquetones de los soldados mexicanos, y así, su editorial, dice: “… Todas son carabinas muy buenas: sabemos igualmente que rompen las que llegan a quitar a los nuestros en señal de desprecio y porque no las necesitan. Nadie ignora que los referidos apaches son incapaces de fabricarlas y para decirlo de una vez que se habilitan de ellas, así como también de pólvora con los extranjeros”.
* A primeros de noviembre de 1834, 26 líderes apaches negocian la paz en El Paso del Norte (Ciudad Juárez, Chihuahua), estando dispuestos a devolver cautivos y animales robados a los mexicanos. (No está claro el motivo del cambio de opinión, pero puede ser debido a sus últimas derrotas, decidiendo firmar una tregua de cara al invierno.
Los jefes eran Fuerte [Mangas Coloradas], Caballo Ligero e Itán por los chihennes; Mano Mocha, Teboca y Pluma por los bedonkohes; Tapilá por los chokonen; Juan José Compá, Juan Diego Compá, Jasquedegá y Cigarrito por los nednais; junto a varios jefes mescaleros. El portavoz era Jasquedegá, de 60 años, quien llegó al frente de 15 apaches a primeros de noviembre para empezar las negociaciones. Tuvo varias negociaciones con el capitán Ronquillo, quien utilizó medios no convencionales para obligar a los chiricahuas a hacer la paz. Una vez que terminaron las conversaciones, ordenó detener al grupo de Jasquedegá, encerrándolos en el calabozo.
Pero Sonora era otra cosa. Fuerte y Pisago Cabezón, al que acompañaba un joven guerrero llamado Chis [Cochise?] querían venganza por la ejecución de Tutijé. Además, el encarcelamiento en Chihuahua del grupo de Jasquedegá, lo empeoró todo. Un chiricahua, hablando con el antropólogo Morris Edward Opler, le explicó los principios generales de la venganza chiricahua: “… van tras cualquier cosa, un escuadrón de caballería, una población. Si están enojados, luchando, se desquitarán”. El grupo partidario de la paz tenía en Juan José Compá su principal portavoz, pero no necesariamente era el líder. Querían negociar con el capitán Ronquillo para obtener la liberación de Jasquedegá, después de lo cual volverían voluntariamente a vivir junto al viejo presidio.
Debido a que contaban con Juan José Compá, un líder chiricahua con quien podían dialogar, y que sinceramente prefería la paz a la guerra, las autoridades mexicanas intentaron convertirlo en algo que no era: un gran jefe. Nunca tuvo muchos seguidores. Su hermano Juan Diego Compá siguió siendo el jefe del grupo local de los janeros nednais. Sin embargo, Juan José Compá parece que fue un hombre sincero que intentaba servir a dos amos: a los suyos, que a veces desconfiaba de él debido a sus estrechas relaciones con los mexicanos; y a las autoridades, funcionarios y amigos mexicanos, quienes no olvidaban que era apache. Un historiador lo calificó de “intermediario de información”. Los apaches del siglo XIX y los funcionarios mexicanos bien informados coincidieron con esta valoración. El coronel Cayetano Justiniani declaró que los chiricahuas “no lo respetaban ni le prestaban atención, salvo en las conferencias [con los mexicanos] donde tenía que hablar con los caciques”.
No se sabe cómo diferenciaban los mexicanos entre apaches gileños o mimbreños y mescaleros. A
veces agrupaban a los gileños o mimbreños juntos; otras a los gileños los llamaban mogolloneros. El área geográfica de residencia estaba solo vagamente adjudicada a hombres como los chokonen Pisago Cabezón y Tapilá, que al parecer vivían lejos, hacia el oeste, a lo largo del río Gila, definiéndoles como mimbreños; mientras que a otros, Fuerte [Mangas Coloradas] y Mano Mocha [bedonkohe] les llamaban gileños. Juan José y Juan Diego Compá eran hermanos, pero fueron asignados a diferentes grupos, aunque eran nednais. Esto probablemente era por la costumbre apache de vivir con el grupo de la esposa [la residencia matrilocal posmarital].
Diez de los jefes apaches presentes en las conversaciones de paz son citados como gileños:
Juan José Compá [nednai, el jefe principal durante los dos últimos años]; Chino [chokonen, apodo probablemente por los rizos de su pelo; probablemente, el mismo que había estado alrededor de Janos desde 1800 y líder importante en la década de 1840]; Cigarrito [citado a veces como mimbreño, pero era nednai; mencionado por primera vez en El Carrizal en 1817, operaba generalmente al este de Janos desde El Paso hasta El Carrizal y Encinillas. Estuvo con los apaches pacíficos en Janos en 1857]; Fuerte [Mangas Coloradas, citado como jefe importante dos años antes, estando en la zona desde 1814]; Handi [probablemente una variante o error de imprenta de Itán, Itana, Itane e Itandi, mencionado por primera vez en ese tratado; un jefe chihenne importante hasta 1852]; Manco [con una sola mano] no se le mencionó más; Mano Mocha [bedonkohe, en la zona desde hace más de 20 años, fue citado en el tratado por última vez]; Pluma [bedonkohe, que había estado por los alrededores de Janos desde 1816, desaparecería totalmente en 1836]; Ronquillo [nednai, estuvo en Janos en 1818, comenzando a adquirir importancia a partir de ese momento. Estaba a menudo aliado con rancherías al este de Janos y, en la década de 1850, vivió en El Carrizal]; y Teboca [Tevoca], líder bedonkohe relevante en el río Gila de 1833 a 1850; de vez en cuando estaba en Janos, permaneciendo a menudo en el noreste de Sonora.
Diez de los jefes apaches presentes en las conversaciones de paz son citados como
mimbreños: Caballo Ligero [chihenne, jefe muy conocido en la zona de los ríos Gila, Santa Rita y Mimbres, desde 1833 hasta 1836]; Chirimi [nednai, habitual en Janos desde 1815; desapareció de los registros en 1836]; Juan Diego Compá [nednai, residente durante mucho tiempo en Janos, fue citado, relativamente pocas veces, durante estos años]; Cristóbal [nednai, posiblemente hijo de Cigarrito, citado anteriormente como gileño; estaba en la zona desde 1832 en El Carrizal, operando desde El Paso hasta el distrito de Encinillas. Se tuvo noticias de él la última vez, en diciembre de 1845]; Francisquillo [nednai, comenzó a ser importante en este momento en el área del río Mimbres, en Janos y Galeana hasta 1849]; Manuel de San Buenaventura [es sin duda el chokonen Manuel que se convirtió en jefe de los gileños en la década de 1840]; Pisago Cabezón [chokonen, fue citado hasta mediados de 1843]; Sidé [chokonen, que había estado presente desde 1800, desaparecería de los registros en 1838]; Tapilá [chokonen, estuvo regularmente en Janos de 1818 a 1828, volviendo un par de veces en 1843; importante líder en el noreste de Sonora hasta 1850]; y Vicente de Namiquipa [apache de notable importancia en Janos y Galeana desde 1834 a 1846].
Fuerte fue escasamente mencionado en los informes mexicanos durante 1834. Por contra, Pisago Cabezón protagonizó los informes sonorenses por encima de cualquier otro apache, probablemente porque tenía más influencia que cualquier otro líder chiricahua.
Seis de los jefes apaches firmantes del tratado de paz son citados como mescaleros: Funcionarios mexicanos pueden haber considerado a algunos de estos mescaleros como mimbreños o mogolloneros en otros momentos y en otros contextos. Costilla [era, al parecer, un hombre diferente del citado en Janos en 1812 y su última residencia allí fue en 1843]; Muchacho [es, tal vez, el que se menciona entre 1834 y 1836, residente en el río Mimbres]; Matías [está claro que no es el conocido Matías de Sonora]; Estrella [fue citado de 1834 a 1836 en el área de El Paso, y una vez en la Sierra de la Florida [Florida Mountains, Luna County, New Mexico]; y Vueltas [jefe mescalero prominente que iba desde El Paso hasta las montañas de Sacramento {Sacramento Mountains, Otero County, New Mexico} desde 1834 hasta mediados de 1845].
Muchos apaches no fueron mencionados en este tratado de paz, al contrario que en las negociaciones de julio de 1832, en las que Albino, Antonino, Cantador, Chato, Feroz, Joaquín, Lamedas, Mayá, Oyá, Pegá y Selgas fueron mencionados como jefes aunque, quizá, solo eran jefes de guerra y no jefes permanentes. No obstante, la ausencia de Feroz, que estuvo en Janos desde 1800, podía significar que ya no era un líder importante, tal vez debido a su edad o a su muerte, ya que no fue mencionado después de 1832. De los otros, Albino había estado en Janos a partir de 1826; Chato, citado en 1832, se convertiría en un importante jefe durante la próxima década; y Selgas, en Janos desde 1812, no fue conocido como jefe hasta 1832; Antonino, Cantador, Joaquín, Lamedas y Pegá fueron mencionados solo en 1832; y Oyá solo en 1832 y 1833. ¿Por qué el nednai Jasquedegá y el chihenne Cuchillo Negro no participaron en el tratado de paz de noviembre? Jasquedegá era un líder relevante durante estos años, y hasta el final de la próxima década. Cuchillo Negro era también un jefe conocido y, si es el mismo, citado en la zona del río Gila en la década de 1820, en El Paso, después de 1834, una vez en Janos, en febrero de 1843 y de nuevo en 1857).
* A finales de 1834, solo en Chihuahua se habían registrado cerca de 200 acciones con
los apaches, ya sean ataques, robos de ganado, secuestros de personas o encuentros militares, como por ejemplo, los realizados a Encinillas, El Sáuz, San Pedro de los Conchos o San Diego, donde se llevaron cautivos a tres mujeres y a dos jóvenes.
* El 3 de diciembre de 1834, el periódico “El Fanal de Chihuahua” amenaza a la Federación con romper vínculos si no les ayuda contra los apaches.
* El 15 de diciembre de 1834, el comandante José Ronquillo recibe en El Paso del Norte (Ciudad Juárez, Chihuahua) seis “documentos” del nednai Juan José Compá que está en la Sierra de la Negrita (?) invitándolo a conferenciar allí con los apaches. (Juan José Compá continuó siendo interlocutor entre los mexicanos y las rancherías de apaches “hostiles”).
* El 19 de diciembre de 1834, se decreta pena de muerte al miliciano que huya frente a los apaches.
1835
* A partir de 1835, la población anglosajona incrementa su presencia en territorio apache, aumentando el intercambio, especialmente de reses robadas por armas de fuego y pólvora. (La escasez de caballos dificultó el servicio de los correos mexicanos, impidiendo el flujo de mensajes entre Janos [Chihuahua] y Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Los mensajeros tuvieron que viajar a caballo en grupos de 15 o 20, ya que individualmente, o en grupos pequeños, era muy arriesgado. Al interceptar las cartas, los apaches estuvieron al tanto de las acciones e intenciones de los mexicanos [el nednai Juan José Compá sabía leer, y otras rancherías tenían cautivos mexicanos que traducían las cartas].
A finales de enero de 1835, Juan José Compá llegó a Santa Rita del Cobre con un grupo para negociar la paz. A Santa Rita llegaron también 50 soldados mexicanos de refuerzo, junto a dos ingenieros con planes para construir un presidio. Muchos civiles, aunque poco dispuestos a combatir, se convirtieron en soldadosdebido a su pobreza, a pesar de tener que salir de campaña escasos de suministros y equipos.
Juan José Compá se reunió otra vez con funcionarios mexicanos. Regresó a Santa Rita del Cobre el 12 de febrero, con otros 16 líderes apaches para entablar negociaciones de paz. Los militares y los funcionarios civiles mexicanos, y el administrador de la mina de Santa Rita, Robert McKnight, fueron a su encuentro, reuniéndose con el coronel Cayetano Justiniani, un oficial con vasta experiencia en el trato con los apaches.
Durante las negociaciones, los apaches y los mexicanos desconfiaban los unos
de los otros, rechazando mutuamente las demandas planteadas. Severiano, un apache pacífico de El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua], tuvo un papel importante en la negociación, viajando varias veces a los campamentos apaches.
Al final, los apaches aceptaron algunas condiciones tales como dedicarse a la agricultura, pero se plantaron cuando Justiniani exigió que entregaran el ganado robado. Al no poder obligarles a hacerlo, Justiniani eliminó ese requisito, porque esos animales [muy pocos, según los apaches] eran botín de guerra, adquirido legítimamente en lucha contra sus enemigos y les pertenecía por derecho. Estaban dispuestos a “sacrificarse ellos y sus familias en la guerra antes que entregar lo que habían adquirido en la batalla”.
El informe de Justiniani reflejaba su comprensión pragmática de los apaches, quienes no solo aceptaron los términos, sino que incluso se comprometieron a ayudarlo a combatir a los comanches. Justiniani comprendió que se necesitaría “una fuerza de 800 hombres bien montados y provistos para cuatro meses” para obligar a la devolución del ganado robado. Los mexicanos estaban encantados con que los apaches no pidieran raciones. A excepción de la indemnización a los propietarios del ganado robado, ahora se ahorrarían los enormes gastos generados con el sistema de los establecimientos de paz de antaño.
Justiniani también reconoció la diversidad política entre los chiricahuas, pues al menos tres de sus bandas [los chokonen de Pisago Cabezón; la banda mixta de bedonkohes y chihennes de Mangas Coloradas; y todos los demás bedonkohes] estaban en contra de firmar la paz debido a la ejecución de Tutijé. Consciente de que esta inestabilidad jamás permitiría una paz permanente, abordó el tema con Juan José Compá. El líder nednai, que tenía poca influencia fuera de su grupo local, admitió que no podía hablar en nombre de quienes habían boicoteado las conversaciones. Justiniani recalcó que Chihuahua no firmaría la paz a menos que quienes lo firmaran, aceptaran unirse a los mexicanos contra los “hostiles”. Finalmente, tras una larga conferencia, los chiricahuas acordaron declarar la guerra a cualquiera de su gente que se negara a firmar la paz. Sin embargo, Juan José Compá, convenció a Justiniani de que le diera una última oportunidad para atraer a Pisago Cabezón y a Mangas Coloradas, y que si estos seguían negándose a firmar la paz, ayudaría a las tropas mexicanas a luchar contra ellos.
Esto, por supuesto, no era más que palabrería. Si la situación se hubiera complicado, Juan José Compá
y los chiricahuas obligados por el tratado, es difícil de creer que habrían luchado contra los seguidores de Pisago Cabezón y Mangas Coloradas.
Juan José Compá, al que los mexicanos llamaban “General”, tenía poca influencia entre los jefes chiricahuas al ser, simplemente, líder de una pequeña banda, aunque hacía de intermediario al ser bilingüe y saber leer y escribir. Mientras se desarrollaban las negociaciones, Juan José Compá mencionó que una partida chokonen había dejado el río San Francisco [afluente del Gila] para incursionar por Sonora, dirigida por Chees o Chis [Cochise]. Al no estar presentes los chokonen Pisago Cabezón y Vívora [quienes podían estar con Cochise]; los bedonkohes Mano Mocha y Teboca; y Fuerte [Mangas Coloradas, bedonkohe-chihenne], el acuerdo de paz era, en la práctica, imposible.
A pesar de todo, el 31 de marzo de 1835, Juan José Compá y los 16 jefes apaches, que representaban a cuatro bandas chiricahuas, ratificaron el tratado ante las autoridades de Chihuahua, reeditando las disposiciones del Reglamento de 1791 de la época colonial para el gobierno de los establecimientos de paz, añadiendo disposiciones propias:
1. Se prohíbe a los ciudadanos mexicanos comprar ganado robado a los apaches, quienes se quedarán con él por las raciones que no van a recibir.
2. Los mexicanos no podrán vender armas, pólvora y bebidas alcohólicas a los apaches, o jugar a las cartas con ellos.
3. Los ciudadanos mexicanos no podrán viajar sin permiso a territorio apache.
4. Los extranjeros no podrán entrar en territorio apache.
5. Los apaches no podrán trasladarse al interior de Chihuahua sin permiso previo del comandante general. Si lo hicieran será considerado un acto de guerra y tratado en consecuencia.
Si bien no conocemos una lista de los líderes que firmaron la paz, se puede suponer quienes estaban presentes. Dos meses después, los mexicanos realizaron un censo de apaches en Santa Rita del Cobre, y este recuento, junto con una carta dirigida a las autoridades de Sonora que identifica a los que se negaron a firmar la paz, permite especular sobre quiénes fueron los líderes de la facción moderada que firmaron:
Por los nednais: Juan José Compá, su hermano Juan Diego Compá, Francisquillo y Cigarrito.
Por los chihennes: Itán, Cuchillo Negro, Caballo Ligero, Boca Matada y/o Geta Matada [puede que sean la misma persona].
Por los chokonen: Reyes, Sidé, Matías y Tapilá.
Por los bedonkohes: Mano Mocha.
Sorprende la firma de ese tratado por parte de Tapilá y Mano Mocha, normalmente alineados con los líderes más “hostiles”, a no ser que actuaran como “los ojos y los oídos” de Pisago Cabezón y de Mangas Coloradas, dos de los 12 jefes chiricahuas que rehusaron firmar el acuerdo por la muerte de Tutijé.
Justiniani tenía otro asunto importante que tratar: la participación de Sonora en el armisticio. Por consiguiente, envió a Matías, el antiguo líder chokonen que había vivido en Fronteras años atrás, a Ures [Sonora]. Sin embargo, Sonora no estaba dispuesta a discutir una tregua y se negó a reconocer el tratado de Chihuahua. José María Elías González e Ignacio Bustamante se burlaron de la idea de hacer la paz. Con tales obstáculos y la disensión constante entre los chiricahuas, no era de extrañar que la paz de 1835 estuviera destinada a ser efímera a pesar de los esfuerzos de Juan José Compá y el coronel Cayetano Justiniani.
Mientras tanto, durante la primavera y el verano de 1835, Juan José Compá intentó persuadir, sin éxito,
a Pisago Cabezón y Mangas Coloradas para que se unieran al tratado.Las incursiones apaches continuaron al mismo nivel que en años anteriores, al menos en Sonora.
En abril de 1835, una banda chiricahua incursionó en Saguripa [Sahuaripa, Sonora] matando a Blas Medrano, jefe de los ópatas, aliados de los mexicanos contra los apaches. Los días 2, 4 y 22 de abril, se produjeron varias incursiones apaches en Santa Clara, en el camino de Agua Zarca que unía ese lugar con Namiquipa [Chihuahua]. En Los Charcos de Santa Clara se enfrentaron 30 apaches y seis mexicanos; en Agua Zarca, un número desconocido de apaches mató a un hombre llevándose cuatro reses. En el pueblo de Namiquipa hubo igualmente un enfrentamiento, pero se desconocen los detalles del mismo. Los apaches se refugiaron en la Sierra de Agua Zarca.
Los asaltantes incluso atacaron asentamientos en Chihuahua, quizás porque la facción “hostil” deseaba socavar el tratado. Un incidente, sin determinar, tuvo lugar el 9 de abril en la Hacienda de Rubio [municipio de Bachíniva, Chihuahua]. Unos chiricahuas atacaron el “Rancho Ruiz”, cerca de Casas Grandes, donde mataron al capitán Francisco Vallés y a cinco milicianos. Luego, fueron a El Carmen [municipio de Buenaventura, Chihuahua] donde mataron a tres personas más. En el resto del mes de abril llegaron más noticias de la presencia de apaches, sin que hubiera más robos ni muertes.
El 10 de mayo, más de 100 guerreros asaltaron la Hacienda de la Boca, cerca de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua], llevándose 270 animales, entre sementales, yeguas, potros, mulas y burros, pertenecientes a Tomás Carbajal. También asaltaron a un vaquero y a un sirviente, robándoles sus armas. Cuando un guerrero iba a matar con su lanza al sirviente, el jefe [con un traje rojo, un collar de fina plata, y montando una silla con adornos de plata] le gritó: “¡No lo mates, con el golpe es suficiente! ¡Coge su camisa y vámonos!”. Aunque un informe alegó que ese jefe era Juan José Compá, él lo negó. Justiniani apoyó la versión de Juan José Compá, culpando a Fuerte y a Pisago Cabezón. Un informe proveniente de Sonora afirmó que Pisago Cabezón había enviado grupos para incursionar contra ese estado y los navajos de Nuevo México.
También, un cautivo liberado relató que los chiricahuas no querían ningún tratado de paz por el encarcelamiento del grupo de Jasquedegá en Paso del Norte; y que habían jurado vengarse de Chihuahua; que ya tenían a los mexicanos “en las puntas de sus lanzas”. Los mexicanos temían que los apaches atacaran Santa Rita del Cobre, por lo que el capitán Guillermo Dryden fue enviado allí con 40 soldados de infantería como refuerzo. Sin embargo, el comandante de Santa Rita, Cayetano Justiniani, no pudo determinar qué rancherías eran las culpables.
Juan José Compá había sido nombrado “capitancillo” de los apaches pacíficos, con un sueldo de 20 pesos al mes desde el 1 de abril de 1835, dado por el coronel Cayetano Justiniani. El nuevo tratado no tuvo un efecto notable en las relaciones entre los mexicanos y otros apaches con los que no existían acuerdos, ni con anglosajones cada vez más presentes en la zona.
Un soldado mexicano llamado Pedro Betancourt, destinado en Santa Rita, dijo a Juan José Compá que las autoridades mexicanas consideraban “muertos” los tratados de paz; que iban a durar solo tres meses, tiempo suficiente para que los apaches les ayudaran a luchar contra los comanches; planeando después enviar 1.600 soldados contra ellos. Inmediatamente, Juan José Compá contrastó esta información con el comandante Cayetano Justiniani y con Robert McKnight, propietario de la mina. Al ser interrogado, el soldado admitió haberlo dicho, pero únicamente para responder a Juan José Compá, que había amenazado con atacar Santa Rita.
En una carta a José Joaquín Calvo, comandante general de Chihuahua, Juan José Compá protestó por dos prohibiciones impuestas a los apaches, la venta de pólvora, el principal recurso para cazar y poder mantenerse por sí mismos; y la venta de cartas de juego, porque necesitaban hacer algo en sus ratos libres. Prometió que no jugarían a juegos prohibidos [juego de albur ni juego de montes], pidiendo que esas prohibiciones se modificasen para adaptarlas a las circunstancias.
El 19 de mayo de 1835, Ignacio Bustamante, vicegobernador del estado de Sonora, envió una carta al Secretario de Estado y del despacho de Guerra y Marina, en la que afirmaba que: “… la única política hacia los grupos apaches debía ser la guerra”. Ante las intenciones del comandante general de Sonora y Sinaloa, coronel Ignacio de Mora, de enviar emisarios de paz a la Apachería, Bustamante señaló que: “… implorar la paz a los bárbaros [apaches] sería humillante, no produciría otros resultados que alentar más la audacia de este feroz enemigo, convencerlo de nuestra impotencia para refrenar su criminal osadía, perder en el interior un tiempo precioso de lograr el mismo objeto después de un severo escarmiento”.
Ignacio de Mora planteaba buscar una tregua con los grupos apaches porque su nombramiento era para consolidar la paz en Sonora y Sinaloa y que para lograr dicho fin era necesario “… hacer la guerra a los bárbaros o consolidar la paz con ellos”. Bustamante alzó la voz en contra “exponiendo que no se trataba de un pueblo organizado para discutir de igual a igual, sino de un pueblo salvaje que no tenía ningunos principios”.
Bustamante reprochó a Mora “… que si conociera el escenario estatal de la guerra contra los apaches, habría obtenido los conocimientos prácticos y medios eficaces para alcanzar una paz duradera”. Por el contrario, subrayó “… sin experiencia alguna en el modo en que deben ser tratados estos bárbaros que tanto difieren de los demás enemigos, quiere dictar órdenes a 300 leguas [1.448 km] de distancia”. Bustamante concluía que “… en Sonora no hay tropas, no hay armamento, no hay recursos pecuniarios, no hay caballos, no hay monturas, no existe uno solo de los elementos necesarios para una regular defensa”.
El 2 de junio de 1835, el comandante general de Sonora, José María Elías González, se opuso a su homólogo de Chihuahua por el tratado de paz del 31 de marzo con los apaches. Bandas apaches habían incursionado por las comunidades fronterizas de Sonora, robando y matando; no apoyando el tratado que los apaches habían firmado con Chihuahua. Los ciudadanos de Sonora exigieron vengarse, por lo que se hicieron planes para hacer una campaña contra ellos.
El comandante general de Chihuahua, José Joaquín Calvo, trató de parar la campaña de Sonora. Era cierto que, justo antes de la ratificación definitiva del tratado de paz, una banda apache había entrado en Sonora para atacar, pero ahora la mayoría de los apaches estaban en paz. Habían devuelto cautivos y dado muchas otras pruebas de lealtad. Mientras la mayoría de los apaches cumplieran los términos del tratado, no debía hacerse la guerra.
De todos modos, el estado de Sonora realizó una campaña contra los chiricahuas. El 12 de junio de 1835, un destacamento de 402 hombres al mando del capitán Antonio Comaduran, un veterano de la frontera norte de Sonora con amplia experiencia con los Western Apaches, partió de Fronteras en una expedición de reconocimiento hacia Arizona. Sin embargo, los chokonen de Pisago Cabezón eludieron fácilmente a las tropas huyendo a las montañas, por lo que los soldados regresaron con las manos vacías. Elías González, normalmente un hombre sereno, tenía grandes esperanzas puestas en el éxito de la campaña. A su regreso, montó en cólera. Por si acaso,Juan José Compá y otros jefes que estaaban cderca de Santa Rita del Cobre, huyeron de la zona para evitar cualquier enfrentamiento con los soldados de Sonora.
Al mismo tiempo, las autoridades de Chihuahua mostraron cautela en el manejo de algún caso por robo, por ejemplo cuando detuvieron a un apache llamado Pintado; que aunque había robado después de firmarse el tratado, decretaron que él no estaba obligado por ningún acuerdo, que se había entregado voluntariamente y porque Juan José Compá había suplicado clemencia en su nombre. También puede que los funcionarios reconocieran el impacto negativo que un castigo podría causar en otros apaches, por lo que decidieron exonerarlo].
Para complicar el panorama, muchos estadounidenses llegaron al territorio, algunos como tramperos, pero otros para comerciar, estimulando el mercado de mercancías, intercambiando principalmente ganado robado por pólvora. Esto debilitó el control de los mexicanos en la región.
El papel de Juan José Compá tuvo su importancia. Sin los lazos con los mexicanos podría haber sido solo un jefe menor, aunque no se dispone mucha información sobre la composición de su ranchería. Al parecer, no disfrutó de gran reputación como guerrero, ni se tiene noticias de que poseyera lo que los chiricahuas llamaban “poder”. Su principal mérito es que era bilingüe, y que había montado una red de comunicación entre los mexicanos y los apaches. Tenía gran libertad para actuar como agente de información y podía controlar la cantidad y el momento de la información que iba de los mexicanos a los apaches y viceversa. Lo que no está claro para todos es, en qué medida lo hizo. Funcionarios de Chihuahua no confiaban mucho en la autoridad que tenía entre los apaches.
El gobernador de Chihuahua ordenó al capitán Ronquillo liberar al grupo de Jasquedegá, preso en El Paso del Norte durante siete meses. También Justiniani recibió la orden de liberar a los apaches cautivos en Santa Rita del Cobre. Si bien esta acción apaciguó al grupo local carrizaleño nednai, para la mayoría de los chiricahuas fue demasiado tarde).
* El 29 de mayo de 1835, el gobierno mexicano aprueba una solicitud del jefe apache lipán Cuelgas de Castro para instalarse con 100 familias en Carricitos ([municipio de Zaragoza, Coahuila]. El documento, redactado por Francisco Fernández, se guardaría en los Archivos de Laredo [Webb County, Texas] y la transacción de tierras sería documentada por el topógrafo Luis Berlandier. Parece ser que Cuelgas de Castro y Pocarropa iban a recibir tierras por su lealtad al Imperio mexicano)
* El 3 de junio de 1835, se produce una gran incursión comanche por las cercanías de Parral (Hidalgo del Parral, Chihuahua) como colofón a las realizadas a finales del año anterior, por lo que varias bandas apaches dejan de incursionar en Chihuahua para no tener que enfrentarse a los comanches y a los mexicanos a la vez. (Los mexicanos clasificaban a los apaches de una forma que no siempre se correspondía con la realidad.
Gileños: Juan José Compá [nednai], Fuerte [Mangas Coloradas, chihenne], Haní, Ronquillo [nednai], Cigarrito [nednai], Tevira, Manco, Chino, Mano Mocha [bedonkohe] y Pluma [bedonkohe].
Mimbreños: Caballo Ligero [chihenne], Pisago Cabezón [chokonen], Chirimi [nednai], Tapilá [chokonen], Cristóbal [nednai], Vicente de Namiquipa, Francisquillo [nednai], Manuel de San Buenaventura, Cidé [Sidé, chokonen] y Juan Diego Compá [nednai].
Mescaleros: Vueltas, el Carabinero, el Muchacho, Matías [chokonen], Costilla [chokonen] y Estrella.
A pesar de eso, una banda de apaches asaltó la población de El Socorro [municipio de Chihuahua, Chihuahua], matando a 33 personas, según informó Blas Hinojos, comandante de esa región).
* También el 3 de junio de 1835, una banda apache ataca la Hacienda de Las Ánimas (Hidalgo del Parral, Chihuahua) matando a seis personas, hiriendo a 17 y llevándose cautivas a 22 mujeres después de quemar todas las casas.
* El 4 de junio de 1835, el alférez Francisco Horcasitas es detenido para ser juzgado
por haber vendido un barril de aguardiente al jefe apache José Doporto Pescas en El Paso del Norte (Ciudad Juárez, Chihuahua), lo que estaba terminantemente prohibido.
* A finales de junio de 1835, el jefe nednai Francisquillo (llamado por los mexicanos “capitán de los apaches”) entrega 10 caballos y un burro al comandante de Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) Cayetano Justiniani, diciendo que los había recuperado de un apache que había pasado cerca de su ranchería, ubicada al oeste de la localidad. (Se comprobó que los animales pertenecían a ciudadanos de Casas Grandes y Janos [los dos en Chihuahua]).
* El 10 de julio de 1835, el gobierno de Sonora concede “… a los apaches del establecimiento de Tucson [Pima County, Arizona] el terreno necesario para la fundación de un pueblo para su residencia”. (El decreto señalaba el rancho de Sonoyta como el lugar designado para ello. Probablemente, la concesión no trajo los resultados esperados, pues dos meses después, un decreto les declaraba la guerra, al designarlos “enemigos comunes del estado” y se establecieron castigos y premios para los vecinos, en materia de lucha con los apaches.
Durante el verano de 1835, los chokonen están en las montañas San Francisco [San Francisco Mountains, Catron County, New Mexico] y por el territorio del río Gila [sur de Arizona y de New Mexico]. Ese verano, Pisago Cabezón y Fuerte [Mangas Coloradas] se vengaron. Pisago Cabezón, aliado con los coyoteros White Mountain, asaltó el norte de México. Comerciantes angloamericanos, liderados por James Kirker, se beneficiaron de ello, comerciando con los apaches en el río Mimbres. A cambio de pólvora y balas, los chiricahuas entregaron las mulas que habían robado recientemente en Sonora.
En julio, una banda robó la mayoría de los caballos de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua], y al mes siguiente, incursionó por Fronteras [Sonora], Casas Grandes [Chihuahua], Ramos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua], y Janos [Chihuahua], matando a varias personas y robando gran cantidad de ganado. Juan José Compá intentó distanciarse de estos ataques, pero se vio envuelto en medio del conflicto entre los chiricahuas y las autoridades mexicanas, que esperaban que controlara a los incursores. Sin embargo, los “hostiles” no prestaron atención a sus quejas, por lo que tuvo que admitir que no podía controlar las actividades de quienes vivían en la Sierra de Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico] y el río Gila.Sin embargo, envió dos mensajeros a Pisago Cabezón, quien abiertamente admitió que sus guerreros habían incursionado por Sonora, dirigidos por Nantanilla, el principal líder de los White Mountain.
El 30 de agosto de 1835, un grupo de apaches se presentó en el arroyo de Calabazas y en la Sierra de San Miguel, ubicados ambos unos 5 km hacia el oeste del pueblo de Namiquipa [Chihuahua]. En el arroyo de Calabazas, que aún se conoce con ese nombre, al parecer había un rancho o estancia ganadera. Allí perdió la vida un mexicano que luchó contra cuatro apaches que resultaron ilesos, pero no lograron llevarse ninguna res.
Finalmente, admitiendo que traer a Pisago Cabezón o Mangas Coloradas era una causa perdida, sugirió a los mexicanos que estacionaran tropas en la Sierra de la Florida [Florida Mountains, Luna County, New Mexico], al sur del actual Deming; y en la Sierra de Chiricahua [Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona], para estar a lo largo de las principales rutas incursoras y poder tener una oportunidad de interceptarlas.
El 7 de septiembre de 1835, Manuel Escalante y Arvizu, gobernador de Sonora, estableció un
decreto que daba recompensas por cabelleras apaches, ofreciendo 100 pesos por cada una perteneciente a un guerrero mayor de 14 años; y que las mujeres y niños que fueran capturados, fueran deportados o colocados como sirvientes en familias mexicanas.Los cazadores de cabelleras podían conservar el botín que consiguieran. Asimismo, se estipulaba que “… siendo los apaches enemigos comunes del Estado, todos los pueblos quedaban facultados para perseguirlos como a fieras sanguinarias que cruelmente lo devoran […] Deseando el Ejecutivo, el exterminio del enemigo apache” se le declaraba la guerra y lo señalaba como enemigo de la sociedad sonorense; castigaba la deserción de los soldados que les persiguieran y la apatía e indiferencia de los vecinos; estipulaba que el ganado recuperado se subastaría para comprar parque y que cualquier sonorense que favoreciera directa o indirectamente las incursiones sería considerado como enemigo y castigado.
El gobierno y el Congreso de Sonora inauguraron así lo que personas críticas contemporáneas llamaron “la vil industria de vender cabelleras” y una nueva etapa en las relaciones entre los apaches y los mexicanos, caracterizada por masacres y odio mutuos. Las recompensas por cabelleras provocaron víctimas de hombres, mujeres y niños apaches, pero también de otros pueblos nativos, e incluso de mexicanos, motivadas por la codicia de mercenarios, principalmente anglosajones ayudados por nativos del este. Estos grupos desarrollaron tácticas para cazar apaches, evitando las confrontaciones de frente de las que difícilmente podrían salir victoriosos. Por ejemplo, sorprendían una ranchería mientras sus miembros estaban durmiendo, los emboscaban o atraían con engaños a un lugar preparado de antemano para atacarlos cuando se encontraran desprevenidos. Según los cazadores de cabelleras, sorprender una ranchería apache antes del amanecer era como encontrar una mina de oro.
El 19 de septiembre de 1835, se informó de ataques apaches en el Cerro Blanco[municipio de Guerrero, Chihuahua] y en la Cieneguilla de los Gachupines[municipio de Balleza, Chihuahua] donde robaron ganado equino y mular.
El 25 de septiembre de 1835, se informó de enfrentamientos con apaches a los que se les decomisó
el ganado robado en la Hacienda de la Noria, en Arizpe, y en la Hacienda de Tetauachi [los tres en Sonora]; en Chihuahua; Coahuila y Texas. En Sonora siempre corrían rumores de que, al firmar Juan José Compá el tratado de paz con el estado de Chihuahua, otros jefes estaban preparando a sus guerreros para incursionar por Sonora. En Chihuahua creían que solo Chirimi, perteneciente a las rancherías del chokonen Pisago Cabezón, que no había firmado el tratado, había incursionado por el estado vecino.
Juan José Compá admitió que no podía impedir las incursiones de apaches de otras rancherías como las de Cigarrito [nednai], Itán [chihenne] y otros apaches que vivían al este de Santa Rita del Cobre, y de Pisago Cabezón [chokonen] en el río San Francisco [afluente del Gila]. Decía que los jefes que cometían robos debían ser detenidos en su propio territorio hasta que devolviesen los animales, pero que solo los verdaderos culpables debían ser castigados. Admitió que, en realidad, tenía poca autoridad ante los líderes apaches. El comandante de Santa Rita informó que “… los apaches no lo respetan, ni le prestan atención, excepto en las conferencias con los mexicanos, donde tiene que hablar con los jefes. Aparte de eso, es visto como uno entre muchos […] Conozco la astucia y contundencia de Juan José Compáy veo la imparcialidad y razonabilidad con que se expresa […] Si a veces se comporta sospechosamente, es en primer lugar porque a él le gusta la forma de vida apache, y en segundo lugar, porque nunca recibe de nosotros el apoyo suficiente para ser capaz de hacerse respetar por los indios”. Pero en el otoño de 1835, Juan José Compá se dio cuenta de que las esperanzas de paz se habían desvanecido, por lo que se fue a Santa Rita del Cobre y se unió a los “hostiles”.
El 30 de septiembre de 1835, Manuel Escalante y Arvizu, gobernador de Sonora, envió otra expedición formada por 267 hombres a caballo y 148 a pie contra los apaches.A la vez, el jefe apache Pescas fue encontrado en posesión de caballos y ganado robado de la zona de Santa Rita del Cobre.
El 17 de octubre de 1835, James Kirker, habiéndose convertido en ciudadano mexicano, recibió una licencia de seis meses del gobernador de Nuevo México para cazar apaches.
También el 17 de octubre de 1835, el periódico mexicano “El Noticioso”, en su número 26, informaba de ataques apaches en las inmediaciones del departamento de Chihuahua. Los apaches robaron ganado al alférez José Madrid y a un vecino de este, siendo perseguidos por una compañía. También robaron y mataron asnos, mulas y caballos en la Hacienda de San Miguel del Valle.
El 27 de octubre de 1835, un destacamento de soldados de Sonora al mando del coronel José María Elías
González, descubrió una ranchería chokonen en un lugar cercano al actual límite entre Arizona y New Mexico, probablemente al norte del Stein’s Peak. Este enfrentamiento resultó ser prácticamente una repetición del ocurrido en mayo de 1832, con la excepción de que los guerreros eran menos numerosos. Los mexicanos derrotaron contundentemente a los apaches, dirigidos por Pisago Cabezón, matando entre 10 y 15 [uno de ellos un coyotero White Mountain], e hiriendo a muchos más, según el informe de Elías González. Los apaches mataron a tres mexicanos e hirieron a nueve.
A pesar de la aplastante victoria, los dos primeros ataques de los apaches, asombraron a Elías por su audacia y disciplina. Al final del día, sus soldados habían repelido las cargas de los guerreros. El comandante sonorense atribuyó el cambio de táctica de los apaches a la influencia de comerciantes angloamericanos, quienes, según él, habían dirigido a los “hostiles”. Es posible que se refiriera a James Kirker, quien, según los rumores, se había unido a los chiricahuas en ese momento. Los soldados de Elías reconocieron a varios apaches que habían estado viviendo en Fronteras [Sonora] y Bavispe [Chihuahua].
Esta derrota solo sirvió para enfurecer aún más a Pisago Cabezón, pues Elías creía que uno de los hijos de ese jefe se encontraba entre los muertos.Pisago Cabezón siguió sus incursiones junto a Fuerte [Mangas Coloradas].
A finales de año, varias bandas chokonen estaban en las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona], según informó un muchacho cautivo de 15 años que había podido huir de la banda del chokonen Matías. Dijo que Matías tenía ocho cautivos más y gran cantidad de ganado robado que cambiaba por pólvora y armas con los estadounidenses en Santa Rita del Cobre. Incluso mencionó a Juan José Compá, quien había finalizado la tregua en septiembre. Según el muchacho, muchos chiricahuas querían ir a la guerra hablando de realizar incursiones a lo largo de la frontera. Hechos posteriores confirmaron las afirmaciones del muchacho. En diciembre, 18 apaches mataron a un hombre en Cuchuta [municipio de Fronteras, Sonora]. La siguiente semana, incursionaron en Galeana [Chihuahua], y a primeros de año mataron a cinco vaqueros en la Hacienda San Pedro [municipio de Janos [Chihuahua]).
* El 11 de diciembre de 1835, milicias formadas por vecinos de Reinosa (Reynosa, Tamaulipas) se enfrentan a dos partidas de apaches lipanes, quienes causan daños en los ranchos de esa jurisdicción.
1836
A principios de 1836, el coronel José María Elías González recibe una información de que una enorme banda de navajos, utes y apaches se había unido para incursionar por Sonora, en particular contra Bavispe y Santa Cruz. (Aunque esta banda nunca llegó, porque estas tres tribus no eran aliadas, Elías aparentemente se tomó la amenaza en serio, esperando la venganza de Pisago Cabezón por la muerte de su hijo y la ejecución de Tutijé).
* En enero de 1836, una compañía de unos 70 hombres (compuestos por tropas regulares y las milicias de Janos, Galeana, y el Valle de San Buenaventura; los tres en Chihuahua) mata a dos apaches y a una mujer, en Corral de Piedra (municipio de Guerrero, Chihuahua).
* El 6 de enero de 1836, el comandante general de Sonora informa de las operaciones realizadas
del 4 al 21 de octubre del año anterior contra grupos de apaches. (Fueron atacadas dos rancherías, capturando 18 apaches y persiguiendo a otros que habían robado caballos al ejército.
Al día siguiente, 7 de enero, informó de las operaciones realizadas del 22 de octubre al 11 de noviembre del año anterior. Mató a varios de ellos que habían robado ganado ordenando cortarles las orejas).
* El 5 de marzo de 1836, el capitán Antonio Comadurán, comandante del presidio de Tucson (Pima County, Arizona), firma un tratado de paz con los aravaipa y Pinal Apaches, quienes habían luchado durante años contra los españoles y mexicanos. (Dos años antes, en 1834, el Presidio de Tucson tuvo noticia de que los apaches planeaban un ataque contra Tubac y Santa Cruz [los dos en el Santa Cruz County, Arizona]. Para evitarlo, los mexicanos enviaron 500 soldados al norte, penetrando en el territorio de los aravaipas y Pinal Apaches hasta el Salt River y la Sierra Mogollón. Eso fue una sorpresa para los aravaipas y su banda hermana, los Pinal Apaches, ya que los soldados mexicanos nunca habían llegado tan al interior de su territorio.
Probablemente, los apaches habían recibido noticias de que el presidente mexicano Antonio López de Santa Anna, había ido a Texas con 6.000 soldados para aplastar la rebelión texana. Los apaches no querían que les pasase lo mismo por lo que enviaron un grupo a Tucson para pedir un tratado de paz. El 5 de marzo se firmó un tratado con los aravaipa y Pinal Apaches que tenía 10 puntos:
1. Que se someten [los apaches] al gobierno de la nación mexicana y prometen observar sus leyes.
2. Que, en consecuencia, ninguna tropa mexicana los atacará, como ninguna tropa los ha atacado desde que pidieron la paz.
3. Que se comprometen como aliados de nuestras tropas contra todos los agresores, aunque fueran sus propios vecinos, las naciones de los Tonto o los White Mountain.
4. Que están de acuerdo en devolvernos cualquier mujer cautiva, siempre que les devolvamos dos apaches ya capturados, uno capturado por los pimas del Gila y el segundo un cautivo actualmente en Nacameri [municipio de Hermosillo, Sonora], en el centro de Sonora.
5. Que se comprometen a no hacer la paz con otras naciones, particularmente los janeros, sin el consentimiento previo del gobierno mexicano.
6. Que se comprometen a no hacer daño a ningún ciudadano mexicano.
7. Que ningún apache viaje más al sur de Tucson sin un salvoconducto del comandante de Tucson, expedido a no más de cuatro o cinco apaches a la vez.
8. Que por ahora se asienten en la unión del Arroyo Aravaipa y el río San Pedro, o después a
otro lugar con la aprobación del comandante de Tucson. Obedeciendo estas condiciones, se les proporcionará con raciones suministradas a otros apaches pacíficos y las herramientas y bueyes necesarios para el cultivo de la tierra.
9. Que informen cada dos semanas al comandante de Tucson de los acontecimientos en su región, particularmente cualquier señal anticipada de ataque hostil.
10. Que permanezca abierta la puerta para los nuevos tratados de paz ya solicitados por las naciones de los Tonto y los White Mountain. Para lograrlo, esas naciones deben declarar el número de guerreros, mujeres, y niños de sus bandas, y acordar con el comandante de Tucson su lugar de asentamiento.
Solo un día después de la firma de ese tratado, el 6 de marzo de 1836, las tropas mexicanas dirigidas por el general Santa Anna conquistaron la antigua Misión de San Antonio de Valero, por entonces llamada El Álamo. Siendo un niño de aproximadamente 6 años, el jefe apache lipán Magoosh fue testigo de la caída de El Álamo:“Los lipanes simpatizaban con los Ojos Blancos [texanos] en esa lucha y podían haber ayudado a los sitiados si hubiesen podido”.
El comandante de El Álamo, William Travis, había pedido voluntarios estadounidenses del este de Texas cuando Santa Anna llegó a San Antonio el 23 de febrero de 1836, pero su petición no fue atendida. Pudo haber pedido ayuda a los lipanes, pero es posible que desconociera su presencia cerca de San Antonio; pero aunque la conociera, esa petición de ayuda debía haber sido realizada por Sam Houston, quien había ordenado a Travis que se retirara antes de la llegada de Santa Anna, por lo que Travis no estaba en condiciones de pedir a su superior el envío de refuerzos lipanes.
En esa época había un grupo lipán viviendo cerca de San Antonio dirigido por Moreno, quien quizás no tenía suficientes guerreros para proporcionar una ayuda eficiente; o es posible que la presencia en los alrededores de una banda comanche hiciera que los lipanes buscaran primero su propia seguridad.
Cualquiera que fuera la razón, el papel de los lipanes en la Batalla de El Álamo fue el de meros espectadores. Podemos especular que si esa ayuda hubiese podido ser realizada, los lipanes se hubiesen dedicado a hostilizar el avance del ejército mexicano, retrasando su marcha o produciéndoles algunas bajas, en hombres y en monturas.
En 1965, el lipán Modesto González Castro habló del sitio de El Álamo, como a él le fue contado por su padre, Calisto González Castro. La tradición oral lipán relata esa batalla a través de los relatos del jefe Cuelgas de Castro, quien describió cómo los lipanes fueron detenidos por el ejército mexicano para impedir que se acercasen o ayudasen a los defensores texanos, viendo como al final, El Álamo fue destruido: “Estábamos cazando lejos, cuando volvimos, vimos el humo procedente de El Álamo, obligándonos los soldados mexicanos a entrar allí, siendo testigos de cómo tiraron y quemaron los cuerpos de los texanos muertos en grandes incendios. Perdimos algunos familiares en El Álamo, donde enterramos a nuestros muertos”.
La cooperación de los lipanes con los anglos venía de antes. Dada la hostilidad que había entre los españoles y los lipanes y tonkawas, no es de extrañar que aprovecharan la primera oportunidad que tuvieron de conseguir poderosos aliados. Estos llegaron en forma de comerciantes estadounidenses, quienes empezaron a llegar a Texas a finales del siglo XVIII para comerciar con caballos. Después de que Estados Unidos adquiriera Louisiana en 1803, esta actividad aumentó.
La independencia de México de España en 1821 no cambió las relaciones entre lipanes y mexicanos. La llegada de colonos anglos a Texas resultó beneficiosa para los lipanes. Los anglosajones, dirigidos por el empresario Stephen F. Austin, tenían muchos productos que los lipanes necesitaban. Para comprarlos, los lipanes asaltaban ranchos en México en busca de caballos para comerciar con ellos. Aunque México negó a Austin un permiso para abrir un local para comerciar con los lipanes, los anglosajones llevaron a cabo actividades comerciales de todos modos. Además, establecimientos anglosajones del este de Texas estaban siendo asaltados por antiguos enemigos de los lipanes, los wichitas. La situación estaba madura para firmar una alianza.
Para la mentalidad actual, la idea de una alianza entre anglosajones y nativos puede parecer extraña. ¿Por qué una tribu nativa se aliaría con anglos, que ansiaban adquirir más tierras y rompían tratados? Para los lipanes y tonkawas de la época, la amistad y la cooperación con los colonos anglos fue una bendición diplomática y económica. En primer lugar, esa alianza les proporcionaba los productos que tanto necesitaban. En segundo lugar, los lipanes y tonkawas vieron la oportunidad de restablecer el equilibrio de poder en las llanuras. Durante el último siglo habían sido empujados lentamente hacia el sur por el empuje continuo de los comanches y wichitas, mucho más poderosos. La alianza de los “norteños” con España no hizo más que aumentar esta presión. Bajo el gobierno de México y con una mínima presencia militar mexicana en Texas, los lipanes y tonkawas finalmente tuvieron la oportunidad de formar una alianza propia y recuperar el acceso a sus antiguos cotos de caza y rutas comerciales. El deseo de vengarse de los comanches y wichitas, que habían matado a tantos miembros de su tribu y los habían expulsado de las llanuras, donde pastaba el bisonte, fue otro factor importante.
Esta alianza fue beneficiosa para los lipanes y tonkawas, pues de lo contrario no la habrían mantenido tanto tiempo. La alianza también fue beneficiosa para los anglosajones, muchos de ellos recién llegados del sureste de los Estados Unidos y algunos con gran experiencia en la lucha contra otros nativos. Los comanches y wichitas no se parecían a ningún otro pueblo nativo con los que hubieran tratado, ya que no vivían en poblados estables y eran difíciles de atrapar después de una incursión. Tener aliados nómadas les beneficiaba.
Ya en 1825, Austin consideró a los lipanes como “amigos y hermanos de los colonos estadounidenses de esta provincia”, al emitir un pasaporte para el jefe lipán, Juan Novale. En 1829, los lipanes dirigidos por Flacco, junto con algunos tonkawas y cherokees, se unieron a la milicia de Austin dirigida por Abner Kuykendall en una campaña contra los wacos y tawakonis, dos bandas wichita. Atacaron a una banda tawakoni en un lugar llamado Wood’s Prairie [Fayette County, Texas]. Los texanos desmontaron y dispararon sus rifles mientras los lipanes perseguían a los tawakonis que intentaban huir. Fallecieron seis tawakonis. Más tarde, la misma fuerza invadió un campamento waco en San Saba. En 1832, una fuerza mexicana al mando de Manuel Barragán se unió a la milicia de Bexar y Monclova, así como a los colonos de Austin y los guerreros lipanes y tonkawas en una campaña contra los comanches. Atacaron un campamento comanche en el Llano, y los lipanes y tonkawas se llevaron 50 caballos.
Cuando comenzó el proceso de la independencia de Texas en 1835, los anglosajones ya tenían más de una década de relaciones amistosas y cooperación con los lipanes y tonkawas. Con la instauración de la República de Texas en 1836, el presidente Sam Houston buscó continuar esas relaciones no solo con los lipanes y tonkawas, sino también con otros nativos de Texas.
Houston hizo propuestas de paz y pudo hacer tratados con los lipanes, tonkawas, Keechis [kitsais], wacos, tawakonis, taovayas y comanches. Sin embargo, todas estas tribus, excepto los lipanes y tonkawas, reanudaron rápidamente las incursiones por los asentamientos de Texas. Los comanches estaban alarmados por la cantidad de colonos anglosajones que continuaban llegando a su territorio y estaban enfadados con la negativa del gobierno de Texas a establecer una línea fronteriza entre las tierras de los anglosajones y las de los comanches. Los lipanes y tonkawas estaban deseosos de mantener el equilibrio de poder. La presencia de los texanos les proporcionó un poderoso aliado contra sus enemigos comanches y wichita, adquiriendo de ellos no solo armas y otros productos, sino que también les ayudaron a luchar contra sus enemigos. En resumen, los intereses de los texanos, lipanes y tonkawas coincidieron durante este período de tiempo.
Durante el primer mandato de Sam Houston como presidente de la República de Texas [del 22 de octubre de 1836 al 10 de diciembre de 1838] tomó medidas para asegurar la alianza de los lipanes y tonkawas. Ambas tribus jugaron un papel importante en los enfrentamientos con otros pueblos nativos, enseñando a los texanos cómo localizar y luchar contra los comanches y kiowas. Aunque esta alianza era frágil, resultó beneficiosa para los lipanes y tonkawas, permitiéndoles mantener una posición de importancia por más tiempo del que probablemente hubieran tenido de haber actuado de otra manera).
* El 29 de marzo de 1836, el Juez de Paz de El Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua) informa que en ese mes los apaches habían robado más de 300 animales, haciendo “ruinosa la existencia de este vecindario”, ya que solo había unos cuantos bueyes para realizar los trabajos del campo, además de que era imposible perseguir a los apaches, pues los vecinos tenían muy pocos caballos. (Cuando tenía lugar un robo, los ciudadanos iban, la mayor parte de ellos, a pie, sin poder darles alcance).
* En abril de 1836, después de una prolongada ausencia, los jefes Francisquillo (nednai), Itán (chihenne), Ronquillo (nednai) y Muchacho, acompañados de unos guerreros y mujeres, llegan a Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) desde sus rancherías en el río Mimbres. (Juraron que habían permanecido en paz en El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua], o cazando bisontes; que ahora deseaban una paz formal con el gobierno mexicano. El comandante Mariano Rodríguez Rey lo aceptó. Dijeron que iban a cultivar en El Berrendo [municipio de Janos, Chihuahua] y en el río Mimbres [New Mexico] pero que vendrían a Santa Rita de visita. Rodríguez Rey se enteró de que los jefes apaches no le habían dicho que tenían cautivos y que vendían ovejas clandestinamente a ciudadanos de Santa Rita; lo que le hizo sospechar de ellos. Pensó que estaban huyendo de los soldados mexicanos de García Conde que estaban buscando rancherías “hostiles”, y también que querían adquirir bienes de personas de Santa Rita; que “ellos han venido con su pretexto favorito de hablar de paz”; y que esperaba que, dentro de pocos días, llegarían más, pidiéndoles jurar una tregua más que efímera.
Ese mismo mes, un gran grupo de chiricahuas mató, en los alrededores de Fronteras [Sonora], a cuatro ciudadanos para después ir al interior a realizar más incursiones).
* El 26 de mayo de 1836, el periódico “El Noticioso de Chihuahua” informa del enfrentamiento ocurrido entre las milicias urbanas y rurales en el departamento de Chihuahua contra apaches mescaleros, apaches llaneros y apaches gileños, y comanches. (El gobierno de Chihuahua pide a los vecinos que tomen las armas y ayuden a las tropas, ya que estas carecen, en gran medida, de armas y municiones).
* El 30 de mayo de 1836, un grupo bien armado de apaches llega a caballo a Santa Rita del
Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico), ocupando rápidamente todos los caminos de acceso a la localidad. (El capitán Mariano Rodríguez Rey movilizó inmediatamente a los soldados y, para demostrar su desprecio por los apaches, ordenó encarar el cañón hacia ellos, colocando solo un centinela a la vista. Luego esperó a los apaches, con sus oficiales y con Robert McKnight, en el arroyo junto a la fortaleza. Poco después llegó una mujer y habló en nombre de Pisago Cabezón [chokonen] e Itán [chihenne]; del nednai Juan Diego Compá; y otros líderes. Habían venido a averiguar por qué los mexicanos tenían presos a dos chokonen, Chato y San Juan. Rodríguez pidió hablar con los jefes y pronto llegó el nednai Juan José Compá, cuyo mensaje fue breve. El chokonen Pisago Cabezón y los demás jefes querían que Chato y San Juan fuesen liberados de inmediato; sabían de la reciente muerte de dos mujeres apaches, probablemente muertas por mexicanos.
Rodríguez fue con Juan José Compá para ver a Chato y a San Juan para que confirmasen
que habían recibido buen trato. Los dos no estaban actualmente en la cárcel, pero estaban detenidos hasta que los apaches entregaran a dos hombres: Santana [un hijo de Carro, líder de un grupo chokonen], que había cogido a un joven pastor como cautivo; y El Adivino [probablemente un “hombre-medicina”], que había robado dos veces, caballos a Robert McKnight. Rodríguez pidió a los apaches que se fueran, pero dijo a Pisago Cabezón, Juan José Compá, y a otro jefe que volvieran al día siguiente para continuar parlamentando.
Durante estas conferencias, “Juan José Compáno aporta nada de importancia”. Rodríguez informó más tarde. “Está convencido de que no tiene ningún prestigio en su propia nación”. Los apaches se quejaron de la astucia y el engaño de Juan José Compá, que podía aprovecharse del conocimiento de la lectura y la escritura. Quién disfrutaba de la mayor influencia y a quien todos los otros apaches “obedecían” era a Pisago Cabezón. Rodríguez sugirió que el mando mexicano invitara a este jefe tan pronto como se ratificase la paz.
Los apaches se retiraron a unos cerros cercanos, sacrificando seis vacas para comer mientras esperaban. Al día siguiente aparecieron por las lomas circundantes, y Juan José Compá llegó con mensajes de todos los jefes. Todo ese día lo pasaron en discusiones estériles. A última hora de la tarde, Rodríguez, por pura frustración, dijo a Juan José Compá que se fueran o serían expulsados. Si los apaches realmente querían la paz, ¿por qué ese retraso tan ridículo? Los soldados no eran niños y no tenían miedo. Juan José Compá dijo que unos 15 jefes volverían en cuatro días para concluir las negociaciones. Los mexicanos podrían dejar sueltos los caballos del presidio porque los apaches se abstendrían de robarlos.
El 1 de junio, los alrededores de Santa Rita del Cobre estaban llenos de apaches. Ahora
era Juan Diego Compá el que habló con Rodríguez y con Robert McKnight. Juan Diego Compá entregó a El Adivino para que los mexicanos pusieran en libertad al chokonen San Juan [cosa que hicieron] y se comprometieran a liberar al otro chokonen, Chato [más tarde se escaparía], tan pronto como trajeran al también chokonen Santana. Rodríguez dijo a los apaches que se fueran o les dispararían, ya que no podían entrar en la localidad hasta concluir las negociaciones.
De improviso, entraron siete guerreros. Juan Diego Compá salió corriendo hacia fuera, mientras los soldados de la fortaleza gritaban que se detuvieran. En vez de obedecer, insultaron a los soldados, disparando los mexicanos un cañón y apuntándoles con sus armas. Los apaches desaparecieron al instante, llevándose a Juan Diego Compá a pesar de que estaba aparentemente ileso. Rodríguez declaró que los apaches no habían atacado el presidio porque los coyoteros White Mountain y los navajos no habían llegado para ayudarles.
Después de esto, los ciudadanos podían ver la gran actividad de los apaches enviando señales de humo y movimientos para hacer ver que muchos apaches se acercaban a la zona. Solo la esposa de Chato entró en la localidad. Apareció con una gran cruz de madera que exhibió en todas las direcciones, trayendo tres cartas de Juan José Compá.
El 21 de junio, los apaches volvieron a Santa Rita del Cobre para continuar las negociaciones. Los apaches, uno con una bandera blanca, aparecieron en la colina de Guadalupe, en las afueras de Santa Rita. El nednai Juan José Compá no entró en la localidad, pero transmitió el mensaje de que los seguidores de Pisago Cabezón [chokonen] e Itán [chihenne]; Caballo Ligero [chihenne], y otros jefes, deseaban ardientemente la paz. Como muestra de su buena fe, enviaron una imagen de la Virgen de Guadalupe. Volviendo al día siguiente, Juan José Compá se negó de nuevo a entrar en Santa Rita, ya que temía ser hecho prisionero. Los apaches pudieron ver los cañones sobre la fortaleza.
La conferencia duró varias horas. Juan José Compá relató que los recientes combates habían causado muchas bajas a los apaches. Él, con Pisago Cabezón y los demás jefes, estaba convencido de que lo mejor para los apaches era concluir una paz sólida y duradera. Examinó varios tratados que le mostraron los mexicanos y los aprobó. Rodríguez conferenció con Juan José Compá de la importancia de la paz, afirmando que se trataba no solo de Santa Rita, sino de todo el estado.
Juan José Compá pidió que Pisago Cabezón y los otros jefes conferenciasen con el comandante general, incluso viajando a Ciudad de Chihuahua. Él quería vivir en Santa Rita en una pequeña casa con ayuda económica. Eso sería lo mejor; estaría libre de las sospechas de los mexicanos y no estaría en dificultades con los apaches. Aunque su solicitud fue aprobada, nunca se instaló.
El comandante general de Chihuahua, José Joaquín Calvo, se animó por estos sucesos. Durante las negociaciones, los apaches habían amenazado con poner en pie de guerra, 500 guerreros entre coyoteros White Mountain, navajos, y otros aliados. Estaba de acuerdo en quitar a Juan José Compá el título de “general” y dárselo a Pisago Cabezón, ya que esa era la voluntad del resto de los apaches.
No se sabe si ese título se le quitó alguna vez a Juan José Compá, quien continuó en su papel de informante. Pronto se dijo que los jefes Ronquillo [nednai], Manta Negra [chihenne] y Estrella se habían trasladado a la Sierra de la Florida [Florida Mountains, Luna County, New Mexico], preparándose para enviar incursiones al interior de Chihuahua; Pescas que había radicado su ranchería en la Sierra de los Órganos [Organ Mountains, Doña Ana County, New Mexico]; y que el nednai Cigarrito había ido con su ranchería para unirse a los apaches mescaleros que planeaban atacar El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua].
Mariano Ponce de León, el nuevo comandante en Santa Rita, dudaba de las intenciones de la mayoría de los apaches que residían desde el Picacho de los Mimbres [Mimbres Peak, Grant County, New Mexico] al este de El Paso. Solo Caballo Ligero [chihenne], había llegado para pedir el permiso requerido, antes de llevar su ranchería a cosechar mescal en las montañas de La Negrita y San Mateo).
* El 17 de agosto de 1836, un soldado avisa de la presencia de apaches mescaleros en Chihuahua al ser atacado cuando llevaba el correo de Nuevo México.
* El 18 de agosto de 1836, el chokonen Chato huye de Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Chato no estaba considerado como prisionero de guerra, solo estaba custodiado porque, tanto él como el también chokonen San Juan, “eran pacíficos”, no estaba encarcelado porque el nednai Juan José Compá y otros jefes habían convencido a Ponce de León de que eran inocentes.
Desde el principio, Chato se comportó bien, asistía a misa y, de vez en cuando, iba a la localidad por asuntos personales con un soldado desarmado, y nunca dio el más mínimo indicio de que planeaba huir. Ponce de León admitió que Chato, ocultando sus intenciones, había engañado a todos. En la tarde de su fuga, Chato pidió permiso para ir con el asistente de Ponce de León y su cocinero para lavar la ropa. Ponce de León se culpó por la fuga de Chato diciendo “Accedí a ello porque no despertó en mí la menor sospecha, pero esta persona desagradecida, sin tener duda ante un ligero descuido, voló a las montañas como un ganso”.
Un suceso el día anterior pudo haber estado relacionado con la desaparición de Chato. El jefe chokonen Tapilá y varias mujeres aparecieron fuera de Santa Rita pidiendo permiso para vender pieles y otros artículos a cambio de maíz. Tapilá dijo que había traído a José Antonio Pino de la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico]. Pino se había separado de un grupo de hombres de su pueblo que habían salido en persecución de los apaches que habían robado caballos allí. Tapilá lo encontró cerca de la muerte, cuidándolo hasta que se curó, trayéndolo a Santa Rita para que pudiera ser enviado de vuelta a casa. Pino, sin embargo, no estaba convencido de las buenas intenciones de Tapilá. Unos días más tarde, desapareció, viajando a pie durante la noche a la ranchería de Tapilá; cogió 16 caballos y tres mulas, llevándolas a Santa Rita “a toda velocidad”. Esa era su manera de exigir retribución, según dijo más tarde, por la muerte de sus compañeros, que estaba seguro de que los apaches eran los autores.
Tapilá regresó a Santa Rita el 6 de septiembre en busca de sus animales. Tardó tanto porque había ido a ver a Pisago Cabezón. Ponce de León informó a Tapilá, como lo había hecho con Pino, que el ganado no se podía mover o transferir hasta que el comandante general de Chihuahua tomara una decisión. Al final, Pino consiguió la mayor parte de los animales, 17, por haber expuesto su vida para recuperarlos).
* El 30 de agosto de 1836, cinco líderes chokonen: Reyes, Matías, Marcelo, Eugenio y
Miguel (probablemente Miguel Narbona, jefe de guerra en las décadas de 1840 y 1850), negocian la paz con Sonora en Arizpe, y después se reúnen el 27 de octubre en Fronteras (Sonora) para ratificar el tratado. (En un giro radical de su política, Sonora también accedió a dialogar con los chiricahuas. Fuerte [Mangas Coloradas] y los bedonkohes se mantuvieron distantes, como era habitual en ellos, negándose a participar en las conversaciones y permaneciendo en la Sierra Mogollón. Los cinco líderes se reunieron en la casa de Elías González y aceptaron provisionalmente 15 artículos de paz. Ambas partes acordaron reunirse nuevamente en octubre, en Fronteras, para consumar el acuerdo.
Elías González comprendió que Sonora debía garantizar el sustento de los chiricahuas para prevenir sus incursiones. En septiembre, dedicó gran parte de su tiempo y esfuerzo a ese fin, pero sus superiores descuidaron el asunto, para su pesar. No obstante, a finales de octubre viajó a Fronteras, donde, para su sorpresa, conoció a Pisago Cabezón, recién llegado de Santa Rita del Cobre. Pisago Cabezón había conversado con el capitán Ponce de León, asegurándole al oficial que deseaba la paz. Admitió no tener influencia sobre el grupo local carrizaleño nednai, pero que haría todo lo posible para convencer a Fuerte de que firmara la paz.
Comandancia general e Inspección del Departamento de Sonora._ En la capital de Arizpe a los 30 días del mes de agosto de 1836: reunidos en la casa morada del teniente coronel Ayudante Inspector D. Ignacio Elías González, comandante militar interino del Departamento de los presidios de la frontera por ausencia del Sr. comandante general Inspector coronel D. José María Elías González, los capitancillos apaches Reyes, Matías, Marcelo, Eugenio, y Miguel, con el objeto de acordar asuntos sobre paces que vinieron a solicitar por si y a nombre de otros de su parcialidad, después de haber hablado largamente en el particular protestaron y quedaron en observar fiel y cumplidamente los artículos siguientes:
1º. El de someterse al gobierno de la nación mexicana, protestándole obediencia y el de respetar sus leyes.
2º. El de cesar en lo sucesivo por parte de los que han solicitado la paz, toda clase de hostilidad, y el de auxiliar con todo su poder las operaciones de campaña que puedan emprender las tropas de la nación contra las tribus que continúen de guerra, sin exceptuar sus parciales, y salir contra ellos cuando lo dispongan los jefes superiores.
3º. Protestan no entrar jamás por jamás en relaciones de amistad de ninguna clase, ni en tratados de alianza o paz con ninguna nación o tribus de las enemigas nuestras, sin conocimiento y aprobación del gobierno de la República.
4º. Bajo ningún pretexto causarán el más leve daño a ningún individuo de la República que encuentren en el campo o se acerque a los puntos de sus rancherías, antes bien le proporcionarán los auxilios que pueda necesitar y estén en su posibilidad.
5º. Por ahora y en todo el próximo mes entrante de septiembre, protestan mantener su residencia fija con sus familias y demás resto de sus cuadrillas a la inmediación del presidio viejo de San Bernardino, de cuyo punto no se separarán sin conocimiento del comandante de Fronteras, a excepción de dos jefecillos que con pasaporte del citado comandante, saldrán en busca de los demás capitancillos parciales suyos con el justo fin de imponerlos de los tratados de paz que han celebrado, para que si son conformes con su opinión se vengan con ellos.
6º. Ofrecen quedará concluida esta operación en todo el próximo mes de septiembre, y a su fin o ya sea muy pocos días después, estarán de vuelta en San Bernardino con todos los apaches que así como ellos solicitan la paz, siendo advertencia que darán los avisos necesarios de los que no conviniesen en solicitar dicha paz, para que se les haga la guerra por las tropas de la República, así como también lo verificarán todos los rendidos de paz de la manera que lo dispongan los jefes superiores.
7º. Tan luego como estén reunidos en San Bernardino todos los que solicitan la paz y han dejado de hacerlo, se trasladarán al presidio de Fronteras, y con acuerdo de su comandante fijarán su residencia a su inmediación con sujeción a obedecer las órdenes de su comandante conforme con las disposiciones del Sr. comandante general Inspector del Departamento, y las del alto gobierno, ofreciendo no separarse de aquel punto ya sea para hacer sus cacerías o cualesquiera otros fines sin su conocimiento, y el que hiciere lo contrario no será reprendido o castigado según convenga, y conforme con la práctica establecida y corriente se les auxiliará con las raciones de grano que ha sido de costumbre.
8º. Entre tanto dura su permanencia en las inmediaciones del presidio viejo de San Bernardino solicitan se ponga entre ellos uno o dos individuos de tropa de confianza, con el justo fin de que diariamente vean estos que allí están todos reunidos y que si llega el caso de que por algún punto se cometa alguna hostilidad o robo, no se los atribuya, ofreciendo al mismo tiempo el dar parte al comandante de Fronteras de cualesquiera novedad que adviertan.
9º. Por lo tocante a las indicaciones que se les hicieron de que se han de reducir a pueblo tan luego como se determine, manifestarán que sobre este particular tratarían con el Sr. comandante general cuando ya estuviesen reunidos todos los que solicitan la paz.
10º. Manifiestan los presentes capitancillos no tienen en su unión ningún individuo cautivo nuestro, y de ser así desde luego lo entregarán, manifestando que si en los demás que están por rendirse los hay, les advertirán que deben entregarlos.
11º. A todas las bestias que presenten en el acto de su bajada que manifestaron ser pocas, se les hará una marca con el justo fin de que si después aparecen otras en su poder puedan reclamarles por sus legítimos dueños, reconociendo juntamente por suyas las anteriores, para hacer de ellas el uso que les convenga.
12º. Entre tanto se concluye la reunión de todos cuantos solicitan la paz, con su acuerdo se nombra por principal capitancillo para el gobierno de los demás al apache capitancillo Marcelo, a quien le estarán subordinados, y después de que se verifique la reunión del todo de los que solicitan dichas paces, se resolverá por el Sr. comandante general Inspector el que deba ser elegido para principal caudillo de todos.
13º. De los antecedentes artículos quedan todos enterados y sujetos a la ampliación, restricción, reprobación, o aprobación del Sr. comandante general Inspector del Departamento, así como también de las ulteriores resoluciones del supremo gobierno general a quien repiten su entera obediencia y en fe de ella, y de la buena disposición con que se presentan a la observancia de lo tratado, lo firmó el capitancillo Reyes, y los demás por no saber escribir hicieron una señal de cruz, cuyo signo es el más respetable para ellos por ser el de la paz, firmando el citado teniente coronel Ayudante Inspector y comandante militar interino de la frontera, y como testigos que presenciaron la formalidad de este acto, el capitán D. Antonio Comadurán, y tenientes D. Roque Ibarra y D. Tiburcio Gallardo, en la referida capital de Arizpe en el citado día, mes y año.
Firmado: Reyes, +, +, +, +, Roque Ibarra, Tiburcio Gallardo, Antonio Comadurán, Ignacio Elías González. En el presidio de Fronteras, a 27 de octubre de 1836, reunidos en la casa habitación del Sr. comandante general Inspector del Departamento, coronel de Caballería D. José María Elías González, el capitancillo apache Marcelo [chokonen] y sus parciales Reyes [chokonen], Matías [chokonen], y Miguel, con que los capitancillos nuevamente presentados a solicitar la paz, que lo son Juan Diego Compá [nednai], Fusilito, Costilla [chokonen], Cabezón, Boca Matada [chihenne], Vívora, Caballo Ligero [chihenne], y Sayo Siza, con 108 gandules de sus parcialidades, después de una larga conferencia tenida para afianzar de una manera perpetua y estable las relacionadas paces, convinieron todas en los artículos siguientes:
1º. Con la mejor buena fe, ratifican y abrazan la paz, bajo los trece artículos que preceden, celebradas en la ciudad de Arizpe con el Ayudante Inspector D. Ignacio Elías González el día 30 de agosto del presente año, por el mencionado capitancillo Marcelo y sus parciales Reyes, Matías, Miguel y Eugenio.
2º. De los apaches presentados y admitidos a la paz por los presentes tratados, se formarán dos establecimientos para vivir reunidos.
3º. Los que antes pertenecieron a los establecimientos del Departamento de Chihuahua, se situarán por ahora en los puntos nombrados Santa Lucía, Valle de los Ángeles, hasta tres leguas poco más o menos, abajo de donde se junta el río de Santa Lucía con el de Gila, reconociendo por general al capitancillo Boca Matada [chihenne], y por su segundo al capitancillo Sayo Siza, a quienes ellos mismos han nombrado.
4º. Los que pertenecieron a los establecimientos de este Departamento de Sonora, lo pondrán provisionalmente en el punto de Cuchuverachi a cargo del general Marcelo, que igualmente nombraron.
5º. Los generales y capitancillos de ambos establecimientos, se obligan a tener por enemigos y no darles entrada en sus rancherías, a los capitancillos y demás parcialidades que no han concurrido a los presentes tratados, siempre que invitados no se les reúnan y admitan la paz de buena fe, quedando con la obligación de dar aviso de los que no la admitan, para que sean perseguidos por las tropas de la República, con cuyo fin ofrecen cooperar con sus auxilios.
6º. El establecimiento de Cuchuverachi permanecerá por ahora en dicho punto, hasta que la Comandancia general, de acuerdo con el gobierno del Departamento, señale el terreno a propósito para erigirlo en pueblo, y puede auxiliar esta empresa con bueyes y útiles necesarios para la labranza, recibiendo por vía de ración para sus alimentos, lo que únicamente pueda dárseles en vista de las escaseces que tiene la hacienda nacional.
Y en prueba de cumplir los relacionados 13 artículos, y los seis que anteceden como adiciones, lo firmó Reyes, y pusieron una cruz los demás caudillos y parciales contratantes que en uno y otro se expresan, cuya cruz es el signo que ellos usan en tales convenios; y de los presentes, fueron testigos el teniente comandante de este presidio de Fronteras, D. Roque Ibarra, el de igual clase D. Tiburcio Gallardo, y los alféreces D. Antonio Ramírez, D. Francisco Lamadrid, y D. Manuel Romero.
Firmado: Reyes, +, +, +, +, +, +, +, +, +, Roque Ibarra, Tiburcio Gallardo, Antonio Ramírez, Francisco Lamadrid, Manuel Romero, José María Elías González.
Es copia de su original, Fronteras 28 de octubre de 1836, Ignacio López, secretario.
Por el oficio de V. número 5 del 8 corriente, me he enterado de que en el mismo día se presentó el capitancillo Pisago con otros tres y diez gandules, con pliegos del Sr. comandante general de Sonora, en que manifiesta han celebrado la paz en aquel Departamento ofreciendo ellos traer a los demás gileños, mimbreños y mescaleros, y así mismo presentando la recomendación de dicho Sr. Comandante general para que se les entregasen las prendas de las personas asesinadas en ese punto.
Apruebo a V. las disposiciones que ha tomado en consecuencia, y supuesto que los tratados de paz celebrados en Sonora convienen con los que hizo el Sr. teniente coronel D. Cayetano Justiniani con los gileños en ese Mineral y el Sr. coronel D. Pedro García Conde con los mescaleros en El Paso, nada tengo que añadir, sino recomendar a V. la vigilancia y precaución para evitar una sorpresa bajo la salvaguardia de la paz y amistad; pero siempre hará V. se observe por nuestra parte la buena fe y honradez que debe caracterizar al hombre civilizado; haciéndoles conocer a los indios los bienes que les resultan de la paz y sociabilidad y a que procurará inclinarlos por los medios justos y legales.
Dios y libertad. Chihuahua, noviembre 20 de 1836 – José J. Calvo – Sr. comandante de la frontera Occidental, teniente coronel D. José María Arce.
En todas las negociaciones, Fuerte [Mangas Coloradas, chihenne] y Pisago Cabezón [chokonen] se mantuvieron al margen en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico]).
* El 15 de septiembre de 1836, se proclama en la Hacienda del Carmen (municipio de Buenaventura, Chihuahua) el “Plan del Carmen”, que tiene por objeto combatir a los apaches armando a todos los vecinos, aun en contra de la voluntad del gobierno del estado.
* El 16 de septiembre de 1836, una banda de más de 100 apaches incursiona por Canutillo (municipio de Ocampo, Durango), Torreoncillo (municipio de Hidalgo del Parral, Chihuahua) y Torreón ([municipio de Chihuahua, Chihuahua]. En este último lugar robaron ganado, llevándose varios cautivos. Al ir tras ellos liberaron y recuperaron todo el ganado).
* El 28 de septiembre de 1836, llegan de nuevo a Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) unos apaches chokonen bajo bandera blanca. (El chokonen Pisago Cabezón, acompañado por dos de sus hijos, y por el también chokonen Tapilá, se reunió con el comandante de Santa Rita en las afueras de la localidad. Comenzó un largo discurso afirmando que había venido a pedir la paz; que siempre la había deseado, pero quería ratificarla con la formalidad y seguridad adecuada. Estaba convencido de que los apaches que habían pedido la paz en el pasado “no eran hombres serios ni capaces de mantener la paz de buena fe”, aunque en general fuese buscada por los apaches. Él nunca se había unido a otros jefes en las negociaciones, ya que no quería hacer el ridículo. Ponce de León respondió en el mismo tono, el gobierno mexicano también era serio acerca de la conclusión de una paz estable y la quería antes de que los apaches fueran totalmente exterminados como consecuencia de su propio egoísmo y falta de honradez.
Después de ese intercambio, tuvieron una acalorada discusión. Pisago Cabezón accedió a volver unos días después para terminar el acuerdo. A pesar de que carecía de influencia sobre los apaches en el área de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua] y San Elizario [El Paso County, Texas]; en su opinión eran débiles y maliciosos y no tenían intención de mantener la paz de buena fe; que hablaría favorablemente sobre el nuevo acuerdo al jefe Fuerte [Mangas Coloradas] y a otros de su propio territorio. Hizo dos peticiones finales, que al menos dos de los caballos de Tapilá sean devueltos mientras el comandante general determine qué hacer con el resto [se ofreció a intercambiar dos de sus propios animales con Ponce de León como sustitutos de los dos de Tapilá], y que se le conceda permiso para vender algunas vacas y novillos de su última campaña en Sonora. Ponce de León, accedió con tal de que Tapilá no entre en Santa Rita.
Debido a las conversaciones con Pisago Cabezón, Ponce de León creía que las relaciones entre los apaches y los mexicanos estaban mejorando [aparentemente estaba poco preocupado por la compra del ganado robado de Sonora] al punto de que una paz duradera era posible. Pero la esperanza del nuevo tratado de paz se truncó, el 3 de octubre, por la actuación de unos habitantes de Santa Rita.
El 3 de octubre, ocho apaches, cinco mujeres [dos de ellas eran mujeres del jefe
chokonen Pisago Cabezón y, al menos dos, parientes de Sidé] y tres hombres [dos yernos de Pisago Cabezón] llegaron a Santa Rita del Cobre para comerciar. Llegaron con 15 novillos permaneciendo fuera de la localidad, pidiendo permiso para comerciar con los ciudadanos. Las mujeres entraron en la localidad, mientras que Ponce de León hizo que los hombres esperan fuera. Sin embargo, los ciudadanos demostraron, aparentemente, afecto hacia ellos, animándoles a que entraran dentro. Los tratos comerciales concluyeron sin incidentes, pero enseguida, Manuel Ruedas, alcalde sustituto, ordenó matar a uno de los apaches. Durante el incidente, Ponce de León y el capellán trataron de detener a las personas que querían matar a los apaches. Salvó la vida de cuatro mujeres a las que llevó al fuerte, pero una mujer y dos hombres fueron golpeados, apuñalados, heridos con lanzas, para terminar disparándoles. Lo que pasó con el tercer hombre no se sabe; quizá pudo escapar para contar lo ocurrido.
Salvar a las cuatro mujeres no fue fácil. Cuando Ponce de León intentó sacarlas de la ciudad poco después, la población local bloqueó la entrada a la fortaleza con las armas en las manos. Los soldados se pusieron del lado de la gente. Ponce de León finalmente lo consiguió, pero solo prometiendo que iba a liberar a dos mexicanos que estaban detenidos por las muertes de los apaches. Para protegerlas, acompañó personalmente a las cuatro mujeres durante casi 3 km. Esa misma tarde, cuatro apaches [tres hombres y una mujer] llegaron a Santa Rita para averiguar qué había ocurrido. Cuando se enteraron se fueron; no viéndose más apaches durante un mes. Ponce de León no superó la decepción. Sabía ahora que no había manera de recuperar la confianza de los apaches para futuras negociaciones. Ese hecho marcó el principio del fin de las relaciones de los apaches con los mexicanos en Santa Rita del Cobre.
El chokonen Pisago Cabezón lo intentó en Fronteras [Sonora], yendo a finales de octubre con otros apaches a negociar la paz. A los chokonen se les asignaron tierras en Cuchuverachi [municipio de Agua Prieta, Sonora] a 16 km al sur de San Bernardino [municipio de Agua Prieta, Sonora]; y a los chihennes desde Santa Lucía [después conocido como Santa Lucia Springs; luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico] hasta el río Gila. La mayoría de los apaches todavía eran “hostiles”. Aunque el tratado duró poco tiempo, los apaches continuaron viviendo en las zonas designadas.
La paz de Pisago Cabezón con Sonora estaba destinado a durar poco tiempo, principalmente porque el tema de la guerra o la paz, dividió a las bandas chiricahuas durante ese tiempo. Los chokonen ahora estaban a favor de la paz, pero los bedonkohes, los nednais y la mayoría de los chihennes abogaban por la guerra. Tras su tregua con Sonora, el 8 de noviembre, 10 apaches liderados por Pisago Cabezón, Boca Matada [chihenne, probablemente el mismo Geta Matada, que se encontraba en la zona de los ríos Gila y Mimbres en 1833 y 1834], y Caballo Ligero [chihenne] aparecieron en La Loma Blanca [municipio de Juárez, Chihuahua], pidiendo hablar de paz con el comandante del puesto. Se pusieron de acuerdo para volver a los pocos días, pero por alguna razón, no volvieron.
Después, Pisago Cabezón se apresuró a ir a Santa Rita del Cobre y solicitó la paz con Chihuahua. Allí se reunió con Robert McKnight, su antiguo socio comercial, y con el capitán José María Arce, comandante militar del puesto. Arce, quien pocos años después moriría a manos de una banda apache [probablemente mescaleros], se mostró inicialmente optimista sobre las perspectivas de un alto el fuego. José Joaquín Calvo, el comandante general de Chihuahua, ordenó a Arce que continuara las negociaciones hasta que el estado pudiera celebrar conversaciones formales. Para cuando Arce hizo los preparativos, los impacientes y desconfiados apaches ya habían huido, quizás inducidos por una declaración que oyeron en Janos: la paz no se les dará “hasta que sean exterminados”).
1837
* El 26 de enero de 1837, una banda chiricahua asalta por los alrededores de Santa Rita del Cobre (Santa
Rita, Grant County, New Mexico), con la posible participación de Fuerte ([Mangas Coloradas]. A principios de año, quedó claro que la incapacidad de Chihuahua para confirmar un acuerdo tendría consecuencias potencialmente nefastas. Los chokonen, indignados por la nueva actitud militarista de Chihuahua, enviaron grupos incursores desde sus rancherías invernales cerca de Fronteras hacia Chihuahua.
El 18 de febrero, Teboca llegó a Fronteras desde el territorio del río Gila con un grupo incursor, formado por bedonkohes y unos pocos chokonen, incluidos El Rapado y San Juan, al que los mexicanos habían liberado en Santa Rita del Cobre.
Teboca se había convertido en un importante líder militar. Teboca había residido en Fronteras cuando estaba en paz, y había sido un cercano aliado de Fuerte [Mangas Coloradas]. Su grupo había rodeado a varios mexicanos a unos 11 km de Fronteras, despojándolos de todo y robándoles cinco caballos y 200 cabezas de ganado. Luis Romero, uno de los mexicanos, los identificó, testificando: “Yo conozco muy bien al jefe Teboca… Le he visto en este presidio varias veces cuando él vino aquí para pactar la paz”. Varios civiles y militares de Fronteras dijeron que los apaches “se habían burlado de su amistad”.
El 28 de febrero, el comandante militar de Sonora comunicó al gobernador de Chihuahua que la banda del jefe Tívora [Vívora?]
se dirigía a su estado porque en Sonora había llegado a un acuerdo de paz. De hecho, cuando llegó, incursionó por Chihuahua.
Una banda apache mató a dos hombres que escoltaban unos carros que iban de Janos a Santa Rita del Cobre; atacaron varias haciendas en el área de Janos y Casas Grandes, impidiendo a los granjeros ocuparse de sus campos; las poblaciones fronterizas de Sonora estaban desprotegidas.
El 5 de marzo, debido al aumento de incursiones apaches en Sonora, el gobernador Manuel Escalante y Arvizu proclamó: “Guerra hasta la muerte del enemigo”. A principios de año, el chokonen Reyes había llegado al presidio de Fronteras [Sonora], donde los chokonen del jefe Matías estaban en paz. Mientras Fuerte [Mangas Coloradas] había ido al río San Francisco [afluente del Gila, Arizona y New Mexico] desde donde incursionaba tanto en Sonora como en Chihuahua.
Fuerte odiaba a Sonora y solo deseaba que lo dejaran en paz en su territorio. Además, aunque la ejecución de Tutijé en Sonora había ocurrido hace más de dos años, la facción belicosa aún quería venganza. A principios de 1837, Fuerte permaneció en la Sierra Mogollón, pudiendo haber participado en el ataque del 26 de enero de 1837 a Santa Rita del Cobre, lo que finalmente convenció al teniente coronel José María Arce de que los apaches “no deseaban la paz”. Mientras tanto, Pisago Cabezón y sus chokonen continuaron respetando su tratado con Sonora, mientras que algunos grupos locales chokonen pasaron el invierno en la Sierra de Chiricahua [Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona].
Otro grupo acampó en El Sarampión [Peloncillo Mountains, Hidalgo County, New Mexico], conocido por los indígenas como “Dziltilcil” [Black Mountain]. Marcelo [chokonen] estaba en paz, pasando el invierno en el Cañón de los Embudos [lugar que se haría famoso por la reunión entre Gerónimo y Crook, en 1886], afirmando que si el comandante general de Chihuahua quería, cogería su ranchería y se establecería en Santa Rosa [municipio de Chihuahua, Chihuahua].
El armisticio también propició una relación más frecuente entre los dos antiguos enemigos. En Fronteras, el jefe chokonen Reyes tuvo un altercado con Andrés Luna, un declarado enemigo de los apaches que pertenecía a la prominente familia Luna. Luna había confiscado varias ovejas de Reyes después de que estas se hubieran adentrado en su rebaño. Cabe preguntarse cómo Reyes había conseguido sus ovejas, pero tras el tratado había dejado su marca personal: orejas cortadas. Luna se negó a devolver los animales. Reyes protestó ante las autoridades civiles de Fronteras, quienes transmitieron su queja al gobernador, señalando que Luna “es un hombre que quiere imponerse y conseguir lo que quiera luchando contra los indios”. El gobernador ordenó a Luna que devolviera las ovejas. Los conflictos locales de esta naturaleza contribuyeron a aumentar la mutua desconfianza.
Con la llegada de la primavera, Juan José Compá [nednai], que había pasado el invierno en la Sierra de las Ánimas, al noroeste de Janos, se unió a su hermano Juan Diego [nednai], a Marcelo [chokonen] y a Vívora. El 27 de marzo, unos 50 guerreros mataron a nueve personas e incendiaron varias casas en un rancho cercano a Santo Tomás, prosiguiendo por los pueblos de la zona hasta San José de Baquiachi y San Antonio de Aguilar [los tres del municipio de Guerrero, Chihuahua] en los que mataron a otras siete personas.
Otros informes de incursiones apaches llegaron a Elías González, comandante militar de Sonora. Además, desde Tucson llegó información proveniente de los Pinal Apaches, una banda Western Apache, que decía que los chiricahuas planeaban matar a Elías González y al capitán Antonio Comadurán, comandante en Santa Cruz. Tras sopesar todas las pruebas, Elías González concluyó que los apaches habían violado los tratados de paz. Emitió un ultimátum: “Todos los apaches que no estuvieran en Fronteras antes del 19 de marzo de 1837, serían inmediatamente considerados enemigos declarados”. Luego sugirió que Sonora y Chihuahua tomaran medidas punitivas conjuntas contra los “hostiles”.
El 31 de marzo, una banda apache mató a otras siete personas en el valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Una banda regresó con más de 500 cabezas de ganado. Inmediatamente después, animados por el botín fácil, 30 guerreros de la banda de Marcelo partieron para una incursión. Marcelo, reconoció que no podía controlar a sus jóvenes.
Durante el mes de mayo, se hallaba por casualidad en el pueblo de Moctezuma [Sonora] un grupo de estadounidenses procedentes de Missouri para comprar mulas, pero se encontraron con que los apaches habían robado todo el ganado mular de la comarca. Los apaches acababan de asaltar el rancho Noria, a 48 km al norte de Moctezuma. Charles Ames, el líder del grupo, contactó con John James Johnson, que tenía una tienda en Moctezuma por aquel entonces. Los dos obtuvieron autorización del gobernador Manuel Escalante y Arvizu para realizar una campaña contra los apaches, según la cual, podían quedarse con la mitad del ganado robado que lograsen recuperar.
Además, el 3 de abril de 1837, el estado de Chihuahua decidió ofrecer 100 pesos de recompensa por cada cabellera de apache adulto, 50 por la de una mujer, y 25 por la de un niño. Ese mismo día, Johnson salió de Moctezuma al mando de un grupo compuesto por 17 estadounidenses y cinco arrieros mexicanos para cazar apaches. Siguiendo un rastro apache, fueron hacia el noreste, llegando a Fronteras el 12 de abril, donde Johnson y Ames hablaron con el capitán Antonio Narbona, comandante del presidio. Al principio, el oficial intentó convencerles de que no siguieran por el peligro que suponía una expedición de esa naturaleza. No obstante, Johnson llevaba una recua de mulas cargadas con artículos, confiando en que los chiricahuas querrían comerciar con ellos. En aquellos años, la mayoría de los estadounidenses de la región tenían buenas relaciones comerciales con los apaches. Según parece, al verles decididos en continuar, Narbona entregó a Johnson un pequeño cañón como protección.
El 20 de abril, el grupo de Johnson y Ames, siguiendo el rastro de ganado robado, llegó a los manantiales de Agua Fría, situados en la Sierra de las Ánimas [Animas Mountains, Hidalgo County, New Mexico], a unos 16 km al norte de la frontera. Los chiricahuas llamaban a esas montañas “Dzisl-di-jole” [Montaña Redonda] que utilizaban para cazar y como base para incursionar por México. El pico más alto de la zona tenía 2.600 metros de altitud. Por los alrededores había dos, y probablemente tres, rancherías, con un total de 80 guerreros, incluyendo la de los nednais de los hermanos Juan JoséCompá y Juan Diego Compá, con quienes los estadounidenses acordaron comerciar. También estaban Marcelo [chokonen], ElGüero y Vívora [la ranchería de este último había sido visitada por Reyes {chokonen} y García]. Se dio el caso que Johnson conocía a Juan José Compá, a quien había conocido unos años antes.
Unos apaches vieron el grupo, avisando por medio de señales de humo de su presencia. Cuando Juan JoséCompá se acercó preguntó a Johnson porque no iban por el camino principal, a lo que Johnson contestó que era a causa de la guerra de México contra Texas. Juan JoséCompá tenía conocimiento del plan de operaciones de los mexicanos en la guerra contra Texas por la correspondencia capturada [sabía leer español].
El grupo de Johnson y los chiricahuas intercambiaron mercancías. Los dos primeros días transcurrieron en un ambiente de cordialidad, según el testimonio de Lautora García, una cautiva a quien Johnson rescató de los apaches. Cuando Johnson ofreció comerciar con whisky, harina, azúcar, pólvora y un paso seguro para ir a Santa Rita del Cobre, Juan José Compá, confiado, aceptó. Johnson le dijo que tenía un saco de pinole [mezcla de polvos de vainilla y hierbas aromáticas] y mescal para ellos, por lo que acordaron acudir al día siguiente para intercambiar unas mulas robadas que estaban en varias rancherías cercanas. En el curso de la conversación que Johnson mantuvo con Juan José Compá, el apache le informó que, aunque tenía intención de proseguir con las incursiones contra los mexicanos, también estaba considerando la posibilidad de efectuar una tregua con ellos.
La idea de Johnson era embriagarlos para después matarlos, por eso aquella noche Johnson y sus hombres prepararon un ataque por sorpresa contra los apaches [los cinco arrieros mexicanos rehusaron participar y se fueron]. En un lado del campamento escondieron el cañón de modo que apuntaba hacia el lugar donde tenían el saco de pinole y otros artículos para intercambiar. Solo era cuestión de esperar a que regresasen los apaches.
El 22 de abril, mientras los apaches acudían a comerciar, Johnson disparó el cañón que estaba
cargado a rebosar con trozos de metralla. Según Lautora García, los confiados chiricahuas, empezaron a beber mescal hasta emborracharse. Seguidamente, dispararon el cañón, cargado de fragmentos metálicos, contra el grueso de los apaches, disparándonles, mtando e hiriendo a varios de ellos. Los 17 estadounidenses dispararon sus armas provocando el caos entre los desconcertados chiricahuas. Los que pudieron, incluido Vívora, montaron en sus caballos y huyeron, mientras los supervivientes fueron pasados a cuchillo.
En el suelo yacían los cadáveres de 20 apaches, entre ellos Juan Diego Compá [nednai], a quien la metralla del cañón le impactó en el torso, casi partiéndolo en dos; Juan José Compá [nednai], apache bautizado y educado hasta el punto de saber leer y escribir perfectamente español, siendo un interlocutor imprescindible entre los apaches y los mexicanos; Marcelo [chokonen] y El Güero, llevándose sus cabelleras. Se dice que el mismo Johnson remató a Juan José Compá mientras yacía malherido en el suelo.
Aunque ningún informe menciona la presencia de Fuerte [Mangas Coloradas] en el lugar, la tradición oral apache le sitúa en la escena. Los informantes apaches de la escritora Eve Ball, autora de “Indeh”, le dijeron que Mangas Coloradas estaba presente, y que con la primera descarga, cogió a un bebé y huyó del lugar. Dijeron que ese bebé era su hijo. También contaron a Eve Ball que entre los muertos estaban dos de las cuatro esposas de Mangas Coloradas. Si todo esto ocurrió así, se entiende el tremendo odio que Mangas Coloradas sentía por Sonora. Después del “asunto Johnson”, Fuerte se volvió más agresivo y se convirtió en un vigoroso líder que buscó venganza contra Sonora.
Otras evidencias indican que Mangas Coloradas estuvo presente. La Sierra de las Ánimas rodeaba el territorio de tres bandas chiricahuas, chokonen, chihennes y nednais. Unos 15 años después, Mangas Coloradas recordaría amargamente los detalles: “en otra ocasión, un comerciante fue enviado desde Sonora. Mientras comerciaba inocentemente, lo que a menudo provocaba discusiones acaloradas, un cañón oculto tras las mercancías fue disparado contra mi gente, causando la muerte de muchos”.
Los estadounidenses no tardaron en marcharse a Janos [Chihuahua] con la muchacha mexicana cautiva, desde donde Johnson escribió al gobernador de Chihuahua, informándole que había obtenido una gran victoria contra, más de 80 apaches: “Al ver cuántos eran, retrasé mi ataque desde el 20 hasta las 10:00 de la mañana del 22, viendo que no podía esperar más debido a los actos de desconfianza y traición que vi que preparaban… a pesar de los peligros y obstáculos que había en el camino… como resultado dejaron en el campo de batalla 20 indios renegados muertos, incluyendo los tres jefes, Marcelo, Juan José Compá y Juan Diego Compá, cuyas cabelleras he presentado al comandante de este presidio [Janos]”. Johnson no mencionó el cañón ni como mató a los 20 apaches sin sufrir una sola baja. Luego continuó viaje a Moctezuma, vía Bavispe, donde entregó las cabelleras de los tres jefes apaches a las autoridades, recibiendo 100 pesos en compensación.
La matanza perpetuada por Johnson y Ames dejó un recuerdo de amargura imborrable entre los apaches y en años posteriores sus líderes, Mangas Coloradas, Cochise y otros, constantemente se refirieron al asunto como uno de los peores actos de traición cometidos contra su pueblo. Sin embargo, si se tienen en cuenta otros muchos sucesos todavía peores, como por ejemplo la matanza de Galeana nueve años después, lo de Johnson se reduce a uno de los múltiples actos similares que ocurrieron a lo largo de la historia de la Apachería.
Para los chiricahuas, este fue el primero de una serie de ataques traicioneros de blancos o mexicanos. Consideraron la matanza como uno de los peores actos jamás perpetrados contra ellos, al menos hasta los que hizo James Kirker unos años después. La muerte de Juan José Compá, en sí misma, no tuvo demasiada importancia. No tenía influencia en ninguna banda chiricahua, salvo en su propio pequeño grupo familiar. No hubo una oleada inusual de emoción para vengar su muerte, como la que hubo, por ejemplo, por Tutijé. Sin embargo, la forma en que ocurrió su muerte fue importante por dos razones: la forma en que fueran engañados; y la gran cantidad de víctimas, entre ellas, mujeres y niños. El traición de Johnson también indicó a los chiricahuas que los mexicanos habían adoptado una nueva filosofía en su lucha contra ellos. Una cosa era ser derrotados por sus enemigos en el campo de batalla; y otra, un ataque traicionero y una matanza indiscriminada, sin importar la edad ni el sexo, simplemente porque los mexicanos no podían derrotar a los chiricahuas en la guerra. El ataque de Johnson sentó un precedente lamentable para que otros hicieran lo mismo en los siguientes 25 años. Habían decidido el exterminio. Sin embargo, las consecuencias distaron mucho de lo que los líderes mexicanos habían previsto, pues los chiricahuas, en lugar de pedir la paz o rendirse, iniciaron un sangriento período de guerras de represalia. Durante los siguientes cinco años, con Pisago Cabezón envejeciendo, Fuerte emergió como el líder indiscutible de las tres bandas chiricahuas del norte. Y Soquilla, quien sucedió a Juan José Compá como líder de los janeros nednais, terminó sometiéndose a Fuerte.
Tras la masacre de Johnson, Fuerte se fue al norte, al río Gila. Después de un breve período de duelo, su siguiente acción fue predecible: la venganza, preferiblemente contra los responsables. Poco después, una banda chiricahua atacó en el río Gila a un grupo de 22 tramperos mandado por Charles Kemp, matándolos a todos.Quizás fueron los guerreros de Fuerte. Después emboscaron unos carros, matando a los 12 hombres que los llevaban de El Paso a Santa Fe. Otros grupos de estadounidenses sufrieron la furia apache, cuyos líderes más destacados en ese momento eran los chokonen Pisago Cabezón y Tapilá; y el chihenne Fuerte. Todos ellos organizaron numerosas incursiones en Sonora y Chihuahua para vengar la matanza. Durante el período transcurrido entre 1837, año de la matanza y mediados de la década siguiente, nuevos jefes comenzaron a destacar en los ataques organizados por los chiricahuas en la frontera norte de México.
Según la tradición oral apache, poco después del enfrentamiento con el grupo de Kemp, Fuerte se puso una camisa con las mangas de un rojo muy brillante, y así adoptó su nuevo nombre, convirtiéndose en Kan-da-zis-tlishishen, o Mangas Coloradas. Según dijo un apache al etnólogo Grenville Goodwin: “Si se adquiere un nombre nuevo y llamativo, la gente empieza a usarlo y abandona el anterior”. Probablemente este fue el caso de Mangas Coloradas, ya que los apodos eran los más usados, pues “los nombres de pila suelen ser más personales”.
Pocas semanas después de la masacre de Johnson, los chiricahuas capturaron a un trampero estadounidense llamado Benjamin Davis Wilson, y a sus dos compañeros, quienes desconocían que la guerra había estallado después de la massacre. Años más tarde, Wilson recordaba el suceso: “Nos arrebataron todo lo que teníamos.Nos llevaron marchando hasta el campamento apache, donde nos dijeron que algo terrible había ocurrido entre los apaches y los estadounidenses y que los jóvenes guerreros estaban decididos a sacrificarnos. Expresamos nuestro asombro ante el cambio de actitud de los apaches, de quienes siempre habíamos recibido muestras de amistad… Esa noche, en el campamento, los indios realizaron una danza de guerra al este del wigwam donde el jefe Mangas [Coloradas] nos mantenía confinados. El viejo jefe se oponía a nuestro sacrificio, pues decía haber recibido muchos favores de los estadounidenses y creía que era por el bien de su pueblo mantener las relaciones amistosas que existían hasta entonces. En ese momento, nuestro grupo se había reducido a tres hombres… Mangas nos dijo que había hecho todo lo posible por disuadir a sus hombres de matarnos, pero sin éxito. Finalmente, a altas horas de la noche, Mangas entró muy emocionado y dijo que tenía que regresar con sus guerreros y que uno de nosotros debía irse, ya que era el único al que podía salvar.Pregunté a mis hombres qué debíamos hacer. Uno, llamado Maxwell, tenía un esguince de tobillo y no podía caminar. El otro, llamado Tucker, estaba prácticamente inválido… Así que se concluyó que debía irme… Tomé una pequeña manta de piel de búfalo y me la eché al hombro [los indios me habían despojado de toda la ropa] y me fui”.
Poco después, Mangas Coloradas ayudó a Maxwell y a Tucker a escapar. El motivo por el que decidió proteger a los estadounidenses sigue siendo un misterio. Se puede especular que había distinguido entre los blancos que habían perjudicado a su pueblo y los que no. Sin embargo, esto no explica por qué los apaches mataron al grupo de Kemp, a menos que este hubiera cometido algún acto terrible contra ellos. Los recuerdos de Wilson parecen convincentes en muchos aspectos. Su mención de la danza de guerra de los apaches, que solo realizaban cuando buscaban venganza, parece acertada, al igual que su descripción de la autoridad de Mangas Coloradas como jefe sobre sus furiosos guerreros, que se preparaban para la guerra. El control de un líder apache sobre sus hombres distaba mucho de ser absoluto; sin embargo, Mangas Coloradas, al igual que Cochise años después, tenía seguidores devotos que confiaban en su liderazgo. A pesar de esta posición, Mangas Coloradas liberó a Wilson discretamente. El comportamiento de Mangas Coloradas hacia los estadounidenses parece coherente con su conducta posterior. Respetaba y necesitaba a la mayoría de ellos porque traían armas y municiones necesarias para su pueblo a cambio del botín de los apaches. En cualquier caso, es evidente que la masacre de Johnson no había amargado a los chiricahuas contra todos los estadounidenses, pues durante el año siguiente continuaron comerciando con ellos e incluso permitieron que James Kirker los acompañara en una expedición a Sonora).
* El 23 de abril de 1837, unos 80 hombres de Sonora al mando del teniente Sebastián Reyes entra en Chihuahua. (Asaltaron una ranchería apache de 46 personas en el río Temehuaque, cerca de Casas Grandes [Chihuahua]. Aunque estaba situada en un lugar de muy difícil acceso, los apaches fueron cogidos por sorpresa y apenas tuvieron tiempo de escapar. Los mexicanos mataron a 10 personas y liberaron dos cautivos).
* El 15 de junio de 1837, una banda apache incursiona en la Hacienda de la Zarca (municipio de Hidalgo, Durango).
* El 8 de julio de 1837,una banda chiricahua asalta Cumpas (Sonora), situada en la orilla este del río Moctezuma, a unos 3o km al norte del pueblo de Moctezuma (Sonora), matando a tres personas. (Informes del ataque indicaban que la banda estaba formada por chokonen porque testigos oculares habían identificado a dos hijos de Reyes, aunque se cree que también participaron chihennes).
* A las 08:00 horas del 8 de julio de 1837, llega a la casa consistorial de Bachíniva (Chihuahua), el joven Juan José Domínguez, quien era vecino de ese pueblo, diciendo que era un cautivo que había escapado de los apaches. (A las 18:00 horas, el joven se había presentado en la casa de José Sánchez, alias “Corio”, el cual inmediatamente dio parte a las autoridades, siendo llevado a la casa consistorial. Domínguez fue interrogado por la autoridad local, José María Merino, quien informó de lo siguiente: “Que el viernes 7 del que rige logró fugárseles a los indios de una sierra incógnita, trayéndose consigo un caballo melado en que vino montado y llegó en él a este pueblo. No queda duda, según el examen referido, en que este desgraciado joven, solo por un milagro de la divina providencia, pudo haber sabido, así como no pueda también en decir veracidad en la sucinta narración que ha hecho. En ella hay mención de que los indios se hallan viviendo con sus familias en la tierra donde le tenían, que aunque no la conoce él llevará la gente a ella, que allí viven efectivamente, pues tienen hechas rancherías y que esta se compone de 8 gandules, 8 indias, sus familias [que son algunas] y dos cautivitas chicas: que no tienen más de 5 armas de fuego incluida una pistola; y en fin por la premura del tiempo, no digo a porción de cosas interesantes que dan a conocer viven hoy los apaches.
Como el interés de castigar a estos es sobrenatural; en tal concepto me puse de acuerdo con los oficiales que componen las fuerzas de este enunciado pueblo y en unanimidad dijeron que se resolvían hacer una campaña de 40 o 50 hombres con el fin de exigir al castigo de tan perversos enemigos, por la Sierra de [Manta Negra] o Metates, según dice el cautivo que por el rumbo donde salió en una de ellas se hallan. Dice también el joven le contaron los indios que en este pueblo mataron 3 hombres y uno se les escapó porque echó a huir, lo que da a conocer que estos son los que a cada paso nos están haciendo muertes”.
Una tropa al mando del comandante Félix Nava fue enviada a Bachíniva. A las 20:00 horas del 16 de julio, se presentó en ese lugar el subteniente Salvador Solís, quien provenía de la sierra del cañón del Palomino y Carrizalejo, en cuyo interior hallaron las rancherías de los apaches que habían tenido cautivo a Jesús José Domínguez.
Para recompensar la honradez y el valor demostrados por el joven, el alcalde de Bachíniva, Juan José Ortega, le dio en propiedad el caballo con el que había huido de los chiricahuas).
* El 17 de julio de 1837, el teniente de la compañía de Janos (Chihuahua) informa que una partida de apaches, al avistar a sus soldados, bajaron de sus caballos y los atacaron pie a tierra “… con tanta osadía que casi llegaron con la lanza…”, dando fe de la audacia de los ataques apaches, incluso contra tropas regulares y en un plano de igualdad.
* El 26 de julio de 1837, los apaches saquean Huepac, a orillas del río Sonora, a unos 50 kilómetros al sur de Arizpe, llevándose todo el ganado.
*El 7 de agosto de 1837, incursionan por los alrededores de Fronteras ([Sonora]. Les persiguieron Soldados de esa localidad y, en un breve enfrentamiento, cerca de San Bernardino, mataron a dos apaches y recuperaron los caballos).
* El 25 de septiembre de 1837, una banda bedonkohe, probablemente bajo el mando de Mangas Coloradas, captura a un muchacho de Galeana (Chihuahua) llamado Felipe de Jesús Fuente. (Tres días más tarde atacaron a un grupo de mexicanos cerca de Casas Grandes [Chihuahua], matando a dos e hiriendo a otros cuatro. Un grupo de mexicanos les persiguió y les dieron alcance, y combatiendo mientras cabalgaban, hirieron a tres apaches antes de agotar sus caballos.
El 1 de octubre, robaron 80 reses y 11 caballos de la Hacienda de Ramos, una gran hacienda a unos 24 km al sur de Janos, donde casi matan a Juan María Varela, pariente de Mariano Varela, amigo de los nednais Compás. Poco después asaltaron Janos, quizás porque John Johnson residía allí después de la matanza de apaches que perpetró el último 22 de abril. Mataron a dos personas, capturaron a dos mujeres y se llevaron gran cantidad de caballos.
Después, el 4 de octubre, atacaron la Hacienda de El Carmen [municipio de Buenaventura, Chihuahua], a unos 80 km al sudoeste de El Carrizal, donde mataron a ocho vaqueros que venían de Corralitos [municipio de Janos, Chihuahua] antes de ser rechazados por los defensores, al reunir estos 37 hombres, 10 de ellos con armas de fuego y el resto con arcos, flechas y lanzas. Los apaches se llevaron todo el maíz de los alrededores y también, según algunas fuentes, secuestraron a un niño mexicano que en el futuro sería conocido como Victorio. Sin embargo, la gran mayoría, incluidos apaches, señalan que Victorio era chihenne de pura sangre).
* El 4 de octubre de 1837, el gobierno nacional de México prohíbe el pago de recompensas por cabelleras. (El presidente Anastasio Bustamante lo declara inconstitucional, inmoral y repugnante para la civilización).
* El 8 de octubre de 1837, una partida de más de 100 apaches tiene un enfrentamiento con unos vecinos del valle de San Jerónimo de Huejotitán (municipio de Balleza, Chihuahua), colindante con el vecino estado de Durango, y en el que mueren 16 mexicanos, entre ellos el juez de paz Martín Ruiz, que encabezaba el grupo, y nueve apaches contando a su jefe. (Lo excepcional de este encuentro es el lugar donde se produjo, tan al sur de las zonas de incursiones habituales de los apaches y con un número tan elevado de guerreros).
* El 26 de octubre de 1837, una banda chiricahua embosca y mata a dos hombres cerca de Janos. (Luego robaron a dos mujeres una reata de caballos cuando trabajaban en los campos de cultivo.Un grupo de mexicanos salió tras ellos, pero se volvieron a poco menos de 1’6 km de Janos cuando vieron que los apaches les superaban en número).
* El 10 de noviembre de 1837, el juez de paz de La Joya (municipio de Satevó, Chihuahua) informa de un enfrentamiento en el que resultan muertos cinco vecinos y heridos otros cinco, entre ellos tres tarahumaras, y un número indeterminado de apaches.
* El 16 de noviembre de 1837, un grupo de apaches sitia la casa del Cerro Colorado (municipio de Matamoros, Chihuahua), derrotando a los que estaban dentro refugiados.
* El 4 de diciembre de 1837, una banda apache irrumpe en la Hacienda de Ramos, en los alrededores de Janos (Chihuahua) matando a su propietario, Juan María Varela, de 53 años y juez de paz, y a otros ocho vecinos que venían de un rodeo en Corralitos ([municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. Los apaches se dirigieron a Corralitos, donde atacaron a unos vaqueros, llevándose 400 novillos hasta el Cañón de Piedras Verdes, al oeste de Casas Grandes. Los ciudadanos del distrito exigieron protección y algunos, incluyendo los dueños de la Hacienda de Ramos, amenazaron con abandonar sus hogares para irse a lugares más seguros. Pero poco después, alternando las incursiones con las solicitudes de paz, tan habituales en los apaches, un cautivo que escapó de los apaches residentes en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico] llegó a El Paso [El Paso County, Texas] con la noticia de que iban a enviar emisarios a Janos para pedir la paz).
* El 21 de diciembre de 1837, las autoridades de El Paso del Norte (Ciudad Juárez, Chihuahua) piden autorización para aceptar la paz que les proponen los apaches mescaleros que residen en el sur de Nuevo México.
* En diciembre de 1837, se producen varios ataques: en la zona de Cusigüiriachi (hoy Cusihuiriachi, Chihuahua); en el pueblo de Nombre de Dios, en las afueras de Ciudad de Chihuahua; y en el pueblo de Aldama, a unos pocos kilómetros de la capital, matando a varias personas y robando ganado. (La población poco podía hacer. Por ejemplo, en Chihuahua, el distrito de Galeana solo contaba con 129 armas de fuego operativas, y nadie sabía cuándo se agotarían las municiones. La situación no era mejor en Sonora. En la pequeña aldea de Cuquiarachi, a pocos kilómetros al suroeste de Fronteras, los habitantes tenían armas de fuego, pero carecían de municiones. Se sentían impotentes ante los frecuentes asaltos apaches.
A finales de 1837, la ofensiva chiricahua convenció a los gobernadores de Sonora y Chihuahua de que debían tomar medidas para detenerlos. Simón Elías González, gobernador de Chihuahua, escribió a José Escalante y Arvizu, gobernador de Sonora [y verdugo de Tutijé], para proponerle una campaña conjunta. Juraron castigar a los chiricahuas, quienes se mostraban “ingratos tras 46 años de haberlos mantenido en nuestra sociedad y amistad”. El plan de Elías González contemplaba un destacamento de 400 hombres, que, según esperaba, incluiría a 200 ópatas de Sonora, para librar una guerra de seis meses, utilizando Santa Rita del Cobre como base de operaciones. Creía que la presión constante obligaría a los chiricahuas a pedir la paz. Pero la falta de fondos y la inestabilidad política impidieron que se llevara a cabo).
1838
* El 8 de enero de 1838, el jefe apache lipán Cuelgas de Castro firma con la República de Texas, el tratado de paz de Live Oak Point ([Aransas County, Texas]. Los puntos del tratado eran:
Artículo 1: La República de Texas promete y por la presente garantiza paz, amistad y protección a dicha tribu de indios lipanes mientras permanezcan en paz y de buena fe, y no molesten a los ciudadanos, sus bienes ni de ninguna manera actúen indignos de la amistad de la República de Texas.
Artículo 2: Los indios lipanes prometen y se comprometen solemnemente a ser y seguir siendo los amigos eternos de la República de Texas.
Artículo 3: La República de Texas, con miras a manifestar a los lipanes su deseo de cultivar y asegurar su amistad y promover su interés y felicidad, acuerda nombrar a un comerciante, o comerciantes, o establecer una casa, o casas comerciales, entre ellos en los lugares o momentos que requieran sus hábitos errantes que puedan permitir que se les proporcionen los artículos que sus necesidades requieran y sus medios les permitan comprar.
Artículo 4: La República de Texas por James Power hace como promesa de amistad porque dichos habitantes lipanes acuerdan dar a su jefe el valor de 250 dólares en artículos que puedan administrar la mayor parte de las necesidades actuales de dichos lipanes, y ellos en consideración de los mismos, y con el fin de mostrar su amistad a la República de Texas y sus ciudadanos, se compromete a entregar a los ciudadanos de dicha República todo el ganado, caballos, mulas u otra propiedad que pueda llegar a sus manos, siempre que tengan derecho a ello y pueda establecerse mediante señales, marcas u otros medios legales que establezca el Presidente de la República de Texas, siempre que a dichos lipanes se les pague al momento de entregar dicha propiedad una contraprestación justa y equitativa por coger y entregar dicha propiedad a sus dueños. El modo de otorgar el derecho a los mismos será prescrito por el Presidente de la República de Texas.
Artículo 5: Se acuerda mutuamente entre las partes contratantes que en caso de que alguno de dichos lipanes cometa algún tipo de violencia sobre alguno de los ciudadanos de la República, o cualquier atropello o apropiación indebida de los bienes de los ciudadanos de dicha República, el mencionado jefe en el poder Castrocoincide en nombre de su pueblo para entregar a las autoridades de dicha República a los indios que cometan tal violencia, quienes estarán sujetos a la ley de la República y restituirán la propiedad tomada y la República de Texas por James Powers está de acuerdo, en caso de que alguna violencia fuera cometida por cualquiera de los ciudadanos de Texas a uno de dichos lipanes tras el informe de lo mismo hecho por el jefe lipán al presidente de la República, para que los infractores sean castigados de acuerdo con las leyes de Texas y para que se les restituyan sus propiedades, en caso de que se demuestre que cualquiera de los ciudadanos de la República debió haber tomado ilegalmente la misma y en ningún caso ninguna de las partes tomará reparación por su propia mano, por los atropellos, violencia o hechos ilícitos que cualquier lipán pueda cometer sobre las personas o bienes de los ciudadanos de Texas, o por cualquier violencia, atropellos o actos ilícitos que los ciudadanos de dicha República puedan cometer sobre las personas o propiedades de cualquiera de dichos indios lipanes, pero la solicitud de justicia y reparación se hará por y a través de las autoridades gobernantes de cada una de las partes contratantes, de acuerdo con el espíritu y tenor de este artículo.
Artículo 6: Queda además acordado por las partes contratantes que las personas y bienes de cualquiera de los lipanes estarán seguros y no serán molestados por ninguno de los ciudadanos de la República mientras puedan transitar por cualquier parte del mismo de manera pacífica, y las personas y bienes de los ciudadanos de la República y todas las demás personas y sus bienes en paz con esta República, o aquellas otras personas y sus bienes que puedan ser invitados a esta República por su política o autoridades, no serán molestados ni perturbados por ninguno de los lipanes, mientras pasa por cualquier parte de esta República, con excepción de las tribus indias con las que los lipanes puedan estar en guerra abierta.
James Power [LS]
Cuelgas de Castro [LS] Por su marca [x]
Firmado, sellado y entregado de buena fe en Live Oak Point por James Power en nombre de la República de Texas y por Cuelgas de Castro, jefe gobernante de los lipanes en este día 8 de enero del año de Nuestro Señor 1838, en presencia de Samuel A. Plummer [abogado]; George W. Sutton; Thomas Bines [intérprete indio]; y R. D. Dunlap”.
El 6 de marzo de 1838, el vicepresidente de la República de Texas, Mirabeau Buonaparte Lamar dijo de Cuelgas de Castro: “Conocida la fama como hombre de Estado y guerrero, y confiando en su unión con el pueblo americano, el gobierno de Texas se complace en recibir al generalde Castro en términos de amistad… Por lo tanto, será el deber del general de Castro, como jefe ilustrado de una nación poderosa, difundir estas importantes verdades entre su pueblo, e inculcar en ellos las ventajas de mantener con esta amigable República relaciones sociales”.
(Sin embargo, en 1839, Lamar se había convertido en presidente de la República de Texas y Samuel Hewes [ciudadano de Aransas City, Aransas County, Texas] se quejó de que familias angloamericanas tenían dificultades para ocupar el oeste de la parte superior del río Nueces [Texas] por culpa de los apaches lipanes, expresando su desconfianza en el jefe Castro. Sin embargo, Cuelgas de Castro y su hijo Juan Castro llevaron 40 lipanes como scouts para acompañar al coronel John Henry Moore y 55 texanos y 12 tonkawas en el ataque a un asentamiento comanche cerca del río San Sabá [Texas] el 15 de febrero de 1839.
Juan Castro y sus lipanes se llevaron la numerosa manada de caballos, pero al ser demasiado pocos para conducir más de 2.000 caballos, los comanches lograron recuperar más de 300 caballos y resistir la acometida. Después de una hora de lucha, el coronel Moore se vio obligado a retirarse.
El Departamento de Guerra de la República de Texas autorizó al coronel Moore a alistar scouts lipanes para otra expedición contra los comanches en el río San Sabá. Moore escribió una carta a Castro el 12 de septiembre de 1840, prometiendo que los errores de la campaña anterior no se repetirían).
* A finales de enero de 1838, una banda apache quema la Hacienda Bacanuchi, cerca de Bacoachi (Sonora) siendo perseguidos por el capitán Francisco Narbona. (Fueron alcanzados antes de que se internaran en las montañas, matando a dos guerreros. Por las mismas fechas, los apaches se llevaron 600 reses de Santa Cruz, siendo perseguidos sin éxito).
* El 11 de febrero de 1838, los apaches atacan el pueblo tarahumara de Pichachi (municipio de Guerrero, Chihuahua) matando a cinco habitantes y llevándose cautivos a varios niños.
* A mediados de marzo de 1838, el chihenne Mangas Coloradas y el chokonen Pisago Cabezón convocan una reunión de líderes apaches cerca de Santa Lucía (después conocido como Santa Lucia Springs; luego San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico) con la intención de vengar las muertes producidas por Johnson. (Decidieron enviar dos grupos formados por chihennes, chokonen, y janeros nednais.El primero, de 200 guerreros, al mando del chokonen Tapilá y el bedonkohe Teboca, estaba armado con mosquetes nuevos, con mucha pólvora, adquirida de comerciantes estadounidenses. Solo dos guerreros tenían arcos, flechas y lanzas. Estos comerciantes eran, principalmente, los shawnees y delawares de Missouri de James Kirker. Exisgte la sospecha de que Kirker participó en la incursión de Tapilá y Teboca, aportando su experiencia a los apaches y llegando hasta las laderas occidentales de la Sierra Madre de Sonora. El segundo grupo, al mando de Pisago Cabezón, planeaba acechar los carros de suministros que iban a Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico].
Es posible que los jefes chiricahuas hubieran oído rumores de que Chihuahua pretendía cerrar las minas. Ya en diciembre de 1836, las autoridades mexicanas habían ordenado el cierre de las minas por razones económicas; el costo de extracción del mineral superaba sus ingresos. El agua también había inundado los pozos, obligando así a los mineros a dedicar más tiempo al costoso mantenimiento que a la extracción del mineral rentable. En términos actuales, la mina se enfrentaba a una inminente bancarrota. Si el gobierno estatal no hubiera subvencionado sus operaciones, México habría antes cerrado las minas.
Con la caída de los ingresos, Robert McKnight comenzó a dirigir sus esfuerzos al lucrativo comercio de contrabando con los apaches. En la primavera de 1837, el gobernador de Chihuahua presentó cargos penales contra él por intercambiar mosquetes con los apaches a cambio de las mulas que habían obtenido durante sus incursiones en México. A principios de 1838, McKnight renunció y las autoridades estatales ordenaron al comandante militar de Janos que se hiciera cargo temporalmente del centro de abastecimiento de Santa Rita. Los problemas económicos aumentaron en Santa Rita debido a la hostilidad de los chiricahuas , los cuales encontraron que el asentamiento era una presa fácil, saqueando a sus habitantes y a su ganado sin resistencia. En más de una ocasión cortaron las comunicaciones, aislando la localidad. Mangas Coloradas pronto descubrió que Santa Rita del Cobre, totalmente dependiente de los suministros de Chihuahua, era un objetivo vulnerable, decidiendo aprovechar la situación.
El 19 de marzo, el grupo de Tapilá y Teboca emboscó a un grupo de vecinos de El Carrizal [municipio de
Ahumada, Chihuahua] que les seguían por haberles robado las pocas reses que les quedaban. En el enfrentamiento mataron a cinco mexicanos e hirieron a siete, quitándoles 38 caballos ensillados. Este hecho motivó una comunicación del gobernador de Chihuahua al ministro de la Guerra informando que los habitantes de El Carrizal habían tenido 35 muertos y 20 heridos desde 1832, además de haber perdido prácticamente todos sus bienes y propiedades. Además, seguía el gobernador, solo en el último mes los apaches habían dado muerte a otros 19 varones en los alrededores de la capital y a otros tres en la jurisdicción de Julimes [Chihuahua] llevándose una gran cantidad de caballos y mulas.
Cuando el grupo de Tapilá y Teboca entró en Sonora, Pisago Cabezón y Mangas Coloradas
ejecutaron su plan de tomar Santa Rita del Cobre. No sería por la fuerza, ya que era demasiado arriesgado y causaría muchas bajas. Pisago Cabezón y Mangas Coloradas decidieron cortar el suministro de provisiones a los habitantes de Santa Rita del Cobre. Casi todos los meses, un convoy de mulas y 10 carretas salía de Galeana [Chihuahua] con destino a Santa Rita del Cobre. Los chiricahuas lo sabían y planearon emboscarla antes de que llegara a las minas. Sin duda, recordaban las afrentas recibidas por parte de los ciudadanos de Santa Rita del Cobre, incluyendo la muerte de dos yernos de Pisago Cabezón, 18 meses antes.
El lugar elegido para la emboscada estaba situado a pocos kilómetros al sur de Hermanas [Luna County, New Mexico], en el lado mexicano de la actual frontera. Este lugar se encontraba a lo largo de la ruta que utilizaban los viajeros entre Casas Grandes, Galeana, Janos y Santa Rita del Cobre.Según el mayor William H. Emory, quien reemplazó a John Russell Bartlett como comisionado de límites a principios de la década de 1850, la zona debía su nombre a “una serie de lagunas formadas por numerosos manantiales, de los cuales se contabilizaron 15, todos con agua cristalina. Están conectados y, en conjunto, forman una lámina de agua de entre dos y tres kilómetros de largo, de entre 800 y 800 metros de ancho y de entre 1,2 y 1,5 metros de profundidad; su dirección es de norte a sur”.
El 26 de marzo de 1838, los chiricahuas se desplazaron hacia el sur a través de la Sierra de la Florida [Florida Mountains, Luna County, New Mexico], al sureste de la actual Deming, donde sus fuerzas se reforzaron con guerreros de un grupo local chihenne que habían pasado allí el invierno. Los chiricahuas llamaban a esta cordillera “Dzilnokone”, que significa “Montaña Larga y Colgante”. Esta región era una importante base y zona de acampada para un grupo local chihenne. Con varias cumbres que se acercaban a los 2.000 metros, la Sierra de la Florida también albergaba una gran cantidad de cabras montesas. Al partir de allí, la ruta del grupo de guerra se dirigió a lo alto del Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico], donde Pisago Cabezón y Mangas Coloradas prepararon su emboscada.
Los guerreros de Pisago Cabezón, Mangas Coloradas, Manuel Chirimi [nednai] y Sidé [chokonen] se colocaron para emboscar a cualquiera que se acercase a los manantiales que allí había.
Al mando del convoy iba Ambrosio Tachán, guiándolo lentamente hacia los manantiales de agua. Sobre las 15:00 horas del 30 de marzo, los chiricahuas bajaron de improviso desde las colinas, dirigiéndose hacia el ganado y las mulas que Narciso Soto y Marcos Escudero llevaban por delante. De inmediato, la escolta formada por varios estadounidenses les persiguió, pero los guerreros se detuvieron desafiándoles en una zona montañosa frente a los manantiales. Viendo que les superaban en número, la escolta se detuvo. Un informe mexicano dijo que los chiricahuas eran 400 [300 a caballo y 100 a pie], algo que parece exagerado. Ambos bandos ocuparon posiciones defensivas, disparándose esporádicamente durante el resto del día y a lo largo de la noche de luna llena.
Sobre las 11:00 horas del día siguiente, Chato Pisago, hijo de Pisago Cabezón, se acercó pidiendo parlamentar. Un mexicano llamado Pascual Mora accedió a salir llevando un revólver escondido entre su ropa. Chato le dijo que Pisago Cabezón quería hablar con un ciudadano de Janos. Ambrosio Tachán contestó que si Pisago Cabezón quería hablar, que viniese a donde estaban ellos. Después de unos tensos momentos, un mexicano llamado Gabriel Zapata abandonó la protección de los carros y fue a la posición que ocupaban los apaches. [Pocos años después, el aventurero y escritor estadounidense George Wilkins Kendall conoció a un líder chiricahua que podría haber sido Pisago Cabezón. Si es así, su breve descripción del gran jefe es la única que tenemos hoy en día: “Mediana estatura, fuerte y bien proporcionado, de unos 65 a 70 años, y con el pelo tan blanco como la nieve”].
Zapata recordaría: “Ante mi petición, Pisago [Cabezón] bajó y los dos indios que estaban con él me saludaron y me abrazaron. Tras conversar amistosamente sobre varios temas, Pisagodijo: ‘Quiero la paz. No quiero pelear’. Respondí que, aunque solo era sirviente de la hacienda, arriesgaría mi vida, y que si dejaban pasar las carretas y a la gente, me quedaría con su tribu hasta que recibiera una garantía de protección, ya fuera de Don Roberto [Robert McKnight, administrador de una mina en Santa Rita] o del Gobernador. Pisago aceptó”.
Este acuerdo fue efímero, porque el numeroso grupo de guerreros quería venganza y botín. En este punto, otro personaje entró en escena. Bernavé, un mexicano que se había unido a los apaches, y que antes había vivido en Santa Rita del Cobre, aconsejó a Pisago Cabezón que no accediera. Recordándole las afrentas recibidas por los apaches, Bernavé gritó: “¿No recuerdas a las mujeres indias deSidéque fueron asesinadas y a tus propios yernos en El Cobre, que fueron golpeados hasta la muerte con palos?”. En ese momento, Pisago Cabezón ofreció “quizás vida y libertad para aquellos que elijas”. Sin embargo, antes de que Zapata pudiera tomar una decisión, Pisago dijo que tenía que “ir a ver al otro capitán”. Pisago Cabezón no mencionó la identidad de este otro jefe, pero debió ser Mangas Coloradas, ya que la historia oral apache le situó en este incidente. Poco tiempo después, Pisago Cabezón regresó con otros líderes [no con Mangas Coloradas], comunicando a Zapata la decisión: los apaches no negociarían. Debía abandonar todo y regresar a Janos, y los chiricahuas no les atacarían.
Entonces Pisago Cabezón ofreció un trago de agua a Zapata y este lo rechazó. Algunos apaches lo tomaron como una ofensa, gritando Manuel Chirimi: “¡matadlo!”, pero Pisago Cabezón y Chato Pisago, así como los guerreros Sicón, Voluntario y Cochi [un líder nednai] se negaron, ayudándole este último a huir: “Me puso a la grupa de un caballo y así me puse a salvo de los otros”.
El 2 de abril de 1838, Tachán ordenó abandonar las carretas y las provisiones, y volvieron a Janos, llegando el 3 de abril, con solo 22 monturas. Los apaches se apoderaron de las provisiones dirigiéndose hacia Santa Rita del Cobre. El comandante de Janos, temiendo que los apaches atacaran esa localidad, envió dos correos a Bavispe [Sonora] solicitando 40 hombres, pero el día antes, José Manuel Samaniego había enviado una patrulla para hacer frente a los apaches que incursionaban al norte de allí, sin duda la banda de Tapilá y Teboca. A pesar de eso, envió 30 hombres con una pieza de artillería.
Mientras tanto, la banda de Pisago Cabezón y Mangas Coloradas atacó las
minas de Santa Rita del Cobre, matando a varios ciudadanos e hiriendo a otros. Se llevaron dos mulas, varios burros y 300 ovejas de una hacienda cercana.
En abril, atacaron Galeana [Chihuahua] matando a varios vecinos y robando varios caballos y bueyes, sin ser alcanzados por sus perseguidores. Días después, en otro asalto de los apaches en San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua] mataron a los vecinos Rafael Ramos, Néstor Gallegos, Miguel Durán, Gregorio y Justo García.
El 6 de mayo de 1838, el juez de paz de El Carrizal informaba que los vecinos abandonaban el lugar a causa de los ataques apaches; mientras, ante la necesidad de suministros que tenían los mineros, salió otro convoy de Galeana con una escolta de 70 hombres con destino a las minas. Vieron unos pocos apaches, pero no tuvieron problemas.Pisago Cabezón y Mangas Coloradas no vieron ninguna ventaja en arriesgarse a bajas innecesarias, porque probablemente habían oído que los mexicanos habían decidido cerrar las minas y transferir la propiedad pública a Janos. Este sería el último convoy, pues a finales de junio, los mineros mexicanos abandonaron las minas de Santa Rita del Cobre. Cuando el convoy regresaba a Galeana cargado de mineral, unos cinco apaches gritaron que se apoderarían del convoy cuando volviese a Santa Rita con suministros, ya que los apaches no comían “cobre”, sino harina, dulces y otros alimentos.
John Carey Cremony, autor del libro “Life Among the Apaches”, dijo que salvo cuatro o cinco, todos los hombres, mujeres y niños de las minas de Santa Rita habían resultado muertos. Las exageraciones de Cremony son conocidas. Dos versiones desmienten a Cremony. Una, la del botánico Frederick A. Wislizenus, que viajó por el norte de México en 1846-47; y otra del historiador y lingüista John Russell Bartlett, miembro de la Comisión Fronteriza que inspeccionó la frontera entre los Estados Unidos y México. Ninguno de los dos mencionó una masacre de tal naturaleza. Wislizenus escribió que “las minas tuvieron que ser abandonadas a causa de indios hostiles, los cuales mataron a algunos de los trabajadores y atacaron los convoyes”. Bartlett fue más específico, refiriéndose al enfrentamiento de Pisago Cabezón en el Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico], describiendo la emboscada en la que los apaches se llevaron las carretas, mulas y caballos, proporcionando a cada hombre del convoy una mula para regresar, a la vez que les avisaban de que no permitirían pasar más provisiones hacia las minas y que les atacarían en cuanto tuvieran oportunidad, siendo mejor que abandonaran el lugar.
Las hostilidades continuaron entre 1838 y 1842, salvo una breve tregua en noviembre de 1838,
cuando el grupo local carrizaleño nednai, junto con la mayoría de los mescaleros, firmó la paz en El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua]. Su principal motivación era lograr la liberación de su gente, que se encontraba cautiva en Chihuahua, lo que probablemente fue el factor determinante en la mayoría de los tratados de paz entre los chiricahuas y los mexicanos durante el siglo XIX. Informes mexicanos indicaban que muchos chiricahuas vivían en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], lejos de la frontera norte.
Mientras tanto, en Sonora, sus presidios, mal equipados y con escasa guarnición, eran incapaces de impedir incursiones o lanzar ofensivas. A partir de finales de 1837, la inestabilidad política se había apoderado del estado, ya que dos grupos rivales, los Gándaras y los Urreas, iniciaron su lucha por el control del mismo. En 1838, había comenzado un período de ocho años de guerra civil que llevaría al estado prácticamente a la bancarrota. El grupo encabezado por Manuel María Gándara, llegó incluso a reclutar la ayuda de poblaciones nativas de Sonora [yaquis, mayos y pápagos] en su afán por gobernar el estado. José Urrea había regresado a Sonora como un héroe tras su servicio con Santa Anna en Texas. Se sintió traicionado cuando el presidente de México, Anastasio Bustamante, lo pasó por alto y nombró a Gándara, gobernador de Sonora. En el otoño de 1837, destacados líderes de Sonora se habían reunido en Arizpe, decidiendo solicitar a Ciudad de México que permitiera al estado gobernar sus propios asuntos internos. Una de sus reformas más importantes fue tomar el control de sus ingresos para utilizarlos en la guerra contra los apaches. Urrea apoyó esta filosofía y fue elegido gobernador por una junta militar a principios de 1838. Sin embargo, Gándara no se quedó de brazos cruzados. Tras su destitución, organizó una contrarrevuelta, y durante el verano y el otoño de 1838, los dos rivales centraron sus energías en luchar entre sí en lugar de hacerlo contra los apaches. A finales de 1838, el grupo de Gándara había derrotado a las fuerzas de Urrea. Urrea abandonó el estado y Gándara se proclamó gobernador.
A pesar de este caos, el ejército de Sonora logró algunos éxitos menores. En el verano de 1838, las tropas mataron a cuatro guerreros cerca de Santa Cruz; a un jefe y dos guerreros cerca de Fronteras; y a un jefe y tres guerreros cerca de Hermosillo. Sin embargo, los apaches controlaban la frontera nororiental con escasa resistencia por parte de Sonora.
* En mayo de 1838, James Kirker, con otros 23 mercenarios, incluyendo a sus shawnees, atacan a los apaches en la parte alta del río Gila, obteniendo 59 cabelleras, nueve prisioneros y 400 cabezas de ganado. (Kirker llevó a sus prisioneros por Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] y por los alrededores de Socorro [Socorro County, New Mexico]).
* El 24 de julio de 1838, una caravana que transita desde El Paso a Ciudad de Chihuahua es atacada por una banda de apaches, con los cuales se concierta una tregua en medio del combate dado el equilibrio de ambas fuerzas. (Al parlamentar, los apaches dijeron al jefe de la caravana que había numerosas partidas en los montes de las inmediaciones, esperando a la campaña del gobernador que sabían iba a salir a pelear contra ellos.
El 26 de junio, asaltaron Namiquipa, matando a 20 vecinos y llevándose 56 caballos. El 28 de junio, el periódico “El Noticioso” de Chihuahua informaba de la formación de una partida para perseguir a los apaches que habían robado ganado al ciudadano Juan José Pérez en la Hacienda del Carmen [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Los apaches sorprendieron a la población en sus labores, llegando por la Sierra de los Arados [municipio de Ahumada, Chihuahua]).
Antes, el 25 de julio, Kirker y su grupo atacaron otra ranchería apache, matando a 34 de ellos, mujeres y niños incluidos, y capturando 125 caballos y mulas; y 36 cabezas de ganado. Había un desacuerdo entre las autoridades mexicanas sobre el uso de mercenarios extranjeros).
* El 7 de octubre de 1838, el gobernador Simón Elías González parte de Ciudad de Chihuahua con un destacamento hacia el norte para realizar una campaña contra los apaches. (Elías había anunciado el 18 de mayo, la constitución de una fuerza de 400 civiles y 100 soldados, pero no pudo conseguir los fondos necesarios, por lo que el 9 de junio, pidió a los ciudadanos que participasen y ayudasen económicamente, recordándoles que los apaches se habían apoderado de muchos víveres que iban en dirección a Santa Rita del Cobre, provocando el cierre de las minas.
Las primeras operaciones contra los apaches no se iniciaron hasta finales del otoño. En noviembre, inspeccionaron las Sierras de la Escondida, Capulín, Corral de Piedra y Laguna de Santa María [todas en Chihuahua], matando a un varón y a dos mujeres adultas, capturando a dos mujeres con cinco niños y recuperando 26 caballos.
El 15 de noviembre, ante el número de tropas, varias bandas de apaches gileños pidieron la paz en la Laguna de Guzmán [municipio de Ahumada, Chihuahua] y en la Sierra de la Escondida [municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. Acordaron un tratado que se firmó entre el teniente coronel José Ignacio Ronquillo, prefecto del distrito de El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua] y varios jefes menores apaches, como Antonio Mancisco [desconocido hasta ahora]; Yescas [desconocido aunque tal vez sea el mismo que estuvo en paz en San Elizario {El Paso County, Texas} y que visitó Janos {Chihuahua} en 1812]; o los nednais Cigarrito y su hijo Cristóbal; y un total de 209 guerreros, 312 mujeres y 417 niños.
Los jefes apaches y sus guerreros declararon que estaban cansados de la guerra y desea una
paz duradera, entregando más de 30 caballos y mulas con marcas del gobierno de Chihuahua. Las autoridades mexicanas esperaban ahora que al pactar con esas rancherías, podrían presionar a otros apaches para pactar.
El tratado de paz, sustancialmente, contenía lo siguiente:
1. Se establece la paz y amistad entre la nación mexicana y la tribu de apaches mimbreños, más particularmente con los departamentos de Chihuahua, Sonora, Nuevo México, Coahuila, Texas y Durango.
2. Se asigna como territorio a los apaches los campos y sierras de los ríos Gila, Mimbres, La Florida y Bravo, desde la villa de El Paso hasta la Sierra de San Mateo [todos en el departamento de Nuevo México].
3. Cada jefe de poblado se compromete a dar el número exacto de hombres, mujeres y niños y a llevar un distintivo que le distinga de las demás tribus, consistente en un pañuelo, cinta o gamuza blanca en la cabeza.
4. Inicialmente, no se asignan suministros, pero en caso de calamidad, se les proporcionará ayuda.
5. Los apaches se comprometen a auxiliar en las campañas contra los comanches y demás naciones con que los mexicanos estuvieran en guerra.
6. Los apaches pueden comerciar con los pueblos de El Paso, San Elceario el Viejo, Vado de Piedra, Norte y colonia de San Carlos [Chihuahua] pero necesitan un permiso especial para internarse al interior de otros departamentos de la República.
7. Los apaches conservarán todos los bienes que en este momento posean y el gobierno está obligado a marcarlos con un hierro especial que reconozca su propiedad.
8. Los apaches pueden vender todos los animales que hasta la fecha hayan obtenido en la guerra, teniendo preferencia sus antiguos dueños.
9. Los apaches no pueden vender las armas y municiones que tienen a ningún individuo que esté en guerra con los mexicanos.
10. Los jefes apaches están obligados a entregar a las autoridades a los criminales o delincuentes que vivan en sus rancherías.
11. Los apaches están obligados a entregar a todos los cautivos mexicanos que se encuentren en su poder sin poder exigir ninguna recompensa.
12. Cada jefe de poblado se compromete a dar el número exacto de hombres, mujeres y niños.
El 20 de noviembre, un boletín militar fechado en Janos [Chihuahua] informaba de una ambigua acción militar en la Sierra de La Escondida, en la que los apaches emboscaron a una de las columnas en que se dividía la fuerza del gobernador Elías, resultando varios muertos por ambas partes.
El 23 de diciembre, el último boletín militar resumía el fracaso de la campaña de Elías contra los apaches por las dificultades que encontraron, hombres y animales, para operar en pleno invierno, regresando a Ciudad de Chihuahua con siete apaches cautivos [dos mujeres y cinco niños]).
1839
* En enero de 1839, el coronel John Henry Moore, al mando de 55 voluntarios de Texas (el embrión de lo que luego serían los “Rangers”); 40 apaches lipanes, liderados por Cuelgas de Castro y su hijo Juan Castro; y 12 tonkawas, salen de campaña contra los comanches. (Los lipanes habían descubierto un campamento comanche situado en el río San Gabriel, a unos 80 km al norte de Austin [Travis County, Texas], proponiendo a los texanos realizar un ataque contra el enemigo común. Los texanos accedieron encantados, especialmente Andrew Lockhart, cuya hija Matilda, de 15 años, había sido capturada junto a otros cuatro niños el otoño anterior, mientras recogían nueces junto al río Guadalupe.
Cuando llegaron al río San Gabriel, los comanches se habían ido, pero siguieron su rastro en medio de una fuerte tormenta, hasta que el 12 de febrero, los scouts lipanes y tonkawas localizaron su campamento en el Spring Creek, un afluente del río San Sabá. Dejando atrás su tren de equipaje y sus monturas, los texanos avanzaron a pie, rodeando el campamento durante la noche. En la madrugada del 15 de febrero, atacaron, cogiendo a los comanches completamente por sorpresa. Abriendo los tipis o simplemente tirándolos abajo, los texanos mataron a muchos de los ocupantes y capturaron a unos pocos. El caos inundó el campamento ante la mezcla de disparos, perros ladrando, y mujeres y niños gritando de terror, impidiendo a Matilda Lockhart oír gritar a su padre: “¡Matilda, si estás aquí, corre hacia mí!”.
Los comanches huyeron mientras los lipanes y tonkawas provocaron la estampida de la manada de caballos, apoderándose de unos 2.000 caballos, pero luego se reagruparon y contraatacaron al llegar más comanches de otros campamentos situados a 8 o 10 km río arriba. Moore ordenó a sus hombres retroceder. Más tarde dijo que lo hizo porque el humo de los disparos impedía definir los blancos y porque sus hombres tenían que recargar sus armas. Sin embargo, Cuelgas de Castro, estaba tan disgustado por la acción de Moore que cogió a sus guerreros y se fue llevándose todos los caballos que pudo [los comanches lograron recuperar más de 300]. Los texanos se retiraron a donde estaban sus caballos, pero se encontraron con que los comanches habían espantado a 46 de ellos.
Poco después de la batalla, los comanches enviaron bajo bandera blanca a una cautiva, una mujer lipán, para hablar con los texanos y concertar un intercambio de prisioneros, pero ya era tarde, ya que los lipanes habían matado a todos los comanches capturados, siendo imposible rescatar a Matilda Lockhart y a otros cuatro cautivos blancos. Los texanos tuvieron que retirarse con seis heridos, llevándolos en literas. Tras un viaje de 160 km consiguieron llegar a casa.
En enero de 1840, tres comanches llegaron a San Antonio para discutir la paz. Les dijeron que únicamente se podrían iniciar conversaciones si traían a los 13 cautivos que se creía que estaban en manos de los comanches. Dos meses después regresaron. Eran 65 personas [30 guerreros, y 35 mujeres y niños]. Solo trajeron a Matilda Lockhart, y ante el lamentable estado en que se encontraba y al no traer el resto de cautivos mataron a todos los guerreros, y a cinco mujeres y niños).
* El 10 de febrero de 1839, el gobierno de Sonora prepara una campaña contra los apaches.
* El 9 de abril de 1839, Stephen Courcier, socio de Robert McKnight en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) y patrón de James Kirker, pide una reunión en Chihuahua con la “Sociedad para hacer la guerra”.(James Kirker fue designado para organizar un grupo para matar apaches, dándole 100.000 pesos para liberar Chihuahua de ellos, cobrando con independencia de las cabelleras que presentasen).
* El 24 de abril de 1839, se organiza una partida al mando del comandante Gregorio Pérez, para perseguir a los apaches desde Santo Tomás ([municipio de Guerrero, Chihuahua]. El grupo salió por la noche y a las 06:00 horas del día 25, les dieron alcance en un punto llamado los Álamos de Teseachic, 25 km al noreste de Santo Tomás. En ese lugar combatieron los 12 hombres del grupo contra seis apaches. En el enfrentamiento perdió la vida José Anaya, y recibieron heridas graves Vicente Vargas y Juan Domínguez. Los apaches huyeron hacia El Picacho y Santa Clara, llevando consigo una considerable cantidad de animales robados. Las noticias de lo ocurrido fueron comunicadas por Benito Ortiz, quien formaba parte de la expedición).
* El 4 de septiembre de 1839, Kirker y sus hombres tienen un enfrentamiento con apaches
jicarillas.
* El 6 de septiembre de 1839, el capitán José Guadalupe Peña, de 72 años y uno de los más antiguos militares en servicio, comandante de la frontera del norte, informa que el apache pacífico Sacramento, establecido cerca de la colonia de San Carlos (Chihuahua), avisa de los planes del jefe Santa Anna de sublevar a su gente para pasar a robar animales al interior del departamento.
* El 18 de septiembre de 1839, los vecinos de Rosales (Chihuahua), dirigidos por Casimiro Cisneros y Jesús Baca, tienen un enfrentamiento con una banda de apaches a los que quitan 30 animales.
* El 19 de noviembre de 1839, el periódico de Chihuahua, “El Antenor” (ELAN) informa de ataques y robos producidos por apaches en Temósachic y Babícora (los dos en el municipio de Temosachi, Chihuahua); y en la Hacienda de San Diego (municipio de Casas Grandes, Chihuahua) y que, aunque siendo rechazados por sus habitantes, no han podido evitar el robo de entre 3.000 y 4.000 animales, y causar la muerte de varias personas.
* En noviembre de 1839, Manuel María Gándara, el anterior gobernador de Sonora,
ataca una ranchería chihenne situada en el río Mimbres ([sur de New Mexico]. Los soldados mataron a 17 guerreros [Gándara erróneamente creyó que uno de ellos era Pisago Cabezón], llevándose 280 caballos y mulas, 110 cabezas de ganado, y 19 rifles de fabricación estadounidense. Los mexicanos tuvieron dos muertos y tres heridos.
Esta expedición desencadenó otro sangriento ciclo de venganza y represalias, aunque Pisago Cabezón trasladó a sus seguidores a Boca Grande, al norte de Janos. En 1840, los chiricahuas, impulsados por la ira, continuaron sus incursiones en Sonora, donde Gándara siguió atribuyendo su impotencia a la agitación causada por el conflicto interno. “Desde el inicio de la revolución en 1838, las tropas de este departamento se han dedicado a derrotarla, dejando así pocas tropas para combatir a los apaches”.
* El 4 de diciembre de 1839, una junta de vecinos de Ciudad de Chihuahua formada por José Artalejo, Ángel Trías, Vicente de Palacio y E. Cignour, propone un proyecto de guerra contra los apaches. (La situación era crítica; las minas estaban abandonadas, las haciendas desiertas y los caminos cada vez más inseguros. El gobernador del estado, Simón Elías González, advirtió que estas incursiones podrían obligar al abandono de la frontera norte de Chihuahua, particularmente la zona de Janos, Casas Grandes y Galeana. El gobernador temía que los apaches marcharan sin oposición hacia la capital del estado, Ciudad de Chihuahua, sintiendo que sus tropas no podrían detenerlos. Por lo tanto, decidió actuar.
Ante la indefensión en que se encontraba Chihuahua ante los ataques apaches y la falta de ayuda del gobierno central, esa junta de vecinos llegó a la conclusión de que lo que proponía era inconstitucional y que vulneraba el orden jurídico, pero, para Chihuahua, se trataba de respetar la ley o perecer. El gobernador, al reconocer que sus tropas no eran rivales para los móviles apaches, aceptó la propuesta.
El plan principal consistía en contratar mercenarios o cazadores de cabelleras, como se les conocería más tarde. Este ejército privado, compuesto por personajes de dudosa reputación [comerciantes y tramperos anglos, convictos mexicanos y rudos pioneros de la frontera], sería remunerado según los resultados. Chihuahua pagaría una recompensa por cada cabellera. El primero que se apuntó fue el irlandés de ojos azules, cabello y bigote grises, bajo y corpulento, residente en Nuevo México, James Kirker [Santiago Querquer para los mexicanos] encabezando un grupo formado por estadounidenses, mexicanos y nativos shawnees y delawares.
Kirker tenía una ventaja: conocía a los apaches y estaba familiarizado con su territorio y sus zonas de acampada favoritas. Era un oportunista dispuesto a tomar partido por la causa que más le convenía; que siempre era el dinero. Antceriormente había jugado a dos bandas: anglosajones contra apaches y, más recientemente, apaches contra mexicanos [aunque afirmaba que los apaches lo habían obligado a acompañarlos al haber sido capturado]. Ahora volvería a cambiar de bando y se unió a los mexicanos contra los apaches. El 14 de junio de 1839, Ángel Trías, presidente del concejo municipal de Ciudad de Chihuahua, emitió una ordenanza que imponía un impuesto a los comerciantes para apoyar la campaña de Kirker. El apoyo de la gente fue abrumadoramente entusiasta, excepto por parte de los comandantes militares de Chihuahua, quienes consideraban que este plan no dejaba en buen lugar su actuación y su reputación.
1. Se asegura durante cuatro meses a Kirker y hasta 200 mercenarios su subsistencia a razón de 2 pesos diarios al primero, 1 peso a cada uno de los jefes indios y 4 reales a los demás.
2. La suma mensual a que asciende el gasto estará en la capital, Chihuahua, en poder de una persona de confianza designada por Kirker.
3. Se proveerá a Kirker de todo el equipo necesario para iniciar la campaña.
4. Se pagará a Kirker y a sus socios, 50 pesos por cada indio, muerto o prisionero, y 25 por cada india o muchacho prisionero que presente al gobierno.
5. Si al cabo de cuatro meses se considera provechosa la continuación de la campaña, se prolongará el contrato por otros cuatro meses.
6. Si Kirker consigue pacificar, a satisfacción del gobierno de Chihuahua, a las tribus apaches, se le recompensará a él y a sus socios con 25.000 pesos.
7. En el caso de que Kirker perdiera la vida, se indemnizará a su familia con la cantidad de 5.000 pesos.
8. Otras condiciones del contrato, como el destino de los animales recuperados, se discutirán en un acuerdo posterior.
El gobierno aprobó el proyecto, llevándolo a la práctica de inmediato con la llegada de Kirker a Chihuahua ese mismo mes de diciembre. El gobierno de Chihuahua cedía a los mercenarios todos los animales que no tuvieran dueño conocido y la mitad de los marcados que quitasen a los apaches, siempre que se verificase la acción de guerra por la prisión o muerte de algún nativo.
Al día siguiente, 27 de diciembre, un pequeño grupo de la banda de Pisago Cabezón llegó a Janos [Cihuahua] y solicitó la paz. Recientemente derrotado por las tropas de Gándara, el jefe chokonen quería una tregua. Es posible que hubiera oído que Chihuahua había contratado a Kirker [a quien conocía bien] para hacer una campaña contra su gente, por lo que su gesto pudo haber sido una estratagema para frustrar la ofensiva; o tal vez solo quería comerciar “para deshacerse del botín y comprar municiones”, como había ocurrido en muchas treguas entre apaches y mexicanos.
Los chiricahuas pronto sentirían cómo se las gastaba Kirker. La banda de Mangas Coloradas se había quedado en Nuevo México, aparentemente fuera de su alcance, pero Pisago Cabezón, quien había abandonado el territorio del río Mimbres tras el ataque de las tropas sonorenses el pasado mes de noviembre, no tuvo esa suerte.
Para cuando el comandante de Janos envió un mensaje al teniente coronel José María Arce, en Ciudad de Chihuahua, para notificar la presencia de los chirciahuas de Pisago Cabezón, Kirker ya había partido hacia el norte. Arce escribió al comandante de Janos para que avisara a Kirker que cambiara su base de operaciones de Casas Grandes a la región de El Carrizal y El Paso del Norte; a la vez que informaban a los chiricahuas presentes de que Kirker [a quien conocía bien] les atacarían si volvían a las hostilidades o si abandonaban los territorios asignados).
1840
* Durante 1840, el jefe apache lipán Cuelgas de Castro y su banda residen en un campamento de bisontes cerca de la aldea de Estacas ([norte de Tamaulipas]. Un mexicano dijo: “Sabía que los indios lipanes bajaban de Laredo a Estacas en una fecha tan tardía como 1840. Han matado muchos búfalos y han traído la carne y las pieles para hacer trueque con los mexicanos; y recuerdo haber visto una hembra de búfalo domesticada y entrenada por su jefe Castro para seguir a su montura”).
* En la mañana del 9 de enero de 1840, James Kirker ataca una
ranchería chiricahua en Casas Grandes ([Chihuahua].El grupo de Kirker, guiado por el juez de paz de Casas Grandes, José Morales, y reforzado por otros 23 hombres de esa localidad y de Galeana, atacó la ranchería de Pisago Cabezón, situada cerca de la Laguna de la Ascensión, en la Sierra Boca Grande [municipio de Ascensión, a unos 80 km al norte de Janos, Chihuahua]. Pisago Cabezón estaba esperando noticias de su hijo Marcelo, que estaba en Janos, esperando la respuesta del comandante general de Chihuahua. El grupo de Kirker mató a 15 personas [entre ellas 10 guerreros], capturó a 20 [varias mujeres y niños], y recuperó 72 cabezas de ganado.
Después Kirker, fue a Janos, donde capturó a Marcelo a pesar de estar dentro de los muros del presidio, llevándole junto a los otros cautivos a Ciudad de Chihuahua. Cuando Kirker se llevó a Marcelo, solo había unos pocos soldados de los 18 que componían la guarnición de Janos.
Los chiricahuas se sintieron traicionados, pues las autoridades de Janos les habían asegurado que estarían a salvo del grupo de Kirker si permanecían en paz. Pisago Cabezón hubiera buscado venganza de no ser por los 20 prisioneros que Kirker tenía en su poder, a quienes rápidamente llevó a Ciudad de Chihuahua para reclamar su recompensa. En cambio, Pisago Cabezón fue a la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico] para reunirse con Mangas Coloradas, a la vez que en febrero, envió a Tapilá y a Negisle a Janos para hablar con las autoridades y averiguar el paradero de su hijo y los demás miembros de su grupo, y saber si todavía había posibilidades de hacer la paz, estando dispuesto a aceptar las condiciones ofrecidas.
Tapilá y Negisle hablaron de las muchas veces que Kirker había vendido mosquetes, pistolas, pólvora y cuchillos a los apaches; aprovechándose, como Johnson antes que él, de su amistad con ellos para sus propios fines. Preguntaron cómo obtener la liberación de Marcelo, quien estaba legalmente bajo la protección de las autoridades mexicanas cuando Kirker llegó, lo capturó de manera ilegal, y lo envió a Ciudad de Chihuahua.
El 11 de marzo, Kirker atacó nuevamente otra ranchería apache ubicada en la Laguna de Santa María [municipio de Ascensión, Chihuahua]. Mató a seis personas y capturó a 13, recuperando 126 caballos y ocho barriles de aguardiente [se desconoce si ese licor era producto de robos recientes o llevado por comerciantes].
Algunos de los apaches capturados en los dos ataques fueron obligados a trabajar en las minas. Otros fueron trasladados hasta plantaciones, incluso algunas tan lejanas como las del Yucatán. Las mujeres fueron obligadas a servir en las haciendas y los niños, una vez adoptados, se convirtieron en mexicanos.
A principios de año, apaches de Sonora y Chihuahua fueron, otra vez, convencidos para que se ubicasen en establecimientos de paz, mientras contrataban a cazadores de recompensas y mercenarios para cazar a otros apaches. Localidades de Chihuahua y Sonora realizaron individualmente acuerdos de paz con los apaches sin tener en cuenta al gobierno central y a otras localidades. Los apaches, unas veces, hacían incursiones [como en Santa Eulalia, Aldama y Cusigüirachi {hoy Cusihuiriachi, los tres en Chihuahua} con varios muertos, cautivos y robos de ganado] y otras, solicitaban la paz.
Simón Elías González, gobernador de Chihuahua, creía que la iniciativa de paz de Pisago Cabezón no era más que una estratagema para frenar la campaña de Kirker e impedir la venganza de los ciudadanos de Chihuahua. Sin embargo, el gobernador invitó a Pisago Cabezón a Ciudad de Chihuahua para negociar una tregua. El jefe rechazó la oferta y continuó negociando en Janos con la esperanza de que Chihuahua le devolviera a su gente, a pesar de que algunos ciudadanos de Janos fueron acusados y procesados, al estar prohibido, por vender alcohol, armas y municiones a los apaches, pero a pesar de eso, nunca acabó ese comercio.
Durante los meses de abril y mayo de 1840, se produjeron ataques apaches en La Soledad [a unos 96 km
de El Paso], en La Candelaria y en Encinillas [todas en Chihuahua], por lo que Kirker se puso en camino.
El 27 de abril de 1840, Kirker informaba desde El Carmen [municipio de Buenaventura, Chihuahua] que había atacado una ranchería apache en la Sierra de Terrenate, al noroeste de Encinillas [municipio de Chihuahua, Chihuahua)], matando a dos de ellos y quitándoles 48 reses, 18 caballos y tres mulas.
Al mes siguiente, Kirker siguió el rastro de una banda de apaches que había matado a tres hombres en el camino entre El Paso y Ciudad de Chihuahua. Justo antes de la medianoche del 8 de mayo, sorprendió una ranchería situada cerca de Laguna de Santa María [municipio de Ascensión, Chihuahua], la cual resultó ser del grupo local carrizaleño nednai, matando a seis hombres, capturando a 13 mujeres y niños, y 121 caballos y mulas, además de cuatro barriles de whisky.
Durante el resto de la primavera, viajó a través del territorio de los ríos Gila y Mimbres buscando apaches).
*El 20 de marzo de 1840, una partida de 50 guerreros comanches incursiona cerca de la colonia de San Carlos (municipio de Chihuahua, Chihuahua) matando a seis personas. (Entre ambas comunidades se había construido una pragmática alianza entre los vecinos de San Carlos y los mescaleros ante la presencia del enemigo común, los comanches. Cuando estos mataron a seis personas cerca de la colonia,rápidamente, se formó un grupo de 20 vecinos y 40 apaches mescaleros dirigidos por Espejo, teniendo un sangriento encuentro con el grupo incursor comanche.
Días después se repitió el enfrentamiento entre las mismas fuerzas.Esta ranchería de mescaleros tenía como enemigo más poderoso a los comanches por lo que optó por el acuerdo con los mexicanos. Cuando se quitaban animales a los comanches, los apaches casi siempre salían beneficiados como señalaban los partes militares publicados en el periódico de Chihuahua, “El Antenor” [ELAN], el 14 y el 28 de abril de 1840: “… Quitando a los enemigos siete caballos y trece bestias mulares, algunos pillajes de cíbolos y otros espolios, las bestias todas quedaron en poder de los Apaches mescaleros que por no tener que sentirlos le fue preciso al C. Juez de Paz convenir con ellos…”).
* El 18 de mayo de 1840, José Nancha (chokonen) solicita la paz en nombre de su jefe Pisago Cabezón. (El éxito del grupo de Kirker obligó a los chiricahuas que vivían dentro de los límites de Chihuahua a considerar una tregua. Pisago Cabezón continuó negociando, con la esperanza de lograr el regreso de su gentecautiva. En febrero, había enviado a Janos a Tapilá, su hombre de confianza. En mayo, las conversaciones se intensificaron. El 18 de mayo, José Nancha solicitó la paz en nombre de Pisago Cabezón, pero las autoridades se negaron a negociar a menos que el jefe estuviera presente. El precavido Pisago Cabezón envió a Janos a otro hijo, Chato Pisago; mientras en El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua] otro guerrero pedía la paz para él y para Ronquillo, un líder carrizaleño nednai.
El 16 de junio, el subjefe chokonen Matías anunció en Janos que todos los gileños querían la paz, pero que Pisago Cabezón estaba demasiado viejo y enfermo para viajar a Ciudad de Chihuahua. Las autoridades de Janos no creyeron a Matías porque Pisago Cabezón tenía la costumbre de no presentarse por temor a una traición. Como todavía tenían a Marcelo, el hijo de Pisago Cabezón, así como a otros apaches capturados por James Kirker, era obvio que Matías estaba en Janos principalmente para obtener su liberación. Además, aprovechó esa ocasión para evaluar el estado y la fuerza general del presidio; y comerciar para conseguir comida y licor, ya que ciudadanos de Janos a menudo violaban esa prohibición. El comandante dijo a Matías que daba un ultimátum a Pisago Cabezón para que fuese a Janos, en el plazo de dos semanas, con no más de tres o cuatro guerreros. A menos que Pisago Cabezón estuviese realmente incapacitado físicamente, tenía que estar listo para viajar a Ciudad de Chihuahua. Las negociaciones no avanzaron, robando un grupo de apaches, una semana más tarde, 53 caballos de la manada del presidio, aunque no se supo quienes fueron los autores. Al final, Matías accedió a ir a Ciudad de Chihuahua con seis guerreros, con una escolta mexicana.
El mismo mes de junio, poco después de que Matías saliera de Ciudad de Chihuahua,
llegó un informe que dejó atónito al gobernador. Un numeroso grupo de chiricahuas había incursionado por el centro de Chihuahua, asaltando los pueblos del valle del río Papigochi y de la Alta Tarahumara, como Tónachi, Tejolócachi, Matachí, Coyáchi y Cocomórachi. En este último pueblo de tarahumaras, los guerreros entraron a saco el 24 de junio, matando a 27 personas, hiriendo a cuatro y llevándose a ocho cautivos, además de todos los animales que encontraron. Un grupo armado de Temosachi, que se había formado años antes, salió en su persecución logrando recuperar parte de los caballos robados pese a sufrir la muerte de uno de ellos y tres heridos graves, su comandante Dámaso Bencomo, Sóstenes García y Jesús Moncada. Los apaches volvieron sobre sus pasos, manteniendo Temósachic incomunicado durante varios días.
Esta incursión tenía todas las características de una incursión dirigida por Mangas Coloradas [un gran grupo de guerreros y un gran número de víctimas], aunque no hay pruebas fehacientes de que él estuviera presente. El 22 de junio, el nuevo gobernador de Chihuahua, Francisco García Conde, emitió un informe explicando la cancelación del contrato de Kirker, supuestamente por razones humanitarias. Se dedicó a reorganizar los presidios y las fuerzas de la milicia local.
La decisión de García también allanó el camino para un nuevo acuerdo de paz con los elementos pacíficos de los chiricahuas, liderados por el anciano Pisago Cabezón. Mangas Coloradas no participaría en las negociaciones preliminares; desconfiaba de Chihuahua por emplear a los mercenarios de Kirker y nunca perdonó a Sonora por enviar a los cazadores de cabelleras de Johnson, de quienes dos de sus esposas habían sido víctimas. La ira seguía presente en él, profunda e incontenible, debido a la traición y el maltrato de los mexicanos hacia su gente.
Los chiricahuas se mostraron activos contra Sonora a principios de la década de 1840, a pesar de los continuos esfuerzos de Pisago Cabezón por llegar a un acuerdo con Chihuahua. Desde el otoño de 1840 hasta que Chihuahua devolvió a su hijo Marcelo en la primavera de 1842, Pisago Cabezón negoció la paz con los líderes militares de Janos. Incluso después del regreso de su hijo continuó dialogando con Chihuahua buscando la paz. Al igual que Sonora y Chihuahua, muchos líderes chiricahuas de mayor edad estaban agotados tras años de guerra. Mientras tanto, varios líderes chokonen moderados, liderados por Matías e Yrigollen, junto con Esquinaline y Teboca, dos líderes con estrechos vínculos con Mangas Coloradas, se presentaron en Fronteras, solicitando también el cese de las hostilidades. Al igual que Chihuahua, una Sonora devastada por la guerra anhelaba la paz, pero el estado estaba al borde de la bancarrota. Su tesorería había agotado los fondos necesarios para mantener a las tropas. Para empeorar las cosas, los partidarios de Urrea y Gándara volvieron a enfrentarse. En enero de 1841, Urrea regresó sigilosamente a Sonora desde Durango. Tras varios meses de escaramuzas, Urrea huyó de vuelta a Durango y finalmente se alió con Santa Anna, quien había recuperado el poder en el otoño de 1841. Con este nuevo apoyo, Urrea informó a Gándara que lo destituiría, y la situación cambió a favor de Urrea durante los años siguientes. Esta anarquía interna y las hostilidades de los apaches habían provocado malas cosechas en 1840 y 1841 en la frontera nororiental de Sonora. Mientras tanto, la comida escaseaba en Santa Cruz, Fronteras y Bavispe, y los éxitos militares eran poco frecuentes. Incluso corría el rumor de que toda la guarnición de Santa Cruz había pensado en desertar y huir a lugares más seguros.
* El 30 de julio de 1840, tropas mexicanas dejan Ciudad de Chihuahua con 10 exploradores shawnees. (Persiguieron a una banda apache hasta la Sierra de los Arados [municipio de Ahumada, Chihuahua], matando a cuatro apaches, y capturando 100 caballos y mulas, y 90 cabezas de ganado).
* El 10 de septiembre de 1840, un grupo de apaches roba algo de ganado en Bacoachi ([Sonora]. Un grupo de 12 personas, liderado por el Juez de Paz, José Narbona, salieron en su persecución. Los apaches, en lugar de retirarse, les esperaron emboscados, matando a Narbona y a otros cinco hombres.
Dos semanas más tarde, en Cuquiárachi [municipio de Fronteras, Sonora], unos apaches, probablemente chokonen, mataron a seis ciudadanos cuando estaban trabajando en sus campos).
* El 14 de septiembre de 1840, la compañía de San Elceario de la prefectura de El Paso, compuesta por 42 soldados y 15 civiles, ataca en la Sierra del Fierro (municipio de Ahumada, Chihuahua) a una banda de apaches, a los que hace retroceder quitándoles más de 400 animales. (Pero al poco rato, otra partida de apaches se unió a la anterior, sitiando a los mexicanos y matando a 35 de ellos, quitándoles todo el armamento y los caballos. En el enfrentamiento falleció el comandante de la compañía, el capitán Santos Horcacitas. El impacto de esta derrota hizo que se abriera una investigación que concluyó exonerando completamente a los participantes. El gobernador Francisco García Conde dijo: “… los 35 soldados y paisanos que murieron perdieron la vida con el mayor valor, acreditando el honor como unos héroes […] yo no veo otra cosa que un lance desgraciado de aquellos tan comunes en la guerra en que la mayor fuerza destruye a la inferior”).
* El 26 de septiembre de 1840, el coronel John Henry Moore deja Austin (Travis County, Texas) con dos compañías de 90 voluntarios de Texas, al mando de los capitanes Thomas Rabb y Nicholas Dawson, más 12 apaches lipanes al mando de Cuelgas de Castro. (Fueron hasta donde se encuentra la actual Colorado City [Mitchell County, Texas]. Los scouts lipanes encontraron un campamento comanche, en una pequeña curva en la orilla este del río. Moore envió 30 hombres al mando del teniente Clark L. Owen a ocupar el acantilado sobre el río y atacó tan pronto como amaneció, cargando directamente contra el campamento, asolando el asentamiento.
Solo dos guerreros comanches escaparon cogiendo dos caballos que tenían a mano. Mataron a 130 comanches y capturaron a 34 mujeres y niños, además de varios cientos de caballos. Dejaron irse a unos pocos ancianos, hombres y mujeres. Varios hombres de Moore fueron heridos, pero ninguno resultó muerto.
El diálogo entre Moore y Cuelgas de Castro hizo pensar que las órdenes principales las dio el jefe lipán, quien tomó esa responsabilidad por los errores cometidos por Moore durante el ataque al campamento comanche del año anterior [12 de febrero de 1839].
También en algún momento del último tercio de 1840, Hays fue con 35 voluntarios, incluidos varios scouts lipanes al mando de Flacco, en busca de campamentos comanches. Descubrieron uno cerca de la cabecera del río Sabinal, permaneciendo ocultos hasta el amanecer. Mientras los comanches aún dormían, Hays y sus hombres cargaron. Los comanches asustados retrocedieron, pero cuando vieron que sus atacantes eran pocos, reunieron a sus guerreros y contraatacaron.
Hays formó a sus hombres en una formación en cuadro, retirándose lentamente ante el ataque comanche. El fuego certero de sus armas mantenía alejados a los comanches. En un momento determinado, Hays ordenó atacar. Los comanches se refugiaron en una ladera cercana, pero ante la precisión de las armas de fuego huyeron hacia el noroeste, dejando sobre el terreno 16 muertos, mientras los Rangers solo tuvieron un herido. Flacco dijo de Hays: “Red Wing [Hays] y yo no tenemos miedo de ir juntos al infierno. El capitán Jack es muy valiente, no tiene miedo de ir solo al infierno”).
* El 28 de septiembre de 1840, un grupo de apaches roba 18 animales y una gran cantidad de maíz de los campos cercanos a Janos ([Chihuahua]. Al día siguiente llegaron los emisarios del chokonen Pisago Cabezón para pedir la paz, pudiendo ser que su ranchería no fuese la autora de los robos. No se tuvo constancia de la presencia de apaches en Janos o en sus alrededores hasta el mes siguiente, cuando desaparecieron 60 novillos de Casas Grandes [Chihuahua], y asaltaron a un pequeño grupo de Janos que iban camino de Sonora para comprar ganado).
En octubre, los apaches incursionaron en Galeana y en la Hacienda del Carmen [norte de Chihuahua]. Por el sur, hubo enfrentamientos en Basúchil, Rosario y Ventanas, del partido de La Concepción, y en Cerro Prieto, del partido de Cusigüiriachi.
Durante las incursiones de este tiempo, los apaches estaban bien armados y con buenas cabalgaduras, pudiendo reunir 100 o más guerreros en alguna de ellas, teniendo las tropas mexicanas de Sonora y Chihuahua muchos problemas contra ellos. Mangas Coloradas se convirtió en un importante líder chihenne, identificándosele como líder de los “hostiles”).
1841
* El 2 de enero de 1841, una banda apache (probablemente guerreros de Pisago Cabezón), comienza una incursión por el sur de Chihuahua, dirigiéndose al norte. (En Patos [?], a varios kilómetros de Hidalgo del Parral, asaltaron la casa de la viuda María del Rayo Chávez, matando a un hijo pequeño, al mayordomo y a dos pastores. Hirieron a otro de sus hijos pequeños y se llevaron a un tercero.
El 3 de enero, el alférez José Baltasar Padilla salió de Janos [Chihuahua] en persecución de un grupo de estos incursores que se habían llevado una manada de caballos de la Hacienda de Ramos, a 24 km de Janos. En un lugar llamado Punto de Parrito [?] alcanzó a cinco de ellos, obligándoles a huir y recuperando 76 caballos y mulas. [Ralph A. Smith, en su trabajo “Apache ‘Ranching’ below the Gila, 1841-1845”, indica que quien les dio alcance fue el capitán Antonio Gauspe].
El 4 de enero atacaron a cinco personas que viajaban por la Sierra del Ojito [municipio de Chihuahua, Chihuahua], situada a 160 km al sureste de Ciudad de Chihuahua, entre la capital y Rosales de Conchos [municipio de Rosales, Chihuahua]. Mataron a los cinco, siendo uno de ellos el teniente coronel José María Arce y Olguín, quien era el subprefecto en Rosales de Conchos. Solo cinco días antes había escrito al gobernador Francisco García Conde que los apaches habían matado a un hombre y robado a otros, en ese mismo lugar, el día después de Navidad.
El 10 de enero, el señor Morales hizo la siguiente proposición en la Cámara de Diputados: “Pido a la Cámara se sirva acordar, se presente el señor ministro de Guerra para el día de mañana, informar qué medidas ha tomado el gobierno para contener y castigar la sublevación de los indios, así como a los apaches, que tienen asolado a Sonora”).
* El 5 de febrero de 1841, el cura de la parroquia de Yepómera (municipio de Temosachi, Chihuahua), se dirige a esa localidad, acompañado por el Juez de Paz de Janos (Chihuahua) con una escolta de 60 auxiliares. (Habían salido de Janos con dicha escolta y cuando su vanguardia iba por el Bajo del Rayo, un camino de montaña entre Janos y Yepómera, se toparon con unos 39 apaches. Al ver que venía el resto de la comitiva, los apaches huyeron después de matar a Hermenegildo Medrano.
Cuando la comitiva reanudó su camino, los apaches se percataron que cinco personas se estaban retrasando cada vez más a causa de la ventisca y el fuerte viento. Fueron fácil presa de los apaches. Sus nombres eran Francisco Esteban, Marcelino Luján, Luciano Montoya, Nazario Vallero y otro llamado Laureano. El periódico “La Luna” describió el 2 de marzo el hallazgo de los cadáveres: “… encontraron estos desgraciados muertos en un corralito de que había formado un parapeto con sus frazadas y vestidos completos, el cadáver de Marcelino Luján se encontró con una lanzada y el de Laureano tenía siete balazos […], pero se le halló con su arco en la mano lo mismo que sus compañeros, que también tenían sus lanzas y sus carcajes sin flechas…”. Como se ve, el armamento de la gente de los pueblos era sustancialmente igual al de los apaches y, a veces, inferior, cuando estos adquirían carabinas modernas de los comerciantes estadounidenses).
* El 12 de mayo de 1841, un grupo integrado por 22 hombres de San Carlos (municipio de Chihuahua, Chihuahua) bajo el mando de Albino Villa y 15 apaches mescaleros dirigidos por Espejo, emboscan a una banda comanche cuando volvía de una incursión por el norte del estado de Durango, y por el sur y este de Chihuahua. (En la Laguna las Mesteñas, cerca de Agua Chile [municipio de Camargo, Chihuahua], mataron a ocho comanches y a una de sus mujeres, quitándoles 140 caballos. Los mescaleros, acérrimos enemigos de los comanches, exigieron la entrega de las cabelleras, según informó el comandante de San Carlos en su informe militar. Esta alianza tuvo lugar porque junto a la colonia de San Carlos había una ranchería de mescaleros, dirigidos por Espejo, y ante el enemigo común, no dudaron en aliarse).
* El 23 de marzo de 1841, los apaches matan a 11 personas en el camino de Namiquipa hacia Temósachic ([ambos en Chihuahua]. El 24 de julio asaltaron Namiquipa, robando más de 100 reses).
* Entre mayo y junio de 1841, una banda de apaches lipanes incursiona por el estado de Nuevo
León, capturando cinco cautivos. (El 4 de junio, el subprefecto de Salinas Victoria [Nuevo León] escribió un informe al prefecto de dicho lugar, en el que indicaba que una partida de unos 30 a 40 lipanes había pasado por el lugar, yendo todos a pie, excepto dos que iban a caballo).
* El 12 de julio de 1841, el “Texas Ranger”, John “Jack” Coffee Hays, sale de San Antonio (Bexar County, Texas) para una camapaña contra los comanches. (Iba al frente de 36 hombres: John S. Adams, S. P. Ball, Antonio Coy, Martin Delgado, Addison Drinkwater, Pedro Espeniso, Archibald Fitzgerald, J. A. Flores, Peter Fohr, Damacio Galván, Francisco Granado, G. H. Grubbs, Nathaniel Harbert, Jacob Jackson Humphreys, William Isbell, Carlos Larso, Samuel H. Luckie, Joseph Miller, John L. Milner, William H. Moore, John C. Morgan, Robert Patton, Samuel Pepes, Pedro Pérez, James Perry, Robert Pollett, Benjamin Prior, Benjamin Prior Jr., Martín Salinas, Antonio Sánchez, John Slein, John Trapnell, Melchor Travieso, John O. Truehart, Florencio Vázquez, y John Young; y siete scouts apaches lipanes: Flacco, Antonio, Colquie, Juan, Plasedonce, Tom, y Wash.
Hays se dirigió a un punto cercano al Río Frío [Real County, Texas], ya que tenía información de que había comanches acampados por los alrededores. Los scouts lipanes descubrieron un campamento abandonado con signos de una precipitada huida, encontrando varios cautivos muertos sobre el terreno. Persiguieron a los comanches durante una semana, siguiendo el rastro, hasta que llegaron a la cabecera de la orilla occidental del Río Frío. Por los rastros encontrados, los lipanes dedujeron que había gran cantidad de comanches en las cercanías.
El 24 de julio, varios cazadores comanches descubrieron al destacamento de Hays, huyendo rápidamente. Hays les persiguió durante 12’5 km con 24 hombres montados en los mejores caballos cuando divisaron un gran campamento.
Rápidamente, salieron unos 100 guerreros para proteger la retirada de sus familias. Hays
avanzó, pero sus monturas estaban tan cansadas que los comanches consiguieron mantener la posición. Entonces Hays pidió a uno de sus hombres intercambiar sus monturas. Con el nuevo caballo se acercó a la línea de guerreros, disparando su revólver Colt Paterson, calibre 36, de cinco disparos, para luego volver a donde estaban sus hombres, pero el caballo se sobresaltó galopando hacia los comanches. Al verlo, Flacco espoleó su montura para colocarse junto a Hays, cabalgando los dos hacia los comanches. Hays disparó su revólver contra dos guerreros situados a ambos lados, luego se dio la vuelta con Flacco detrás de él. Un comanche trató de bloquearles el paso, pero Hays le disparó, pudiendo salir los dos al espacio abierto.
Cuando regresaron con sus hombres, Hays decidió que no tenía ninguna posibilidad de derrotar a los comanches, creyendo que eran unos 200 con unos 600 caballos. Por su parte, los comanches se retiraron protegiendo la retirada de sus mujeres y niños.
En su informe, escrito poco después de regresar a San Antonio, Hays citó específicamente al jefe Flacco y a Damacio Galván por su servicio y valentía en el combate. Hays estimó que su compañía había matado o herido a ocho o diez comanches: “Nosotros peleamos en gran desventaja. Los comanches eran lo suficientemente numerosos como para poder recuperar a todos sus muertos y heridos mientras cabalgaban”.
John O. Truehart tuvo una herida en el cuello y el propio Hays en un dedo, mientras John Slein resultó muerto. Un prisionero mexicano fue encontrado muerto y colgado de sus talones en el abandonado campamento comanche. Este enfrentamiento fue denominado la “Batalla del Llano”. Flacco dijo tras el combate que Hays era “demasiado bravo”.
Hays regresó a San Antonio, llevando a Trueheart en una litera, el cual finalmente se recuperó. Los lipanes de Flacco dejaron la compañía de Rangers el 2 de agosto para dirigirse a su ranchería).
* En agosto de 1841, un grupo de 200 apaches matan a 16 vecinos del pueblo de Bachíniva ([Chihuahua]. Francisco García Conde, comandante general de Chihuahua, estableció la pena de muerte para quien comerciase con los apaches o los texanos.
El 18 de octubre, los apaches incursionaron de nuevo en Namiquipa, aprovechando que era época de cosechas [de mediados de junio a principios de septiembre] para realizar sus ataques. El 19 de octubre, el periódico “La Luna” elogiaba a las autoridades de Chihuahua por su actitud frente a los texanos y por no descuidar la guerra contra los apaches. La derrota de los apaches mescaleros a manos de los comanches era la causa de que, por esas fechas, estos últimos asaltasen el norte de Chihuahua.
En noviembre y diciembre, los apaches mataron a unas 500 personas en todo el estado de Chihuahua. El 14 de diciembre, el diario “La Luna” de Chihuahua informaba del robo de maíz en Galeana y Namiquipa [ambos en Chihuahua] a manos de los apaches. Todo esto a pesar de la campaña dirigida por el comandante general José María Elías González, que con unos 300 hombres, exploró los Lagos de Guzmán, Santa María y el este de Janos, recuperando 300 caballos y “obteniendo” tres apaches [no se sabe si muertos o capturados]).
1842
* A principios de 1842, varias bandas apaches residen en Santa Rita del Cobre (Santa Rita, Grant County, New Mexico) recibiendo raciones en Janos y Corralitos (Chihuahua).
* El 18 de enero de 1842, la subprefectura del partido de Galeana (Chihuahua) informa de diversos robos de ganado y muertes de arrieros a manos de los apaches en varias haciendas.
* En 1842, se cree que Mangas Coloradas cumple 50 años. (Había vivido una larga historia de
incidentes desagradables e inolvidables que influirían profundamente en su actuación durante el resto de su vida. Su antigua enemistad hacia Sonora, ahora inequívoca e indeleblemente arraigada, tenía sus raíces en sucesos que se remontaban a su juventud. La ejecución de Tutijé por parte de Sonora en 1834; la masacre de Johnson en 1837; y la política belicista de ese estado, que consideraba el exterminio como la solución a sus problemas con los apaches, solo sirvieron para reforzar su antipatía. Sin embargo, no albergaba el mismo desprecio hacia Chihuahua, aunque aún le dolía la decisión de ese estado de contratar a los mercenarios de Kirker. Conocía a muchos de los líderes civiles y militares de Chihuahua destinados en la frontera apache. En algunos confiaba o llegaría a confiar, hombres como el coronel Cayetano Justiniani, el teniente Antonio Sánchez Vergara y el comandante general de Chihuahua, José Mariano Monterde. Por lo tanto, Mangas Coloradas ocasionalmente negociaba con Chihuahua cuando consideraba que servía a los intereses de su gente; sin embargo, Sonora, era otra historia. Contra ese estado, la guerra era su única opción.
En 1842, Mangas Coloradas se había convertido claramente en el líder indiscutible de los chiricahuas. En ese momento, su influencia se extendía incluso al grupo local de los janeros nednais, ahora liderado por Soquilla y Coleto Amarillo, quienes habían estado en guerra desde la masacre de Johnson. También continuó liderando a los bedonkohes [como lo indican las referencias de Chihuahua a él como líder mogollón] y a su banda de Santa Lucía, compuesta por bedonkohes y chihennes, mientras mantenía estrechos lazos con grupos locales de sus antiguos aliados chokonen, liderados por Esquinaline, Yrigollen, Miguel Narbona y un jefe en ascenso llamado Cochise.
Casi seguro que Mangas Coloradas fue llamado antes Fuerte, un importante líder chihenne alrededor de 1813. Ambos eran de la misma edad. El territorio de Fuerte era Santa Lucia Springs [después conocido como San Vicente de la Cienega y, finalmente, Silver City, Grant County, New Mexico]; la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico]; y Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico]; el mismo territorio que el de Mangas Coloradas en los años 1840 a 1860.
Fuerte estaba asociado a Pisago Cabezón, el gran líder chiricahua de los años 1830 a 1840, como Mangas Coloradas a principios de 1840. Otros relevantes líderes chihennes de los años 1830, como Cuchillo Negro, Ponce e Itán tenían un papel subordinado a Fuerte. Los oficiales mexicanos llamaban a ambos “general”, durante los tratados de 1832 y 1843. Ambos preferían estar lejos de los mexicanos, viviendo al modo tradicional apache, lejos de las normas de la vida de los presidios.
El nombre de Fuerte era por su corpulencia. Mangas Coloradas era inusualmente grande para un apache, e incluso para un hombre blanco. Fuerte desapareció de los archivos después de 1837 sin ninguna mención a su muerte, mientras las referencias de Mangas Coloradas empezaron en ese momento).
El papel que desempeñó Mangas Coloradas en los enfrentamientos no está tan claro como el de otros líderes chiricahuas como Cochise, Victorio o Juh. Sus seguidores y sus enemigos los reconocían como líderes en la guerra, excepcionales, cuya presencia era fácilmente perceptible en cualquier pelea en la que participaban. Lo que Mangas Coloradas poseía más que cualquier otro líder chiricahua, al menos entre 1842 y 1857, era una autoconfianza, rayana en la arrogancia, que, como un imán, atraía a guerreros de todas las bandas chiricahuas para incursiones en Sonora. Era un líder intelectual, organizador, planificador y diplomático, que lideraba con el ejemplo, su reputación, su inteligencia y su imponente figura. En ese momento, la facción guerrera de cada banda chiricahua lo apoyaba incondicionalmente. Una vez que comenzaba la lucha, se encontraba al frente del combate. Después de todo, ningún líder apache se mantenía al margen mientras sus hombres luchaban. De ser así, no habría tenido seguidores. John Cremony, una persona poco fiable y exagerada, escribió que Mangas Coloradas “tenía la reputación entre toda su gente de ser el más sabio y valiente”, para luego decir que “en combate era el último en llegar al campo de batalla y el primero en marcharse si era derrotado”. Esta contradicción no sorprende si recordamos el desprecio que Cremony tenía hacia los apaches, que caracterizaba la actitud de los militares estadounidenses en el futuro.
El problema para comprender las habilidades de lucha de Mangas Coloradas radica en las fuentes. Las provenientes de México eran principalmente informes militares, que ocasionalmente mencionaban a Mangas Coloradas, pero contenían poca información de testigos presenciales sobrevivientes, que eran escasos. Dado que vivió en paz con los estadounidenses la mayor parte de su vida, los relatos anglosajones que se refieren a Mangas Coloradas en batalla se originaron en algunas luchas campales en las que participó durante los últimos años de su vida, cuando tenía al menos 70 años. A esa avanzada edad, la mayoría de los líderes chiricahuas dejaban la lucha a los hombres más jóvenes. El jefe permanecía en el campamento, convertido ahora en un patriarca respetado, o, como les gustaba decir a los nativos, aquel que “manda en nombre del hogar”. Por supuesto, Mangas Coloradas no tuvo la oportunidad de disfrutar de los últimos años de su vida, pues él y Cochise librarían una guerra feroz e implacable contra los estadounidenses. Los chiricahuas lo recordaban como un gran líder y guerrero, y la sola mención de su nombre al sur de la frontera dejaba atónitos a los mexicanos. Aunque no tan activo en combate como Cochise [quizás ningún otro líder apache lo fue], se ganó la reputación, tanto entre amigos como enemigos, de ser un guerrero intrépido y leal.
Los padres apaches adoraban a sus hijos. Mangas Coloradas tuvo varias esposas y quizás hasta 15 hijos, una familia numerosa. Aunque es imposible elaborar su genealogía, parece probable que tuvo al menos cuatro esposas: tres apaches [dos de ellas murieron posiblemente en la masacre de Johnson] y Carmen, la joven mexicana que capturó en Sonora. Probablemente, engendró al menos una docena de hijos, y quizás hasta 15. Según John R. Bartlett, un funcionario civil estadounidense, Mangas Coloradas tenía nueve hijos cuando se conocieron en 1851. Bartlett observó que Mangas Coloradas “tiene una familia numerosa de hijos brillantes e inteligentes, tanto varones como niñas, a quienes quiere mucho y a quienes está profundamente apegado. Por ellos y por el bienestar de su tribu, no dudo que estaría dispuesto a hacer sacrificios”.
A medida que sus hijos crecían, Mangas Coloradas concertó muchos de sus matrimonios, una costumbre de los chiricahuas durante su vida. Bartlett notó que otros chiricahuas trataban a la familia de Mangas Coloradas como a la aristocracia de la tribu. El estatus familiar era importante, y un padre intentaba casar a sus hijos con personas que demostraran potencial o tuvieran un rango comparable dentro de la tribu. Un joven debía tener habilidades de caza para mantener a su familia; en el caso de una joven, buscaba cualidades como una personalidad agradable y la laboriosidad. El estatus político de la familia extensa también era importante. Mangas Coloradas se diferenciaba de la mayoría de los apaches al buscar establecer vínculos políticos fuera de su banda y, en ocasiones, de su tribu. Tuvo al menos tres hijas con su esposa mexicana, Carmen. Una se casó con un jefe navajo, que vivía al norte de él; otra se casó con un líder mescalero, que vivía al este; y prometió a otra a un jefe guerrero de los White Mountain del este. Esta banda viajaba ocasionalmente hacia el este, al río San Francisco, para visitar a los bedonkohes y chihennes. Según el historiador Allan Radbourne, este hombre pudo haber sido Pedro, un jefe importante; o más posiblemente, Esh-kel-dah-silah, contemporáneo de Cochise y uno de los jefes más influyentes de los White Mountains del este. [El 26 de julio de 2026,Lonnie Amos West, un tataranieto de Pedro dijo al autor de esta web: “Allan Radbourne simplemente repetía un rumor muy extendido de quePedro [Hacke-yanil-tli-din] se casó con una hija deMangas Coloradas. Soy tataranieto dePedroy, aunque varios miembros de mi familia desean que sea cierto, no he encontrado ninguna evidencia que respalde la creencia de que estamos emparentados conMangas [Coloradas].Sin embargo, he encontrado lo que creo que fue el origen de este rumor.En el libro ‘Life Among The Apaches’ de John C. Cremony, publicado en 1868, se afirma que una hija deMangas [Coloradas] se casó con el jefe de guerra de los coyoteros. Varios autores durante los siguientes cien años asumieron que el jefe coyotero mencionado eraPedro, pero el problema es que Pedroera solo un pequeño jefe de banda en ese entonces y nunca fue jefe de guerra. Esh-kel-dah-sila era el jefe coyotero en aquel entonces y es más probable que él sea quien se casó con la hija deMangas Coloradas”.
Estos matrimonios forjaron alianzas entre bandas no chiricahuas y los seguidores de Mangas Coloradas. Aunque existen pocos relatos fiables de la cooperación de estos grupos en acciones ofensivas, Mangas Coloradas sabía que contaba con protección por todos lados, lo que le permitió concentrarse en sus enemigos mexicanos del sur.
Empleó una estrategia similar para sus hijos con sus esposas apaches. Sin duda, su decisión más importante fue el matrimonio de su hija Dos-teh-seh con Cochise, el joven más destacado entre los chokonen en la década de 1830. Este hecho forjó un fuerte vínculo entre Mangas Coloradas y Cochise, una unión que perduraría durante el resto de su vida. Es probable que el matrimonio fuera motivo de gran alegría, con la asistencia de miembros de tres de las cuatro bandas chiricahuas. Cochise, quien posiblemente fuera hijo de Pisago Cabezón, se convertiría en un amigo y aliado incondicional de Mangas Coloradas.
Otros hijos e hijas de Mangas Coloradas también se casaron con hombres y mujeres prominentes entre los chiricahuas. Su hija Nah-ke-de-sah se casó con Gonahhleenah, un guerrero bedonkohe, bisnieto del jefe Mahko. Cada uno de sus hijos conocidos se casó con miembros de familias importantes. Cascos, quizás el hijo mayor de Mangas Coloradas, nació alrededor de 1820. Se casó con una mujer de una prominente familia bedonkohe y para 1850 había ascendido a una posición de liderazgo en esa banda, la cual mantuvo hasta que las tropas sonorenses lo mataron en un enfrentamiento en 1858. Otro hijo, Sethmooda, un hombre importante a principios de la década de 1860, tuvo dos esposas. Los chiricahuas no recuerdan el nombre de la primera, pero la segunda fue Bey-it-tsum, hija del jefe chihenne, Loco. Los estadounidenses mataron a Sethmooda en un enfrentamiento, a principios de 1863, cerca de Pinos Altos, poco después de la muerte de su padre. Otro hijo fue probablemente Luis [Louis], líder de una banda bedonkohe a principios de la década de 1860. A finales de febrero de 1864, soldados de los Voluntarios de California, junto con algunos ciudadanos de Pinos Altos [los detalles no están claros], mataron a Luis cerca de Pinos Altos, adonde había acudido quizás con el pretexto de negociar la paz.
Al menos, cuatro de los hijos de Mangas Coloradas alcanzaron puestos importantes entre los bedonkohes y chihennes tras su muerte. Quizás el más destacado fue Salvador, un líder local de los chihennes en la década de 1860, a quien los estadounidenses llamaban jefe, pero que no estaba al mismo nivel que Victorio y Loco. Colaborador cercano de Victorio y Cochise, abandonó la reserva a finales de 1870 con su famoso cuñado y murió en una batalla contra estadounidenses en las Mogollon Mountains a principios de 1871. Chastine [Thastine] y Cassori fueron otros dos hijos mencionados a mediados de la década de 1860, pero se sabe poco de ellos. Finalmente, el hijo menor de Mangas Coloradas adoptaría el nombre de Mangas. Nacido alrededor de 1846, a finales de la década de 1860 se casaría con Dilth-cleyhen, hija de Victorio, líder de la banda chihenne tras la muerte de Mangas Coloradas. Participaría en las Guerras Apaches de la década de 1880. La hija menor de Mangas Coloradas, llamada IIth-too-da, nació alrededor de 1855. En la década de 1880 se casó con un chokonen llamado Astoyeh.
Mangas Coloradas se negó rotundamente a sumarse a las solicitudes de paz de Pisago Cabezón en la primavera de 1842. De hecho, cabe preguntarse si Pisago Cabezón se habría involucrado de no ser porque los mexicanos mantenían cautivo a su hijo. Sorprendentemente, quizás debido a los mercenarios de Kirker, circularon rumores de que Mangas Coloradas podría hacer las paces con Sonora, pero no con Chihuahua. Sin embargo, esta declaración, si es que realmente la dijo, no se entiende. En febrero de 1842, tres jefes chokonen, Matías, Yrigollen y Esquinaline, junto al bedonkohe Teboca, aparecieron en Fronteras [Sonora] para solicitar la paz. Cochise es probable que estuviese cerca, ya que poco después, junto con Teboca y Esquinaline, se reunió con Mangas Coloradas en las Alamo Hueco Mountains [Hidalgo County, New Mexico]).
* El 11 de febrero de 1842, el periódico de Chihuahua, “La Luna”, informa de una incursión
apache en Galeana ([Chihuahua]. Fueron alcanzados, abandonando lo robado y dándose a la fuga.
El 19 de febrero, el mismo periódico informó que dos apaches habían atacado la Hacienda de la Ramada [municipio de Camargo, Chihuahua]; y también del robo de reses por parte de apaches en el vallede Galeana [Chihuahua]).
* El 28 de febrero de 1842, los apaches negocian un “protocolo” con Donaciano Vigil, representante del gobernador de Nuevo México, Manuel Armijo. (Plantearon varias demandas relacionadas con los asaltos de James Kirker).
* El 22 de marzo de 1842, el periódico “La Luna” informa de los asaltos perpetrados por los apaches y que las pocas campañas hechas contra ellos han resultado infructuosas. (El periódico afirmó que la paz momentánea que se disfrutaba en el departamento se debía a que los bienes existentes no incitaban la codicia de los apaches).
* El 28 de marzo de 1842, Sam Houston, presidente de la República de Texas, escribe una
carta, en términos elogiosos, del jefe apache lipán Flacco. (Sam Houston mencionó también al jefe lipán Cuelgas de Castro: “Castro, jefe principal de los lipanes, con varios de su tribu, ha estado en visita de negocios, y ahora está de vuelta a su campamento en los alrededores de Austin” [Travis County, Texas]).
* El 10 de abril de 1842, el jefe apache Vicente (tal vez el nombre español del bedonkohe Mano Mocha), se presenta en Janos (Chihuahua) para solicitar la paz. (Desafortunadamente, los problemas internos de Sonora impidieron considerar seriamente estas peticiones. Dos meses después, Vicente, actuando como emisario de Pisago Cabezón, viajó a Ciudad de Chihuahua para negociar un tratado. Afirmó representar a 28 líderes de las rancherías a lo largo del río Gila. Si bien no se ha encontrado una lista detallada de esos 28 jefes, parece razonable concluir que no incluía a Mangas Coloradas, ya que unos meses después se mostró desafiante en su oposición. Después de una corta reunión, Vicente dijo ser portavoz de 28 jefes, incluyendo los chokonen Pisago Cabezón y Manuel [también conocido como Manuelito] y Anaya; y el chihenne Ponce.
El capitán Pedro Madrigal dio a Vicente un salvoconducto para ir a Ciudad de Chihuahua para hablar con el gobernador, donde el 24 de abril, negoció un acuerdo preliminar de paz con el comandante general García Conde. Vicente regresó inmediatamente para informar a Pisago Cabezón y a los 28 jefes, los cuales, le estaban esperando en sus rancherías instaladas en la zona del río Gila [sur de Arizona y New Mexico]. Gracias al acuerdo, a finales de abril, otros grupos de apaches llegaron a los alrededores de Janos a discutir los términos; en concreto los subjefes Torres [hermano del chokonen Manuel], Francisco [nednai], Antonio [chokonen], Negrito [nednai] y Cigarrito [nednai].
A principios de mayo, el jefe chokonen Yrigollen, envió a Matías a Fronteras [Sonora] para advertir al comandante del lugar que chiricahuas “hostiles” de Chihuahua planeaban asaltar su rebaño de caballos.
El 23 de mayo de 1842, Vicente llegó a Janos junto a dos guerreros y siete mujeres,
enviado por los chokonen Pisago Cabezón y Manuel para continuar las negociaciones. En ese momento, la guarnición de Janos solo contaba con unos 20 hombres, dándose cuenta los apaches de la situación. El grupo de Vicente desconfiaba de los mexicanos. La noche que pasaron en Janos, estaban constantemente en guardia. A la mañana siguiente, temiendo una traición, ensillaron sus caballos y se trasladaron a poca distancia de la localidad. El capitán Pedro Madrigal preguntó a Mónica [nednai], una de las mujeres apaches que participaba en las negociaciones, ya que hablaba con fluidez el español, la causa de su rápida salida. Ella dijo que se marchaban por temor a ser traicionados y retenidos como cautivos, como ocurrió con el grupo de Jasquedegá [nednai], en noviembre de 1834, en el Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua]. Quizás la causa de su marcha fue que vieron como Madrigal tomaba medidas visibles para la defensa de Janos, ante un posible ataque al percatarse los emisarios apaches, que había pocos hombres para su defensa.
En la primavera de 1842, los apaches siguieron un patrón de paz parcial, incursionando en comunidades con las que no tenían acuerdos y comerciando con las que sí tenían. El 19 de abril, el periódico “La Luna” informaba de varias incursiones apaches a los ranchos Zuárez [?], Carrizo [?], Corral de Piedras y Los Charcos [municipio de Ahumada, Chihuahua]; y de la consiguiente persecución. También informó de la proposición de paz a los apaches mescaleros, que comunicó la comandancia general de Nuevo México a la de Chihuahua.
El 9 de julio, Francisco García Conde, gobernador y comandante general de Chihuahua, finalizó un tratado en El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua] con 16 jefes mescaleros [el principal José María, y los subjefes Simón, Vueltas, Cuchillo Negro {¿era este el chihenne Baishan?}, Sigalito {¿era este el nednai Cigarrito?}, Pluma {¿era bedonkohe?}, Paranquita, José Largo {¿era nednai?}, Santos Órgano, Chino, Cuentas Azules, Sanapá Varela, Sanapá Ronquillo, Estrellita, Salazar y Cuchillo.
Seguía habiendo incursiones. El 17 de junio de 1842, una banda apache asaltó el pueblo de Namiquipa [Chihuahua] y al día siguiente, 18 de junio, otro grupo destruyó el pueblo de Yepómera [municipio de Temósachi, Chihuahua].
Apesar de eso, los chiricahuas reanudaron las conversaciones, principalmente porque anhelaban la liberación de su gente, retenida en Chihuahua. Pisago Cabezón deseaba la paz, pero no a costa de establecerse permanentemente cerca de Janos. Quería recuperar a su hijo; y cumpliría los puntos de un tratado de paz, aunque, dada su avanzada edad y su delicada salud, sin duda habría preferido permanecer en sus territorios ancestrales en lugar de establecerse cerca de un presidio. Chihuahua impuso ocho condiciones a los chiricahuas antes de firmar un tratado formal. Los artículos más importantes exigían que los apaches devolvieran a sus cautivos y ayudaran a las tropas mexicanas contra los mescaleros y otros chiricahuas “hostiles” que se negaban a firmar la paz. Por su parte, García, el gobernador de Chihuahua, accedió a liberar a sus cautivos apaches y, en un intento por asegurar que esta tregua fuera más duradera, decidió ofrecer raciones como parte del acuerdo.Las perspectivas de un armisticio eran tan favorables que “La Luna”, el periódico oficial del estado, editorializó: “Es probable, es necesario, es útil y es urgente”.En consecuencia, a finales de junio, Conde partió de la capital hacia Janos, adonde llegó el 27 de junio de 1842.
El 4 de julio de 1842, firmaron el tratado Pisago Cabezón, Manuel [Manuelito] y Vicente por los chokonen; y Ponce por los chihennes. El chokonen Anaya y otros jefes menores, representaron al grupo local carrizaleño nednai de Jasquedegá, y a la gente de Jasquiatil y Nachindo, comprometiéndose las autoridades a proporcionar víveres y suministros. Dada la edad de Pisago Cabezón, los chiricahuas nombraron a Manuel, “general”. Accedieron a cesar las hostilidades, entregar a todos los cautivos, establecer sus rancherías cerca de Janos, ayudar a los mexicanos en su guerra contra los mescaleros y otros grupos “hostiles”, y registrar y marcar su ganado. A cambio, García liberó a Marcelo, el hijo de Pisago Cabezón, que había sido capturado por Kirker en enero de 1840 en Janos. Más aún, reconociendo que los tratados de paz de 1832 y 1835 habían fracasado debido a la rotunda negativa de Chihuahua a distribuir raciones, accedió a darlas. Autorizó la distribución de raciones, que consistían en maíz, azúcar, carne y tabaco, a cada cabeza de familia cada 15 días. Poco después, García cambió la frecuencia a semanal. Posteriormente, se dirigió al sur, a San Buenaventura, y firmó un tratado con otros grupos chiricahuas. Los nednais Negrito, Francisco [Francisquillo] y Cristóbal; y los chokonen Torres y Vívora, aceptaron las condiciones de las autoridades de Galeana [Chihuahua] mientras otros jefes firmaron acuerdos con otras localidades como El Paso del Norte; El Carrizal [municipio de Ahumada]; Agua Nueva [municipio de Rosales] y San Buenaventura [municipio de Buenaventura], donde se establecieron. Mientras las negociaciones se desarrollaban en Janos, un grupo de asaltantes robó el rebaño de mulas de José Varelo, cerca de Casas Grandes [Chihuahua].
Aunque nadie pudo darse cuenta entonces, la decisión de distribuir raciones aseguró el éxito del tratado y una drástica disminución de las incursiones apaches en Chihuahua de 1842 a 1844. Mangas Coloradas no tomó parte del tratado. De hecho, a mediados de junio, había liderado una incursión por Sonora. Según la prensa, era una partida de guerra de unos 500 guerreros, bien armados y montados, devastando el distrito de Sahuaripa. Aunque esa cantidad era, evidentemente, exagerada, sus depredaciones llevaron al prefecto de Sahuaripa a escribir al gobernador José Cosme de Urrea diciendo que los habitantes tenían dos opciones: quedarse y dejar que los apaches acabasen con ellos, o abandonar sus hogares para ir a un lugar seguro. El prefecto pidió al gobernador armas, provisiones y mulas [los apaches se las habían llevado todas]. En julio, Mangas Coloradas estaba de vuelta en sus rancherías situadas cerca del río Gila.
Por supuesto, el tratado era, en el mejor de los casos, un acuerdo precario. Una vez que Pisago Cabezón recuperó a su hijo, nadie sabía qué haría. Quería que lo dejaran en paz, viviendo el resto de su vida en sus territorios ancestrales, lejos de los asentamientos mexicanos. Aunque algunos miembros de su tribu se establecieron cerca de Janos, él permaneció en las montañas. Además, el acuerdo tenía un problema para ambas partes: la negativa de Mangas Coloradas a reconocerlo. Dado que sus seguidores continuaban realizando incursiones, sobre todo en Sonora, la frontera de Janos seguía siendo inestable. Las tropas sonorenses inevitablemente persiguieron a los “hostiles” hacia Chihuahua, o hacia el sur de Nuevo México, lo que provocaría problemas a los apaches que habitaban en la zona de Janos. A pesar de las buenas intenciones de Chihuahua, una serie de crisis menores caracterizarían el verano de 1842. Un incidente tras otro casi frustró el acuerdo antes de que tuviera posibilidades de éxito.
* El 13 de julio de 1842, llega a Janos (Chihuahua) el jefe chokonen Collantes con un pequeño grupo.
(Los chiricahuas comenzaron a llegar a Janos pocos días después del alto al fuego oficial del 4 de julio de 1842. Dos días después, el 15 de julio, llegaron los también chokonen, Chinaca y Vicente, quienes entregaron a Justo Delgado, oriundo de Concepción [Chihuahua].
Delgado dijo a las autoridades que esos chokonen habían trasladado sus rancherías a Boca Grande, a 32 km al sur del Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico], justo al este del camino que iba de Janos a Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico].
Estos cambios ayudaron a persuadir a los apaches de que podían confiar en el capitán Pedro Madrigal. Este no podía evitar que los chiricahuas incursionaran por Sonora, pero tuvo que intervenir cuando algunos seguidores de Mangas Coloradas incursionaron, el 14 de julio, por Corralitos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua].
Casualmente, Pisago Cabezón y Manuel [Manuelito], un influyente líder que había pasado mucho tiempo en Janos desde 1810 hasta 1831, estaban en esa localidad con un grupo de 13 guerreros cuando Madrigal recibió noticias del ataque. Cumpliendo con los términos del tratado de ayudar a los soldados mexicanos contra apaches “hostiles”, Manuel y unos pocos guerreros se unieron al pequeño destacamento del capitán Mariano Rodríguez Rey. Siguieron el rastro que les llevaba hasta la ranchería de Mangas Coloradas en la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico]. Rey alcanzó a los incursores en una zona arenosa al este de la Sierra de las Ánimas [Animas Mountains, Hidalgo County, New Mexico] y habló con ellos. Los apaches accedieron a devolver el ganado robado, probablemente gracias al prestigio que tenía Pisago Cabezón entre los chiricahuas. También pudo ocurrir que los incursores desconocieran la existencia del reciente tratado de paz firmado con Cihuahua, ya que en ese tiempo, Mangas Coloradas estaba incursionando por Sonora.
El 29 de julio de 1842, Manuel regresó a Janos con varios hombres y mujeres, y con la mayor parte del ganado robado en Corralitos, supuestamente, por seguidores de Mangas Coloradas. Después de otros robos en Janos, Manuel y López detuvieron a un guerrero con novillos robados, y poco tiempo después unos apaches capturados, fueron declarados culpables de los robos, y que, sin duda, pertenecían a la ranchería de Mangas Coloradas.
No está claro si Manuel habló con Mangas Coloradas, pero trajo información importante sobre
sus intenciones. Según Manuel, las bandas lideradas por Mangas Coloradas, Soquilla y Ronquillo todavía se oponían a pactar la paz con Chihuahua. Aunque las bandas de Soquilla y Ronquillo, miembros de un grupo local nednai en Janos, eran las bandas chiricahuas más pacíficas, estaban en guerra desde la masacre de Johnson. Y, aunque también eran sobre las que Mangas Coloradas tenía menos influencia, se aliaron con él.
Los grupos locales chihennes bajo el mando de Ponce y otros líderes, habían firmado la paz en Janos y El Paso del Norte. También era peculiar el rumor de que Mangas Coloradas consideraría firmar la paz con Sonora. Es probable que esta historia surgiera a raíz de las negociaciones de los chokonen en Fronteras y de la estrecha relación de Mangas Coloradas con Cochise y Esquinaline. En cualquier caso, José Urrea, el gobernador sonorense, no aceptó la oferta de los chokonen. Las fuerzas de Gándara volvían a desafiar su mandato y, además de ese conflicto interno, Sonora carecía de fondos para pagar o alimentar a las tropas presidiales. Algunas guarniciones habían amenazado con deserciones masivas. Sin ninguna esperanza de obtener raciones ni una paz formal con Sonora, ese mismo verano los chokonen se trasladaron al este, a Chihuahua, y al norte, a Arizona y Nuevo México.
* El 23 de julio de 1842, los jefes Vívora (chokonen) y Francisquillo (nednai) llegan a Galeana (Chihuahua), con más de 30 guerreros y tres o cuatro mujeres, para cumplir con el tratado de paz con el estado de Chihuahua y residir allí. (En ese momento estaban en Galeana, Vicente [que se había trasladado desde Janos, Chihuahua]; Rosario [también llamado Calabazas]; y El Rapado. Todos estaban acampados en las inmediaciones del Valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Todavía no habían llegado las rancherías de Torres [chokonen] ni de Cristóbal [nednai], aunque las autoridades mexicanas les consideraba en paz. Solo unas pocas rancherías todavía estaban en guerra. Cada vez era más evidente que los asaltantes no eran los que se habían establecido en paz. Partes de las rancherías de Mangas Coloradas y Soquilla [sucesor de Juan José Compá] se supo que estaban operando en el distrito de Janos. Mangas Coloradas, apareció en ese momento como un jefe importante. Su aliado Soquilla era ahora considerado jefe, por primera vez, comenzando a pedir la paz con los demás. Pero luego cambió de opinión y se trasladó de nuevo a la parte alta del río Gila para reunirse con Mangas Coloradas, al menos por un tiempo. Además, una partida apache incursionó en el distrito de Janos, llegando desde el territorio de los apaches coyoteros White Mountain. Pero, independientemente de quiénes fueran los autores, los gileños respetaron los acuerdos hechos con los mexicanos).
* El 5 de agosto de 1842, el prefecto de Chihuahua realiza un informe al gobierno del mismo departamento que dice: “Las parcialidades de apaches gileños que por vejez y renuncia de Pisago Cabezón tienen por jefe a Manuel [los dos chokonen], han celebrado ayer con el Excmo. Sr. gobernador tratados idénticos a los que estipularon los mescaleros de Sacramento y Aguanueva” ([los dos en el municipio de Chihuahua]. Notificó que las incursiones recientes son de otros grupos apaches y que se estaban haciendo grandes esfuerzos por pacificarlos. Sin embargo, Pisago Cabezón mantuvo su influencia, la cual fue fundamental para atraer a otros apaches a la paz.
Manuel, que siguió teniendo un papel destacado en las negociaciones, tenía gran experiencia en el trato con los mexicanos. Su padre había sido el jefe chokonen Coyote y, aunque no nació en Janos, fue criado allí a comienzos del siglo. También fue uno de los 26 jefes participantes en el tratado de paz de 1834.
Anaya fue importante en el tratado actual porque en ese momento actuó como jefe. Vivió en Janos en la década de 1820; y no fue visto más a partir de la primavera de 1844.
Ponce, que llegó a ser un relevante jefe chihenne entre los apaches gileños en la década de 1850, estaba empezando a ganarse su reputación como líder.
Otros jefes menores eran Zozaya [conocido durante cuatro años, principalmente en el Carrizal, municipio de Ahumada, Chihuahua], y Coyante [conocido como apache pacífico en Janos, durante los próximos dos años]. Jasquiatil y Nachindo, pudieron ser solo jefes de guerra.
Torres [hermano de Manuel e hijo del fallecido líder chokonen Coyote] fue conocido en la zona de Janos y Galeana hasta 1846, en que murió. Cristóbal [hijo del nednai Cigarrito] generalmente vivió en El Carrizal, aunque finalmente se estableció en la Hacienda del Carmen.
Antonio [probablemente el Antonio Charro, que vivió en Janos durante la década de 1820] fue conocido como jefe a principios de 1840 hasta la última referencia que se tiene de él, en 1850. Vivió en Galeana durante ese período de paz.
Negrito [nednai] vivió en Janos desde 1810 hasta 1831, y regresó en 1842, aunque en ese momento frecuentó muchas veces Galeana. Su última referencia fue en Corralitos en 1849).
* El 12 de agosto de 1842, la comandancia general de Chihuahua realiza un informe al ministro de Guerra presentando dos actas por las cuales, dos jefes apaches solicitaron tratados de paz, una celebrada en el valle de San Buenaventura, el 12 de julio; y otra, en la Hacienda de Nuestra Señora del Carmen, el 15 de julio (los dos en el municipio de Buenaventura, Chihuahua).
El recién nombrado segundo oficial en la comandancia general de Sonora, José María Elías González, fue con un destacamento al noreste de Sonora, cerca de la frontera entre Arizona y Nuevo México. Su presencia puso en peligro la frágil paz.
El 14 de agosto, Pisago Cabezón llegó a Janos con una información alarmante: los exploradores de Elías González habían encontrado el rastro de una partida de guerra de Mangas Cloradas, siguiéndolo hasta el noreste de Sonora. Los apaches pacíficos que vivían en Fronteras [Sonora] habían avisado a los de Janos de que los soldados iban hacia allí. Unos 200 apaches huyeron al norte de la Sierra de Álamo Hueco [Alamo Hueco Mountains, Hidalgo County, New Mexico] y al Valle de las Ánimas [Animas Valley, Hidalgo County, New Mexico] para refugiarse de las tropas mexicanas.
El capitán Madrigal envió de inmediato a cuatro soldados para informar a Elías González acerca del tratado de paz y recordarle que debía castigar únicamente a quien hubiera cometido incursiones. El comandante sonorense, respetuosamente, suspendió la campaña y regresó a Bavispe. El gobernador de Chihuahua, Francisco García Conde se indignó porque Elías González “no solicitó el permiso correspondiente para cruzar a los límites de mi jurisdicción”. Sin embargo, el gobernador reconoció que el sonorense “debería castigarlos severamente si se demostraran las acusaciones”. Dos años después, Elías González recordaría lo ocurrido y actuaría de otra manera.
Con el tratado, los apaches acordaron aceptar la autoridad suprema de la nación mexicana; ayudar a los militares mexicanos contra los apaches “hostiles”; comerciar libremente con los ciudadanos mexicanos; intercambiar cautivos con los mexicanos; registrar y calificar su ganado; vivir donde les dijeran las autoridades mexicanas; solicitar permisos cuando quisieran viajar; y lo más importante, recibir raciones regulares. Cada cabeza de familia obtendría tres almudes [2,277 kg] de maíz, dos paquetes de cigarrillos, un piloncillo [dulce], medio puñado de sal, y una ración de carne cada dos semanas; reduciendo el periodo a cada semana.
El 15 de agosto de 1842, el jefe Anaya [chokonen] recibió las primeras raciones en Corralitos
[municipio de Casas Grandes, Chihuahua], mientras Pisago Cabezón recibía las suyas en Janos, el 5 de septiembre. Por razones desconocidas, los chokonen Manuel y Pisago Cabezón esperaron más de lo esperado para ubicarse en los presidios; quizá estaban esperando a Vicente, que estaba interno en el hospital militar de Ciudad de Chihuahua por una vieja herida en el costado que se le había inflamado por una pelea tras un consumo excesivo de alcohol.
El 29 de agosto de 1842, los jefes chokonen Pisago Cabezón y Manuel, llevaron a Janos a 172 apaches, entre ellos 32 hombres. Esto sentó las bases para que otros pequeños grupos llegaran y, con el tiempo, atrajeran a los desencantados chokonen, que habían abandonado Fronteras tras una serie de dificultades que pudieron haber provocado derramamiento de sangre apache. Sonora no podía proporcionarles raciones, porque “los campos de las inmediaciones no se cultivan debido a las incursiones apaches”. Uno de los que había llegado era Cochise, probablemente enviado por Mangas Coloradas para averiguar cómo trataban los mexicanos a los apaches. Además, la perspectiva de recibir raciones, un buen trato y un refugio seguro frente a las campañas de Sonora, resultaba atractiva para los recién llegados.
Los intercambios de cautivos, el registro del ganado apache y de los censos de cada ranchería no podían llevarse a cabo hasta que Manuel y Pisago Cabezón llegaran y dieran su aprobación. La situación se hizo especialmente delicada cuando los mexicanos trataron de determinar qué animales podían mantener los apaches mientras confiscaban las adquiridas en los últimos robos. Los apaches consideraban legítimos el botín de guerra, mientras los rancheros mexicanos reclamaban que les devolvieran su ganado.
En Janos, Madrigal tenía más problemas. Un grupo de asaltantes había robado algunas mulas cerca de Galeana [Chihuahua], y según los apaches que estaban en paz, los culpables eran mogollones [bedonkohes] liderados por un hijo de Mangas Coloradas. Rápidamente, organizó un destacamento para perseguir a “losMangas Coloradasque sospecho del robo”. Madrigal también se dio cuenta de que para lograr una paz duradera, tendría que integrar a Mangas Coloradas a su causa . En septiembre, los chiricahuas pacíficos revelaron que Mangas Coloradas había trasladado su ranchería a la zona de los ríos Gila y San Francisco.En una clara referencia a los chokonen de Cochise, el informe añadía que Mangas Coloradas tenía “relaciones con los conocidos en Fronteras y con los que residen en la Sierra de Chiricahua” [Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona].
El 7 de septiembre, un editorial del periódico “La Luna” de Chihuahua hablaba de la paz firmada con grupos de apaches mescaleros y gileños, pronosticando una disminución de las hostilidades.
Madrigal tuvo que hacer frente a otros problemas, proporcionando un trato justo, a la vez que dejaba claro que castigaría a cualquiera que cometiera actos punibles. Abordó un problema ancestral inherente a cualquier tratado de paz entre apaches y mexicanos: el comercio ilícito, que solo servía para animar a los apaches a saquear otros lugares [en el caso de Chihuahua, Sonora] en busca de botín para comerciar. Los términos del tratado permitían a los apaches comerciar con los ciudadanos, para incentivarlos a traer pieles y otros productos nativos para intercambiar. Esto propició un contacto más frecuente entre apaches y mexicanos, lo que inevitablemente derivó en conflictos sociales, ya que ambos grupos tenían personas recalcitrantes y problemáticas. Otro elemento negativo era el alcohol. El gobernador García Conde había permitido a los apaches comprarlo, quizás porque los españoles lo habían hecho durante la época colonial; lo que solía provocar enfrentamientos violentos).
* El 15 de agosto de 1842, Sam Houston, presidente de la República de Texas, nombra a James Houston Grant, agente de los apaches lipanes.
* El 26 de agosto de 1842, el periódico “La Luna” de Chihuahua informa que los apaches han asaltado la hacienda de San José Babícora (municipio de Gómez Farías, Chihuahua) llevándose todos los bueyes. (En septiembre de 1842, un hombre llamado Selgas tenía en su poder un caballo que los apaches habían robado del presidio de San Elizario. Madrigal investigó el asunto, exonerándole del robo, concluyendo que “Selgasestaba aquí en el momento del robo”. Selgas afirmó haber comprado el caballo en El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua] a un hijo de José Largo, hermano del líder nednai Cigarrito.
Tras recibir varios informes, García Conde ordenó a Madrigal que prohibiera a los ciudadanos intercambiar armas y whisky con los apaches. Además, delegó en Madrigal la autoridad para tomar las medidas necesarias para hacer cumplir esta nueva orden. García escribió: “Me han informado de que los residentes de la zona que rodea su guarnición [Janos] cometen constantemente actos ilícitos contra los pacíficos apaches, al venderles armas de fuego y licor. Estos actos son de suma importancia, ya que pueden enfurecer a los apaches y provocar consecuencias desastrosas e imposibles de evitar. Dado que este comportamiento es tan pernicioso, es necesario evitarlo a toda costa, incluso haciendo los sacrificios necesarios. Por lo tanto, le ordeno que tome medidas militares contra cualquier residente que no actúe con la debida moderación al tratar con los apaches o que persista en el comportamiento ilegal que he descrito.
La autoridad del comandante general, que desea que este asunto, sumamente difícil, se resuelva, le confiere plenos poderes para actuar de la manera más apropiada, no solo con base en el principio general que le he expuesto, sino también en casos muy graves, específicamente para acusar a los individuos de los cargos pertinentes, esclarecer la verdad y enviar a los infractores a esta capital para que reciban el castigo que la ley establece”.
* En el otoño de 1842, varias bandas apaches se congregan en los asentamientos de El Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez, Chihuahua), El Carrizal (municipio de Ahumada, Chihuahua), Agua Nueva (municipio de Rosales, Chihuahua), Galeana (Chihuahua), San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua) y Janos ([Chihuahua]. Mangas Coloradas y Cochise permanecieron en las Alamo Hueco Mountains [Hidalgo County, New Mexico] hasta octubre. Desde allí hacían incursiones y a la vez, enviaban espías a Janos y Fronteras [Sonora] para saber cómo estaban los apaches que estaban en paz. El jefe Ronquillo [nednai] también incursionaba desde el distrito de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua]).
* El 1 de octubre de 1842, el censo oficial de apaches en Janos (Chihuahua) registra a 304 personas, aunque solo alrededor de la mitad recibe raciones. (Coyante, Manuel o Manuelito [chokonen], y Pisago Cabezón [chokonen], así como un nuevo nombre, Fusilito [chokonen, en Janos desde el 15 de agosto de 1842 hasta enero de 1844] fueron los principales jefes de Janos y acamparon cerca. La ranchería del chokonen Anaya se quedó cerca de Corralitos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. Manuel y Pisago Cabezón fueron tratados con privilegio, obteniendo todo lo que pidieron, que no excedía de 20 pesos de valor cada uno).
Los jefes apaches Antonio Charro, Negrito [nednai], Rosario, Serrano [única referencia a este apache como jefe] y Torres [chokonen] no estaban lejos del Valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua]. Desde el Cañón de San Diego [municipio de Casas Grandes, Chihuahua], Torres notificó a las autoridades mexicanas que algunos guerreros habían pasado por allí con una gran manada de ganado robado en Sonora. Vívora, ahora muy enfermo, se encontraba en las inmediaciones de Casas Grandes. Chato había pedido permiso para hacer un viaje a la zona de Namiquipa [Chihuahua], pero al final no fue. Francisquillo [nednai] recibió permiso para hacer un viaje a Ciudad de Chihuahua, pero se trasladó a la Sierra de la Escondida [municipio de Coyame, Chihuahua] desde donde fue a Casas Grandes).
* El 3 de octubre de 1842, la comandancia general de Chihuahua informa al ministro de Guerra y Marina: “Se goza de tranquilidad pública. Los comanches, que en su retirada tocaron esta demarcación, fueron totalmente escarmentados. Hubo pequeños robos que se atribuyeron a los apaches, pero en realidad fueron hechos por ladrones que ya han sido castigados. El jefe apache Gómez se une a la persecución de los comanches”.
* Los días 17, 24 y 31 de octubre de 1842, Cochise aparece con su esposa, probablemente
Dos-teh-seh, y un hijo en las listas de raciones de Janos ([Chihuahua]. Janos era uno de los lugares preferidos por los apaches para comerciar y recibir raciones. Este comercio, en el que se hallaban involucradas las mismas autoridades locales, realmente se puede clasificar como contrabando. Por otra parte, al igual que habían hecho los españoles, las autoridades mexicanas llevaban listas con las fechas en las que figuraban las personas a quienes les entregaban raciones. Por ejemplo, se sabe que la banda del chokonen Pisago Cabezón acudía a menudo a Janos y que junto a este importante jefe y otros miembros de la banda, en octubre recibió raciones un tal Cuchise y su mujer. Se puede deducir que se trataba de Cochise, probablemente en aquella época líder de un pequeño grupo familiar dentro de la banda de Pisago Cabezón. También es posible que Cochise fuese enviado por su suegro Mangas Coloradas para evaluar el funcionamiento de las autoridades mexicanas.
A finales de octubre de 1842, un pequeño grupo de seis guerreros bajo el mando del chokonen Náque robaron algunos caballos en Casas Grandes. Esto indignó al comandante de Janos, Pedro Madrigal, porque había dado raciones a Náque, un miembro de la ranchería de Pisago Cabezón. Según los puntos del tratado, Manuel [Manuelito] siguió el rastro hasta el sureste de New Mexico. De allí salió hacia los campamentos apaches de la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico]. Manuel siguió el rastro hasta el río Mimbres, donde inesperadamente se encontró con Mangas Coloradas, que estaba visitando un campamento chihenne, hablando con él y con Pisago Cabezón, quien recientemente había dejado Janos para conferenciar con Mangas Coloradas, quien dijo que ahora deseaba la paz para sus chihennes radicados en Santa Lucía [después conocido como San Vicente de la Ciénega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico] y para sus bedonkohes que estaban viviendo en la Sierra Mogollón. Según Manuel, sus intenciones eran sinceras, pues afirmaba que Mangas Coloradas mostraba “buena disposición y buenas intenciones” hacia Chihuahua.
Esta era una noticia importante porque brindaba a los mexicanos la oportunidad de lograr la paz con el líder indiscutible de la facción guerrera. El teniente Antonio Sánchez Vergara, quien había sido fundamental durante las negociaciones del verano anterior, aceptó emprender el viaje. Sánchez era uno de esos personajes de la frontera cuya vida se cruzó brevemente con la de Mangas Coloradas. Los chiricahuas confiaban en él, siendo uno de los pocos oficiales mexicanos a quienes respetaban. Si bien deseaba sinceramente la paz, Vergara no era ingenuo. Sabía que se enfrentaba a la tarea casi imposible de convencer a cada banda chiricahua de que aceptara los términos. Sin embargo, también entendía que muchos líderes importantes, incluido Mangas Coloradas, llevaban casi una década luchando y estaban cansados de la guerra. Además, aquellos chiricahuas que se debatían entre la paz y la guerra quizás oyeron que Urrea, cuyas fuerzas habían derrotado repetidamente a los seguidores de Gándara, planeaba ahora emprender una gran ofensiva contra los chiricahuas. Urrea juró permanecer en el campo de batalla hasta que sus hombres les vencieran. De hecho, Vergara compartía estos sentimientos en caso de que los chiricahuas “hostiles” se negaran a aceptar la tregua. Antes de que Manuel entregara el mensaje de paz de Mangas Coloradas, Vergara había propuesto que Chihuahua enviar tropas a la Sierra de Mogollón para someterlos. Sin embargo, al enterarse del cambio de opinión de Mangas Coloradas, Vergara accedió a emprender la arriesgada misión de llevar la paz al suroeste de Nuevo México y al noroeste de Chihuahua.
No obstante, las relaciones entre los apaches y mexicanos eran inestables y algunos de los grupos chiricahuas consideraban la posibilidad de robar ganado en los pueblos de Chihuahua, incluyendo Janos. En marzo, un minero llamado Juan Chaimos advirtió a Robert McNight que se notaba un movimiento de apaches fuera de lo normal en la zona de la Sierra de la Escondida [municipio de Galeana, Chihuahua]. Además, se habían visto unos 60 apaches dirigiéndose a Janos, temiéndose que tuviesen la intención de llevarse algunos animales de la caballada de aquel presidio. Otros pueblos en peligro eran Galeana, Casas Grandes, Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes] y Valle de San Buenaventura [municipio de Buenaventura]. Sin embargo, con la oportuna entrega de raciones a los apaches y la reanudación del comercio con los chihuahuenses, la situación volvió a la normalidad durante algún tiempo.
A principios de noviembre, Cochise aparentemente se fue de Janos porque no volvió a solicitar raciones hasta el mes de julio del próximo año. Quizás fue a informar a Mangas Coloradas de cómo iban los asuntos en Janos, ya que a finales de año envío un mensaje con intención de entablar negociaciones. El goteo de llegada de apaches a Janos continuó. Muchos apaches vinieron de Fronteras [Sonora] donde habían recibido raciones, pero al haber resultado muertos algunos de ellos a manos de mexicanos, perdieron la confianza en los funcionarios de Sonora.
En noviembre, llegaron a Janos noticias desde la ranchería de Mangas Coloradas, ubicada en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico] de que el jefe deseaba dialogar sobre la paz con Chihuahua. Pisago Cabezón y varios guerreros, entre ellos Cochise, yerno de Mangas Coloradas, habían estado en Janos, contando después a Mangas Coloradas que recibían trato justo de Madrigal. Igual de importante era el tema de las raciones semanales que recibían los apaches. Con la llegada del invierno y tras casi una década de guerra, Mangas Coloradas decidió escuchar a Madrigal. Aunque ahora estaba dispuesto a perdonar a Chihuahua por haber contratado a los mercenarios de Kirker, seguía desconfiando de Sonora, que recientemente había lanzado una gran campaña contra los apaches en Arizona y continuaba hablando de exterminio en lugar de negociación.
El comandante de Janos, Pedro Madrigal, elogió a los apaches establecidos bajo los jefes Anaya, Manuel o Manuelito [chokonen] y Coyante. Anaya, ahora acampado en la Sierra del Pajarito [municipio de Casas Grandes, Chihuahua], cerca de la Hacienda de Ramos, no había hecho ninguna demanda a las autoridades mexicanas. Manuel y Coyante simplemente querían permiso para pasar el invierno en la Sierra de las Burras [municipio de Chihuahua, Chihuahua] donde recolectaban plantas silvestres y donde había abundante leña. Prometieron que cuando se encontraran con rancherías “hostiles” conseguirían que aceptasen la paz con los mexicanos.
Algunos apaches no estaban contentos con las nuevas disposiciones. Torres, ahora de vuelta en Janos, estaba descontento y se iría del presidio. Probablemente, pasó algún tiempo con Vívora o Pisago Cabezón [chokonen]. Este último, después de las negociaciones y un corto tiempo en Janos, casi nunca apareció por allí. En ese momento, los apaches se enteraron de que las autoridades de Sonora estaban de nuevo preparando otra campaña contra ellos).
* En noviembre de 1842, tiene lugar una operación militar de milicianos texanos contra asentamientos mexicanos cerca del Río Bravo para contrarrestar las tres incursiones realizadas anteriormente por los mexicanos en Texas. (Esta expedición fue llamada Somervell [por su comandante, el general Alexander Somervell], o Mier [por la batalla de la ciudad de Mier]. Con los texanos iba un grupo de apaches lipanes al mando de Flacco. A mitad de la campaña, Somervell vio que había pocas posibilidades de éxito, por lo que ordenó regresar. El capitán W. S. Fisher, apelando a una ley texana que decía que las tropas voluntarias podían nombrar a sus comandantes, siguió adelante con parte de los hombres [al final serían capturados].
Con los hombres de Somervell que se retiraban iban los apaches lipanes. Flacco envió a sus guerreros, al mando de Luis, con la mayor parte de los caballos que habían quitado a los mexicanos, hacia sus rancherías. Flacco se quedó con un viejo apache lipán sordomudo llevando 30 o 40 caballos, junto a un mexicano y un hombre llamado Rivas. Cuando estaban acampados cerca de San Antonio [Bexar County, Texas], Rivas y el mexicano mataron a Flacco y al viejo sordomudo, llevándose los caballos al este de Texas y Louisiana).
* El 3 de diciembre de 1842, Antonio Comadurán, comandante del presidio de Tucson (Pima County, Arizona) refleja en un informe los problemas existentes entre los “apaches mansos” (quienes continuaban prestando una valiosa ayuda a los mexicanos) y los pápagos ([enemigos tradicionales de los apaches y, por tanto, aliados de los españoles]. El día anterior, los responsables de los pueblos de Santa Ana, Santa Rosa y Sofía, con un gran número de pápagos armados, entraron al presidio por los claros que había en la muralla [que estaba en bastante mal estado] e informaron a Comadurán que los “apaches mansos” habían robado 14 caballos de su pueblo de San Xavier del Bac. En realidad se trataba de una incursión de apaches “hostiles” que se retiraron rápidamente con los animales robados. Los pápagos se lanzaron en su persecución siguiendo las huellas de los ladrones hasta un punto donde el rastro se juntaba con unos “apaches mansos”. Según se pudo saber, cinco de estos habían salido a cazar y los pápagos confundieron sus huellas con las de los atacantes. Como resultado de ello, Comadurán tuvo que ordenar tocar generala y sacar a la tropa para evitar que los pápagos atacasen el poblado de los “apaches mansos”).
* A finales de diciembre (o principios de 1843), el teniente Antonio Sánchez Vergara, parte de Janos, en compañía de Manuel y su hermano Torres, hijos de Coyote (un importante líder del distrito de Janos a principios de la década de 1800), acompañado por algunos arrieros mexicanos. (Vergara, a quien un historiador denominó “intermediario”, se detuvo primero en la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico], donde parlamentó con varios líderes janeros nednais, como Soquilla, Bartolo y Babosa. Ahora estaban en paz, aunque habían estado en guerra desde la masacre de Johnson en 1837. Prometieron llevar su gente a Janos. Vergara continuó su viaje hacia el norte, a la Sierra Mogollón, donde a finales de enero se reunieron con con los chihennes Mangas Coloradas, Itán, y Cuchillo Negro, y el bedonkohe Teboca. Vergara les aseguró que los tratados de paz de Janos seguían vigentes, aunque José Mariano Monterde había reemplazado a García Conde como gobernador y comandante general de Cihuahua. Mangas Coloradas aceptó el tratado y accedió a viajar a Janos a finales de marzo para reunirse con Monterde y formalizar un armisticio. Si Cochise estaba presente, lo hizo en un segundo plano.
Ese mismo mes de diciembre, un chiricahua llamado Chato entró en una huerta cercana a Janos donde comió varias sandías y pisoteó las plantas. Cuando el propietario se lo echó en cara, Chato le insultó y le amenazó. Montó en su caballo pisoteando el resto del huerto. El “justicia de paz” [juez de paz], un miembro de la familia de los Varela, intentó arrestarle, pero Chato le insultó. Cuando el alférez José Baltasar Padilla se enteró del incidente, decidió que la paz valía más que unas plantas de sandías).
1843
* Ese año, la misión del teniente Antonio Sánchez Vergara pronto dio frutos.(En enero, el jefe chokonen
Torres regresó a Janos [Chihuahua] para instalarse otra vez allí. Pidió que el comandante general de Sonora sea informado de que los apaches que estaban en paz en Janos no tenían nada que ver con las recientes incursiones en ese estado, y que aprendiese a distinguir entre apaches pacíficos y “hostiles”. Durante este año, Chihuahua y Sonora tuvieron varias disputas por la incapacidad de distinguir entre apaches pacíficos e incursores, teniendo lugar varios enfrentamientos entre mexicanos y apaches “hostiles”. Algunos apaches que estaban en paz en Chihuahua incursionaron por Sonora comerciando su botín en Chihuahua, sospechándose que los que recibían raciones en Janos eran responsables de esas incursiones. También surgieron frecuentes disputas en los asentamientos entre civiles mexicanos y apaches. En Chihuahua, las incursiones de apaches eran menos frecuentes que en el pasado.
También Bartolo llevó a su grupo de janeros nednais de 35 hombres, 40 mujeres, y 61 niños a Janos. Bartolo, nacido en la década de 1790, había sido miembro de la ranchería de Juan Diego Compá [nednai]; por lo tanto, era, probablemente, un superviviente de la masacre de Johnson. En los años siguientes, sería eclipsado por otros líderes nednais como Láceris y Coleto Amarillo.
El 3 de febrero de 1843, el periódico “El Voto de Sonora” informaba que una banda apache había incursionado en las inmediaciones de Cucurpe [Sonora], matando a cuatro personas y llevándose un cautivo. El 17 de febrero, el mismo periódico informó de la derrota de esa partida de apaches que había incursionado en Cucurpe.
Mientras tanto, chiricahuas amigos informaron que Mangas Coloradas había llegado a las montañas al norte de Janos, quizás a la Sierra de Enmedio, y que esperaba la llegada del gobernador de Chihuahua, José Mariano Monterde. Monterde, originario de Ciudad de México, era un militar de carrera que recientemente había sido subdirector de la Escuela Militar de México. Hombre de reputación intachable, nació en 1789 y, por lo tanto, tenía aproximadamente la misma edad que Mangas Coloradas. A principios de marzo, Madrigal informó a Monterde que Mangas Coloradas e Itán llegarían pronto. Al recibir esta noticia, Monterde comunicó a Madrigal que saldría de Ciudad de Chihuahua alrededor del 11 de marzo y que planeaba llegar a Janos a finales de marzo.
De camino, Monterde paró en Encinillas y El Carrizal, para inspeccionar las guarniciones fronterizas y reunirse con los apaches que habían aceptado el acuerdo de paz. Llegó el 20 de marzo de 1843 a Galeana, donde celebró una conferencia con las autoridades locales. Al igual que los apaches, estas personas estaban cansadas tras una década de guerra y querían hacer todo lo posible por promover una paz estable y duradera. Por lo tanto, ofrecieron donar tierras, suministros y conocimientos técnicos para ayudar a los apaches y enseñarles a cultivar la tierra. Aunque algunos chiricahuas aceptaron la oferta, era un experimento de dudosa viabilidad, debido a la ignorancia. La idea de que los apaches cultivaran la tierra a un nivel suficiente como para alimentarse ellos mismos, demostraba la falta de comprensión de la cultura chiricahua de los mexicanos. Tras pasar una semana en Galeana, Monterde partió hacia Janos, llegando allí alrededor del 28 de marzo, con la expectativa de reunirse con Mangas Coloradas.
José Mariano Monterde, gobernador y comandante general de Chihuahua, aseguró a Torres que los soldados de Sonora no podían atacar a los apaches que estaban en paz en ese estado. Torres, aparentemente satisfecho, volvió a quedarse, pidiendo ayuda para los miembros de su ranchería para empezar a cultivar. Él y su hermano Manuel [Manuelito] querían parcelas en el Rancho de San Diego [municipio de Guerrero, Chihuahua], lugar que consideraban suyo debido a que su padre, Coyote, había sido “legalmente propietario” anteriormente. Torres y Manuel dijeron que iban a hacer la guerra a los “malos” apaches que se negaban a aceptar la paz.
Llegaron más rancherías de los jefes Baboso, Bizcocho, Carabinero, Naperú y, finalmente, incluso Soquilla.
Baboso vivió en Janos desde diciembre de 1810 hasta la primavera de 1831; ahora volvía como jefe, permaneciendo allí hasta enero de 1844.
El nombre de Bizcocho apareció en Janos solo a principios de 1843 y no se mencionó más.
Carabinero estuvo en Janos en la década de 1820 y permaneció allí durante esta nueva etapa de paz hasta 1844, cuando no apareció más.
Naperú residió en Janos de 1826 a 1831, encontrándose en la zona de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] a mediados de la década de 1830. Él y Soquilla permanecieron en Janos hasta enero de 1844.
El 30 de marzo de 1834, varias bandas se habían establecido en Janos [Itán no llevó a toda su banda allí]. Los mexicanos descubrieron que algunos apaches de las rancherías de los chokonen Pisago Cabezón y Manuel [Manuelito] se habían llevado ganado de Janos. Los apaches Torres [chokonen], Francisquillo [nednai], Charro y Negrito [nednai] fueron sospechosos de robos. Animales robados en el sur, en Cusihuiriáchic [municipio de Cusihuiriáchi, Chihuahua] aparecieron en el norte, en la Hacienda del Carmen [municipio de Buenaventura, Chihuahua], El Carrizal y Janos.
Mientras tanto, chiricahuas que colaboraban con los mexicanos, informaron que Mangas Coloradas había alcanzado las montañas al norte de Janos para esperar allí la llegada del gobernador de Chihuahua, José Mariano Monterde.
El 31 de marzo de 1834, Mangas Coloradas llegó según lo prometido, un hecho que impresionó a Monterde. La reunión entre el líder chiricahua y el gobernador de Chihuahua, debió ser un encuentro trascendental. Por un lado, era un líder, generalmente, distante con los mexicanos, en quienes desconfiaba. Frente a él, estaba el gobernador y general en jefe de Chihuahua, un oficial que, a diferencia de la mayoría de los militares [mexicanos y estadounidenses], demostró empatía y respeto por quien era su enemigo. El carácter de Monterde no solo era singular en un ejército conocido por su odio hacia los nativvos, sino que también reflejaba las cualidades tan veneradas por los apaches. Como resultado, a medida que avanzaba la conferencia, las acciones de Monterde fueron cambiando gradualmente la forma de pensar de Mangas Coloradas.
Tras las presentaciones iniciales, Monterde se dirigió a los líderes chiricahuas. Además de Mangas Coloradas, estaban Itán [chihenne] y Fusilito [chokonen], y posiblemente Teboca [bedonkohe] y Cuchillo Negro [chihenne]. Con ellos estaban otros líderes que previamente habían aceptado la paz, los chokonen Manuel [Manuelito], su hermano Torres y Anaya.
Reconociendo la profunda inquietud de los apaches, el gobernador admitió que la feroz guerra se había intensificado debido a que México había cometido varios actos atroces [en alusión a la masacre de Johnson y a los cazadores de cabelleras de Kirker]. En particular, señaló que Mangas Coloradas había expresado abiertamente su resentimiento por las acciones cometidas contra su pueblo. La paciencia, la honestidad y la franqueza de Monterde finalmente infundieron confianza en los líderes, que antes desconfiaban. Leyó con detenimiento los artículos del armisticio, explicando cuidadosamente las 10 condiciones, ya que los líderes no querían sorpresas. El acuerdo era típico de los tratados anteriores. En esencia, ambas partes cesarían las hostilidades y acordarían “una paz sincera”. Cada una consintió en liberar a sus cautivos, y los apaches accedieron a ayudar a las tropas mexicanas contra “sus enemigos”. A cambio, Monterde distribuiría raciones. Los apaches eligieron unánimemente a Mangas Coloradas como “general”. Él sería el líder responsable de mantener el control de su pueblo.
Los chiricahuas también solicitaron a Monterde que designara una comisión para ir a Sonora a reunirse con el gobernador José Cosme de Urrea, demostrando así la seriedad con la que deseaban que este armisticio perdurara. En consecuencia, los chiricahuas eligieron a Negrito [nednai], Matías [chokonen] y Marcelo [hijo del chokonen Pisago Cabezón], para acompañar al comisionado de paz, el teniente Antonio Sánchez Vergara, quien para entonces gozaba de gran credibilidad entre los chiricahuas. En general, el tratado tenía buenas posibilidades de éxito, ya que ambas partes habían resuelto muchos problemas. Sin embargo, no podían solucionar de la noche a la mañana el problema que más temía Monterde: la desconfianza y la enemistad mutuas. Ambos pueblos contaban con individuos sensibles que habían sufrido tragedias y la pérdida de vidas a manos del otro. Solo el tiempo podría sanar esas heridas y propiciar mejores relaciones.
Mangas Coloradas tenía la intención de hacer todo lo posible para que la paz prosperara. Desde el principio cooperó con los oficiales militares mexicanos en Janos, intentando que el tratado funcionara, firmado el 1 de abril, y poder cumplir su palabra. El 17 de abril regresó al presidio y conversó con Madrigal. Sin embargo, algunos nubarrones aparecieron en el horizonte.
Además, pocas semanas después del acuerdo, un grupo chihenne mandado por Delgadito [un
emergente líder de la banda de Itán. Sería un importante jefe chihenne en la década de 1850, estando en Janos solo un par de veces], incursionó en El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua]; matando a varias personas y llevándose una manada de mulas al Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico]. Madrigal pidió a Mangas Coloradas que encontrara a los culpables y a los animales robados, accediendo a su petición, pero, aparentemente, no hizo nada porque varios de los incursores eran miembros de su banda [según informantes apaches de Janos] y, posiblemente, uno de sus hijos estaba implicado. Es posible que hubieran hecho la incursión sin saber que Mangas Coloradas había firmado el tratado).
* El 3 de febrero de 1843, el teniente coronel mexicano Juan José Galán firma un tratado de paz de nueve puntos con seis jefes comanches. (Uno de los puntos estipulaba que mediarán para que apaches lipanes y caddos firmasen la paz con los comanches y entregasen sus respectivos cautivos).
* El 6 de marzo de 1843, un informante apache en Janos (Chihuahua) llamado Tayachil (hijo del nednai José Mentira, que había seguido viviendo en paz en Janos), dice que solo los apaches que están con el chokonen Manuel en la Sierra del Pajarito (municipio de Buenaventura, Chihuahua) están todavía en paz. (El chokonen Pisago Cabezón; los chihennes Itán y Mangas Coloradas; el bedonkohe Teboca; y El Negro estaban ahora en la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico] decididos, con ayuda de apaches coyoteros White Mountain y navajos, a realizar otra campaña contra Sonora. El acuerdo de paz en Janos pronto terminaría.
El frecuente rumor de que Mangas Coloradas había reclutado la ayuda de los coyoteros White Mountain y los navajos para incursionar por Sonora, era, parcialmente, falso. Los navajos nunca se unieron a Mangas Coloradas en ese objetivo. En cambio, los Western Apaches, en particular las bandas White Mountains, sí se unieron ocasionalmente a él en incursiones en Sonora, pero su relación fue más una alianza económica basada en el intercambio comercial y las visitas sociales que ota cosa.
El 21 de marzo de 1843, el juez del pueblo de Opodepe [Sonora] comunicó que los vecinos atacaron a un grupo de apaches en la Sierra de San Antonio [cerca del municipio de Ímuris, Sonora] y que una partida salió hacia el Puerto del Tajo [?] persiguiendo a otro grupo de apaches.
A mediados de abril, y después de que las autoridades de Sonora se quejaran de más incursiones apaches provenientes de Chihuahua, el teniente Sánchez Vergara llevó a Manuel, a Mangas Coloradas y a varios soldados a Sonora para investigar. Después de varios robos, Manuel y Chinaca ayudaron a los mexicanos a recuperar algunos de los animales. Chinaca cooperó con los mexicanos durante este período de paz [Chinaca había estado por los alrededores de Janos desde 1827, pero, posiblemente, procedía de Bavispe, Sonora, y que estaba en Janos desde septiembre de 1842 hasta principios de 1844, cuando murió de viruela]. El problema no disminuyó, habiendo en Chihuahua continuos rumores de campañas de tropas de Sonora. De hecho, una circular emitida en marzo por la comandancia general de Sonora decía que una campaña de los presidios de Fronteras [Sonora], Santa Cruz [Santa Cruz County, Arizona] y Tucson [Pima County, Arizona], será enviada en agosto a patrullar las rutas de entrada y salida de las bandas atacantes apaches y luchar contra ellos hasta ser totalmente derrotados.
El 5 de mayo, la “Revista Oficial de Chihuahua” informó que el general Monterde había logrado que el jefe Mangas Coloradas firmase la paz. Por esas fechas, Mangas Coloradas dijo a Manuel, quien a su vez informó a Madrigal, que 12 apaches [ocho del establecimiento de paz de Fronteras, Sonora; y cuatro de Janos] planeaban incursionar por los alrededores del presidio de Janos. Al mediodía, apareció un viajero de Sonora diciendo a Madrigal que unos apaches le habían hecho huir a pocos kilómetros de allí, quitándole 19 reses. Enseguida, Madrigal envió al alférez José Baltasar Padilla con 13 soldados, nueve civiles, y siete apaches para seguir el rastro. Este destacamento se encontró con Mangas Coloradas, cuya rápida respuesta evitó una grave situación y salvó la frágil paz del momento. Madrigal describió el encuentro al comandante general de Chihuahua: “El grupo de Padilla no perdió un instante y realizó marchas forzadas hasta que alcanzó a los agresores sonorenses en el lugar llamado Agua Hueca [localizado en las Alamo Hueco Mountains, Hidalgo County, en el extremo sudoeste de New Mexico, a unos 21 km al norte de Chihuahua. Los chiricahuas conocían ese lugar como ‘Dzildatlis’, que significa ‘Montaña Azul’, que utilizaban como base para incursionar en México y un importante lugar para recoger mescal y cazar ciervos], a 36 leguas de esta guarnición. Allí se encontraban el general de los apaches mogollón, Mangas Coloradas, además de Pisago Cabezón, Teboca y otros líderes. Los agresores, quizás envalentonados por la presencia de estos indios, se prepararon para defenderse en lugar de entregar lo robado. Pero el general Mangas Coloradas se puso inmediatamente del lado de las fuerzas de Padilla. Dirigiéndose a los agresores, les advirtió que, a menos que entregaran de inmediato lo robado, los atacaría con su banda de indios. Añadió que había firmado tratados de paz y estaba dispuesto a mantenerlos bajo cualquier circunstancia. Pisago, quien también se unió a las fuerzas de Padilla, les dio una advertencia similar y, además, pidió la muerte de su hijo, quien erba uno de ellos. Esto se debía a que insistía en que tal acto convertía a su hijo en una mala persona, de la cual se avergonzaba. Los demás indios que he mencionado también se unieron a nosotros en ese momento.
Los bienes robados que he mencionado fueron entregados inmediatamente a Padilla. Los agresores prometieron enmendar su conducta y fueron perdonados por los indios que he mencionado.La única excepción fue Mangas Coloradas, quien, tras hacerles ver la gravedad del delito, les advirtió que, como consecuencia, no volvieran a pisar ninguna tierra donde él tuviera una ranchería”.
El 16 de mayo, Padilla volvió a Janos con el ganado robado. El capitán Madrigal censuró severamente a algunos de los mexicanos perseguidores [un soldado y nueve ciudadanos] por su impetuosidad, alabando a los apaches, El Cochi [nednai], El Chino [chokonen], Lunes, Juan, El Negrito de Carretas, José Mentira [nednai] y El Trigueñito. Habían plantado cara a los incursores con valentía, haciéndoles saber de manera inequívoca que tenían que devolver el botín, y que morirían antes de volver sin las reses. Al día siguiente, 17 de mayo, Mangas Coloradas llegó a Janos para hablar con Madrigal: “El jefe vino a verme a esta guarnición para informar que considera que los tratados de paz siguen vigentes sin cambios y que está dispuesto a sacrificar su vida e intereses en cualquier momento que la amistad que le tiene a usted lo requiera”.
El gobernador José Mariano Monterde premió con 10 pesos a los exploradores apaches y con 20 a Mangas Coloradas, pero antes de que este pudiera recibirlos, un deplorable suceso lo enturbió todo. Poco después de que Mangas Coloradas firmara la paz, los chokonen Marcelo y Matías, y el nednai Negrito, habían partido hacia Sonora con el teniente Antonio Sánchez Vergara. El 2 de junio de 1843, se reunieron en Guaymas [por entonces la capital del estado] con el gobernador José Cosme de Urrea, acordando un armisticio con Sonora. Los tres chiricahuas prometieron mantener la paz con Sonora y ayudar a los mexicanos a defenderse de sus enemigos, sobre todo contra los apaches coyoteros White Mountain y los Pinal Apaches. El 16 de junio, el periódico “El Voto de Sonora” informó que “Negrito, representante de los apaches gileños de Chihuahua y Matías, de los apaches mogolloneros de Sonora, habían ido a la capital de Sonora a solicitar la paz al comandante general, José Cosme de Urrea”. En esencia, si los apaches dejaban en paz a los sonorenses, Sonora haría lo mismo.
Irónicamente, el destino de la tregua se decidió incluso antes de que Urrea y los chiricahuas celebraran su encuentro. Mientras el grupo se dirigía a encontrarse con Urrea, las tropas en Fronteras mataron a seis chokonen sin motivo aparente. Aunque los detalles son escasos, el incidente causó gran indignación en los apaches. El 26 de mayo de 1843, unos Western Apaches mataron a dos ciudadanos e hirieron a un soldado mientras robaban ganado cerca de Fronteras. Siete chiricahuas se encontraban en el presidio en el momento del ataque y se ofrecieron como voluntarios para ayudar a los soldados. Tras una breve persecución, lograron recuperar la mayor parte del ganado. En ese momento, por alguna razón desconocida, los mexicanos decidieron tomar represalias contra los chokonen, a pesar de que estos no habían participado en la reciente incursión. Sin previo aviso, los soldados, inexplicablemente, dirigieron sus armas contra sus exploradores chiricahuas, matando a seis de los siete desprevenidos apaches. Uno logró escapar y contar lo sucedido, lo que se extendió como la pólvora por los campamentos apaches de Nuevo México y Chihuahua, sentando así las bases de la guerra, pues la cultura apache exigía vengar sus muertes.
Este fue el inicio de una cadena de acontecimientos que culminó con la reanudación de las hostilidades entre la facción belicosa entre los chiricahuas, liderada por Mangas Coloradas, y México, especialmente Sonora, que sufriría las peores consecuencias de las nuevas hostilidades. Como resultado, varios ciudadanos de Fronteras pagarían con sus vidas, el sangriento ciclo de venganza y violencia que seguía siendo la norma entre ambos enemigos acérrimos.
El 28 de mayo, Manuel Álvarez [se desconoce si era un hacendado] informó en Temósachic [municipio de Temosachi, Chihuahua]: “Que el 23 del mismo se llevaron los indios en la noche veinte y tantas bestias entre caballares y mulares del Pueblo de Yepómare tomando por rumbo el valle y Galeana, dejando de señas una mula que lancearon y murió luego, y cinco caballos que dejaron cansados en las inmediaciones de Yepómera y Babícora [los dos en el municipio de Temosachi, Chihuahua], y el total de bestias que llevan, son diez y nueve”. Entre los referidos animales, van cuatro caballos muy sobresalientes, que son: dos melados [color miel], un bayo [marrón claro] y un prieto [obscuro] con el hierro de la hacienda, que llevan también los demás, menos el prieto, y es el que está estampado al margen y además un caballo canelo [color canela] extranjero del mismo Álvarez.
El 30 de junio, el mismo Álvarez informó: “Que el 23 del mismo mes se llevaron del referido punto de Yepómera la caballadita de los vecinos del pueblo y los de un sirviente suyo llamado Hilario Favela; que el número de bestias fue el siguiente: diez pertenecientes a los vecinos y seis del referido Favela, entre los que van como en la partida anterior, cuatro caballos muy sobresalientes y además dos mulas también muy buenas siendo los colores de dichos caballos, un rosillo, un bayo blanco, un colorado manchado y una yegua: una de las mulas es colorada, con el fierro de la misma hacienda”.
El 24 de julio, Manuel Álvarez dijo a Ángel Trías, gobernador de Chihuahua, que “el indioTorres no deja de hostilizar, porque después de los robos que se han referido, vino Torres con su gavilla y se robó cuanto ganado pudo llevarse de la Hacienda de Babícora: que las pruebas que tiene de que el citado indioTorreses quién ha cometido los robos anteriores es que el citado Señor Álvarez sabe que andaba montado en uno de sus caballos; y que el comandante de Galeana vendió un macho de los robados al mencionado Álvarez a un tal Flores”.
Antes, el 31 de mayo, pocos días después de la muerte de los seis chokonen en Fronteras, Mangas Coloradas, Manuel [Manuelito], Torres, Anaya, Chinaca, y Zozaya [este último de El Carrizal, municipio de Ahumada, Chihuahua] se reunieron en Janos con Madrigal. Dijeron que en el pasado, habían sido acusados de robos, porque los mexicanos no sabían distinguir entre buenos y malos apaches, siendo empujados a la guerra por la traición cometida por los mexicanos. Ahora pedían justicia al gobierno, ya que estaban bajo su protección, pero Chihuahua no podía hacer nada, excepto interponer una queja contra Sonora. Además, Madrigal tenía otros problemas. El gran número de apaches hizo que se agotaran los suministros para las raciones, por lo que había enviado a un grupo de soldados a por más, quedando su fuerza muy reducida en caso de un reinicio de las hostilidades por parte de los chiricahuas.
Aunque muchos chiricahuas siguieron viviendo pacíficamente en Janos, jóvenes guerreros buscaron venganza por la muerte de los seis chokonen, iniciando varias incursiones por Sonora. A partir de junio, la paz empezó a tambalearse. El 9 de junio, el periódico “El Voto de Sonora” publicó que el coronel Francisco Narbona había recuperado en Santa Cruz [Sonora] 60 animales robados por los apaches. El 23 de junio, un informe oficial relataba los robos cometidos por los apaches de Fronteras [Sonora] y de otros que recibían raciones en el presidio de Janos [Chihuahua]. Varias grupos salieron en su persecución, mandados por jefes gileños y mogolloneros, quienes obligaron a los asaltantes a devolver el botín. Manuel [chokonen] pidió que estos sucesos no alterasen el tratado de paz.
Reyes, un líder chokonen moderado y generalmente pacífico, se quejó ante las autoridades de que había ciudadanos extendiendo rumores sobre la preparación de campañas mexicanas contra los apaches. Además, protestó porque los soldados de Janos deliberadamente hacían prácticas de tiro los días en que los apaches iban a recibir sus raciones, produciéndoles intranquilidad.
En cuanto a Mangas Coloradas, con algún familiar entre los chokonen muertos en Fronteras, fue suficiente para avivar su desconfianza e influir en su paticular odio hacia Sonora. A mediados de julio, los mexicanos siguieron el rastro de unas reses robadas hasta las rancherías de Mangas Coloradas y de Pisago Cabezón, pero esta vez los dos jefes no obligaron a los autores a devolverlas. Según José Mentira, el explorador nednai que guio a los mexicanos, Mangas Coloradas dijo a los culpables que entregaran el ganado, pero no les obligó a hacerlo.
Mangas Coloradas y Pisago Cabezón mantuvieron el pacto firmado con Chihuahua, pero Sonora era otro tema. A finales de 1843, los chiricahuas lanzaron varias incursiones contra Sonora [muchas lideradas por Mangas Coloradas y Pisago Cabezón], cuya intensidad aumentó casi mensualmente hasta principios de 1845. En una de ellas, los dos líderes lo harían por los alrededores de Fronteras, matando a dos personas e hiriendo a otra.
Este espantoso ciclo de venganza y represalias caracterizó la mitad de la década de 1840. Numerosas personas cayeron en ambos bandos. Mangas Coloradas jamás volvería a considerar la paz con Sonora, y pasarían siete largos años antes de contemplar otro acuerdo con Chihuahua. Muchos años después expresó lo que sentía, en aquel entonces, sobre las relaciones entre su pueblo y los mexicanos: “Sería una guerra a muerte”. A juzgar por los acontecimientos posteriores, la descripción de Mangas Coloradas fue totalmente acertada).
* El 24 de julio de 1843, el chokonen Cochise aparece en los registros de Janos (Chihuahua) recibiendo raciones y suministros. (A la semana siguiente, no se presentó, pero una mujer llamada D-Tosa [quizás escrito así en los registros, siendo en realidad Dos-teh-seh] con un niño [quizás su hijo mayor Taza, nacido en 1842], sí recibió raciones. También estaba presente una mujer llamada María de Chis, con dos hijos. Si estos eran familiares de Cochise y fallecieron posteriormente, es algo desconocido. No se supo nada de Cochise durante los siguientes cuatro meses. Probablemente, se unió a Mangas Coloradas y a Pisago Cabezón en el suroeste de New Mexico, participando en las incursiones con ellos).
* En agosto de 1843, un grupo de chiricahuas guiados por el chokonen Yaque incursiona por Fronteras
(Sonora), llevándose caballos y mulas. (Yaque, un líder recalcitrante que posiblemente perdió algún pariente en la masacre de Fronteras, el último 26 de mayo, dirigió a un grupo de guerreros en una incursión por Sonora.
De regreso hacia Janos [Chihuahua] con una hilera de mulas y caballos robados, capturó a un mexicano y robó varias reses cerca de la Hacienda Carretas [municipio de Bavispe, Sonora]. Poco después, parlamentó con algunos ciudadanos, acordando vender a su cautivo por una jarra de whisky, regresando a Janos.
Unas semanas más tarde, Yaque organizó otra incursión. El 9 de septiembre, un numeroso grupo dirigido por Yaque volvió a Sonora. Atacó a un grupo de 11 hombres, matando a siete de ellos, cerca de Cuchuta [municipio de Fronteras, Sonora], a 16 km de Fronteras. Los otros cuatro escaparon a Fronteras declarando que habían reconocido a los líderes chokonen Yaque, Posito Moraga, y Chepillo,quienes se creía que vivían cerca de Janos.Estos dos incursiones sirvieron fueron una muestra de lo que iba a venir).
* El 13 de agosto de 1843, Gerónimo aparece en las listas de racionamiento de
Corralitos ([municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua]. A esa edad, 20 años, ya había combatido durante tres años en varias incursiones y enfrentamientos que determinarían su valía).
* El 10 de septiembre de 1843, se informa del diario de la campaña emprendida desde Tucson (Pima County, Arizona) por el coronel Antonio P. Narbona contra los apaches. (En diversas acciones murieron 12 apaches, premiándose a los apaches “pacíficos” por su colaboración en la campaña).
* El 22 de septiembre de 1843, el periódico “El Voto de Sonora” informa de las órdenes dadas al subprefecto de Sahuaripa (Sonora), al de Moctezuma (Sonora), al de Arizpe (Sonora), al de San Ignacio (municipio de Nogales, Sonora), al comandante del escuadrón de auxiliares Juan Mungui, y a los jueces de paz de Rayon (Sonora) y Opodepe (Sonora) para que manden partidas a recorrer, al mismo tiempo, todos los escondites apaches. (Se les indicaba la ruta que debían seguir cada uno, ordenándoles que permaneciesen de 8 a 10 días en cada sitio para desalojar a los apaches).
* A finales del verano de 1843, Mangas Coloradas y Pisago Cabezón dejan las Alamo Hueco Mountains (Hidalgo County, New Mexico) para ir a la Sierra de los Burros (Burro Mountains, Grant County, New Mexico), como base para incursionar por Sonora. (Quisieron mantener su pacto con Chihuahua, no incursionando en ese estado, siendo Sonora su objetivo. Mangas Coloradas decidió poner fin a su breve tregua con Sonora, que había demostrado repetidamente que ni su inestable gobierno ni sus habitantes fronterizos deseaban realmente relaciones pacíficas con su pueblo. A partir de entonces, y de hecho durante el resto de su vida, rechazaría con vehemencia cualquier contacto pacífico con ese estado. Su postura era innegociable; su oposición, inflexible. Esta antipatía hacia Sonora tenía sus raíces en las relaciones previas al fin del llamado sistema de presidios en 1831, cuando la guerra comenzó oficialmente. Después de ese año, Sonora, una y otra vez, provocó la ira de Mangas Coloradas con actos que exigían venganza. Asolada por la anarquía y gobernada por una serie de líderes que consideraban las políticas beligerantes como la panacea a sus problemas con los apaches, Sonora sufriría mucho durante la década de 1840 y principios de la de 1850. Mangas Coloradas tuvo mucho que ver con esa situación. Lideraba a los bedonkohes, a los chokonen de Cochise y a su grupo local de Santa Lucía. Incluso los nedais, que vivían principalmente en México, se unían a él ocasionalmente en sus incursiones contra Sonora.
En el otoño de 1843, muchos chiricahuas, principalmente chokonen y nednais, seguían recibiendo sus raciones en Janos [Chihuahua], Corralitos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua], y Galeana [Chihuahua], pero una epidemia de viruela se manifestó en esta última localidad, haciendo que muchos se fueran al norte de Janos. (La banda del chokonen Yrigollen y del nednai Coleto Amarillo comenzaron a recibir raciones. Las autoridades de Janos contaron unos 800 chiricahuas. Ante la falta de raciones suficientes y haber pocos soldados, surgieron problemas entre la población y los apaches. Algunos de estos se fueron a incursionar por Sonora. Además, los chiricahuas no pudieron librarse de la viruela, ya que esta llegaría a finales de año al norte de Janos).
Del 27 de noviembre al 25 de diciembre de 1843, los chokonen Cochise y Reyes, y el chihenne Ponce están en Corralitos[municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. También estaban allí Collotura [Coyuntura] y Juan, ambos casados y hermanos de Cochise).
* En el otoño de 1843, David Pyron (capitán de la República de Texas), Donovan, John Gravis, Jim Berry y Harrell se dirigen a Brushy Creek (Williamson County, Texas) a un lugar llamado Kinney’s Fort, para cargar el maíz de un pequeño campo que habían cultivado en ese lugar. (Después de cargar el carro y emprender el regreso, fueron atacados por unos 50 apaches lipanes a pocos kilómetros de la ciudad de Austin [entonces un simple poblado]. Antes del ataque había llovido mucho, humedeciendo las armas y dejándolas inservibles. Un lipán atravesó con su lanza el cuerpo de Pyron, matándolo al instante. Seguidamente, murió Donovan, pero los otros tres lograron ocultarse en un bosque cercano. Llegaron a Austin y contaron lo ocurrido saliendo inmediatamente un grupo en persecución de los lipanes sin llegar a alcanzarlos).
* En diciembre de 1843, el capitán Teodoro Aros, comandante del presidio de Fronteras (Sonora) es informado de que el pueblo de Cuquiárachi había sido atacado por apaches. (Aros acudió con 30 hombres, pero cuando llegaron, los asaltantes ya se habían ido, llevándose cautivo a un muchacho. Los habitantes del pueblo dijeron haber reconocido a varios de los apaches que residían en Janos [Chihuahua]).
1844
* El 27 de enero de 1844, Mangas Coloradas lidera un grupo de guerreros que entra en
Sonora desde New Mexico. (A partir de este año, las partidas de guerra de Mangas Coloradas arrasaron varias haciendas y pequeños asentamientos de Sonora, cuyo ejército respondería. Con José Cosme de Urrea de nuevo al mando, su primo, José María Elías González volvió a ser un activo combatiente. En contraste, Chihuahua, con quien los chiricahuas se consideraban en paz, permaneció prácticamente ajena al resurgimiento de las hostilidades. Mientras que en 1842 hubo 100 informes distintos de incursiones apaches en Chihuahua, en 1843 solo hubo 11, y en 1844, solo 10.
La partida de Mangas Coloradas fue reclutando guerreros a medida que se dirigía hacia el sur. Se componía de chokonen, bedonkohes y unos chihennes del grupo de Itán. Los jefes chokonen Esquinaline, Teboquita y Delgado [no confundir con el líder chihenne Delgadito] estaban entre ellos. El 4 de febrero, unos 200 chiricahuas atacaron Oputo, un viejo asentamiento ópata, a uno 24 km al norte de Huásabas. Era una fértil comunidad agrícola en una región montañosa a lo largo del río Bavispe, había sido un objetivo predilecto de los asaltantes apaches desde finales del siglo XVII. Los chiricahuas atacaron a cinco hombres y dos mujeres a menos de dos kilómetros de Oputo. Rápidamente mataron a los hombres y se llevaron a las mujeres cautivas.
El 7 de febrero, atacaron los corrales del presidio de Fronteras [Sonora], hiriendo de gravedad al sargento de guardia y a dos soldados, y llevándose a dos niños y más de 200 caballos y mulas. El capitán Teodoro López de Aros les persiguió con una fuerza compuesta de 10 soldados y 30 civiles, todos a pie, para intentar dar con los animales robados, esfuerzo que resultó infructuoso, aunque logró encontrar a los apaches con los que consiguió dialogar y, sorprendentemente después de seis horas de negociaciones, logró convencerles de que liberasen a los dos muchachos que habían apresado, probablemente a cambio de tabaco y pinole. López de Aros estimó que los apaches eran 500, indudablemente una exageración, pudiendo identificar a Mangas Coloradas, y a los líderes chokonen Esquinaline, Teboquita y Delgado [no confundir con el líder chihenne Delgadito].
Después Mangas Coloradas se dirigió a Batepito [Sonora] donde la partida se separó. Los bedonkohes bajo Mangas Coloradas y Teboca, con unos pocos chihennes bajo el mando de Itán se dirigieron a la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico], mientras los chokonen bajo Yrigollen, Reyes y Tapilá permanecieron cerca de Batepito, donde celebraron otra conferencia con un destacamento de soldados de Sonora.
* En enero y febrero de 1844, decae el establecimiento de paz de Janos (Chihuahua), aunque otros apaches todavía residen en otros establecimientos. (Mientras en diciembre anterior había unos 700 chiricahuas, a finales de enero solo había un centenar. La mayoría se había ido a causa de la viruela. Otros se fueron en respuesta a la llamada de Mangas Coloradas, quien había dejado New Mexico para preparar sus incursiones contra Sonora, por lo que a partir del 1 de febrero, la mayoría de los apaches dejaron de presentarse a solicitar sus raciones.
Ante ello, el capitán Madrigal envió, el 2 de febrero, al teniente Sánchez Vergara, en compañía del apache Charago, a buscar al chokonen Manuel [Manuelito] para indagar el motivo. Encontró una ranchería chokonen en la Sierra del Pajarito [municipio de Buenaventura, Chihuahua] al oeste de la carretera entre Ramos y Casas Grandes. Los apaches impidieron a Sánchez Vergara entrar en la ranchería, diciéndole que se retirase unos 30 metros. Pronto apareció Reyes, manteniendo la distancia, diciendo que los apaches temían a la viruela; estando convencidos de que los mexicanos habían contaminado sus raciones deliberadamente. A pesar de la presión de otros apaches para romper el tratado, Reyes dijo que su ranchería seguía siendo pacífica y leal. A las 17:00 horas, Reyes le dijo a Sánchez Vergara que esperara mientras él iba a buscar a Manuel; Sánchez Vergara esperó hasta las 15:00 horas del día siguiente y luego se fue. Vergara no sabía que los 22 hombres de la ranchería de Reyes estaban listos para ir a Sonora y unirse a otros chiricahuas mandados por Mangas Coloradas.
De hecho, la banda de Reyes había estado incursionando en Sonora, aunque Vergara no lo sabía. Junto con otros grupos chokonen, habían matado el diciembre anterior, a un hombre y herido a otro, cerca de Oputo, que junto a Fronteras, sería el objetivo de casi todas las partidas de guerra chiricahua en 1844. Luego habían asaltado Cuquiarachi, al suroeste de Fronteras, antes de regresar a Janos y Corralitos. En este último lugar, Reyes intercambió tres burros, y otro chiricahua se jactó de sus planes para emprender otra campaña contra los pueblos situados en el río Bavispe, en particular Bacadehuachi, Huásabas y Oputo.
El 16 de febrero, el apache Selgas llegó a Janos preguntando por Nagué, informando que muchos apaches estaban juntos en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], invitando a Manuel a unirse a ellos, ya que su hijo estaba con ellos. Dos días más tarde, Manuel notificó a los mexicanos que los apaches de Janos le había estado alentando para que se rebelara. Al mismo tiempo, los robos en los alrededores de Janos aumentaron y los apaches que allí vivían pensaron que iba a haber un levantamiento general.
La viruela afectó a varios apaches de Janos [la magnitud de la epidemia es incierta, aunque parece que el 20 de febrero solo había cinco apaches afectados y solo tres habían fallecido, dos de ellos Chinaca y Chato Pisago, un hijo del chokonen Pisago Cabezón], lo que hizo que la población apache disminuyera de 300 o 500 a menos de 50. Los apaches temían mucho a esa enfermedad, acusando a los mexicanos de infectarles a propósito. La mayoría de los apaches se fueron a las montañas del nordeste de Sonora.
A partir del 5 de marzo, solo un puñado de apaches aparecía en las listas de racionamiento, Nagué, Maguirreyco, Chango y Chato con algunas mujeres y niños.
A las 08:00 horas del 5 de marzo, un gran número de chiricahuas [eran los chokonen de Yrigollen, Reyes y Tapilá] emboscaron a varios ciudadanos de Fronteras mientras cultivaban sus campos, a solo 275 metros del cuerpo de guardia, matando a un hombre e hiriendo gravemente a otro. El capitán Teodoro López de Aros salió tras ellos, con 29 hombres a pie [los apaches habían robado todas las monturas en el ataque del 7 de febrero]. Alcanzaron a los apaches porque se habían parapetado para esperarles en las colinas al este del presidio. Durante cinco horas, ambos bandos intercambiaron insultos y disparos, hasta que un tirador apache alcanzó al capitán en una oreja, haciendo que los mexicanos se retirasen. El capitán relató que había tenido un muerto y dos heridos, no mencionando ninguna baja apache, pero informes posteriores decían que sus soldados habían herido a Yrigollen y a Posito Moraga.
A finales del mes de marzo, incursionaron por Moctezuma, Bacerac y Bavispe [Sonora]. En Moctezuma, el odio que tenían por los sonorenses surgió cuando declararon que “ellos [los apaches] sí que saben pelear, mientras que los sonorenses solo se dedican a matar mujeres y niños”.
Poco después, la banda de Tapilá se dirigió a Bacerac, donde mataron al vecino Antonio Pisano, llevándose algunos caballos, mulas y reses. Después atacaron Bavispe, donde un apache exclamó que los sonorenses “son todos malvados, pero nosotros [los apaches] somos hombres para robar y matar en Sonora, como hacemos siempre que nos da la gana”. A veces los apaches mataban a sus cautivos, pero según el estado de ánimo en que se encontraban se conformaban con un simple rescate pagado con aguardiente, como fue el caso de José María Rojas, a quien los apaches hicieron prisionero y que el Mayordomo del Bavispe liberó mediante la entrega de cierta cantidad de esta bebida.
En represalia, el capitán Eusebio Samaniego movilizó 70 hombres de la Guardia Nacional de Bacadehuachi y Bacerac. Samaniego, miembro de una prominente familia de Bavispe, era conocido por su valentía, determinación, habilidad para el combate y resistencia inigualables. Fue un duro adversario para los chiricahuas y lo respetaban. Le llamaban “Chato”.
Samaniego siguió el rastro de los apaches hasta la Sierra de Carcay [municipio de Janos, Chihuahua], donde hallaron un pequeño campamento de cuatro apaches desollando reses robadas. Los mexicanos mataron a Collantes [chokonen], e hirieron a otros tres apaches que huyeron a Janos. Sus familias fueron apresadas, tres mujeres, dos niños y un adolescente, quienes declararon que Tapilá [chokonen], Ronquillo [nednai] y otros habían pasado por allí con ganado robado hacia sus rancherías que estaban al otro lado de Janos y que ellos habían participado recibiendo las reses que estaban desollando en el momento en que los soldados les atacaron. Los cautivos fueron enviados a Fronteras [Sonora], desde donde los ciudadanos volvieron a protestar por la actuación de los habitantes de Janos, Galeana, Corralitos y otros pueblos de Chihuahua, a donde los apaches acudían para vender el botín que obtenían en Sonora. Este botín incluía no solamente ganado, sino ropa, aperos y alhajas. Samaniego justificaría su acción en Chihuahua porque sus exploradores habían encontrado el rastro fresco de los apaches “hostiles”.
Las escaramuzas de los apaches con paisanos y milicianos mexicanos eran constantes y ambas partes sufrieron bajas, aunque la economía y la sociedad de Sonora eran las que llevaban la peor parte, a tenor de las repetidas denuncias realizadas por diversos vecinos y oficiales. Los relatos citan a personajes, muchos de los cuales únicamente aparecen en la historia en el momento de su violenta muerte: “En esta época se ha formado una cadena no interrumpida de robos y muertes que han sufrido estos mismos Pueblos y los de todo el partido: que en las inmediaciones de Bavispe dieron muerte los Apaches Yaque, Cojo Americano y otros a Marcelino Grijalba llevándose a Don Juan Bustamante…”.
* El 6 de marzo de 1844, los jefes Pisago Cabezón, Mangas Coloradas (bedonkohe), Itán (chihenne), Teboca y El Negro se encuentran en la Sierra de los Burros (Burro Mountains, Grant County, New Mexico) preparando una incursión por Sonora. (Este estado tenía una próspera ganadería que atraía a los chiricahuas como la miel a las moscas y Mangas Coloradas y el resto de jefes se dedicaron a realizar devastadoras incursiones llevándose todo el botín que podían, que luego vendían en Janos [Chihuahua] a traficantes mexicanos y estadounidenses.
En abril, unos 300 chiricahuas incursionaron por Sonora, liderados por Mangas Coloradas y Teboca [bedonkohes]; Cuchillo Negro [chihenne]; Chepillo, Esquinaline, Reyes, Posito Moraga, Miguel Narbona, Pisago Cabezón [probablemente su última incursión], e Yrigollen [chokonen]; y Soquilla [nednai]. Sus principales objetivos eran los pequeños pueblos a lo largo de la orilla sur del río Bavispe, poniendo en riesgo todo el nordeste de Sonora. Atacaron el distrito de Sahuaripa, matando al menos 19 hombres, mujeres y niños. Regresaron al norte siguiendo el río Bavispe, y el 26 de abril, en Oputo, emboscaron y mataron a tres hombres, llevándose varios caballos, mulas y burros. Los chiricahuas asediaron el pueblo de Oputo durante varios días, pero los habitantes hicieron sonar unos tambores y los apaches, creyendo que se trataba de un nutrido destacamento militar, no se atrevieron a atacar y se limitaron a destruir los cultivos.
Poco después, los chiricahuas se toparon con un destacamento de soldados de Sonora, entablándose un duro combate, en el que resultaron muertos ocho apaches y heridos otros tres. Los apaches admitirían más tarde haber tenido seis muertos. Los mexicanos dijeron que uno de ellos había sido Cuchillo Negro [Un vecino de una hacienda de Casas Grandes, se encontró con un grupo de mujeres apaches llorando la muerte de sus maridos. Al preguntarles por lo sucedido dijeron que, al regresar a su campamento, una partida de guerreros apaches había caído en una emboscada tendida por los mexicanos en la Sierra de Oputo, muriendo siete apaches, incluyendo el destacado jefe Cuchillo Negro. Esta afirmación de las mujeres apaches era errónea. Cuchillo Negro apareció en varios sucesos posteriores a 1844 y fallecería en mayo de 1857 durante la campaña del coronel estadounidense, Benjamin Louis Eulalie de Bonneville. Cabe la posibilidad de que Cuchillo Negro fuera herido, o bien se tratara de otro apache].
De Oputo los chiricahuas fueron al pueblo de Cuquiárachi, donde a las 08:00 horas del 28 de abril lo ocuparon sin poder hacer nada sus habitantes. Los apaches cabalgaron por las calles hasta llegar a la plaza situada en el centro de la población. Mataron o hirieron a varias personas, y capturaron a otras “a punta de lanza”. Durante las siguientes tres horas, los apaches mantuvieron un constante fuego hasta que ofrecieron un rescate por tres de los niños que habían capturado. En la conversación que tuvieron co los mexicanos, estaban Mangas Coloradas, Pisago Cabezón, Yrigollen y Esquinaline, bien conocidos por los oficiales de Cuquiárachi.
Después de liberar a sus prisioneros, los apaches se dirigieron a Fronteras, donde mataron a siete personas más antes de dividirse. Mangas Coloradas y Pisago Cabezón partieron para Arizona y New Mexico; los nednais de Soquilla y algunos chokonen volvieron a Janos y a Corralitos [los dos en Chihuahua]. Uno de los muertos mexicanos, residente en Cuquiárachi, era un empleado del coronel Antonio Narbona, quien vengaría ese ataque en los meses siguientes.
Según el comandante de Janos [Chihuahua], Mariano Rodríguez Rey, a principios de julio, Mangas Coloradas estaba de vuelta en la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico] y en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico] para recolectar mescal, piñones y bellotas. Los chihennes solían recolectar en varios lugares, desde el extremo sudoccidental de New Mexico, en la Sierra de la Ánimas [Animas Mountains, Hidalgo County, New Mexico]; pasando por las Little & Big Hatchet Mountains [Hidalgo & Grant Counties, New Mexico]; hasta las Black Mountains [Catron County, New Mexico]. Mangas Coloradas tenía dos sitios favoritos para recoger mescal: el primero, un lugar llamado por los apaches “Nadazai” [que significa “mescal extendido hacia arriba”] situado entre los cañones y arroyos del Whitewater Baldy, en la Sierra Mogollón; el segundo y, probablemente, el más preferido, “Tceguna” [que significa “cañón que se extiende”], el cual engloba el valle entre la Sierra Mogollón y el territorio de Pinos Altos [Grant County, New Mexico]. Toda esta gran zona ha sido llamada algunas veces Mangas Springs. Además de recolectar, Mangas Coloradas estaba preparando otra incursión por Sonora.
Salió con sus hombres de uno de esos dos lugares, y se adentró en territorio chokonen, la ruta de la mayoría de sus incursiones hacia Sonora. En esta expedición también participaron miembros de las cuatro bandas chiricahuas. Desgraciadamente, los datos son desconocidos porque no hubo personas que pudieran contar lo que ocurrió, y no nos han llegado testimonios desde el lado apache. Sin embargo, parece que esta incursión tuvo éxito.
A finales de julio, un gran grupo de apaches, probablemente liderados por Mangas Coloradas, eliminó a un destacamento de 29 hombres mandados por el alférez Manuel Villa, cerca de Santa Cruz [Sonora]. Villa y sus hombres no se dieron cuenta de que cabalgaban hacia una bien planeada emboscada porque los apaches le mataron a él y a sus 28 hombres, uno a uno. Hay una única circunstancial evidencia de la participación de Mangas Coloradas en este enfrentamiento. Él había sido reconocido por los mexicanos en sus anteriores campañas, pero en esta no hubo supervivientes para contarlo. Pero solo Mangas Coloradas podría haber reunido tal número de guerreros. La localización y características del enfrentamiento, y el hecho de que el coronel José María Elías González encontrara, poco después, partes del botín de esa victoria en las rancherías chiricahuas cerca de Janos, apuntan a una participación de estos, y solo Mangas Coloradas podía liderarlos.
Elías González estaba furioso porque tenía la certeza de que los chiricahuas que vivían cerca de Janos habían cometido muchas depredaciones en Sonora. Decidió tomar cartas en el asunto: dirigiría un destacamento a Chihuahua para atacar las rancherías apaches, para que sintieran los horrores de la guerra. Solo así, perderían la voluntad de luchar, o eso creía. En cierto modo, tenía razón, pues los apaches respetaban la fuerza. Habían firmado tratados de paz con Chihuahua en 1832 y 1842 debido a las efectivas campañas emprendidas contra ellos en su territorio.
Elías González había meditado durante al menos un año la idea de atacar a los chiricahuas en el noroeste de Chihuahua. Anteriormente, había escrito al gobernador de Chihuahua, José Mariano Monterde, informándole sobre su plan de atacar a los apaches que habían estado cometiendo depredaciones en Sonora. Monterde, que se había ganado el respeto de Mangas Coloradas, estaba profundamente preocupado de que tropas de Sonora atacaran a los apaches que vivían pacíficamente a lo largo de la frontera norte de Chihuahua. Monterde se opuso porque eso dificultaría seriamente la frágil paz.
Durante un tiempo, Elías González respetó los deseos de Monterde, pero continuó recibiendo informes que daban cuenta del deterioro de las condiciones en la frontera norte. Los chiricahuas habían lanzado varias incursiones contra los asentamientos de Sonora, tras las cuales regresaban a Janos, donde las autoridades locales, además de darles raciones, intercambiaban con ellos el botín que traían de Sonora. A finales de septiembre de 1843, Urrea se había quejado ante Ciudad de México por las devastadoras incursiones, afirmando que esto había sucedido debido a la protección que les brindaba Janos. Instó a las autoridades de Ciudad de México a condenar esta práctica y a evitarla. Urrea envió al ministro de Guerra en Ciudad de México, una carta de un civil de Fronteras que había enviado al prefecto de Arizpe, prediciendo que los ciudadanos abandonarían sus hogares a causa del terror que tenían a los apaches.
Urrea denunciaba que antes del tratado de paz de Chihuahua en junio de 1842, los apaches solían saquear los asentamientos de Sonora y Chihuahua y vender el botín en Nuevo México. Ahora Sonora había soportado el peso del resurgimiento de las hostilidades. “Estos bárbaros llegan a nuestros pueblos y cometen asesinatos y robos. Evadiendo la vigilancia de nuestras tropas, con la rapidez del rayo regresan a sus campamentos, donde el comandante de Janos los protege y defiende del castigo”.
El gobierno federal en Ciudad de México había exigido una respuesta del gobernador de Chihuahua, Monterde, sobre cómo pensaba corregir esta práctica. Abordando las acusaciones una por una, Monterde había enfatizado que su política hacia los apaches había tenido éxito gracias al trato justo y honesto que les brindaba. Incluso su jefe, Mangas Coloradas, había respondido a las políticas de Monterde, actuando con nobleza y cumpliendo su palabra de recuperar los animales robados. Por el contrario, Monterde creía que la política beligerante de Sonora había fracasado porque Urrea estaba convencido de que, sin necesidad de tratados, sus tropas someterían por la fuerza a estas tribus. De hecho, Monterde había intentado evitar las incursiones apaches en Sonora enviando una expedición de paz al gobernador Urrea, quien no había tomado ninguna medida concreta para mejorar las relaciones. Monterde comentó secamente que los problemas de Sonora habían comenzado inmediatamente después de que soldados sonorenses mataran a seis chokonen, que les estaban ayudando, en Fronteras en la primavera de 1843. Según Monterde, sus parientes, para vengarse, habían cometido las depredaciones en Sonora. Esto no era del todo así, ya que esta guerra, que había comenzado como algo particular de los chokonen, se había convertido en una campaña general de todos los chiricahuas.
Durante 1844, Elías González continuó recibiendo informes de sus comandantes y prefectos locales sobre los apaches en Janos. Un rumor común, transmitido por viajeros sonorenses que habían estado en Janos y Corralitos, afirmaba que los ciudadanos de esta localidad intercambiaban abiertamente whisky y municiones con los apaches a cambio del botín robado en Sonora. Los apaches solían jactarse de sus victorias y hablar con desprecio de los sonorenses. Varios chokonen habían presumido de haber matado a ciudadanos cerca de Fronteras y Oputo. La eliminación del destacamento de Villa, cerca de Santa Cruz, fue la gota que colmó el vaso. Elías González decidió reunir una fuerza para invadir la frontera de Janos, confiado en que sorprendería a los chiricahuas.
Elías González se puso a movilizar tropas y suministros para realizar operaciones simultáneas al norte y al sur de Janos, con el fin de impedir que los apaches utilizaran estas zonas como santuario. Su destacamento, compuesto por tropas de presidiales y soldados de la Guardia Nacional; en total, alrededor de 600 hombres. El 16 de agosto de 1844, partió de Fronteras [Sonora] en dirección a Chihuahua.
Previamente, además del problema con los apaches, el gobernador José Cosme de Urrea y su primo, Elías González, recien nombrado segundo jefe del general al mando, tenían otros asuntos críticos que atender. Habían esperado lanzar una campaña contra los apaches a principios de 1843, pero la guerra civil entre Urrea y Manuel María Gándara obligó a posponerla. Este enfrentamiento había paralizado el estado y destruido la economía de Sonora, con una enorme pérdida en vidas y bienes. Urrea viajó a Guaymas para desmantelar el monopolio del comercio de exportación que mantenía un antiguo partidario de su oponente político. Tras esto, decidió ocuparse de los pápagos, aliados de los Gándara. Para mayo, sus fuerzas los habían derrotado contundentemente. Ese verano, las fuerzas de Urrea también libraron varios enfrentamientos con los seguidores de Gándara, entre los que se encontraban los yaquis, antes de vencer, finalmente, a su adversario en noviembre, obligando a Gándara a mantenerse oculto durante el año siguiente. Mientras todo esto ocurría en Sonora, la paz del gobernador de Chihuahua, José Mariano Monterde comenzaba a desmoronarse en Janos. Para Sonora, las consecuencias serían nefastas.
La presencia de más de 700 chiricahuas en Janos había supuesto una enorme presión para el capitán Madrigal. Para empezar, sus provisiones se habían agotado y no tenía ni idea de cómo abastecer a los recién llegados que se habían trasladado al norte desde Galeana para evitar la epidemia de viruela. Seis meses antes, Madrigal había informado a sus superiores que había distribuido la mayor parte de sus provisiones. No sabía qué hacer. Desesperado, solicitó contribuciones a los ciudadanos locales, pero no pudo reunir lo suficiente. Los apaches, hambrientos, se inquietaron y se produjeron varias peleas entre ellos y la gente de Janos, con el consiguiente peligro de haber podido desencadenar un enfrentamiento. El gobernador Monterde era un blanco fácil. Sus enemigos políticos y la prensa lo denunciaron por negligencia, especialmente con respecto a los apaches de la frontera norte. Lo criticaron duramente por no asegurarse de que Chihuahua proporcionara a los apaches suficientes provisiones. Durante el verano de 1843 marchó a Santa Fe para ayudar al gobernador de Nuevo México, Manuel Armijo, a frustrar una esperada invasión de Texas que nunca se produjo. Dado que la situación con los apaches se había deteriorado mientras él estaba fuera, los funcionarios, frustrados, lo culparon. La llegada de la viruela, lo empeoró; y las incursones de los chiricahuas por Sonora lo complicó. Sonora iba a responder.
Según Elías González, su destacamento siguió el rastro de los apaches que habían aniquilado a la tropa de Villa. Cabe la posibilidad de que añadiera este argumento a posteriori, sabiendo que sería una justificación convincente para su acto de cruzar sin permiso la frontera hacia Chihuahua, lo cual sabía que generaría controversia. El coronel Antonio Narbona, comandante del presidio de Fronteras, actuaba como su segundo al mando. Los apaches habían magtado a un empleado suyo durante el ataque a Cuquiarachi, la primavera anterior. Hombre de gran prestigio, Narbona era un acérrimo adversario de los apaches.
En cualquier caso, solo cuatro días antes de que Elías González partiera de Fronteras, Gervasio Valencia viajó a Janos con Luis García, oriundo de Bacerac, quien viajaba con frecuencia entre allí y Janos. Durante su estancia allí, conversaron con algunos apaches, quienes les contaron a los dos mexicanos que acababan de regresar de una incursión por Sonora. Tenían consigo mulas y ganado, que ofrecieron a cambio. Además, Valencia supo que los mogollones [los bedonkohes de Mangas Coloradas] habían partido hacia Nuevo México, mientras que los demás habían regresado a sus campamentos en Chihuahua, sin saber que las fuerzas de Sonora se dirigían allí.
El 20 de agosto de 1844, Elías González alcanzó la Hacienda Carretas [municipio de Bavispe, Sonora], el último asentamiento en Sonora, situado a pocos kilómetros del límite con Chihuahua. Elías González envió una carta al comandante de Janos [Chihuahua], el capitán Mariano Rodríguez Rey, explicándole por qué cruzaba el límite del estado. Empezó su carta declarando: “Encargado por el comandante general del Departamento de Sonora de dirigir las operaciones de la campaña contra los indios salvajes que lo están devastando, y convencido por las pruebas de que los indios pacíficos que viven allí [donde usted se encuentra] son los mismos que en el presidio de Santa Cruz mataron al subteniente Don Manuel Villa junto con los 28 que lo acompañaban, incluido el padre Alday, y también los mismos que dos veces han robado los caballos de Fronteras, y los que descaradamente han atacado dos veces ese mismo presidio, y los que asaltaron el indefenso pueblo de Cuquiarachi, matando allí a varios individuos, y los que muy recientemente mataron a dos personas en el Cañón de Tetuachic, jactándose después en ese mismo lugar de que uno de ellos era el coronel Narbona [es un error, el coronel Antonio Narbona murió a manos de los apaches cuando estos asaltaron su casa en Cuquiárachi el 23 de diciembre de 1848] … y los mismos que en los últimos días robaron las carretas y animales que Don Cesario Corella llevaba a Bavispe, y, en resumen, aquellos que han causado a Sonora toda clase de males que pueda inventar la insaciable sed de sangre, venganza y pillaje que posee a esa basura hipócrita, perezosa y completamente indigna de confianza, me veo obligado por la urgente necesidad de cruzar la frontera del Departamento de Chihuahua para castigarlos dondequiera que los encuentre”.
Elías González falsificó deliberadamente su siguiente declaración. Si bien escribió que había avisado con antelación al capitán Rodríguez Rey, en realidad desconfiaba de la gente y de los militares de Janos, asegurándose de que la carta no se entregara hasta después de haber atacado los campamentos chiricahuas. Concluyó el mensaje: “Para que en ningún momento se piense que se está menospreciando la autoridad de su Departamento, tengo el honor de notificarle con antelación. Confío en que se mantendrá la debida discreción y que, en lugar de proteger a los indios por una interpretación errónea de la situación, se pondrá del lado de la justicia y de Sonora. Aprovecho esta oportunidad para expresarle mi estima y respeto”.
Cuando Elías González entró en Chihuahua, dividió sus fuerzas. Una parte, dirigida por él mismo, se dirigió al sudeste, hacia Corralitos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua]; mientras la otra, mandado por el coronel Narbona fue al norte, hacia Janos. A últimas horas de la noche del 22 de agosto, el destacamento de unos 300 hombres de Narbona rodeó Janos, no enterándose nadie de su llegada hasta que un centinela del presidio escuchó ruidos provenientes del cercano campamento apache. Según el capitán Rodríguez Rey, comandante de Janos, la fuerza de Narbona actuó con la mayor discreción posible, sin disparar un solo tiro, atacando con bayonetas para evitar cualquier ruido.Llegaron hasta el campamento de José Mentira, un viejo líder nednai que trabajaba de explorador para los mexicanos de Janos. Los sonorenses mataron a dos hombres, nueve mujeres y cinco niños, además de capturar a otros cinco, incluido a José Mentira [sería ejecutado posteriormente].
Al amanecer del día 23, Rodríguez Rey se dirigió al lugar donde vio una escena espeluznante, entregándole un vecino la carta de Elías González, escrita tres días antes. Rodríguez Rey, predijo más derramamiento de sangre, pues la unidad de Elías González había tomado la ruta “hacia Ramos, Casas Grandes, Corralitos y Barranco [todos en el municipio de Casas Grandes, Chihuahua], con el propósito de atacar a los indios que encontrará allí, algo que probablemente sucederá hoy o que ya ha sucedido”.
Ese mismo día, la unidad de Elías González, a la que luego se unió la de Narbona, asaltó varias rancherías cerca de Corralitos, incluyendo una en laSierra de la Escondida [municipio de Casas Grandes, Chihuahua]. Destruyeron las rancherías del líder chokonen Manuel [Manuelito] y del janero nednai Soquilla. Las mayores pérdidas ocurrieron en estas rancherías. Ni Elías González ni Narbona mostraron remordimiento alguno por la cantidad de mujeres y niños que sus hombres, descontrolados, estaban matando, los cuales se habían convertido en una turba sedienta de sangre apache. En total mataron unos 65 chiricahuas más, la mayoría mujeres y niños, y capturaron otros 25. Sumando los dos ataques en Janos y Corralitos, los sonorenses mataron a unos 80 apaches, capturaron a 30, y recuperaron una gran cantidad de evidencias que conectaban estas rancherías con las depredaciones en Sonora. Entre ellas recuperaron dos mosquetes que pertenecían a los soldados de Villa, muertos a finales de julio, en la emboscada de Santa Cruz. Elías González se sintió bien, pues sus tropas habían vengado las victorias chiricahuas de 1844. La mayor parte de los supervivientes huyeron a Arizona y New Mexico. Poco después, cuando los sonorenses llevaban a José Mentira, de Janos a Bavispe [Sonora], lo mataron.
Según Ralph A. Smith, autor del libro “The Scalp Hunter in the Borderlands 1835-1850”, indica que algunos de los niños apaches muertos, lo fueron “… golpeándolos contra las rocas”. Según John Bourke, en su libro “On the Border With Crook”, a veces también los apaches mataban así a niños mexicanos cautivos a una edad determinada en la que no podían sobrevivir por sí solos.
El estado de Chihuahua denunció el juego sucio de Sonora. Desde Janos, el capitán Rodríguez Rey protestó de que Elías González no había recibido permiso para cruzar a Chihuahua, señalando que Elías González había entregado su carta, escrita el 20 de agosto, después de que su destacamento hubiera llevado a cabo sus planes. Rodríguez Rey declaró con sarcasmo que “el comportamiento del comandante de las fuerzas sonorenses es muy lamentable y sorprendente, y atenta contra todos los derechos y el respeto que deben reconocer como pertenecientes a este Departamento y sus autoridades”. Al final, decidió no pleitear con Elías González, ya que“sería inútil y no lograría nada más que convertirse en objeto de un insulto tras otro”, pero predijo que la justicia de Elías González tendría el efecto contrario al deseado: “Temo enormemente que este paso imprudente, insensato e innecesario lleve a que este Departamento vuelva a verse sumido en un torrente de desgracias, como sucedió hasta hace dos años”. Anticipó que incluso los pacíficos chiricahuas que viven en la frontera de Janos “probablemente atacarían allí [Sonora] en cuanto tuvieran oportunidad”.
La prensa de Chihuahua emitió una dura crítica a la invasión sin precedentes de fuerzas provenientes de Sonora. Acusó a los comandantes de Sonora [Elías González y Narbona] de negligencia en el cumplimiento del deber “porque desconocían o habían optado por ignorar la férrea prohibición del reglamento militar que prohíbe, a menos que se haya recibido órdenes de las más altas autoridades, cruzar las fronteras de cualquiera de los territorios asignados a cada fuerza militar”. En cambio, la “Revista Oficial de Chihuahua” sugirió, el 28 de agosto de 1844, que los sonorenses simplemente deberían haber pedido al comandante de Janos que entregara a “los que debían ser procesados”, añadiendo: “El golpe asestado a Janos es inhumano, porque cayó sobre personas indefensas que no tenían razón para esperar ser sorprendidas en ese lugar, donde contaban con la protección garantizada por el tratado de paz que habían firmado. Es injusto, porque cayó sobre el campamento del cacique José Mentira, quien, como garantizamos y demostraremos cuando tengamos oportunidad, no ha abandonado el presidio de Janos desde que firmó la paz. Finalmente, es inútil, ya que Sonora no obtendrá ningún beneficio. Más bien al contrario, pues ha dado un motivo a muchas bandas para atacar ese departamento, bandas que no lo habían hecho desde que aceptaron la paz…
Además, podemos refutar la afirmación de que los indios de Janos son los perpetradores, ya que estamos seguros de que los indios que murieron en sus incursiones pertenecían a las tribus Mogollón y Coyotero, que son de Sonora. Asimismo, en Gila hay una importante aglomeración de indios navajos, mogollón y coyotero que están causando mucho daño a Sonora, y parece que nada sería más natural y apropiado que las fuerzas de ese Departamento dirijan sus ataques contra esa agrupación, castigando así eficazmente a quienes diariamente invaden y atacan el departamento, en lugar de atacar a las tribus que viven en este departamento bajo la protección que debería brindarles el tratado de paz que firmaron.
Su Excelencia, el gobernador y comandante general de este departamento… solicita el castigo de la persona responsable de tal acción. Imploramos al Supremo Comando [presidente de México] que el Comando General tome las medidas pertinentes”.
Este discurso contenía medias verdades. En primer lugar, Rodríguez Rey no iba a entregar a las autoridades sonorenses a ningún chiricahua culpable. Su propio beneficio, y el de los ciudadanos del noroeste de Chihuahua, dependía de mantener una convivencia pacífica con los chiricahuas que vivían allí. El mes anterior al ataque, informó que su guarnición estaba compuesta por 33 hombres: nueve estaban en la caseta de guardia, cuatro estaban enfermos y siete estaban para vigilar el presidio y su rebaño, lo que dejaba solo 13 hombres disponibles para otras funciones, incluyendo las patrullas. En cuanto a la inocencia de los chiricahuas de Janos, es probable que algunos de estos grupos no hubieran realizado incursiones en Sonora, particularmente el de José Mentira. Sin embargo, a lo largo de 1843, el capitán Rey había racionado la comida de Yaque, Chepillo y muchos otros chokonen tras su regreso de incursiones y saqueos en Sonora.Las tropas mexicanas habían reconocido a Soquilla, cuya ranchería Elías González había atacado, como participante en una de las negociaciones de Cuquiarachi después de que los apaches prácticamente sitiaran la ciudad.
A principios de 1844, todas las bandas chiricahuas habían iniciado la guerra contra Sonora, aunque algunos grupos locales podrían haber permanecido en paz. Mientras que los bedonkohes, los chihennes y varios chokonen se habían retirado al norte, a lo que hoy son Arizona y New Mexico, los nednais y algunos chokonen permanecían acampados en el noroeste de Chihuahua. La decisión de Elías González de atacar a estos grupos, a quienes consideraba en guerra con Sonora, le pareció perfectamente lógica. ¿Por qué habría de intentar sorprender a los apaches que tewnían sus rancherías tan lejos, que probablemente habrían eludido fácilmente a su lento ejército, cuando tenía enemigos cerca, en Chihuahua?Para él no existían chiricahuas inocentes.
La predicción de la “Revista Oficial de Chihuahua” se cumplió: Chihuahua se enfrentaba ahora al “peligro de una sublevación india”. Este peligro era real, pues la campaña de Elías González había expulsado a los apaches de la frontera de Janos y los había puesto en manos de Mangas Coloradas y la facción belicosa de los chiricahuas. Las incursiones apaches en Chihuahua aumentarían drásticamente. Mientras que en 1844 los informes militares oficiales en Chihuahua registraban solo 10 incursiones apaches, al año siguiente esa cifra se había multiplicado por más de 20, llegando a 218, según el escritor William B. Griffen en su trabajo: “Utmost Good Faith. Patterns of Apache-Mexican Hostilities in Northern Chihuahua Border Warfare, 1821-1848”.
Mientras tanto, Elías González regresó a Sonora con sus cautivos chiricahuas. Su propia investigación y análisis del material confiscado recopilado de los campamentos chiricahuas saqueados lo convencieron de que estos apaches habían librado una guerra contra Sonora.El gobierno federal en Ciudad de México pidió una respuesta a las demandas de Chihuahua sobre ese ataque. Anticipándose, había preparado un informe para justificar su acción. Probablemente había hablado con funcionarios, civiles y militares, los cuales prepararon un informe que identificó a los asaltantes en Sonora como los apaches de Janos. Elías González creía que el relato del informe justificaría su incursión en Chihuahua. Naturalmente, los datos acumulados respaldaron su versión, dejando claro que todo acto apache que perjudicó a Sonora se originó en Janos. Si bien las conclusiones fueron demasiado simples, su testimonio fue suficiente para exonerar a Elías González. El gobierno federal de Ciudad de México no tenía intención de censurarlo por matar apaches.
En un largo informe fechado el 3 de octubre de 1844, el comandante de Fronteras [Sonora] coronel Antonio Narbona, verificó que los apaches acampados en el vecindario de Janos incursionaban constantemente por el estado de Sonora, yendo a Chihuahua a vender su botín. La zona de Moctezuma y Saguaripa sufrió especialmente a manos de los chiricahuas; aparentemente los coyoteros [White Mountain] no estaban implicados en la mayoría de las incursiones. El segundo jefe de la comandancia de Sonora, José María Elías González, informó que habiendo sido atacadas algunas rancherías apaches, lograron recuperar dos yeguas del campamento de Soquilla que habían sido robadas de la caballada de Fronteras en febrero, y otras dos en la ranchería de Manuel [Manuelito]. Asimismo, los soldados capturaron la montura del vecino Gabriel Escalante que los apaches habían matado en el mes de febrero. Narbona halló en Barranco una partida de reses y bueyes que un día antes, los apaches habían vendido a Robert McNight. Por su parte, el vecino de Fronteras, José Argüelles, informó que, en el departamento de Janos, había hallado bienes pertenecientes a vecinos que habían resultado muertos por los apaches, incluyendo a niños raptados y ganado procedente de las haciendas de Sonora. En testimonio prestado ante el juez de paz Desiderio Escalante, Argüelles declaró que estando en Janos pudo hablar con varios de los apaches que habían realizado incursiones en Sonora y que andaban libremente por dicho estado, incluyendo a un chokonen llamado Chino [hermano de Posito Moraga] que afirmó que él y su hermano Poquito fueron los que dieron muerte al vecino Julio Quijada. Asimismo, dijo que Yrigollen era el jefe que mandaba las partidas responsables de las muertes de varios soldados en Sonora y que el apache le había dicho que él mismo había dado muerte al vecino Ramón Estrada. Había otros testimonios visuales que identificaron a los jefes apaches más destacados como los chokonen Yrigollen, Tapilá, Delgado y Reyes. También citaron a Mangas Coloradas, Teboca y Casimiro [chokonen].
La investigación de Elías González señaló a algunos de los ciudadanos más prominentes del noroeste de Chihuahua. Su investigación se centró principalmente en el ganado sonorense robado y el botín que sus hombres habían recuperado de las rancherías apaches de Chihuahua. Además, su destacamento había confiscado ganado robado en Sonora, a varios funcionarios civiles en Janos y Corralitos, implicándolos así en el lucrativo, pero nefasto comercio entre apaches y mexicanos. Por ejemplo, en Janos encontró animales robados en manos de Juan José Zozaya, un importante ciudadano que desempeñaría un importante papel en el tratado de paz entre los mexicanos y los chiricahuas en 1850. En Barranco, a pocos kilómetros al noroeste de Corralitos, sus hombres encontraron una partida de reses y bueyes sonorenses que un día antes, los apaches habían vendido a Robert McKnight, antiguo propietario de las minas de Santa Rita del Cobre. Peor aún, en Corralitos, José María Zuloaga, el hombre más importante, económica y políticamente, del noroeste de Chihuahua, tuvo que admitir que estaba en posesión de mulas y caballos con marcas de Sonora. Que estos líderes civiles participaran en una actividad ilegal asombró y repugnó a Elías González.
En agosto de 1844, Mangas Coloradas estaba cerca del río Gila, donde comerciantes estadounidenses le proporcionaron armas y municiones a cambio de caballos y mulas. Los detalles del ataque se extendieron rápidamente entre todos los apaches. Podemos imaginar lo que debió sentir Mangas Coloradas sobre la campaña de Elías González que se cebó sobre todo en las bandas chokonen y nednai, en las que algunos de sus amigos, y quizás algún pariente, fueron víctimas de la matanza. Ahora era el líder más respetado e influyente de los chiricahus. Haría que Sonora lo pagara.
Sin embargo, antes de que Mangas Coloradas pudiera actuar, los chokonen, bajo el mando de Yrigollen, sin duda a instancias de Manuel [Manuelito], el líder local chokonen, cuya ranchería Elías González había destruido, dirigieron una partida de guerra contra Sonora. Al igual que en las incursiones de la primavera anterior, los guerreros atacaron, en octubre de 1844, los pueblos a lo largo del río Bavispe. Aparentemente, se trató de una única gran partida que asaltó Bavispe, Huásabas, Oputo y Moctezuma. En total, mataron a cinco hombres y capturaron a una persona; llevándose gran cantidad de mulas y ganado de Oputo.
Los guerreros dieron muerte a un arriero, llevándose cautivo a otro junto con las mulas de algunos vecinos de Las Granadas, quienes acudieron al pueblo de Oputo [municipio de Villa Hidalgo, Sonora] a pedir auxilio. Un grupo siguió el rastro de los atacantes hasta el Puerto de Maroni y allí fueron sorprendidos por los apaches que dieron muerte a siete de los mexicanos. Luego los apaches se lanzaron contra Oputo y mataron a dos hombres y sus familias, llevándose dos cautivos. Allí, muchos residentes habían llegado a la conclusión de que preferían abandonar el pueblo antes que enfrentarse a otra partida de guerra apache. Después asaltaron el paraje de Guepari apropiándose de más de 20 mulas y cierta cantidad de prendas de vestir.
Manuel Sierra y José Faxaron, que viajaban hacia Bacodeguachi, fueron atacados y les robaron
sus jacas y una mula de carga con diversos efectos personales, incluyendo más de 200 pesos en dinero. Tuvieron suerte de sobrevivir y poder contar su experiencia; identificaron a Negrito como uno de los atacantes. Aunque el hombre que fue señalado como la cabeza visible en la mayoría de estas incursiones fue Mangas Coloradas. Por otra parte, las voces de protesta de los sonorenses unánimemente acusaron a los pueblos de Janos, Corralitos, Casas Grandes y Valle de San Buenaventura [todos en Chihuahua] como los lugares donde los apaches vendían su botín a cambio de aguardiente, armas de fuego y municiones. Pruebas no faltaban porque ganaderos sonorenses como Juan Sala, Luis García y Serario Bustamante acudieron a dichos pueblos para pagar rescate por su propio ganado. Otro punto predilecto de los apaches para comerciar era Santa Rita del Cobre en Nuevo México.
Rodríguez protestaría ante Narbona: “Ahora que serán las 5 de la tarde acabo de tener noticia que Usted, con fuerza de 100 hombres del departamento de Sonora, se ha introducido violentamente y pasando por el Rancho de Pacheco, distante de aquí cosa de dos leguas, se dirigió al presidio que está a igual distancia, tomando prisionero al indio Negúle [Negisle] que con mi consentimiento se hallaba allí viviendo con su familia, la que ha quedado dispersa. Muy sorprendente y extraño es semejante procedimiento con el que se prueba el empeño que se ha tomado en ultrajar a este Departamento y a sus autoridades y lo que es más, las leyes que garantizan sus derechos; en procurarle los males que son consiguientes a la desastrosa guerra de los bárbaros y en vez de buscar la armonía y fraternales relaciones de dos pueblos vecinos que mutuamente debieran tener la felicidad. En consecuencia debo intimar a Usted como lo hago a nombrar de la Comandancia General que inmediatamente evacue con su fuerza el Departamento y entreguen a los dos soldados portadores, del nominado Negúle para que sea conducido a este punto, haciendo a usted responsable de las consecuencias que puedan resultar con esta segunda invasión principalmente si no se verifica la entrega.
Sé que Usted salió a Bavispe en persecución de unos apaches que hicieron robo de bestias, y es muy notable que despreciara el verdadero triunfo que podía haber conseguido en el Álamo Nuevo en donde hay algunas partidas de indios donde lo conducía la huella que seguía para venir a coger un pobre apache viejo que casi no puede ni andar, y que no ha causado daño a Sonora, pues hace mucho tiempo que vivía en este Presidio, de donde solo hacía 15 días que se fue al Picacho para hacer allí mescal, pues semanariamente venía a percibir ración.
Al dirigirme a Usted por esta vez tengo el gusto de protestarle mi aprecio.
Dios etc. 24 de noviembre de 1844.
Señor Comandante de las fuerzas del Departamento de Sonora que se han introducido en este de Chihuahua”.
Rodríguez Rey sugirió sarcásticamente que, en lugar de capturar a Negisle, mejor sería que las tropas de Sonora fueran a las montañas de Álamo Hueco [Alamo Hueco Mountains, Hidalgo County, New Mexico] donde sin duda habría rancherías “hostiles”. Convencido por Rodríguez Rey, Narbona liberó a Negisle antes de partir, un día después de su llegada.
Elías González comprendió que era cuestión de tiempo que los chiricahuas respondieran a lo ocurrido en Janos y Corralitos. Los familiares de las víctimas exigían venganza. Las dos bandas que habían perdido más miembros [chokonen y nednais] dieron pasos para organizar un grupo de guerra, que lo lógico es que lo dirigiera Mangas Coloradas, el líder con más vínculos con los bedonkohes, chihennes y chokonen. También cabía esperar que los líderes nednais Soquilla, Láceris y Coleto Amarillo se aliaran con la facción belicista durante el resto de la década de 1840. Por lo tanto, no sorprendió a Elías González cuando recibió un mensaje de su amigo Antonio Narbona el 27 de diciembre de 1844, que le traía malas noticias. Narbona había recibido información de que un numeroso grupo de guerreros chiricahuas, al mando de Mangas Coloradas, se había reunido en la Sierra de Chiricahua [Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona] y en El Sarampión [Peloncillo Mountains, Hidalgo County, New Mexico].
El Sarampión había sido durante mucho tiempo un lugar de acampada predilecto de los chokonen de Cochise, especialmente durante el invierno. Según los rumores, el grupo de guerreros de Mangas Coloradas tenía la intención de capturar a tantos sonorenses como fuera posible, sin duda para intercambiarlos por los capturados por Elías González, quien, al enterarse de la amenaza, esperaba organizar una campaña para atacar a los chiricahuas antes de que entraran en Sonora.
Sorprendentemente, no existen informes que indiquen la presencia de un gran grupo de guerreros chiricahuas asolando Sonora a principios de 1845. Sin embargo, es probable que la incursión hubiera tenido lugar, y se desconozcan los detalles. La documentación de este período es escasa, quizás debido a la inestabilidad política que surgió del resurgimiento de los intensos combates entre las fuerzas de Urrea y de Gándara. Aun así, este informe sobre las intenciones de Mangas Coloradas sin duda impulsaron al gobernador Urrea y a su subordinado, Elías González, a tomar medidas para mantener a los chiricahuas fuera de Sonora. Urrea, quien había llevado a cabo importantes reformas en Sonora [mejorando las escuelas, los hospitales y el sistema judicial], ideó un ambicioso plan para pacificar a los apaches de una vez por todas. En una medida insólita, a principios de febrero de 1845 pidió a los gobernadores de Nuevo México, Chihuahua y Durango que cooperaran en una guerra total contra los apaches, quienes “estaban matando indiscriminadamente a ciudadanos en Sonora, Chihuahua y Durango”. Solicitó que cada estado enviara expediciones punitivas contra los apaches, quienes seguramente pedirían la paz una vez que comprendieran la respuesta conjunta. Urrea creía que el antiguo sistema de presidios, en el que los nativos “no tenían que trabajar y eran mantenidos por el tesoro público”, era anacrónico. Una vez que las fuerzas de Sonora sometieran a los apaches, Urrea tendría preparada su propia solución: creía que México debía obligar a los apaches a ganarse la vida trabajando, presumiblemente en la agricultura. Sus tropas les obligarían a abandonar sus hogares tradicionales en las montañas. Pidió a cada gobernador que reuniera rápidamente una fuerza de combate contra los apaches y recomendó que mantuvieran patrullas constantes, manteniendo así a los apachess en continua huida hasta que las tropas los desgastaran y los obligaran a capitular. Todos los gobernadores respondieron favorablemente.
Las circunstancias le impedirían llevar a cabo plan, pero la simple amenaza de una campaña de castigo pudo haber disuadido a los apaches de realizar más incursiones por Sonora. Los chiricahuas contaban con informantes: comerciantes y amigos anglosajones y mexicanos en sus centros comerciales de Janos y Corralitos, Chihuahua, y Socorro [Socorro County, New Mexico], a orillas del Río Grande, que se había convertido para los bedonkohes y chihennes en un buen lugar para comerciar, desde que habían abandonado el noroeste de Chihuahua. Sin duda, se enteraron de las intenciones de Urrea y Elías González.
Mangas Coloradas pudo creerse estos rumores, ya que evitó ir a Sonora durante la mayor parte de 1845. Es posible que realizara algunas incursiones en México; probablemente continuó cultivando relaciones pacíficas con los pequeños pueblos a lo largo del Río Grande en Nuevo México, como lo haría cuando los estadounidenses llegaron unos años después. Los informes y rumores seguían vinculando a los apaches con Socorro, mientras Mangas Coloradas se mantenía alejado de Sonora. Mientras tanto, a principios de 1845, funcionarios federales en Ciudad de México destituyeron al gobernador de Chihuahua, Monterde, culpándole del levantamiento apache).
* El 9 de octubre de 1844, el jefe apache lipán Ramón Castro firma el tratado de Tehuacama Creek con la República de Texas.
1845
* En marzo de 1845, informes de la jurisdicción de Janos (Chihuahua) indica que los chokonen Reyes y Torres aún no han roto el tratado de paz con ese presidio. (El 13 de abril, tras un robo cometido por los apaches, se ofrecieron a entregar a los culpables [Ataderas, hijo de Dos Días, y Carmeno] a los mexicanos.
Mientras tanto, el mandato de Urrea como gobernador de Sonora estaba llegando a su fin. A pesar de la gran popularidad que tenía en Sonora, el gobierno central en Ciudad de México decidió que Sonora necesitaba un nuevo liderazgo para garantizar la estabilidad. Determinó que tanto Gándara como Urrea debían irse; por lo tanto, Ciudad de México reemplazó a Urrea con un gobierno interino dirigido por el general Francisco Duque. Urrea entregó sus poderes el 10 de abril de 1845, pero se negó a abandonar Sonora hasta que concluyera su campaña contra los apaches. A mediados de 1845, las autoridades de Opodepe, Oputo y Cocóspera informaron al gobernador que sus habitantes estaban a punto de abandonar sus hogares debido a las incursiones apaches. Duque nombró a Elías González inspector adjunto, el cual ofreció su propia estrategia para derrotar a los apaches. Su plan se centraba en fortalecer los presidios para que pudieran lanzar una ofensiva contra ellos. Una vez logrado esto, recomendaría una campaña con 600 infantes y 300 jinetes que pudieran combatir a los apaches en sus propios territorios. Sin embargo, su plan nunca llegó a buen término, principalmente debido al caos interno.
Para la primavera de 1845, la banda chokonen había regresado al norte de Sonora, pero Mangas Coloradas seguía en Nuevo México. A finales de abril de 1845, Legisle, el único apache aún residente en Janos, fue a los campamentos chiricahuas para buscar a su hija, que se había ido a vivir con los “hostiles”. Los jefes le dijeron que ellos se consideraban en paz con Chihuahua, y que estaban considerando la posibilidad de solicitar un acuerdo de paz con Sonora. Probablemente, estos jefes eran chokonen, ya que estos habían establecido una gran ranchería en la Sierra de Las Espuelas [municipio de Agua Prieta, Sonora]. El lugar donde estaban acampados era llamado por los chiricahuas “Tsel-ja-si-kaat”, que significa “rocas marrones en un manojo”.
Habían migrado hacia el sur anticipando la cosecha primaveral de la planta de mescal. Las tropas mexicanas los habrían dejado en paz si sus guerreros hubieran permanecido en paz.
El 8 de mayo de 1845, un pequeño grupo de chokonen robó 117 cabezas de ganado de Corralitos
[municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua]. El 17 de mayo, robaron nueve caballos y mulas en el pueblo de Namiquipa [Chihuahua]. Quince días después volvieron y se llevaron 16 bueyes; y cinco días más tarde [el 28 de mayo] rompieron la valla del corral de la mina El Barranco, cercana a Corralitos, llevándose las 23 mulas que había.
El alférez José Baltasar Padilla salió de Janos el 29 de mayo en su persecución, con un sargento, un cabo, el corneta, 24 soldados, y un civil. Llegaron esa tarde a El Barranco, saliendo con las primeras luces del día siguiente, añadiendo a su grupo 52 personas de la mina, y siete más de Corralitos. Siguieron el rastro hacia el noroeste, 48 km más allá de Ramos, donde descansaron hasta las 04:00 de la madrugada. Siguieron el rastro pasando por el oeste de Janos hacia el noroeste, recorriendo otros 80 km.
El 1 de junio llegaron a las estribaciones de la Sierra de Las Espuelas [municipio de Agua Prieta, Sonora], donde descubrieron una gran ranchería chokonen de unas 100 familias, probablemente de unos 500 a 600 individuos en total. Durante los siguientes dos días, los apaches y los mexicanos tuvieron una serie de escaramuzas. Padilla declaró que sus hombres habían matado a 14 apaches, y herido a muchos otros; capturando también a una mujer y a un niño, y recuperando ocho caballos. Los apaches mataron a cuatro soldados e hirieron a nueve [cinco de los cuales eran civiles]. En el fragor de los enfrentamientos, los hombres de Padilla perdieron 12 caballos y cuatro de los recién suministrados rifles Baker. Posiblemente Cochise estuvo presente. Después del enfrentamiento, los chokonen se dispersaron, y se reagruparon en la Sierra de Chiricahua [Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona].
Sobre el 28 de junio, sus líderes Manuel [Manuelito, chokonen], Matías [chokonen], Nagué e Yrigollen, enviaron a tres mujeres a Janos solicitando una tregua, que tuvo como consecuencia un cese de las hostilidades [nueve días antes habían matado a cuatro mexicanos en una mina de plata de Corralitos].
Chihuahua, esperando firmar otro tratado, envió a territorio bedonkohe y chihenne en Nuevo México, al teniente Antonio Sánchez Vergara, para averiguar las intenciones de los chiricahuas. Sánchez informó que estos se habían trasladado a la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico], bajo el mando del chihenne José María, más conocido como Ponce, un líder moderado que por entonces estaba creciendo en importancia. Sánchez hubiera mencionado a Mangas Coloradas si este hubiera estado con él. Según la información que Sánchez recopiló, los bedonkohes y chihennes habían cometido varias depredaciones cerca de Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico] y en El Paso del Norte [Ciudad Juárez, Chihuahua]. También mencionó que ellos habían enviado a algunos grupos a incursionar en Chihuahua, por lo que recomendó al gobierno de ese estado que organizara una campaña contra los chiricahuas instalados en la Sierra Mogollón.
En junio, los apaches se presentaban en los alrededores de Janos casi a diario en grupos de cuatro a 15 guerreros. Matías había sido importante en Sonora desde 1832. Nagué había vivido en Janos desde 1812, pero se le conoció como jefe solo en 1843 o 1844, cuando desapareció de la historia. Yrigollen, viviendo frecuentemente en Sonora, estuvo en Janos desde marzo 1843 hasta enero de 1844, siguiendo siendo un líder relevante en la década de 1850. En julio, al menos, cinco mexicanos murieron en choques con los apaches, y los mexicanos temieron un aumento de los enfrentamientos. Durante el mes de julio, los apaches penetraron en la Hacienda de Santa Clara y dos veces más en el pueblo de Namiquipa [Chihuahua] en donde se llevaron 14 cabezas de ganado y mataron a una persona. Los días 11, 12, 13 y 23 de agosto, asaltaron el pueblo de Namiquipa del que se llevaron una parte de las cosechas, 26 bestias y mataron a un hombre. El 9 de septiembre volvieron a Namiquipa y se apropiaron de tres caballos y acabaron con la vida de tres hombres más. El 5 de octubre, en el mismo lugar, se hicieron con seis animales, probablemente cabras. El 27, 29 y 30 del mismo mes asaltaron una vez más Namiquipa llevándose dos bestias. Ante ello, los militares de Janos planearon una expedición punitiva al río Gila.
El jefe José Chato [probablemente el Chato de los días de Santa Rita del Cobre] estaba en paz en Namiquipa [Chihuahua]. Cuando los mexicanos mataron allí a cuatro apaches, entre ellos su hermano y un sobrino, exigió que los culpables le fueran entregados para hacer la justicia apache. Los mexicanos se negaron, recorriendo Chato y sus parientes, un camino de venganza durante muchos meses).
* En agosto de 1845, se presenta en Tucson (Pima County, Arizona) una joven Pinal
Apache que al ser interrogada afirma que se había fugado de su hogar por desavenencias con su marido. (También informó al capitán Antonio Comadurán, comandante del presidio de Tucson, que los Pinal Apaches estaban ocupados en sus campos realizando la cosecha de maíz y calabazas, quizá con la intención de hacerle creer que no debían temer un ataque. Pero Comadurán, que era un veterano oficial con amplia experiencia en el trato con los nativos, dudó de la veracidad de la información proporcionada por la joven apache y ordenó su detención. En la zona de Tucson, nueve años después del tratado de paz de 1836, las relaciones de los Pinal Apaches con los mexicanos, habían degenerado en franca hostilidad, dedicándose a hostigar a los pobladores hispanos, así como a sus enemigos, los pimas y pápagos. El terreno del ecosistema del desierto de Sonora consistía en una amplia variedad de vegetación que incluía arbustos quenopodiáceos, ocotillo, yuca, mesquite y cactus saguaro y ofrecía una excelente cobertura para que los apaches pudieran moverse libremente y tender emboscadas a los viajeros solitarios o incluso a grupos de varias personas. No obstante, parece ser que sentían necesidad de averiguar la condición de las defensas del presidio y el número de soldados disponibles en Tucson).
* El 29 de agosto de 1845, civiles de Sonora atacan una ranchería apache en El Torreón ([municipio de Galeana, Chihuahua]. Sorprendieron a 14 apaches, matando a 11 y capturando a los otros tres. Poco después, a comienzos de otoño, el alférez José Baltasar Padilla lideraba una patrulla que capturaba a un guerrero apache en la Sierra de Enmedio [municipio de Janos, Chihuahua] que había estado con un grupo que se había llevado unos animales robados en Sonora. El guerrero dijo que los asaltantes pertenecían a la ranchería de Itán [chihenne], que acampaba junto a la de Mangas Coloradas en la Sierra Mogollón [Mogollon Mountains, Grant & Catron Counties, New Mexico]; y que habían conseguido abrir un nuevo mercado para comerciar en Socorro [Socorro County, New Mexico], donde intercambiaban su botín por armas y pólvora. Estas revelaciones llevaron a las autoridades de Santa Fe [Santa Fe County, New Mexico] a realizar una investigación donde varios ciudadanos testificaron sobre las ilícitas actividades que habían visto en Socorro, a donde pronto llegaría varias veces Mangas Coloradas.
Antes de que las autoridades de Chihuahua pudieran seguir el consejo de Sánchez Vergara de organizar una expedición contra los chiricahuas, el nuevo gobernador de Chihuahua, Ángel Trías, y su comandante general, Pedro García Conde, tuvieron que hacer frente a un serio problema en su estado. Los carrizaleños nednais de El Carrizal [municipio de Ahumada, Chihuahua] habían incursionado por la zona noroeste y central del estado; y los comanches por la zona nororiental; por lo que García Conde prefirió hacer “una mala paz que una buena guerra”. Sin embargo, con los soldados incapaces de hacer frente a las dos incursiones, las comunidades fronterizas empezaron a organizar su propia milicia local para hacer frente a los apaches. Por añadidura, estas complicaciones llevaron a Chihuahua a considerar el volver a llamar a James Kirker y sus mercenarios, siendo este receptivo a la idea. Esta nueva política de Chihuahua no pareció afectar a Mangas Coloradas, el cual pasó la mayoría del tiempo en las Sierras Mogollón y de los Burros, donde era muy difícil para los soldados mexicanos causarle algún daño. Pero los nednais y chokonen que vivían en el noroeste de Chihuahua, se encontraban en el camino de los mercenarios de Kirker, cuyo objetivo era exterminar a todos los apaches.
El siguiente incidente no involucró a Mangas Coloradas ni a sus bedonkohes y chihennes, pero ejemplificó la determinación conjunta que caracterizó las relaciones a mediados de la década de 1840 entre los habitantes del noreste de Sonora y el noroeste de Chihuahua, quienes se vieron atrapados en medio de la ofensiva apache. Esta nueva determinación marcó la pauta de las relaciones con los chiricahuas durante el resto de la década, ya que ni apaches ni mexicanos deseaban relaciones pacíficas.
El 19 de septiembre de 1845, Luis García, que rápidamente se labró una reputación como un comandante tenaz e intrépido de la milicia local, partió de Bacerac con 90 hombres de los pueblos aledaños. Al pasar por Bavispe reclutó a otros 14. Durante los siguientes 10 días, patrulló por el noreste de Sonora y luego por el noroeste de Chihuahua, explorando cuidadosamente las Sierras de Las Espuelas [municipio de Agua Prieta, Sonora], y de Enmedio [municipio de Janos, Chihuahua]. Como los negocios de García le habían llevado con frecuencia a Janos y a Casas Grandes [los dos en Chihuahua] era muy conocido y respetado por esos lugares. García solicitó a las autoridades políticas y militares de Casas Grandes para ir a hablar con ellas sobre asuntos apaches. Los habitantes del norte de Chihuahua, tras haber sufrido en carne propia la ira de los grupos de guerra chiricahua, deseaban ahora fervientemente cooperar con Sonora.
El 27 de septiembre, García llegó a Casas Grandes para tener una reunión con las autoridades locales. Estas le proporcionaron siete hombres que conocían las montañas para servir como guías. Al día siguiente, comenzó a marchar hacia el sureste, en dirección a Galeana [Chihuahua]. En el camino, sus guías descubrieron un rastro fresco. Inmediatamente, envió al teniente Laureano May con 18 hombres, entre ellos Antonio Ortiz, oriundo de Casas Grandes, quien actuó como guía. En La Angostura [municipio de Galeana, Chihuahua], a unos 50 km al sudeste de Casas Grandes, sorprendieron a un pequeño grupo de apaches, matando a cinco hombres y a seis mujeres, y capturando a un niño de pecho, entregándoselo a un vecino de Galeana. También capturaron a dos hombres, a quienes llevaron ante Luis García junto con los “cabellos y orejas” de los hombres muertos. García interrogó a los prisioneros. Uno de ellos tenía en su poder un caballo que aparentemente había robado en Sonora, una montura que, de hecho, había pertenecido a un soldado que estaba con García. Esto selló su destino.Se negaron desafiantes a decir nada, excepto reiterar que estaban en paz con Galeana. García preguntó a sus hombres qué hacer con ellos, respondiendo que había que matarlos. García aceptó, pero antes había que bautizarlos. Después de administrarles el sacramento, los ejecutaron.
Antes de morir, uno de los chiricahuas admitió haber estado recientemente incursionando por Sonora.
¿Podría haberse referido al ataque apache contra Santa Cruz, donde los guerreros habían tomado la ciudad a las 09:00 horas del 13 de septiembre de 1845, y habían permanecido allí durante unas seis horas? Según un testigo presencial, ese grupo de guerreros, a caballo y a pie, contaba con 300 hombres. Los guerreros saquearon la ciudad, mataron a 10 personas y capturaron a 13 más, entre ellas Concepción Mejías, de 12 años, quien permaneció cautivo durante dos años antes de regresar con su gente. Muchos de los residentes restantes consideraron emigrar a California. Lamentablemente, no hay pruebas que permitan identificar a los apaches involucrados; sin embargo, las actividades recientes, el número de guerreros, y la gran cantidad de muertos y capturados, sugieren la participación de los chiricahuas, aunque también era posible que los Western Apaches fueran los responsables.
A finales de 1845, las bandas moderadas de los chokonen y nednais iniciaron negociaciones con Chihuahua, alegando que deseaban hacer la paz. Reyes lideraba la facción pacífica de los chokonen, mientras que Cristóbal y Francisquillo la de los carrizaleños nednais. Según algunos informes, estas dos bandas contaban con 300 guerreros, aunque esta cifra parece algo exagerada. Habían estado realizando incursiones junto con los “hostiles”, a quienes llamaban mogolloneros, pero ahora habían decidido vivir en paz. Sin embargo, no se presentaron en El Carrizal para una conferencia programada, lo que inquietó a las autoridades mexicanas. En respuesta, del 13 al 21 de diciembre de 1845, James Kirker y 30 de sus mercenarios se unieron a un grupo de civiles y militares dirigidos por Manuel de la Riva y José Ponce de León, sumando en total 340 hombres, para buscar apaches. Atacaron campamentos chiricahuas en la Sierra de Terrenate, al noroeste de Encinillas [municipio de Chihuahua, Chihuahua], teniendo una breve escaramuza y matando a algunos, antes de que los apaches se dispersaran por las montañas).
Los mexicanos, que sufrían el aumento de ataques apaches en Sonora, enviaron más de 300 soldados a una reunión de apaches [incluyendo las rancherías de Chato, Reyes [chokonen], Francisquillo [nednai], Vicente, Cristóbal [nednai], El Negrito, Maturan, Nicanor, Pegates y Dos Reales] en la Sierra de Terrenate [al noroeste de Encinillas, municipio de Chihuahua, Chihuahua]. La mayoría de ellos eran jefes conocidos, pero tres [Maturan, Nicanor y Pegates] fueron reconocidos como jefes en ese momento; Dos Reales había estado en paz en Corralitos [municipio de Casas Grandes, Chihuahua] desde agosto de 1842 hasta octubre 1843.
Los mexicanos no pudieron entablar una batalla abierta con los apaches, a pesar de que atacaron al grupo durante las negociaciones, capturaron a varios rehenes de una delegación de paz, y mataron al jefe Pegates. Los apaches huyeron y los mexicanos enviaron propuestas de paz a los líderes, incluyendo a Reyes. Luego los mexicanos se retiraron).
* El 29 de noviembre de 1845, el comandante del presidio de Tucson, Antonio Comadurán sale de esta localidad, al mando de un destacamento de 155 hombres, compuesto por 60 soldados de dicho presidio, 23 de Tubac (Santa Cruz County, Arizona), 20 vecinos de Tucson (Pima County, Arizona), 17 pimas de San Xavier del Bac (Pima County, Arizona) y 35 “apaches mansos”, yendo por las orillas de los ríos San Pedro y Gila, realizando un reconocimiento hasta el cañón de Arivaipa (Arizona) y algunos otros puntos logrando dar muerte a seis apaches y herir a otros tres. (Pero al deteriorarse los caballos de los expedicionarios, quedando inservibles, regresaron a Tucson el 7 de diciembre).
* El 29 de diciembre de 1845, Texas se integra en los Estados Unidos, comenzando una progresiva hostilidad entre los apaches lipanes y los estadounidenses. (Cuando Cuelgas de Castro murió, su hijo Juan Castro llevó a su pueblo a Laredo [Webb County, Texas], junto al río Grande. En 1855, Estados Unidos instituiría la política de: “… buscar y atacar a todas partidas o bandas, cuyas depredaciones se puedan rastrear”.
Juan Castro se negó a ubicarse en Fort Griffin [Shackelford County, Texas], sufriendo sus rancherías los ataques de los mexicanos, de los “Rangers” de Texas, y del ejército de los Estados Unidos).
1846
* A principios de 1846, a pesar del conflicto, las bandas chiricahuas que vivían en Chihuahua aún anhelaban un armisticio. (Mangas Coloradas y sus seguidores permanecían en Nuevo México, en guerra con Sonora y Chihuahua. Quizás el rumor de que Chihuahua iba a llamar al grupo de Kirker y usarlo contra los apaches “hostiles” fue razón suficiente para que los chokonen y nednais consideraran pedir la paz. Muchos líderes ancianos habían vivido pacíficamente e incluso con cierta prosperidad bajo el sistema de presidios. Los chiricahuas no eran un pueblo agrícola, y tras años de contacto los habían vuelto dependientes de los pueblos fronterizos para el comercio. Para su propia supervivencia, las bandas cuyo territorio se encontraba en el noroeste de Chihuahua debían volverse pragmáticas y conciliadoras para coexistir con sus enemigos. Desafortunadamente para ellos, Kirker y sus hombres no pensaban lo mismo. Lo que siguió superaría las masacres de Johnson y Elías González. También tendría un impacto en Mangas Coloradas y los suyos, quienes recordarían amargamente las atrocidades cometidas por Kirker contra rancherías chiricahuas.
El 18 de febrero de 1846, una banda liderada por Chato incursionó en Namiquipa[Chihuahua]. El 20 de febrero, robaron 100 cabezas de ganado y mataron a un hombre y el 20 de marzo, en el puerto del Alamillo, cerca de Las Cruces, los mexicanos mataron a un apache y estos a su vez se llevaron 44 animales. A Namiquipa llegó James Kirker el 4 de marzo, de nuevo al servicio del gobierno de Chihuahua, con sus shawnees y delawares para reclutar tarahumaras e ir a cazar apaches. El 13 de marzo, con 54 hombres, fue a Chuhuichupa [municipio de Madera, Chihuahua] en la Sierra Madre. El 20 de marzo, descubrieron las rancherías de Chato y Maturan. Al final de la tarde, Kirker atacó, matando al apache Gachupín e hiriendo a otros nueve, y arrasando el campamento. Recuperaron 54 animales entre vacas, mulas y bueyes; 300 pieles de antílope y de vaca; frijoles; panes; bridas; calabazas secas; harina; hachas; ollas; azúcar; 30 sillas de montar; dos pistolas; y un montón de chatarra de poco valor, entre otras cosas).
El 19 de mayo de 1846, más de 200 apaches asediaron Janos [Chihuahua] matando a una persona,
capturando a dos y llevándose 345 cabezas de ganado. Los asaltantes no fueron identificados, pero pudieron pertenecer a rancherías que más tarde hicieron la paz en el noroeste de Chihuahua, especialmente en Galeana. A finales de mayo las rancherías de los jefes Cigarrito [nednai], Gómez, Ramón y Zozaya estaban juntos en la Sierra de Terrenate [al noroeste de Encinillas, municipio de Chihuahua, Chihuahua], planeando incursiones.
El 24 de mayo de 1846, una banda apache atacó Fronteras [Sonora]. Al volver Chihuahua a contratar mercenarios, los militares, por agravio comparativo, solicitaron recibir recompensas por las cabelleras de los apaches que mataran.
En mayo de 1846, los chokonen de Reyes, Yrigollen y Carro; y los nednais de Francisco y Láceris [también llamado Pláceres], mantuvieron una serie de reuniones en San Buenaventura [municipio de Buenaventura, Chihuahua] con el comandante del presidio de Galeana, el alférez Carlos Casares, un atípico oficial mexicano que simpatizaba con los apaches. Casares deseaba olvidar el pasado y establecer una paz duradera con ellos, reconociendo que ambos bandos tenían la misma culpa. Su sinceridad y comprensión infundieron confianza en los apaches.
Quería acabar con el comercio de ganado que robaban los apaches para intercambiarlo por armas y alcohol.Les ofreció raciones, pero se negó a entregarselas hasta que los chiricahuas liberaran a todos sus cautivos.
Láceris regresó unos días después, el 12 de junio, con Carro y cinco apaches más, verificando la paz con Casares. Láceris y Carro habían pertenecido al establecimiento de paz de Janos [Chihuahua]. Dos días más tarde, Chato fue a Galeana con su ranchería para tratar la paz, a pesar de que su banda quería vivir en Namiquipa [Chihuahua]. Torres llegó el 22 de junio, y él y Vicente, liberaron a los cautivos que habían capturado recientemente a los mexicanos.
Después Reyes se instaló en Galeana [Chihuahua]. Envió a Muchachito para traer a Francisquillo [nednai] a Galeana, junto a otros apaches que no estaban en paz. Muchachito regresó ese mismo día con Francisquillo y Vicente, junto a cinco hombres, y 22 mujeres y niños. Por otra parte, Chato [chokonen], Maturá y Láceris [nednai] estaban en el interior de Chihuahua esperando para conocer los acuerdos. La política de Casares estaba empezando a dar sus frutos.
Aunque Casares había puesto en marcha el proceso de paz, sus planes no pudieron cumplirse. James Kirker se encargaría de ello. Con el permiso del gobernador de Chihuahua, José María Irigoyen, el 26 de junio de 1846, el cazador de cabelleras dirigió un grupo de 25 hombres que salió de Ciudad de Chihuahua en busca de nativos; si eran “hostiles” mejor, pero mataría a cualquier apache que encontrara para cobrar la recompensa de 200 pesos que daban por cada cabellera. El gobernador había informado de la salida de Kirker a su general en jefe, Mauricio Ugarte, quien había recibido informes prometedores de Casares sobre las perspectivas de paz. Ante la escasez de tropas regulares, Ugarte apoyaba la idea de que cualquiera luchase contra los apaches. Sin embargo, esperaba que Kirker respetara la ley y no matara a nativos pacíficos. Para cuando Kirker recibió el aviso, si es que llegó a recibirlo, el daño ya estaba hecho.
Mientras tanto, el 8 de junio de 1846, una banda apache había atacado el rancho del Sacramento, llevándose todo el ganado del vecino Jesús López, retirándose rumbo a Victorino, perseguidos por los vecinos de Nombre de Dios, Torreón y Encinillas [todos en Chihuahua]; y el 25 de junio de 1846, tropas de Sonora habían atacado a la banda del chokonen Tapilá. En julio, las mismas tropas atacaron a la banda de Tito, mientras exploraban la Sierra Pilares de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora].
Tras salir de Ciudad de Chihuahua, Kirker llegó, 10 días después, a casa de José de la Riva, subprefecto de Galeana [Chihuahua]. La madrugada del 6 de julio, José Ponce, un ciudadano de esa localidad, llegó a casa del subprefecto con la noticia de que el grupo de Kirker había matado a 18 chiricahuas en San Buenaventura, rompiendo así la tregua. Sabiendo que los chiricahuas tenían un gran ranchería cerca de Galeana, Kirker fue, con algunos ciudadanos de esta población y de Janos, liderados por José María Zuloaga [un habitual socio comercial de los chiricahuas] a matar a tantos apaches como fuera posible. Eran en total 44 hombres.
El 6 de julio, chiricahuas de ambos sexos y de todas las edades, de las bandas chokonen de Reyes
y de Torres, fueron invitados a asistir a una fiesta en Galeana. Acudieron confiados y desarmados por sentirse protegidos por las negociaciones de paz emprendidas con el comandante del presidio de San Buenaventura, el alférez Carlos Casares. Durante toda la noche, los mexicanos dieron a los apaches tal cantidad de mescal y aguardiente que todos se emborracharon, quedando tendidos en el suelo.
A primeras horas de la mañana del 7 de julio, aparecieron los hombres de Kirker, que ayudados por vecinos de Galeana, mataron a los dormidos chiricahuas, con cuchillos y mazas, indiferentes a la edad y el sexo de sus víctimas. Mataron a 130 chiricahuas, incluyendo a una mujer embarazada que se había refugiado en la iglesia, cuyo feto fue extraído vivo del cuerpo aún palpitante de su madre, siendo sumergido en agua bendita para después ser estampado contra un muro. Luego les arrancaron las cabelleras.
La mayoría de las víctimas eran miembros moderados de los chokonen
. Reyes y Torres fallecieron; Yrigollen perdió varios familiares; Carro y Manuel [Manuelito] perdieron muchos miembros de sus bandas. Los janeros nednais de Láceris y carrizaleños nednais de Francisquillo, también sufrieron varias pérdidas. Es posible que Cochise estuviera presente, y que también falleciera allí Pisago Cabezón, puesto que a partir de esa fecha no se tuvo más noticias de él, pudiendo ser el padre de Cochise. Otros creen que el padre de Cochise fue Reyes. Los supervivientes se refugiaron en la ranchería de Baishan, más conocido como Cuchillo Negro [chihenne], acampado al oeste del Río Grande.
El 10 de julio, James Kirker llegó a Ciudad de Chihuahua con 148 cabelleras como trofeos, atadas a unos palos, recorriendo la localidad en una procesión encabezada por el gobernador, unos sacerdotes, y bandas de música, entre el entusiasmo de la gente. Las cabelleras fueron colgadas en una cuerda en la catedral con una gran celebración.
El informe de Kirker era impreciso, pero sabemos lo que pasó gracias a George Frederick Ruxton, un viajero y escritor inglés que estaba en Ciudad de Chihuahua poco después de ocurrir ese hecho. Lo contó en el libro “Adventures in Mexico and the Rocky Mountains”. Lo ocurrido fue corroborado por Yrigollen, Mangas Coloradas, y Jason Betzinez.
Yrigollen probablemente estuvo presente, o en las cercanías; Mangas Coloradas estaba preparando una expedición contra Sonora cuando se enteró de lo ocurrido por los supervivientes chokonen y nednais, diciendo más tarde: “Mi gente fue invitada a un banquete; había aguardiente o whisky; bebieron y se emborracharon, y estaban durmiendo, cuando un grupo de mexicanos entró y les destrozó el cráneo con garrotes”; y Jason Betzinez, primo de Gerónimo, contó lo sucedido en el libro “I Fought with Geronimo” tal como lo oyó de sus mayores: “… la horrible matanza de nuestras familias…” y “… uno de los conflictos más sangrientos en los que se vieron envueltos los apaches”.
Los apaches consideraron esta masacre como el mayor desastre sufrido por su pueblo, peor incluso que la matanza perpetrada por John Johnson en 1837. La acción de Kirker facilitó la unión de los chiricahuas moderados y los “hostiles”.
El alférez Casares rechazó la versión de Kirker de que había seguido el rastro de los apaches “hostiles” hasta Galeana. Furioso, advirtió que el asunto tendría “consecuencias de gran alcance. Toda esperanza de paz se ha desvanecido”. Los chiricahuas se vengarían.
A finales de julio de 1846, Mangas Coloradas lideró un grupo que incursionó por el interior de Sonora, pasando por alto algunos de los tradicionales objetivos de los apaches, quizás porque no había caballos, mulas y reses quellevarse.El 26 de julio, un grupo de cinco personas salió de Batuc [municipio de San Pedro de la Cueva, Sonora], un pequeño pueblo situado en la orilla este del río Moctezuma, a unos 64 km de Moctezuma, con destino a Tepache, a unos 48 km al norte. La ruta durante la primera mitad del trayecto atravesaba cañones y arroyos, con la Sierra Madre al este y al oeste. El grupo llegó a la Hacienda La Ranchería [municipio de San Pedro de la Cueva, Sonora], encontrándose con una espeluznante escena.
A primeras horas del día, los apaches habían ocupado el rancho, propiedad de Francisco Blanco, matando al mayordomo, a su mujer, a dos hijos, y a seis vaqueros. Antes de irse, mataron con lanzas a 70 reses, llevándose los caballos y las mulas. Los cinco hombres decidieron irse a Tepache, pero no llegaron. En el camino fueron emboscados, falleciendo dos hombres, una mujer, y un niño. Ignacio Salvatierra pudo escapar y llegar a Suaqui [municipio de San Pedro de la Cueva, Sonora], donde contó lo ocurrido.
Al final del día, un grupo de la milicia llegó cojeando a Suaqui diciendo que una partida de guerra liderada por Mangas Coloradas les había atacado y matado a su comandante, y a seis hombres más. Mientras, un destacamento de la Guardia Nacional había salido de Batuc para perseguir a los apaches hasta las montañas, atacando su campamento provisional, formado en ese momento por 24 guerreros. Los soldados rescataron a cuatro cautivos, y recuperaron parte del ganado robado. Los cautivos dijeron que Mangas Coloradas estaba por los alrededores, aunque no estaban seguros de si el jefe estaba en el campamento que los soldados habían atacado. El grupo incursor [bedonkohes y chihennes] regresaron a Nuevo México, siendo probablemente los mismos que, en agosto, atacaron a un grupo de vaqueros que llevaba ganado a Arizpe [Sonora].
Los líderes civiles y militares de Moctezuma [Sonora] plantearon un acuerdo para cooperar con Chihuahua, el cual constaba de 12 artículos, estableciendo una campaña de un año para “perseguir implacablemente” a los chiricahuas. Los habitantes de Moctezuma, Janos y Galeana acordaron un impuesto progresivo para financiar la expedición. Cada estado aportaría 50 hombres, que actuarían al unísono y estarían estacionados en Janos mientras los apaches permanecieran en la frontera norte. Si los chiricahuas se trasladaban a la Sierra Mogollón, esa fuerza se trasladaría a Santa Rita del Cobre. En todos los casos, operaría en conjunto con el grupo de Kirker. Ambas partes adoptaron muchas de las disposiciones del acuerdo de Kirker con el gobernador de Chihuahua [de hecho, algunas eran copias exactas]. Por ejemplo, el acuerdo permitía a la fuerza repartir cualquier ganado sin marcar y demás bienes confiscados a los apaches. Además, los participantes también “tendrían derecho a una parte del premio según los cueros cabelludos que presentaran”. En Moctezuma, funcionarios públicos, entre ellos el influyente José Terán y Tato, eligieron a José Víctor Barrios para que “acudiera personalmente al gobierno superior [gobernador] y le indicara lo que se necesita para proteger la seguridad de estos pueblos, y en vista de todo, y dado que los recursos de estos pueblos se han agotado por completo, debería solicitar al gobierno superior ayuda con municiones y suministros”.
En los últimos años, la tensión entre ambos países había aumentado, y el 25 de abril de 1846, cuando 1.600 mexicanos atacaron a un pequeño grupo de ciudadanos estadounidenses en una región en disputa que separaba Texas de México, comenzaron las hostilidades. Las tropas mexicanas mataron a tres y capturaron a varios más. La noticia de este suceso llegó a Washington el 9 de mayo de 1846. El presidente James Knox Polk, firme creyente en el “destino manifiesto”, pidió permiso al Congreso para declarar la guerra a México, recibiendo un apoyo mayoritario. Polk declaró la guerra el 13 de mayo de 1846. Mientras el general Zachary Taylor invadía México desde Texas, el presidente Polk ordenó al coronel [quien pronto sería general de brigada] Stephen Watts Kearny, que organizara una fuerza de invasión desde Fort Leavenworth [Kansas]. Kearny recibió la orden de ocupar Nuevo México y, una vez logrado esto, proceder a la invasión de California, que Estados Unidos había intentado comprar, en vano, a México.
Kearny partió de Kansas el 30 de junio de 1846 con 1.568 hombres rumbo a Nuevo México. Otros dos destacamentos lo siguieron: el del coronel Sterling Price, con una fuerza de 1.200 hombres reclutados en Missouri, y una unidad de 500 mormones que se habían ofrecido como voluntarios en Council Bluffs [Iowa]. El “Ejército del Oeste” de Kearny llegó a Santa Fe el 18 de agosto de 1846 y rápidamente estableció un gobierno provisional, nombrando a civiles para puestos clave. El 25 de septiembre de 1846 partió hacia California con 300 hombres, guiado por el veterano explorador Thomas “Broken Hand” Fitzpatrick, experto en las montañas. Dejó Santa Fe al mando del coronel Alexander William Doniphan.
Kearny prometió que los Estados Unidos pondrían fin a las incursiones de las tribus nativas, una
promesa que no podía cumplirse tan fácilmente. Los habitantes mexicanos del norte de Nuevo México se habían acostumbrado a vivir con las periódicas incursiones de los apaches jicarillas y otros nativos. La muerte de un pastor y la pérdida de algunas ovejas era el precio por vivir en el territorio. Además, como los jicarillas acudían a los asentamientos para comerciar, proporcionaban algunos productos básicos que normalmente no estaban disponibles. Este comercio beneficiaba tanto a los jicarillas como a los habitantes del territorio.
Santiago Boné vivía en la confluencia de los ríos Mora y Sapello, cerca del actual Watrous [Mora County, New Mexico]. Saludó a Kearny y proporcionó algunas provisiones frescas a sus tropas. En octubre de 1846, mientras buscaba unos caballos que le habían robado, Boné resultó muerto donde el arroyo Dog desemboca en el río Mora, a unos 16 km al este de su casa. Aunque dijeron que los autores eran “indios del norte”, probablemente eran jicarillas.
Kearny siguió el curso del Río Grande mientras serpenteaba hacia el sur. El 6 de octubre de 1846, a unos 16 km al sur de Socorro [Socorro County, New Mexico], el límite nororiental del territorio de Mangas Coloradas, Kearny tuvo la fortuna de toparse con Kit Carson. El explorador lideraba un grupo de 16 hombres que venía de California con destino a Washington, con un informe sobre la conquista de California por las tropas de John C. Frémont.Antes, a unos 16 km de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico], el grupo de Carson se había encontrado con una ranchería apache cerca del futuro emplazamiento de Silver City [Grant County, New Mexico]. Probablemente, Mangas Coloradas estaba presente, ya que Kearny se reuniría allí mismo con el jefe apache pocos días después. Carson reveló que “los chihennes se asustaron un poco al vernos. Les dijimos que éramos amigos, que íbamos de camino a Nuevo México y que deseábamos intercambiar animales. Se mostraron amigables… nos visitaron y comenzamos a comerciar con ellos, consiguiéndo nuevas monturas, las cuales eran muy necesarias, ya que nuestros animales estaban casi agotados”.
Carson no tenía ni idea de que tropas estadounidenses habían ocupado Nuevo México hasta que conoció a la gente de Mangas Coloradas cerca de las minas de cobre. Los chiricahuas le informaron que “un general estadounidense estaba en posesión del territorio”. Carson conocía el territorio porque en 1828 había trabajado como carretero para Robert McKnight [administrador de una mina en Santa Rita del Cobre], pudiendo haber conocido a Mangas Coloradas bajo el nombre de Fuerte.
En cualquier caso, la acogida de los chiricahuas sorprendió gratamente a Carson, “… estaban ansiosos de ser amistosos con los estadounidenses, recibiéndonos cordialmente”. La posibilidad de una guerra entre México y los Estados Unidos era algo que agradaba enormemente a los chiricahuas. Tras la masacre de Kirker y la declaración de guerra de los ciudadanos de Moctezuma y Galeana, la perspectiva de una invasión estadounidense de México era algo que agradaba enormemente a los chiricahuas.
Gracias a la información de Carson, Kearny redujo sus tropas en dos tercios, enviando 200 hombres de regreso con el comandante Edwin Vose Sumner, mientra él continuaba hacia California. Kearny envió a Washington a su guía Thomas Fitzpatrick, con el informe de Carson, y este se quedó con el general, ya que conocía mejor esa parte del territorio. Esperando reunirse con los chiricahuas en el río Mimbres, Kearny envió un pequeño destacamento al mando del capitán Henry Turner para comunicarles que “los estadounidenses eran amistosos y que no debían alarmarse”. Turner no vio a ninguno, pero sí muchas “viviendas apaches abandonadas dispersas por la pradera”.
El 18 de octubre, Kearny pasó por la abandonada Santa Rita del Cobre, acampando
a 3 km al oeste. Esa noche, llegó Mangas Coloradas con otro guerrero, conferenciando con Kearny. Era la primera vez que se reunía con soldados estadounidenses. El orden y la disciplina de las tropas le impresionaron. Fijándose en sus armas, tuvo la impresión de que eran mejores combatientes que los mexicanos. Mangas Coloradas prometió “ser fiel y amistoso con todos los estadounidenses”. Después de recibir algunos regalos de Kearny, Mangas Coloradas prometió traer a miembros de su banda para comerciar con mulas.
Los asaltos apaches siguieron produciéndose. A finales de primavera de 1849, una banda apache asaltó por Fronteras [Sonora] matando a cinco mexicanos, alanceando a una mujer, y llevándose a cuatro prisioneros.
En junio de 1849, una banda apache mató a 14 personas en el río Gila[Arizona y New Mexico].
Al amanecer del 22 de junio de 1849, unos 100 guerreros a caballo atacan Bavispe
[Sonora], matando a un anciano, hiriendo gravemente a otro, y llevándose a un muchacho. Mangas Coloradas no estaba con ellos porque se había ido a Janos [Chihuahua]. Después se dirigieron al norte y giraron al este, hacia Chihuahua. A pesar de los pocos daños, los chiricahuas consiguieron que con las poblaciones de Tubac y Fronteras prácticamente abandonadas [Fronteras volvió a ser reocupada en septiembre de ese mismo año] y la moral en Santa Cruz por los suelos, los ciudadanos de Bavispe empezaron a considerar la posibilidad de irse. Durante ese mes, algunos apaches siguieron apareciendo por Janos para intentar algún tipo de negociación).
* Durante el verano de 1849, las autoridades mexicanas contratan al mercenario John Joel Glanton y a su banda para cazar apaches. (Para cobrar la recompensa debían presentar los cueros cabelludos de los apaches, pero Glanton mataba también a otros indios e incluso a ciudadanos mexicanos. En 1849, el estado de Chihuahua pondría precio a su cabeza, declarándole fuera de la ley. Se trasladaron a Arizona, donde mataron a varios yumas. Allí se hicieron cargo del transbordador sobre el río Gila, que transportaba a los emigrantes que iban a buscar oro a California. A veces mataban a los pasajeros mexicanos y estadounidenses para robarles. Una banda de yumas, dirigida por Caballo en Pelo, mató y arrancó la cabellera a Glanton y a la mayor parte de su banda).
* El 25 de junio de 1849, el comandante inspector de Sonora, José María Elías González, emprende una campaña contra los apaches con un destacamento de 80 hombres, consiguiendo atacar la ranchería del chokonen Tapilá. (Además de liberar a un cautivo mexicano, cuatro mujeres apaches fueron apresadas junto a 18 caballos y cuatro mulas. Con Elías iba el comandante de Bacoachi [Sonora] Teodoro de Aros, quien fue enviado a reconocer los lugares de La Pera [Sonora] y Calabasas [Santa Cruz County, Arizona]. En este último lugar se encontró de nuevo con los apaches, logrando recuperar el ganado que envió a Bacoachi con un destacamento de 20 hombres. Pero los apaches atacaron Las Bellotas [Nogales, Sonora] llevándose cautivos a una mujer y a un muchacho. El sargento Cayetano Avizu persiguió a la partida con 10 hombres, pero no pudo alcanzarla. El 27 de julio, Teodoro de Aros salió con 60 hombres para intentar hallar los escondites apaches en la zona de los Pilares de Nacozari [Sonora], desde donde atacó la ranchería del subjefe Fito, que logró escapar dejando 14 caballos en manos de los mexicanos).
* El 30 de junio de 1849, un grupo de hombres de Casas Grandes (municipio de Nuevo Casas Grandes), El Barranco (?), Corralitos (municipio de Nuevo Casas Grandes) y Galeana (Chihuahua) enviado por José María Zuloaga (Jefe Político del Cantón de Galeana y antiguo comandante de la guarnición de Janos, que entonces vivía en Corralitos) a cazar cabelleras, y guiado por Negrito, encuentran una pequeña ranchería chokonen, matando a su jefe Nachul, quizá el Nachindo del que se tuvo conocimiento en el área del río Gila en 1842. (También recuperaron dos niños que habían sido capturados en Bavispe la primavera anterior. Zuloaga recibió 500 pesos por la liberación de los dos cautivos. Supuestamente, fue socio de Kirker cuando este fue contratado por el estado de Chihuahua para matar apaches. Zuloaga estuvo tan involucrado en la caza de apaches que Corralitos se hizo famoso como centro de esta sórdida actividad. En una ocasión, un apache fue muerto en Corralitos cuando quiso llevarse una mula. Negrito, todavía prisionero en Corralitos, identificó al apache como miembro de la ranchería del chihenne Ponce).
* A primeros de julio de 1849, Mangas Coloradas está en Santa Lucia Springs (después conocido como San Vicente de la Ciénega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico) y en la Sierra de los Burros ([Burro Mountains, Grant County, New Mexico]. A primeros de julio, resultó muerto un hijo de Mano Mocha en Corralitos.
El 4 de julio de 1849, los chokonen Yrigollen, Posito Moraga y Carro se reunieron con el capitán Sebastián Reyes, comandante de Bavispe [Sonora] para intercambiar cautivos, pero los chiricahuas que querían recuperar estaban en Hermosillo por lo que las negociaciones no avanzaron).
* El 22 de julio de 1849, un viejo apache llamado Perico llega a Janos (Chihuahua)
, al parecer, para establecerse allí. (Su esposa, su hijo, y un cautivo estaban esperando fuera de la ciudad. Un pelotón de soldados fue tras ellos, lo que les asustó, no volviéndoselos a ver. Mientras tanto, el teniente Padilla, comandante de Janos, encarceló a Perico, aunque él y el juez local le consideraron demasiado viejo para ser considerado un guerrero. Padilla envió a Perico a Zuloaga, jefe político en Corralitos, hasta que el comandante general de Chihuahua tomase una decisión.
Ese mismo día, el 22 de julio de 1849, un grupo de estadounidenses estaba comerciando con un numeroso grupo de chihennes cerca del río Mimbres, pero no se encontraron con ningún apache en su camino hacia el oeste. A principios de agosto, otro grupo de Texas avistó apaches cerca de Santa Rita del Cobre y en los manantiales de Santa Lucía, cuyas aguas tenían un ligero olor a azufre, pero eran claras, muy frías y de buen sabor. Algunos apaches parecían francos y amigables; otros se escondían y huían al ser descubiertos. Casi al mismo tiempo, otro grupo de Arkansas mantuvo relaciones amistosas con los apaches cerca del río Mimbres. Este grupo pertenecía a Cuchillo Negro o a Ponce, y solía ser más pacífico con los estadounidenses que otros grupos chihennes.
En contraste con estos encuentros cordiales, los acontecimientos posteriores resultaron ser menos amistosos, ya que hubo varios enfrentamientos a partir de mediados de agosto de 1849. Alrededor de 100 apaches, probablemente bedonkohes y chihennes, guiados por Mangas Coloradas [posiblemente estaba presente Gerónimo], mataron a unos civiles mexicanos cerca de El Paso [El Paso County, Texas] dirigiéndose a su territorio con una gran manada de mulas.
El 16 de agosto de 1849, el capitán Enoch Steen, al mando de la compañía “H” del 1º de Dragones estacionada
en Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico] les persiguió hasta su campamento cerca de Santa Rita del Cobre. En un enfrentamiento de dos horas, los soldados derrotaron a los apaches, destruyeron su campamento con todo su contenido, y recuperaron algunas de las mulas robadas. “Apache Jack” o Jack Gordon [su verdadero nombre era Peter Worthington], un fuera de la ley que vivía con los apaches, diría más tarde que había disparado y herido a Steen.
Huyendo de los blancos tras haber matado a un hombre, Gordon, de alguna manera conoció a los chiricahuas y se casó con una mujer chihenne, posiblemente de la tribu de Mangas Coloradas. Gordon podría haber sido el hombre blanco al que Mangas Coloradas se refirió como su “buen amigo” durante su encuentro con el grupo de Duval.
Desde el punto de vista apache, no habían hecho nada malo. Cuando el 18 de octubre de 1846, Mangas Coloradas se había reunido con el general estadounidense Stephen Watts Kearny, le dejó claro que los chiricahuas siempre guerrearían contra los mexicanos, a los que odiaban profundamente.
En cualquier caso, el 22 de agosto de 1849, seis días después del enfrentamiento con Steen, los chihennes emboscaron a un grupo de emigrantes cerca de Santa Rita del Cobre, matando a un hombre e hiriendo a otros dos. Según una carta escrita por el capitán Bunches, los estadounidenses lograron matar o herir a ocho apaches. De ser así, esto preparó el terreno para nuevos enfrentamientos, ya que los familiares de los fallecidos habrían exigido venganza. Quince días después, otro grupo de viajeros vio a apaches observando sus movimientos, probablemente cerca de las Burro Mountains. Se desconoce si Mangas Coloradas participó en estos dos enfrentamientos. El hecho de que estos dos encuentros ocurrieran en el corazón de su territorio, mientras él se encontraba en la zona, sugiere que participó).
* El 2 de agosto de 1849, Teodoro de Aros, comandante de Bacoachi, reemprende una campaña contra los apaches con 40 hombres. (Este destacamento consiguió interceptar una partida de apaches con ganado robado, quitándoles 96 reses, seis caballos, cuatro mulas y un asno. En el breve combate, dos soldados resultaron heridos. Seguidamente, el sargento Olguín con 12 hombres fue enviado a Arizpe [Sonora] con el ganado, pero los apaches lograron emboscar su columna, matando al sargento y a cuatro vecinos. Un total de 28 personas fueron capturados por los apaches entre soldados, vecinos, mujeres y niños que viajaban con los militares. Al recibir la noticia, el comandante Aros, al mando de 50 hombres, salió en su persecución, logrando recuperar el ganado, liberar a los cautivos y capturar a cuatro miembros de la familia del chokonen Tapilá).
* El 31 de agosto de 1849, la banda nednai de Soquilla, un viejo aliado de Mangas Coloradas,
roba todos los caballos del presidio de Janos ([Chihuahua]. Cuando esto ocurría, un grupo de aventureros dirigido por un francés llamado M. Ronde estaba en Corralitos [municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua]. Zuloaga enseñó a Ronde los prisioneros apaches que tenía, el grupo de Negrito. Estaban encadenados con grilletes en las piernas y su vida transcurría trabajando como esclavos en las fundiciones aunque Zuloaga les permitía jugar a las cartas.Si surgían disputas, Zuloaga encerraba a los culpables en una habitación obscura, un castigo temido para un pueblo que amaba la libertad de las montañas y el desierto.
Negrito impresionó a Ronde, quien le describió como un “sabio de la tribu con un semblante bondadoso”.
Gervasio, un hijo de Juan José Compá [nednai], era “de proporciones perfectas… con una voz tan dulce como la de una jovencita”.
Tonina, un hermano del jefe nednai Galindo, “tenía un semblante tímido y pasaba el tiempo aullando cuando no lloraba”.
El más joven y de aspecto más fiero era Ratón, “un tipo salvaje de semblante severo que nunca sonreía”.
El teniente Padilla salió tras el grupo de Soquilla al día siguiente con 36 soldados y 17 voluntarios civiles liderados por Pedro Zozaya. Iban todos a pie. Los apaches no contaban con que les perseguirían porque habían dejado al presidio sin monturas.
El 9 de septiembre, alcanzaron la ranchería apache al norte de la Laguna de las Palomas [Puerto Palomas de Villa, municipio de Ascensión, Chihuahua], cerca de la frontera y de la Sierra de la Florida [Florida Mountains, Luna County, New Mexico], matando a cinco hombres, incluido a Soquilla, y a siete mujeres y niños, capturando a 19, más 54 caballos y siete novillos.
Mientras tanto, el grupo de Ronde, que había dejado Janos para ir a Santa Rita del Cobre, se topó con Padilla, que volvía con sus cautivos. Ronde afirmó haber visto 19 cabelleras de apaches cuando el informe hablaba de 12 muertos. También oyó que una mujer joven, probablemente la hija de Soquilla, reaccionó tan violentamente contra los soldados mexicanos al ver a su padre muerto que uno de ellos se vio obligado a dispararle con su pistola. Los cautivos fueron encarcelados en Corralitos.
El grupo de Ronde continuó hacia el norte, llegando a Santa Rita del Cobre sobre el 18 de septiembre. Al día siguiente alcanzaron el río Gila, donde los chiricahuas les atacaron, obligando al grupo a poner los carros en círculo para defenderse. Después de unos pocos días intercambiando disparos, el 22 de septiembre llegó Mangas Coloradas, accediendo a dialogar, permitiendo al grupo irse si abandonaban el territorio. Ronde aceptó llegando a Janos el 27 de septiembre.
Cuando el verano llegaba a su fin, la campaña de Sonora que Elías González había organizado durante la primavera y el verano, preocupaba a los chiricahuas; al igual que el destino de los 25 nednais que Chihuahua mantenía cautivos en Janos y Corralitos.Antes, el 14 de septiembre, dos días después de que Padilla volviese con sus 19 prisioneros, un grupo de 32 chokonen dirigidos por Yrigollen se llevaron algunas reses pertenecientes a varios ciudadanos de Janos. Después fueron hacia el Rancho La Galera [municipio de Janos, Chihuahua] para robar maíz. Padilla, que había salido inmediatamente con 60 soldados y civiles, los alcanzó allí. Los apaches ondearon una bandera blanca gritando que querían hablar. Yrigollen y Padilla hablaron largo tiempo, acordando devolver esos animales y otros que habían robado, antes de volver a Janos como prueba de que sus ofertas de paz eran genuinas. Padilla acordó remunerar a los apaches por los animales, determinando un lugar para ratificar la tregua. Sin embargo, querían venganza por la muerte de Soquilla y los suyos, por parte de Padilla.
Yrigollen ordenó a 10 de sus guerreros que condujeran el ganado hacia donde estaba el destacamento de Padilla, cuando, de repente cambiaron de dirección, dirigiéndose hacia Las Lagunitas [?], huyendo de los mexicanos.Padilla, con 12 hombres a caballo y 50 a pie, salió en su persecución. Alcanzó a los apaches en El Cerro Largo [?], atacándolos y recuperando todo el ganado. Yrigollen al frente de 30 guerreros contraatacaron, matando a seis mexicanos, hiriendo a uno, y llevándose las armas y monturas de los mexicanos. Cuando llegaron los refuerzos mexicanos, no pudieron hacer nada más que inspeccionar el campo de batalla.
Zuloaga, jefe político de Corralitos [Chihuahua] se quejó amargamente de que Padilla se negaba
a detener a los apaches que llegaban al presidio de Janos. Citó algunos casos ocurridos en junio. En un caso, Bartolo, con otro hombre, una mujer y un niño, había ido al presidio para conferenciar con Padilla. En otro, el jefe nednai Láceris y varios apaches habían tenido una gran borrachera en Janos; Tonina [Tovina], ya rehén, se unió a la fiesta. Cuando Zuloaga llegó allí al día siguiente con un pequeño grupo, todos los apaches habían partido, excepto Tonina. Zuloaga, enfadado, mandó que Tonina fuese hecho prisionero y el producto de la “Quinta Ley” distribuido entre las tropas. Padilla replicó que Tonina ya estaba bajo su custodia.
Las finanzas eran un problema importante en la administración de los prisioneros apaches en Corralitos, ya que el pueblo no formaba parte del presupuesto militar estatal como era Janos, por lo que Zuloaga se vio obligado a llevar allí a los presos apaches [Ratón {nednai}, Gervasio {nednai} y Perico] para trabajar picando mineral para la fundición para que pagaran su sustento.
Los prisioneros apaches en Corralitos, los nednais Negrito y Ratón, más Gervasio, Perico y Tovina [o Tonina, el rehén tomado a mediados de junio, en el momento de la visita del jefe nednai Láceris] y los capturados en septiembre en la Laguna de Guzmán y en Janos seguían detenidos porque no llegaba de Ciudad de Chihuahua la orden del destino de los prisioneros, de conformidad con la “Quinta Ley”. Mientras tanto, el comandante Padilla y el Jefe Político Zuloaga estaban en desacuerdo sobre cómo debían tratar a los prisioneros apaches. De hecho, no fue hasta el 18 de marzo de 1850, cuando se darían las órdenes para enviar a los detenidos a la comandancia general de Ciudad de Chihuahua, retrasándose el envío hasta principios de mayo. Los apaches, por su parte, siguieron reclamando la liberación de sus parientes.
El 23 de septiembre de 1849, el comandante inspector de Sonora, Elías González, salió de Bacoachi [Sonora] en una campaña contra los apaches. Organizó su fuerza en tres destacamentos, tomando él mismo el mando de 191 hombres [soldados del presidio y de la milicia de la Guardia Nacional], dirigiéndose al norte, hacia el actual Cochise County [Arizona]. Envió a otro destacamento de 130 hombres al mando del comandante de la Guardia Nacional, José Terán y Tato, para realizar un reconocimiento en el nordeste de Sonora y eliminar a todo apache que encontrase allí. El tercer destacamento, mandado por el capitán Agustín Moreno, con 80 hombres y la caravana de suministros, fue a establecer un campamento base en la montaña de El Sarampión, en la parte baja de la Sierra Peloncillo [Peloncillo Mountains, Cochise County, Arizona e Hidalgo County, New Mexico], donde Elías González y Terán y Tato se reunirían a finales de septiembre.
El 24 de septiembre, el capitán Antonio Comadurán y unos 60 soldados de Tucson [Pima County, Arizona], se unieron al destacamento de Elías González, ya que, a la primera semana, varios hombres, incluyendo los apaches “mansos” de Tucson, habían desertado. Además, tuvo que dejar en Santa Cruz, a 14 enfermos que no podían continuar. Durante su marcha a las Chiricahua Mountains, sufrieron varias tormentas eléctricas, pero eso no les detuvo. Envió grupos de exploración al territorio chokonen, pero no encontraron ningún rastro. Un grupo fue al Rucker Canyon, al que llamaban Cañón Colorado, y hoy es llamado Red Rock Canyon [Cochise County, Arizona], una zona de acampada de los chokonen. Después de explorar las Chiricahua Mountains, tan al norte como el Apache Pass, y no encontrar a ningún apache, Elías González se dirigió a El Sarampión para descubrir que su caravana de mulas con los suministros no había llegado. Entonces se dirigió al sur y en San Bernardino se topó con una caravana de estadounidenses en ruta hacia California, quienes le dijeron que habían visto apaches en las Mimbres Mountains [Sierra County, New Mexico], pero que una vez dejado atrás esas montañas, no vieron a ninguno.
Finalmente, el 5 de octubre, Elías González cruzó la actual línea fronteriza con Sonora, encontrando la caravana de suministros del capitán Moreno cerca de las montañas Caguillona, un grupo de pequeñas colinas con buena agua a unos 24 km al norte de Fronteras [Sonora]. Más de la mitad de los 80 hombres de Moreno estaban enfermos, por lo que al día siguiente envió una escolta para llevar a 52 hombres a Bacoachi, partiendo con el resto de nuevo hacia las Chiricahua Mountains. A pesar de tantos inconvenientes no quería regresar con las manos vacías.
El 7 de octubre, un grupo de exploración capturó a un guerrero chokonen cerca de San Bernardino, quien reveló que todas las bandas chiricahuas, excepto el grupo de chokonen de Trigueño, se habían ido a la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Gran County, New Mexico] a causa de una epidemia. Elías González se dirigió allí con casi 400 hombres, marchando hacia el suroeste de New Mexico y al norte a través del Animas Valley.
El 8 de octubre, encontraron a dos mexicanos que habían escapado de los campamentos apaches en la Sierra de los Burros. Uno de ellos se llamaba Ramón Aguirre, habiendo sido capturado por la banda de Tapilá el anterior agosto en Berrendos [?]. El 12 de octubre, el destacamento de Elías González alcanzó las estribaciones de la Sierra de los Burros sin ser detectados por los apaches
Acampados en las cercanías había apaches de tres de las cuatro bandas chiricahuas [los bedonkohes estaban en la Sierra Mogollón]. Una partida de guerra de unos 150 guerreros había salido para Janos, mientras que los que estaban allí, incluido Mangas Coloradas, estaban más preocupados por un grupo de 100 estadounidenses mandados por John Coffee “Jack” Hays, recientemente nombrado subagente [el 11 de abril de 1849] para los apaches del río Gila, quien estaba intentando establecer contacto con los chiricahuas. En El Paso, Hays contrató a “Apache Jack” Gordon para que le llevara al territorio de Mangas Coloradas y concertara una entrevista con los líderes chiricahuas. Al principio, Hays dudaba de “Apache Jack” hasta que conoció en Doña Ana al capitán Enoch Steen, quien, herido por Gordon unos meses antes, dijo a Hays que “Apache Jack” Gordon “robaba, mentía y mataba, pero era leal” una vez que daba su palabra. Esto tranquilizó a Hays, el cual se dirigió hacia Santa Rita del Cobre, donde esperaba encontrarse con los chiricahuas. Tuvieron éxito porque, según el pionero Robert A. Eccleston, llegó un mensaje diciendo que los estadounidenses “no serían molestados”. Las perspectivas para una reunión parecían prometedoras. Puede que fuera Mangas Coloradas quien envió el mensaje, ya que se encontraba en las cercanías y solía estar dispuesto a conversar con funcionarios estadounidenses. En cualquier caso, justo cuando los apaches contemplaban el tener una reunión con Hays, Elías González los atacó por la retaguardia y frustró cualquier intento de reunión con los estadounidenses.
En la mañana del 13 de octubre, unos exploradores mexicanos descubrieron a dos apaches en las estribaciones de la Sierra de los Burros. Elías González envió al capitán Terán y Tato con su caballería, quienes los siguieron hacia el oculto campamento chokonen. Los mexicanos los sorprendieron, matando a tres guerreros [uno de ellos el nednai El Cochi] y a un muchacho; y capturaron a cuatro de ambos sexos, uno de ellos Yrinco [hermano de Manuel o Manuelito], quien escapó durante la noche. Los mexicanos se llevaron 89 caballos y mulas, y diferentes armas. Las bajas mexicanas fueron dos muertos y un herido. Negrito, había guiado a los mexicanos, quienes le dieron la cabellera de El Cochi para que la presentara ante los funcionarios de Janos y cobrara la recompensa.
Debido al excelente rendimiento del nednai Negrito, no se le tuvo bajo vigilancia como a los demás. A pesar de ser un prisionero, Negrito hizo de guía en varias operaciones militares mexicanas. Lo había hecho tan bien que los mexicanos le dieron un traje de tela de alta calidad. Un día pidió permiso para casarse con una mujer cautiva en Janos, a lo que las autoridades mexicanas accedieron, pero durante las negociaciones, la mujer escapó. El comandante de Janos envió un pelotón tras ella, sin éxito. Tanto él como Ratón trabajaron como exploradores.
Nada más acabar el enfrentamiento, Elías González envió de nuevo a Terán y Tato con 14 hombres a caballo y 140 a pie a buscar otras rancherías. Los prisioneros apaches dijeron que la mayoría de los guerreros habían ido a incursionar por los alrededores de Janos. Después de explorar completamente la Sierra de los Burros, Elías González dedujo al ver las desiertas rancherías que unas 300 familias se habían ido hacia el río Gila.
Dos días más tarde, los mexicanos lucharon con Mangas Coloradas y sus guerreros. En un enfrentamiento a caballo, participando dos cañones de montaña, los mexicanos mataron a siete apaches más, poniendo en fuga a los demás. También liberaron a cuatro cautivos mexicanos, dos niños y dos niñas.
“Apache Jack” Gordon estaba con los apaches intentando que parlamentaran con Hays, participando en el enfrentamiento contra los mexicanos. Esa misma noche fue a donde Hays, diciéndole que “ya no había ninguna esperanza de lograr que los apaches entraran a hablar. Habían sido derrotados contundentemente, estaban de mal humor y no tenían ningún deseo de negociar la paz ni con los mexicanos ni con los estadounidenses”. De hecho, es posible que incluso culparan a los estadounidenses del ataque, ya que se dirigían a su encuentro cuando los mexicanos los sorprendieron. Según Gordon, los apaches se habían marchado a “sus bastiones orientales”, es decir, a las montañas de río Gila o a las Mogollon Mountains [Grant & Catron Counties, New Mexico].
Después del enfrentamiento, los destacamentos de Elías González y de Hays se encontraron cerca de Santa Lucía. Además de los prisioneros, los mexicanos llevaban algunas cabelleras y varias orejas que habían cortado a los cuerpos de los apaches muertos. Elías González indicó a Hays una ruta hacia el oeste a través de Puerto del Dado [Apache Pass] que sería más directa que la ruta de Cooke hacia México.Dejando a dos hombres atrás para ayudar a guiar a los estadounidenses, se dirigió hacia Janos con la esperanza de encontrarse con el grupo de guerreros chiricahuas que había ido allí a incursionar, pero cuando llegó, ya se habían ido, por lo que decidió volver a Sonora. Su gran ofensiva no fue un éxito rotundo: sus tropas habían matado a 11 guerreros, tomado cinco prisioneros y liberado a algunos cautivos mexicanos, a costa de cinco soldados muertos y cinco heridos. No fue un golpe decisivo; sin embargo, obligó a los chiricahuas a considerar a Sonora como un enemigo a temer. Aunque los apaches no lo sabían, este fue el primer paso de Elías González para recuperar el control de la frontera norte de Sonora.
Hays escribiría el 3 de enero de 1850, una carta de renuncia al Secretario del Interior, cuando llegó a California: “… Intenté entrevistar a la gente deMangas [Coloradas], pero fracasé en todos mis intentos.Eran tímidos y hostiles, con sentimientos resentidos hacia los blancos a raíz de un ataque reciente perpetrado por algunos estadounidenses empleados por el gobernador de Chihuahua expresamente para combatir a los indios… Me adentré en el territorio de los apaches del Gila y busqué por todos los medios entablar relaciones amistosas con ellos, sin éxito. En un momento, unos pocos se prepararon para venir a nuestro campamento, e incluso se habían reunido a unos 4 km de nosotros, pero desgraciadamente fueron dispersados por una fuerza mexicana de 400 hombres, el día antes que nos iban a visitar… Consideré una insensatez intentar obtener algún beneficio de estos indios… Necesitan un castigo severo antes de que comprendan la importancia de actuar de buena fe con los blancos. Si yo permanecía mucho tiempo en su territorio, ponía en peligro mi vida y en consecuencia me vi obligado a abandonar, como algo imposible, el compromiso de tratar o mediar con estos peligrosos y obstinados indios. De todo lo que yo he visto y conocido de los apaches, ellos son traicioneros, belicosos y crueles, y necesitan castigos severos antes de que puedan conocer la norma de cumplir la buena fe con los blancos. Algunos de mis propios compañeros fueron muertos por ellos al mismo tiempo que indicaban su intención de tratar con nosotros. Es extremadamente peligroso para cualquiera, si no es en grandes grupos, intentar pasar a través de su territorio…”.
El informe de Hays coincide con la historia oral de los descendientes de Loco [Moses y Raymond Loco], quienes hablaron de un intento de acuerdo interrumpido por una fuerza mexicana de 400 hombres. Coincide salvo que situaron el hecho en Cañada Alamosa y 20 años más tarde. Es difícil que un grupo tan grande de mexicanos hubiese llegado a Cañada Alamosa, al noroeste de Fort Craig [Socorro County, New Mexico] sin ser detectados por tropas estadounidenses. Sin embargo, la historia oral de los familiares de Loco sugiere que este tuvo conocimiento del hecho, y si es así, probablemente Victorio no estaría muy lejos, dada la conexión entre ambos.
Mientras tanto, el 11 de octubre, un gran grupo de guerreros, que los mexicanos contabilizaron en 115 apaches, habían asaltado Janos. Eran las 07:00 de una mañana con niebla baja. A medida que la niebla se disipó, los soldados vieron a varios grupos de guerreros persiguiendo los caballos de la guarnición. Un apache agitó una bandera blanca y gritó que querían parlamentar en nombre de varios jefes, los nednais Arvizu, Coleto Amarillo y Láceris; el chihenne Itán; los chokonen Yrigollen, Manuel [Manuelito] y Posito. El teniente Padilla, comandante de Janos, indicó que comparecieran en la plaza del pueblo donde podrían discutir mejor. Solo Manuel y Arvizu [que se crio en Janos en la década de 1820 y regresó como jefe para quedarse allí desde finales de 1842 hasta enero de 1844] apareció con unos pocos guerreros. El grupo se negó, sin embargo, a entrar en el patio de la fortaleza y se quedó fuera de la pared norte. Arvizu, cuya hermana Gertrudis estaba entre los prisioneros, hizo de portavoz. Pidió al comandante que devolviera los prisioneros capturados dos semanas antes y que seguían detenidos en el presidio [el grupo de Soquilla], así como los cinco, detenidos en Corralitos por Zuloaga. Padilla le informó en términos inequívocos que, en primer lugar, tendrían que devolver todo el botín capturado, los caballos del presidio y otros animales.
Padilla se dio cuenta de que algunos guerreros querían llevarse a los prisioneros por la fuerza, pero estaba convencido de que la mayoría de los apaches querían la paz. En ese instante vieron a un grupo de 27 estadounidenses, franceses y alemanes que venía por el camino que llevaba a la localidad. Se dirigían a California y habían estado en Santa Rita del Cobre varias semanas antes, hasta que los guerreros de Mangas Coloradas los echaron de allí.
A menos de 500 metros del presidio, los guerreros inmediatamente les rodearon, aparentando ser amistosos, cuando repentinamente les capturaron, llevándolos a las colinas. Les despojaron de todo, les quitaron sus caballos y sus equipajes. Al final del día, Arvizu volvió a Janos, ofreciendo a Padilla cambiar a los estadounidenses por los apaches cautivos. Desgraciadamente, mientras Arvizu estaba en Janos, los chiricahuas recibieron la noticia de la campaña de Elías González en la Sierra de los Burros. Empezó una discusión entre ellos, aconsejando Coleto Amarillo no matar a los estadounidenses. Gracias a ello y a la obscuridad de la noche, la mayoría de ellos, desnudos y magullados, escaparon a Janos. Pero los chokonen, cuyo campamento había sido atacado por Elías González, querían venganza. Siete hombres [tres estadounidenses, dos alemanes, un francés, y un mexicano de Corralitos] no tuvieron tanta suerte, siendo encontrados al día siguiente, muertos por lanzas [un informe de lo ocurrido incluía la versión de un superviviente, llamado Thompson].
Estas muertes crearon un revuelo en Janos. Zuloaga envió refuerzos desde Casas Grandes y Corralitos, y un cazador de cabelleras estadounidense, John Joel Glanton, con contrato del gobierno de Chihuahua para cazar apaches que estaba cerca de El Paso del Norte [hoy Ciudad Juárez, Chihuahua], llegó al lugar con la esperanza de ganar dinero rápidamente exterminando apaches. Incluso el teniente Padilla, que normalmente prefería mantener relaciones pacíficas con los chiricahuas, unió sus fuerzas con Glanton para realizar algunas exploraciones. El 28 de octubre realizaron una campaña de dos semanas en las Chiricahua Mountains [Cochise County, Arizona] pero no encontraron apaches, regresando a Janos el 12 de noviembre. Glanton luego llevó a sus hombres a explorar las Lagunas de Guzmán y de Santa María [municipio de Ascensión, Chihuahua] y no se supo más de él en el distrito de Janos.
Los chiricahuas abandonaron todo su botín, dirigiéndose a toda velocidad hacia sus campamentos en New Mexico para saber qué había pasado con sus familiares. Todas las bandas chiricahuas se habían ido al territorio que iba desde norte del río Gila a la Sierra Mogollón, y al este hacia Santa Rita del Cobre).
* El 24 de octubre de 1849, la banda de Lobo Blanco, jefe apache jicarilla, ataca una caravana de carros del
comerciante James M. White en el Camino de Santa Fe, cerca de Point of Rocks ([Colfax County, New Mexico]. Los hermanos James y Charles White, de Missouri, buscaron fortuna en New Mexico, llegando a Santa Fe en julio de 1848, donde abrieron un negocio mercantil. Después de un exitoso verano, Charles se dirigió al sur para explorar otras perspectivas comerciales entre Santa Fe y Chihuahua [México]. Mientras tanto, James regresó a Missouri a depositar su dinero.
En febrero de 1849, Charles White, junto con Francois Aubry, un comerciante franco-canadiense y explorador del suroeste de Estados Unidos, viajó a Chihuahua, a través de El Paso [El Paso County, Texas]. En algún momento, Aubry y Charles White establecieron un nuevo negocio en El Paso. Después de vender sus productos al por mayor, Aubry regresó a Missouri, el 23 de agosto. En el camino, su caravana fue atacada tanto por apaches jicarillas como por pawnees, pero no sufrieron pérdidas, y Aubry inmediatamente compró bienes para el viaje de regreso a Santa Fe. Allí, James White también estaba haciendo planes para regresar a Santa Fe, esta vez con su esposa Ann Dunn y su pequeña hija Virginia, para hacer de Santa Fe su nuevo hogar.
Durante el verano de 1849, el Camino de Santa Fe había sido complicado para varias caravanas de carros, siendo algunas de ellas atacadas, perdiéndose bastantes mercancías. Esa situación hizo que el 15 de agosto, el agente indio de Santa Fe, James Calhoun, solicitara más tropas, señalando que “los indios, en general, están de mal humor, la cantidad de tropas no son suficientes para mantener la situación controlada”.
Aunque conscientes del peligro, Francois Aubry, que estaba al frente de la caravana, y James White, estaban decididos a hacer el viaje. La caravana de Aubry incluía 10 vagones propiedad de Ceran St. Vrain y 13 vagones propiedad de James White. Con James White iba su esposa, Ann, su hija Virginia de 10 años, un empleado mulato llamado Ben Bushman, y una niñera de color de la pequeña Virginia. La caravana partió de Westport [Jackson County, Missouri], el 15 de septiembre.
En algún punto del camino, Aubry decidió enviar a su maestro de carros, William Calloway, a Santa Fe, en busca de mulas frescas. James White tomó la decisión de ir con él para llevar a su familia más rápido a Santa Fe. Aubry se opuso, pero White estaba decidido. Subió a su esposa, a su hija, a Bushman y a la niñera en dos carros. Iban acompañados por un viajero alemán llamado Lawberger y dos de los empleados mexicanos de Aubry.
Cuando iban por el Camino de Santa Fe, se detuvieron a unos kilómetros al este de Point of Rocks. Allí,
el 24 de octubre, fueron abordados por una banda de apaches jicarillas y utes que pedían algunos obsequios. Rechazando su petición, les dijeron que se fueran. Volvieron varias veces y otras tantas les dijeron que no volvieran. Los guerreros atacaron los carros, matando a todos los hombres, salvándose solo Ann White, su hija y su sirvienta, a quienes se llevaron cautivas.
Poco después llegó un grupo de cazadores de búfalos, siendo también atacados por los jicarillas. Huyeron dejando atrás a dos miembros caídos. Sin embargo, uno de ellos no estaba muerto. Era el joven hijo de un cazador de búfalos que se había hecho el muerto para intentar salvarse. Consiguió llegar a Point of Rocks, donde contó la historia.
Cuando el agente indio James Calhoun tuvo noticia del ataque el 29 de octubre, contrató a un comerciante indio llamado Encarnación García, dándole 1.000 $ para que intentase negociar el rescate de las cautivas. Aubry llegó a Santa Fe al día siguiente y ofreció otros 1.000 $ para su liberación, contratando además a varios indios Pueblo y a unos amigos de New Mexico para intentar el rescate de las cautivas.
Cuando la noticia llegó a Taos [Taos County, New Mexico], el capitán William Grier salió con 42 hombres de su compañía del 1º de Dragones, junto con 40 voluntarios de New Mexico al mando del capitán José Valdez. A ellos se unieron los expertos guías Antoine Leroux, Robert Fisher, Dick Wootton, Jesús Silva y Tom Tobin. La tercera noche llegaron a Rayado [Colfax County, New Mexico], donde se les unió Kit Carson, dirigiéndose al lugar del ataque cerca de Point of Rocks, llegando el 9 de noviembre, más de dos semanas después del ataque. Allí encontraron algunos vestidos de Ann White en un campamento abandonado, animándoles a seguir la persecución.
Siguieron el rastro durante unos 320 km, descubriendo el campamento jicarilla en el río Canadian, cerca de la actual Tucumcari [Quay County, New Mexico]. En la madrugada del 17 de noviembre, Carson dijo a Grier que tenían que atacar de inmediato, pero uno de los guías convenció al capitán para que parlamentase con el fin de conseguir la liberación de las cautivas. En ese momento de indecisión, los jicarillas huyeron, dejando siete muertos atrás. Según Carson, Ann White se dio cuenta de la presencia de los soldados e intentó escapar, pero solo recorrió unos 180 metros cuando una flecha le atravesó el corazón. Carson encontró su cuerpo, aún caliente, a poca distancia.
Kit Carson diría más tarde en su autobiografía: “Los seguimos durante 10 o 12 días por el rastro más difícil que yo haya seguido nunca…
Finalmente, vimos el campamento indio. Yo estaba en la vanguardia, dirigiéndome a su campamento, diciendo a los hombres que me siguieran. El oficial al mando [Grier] ordenó parar, por lo que nadie me siguió. Me informaron que Leroux, el guía principal, dijo al oficial al mando, que se detuviera, que los indios querían parlamentar. Los jicarillas empezaron a reunir sus cosas para huir, disparando un tiro que alcanzó al capitán Grier, sin causarle heridas graves. El capitán ordenó cargar, pero el retraso permitió que todos, menos uno, consiguieran escapar. Cuando íbamos unos 180 metros persiguiendo a los jicarillas, encontramos el cuerpo de la Sra. White, aún caliente, no habiendo pasado más de cinco minutos de su muerte. Tenía una flecha en el corazón… Estoy seguro de que si hubiésemos cargado inmediatamente al llegar, ella habría sido salvada… Sin embargo, el trato que recibió… fue tan brutal y horrible que no podría haber sobrevivido mucho tiempo.
Encontramos un libro en el campamento, el primero de esa clase que yo haya visto nunca, en el que yo era representado como un gran héroe, matando a los indios por cientos. A menudo he pensado que la Sra. White lo debió haber leído y, sabiendo que vivía cerca, debió haber rezado para que yo apareciese para que ella pudiera ser salvada. Vine, pero me faltó poder persuadir a los que mandaban sobre mí para que siguieran mi plan para rescatarla”.
El libro era probablemente “Kit Carson: Prince of the Gold Hunters”, de Charles Averill, publicado a principios de ese año, siendo la primera de muchas novelas dedicadas a exagerar las heroicidades de Carson. Disgustado, Carson instó a sus compañeros a arrojar el libro al fuego, sobre la tumba de Ann White. El fracaso de su viaje para salvar a Ann White lo perseguiría el resto de su vida.
Grier acampó esa noche en el abandonado campamento. Al anochecer algunos soldados oyeron un ruido que venía de los sauces de los alrededores. Cogieron las armas yendo a investigar, encontrando a un bebé jicarilla abandonado, atado a su cuna. Fue el Dr. James A. Bennett quien encontró al niño, registrando el siguiente acontecimiento en sus memorias: “Un viejo soldado se acercó y, bruscamente, dijo: ‘Déjame ver a ese mocoso’. Se lo entregué, cogió una pesada piedra, la ató a la madera de la cuna, y la echó al agua con el bebé dentro, y en un momento no quedó rastro de él. El único comentario del soldado fue: ‘Ahora eres su pequeño compañero, pero harás grandes despedidas a los indios. Ojalá hubiera más para hacer lo mismo”.
Grier persiguió a los jicarillas durante varios kilómetros, matando a un guerrero, apoderándose de varios
caballos y capturando todo su equipamiento. No encontraron a la hija, Virginia White, ni a su niñera. El destacamento llegó a Taos el 29 de noviembre. Poco después, William Bransford, un comerciante de Mora [Mora County, New Mexico], ofreció dos caballos y la mitad de las mercancías de su tienda a quien trajese a la niña, pero muchos hombres que comerciaban con los indios declararon [incluidos algunos indios] que ella estaba muerta.
En febrero de 1850, el Congreso estadounidense autorizó al agente indio James Calhoun a pagar 1.500 $ a quien recuperase a Virginia White. Luego, Calhoun envió a Auguste Lacome, un destacado explorador, comerciante y montañero, y al también comerciante, Encarnación García, para localizarla. Lacome se reunió con varios utes, aliados de los apaches jicarillas, quienes confirmaron que habían matado a la niña poco después del ataque al campamento, arrojando su cuerpo a un río. La niñera murió poco tiempo después, al no poder seguir el ritmo de la banda).
* El 17 de diciembre de 1849, un grupo de apaches mescaleros, apaches lipanes y comanches (el informe no explica si estaban juntos [algo muy difícil] o por separado) estaban reunidos en un paraje llamado el Aguaje de La Rosita (Coahuila) listos para atacar Melchor Múzquiz. (El ataque estaba planeado para la víspera de Navidad cuando prácticamente todo el mundo estaría en la iglesia. Pero un cautivo llamado Marín Ortiz, que se había escapado de los apaches, avisó al coronel Francisco Castañeda, dando así tiempo suficiente para preparar la defensa de la villa. Alsate se encontraba entre los mescaleros durante la batalla y el coronel Castañeda lo describió como “un joven alto, delgado, musculoso, con la nariz ligeramente aguileña y ojos de águila”).
* El 25 de diciembre de 1849, los apaches mescaleros matan al comerciante David Kilburn Torrey y a todos sus compañeros, excepto a uno, en un campamento comercial cerca del Presidio del Norte ([Ojinaga, Chihuahua]. Torrey llegó a comerciar con unos 700 u 800 mescaleros, pero estos se volvieron en contra cuando llegó al campamento la noticia de que algunos mescaleros habían muerto en un enfrentamiento con unos estadounidenses que viajaban a California).
* El 27 de diciembre de 1849, una banda chihenne dirigida por Josecito captura en Doña Ana
(Doña Ana County, New Mexico) a dos muchachos, Teófilo y Mateo Jaramillo, cuando venían de Santa Rita del Cobre ([Santa Rita, Grant County, New Mexico]. Los Jaramillo pertenecían a una de las familias más antiguas de Doña Ana, habiendo venido de España para establecerse en el sur de New Mexico. Gracias al testimonio de los dos muchachos, conocemos lo que ocurrió en el campamento chihenne, situado cerca de Santa Rita. En enero de 1850, decidieron enviar a Itán [chihenne] a entablar negociaciones con los estadounidenses. El grupo de Itán salió de Santa Rita para Doña Ana, donde esperaban llegar a algún acuerdo con el capitán Enoch Steen. Camino del Río Grande, se encontraron con algunos estadounidenses [quizás eran civiles, ya que no hay ningún informe oficial de ningún enfrentamiento con soldados]. En cualquier caso, el grupo de Itán tuvo varios muertos y heridos, según contaron los dos muchachos. Itán volvió a su ranchería preparando la venganza, honor que recayó en Miguel Narbona.
A primeras horas de la mañana del 2 de febrero, Miguel Narbona, al frente de una partida de guerra de 56 guerreros, atacó Doña Ana, matando a un hombre, hiriendo a otros tres, y llevándose todos los caballos del lugar. La audacia de los apaches sorprendió a los estadounidenses, viendo cómo se los llevaban de los corrales. El capitán Enoch Steen rápidamente formó un destacamento, cruzando la Jornada del Muerto, mientras el subteniente Lawrence W. O’Bannon, al mando de 25 hombres, se dirigió al noroeste para interceptar a los apaches antes de que alcanzasen las Mimbres Mountains [Sierra County, New Mexico]. Al norte de San Diego Crossing [el mayor vado del Río Grande, Doña Ana County, New Mexico], O’Bannon alcanzó a los apaches, hiriendo, al menos, a tres de ellos, y posiblemente a más, ya que los Jaramillo oyeron que habían sufrido fuertes pérdidas, resultando herido un soldado.
Mientras, Steen se topó con un grupo de 30 o 40 guerreros a caballo, maldiciendo a los soldados en “un mal español”. A pesar de que el destacamento de Steen había quedado reducido a siete hombres [muchas de sus monturas habían perecido], siendo muy pocos para representar una amenaza real para los apaches; estos, respetando la potencia de fuego de los soldados, cabalgaron lejos para evitar un incierto resultado. Tras el enfrentamiento, Steen sugirió a sus superiores que consideraran establecer un depósito en el centro del territorio chihenne, en Santa Rita del Cobre. Además, planeaba realizar una exploración en el territorio de Mangas Coloradas, expresando su “ferviente deseo de castigar a los apaches”. A mediados de marzo, el mando de Steen pasó trece días examinando la zona alrededor de Santa Rita del Cobre. La mayoría de los chiricahuas, incluido Mangas Coloradas, ya se habían marchado a México, por lo que Steen solo vio a unos pocos apaches, quienes se mostraron demasiado recelosos como para acercarse, a pesar de que los estadounidenses exhibían banderas blancas. Durante su largo reconocimiento, Steen se convenció de que Santa Rita del Cobre sería un lugar ideal para un puesto militar. Su razonamiento era convincente: “Se trata del centro de la nación india [chihenne]; hay viviendas suficientes para al menos tres compañías que pueden ser completamente reparadas en menos de un mes a un costo muy bajo; la madera para la construcción y otros fines es abundante y fácil de conseguir. El agua y los pastos son buenos, si no mejores, que en cualquier otra parte de New Mexico que haya visto”. Además, añadió dos argumentos convincentes que sabía que llamarían la atención de sus superiores: creía que trasladar la guarnición de Doña Ana a Santa Rita del Cobre convencería a los apaches de hacer las paces; y ahorraría al gobierno 15.000 $ anuales.
Los enfrentamientos con los estadounidenses dejaron en los apaches respeto y temor por los nuevos oponentes. A finales de 1849, los chiricahuas no sabían a qué atenerse. Desconfiaban de los estadounidenses, que parecían estar divididos en tres grupos: los emigrantes que se dirigían a California, quienes solo sentían desprecio por los nativos; los mineros y buscadores de oro, que deseaban explotar los recursos minerales del territorio, tolerando a los apaches siempre y cuando no fueran un problema;y, finalmente, el ejército estadounidense, que hasta entonces no había tenido influencia en su vida, pero que ahora empezaba a hacerse notar en todo el territorio y no para bien, según los intereses de los apaches.
A finales de 1849, soldados estadounidenses detuvieron a 15 apaches ebrios, incluidos dos jefes, en Lemitar [a 9’5 km al norte de Socorro, Socorro County, New Mexico], llevándolos a Socorro, donde los mantuvieron confinados. Pronto escaparon, pero este incidente hizo pensar a los chirichahuas que el ejército estadounidense era igual que los mexicanos a quienes odiaban.
Comerciantes mexicanos agravaban las preocupaciones de los apaches al difundir rumores de que los estadounidenses tenían la intención de matarlos a todos. Cuando el grupo del chokonen Miguel Narbona llegó, con varias bajas, a sus rancherías, muchos chiricahuas decidieron irse a Sonora y unirse a los bedonkohes y chokonen, que habían abierto negociaciones con su enemigo de siempre, Elías González. Los seguidores de Mangas Coloradas tenían pocas ganas de permanecer en New Mexico, por lo que el líder bedonkohe-chihenne partió, a primeros de marzo de 1850, hacia el nordeste de Sonora y Sureste de Arizona).
Estos encuentros hostiles con los estadounidenses en la segunda mitad de 1849 y los primeros meses de 1850 hicieron que los seguidores de Mangas Coloradas no quisieran quedarse en New Mexico. Cuando el grupo de guerra de Miguel Narbona regresó con bajas, la mayoría de los chiricahuas decidieron partir inmediatamente hacia Sonora y unirse a los chokonen y bedonkohes, quienes ya habían iniciado negociaciones con Elías González. Con la primavera acercándose y la cosecha de mescal próxima, a principios de marzo de 1850, Mangas Coloradas también abandonó su territorio cerca de Santa Lucía y condujo a su gente a las montañas del nordeste de Sonora y el sudeste de Arizona. Una vez en Sonora, la facción guerrera [los bedonkohes, algunos chokonen y los chihennes de Mangas Coloradas] reanudaría las incursiones. Desde mayo de 1850 hasta enero de 1851, Mangas Coloradas lideraría tres partidas de guerra, cada una compuesta por entre 200 y 300 guerreros, atacando impunemente los asentamientos de Sonora. En parte, buscaba vengar la campaña de Elías González en su territorio durante el otoño de 1849. Sin embargo, también tenía otro motivo. Para disgusto suyo, poco después de abandonar New Mexico, Teboca apareció en Santa Cruz y solicitó la paz. Los chokonen se encontraban en Bacoachi [Sonora], conversando con el propio Elías González. Mangas Coloradas, Miguel Narbona y Cochise no iban a permitir que Elías González creyera que su campaña del otoño anterior los había obligado a ir a suplicar la paz. Además, se trataba del mismo líder sonorense que había defendido políticas extremistas durante casi dos décadas; el hombre cuyas fuerzas habían masacrado a un centenar de chiricahuas en Janos y Corralitos en agosto de 1844. Por lo tanto, cuando Mangas Coloradas llegó a Sonora, su gente comenzó a realizar incursiones, lo que interrumpió las frágiles negociaciones entre los moderados chokonen y Elías González).
1850
* En 1850, James Silas Calhoun, Agente Indio en Santa Fe (Santa Fe County, New Mexico), informa del mercado de esclavos en poder de los nativos: “El valor de los cautivos depende de la edad, el sexo, la belleza y la utilidad. Las hembras de buen ver, ‘cuyo follaje aún no se agosta y amarillea’, se cotizan entre 50 y 150 $ cada una; los varones, en la medida en que sean útiles, la mitad de eso, nunca más”. (Calhoun conoció a muchos de estos esclavos y escribió sobre ellos: “Refugio Pícaros, de unos 12 años de edad, raptado de un rancho [rancho de Papascal] cerca de Santiago [Santiago Papasquiaro, Durango], hace dos años [1848] por comanches, que inmediatamente lo vendieron a los apaches mescaleros, y con ellos vivió y vagó […] hasta enero pasado [1850], cuando lo compró José Francisco Lucero, un mexicano radicado en El Moro [municipio de Ahumada, Chihuahua]”. Lucero lo compró en el Coro Carmel, a dos días de viaje al este del Río del Norte [Río Grande], por cuatro cuchillos, un taco de tabaco, dos fanegas de maíz y 5’48 metros de tela roja. Los padres de Refugio estaban muertos, pero tenía hermanos y hermanas.
“Teodoro Martel, de 10 o 12 años de edad, que estaba al servicio de José Alvarado, en Las Popes, cerca de Saltillo [Coahuila], fue capturado hace dos años por apaches y ha permanecido la mayor parte de su tiempo en el lado oeste del Río del Norte”. Powler Sandoval, residente en El Moro, compró a Teodoro en Agua Azul, cerca del Río Pecos, en febrero, por una yegua, un rifle, una camisa, un par de calzones, 30 cargas de pólvora, algunas balas, y una túnica de piel de bisonte. El muchacho fue reclamado por Diego Sandoval).
* En enero de 1850, el jefe político del Cantón de Bravos (Chihuahua) firma un tratado de paz con los jefes apaches mescaleros Pino, Marco Chato, Bigotes y Chico.
* A principios de 1850, los bedonkohes y tres de las cuatro bandas chokonen de Posito Moraga, Esquinaline e Yrigollen, negocian la paz con Sonora. (La participación de Yrigollen era relevante, ya que había sido un antiguo aliado de Mangas Coloradas durante la década de 1840. Quizás el motivo era que nueve miembros de su banda estaban cautivos en Sonora, y porque había liderado dos ataques contra Janos [Chihuahua] por lo que pensó que el teniente Padilla no le recibiría con los brazos abiertos.
Mientras, alrededor de la mitad de los nednais y muchos chihennes, se trasladaron al noroeste de Chihuahua desde el río Gila y la Sierra de los Burros [Burro Mountains, Grant County, New Mexico] esperando hacer un tratado de paz con Janos. Por lo tanto, en febrero, los únicos chiricahuas hostiles eran el grupo local de bedonkohes y chihennes de Mangas Coloradas en Santa Lucía [Santa Lucia Springs, después conocido como San Vicente de la Ciénega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]; y los chokonen de Miguel Narbona y Cochise, los cuales permanecieron al margen de las negociaciones de paz. Estos líderes se opusieron a establecer una tregua con Sonora y Chihuahua, aunque entendían el motivo por el cual, los otros chiricahuas entablaron conversaciones de paz, al tener familiares cautivos por los mexicanos).
* En 1850, una epidemia de viruela hace que la banda apache lipán del jefe Magoosh huya de la zona de San Antonio ([Bexar County, Texas]. Una parte va a México, estableciéndose cerca de Zaragoza [Coahuila]. Otra dirigida por Magoosh se refugia con los apaches mescaleros en New Mexico).
* El 7 de febrero de 1850, el congreso de Sonora promulga una ley, similar a la de Chihuahua, autorizando la organización de grupos formados por mexicanos y extranjeros con el fin de perseguir a los apaches. (La ley señalaba:
1. Se autoriza la organización de guerrillas de nacionales o extranjeros, en persecución de los apaches que invaden el estado.
2. Se concede a los jefes de guerrillas o “empresarios” un premio de 150 pesos por cada indio de armas muerto o prisionero y 100 por cada mujer prisionera. Los menores de 14 años se entregarían a los “empresarios” para que los educaran en los principios sociales.
3. Los dueños del ganado robado que se recuperara pagarán una cuota, según el animal en cuestión, a los represadores para poder recuperarlo.
4. Se establece un fondo “de guerra” para pagar las recompensas por indio muerto o prisionero.
5. Se creará una junta “de guerra”, formada por cuatro individuos de probidad, nombrados por el gobernador, quien será el jefe de ella, vigilará la recaudación y uso de los fondos, hará las calificaciones necesarias para obtener los premios y publicará en el periódico oficial los ingresos y egresos.
6. Esos premios también se harán extensivos a los destacamentos de Guardia Nacional enviados en persecución de los apaches, con la condición de deducir de sus premios lo que el gobierno del estado les hubiese suministrado para provisiones).
* En febrero de 1850, una banda apache ataca nuevamente Bacoachi (Sonora) llevándose
los caballos que tres soldados llevaban a abrevar; uno de ellos resulta muerto y otro es herido de gravedad. (El 7 de febrero de 1850, tres chokonen [dos hombres y una mujer] se acercaron a Bacoachi con una nota diciendo que querían hacer un tratado de paz. Representaban a varios líderes chokonen como Esquinaline, Posito Moraga, Tapilá, Trigueño, Yrigollen e Yrinco [Yrineo]; y el bedonkohe Teboca. Faltaba Miguel Narbona, quien junto a Cochise, estaba con Mangas Coloradas en New Mexico. El capitán Manuel Martínez [quien moriría el 21 de enero de 1851 en la batalla de Pozo Hediondo] dejó ir a la mujer, dándole 10 días para que los jefes se presentaran en Bacoachi, y retuvo a los dos hombres [Antonio y Néstor, este hermano de Demos, el jefe de guerra chokonen que tenía presa a su familia en Hermosillo [Sonora], no dejando nunca de intentar recuperarla. En febrero de 1850 adquirió, por trueque o incursión, al menos una mujer mexicana para tratar de canjearla por sus familiares.
Yrigollen, Tapilá, Posito Moraga y Trigueño habían establecido sus rancherías en Cuchuta y Turicachi, al sur de Fronteras [Sonora]. Los chokonen de Esquinaline, y los bedonkohes de Teboca estaban en las montañas Caguillona, al norte de Fronteras; y otros chiricahuas como Irinco estaban en Cerro Prieto y Los Alisos [municipio de Fronteras], en el nordeste de Sonora.
Además de Yrigollen, estaban Virján [aparentemente el Virján, que había vivido en Janos de 1816 a 1831, y brevemente en 1843]; Calderón [nednai, que no mucho antes había estado viviendo en Janos]; Escribá [o Esquiriba, nednai]; Irinco [Yrineo, chokonen]; Yaque [chokonen]; y Cavanillo, hijo del chokonen Esquinaline, y otros cuatro más que estaban dispuestos a firmar la paz en Bacoachi. Querían residir en sus antiguos asentamientos [los establecimientos españoles de paz] con la ayuda del gobierno para no tener que recurrir a las incursiones. El anciano jefe bedonkohe Teboca, por su parte, se dirigió al presidio de Santa Cruz [Cochise County, Arizona] con su propia petición de paz, que al final no dio frutos, dirigiéndose a Arizpe [Sonora].
Los chokonen Posito Moraga y Esquinaline fueron conocidos más en Sonora, mientras que el también chokonen Trigueño, ahora en Sonora, estuvo en paz en Janos en 1843 [tal vez era el apache que apareció allí en 1818 y 1819 con el jefe Jasquenelté]; Irineo era probablemente hermano de los jefes chokonen Manuel [Manuelito] y Torres.
El 27 de febrero, otro grupo de chokonen llegó a Bacoachi. Eran Chino [un hermano de Posito Moraga], que hablaba muy bien español; Demos [chokonen]; otros tres guerreros; y varias mujeres. Una de ellas entregó una carta desesperada de una cautiva llamada Armita Bolancio, rogándole a José María Elías González, comandante militar de Sonora, que aceptara el intercambio: “Por Dios, les pido que nos quiten las falsas esperanzas de una vez por todas… Quieren que Vd. traiga a los cautivos. Dicen que si no los trae no nos entregan. Por el Santísimo Sacramento, mande avisar si los traen o no, porque estamos pasando muchas penalidades y mucha hambre. No les vendan maíz ni licor ni nada de nada. Dígales que nos entreguen a Vd., y si nos devuelven entonces les venderá todo lo que quieran comprar. Dígales que si nos llevan a vender les dará lo que quieran a cambio de nosotros… Déjenos saber qué hacer. No se demore. Haga algo por nosotros. Acuérdese que somos cautivos”.
Los apaches tenían una carta de Posito Moraga en la que hablaba de cambiar sus cautivos por los que había capturado Terán y Tato un año antes. El capitán Martínez envió la oferta al comandante inspector de Sonora, Elías, y este al gobernador, José de Aguilar.
Elías salió de Arizpe para Bacoachi para realizar personalmente las gestiones. El 5 de marzo llegaron Posito Moraga y Demos, y al día siguiente se reunieron con Elías, y como muestra de buena voluntad, los chiricahuas entregaron a Armita Bolancio. Antes de partir, Posito Moraga dijo a Elías que quería la paz y que regresaría en cuatro días para continuar con las negociaciones. Demos se quedó, viendo a su hermano Néstor, esperando la llegada de Hermosillo de sus familiares. Pero la desconfianza flotaba en el ambiente, por lo que Posito Moraga no regresó temiendo una traición, recordando lo ocurrido en Galeana [la masacre de Kirker].
A su vez, el gobernador dijo a Elías que cuando los apaches entreguen a sus cautivos, daría la orden de liberar a la familia de Demos. Enojado por la actitud de Posito Moraga, Demos se ofreció a ir al campamento de dicho jefe y traer de vuelta a los cautivos. Con su hermano detenido en Bacoachi, y su esposa y suegra en Hermosillo, Demos partió hacia Cuchuta, 40 km al noreste de Bacoachi, prometiendo arreglar el asunto.
La madre de Demos intentó advertirle de su peligrosa misión, sin éxito: “Volveré con los cautivos”, juró. “Voy a cumplir mi palabra. Y si luego me cortan el cuello, estaré satisfecho porque soy un hombre, y no esclavo de nadie, y caminaré sin temor ante el peligro y no haré un espectáculo falso, aunque se derramen las lágrimas de mi madre”. José Yescas, el tambor de Fronteras, ahora destinado en Bacoachi, acompañó a Demos en su peligrosa misión, siendo testigo de una verdadera demostración de valentía.
Los chiricahuas eran reacios a devolver a los cautivos sin antes haber firmado un tratado o hasta que al menos hubieran visto a sus familiares que estaban en manos de los sonorenses. Demos sabía que si no iba con los cautivos, la negociación con Elías se acabaría. A la mañana siguiente, la insistencia de Demos dio sus frutos, permitiéndole llevarse a todos los cautivos, María Acuña, Anita Blanco, Exquisel Blanco, Fernando Blanco, Marcelina Villa y Juana Tacho. Demos tuvo que comprar a dos de ellos a sus captores, quienes, viendo su determinación, prefirieron venderlos antes que quedarse sin nada. Según Elías, “Demos no solo cumplió su palabra, sino que para triunfar tuvo que superar dificultades que lo elevan a los héroes del cielo”.
Elías dijo: “Llegó a la ranchería y avisó a los indios del objetivo de su misión. Se alarmaron y se opusieron abiertamente a su idea, diciendo que si no hubiera venido habrían tenido que devolver menos cautivos. Mostrando sus armas, Demos tomó una resolución, con toda la fortaleza de un hombre, que estaba obligado por esta firme decisión de cumplir su palabra aunque le costara la vida”.
Cuando iba a Bacoachi con los cautivos, dijo a José Yescas que se adelantara, montado en su mejor caballo. En una nota escrita por Anita Blanco, Demos notificaba a Elías que había hecho su parte y que esperaba que, por lo menos, liberaran a su hermano Néstor. La nota terminaba: “He cumplido mi palabra para que tú también cumplas la tuya”. Demos llegó con los cautivos a Bacoachi el 14 de marzo.
Los cautivos recién liberados dijeron a Elías González que había otras dos mujeres cautivas de la familia Blanco en el campamento de Yrigollen. Inmediatamente, Elías González envió a Demos para recuperar esas dos mujeres. Elías escribió: “Una vez más, Demos actuó con el sentido de la responsabilidad que caracteriza su carácter”.
El 19 de marzo, Demos regresó con la noticia de que Yrigollen y su banda venían a hablar de paz y traían a las dos cautivas. Yrigollen llegó al final del día, diciendo a Elías que su gente quería la paz, pero también “admitieron que primero tenían que vencer el miedo de que los sonorenses los acechasen para traicionarlos como sucedió en Galeana [Chihuahua], y como de hecho ha sucedido en otros lugares”. Yrigollen se refería la masacre de apaches perpetrada por James Kirker en julio de 1846. Elías dudaba, pero estaba animado por la posibilidad de alcanzar la paz. Expuso cinco condiciones y esperó que esa tregua proporcionase a Sonora un respiro ante las devastadoras incursiones apaches. Los principales puntos del tratado acordado con los jefes Yrigollen y Posito Moraga estipulaban que los apaches deberían vivir en las zonas designadas, hacer la guerra a los Western Apaches, y ayudar a los destacamentos mexicanos en su lucha contra los “hostiles”.
Elías González estaba contento. Yrigollen prometió tratar de convencer a los demás apaches para que vivieran en una población. Llevaría tiempo, por supuesto, pero los apaches debían aprender a confiar en los mexicanos. No debían ser engañados y atacados de nuevo como había ocurrido en Galeana [Chihuahua], refiriéndose aparentemente al acto de James Kirker. A pesar de que Elías se mostró escéptico sobre una paz duradera, incluso una tregua temporal, valdría la pena. A mediados de abril de 1850, gracias al acuerdo, los pueblos del noreste de Sonora, disfrutaron de un respiro de las hostilidades apaches durante unos dos meses. Aunque las partidas de guerra habían hecho algunas incursiones, estas fueron pequeñas, no rompiendo los mexicanos sus acuerdos con las diferentes rancherías. El principal problema, como en Chihuahua, fueron las raciones. Los apaches anunciaron que querían ayuda de los mexicanos, tal como lo había hecho el gobierno colonial en tiempos de los españoles. Elías dijo que entendía que los alimentos destinados a los apaches eran escasos, proponiendo que unas colonias agrícolas les dieran ayuda económica hasta que se valieran por sí mismos.
El 21 de marzo, Elías partió hacia Arizpe acompañado de Demos y los nueve cautivos, ya liberados. Informado de las acciones de Demos, el gobernador de Sonora ordenó el 23 de marzo al comandante de Hermosillo, Gabriel Ortiz, que liberara a Petra y a Dayundil [al menos una de ellas vivía en la casa de Hilaron Gabilondo, un importante ciudadano de Hermosillo]. El sargento Manuel del Río recibió la orden de llevar a las dos mujeres a Arizpe, donde Demos estaba esperándolas, y las pusiera en manos de Elías. El 31 de marzo se juntaron.
Cuando Elías llegó a Arizpe, llegó se encontró con la noticia de que el jefe bedonkohe Teboca había estado allí solicitando la paz. Esto le sorprendió, ya que anteriormente, Teboca había sido uno de los apaches más beligerantes. Dijo que volvería en 15 o 20 días para saber la respuesta, y que iría a avisar a Mangas Coloradas porque era “su general”.
Demos y Elías se separaron ese mismo día, escribiendo este último: “El guerrero chokonen partió para Bacoachi muy contento y agradecido”. Incluso creyó que Demos estaría en las próximas negociaciones. Pero Elías no había entendido del todo los motivos de la actuación de Demos, para quien el vínculo desarrollado entre ambos solo había sido un medio para obtener la liberación de su familia. Sus sentimientos hacia Sonora seguían siendo los mismos. Con el fracaso de las negociaciones, Demos volvió a actuar como un guerrero. A finales de ese año, soldados sonorenses lo reconocieron al frente de una partida de guerra que luchó contra soldados de Bavispe. Incluso luchó varias veces, en 1853 y 1854, contra José Terán y Tato, y contra Eusebio Samaniego, los soldados que habían capturado a su esposa. Demos siguió siendo un importante jefe de guerra chokonen hasta mediados de la década de 1850, cuando desapareció de la escena.
Por otra parte, el 1 de marzo, se informó de la desaparición del nednai Negrito, el apache cautivo que hacía de guía para los mexicanos. Estos pensaron que había huido de Corralitos [Nuevo Casas Grandes, Chihuahua] pero no fue así. Fue muerto por uno o dos hombres, al parecer soldados, la noche anterior después de un juego de apuestas entre los tres, arrojando su cuerpo al río Casas Grandes.
A principios de marzo, Mangas Coloradas, Miguel Narbona y Cochise dejaron New Mexico para
ir al sureste de Arizona y al noreste de Sonora. El 12 de marzo, Sonora promulgó una segunda ley que recompensaba la caza de apaches, similar a la ley de Chihuahua. Un informe mexicano decía que Teboca, Yrigollen y Posito Moraga estaban cansados de tanto enfrentamiento, buscando honestamente la paz; mientras Mangas Coloradas y Miguel Narbona, al frente de grupos de bedonkohes, chokonen y chihennes reanudaron, a finales de marzo, las incursiones por Sonora.
Los seguidores de Mangas Coloradas atacaron primero a lo largo del río Magdalena. El 1 de
abril, un gran grupo de guerreros a caballo, mató a un pastor a las afueras de San Ignacio [municipio de Magdalena, Sonora]. Poco después atacaron a varios viajeros cerca de San Ignacio, matando a dos mujeres, hiriendo a un hombre, y capturando a una niña de 10 años. De allí continuaron a Magdalena, donde mataron a varias personas más. Unos días después, admitieron ante un grupo de estadounidenses que pertenecían a la banda de Mangas Coloradas, aunque no estaba claro si él estaba realmente presente, ya que otro informe, aunque sin confirmar, le situaba por entonces cerca de Tucson [Pima County, Arizona] donde tendría una reunión con varios estadounidenses, incluyendo a John Glanton.
Alrededor de tres semanas más tarde, otra banda chiricahua, probablemente bedonkohes, asaltaron a un grupo de 11 mexicanos en El Tulito [municipio de Cumpas, Sonora], entre Banamichi y Cumpas. Con los primeros disparos, seis de los mexicanos escaparon, capturando los apaches a los otros cinco, desnudándolos. En vez de torturarlos hasta la muerte, como normalmente habrían hecho, los apaches conversaron con ellos. Les dijeron que eran bedonkohes y que no querían hacer la paz. Luego, inexplicablemente, les dejaron ir, aunque les robaron todas sus pertenencias. Quizás los bedonkohes dudaban si ir con los apaches que querían la paz, o quizás les perdonaron la vida por si entablaban futuras conversaciones con los mexicanos. Como Mangas Coloradas había explicado recientemente a un grupo de estadounidenses, “Si nosotros matamos a todos los mexicanos, ¿quién criará ganado y caballos para nosotros?”.
Por entonces, Elías González tenía muchas dudas sobre el frágil armisticio firmado con los chokonen Yrigollen y Posito Moraga. El 10 de abril, los chiricahuas entregaron a José María Mejías, un muchacho de 12 años, cuyo testimonio sugería que había sido cautivo de un grupo “hostil”, probablemente la banda del chokonen Miguel Narbona. Mejías dijo que los apaches habían puesto sus ojos en Bacoachi, con la esperanza de echar a sus habitantes como lo habían hecho con los de Fronteras y Tubac.Dijo también que el principal motivo de haber solicitado la tregua era para obtener suministros. Ahora necesitaban más maíz y que después de la tregua planeaban reanudar los asaltos. Mientras tanto, estaban “preparando” sus armas. Elías González, aunque dudaba sobre la duración de la tregua, no dio mucho crédito a las explicaciones del muchacho, ya que no conocía la lengua apache. Además, Bacoachi, era el lugar más protegido del estado, habiendo 135 soldados más una pieza de artillería. El 24 de abril, dijo al capitán Manuel Martínez: “no pierda la más mínima oportunidad de firmarlo” [un posible tratado de paz].
El 22 de abril de 1850, Elías González continúa las negociaciones de un tratado en Bacoachi con las facciones pacíficas de los apaches, siendo las raciones un elemento clave, mientras los chiricahuas hostiles continúan incursionando por Sonora.Las autoridades civiles y militares informaron de incursiones apaches en Bacoachi, Moctezuma y Granados. Teboca no había regresado como prometió, por lo que Elías González llegó a la conclusión de que Mangas Coloradas y Miguel Narbona habían venido a Sonora para boicotear los planes de paz de los chokonen Yrigollen y Posito Moraga. José Yescas, informador de confianza de Elías González, y a quien los chiricahuas respetaban, acababa de venir de las rancherías de Yrigollen y de Posito Moraga, a donde había ido para observar el comportamiento y las conversaciones de los apaches. Vio señales positivas de que los chokonen querían sinceramente la paz si Sonora les proporcionaba suministros para vivir en paz. Elías González llegó a la conclusión de que los autores de los recientes ataques habían sido cometidos por los Western Apaches [o coyoteros, como él les llamaba].
Elías González propuso a Yrigollen y a Posito Moraga un nuevo tratado con raciones para los
apaches como piedra angular del acuerdo. El 15 de abril, escribió al gobernador explicándole su plan: “En resumen, he tomado las medidas de precaución que son las únicas que puedo tomar en este momento, considerando no solo que la situación de las tropas no ha mejorado, sino también que temo que si continúa el retraso en su paga, como tantas veces le he informado, deserten. Eso podría llevar a la ruina total del estado. Me resulta muy vergonzoso decir esto, pero el deber y mi honor me obligan a repetírselo diariamente a su Excelencia para cumplir con mi responsabilidad.El propósito principal de esta nota era explicarle que desconfiaba de las primeras conversaciones de paz que mantuve con los jefes Posito Moraga e Yrigollen. Sabía que su objetivo era que se les proporcionaran raciones, como se hacía antes, para que pudieran vivir sin verse obligados a robar. Pero evité el tema porque, dado que el sistema de compañías de presidios se ha reorganizado en asentamientos militares, dudaba de si las normas y las instrucciones correspondientes para las guarniciones seguirían vigentes, y por lo tanto, dudaba de poder tomar esa decisión, y aún más dudaba de si habría recursos suficientes para llevarla a cabo, puesto que la asignación que se da a los asentamientos para alimentar a los indios no es suficiente, ni se paga. Pero teniendo en cuenta que sin esta medida es imposible alcanzar una paz duradera, puesto que los indios tampoco pueden subsistir solo con la caza y la recolección de mescal, que son los únicos recursos de los que disponen, y teniendo en cuenta que sin proporcionarles lo necesario para subsistir, no es posible obligarlos a vivir en lugares fijos. Mientras sean nómadas en el desierto, resulta muy difícil hacerles reconocer las ventajas de la vida social o lograr que les guste trabajar.En vista de que no se debe escatimar ningún esfuerzo ni gasto para construir un dique contra el torrente de sangre que nos ahoga en una ola de salvajes, y puesto que es absolutamente imposible establecer una ciudad o asentamiento para ellos, me tomo la libertad de solicitar a su Excelencia que interceda ante el gobierno supremo [Ciudad de México] para obtener: 1º, autorización para establecer, según las instrucciones que considere oportunas, uno o más asentamientos para aquellos indios apaches que deseen aceptar un tratado de paz en… tierras sin usar en la frontera. 2º, que se les proporcionen gratuitamente las herramientas e implementos necesarios para trabajar la tierra, y que se les otorguen todos los privilegios que las leyes establecen para los colonos. 3º, que hasta que cosechen sus primeros cultivos se les proporcione suficiente grano para su sustento, esto a expensas del Tesoro Nacional. 4º, en caso de que se apruebe este proyecto, el asentamiento o asentamientos que se establezcan estarán sujetos a las autoridades militares únicamente durante el tiempo necesario para su organización y consolidación. A mi parecer, esta será la única manera de lograr resultados humanitarios. Mientras tanto, y para no perder el escaso progreso alcanzado, daré instrucciones para que se ofrezca esto a los indios con el fin de ganarse su confianza, diciéndoles que a partir de la próxima cosecha se les proporcionarán raciones siempre que acepten la paz y se dediquen al trabajo”.
Elías González envió esta propuesta al comandante militar de Bacoachi, quien lo discutió con Yrigollen y Posito Moraga. El 23 de abril, Chino salió para Arizpe con una escolta para discutir los términos con el comandante militar de Sonora. Varios emisarios chiricahuas permanecieron en Bacoachi, incluyendo los chokonen Yrigollen, Yaque, Yrinco [Yrineo] y Cavanillo [un hijo de Esquinaline]. La presencia de estos tres últimos es interesante porque Yrinco era un hermano del chokonen Manuel o Manuelito, el mismo que un año antes había sugerido en Janos al capitán Padilla crear un complot para matar a Mangas Coloradas. Manuel había fallecido recientemente de congelación, pero hay dudas de si los seguidores de Mangas Coloradas, Miguel Narbona, o Cochise pudieron haberle matado cuando hubo rumores de la conversación que tuvo con Padilla con el plan de matar a Mangas Coloradas. Yaque era un empedernido incursor y en los últimos años un contemporáneo de Cochise. Y Esquinaline era un conocido aliado de Mangas Coloradas y Miguel Narbona.
Cuando Chino llegó a Arizpe comenzó a hablar con Elías González, quien aceptó dar raciones, a partir del 1 de julio, a los apaches que se asentasen en Bacoachi, Bavispe o Santa Cruz. Para ello, los apaches deberían colaborar en la lucha contra los “hostiles”. Para evitar malentendidos, Elías González ordenó al capitán Martínez, en Bacoachi, repetir estos términos a Lucía, Soledad, Carro [chokonen], y otros apaches que hablaban español; y a José Yescas, que iría a los campamentos apaches para informar a Elías González de cómo iban las cosas. Elías González advirtió al gobernador: “A pesar de lo que ya se ha informado, el resultado no se puede prever con total certeza, debido a la audacia, la traición y la falta de fiabilidad de los indios”.
Probablemente, Mangas Coloradas pensaba lo mismo sobre los sonorenses. El tratado nunca se materializó, posiblemente debido a las continuas incursiones de Mangas Coloradas, y porque las raciones no podían ser repartidas hasta el próximo 1 de julio.
El 30 de abril, poco después de que los apaches hubieran comenzado a aparecer en el este de
Sonora pidiendo la paz, Gertrudis, hermana del jefe nednai Arvizu, fue a Janos [Chihuahua] a negociar, representando a 10 jefes chihennes y nednais. Gertrudis había escapado a finales de enero, cuando estaba en poder de los mexicanos. Una de las razones que dio para su renovado interés por la paz fue que supieron que Zuloaga ya no era el jefe político de Corralitos [Nuevo Casas Grandes, Chihuahua], ahora lo era del cantón de Galeana [Chihuahua].
El gobernador de Chihuahua, Ángel Trías, argumentó que era más económico para el estado alimentarlos que incurrir en los gastos de costosas campañas que, con frecuencia, no lograban nada más que agotar a hombres y los caballos. Por lo tanto, el 11 de mayo de 1850, nombró comisionados de paz a Antonio Guaspe, capitán retirado, y al teniente coronel Alejo García Conde. Este último era hermano de Francisco García Conde, el exgobernador que había firmado la paz con los chiricahuas en 1842 y que recientemente había sido víctima de la epidemia de cólera de 1849, que se cobró la vida de más de 6.000 mexicanos. Partieron hacia la frontera norte dos días después. Mientras tanto, el capitán Padilla dijo a Gertrudis que regresara a los campamentos apaches y comunicara a los jefes que el gobierno de Chihuahua estaba interesado en un armisticio y enviaría una comisión de paz a Janos. Gertrudis informó que los líderes llegarían alrededor del 9 de mayo, pero por alguna razón no aparecieron hasta el 22 de mayo, cuando un contingente de unos 100 apaches, incluyendo siete jefes y unos 50 guerreros, llegó a Janos.
Los chiricahuas esperaron a Guaspe y a García Conde durante dos días. El 25 de mayo de 1850, los comisionados llegaron a Janos desde Corralitos, pero con una escolta de 50 soldados, lo que puso nerviosos a los apaches, muchos de los cuales estaban “con mal cuerpo” tras dos días de excesos con el alcohol. Sin duda, también recordaban el intento de Zuloaga de atraparlos en Janos el año anterior. Solo Arvizu se quedó. Al igual que el chokonen Demos, quería un tratado para conseguir la liberación de sus familiares. Su persistencia dio frutos, al igual que los esfuerzos de Antonio Guaspe y Alejo García Conde. Tras pasar una semana en Janos, este último escribió al gobernador Trias sobre la situación en la zona.García Conde creía que los apaches seguían desconfiando mucho de los mexicanos y habían solicitado la paz, “porque su mercado con New Mexico, que siempre había sido lucrativo, había sido clausurado por las autoridades estadounidenses”.Creía erróneamente que los estadounidenses habían “desarmado” a los chiricahuas. Recomendó al gobernador Trías que tomara la iniciativa y proporcionara raciones semanales a los apaches, señalando que el tratado de 1833 había fracasado porque el gobierno no las había proporcionado. En esto tenía razón, pero no comprendió que el principal motivo de los apaches era liberar a su gente cautiva. Trías, que despreciaba a los estadounidenses, aprovechó esta oportunidad para atraer a los chiricahuas a territorio mexicano. De inmediato accedió a proporcionar raciones a los apaches.
Alejo García Conde escribió a Trías informándole que el 30 de mayo habían llegado a Janos los jefes chihennes Ponce e Itán, y los nednais Láceris, Ortiz y Babosa, con varios guerreros y sus mujeres para discutir la paz. Láceris era el líder de los janeros nednais. Ortiz era un jefe poco conocido de los carrizaleños nednais. Babosa fue considerado por García Conde como el “más inteligente” porque estaba alfabetizado desde los tiempos del sistema de presidios, poseyendo un talento innato.
Durante las siguientes tres semanas, los dos comisionados se reunieron con los jefes, convenciéndolos gradualmente de que Chihuahua deseaba sinceramente la paz. En este periodo, ultimaron los detalles del tratado y se ganaron su confianza. Los esfuerzos de los comisionados de paz por ganarse la confianza de los apaches impresionaron al jefe político del Cantón de Galeana, Juan José Zozaya, quien conocía bien a los apaches. El 18 de junio, los comisionados distribuyeron raciones a los apaches, y el 24 de junio, firmaron un armisticio en Janos.
Seis jefes chiricahuas, los chihennes Ponce, Delgadito e Itán; y los nednais Coleto Amarillo, Láceris [Pláceres] y Arvizu acordaron firmar un tratado que constaba de nueve artículos, uno de los cuales designaba a Coleto Amarillo como “general”.
Los demás artículos eran típicos de acuerdos anteriores: los chiricahuas tenían que dejar de incursionar por Sonora y Chihuahua; devolver los caballos robados; establecerse en paz, instalándose cerca del presidio; ayudar a los mexicanos contra otros “hostiles”, marcar su ganado y cumplir con varios otros puntos relacionados con la administración de la paz. El otro asunto importante que preocupaba a los apaches era el intercambio de prisioneros. Los apaches habían devuelto a dos prisioneros, alegando que muchos de sus rehenes habían escapado recientemente a los asentamientos de New Mexico, en el Río Grande. Por supuesto, seguían manteniendo a la mayoría de sus cautivos, no insistiendo los funcionarios mexicanos en inspeccionar sus campamentos. A cambio, los comisionados liberaron a sus 22 cautivos chiricahuas. En cuanto a Mangas Coloradas, Alejo García Conde sospechó inicialmente que había boicoteado las deliberaciones por haber cometido recientemente saqueos en Sonora. Sin embargo, en una carta dirigida a Elías González, informó que Mangas Coloradas había autorizado al chokonen Aguirre a actuar como su delegado y que “aceptaría el resultado de las deliberaciones del consejo, al que pidió que justificara su ausencia, tanto por la distancia como para no interrumpir la siembra y otras labores agrícolas en las que se encontraba”. Se desconoce cuánto estaba sembrando Mangas Coloradas en ese momento. Aun así, era cierto que había regresado a New Mexico, a principios del verano de 1850. Durante la década de 1850, su pueblo cultivó algunas zonas, especialmente con ayuda estadounidense, por lo que era posible que hubiera sembrado maíz en Santa Lucía, como lo haría en años posteriores. Sin embargo, difícilmente esa fue la razón por la que no asistió a la conferencia. Probablemente, solo estaba manteniendo abiertas sus opciones en caso de que los estadounidenses actuaran militarmente contra su gente.
Antes, a mediados de mayo, Mangas Coloradas había organizado una incursión a lo largo del
río Yaqui. Estaba compuesta principalmente por bedonkohes y chokonen, con algunos chihennes del grupo de Mangas Coloradas, y quizás unos pocos Western Apaches. A finales de abril, en Arizona, cerca del río Gila, comerciantes estadounidenses se reunieron con apaches [probablemente White Mountains] quienes dijeron que iban al nordeste de Sonora, donde se reunieron con el grupo de Mangas Coloradas, dirigiéndose al sur, pasando por Bavispe hacia la Sierra Madre. Sobre el 10 de mayo, unos soldados vieron el rastro de un gran grupo de apaches dirigiéndose al sur, hecho corroborado por Yrigollen, quienes enviaron aviso al comandante de Bavispe de que Mangas Coloradas estaba por los alrededores.
Sus objetivos eran Soyopa, un pequeño poblado agrícola y minero situado en una colina baja en la orilla occidental del río Yaqui [a unos 145 km al sur de Moctezuma y a unos 48 km al suroeste de Sahuaripa]; y Onavas [a unos 48 km al sur de Soyopa]. Los apaches atacaron Onavas el 19 de mayo, matando a un gran número de personas. Después se dirigieron a Soyopa donde, el 23 de mayo, mataron a 16 personas, hirieron a otros seis, y capturaron a nueve. Esta incursión pudo haber sido la misma que Mangas Coloradas hizo cuando atacó a Jesús García [bisabuelo de Manuel Valenzuela] a pocos kilómetros de Tacupeto [a 48 km al este de Soyopa]. Según Valenzuela, García volvía a casa desde las minas de oro de California cuando un apache emboscado le hirió en la espada con una flecha. El apache, aproximándose, saltó de su caballo, y le quitó todo lo que tenía de valor. Era muy alto, diciendo en español a García que era Mangas Coloradas y que “ustedes me deben mucho”. Unos vecinos de Bámori [municipio de Arivechi, Sonora] encontraron a García antes de morir, contando la historia de su encuentro con el jefe chiricahua [Manuel Valenzuela contó esta historia a Edwin Sweeney en 1992].
Tras estos enfrentamientos, los chiricahuas marcharon victoriosos hacia el norte, acumulando más ganado mientras se retiraban hacia sus campamentos situados a lo largo de la frontera. Las negociaciones que mantenían con Sonora tras el intercambio de prisioneros habían desconcertado e indignado a Mangas Coloradas, pues estas conversaciones contradecían sus planes originales.A primeros de junio de 1850, la banda de Mangas Coloradas, que venía de incursionar por Sonora, llegó a las rancherías chokonen de Yrigollen y Posito Moraga, situadas en el nordeste de Sonora, produciéndose un enfrentamiento en el campamento de este último, cuando Mangas Coloradas intentó convencer a los chokonen de que se uniesen a él y rompiesen las negociaciones con Elías González. Un informe decía que dicho enfrentamiento entre los seguidores de Mangas Coloradas y Miguel Narbona, y los de Posito Moraga, produjo varios muertos o heridos.
Elías González se encolerizó cuando tuvo noticia de la incursión chiricahua. Al saber que iban al norte, ordenó al capitán Martínez que saliese de Bacoachi con un destacamento para intentar interceptarlos. Dijo a Martínez: “Debes dedicar toda tu atención y determinación al castigo de esa gentuza, sabiendo que serás responsable de cualquier descuido o negligencia… Debes obtener exhaustiva información sobre… los campamentos de Trigueño, Posito Moraga e Yrigollen, quienes decían estar en paz, al igual que de Mangas Coloradas y sus seguidores, por las noticias de que estaban librando una cruel guerra contra nosotros”. También debía confirmar los rumores del enfrentamiento entre las dos facciones chiricahuas. Fuese verdad o no, debía llevarlos tras Mangas Coloradas, con o sin el consentimiento de Posito Moraga.
Elías González creía que Mangas Coloradas había organizado esta incursión para socavar el trato con Yrigollen y Posito Moraga, quienes anteriormente habían sido aliados de Mangas Coloradas en la guerra contra Sonora. Al final, el tratado de paz no llegaría a culminarse.
Tras el desacuerdo con Posito Moraga, a mediados de junio, Mangas Coloradas, Miguel Narbona y Cochise se dirigieron al este,
hacia Carretas [municipio de Bavispe, Sonora], donde tuvieron una reunión con una banda de Western Apaches mandados por Quericueryes. Hicieron planes para futuras incursiones antes de separarse. Mangas Coloradas fue al Cerro del Carrizalillo [Carrizalillo Springs, Luna County, New Mexico], situado a lo largo de la frontera de Chihuahua con New Mexico]; Yrigollen llevó a sus chokonen a la Sierra Pilares de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora]; y Quericueryes, con Casimiro y unos pocos chokonen se dirigieron a incursionar por Sonora.
La alianza con los Western Apaches, indica la influencia que tenía Mangas Coloradas con otras tribus apaches, en particular con la banda White Mountain y con los mescaleros, ya que dos de sus hijas se habían casado con líderes de esas bandas.
Mangas Coloradas había presentado un importante tema durante esta conferencia. Los chihennes y los nednais estaban negociando en Janos para lograr la paz y así conseguir la liberación de su gente, que se encontraba prisionera. Yrigollen [chokonen], ansioso por un armisticio tras el fracaso de su tregua con Elías González, decidió enviar a Janos a su hermano Aguirre [chokonen] para que lo representara durante las conversaciones de paz. Antes de que terminara la reunión en Carretas, Mangas Coloradas pidió a Aguirre que actuara como su representante, afirmando que aceptaría el resultado de las deliberaciones del consejo entre los líderes chiricahuas y los funcionarios de Chihuahua. Esta concesión de Mangas Coloradas sugiere que se mantenía abierto a otras opciones con Chihuahua en caso de que tuviera problemas con los estadounidenses a su regreso a New Mexico.
A finales de junio, el capitán Manuel Martínez salió de Bacoachi para interceptar a una banda apache que estaba cerca de Turicachi [municipio de Fronteras, Sonora]. Eran Western Apaches, y algunos chokonen, mandados por Quericueryes. Los apaches mostraron una bandera blanca, por lo que Martínez y José Yescas, con una pequeña escolta, se reunieron con ellos. Martínez les preguntó qué estaban haciendo allí, interesándose por el ganado robado. Los apaches, atrincherados en una colina, dijeron que ellos querían la paz. Entonces Martínez se reunió solo con Casimiro, un líder chokonen, a medio camino de la colina. Los dos hablaron, quedando en reunirse al día siguiente. Martínez dijo que si los chokonen realmente querían la paz, le dijesen a Yrigollen que trajera su gente a vivir en Bacoachi. Mientras, Martínez permitió que Quericueryes comerciara con varios ópatas de su destacamento. Era un curioso acuerdo, ya que, aunque los apaches habían estado robando, Martínez prefirió negociar con ellos que pelear. Esto enfureció a Elías González cuando se enteró.
En julio de 1850, Mangas Coloradas se encontraba en el sur de New Mexico, probablemente en Santa Lucia Springs [luego conocido como San Vicente de la Cienega; y finalmente Silver City, Grant County, New Mexico]. Poco después, el 20 de julio de 1850, tres líderes chokonen [Carro, Casimiro y Esquinaline] entraron en Bacoachi para hablar con el capitán Martínez, pidiendo las raciones que Elías González había prometido, aunque admitieron que habían cometido depredaciones en el interior de Sonora. A pesar de haber robado cerca de Bacoachi, dijeron que tenían derecho a recibir raciones. Dijeron que sus campamentos permanentes estaban en las Chiricahua Mountains aunque, ahora, estaban acampados cerca de Cuquiárachi [municipio de Fronteras, Sonora]. El capitán Martínez no tenía nada para darles, por lo que Carro [chokonen], el líder del grupo, pidió un peso para él, y cuatro reales para Casimiro, Esquinaline y Gato Negro [chokonen]. Además, pidieron la libertad de Antonio, prisionero en Bacoachi desde el último febrero. Martínez les dijo que no podía hacerlo sin recibir órdenes. Carro y Esquinaline volvieron al día siguiente amenazando con asaltar Bacoachi si Martínez no liberaba a Antonio. Martínez, después de discutir la situación con las autoridades civiles, lo liberó.
Aunque ninguno de los chokonen había firmado el tratado, Yrigollen había enviado a su hermano Aguirre como observador. Las autoridades sonorenses se percataron de que la paz no interesaba a Yrigollen, ni tampoco a Posito Moraga. En agosto, dos chokonen del campamento de Pealche [Piase] aparecieron en Bacoachi y solicitaron la paz. Informaron al capitán Martínez que Yrigollen, Carro y Posito Moraga habían decidido declarar la guerra a Sonora, planeando saquear Bacoachi y Bavispe. A finales de agosto, un mando sonorense se enfrentó a los chokonen al mando de Miguel Narbona, Trigueño y Posito Moraga en Cuchuta. Por esas fechas, Yrigollen, deseoso de una tregua, consciente de que debía distanciarse de los belicosos grupos chokonen, llevó a sus seguidores a Janos y firmó la paz allí, una decisión que le costaría la vida.
Cuando Elías González recibió la carta de los comisionados de paz, inmediatamente les escribió para advertirles sobre el papel de Mangas Coloradas, al que culpaba del fracaso de las conversaciones entre Sonora y los chiricahuas. Citó el incidente de Santa Cruz, cuando Mangas Coloradas había enviado a Teboca a negociar y, en vez de adherirse, lanzó una campaña despiadada contra Soyopa y Onavas, que causó una terrible matanza.Elías González escribió que Mangas Coloradas era un hombre que actúa de mala fe. Este ataque contra la reputación del jefe chiricahua crearía problemas tanto para el jefe apache como para Juan José Zozaya, el hombre de Janos responsable de administrar el tratado.
Mientras tanto, Mangas Coloradas estableció su campamento en Santa Lucía. Entre incursiones contra Sonora, Mangas Coloradas se reunió con el capitán Enoch Steen en Santa Rita del Cobre el 15 de agosto de 1850. Steen había partido de Doña Ana [Doña Ana County, New Mexico] el 4 de agosto con un destacamento de 60 dragones “con la intención de visitar las minas de cobre y los alrededores del río Gila y, si fuera posible, conversar con algunos miembros de la tribu apache gileña para negociar un tratado y, sobre todo, recuperar a dos muchachos [Teófilo y Mateo Jaramillo] que fueron secuestrados de este lugar en enero de 1850 [diciembre de 1849]”.
Al llegar a Santa Rita del Cobre alrededor del 9 de agosto, su unidad, seis días después, “indujo a entrar al campamento… a Mangas Coloradas, el jefe de los gileños, y a Josecito, el jefe que comanda el territorio entre los Mimbres y el Río Grande, junto con unos 20 guerreros y algunas mujeres”. La conversación que Steen tuvo con estos dos jefes, especialmente con Mangas Coloradas, durante seis días, nos brinda una excelente descripción de la visión que el jefe chiricahua tenía de su mundo. Las percepciones que Mangas Coloradas tenía de los estadounidenses son de particular interés, porque su forma de expresarse repetía las declaraciones que había hecho a Kearny cuatro años antes. Además, durante la década siguiente, o prácticamente toda la década de 1850, sus acciones y percepciones sobre los estadounidenses reflejaron lo que le dijo al capitán Steen, quien informó sobre la conferencia: “Tuve una larga conversación con ellos en la que les expliqué con la mayor claridad posible las opiniones y deseos de nuestro gobierno con respecto a ellos y el rumbo que deseábamos que adoptaran;respondieron que deseaban fervientemente estar y permanecer en paz con los estadounidenses, pero que al mismo tiempo jurarían odio eterno a los mexicanos;que mientras los estadounidenses podían transitar libremente por su territorio y comer y dormir con ellos con la misma seguridad que si estuvieran con sus amigos, con los mexicanos la guerra era y siempre sería una guerra sin cuartel”.
Hablaron de los muchachos Jaramillo, a quienes Delgadito había capturado, según Mangas Coloradas y Josecito, y posteriormente vendidos en Sonora. En este punto, estaban mintiendo, o al menos Josecito lo hacía, pues fue él quien llevó a los dos cautivos a Bacoachi y los vendió a un ciudadano de allí. Era fácil culpar a Delgadito, quien, hasta mediados de la década de 1850, demostró sentimientos marcadamente antiestadounidenses. Se había quedado cerca de Janos para cumplir con el tratado de paz del 24 de junio de 1850. Sin Delgadito presente, una pequeña mentira no causaría daño alguno.
Steen volvió a Doña Ana el 21 de agosto. El 2 de septiembre, los chihennes Ponce, que hacía de portavoz, Itán y Cuchillo Negro, llegaron a Doña Ana, seguidos poco después por Josecito [chihenne] y otros 30 hombres y mujeres. Ellos renovaron sus votos de amistad con los estadounidenses. Steen llegó a la conclusión de que si un agente civil de la Oficina de Asuntos Indios se establecía en Santa Rita en las próximas seis semanas, podía firmarse una paz duradera. Eso no sucedió porque el coronel Edwin V. Sumner, un viejo y duro dragón que mandaba el ejército estadounidense en New Mexico, no quería la paz. En enero de 1852 erigió Fort Webster en las minas de cobre, pero lo trasladó nueve meses más tarde a 22’5 km al este, sobre el río Mimbres, territorio chihenne o mimbreño. El coronel esperaba que Fort Webster controlara a los apaches. Los apaches bedonkohes y chihennes nunca habían dejado de asaltar los asentamientos del Río Grande. Sumner los consideró en guerra y envió columnas militares a su territorio. Y los apaches se consideraban en guerra, ya que los soldados habían llegado con intención hostil. Sumner culpó a las autoridades civiles por el fracaso de las iniciativas de paz. La verdad es que no había dinero y funcionarios para extender su influencia por el territorio chiricahua.
Steen preguntó por Mangas Coloradas y por el motivo por el que no estaba allí. Había
ido a ver a los chokonen para buscar voluntarios para otra incursión por Sonora. En septiembre de 1850, Elías González había reocupado Fronteras en un intento por recuperar terreno en su frontera norte.
A finales de septiembre, Mangas Coloradas lideró una banda de unos 300 apaches. Los otros jefes eran los chokonen Esquinaline y Miguel Narbona, y el bedonkohe Teboca, y probablemente también participaron, Cochise y Gerónimo. Informes posteriores sugirieron que con Mangas Coloradas fueron guerreros coyoteros White Mountain. De ser así, estaba utilizando nuevamente su influencia, basada en alianzas forjadas gracias a su reputación y sus relaciones con otros líderes apaches. Además, los chokonen de Miguel Narbona, Cochise y Esquinaline mantenían estrechos lazos con las bandas White Mountain.
Los apaches incursionaron por los asentamientos a lo largo de los ríos Santa Cruz y San Ignacio, al norte de Sonora. Al principio, se llevaron muchas reses de los ranchos de la zona de Santa Cruz y San Ignacio. Cerca de Ímuris mataron a ocho personas antes de volver a Arizona a primeros de octubre. Era el 30 de septiembre, cuando un grupo de Pinal Apaches, que iban con los White Mountain, emboscaron a un destacamento de 10 soldados mexicanos.
Los Pinal Apaches regresaban al norte con su botín, cuando divisaron el pequeño destacamento,
o vieron sus huellas y las siguieron, decidiendo emboscarles. Ese destacamento de 10 soldados mexicanos al mando del teniente Saturnino Limón, era la escolta de varios civiles que se dirigían a Magdalena [Magdalena de Kino, Sonora]. Entre esos civiles estaba Inés González, una joven de 15 años, de mediana estatura, con ojos oscuros, ademanes encantadores, y con una bonita sonrisa. Su padrastro, Jesús Ortiz, poseía una hacienda ganadera en Santa Cruz [Sonora] junto al río San Pedro, en el norte de Sonora. Fue educada en un convento de monjas en Magdalena, pasando varios años entre ellas.
Cuando llevaba una temporada en su casa, quiso visitar a las monjas y llevarles algunos regalos con motivo de la Fiesta de San Francisco, celebración que iba a tener lugar el próximo 4 de octubre.
Con Inés iba su tío, su tía, su sirvienta Beta María, y un muchacho llamado Francisco Pacheco. La distancia hasta Magdalena era de 120 km.
Durante el segundo día, el 30 de septiembre, y cuando llevaban cuatro horas de viaje, subieron por una cuesta hasta una alta cresta. Justo cuando llegaron arriba y sintieron el cálido aire de la cima, oyeron los gritos de guerra de los apaches.
Todo ocurrió muy rápido. Los primeros disparos mataron al teniente Limón, cayendo de su caballo. Alguien dijo a las mujeres, que iban a pie mientras subían la cuesta, que se tiraran al suelo para esquivar las flechas que alcanzaron a la mayoría de hombres. Un apache fue a donde ellas y golpeó con su mano la garganta de Beta María para que dejase de gritar. Esta cayó al suelo boca abajo, siendo girada por el guerrero con el pie, quien sintió la forma de un cuchillo bajo su falda. El apache revisó el interior de las faldas de Inés y de su tía para comprobar si también iban armadas.
Junto a ellas había un caballo herido pateando el suelo de dolor. Otro guerrero cogió sus riendas y tirando de ellas, le cercenó la garganta con su cuchillo. Inés vio a dos apaches agarrando a uno de los mexicanos por los brazos, el cual imploraba a la Virgen María que su final fuese rápido. El que parecía el jefe, un joven guerrero, hizo un gesto y los pocos mexicanos que quedaban con vida fueron rápidamente eliminados. Solo tres habían conseguido huir durante los primeros momentos del ataque. Beta María, la tía y el muchacho fueron atados y subidos a unos caballos, mientras Inés viajó en la montura del jefe, tumbada sobre sus rodillas.
El jefe respetó la integridad física de Inés, no permitiendo que nadie le hiciera daño, pensando quizás que, por su porte, era demasiado valiosa. Nada más llegar el invierno, unos comerciantes de New Mexico llegaron a la ranchería y compraron a Beta María, la tía de Inés y a Pacheco, mientras Inés pasó varios meses más con los apaches Pinal. Posteriormente, fue vendida a un comerciante blanco de Santa Fe llamado Peter Blacklaws, quien se dirigió con ella al sur, en compañía de dos mexicanos, Pedro Archeveque, un trabajador de Algodones [Sandoval County New Mexico] y José Faustino Valdés, un trabajador de Santa Fe.
Las intenciones de Blacklaws se desconocen. Quizás quería llevar a Inés con su familia para conseguir una buena recompensa; o quizás revenderla para obtener más beneficio por ella; el caso es que se topó con un gran grupo de estadounidenses, miembros de la Comisión Fronteriza, encargada de delimitar correctamente la frontera entre México y los Estados Unidos, después de la guerra que había tenido lugar entre los dos países.
Hay dos relatos escritos de lo ocurrido a Inés González por dos miembros de dicha Comisión Fronteriza. Uno, escrito por quien estaba al mando, John Russell Bartlett, titulado “Personal Narrative of Explorations and Incidents in Texas, New Mexico, California, Sonora, and Chihuahua…”. Bartlett se hizo cargo de Inés y la cuidó hasta que fue devuelta a su familia. El otro lo realizó John Carey Cremony, en su libro “Life among the Apaches”.
La incursión de Mangas Coloradas enfureció a Elías González, quien ordenó a José Terán y Tato perseguir a los autores. El 14 de octubre de 1850, salió de Fronteras con 272 hombres para perseguirle, siguiendo su rastro hasta el norte de Apache Pass [Cochise County, Arizona]. De allí, el rastro conducía a San Simón [San Simon, Cochise County, Arizona], y al norte, hasta el río Gila en su curso por Arizona, donde se dio la vuelta. Pensó que el rastro que había seguido era el de Miguel Narbona y Teboca.
De vuelta hacia el sur, dividió su destacamento, enviando al capitán Reyes Cruz, con 100
hombres, al cañón de Los Embudos, y a la Sierra Pitáicachi [los dos en el municipio de Agua Prieta, Sonora]; mientras Terán y Tato llevó el resto hacia la abandonada Hacienda Cuchuverachic [municipio de Agua Prieta, Sonora] donde había dejado sus suministros. Desde allí continuó hasta la Sierra Pilares de Teras [municipio de Agua Prieta, Sonora], donde el 30 de octubre encontró la ranchería de los chokonen Posito Moraga y Trigueño. En el ataque mató a dos hombres, cinco mujeres, y un niño; y capturó a otros 10, miembros de la familia de Trigueño. Los prisioneros admitieron que Posito Moraga acababa de llegar de Janos. Cuatro meses más tarde, Trigueño se vengaría de Terán y Tato atacando su hacienda en Pibipa [municipio de Moctezuma, Sonora], a 11 km al sur de Moctezuma, matando a cuatro personas y llevándose algo de ganado.
Mientras Elías González se encontraba en Fronteras, el 12 de octubre recibió una carta [fechada el 25 de septiembre de 1850], de Juan José Zozaya en Janos.
Zozaya, quien había sucedido a Antonio Guaspe como comisionado de paz tras la muerte de este último, respondía a la comunicación de Elías González del julio anterior, en la que el comandante señalaba que Mangas Coloradas había interrumpido intencionadamente su acuerdo con los chokonen de Yrigollen y Posito Moraga. Zozaya quería que Elías González supiera que Yrigollen se había unido a la comunidad en Janos, había acampado cerca del presidio y se consideraba en paz con Sonora. El jefe chokonen prometió“mantener la buena fe que le había prometido”. Zozaya también deseaba separar a los apaches pacíficos de los “hostiles”, señalando a Elías González que “dado que Mangas Coloradas, Teboca y Esquinaline no se han presentado a firmar los tratados que he mencionado, ellos, junto con los coyoteros, han cometido las incursiones en Sonora, según informes que me han dado los propios indios”. Zozaya, consciente de que Elías González había invadido Janos y matado a más de 100 apaches en el verano de 1844, concluyó su carta asegurándo al comandante de Sonora que no permitiría ninguna incursión en Sonora por parte de los apaches a quienes mantenía cautivos. Esta era una tarea difícil.
Elías González agradeciendo la carta de Zozaya, respondió: “En efecto, durante los mismos días en que usted tuvo la amabilidad de comunicarme esta advertencia, dichos indios estaban ocupados atacándonos en Santa Cruz y el río San Ignacio, donde [cometieron] otras mil atrocidades”. Elías González declaró sin rodeos que Terán y Tato seguía el rastro de los “hostiles”, y que si este conducía a Janos, “tendrá la desagradable experiencia de verlos castigados allí como merecen y como lo permite la ley natural”. Mientras tanto, Elías González aceptó con gratitud la oferta de Zozaya de vigilar las actividades de los pacíficos apaches en Janos.
Los acontecimientos posteriores demostraron que Zozaya siguió atentamente los consejos del comandante militar de Sonora. Los funcionarios chihuahuenses deseaban fervientemente que la paz funcionara. Implementaron políticas para impedir que los chiricahuas usaran Janos como base para realizar incursiones en Sonora, como había ocurrido en 1843 y 1844. Elías González había explicado claramente las medidas que tomaría si creía que esto estaba sucediendo. Zozaya, como comisionado de paz, se encontraba en una posición delicada. Reconocía que Elías González invadiría Janos sin dudarlo si sentía que los apaches atacaban Sonora desde allí; sin embargo, cualquier acción de este tipo por parte de Sonora desperdiciaría sus esfuerzos por mantener la paz en Chihuahua.
En noviembre de 1850, dos meses antes de dejar la comandancia general de Sonora, Elías González, un hombre con una profunda experiencia en la frontera, hizo un informe de la situación general de los apaches.Estos habían devastado el territorio durante 18 años, a pesar de que habían entrado en conversaciones de paz en muchas ocasiones. Habían tenido una tregua de cuatro meses con Sonora a principios de año y, probablemente, habrían permanecido en paz si hubieran tenido adjudicaciones del gobierno, pero, simplemente, no había recursos para ello. Mientras que el gobierno estaba tratando de resolver ese problema, Mangas Coloradas, al parecer con la ayuda de coyoteros White Mountain, obstaculizaba todos los esfuerzos de paz del resto de apaches. A pesar de ello, el chokonen Yrigollen había advertido a los mexicanos en Bavispe [Sonora] de esos asaltos; trasladándose con su gente a Janos para hablar de paz, en parte porque allí recibirían raciones.
Un problema importante era que los apaches coyoteros White Mountain, Tonto Apaches y
apaches San Carlos de la banda Pinal, vivían en el lado norte del río Gila, fuera de la jurisdicción de México. Los mexicanos suponían que los Estados Unidos los controlaban de acuerdo con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, pero sin éxito. Por lo tanto, esos apaches simplemente se escondían al otro lado de la frontera internacional, y las fuerzas mexicanas no podían cruzar para perseguirlos. Dado que la única manera de detener sus incursiones era descubrirlos en sus territorios de origen, la nueva frontera era un enorme obstáculo para la pacificación del territorio.
A eso había que añadir las rancherías apaches todavía en guerra [las del chihenne Mangas Coloradas; las del bedonkohe Teboca; y las de los chokonen Esquinaline, y Trigueño] que dejaban a sus familias en los campamentos seguros de apaches pacíficos cuando estaban fuera para incursionar.
En diciembre, Elías Gonzálzez se enfrentó a dos desafíos importantes. Dos chokonen de la Sierra Pitáicachi [municipio de Agua Prieta, Sonora], probablemente del grupo local de Posito Moraga y Trigueño, intentaron vender en Janos ocho cabezas de ganado robadas en Sonora. Zozaya les negó el permiso y confiscó el ganado, con la intención de devolver los animales a sus legítimos dueños. El gobernador de Sonora aplaudió su acción. Luego, a mediados de diciembre, el comisionado de paz tuvo que abordar otro asunto importante. Mangas Coloradas, tras partir de las Burro Mountains [Grant County, New Mexico], hacia el norte de México, había enviado un emisario a Zozaya para solicitar la paz, sin duda con la esperanza de que el comisionado lo recibiera y proporcionara alimentos a su gente para el invierno. Sin embargo, Zozaya dijo al mensajero que antes de poder iniciar negociaciones, el jefe tenía que hacer primero la paz con Sonora. Sin duda, a Mangas Coloradas le haría gracia esa idea.
Mientras tanto, en Ciudad de México, los funcionarios federales habían respondido a las peticiones del gobernador de Sonora, José de Aguilar, quien había reemplazado a Gándara cuando la coalición de este último comenzó a perder poder. Durante el verano de 1850, Aguilar había escrito varias cartas sobre el problema apache en Sonora. El gobierno federal tomó medidas para remediar el problema reemplazando a José María Elías González por el coronel José María Carrasco. Llegó con el título de comandante general e inspector de las colonias militares, pero con tan solo 40 soldados federales. Convencido de ser el salvador de Sonora, Carrasco exhibía una arrogancia y un temperamento autoritario que ofendía fácilmente a cualquiera que lo molestara o incomodara. El ministro de Guerra en Ciudad de México había expulsado sin contemplaciones a Elías González, a pesar de que sus esfuerzos durante los dos últimos años, habían comenzado a mostrar lentamente un progreso en la lucha contra los apaches).
* El 6 de abril de 1850, el sargento William Holbrook, al mando de 10 hombres de la compañía
“I”, del 1º de Dragones, ataca a nueve apaches jicarillas que habían robado varios caballos a dos vaqueros mexicanos, a los que hirieron gravemente, cerca de Rayado Creek, a unos 80 km de Ratón ([Colfax County, New Mexico]. El capitán W. N. Grier envió a Holbrook a proteger el asentamiento de Rayado, acompañándoles Kit Carson, William New y Robert Fisher, tres “hombres de la frontera”.
Cuando llegaron al lugar del ataque, siguieron el rastro durante 40 km hasta el lugar donde estaban acampados los jicarillas. Al amanecer, Holbrook atacó, matando a cinco, hiriendo a dos y recuperando los caballos robados, regresando al día siguiente con cinco cabelleras que, según dijo, habían arrancado dos vaqueros mexicanos que llegaron después del enfrentamiento.
En mayo de 1850, una banda jicarilla asaltó unos carros que llevaban el correo estadounidense en el camino que une Independence [Jackson County, Missouri]con Santa Fe[Santa Fe County, New Mexico]. El 18 de abril, Frank Hendrickson, James Clay y Thomas E. Branton habían salido de Fort Leavenworth [Leavenworth County, Kansas] llevando el correo con destino a Santa Fe. Cuando salieron no llevaban pasajeros. Aproximadamente una semana después de su viaje, los tres hombres alcanzaron una caravana de carros en el centro de Kansas, donde se les unieron Thomas W. Flournoy y Moses Goldstein. Unos días más tarde se encontraron con un tren de bueyes en dirección este. Cinco miembros de ese grupo decidieron regresar a Santa Fe, pero Benjamin Shaw, John Duffy, John Freeman, John Williams y un conductor alemán se les unieron.
En mayo, el grupo estaba en New Mexico, donde una mañana fueron atacados por una banda
de apaches jicarillas, produciéndose un enfrentamiento que duró todo el día. Dos hombres blancos fueron heridos siendo colocados en un carro, resistiendo el resto. Por la noche, una banda de utes se unió a los jicarillas. A la mañana siguiente, cuando los carros iban cerca de Wagon Mound [Mora County, New Mexico] fueron atacados por la fuerza conjunta de más de 100 jicarillas y utes, matando a los 10 hombres y a todos los animales.
Los soldados que llegaron de Santa Fe, al mando del teniente Ambrose Burnside, encontraron los cuerpos desnudos, pero con sus cabelleras intactas, el 19 de mayo de 1850, cerca de Santa Clara Spring, que se encuentra en el cañón al noroeste del actual Wagon Mound, donde los enterraron. Las flechas cubrían el suelo y el correo estaba disperso por la llanura).
*A principios de junio de 1850, un destacamento estadounidense sale de Doña Ana (Doña Ana County, New Mexico) para explorar las Organ Mountains (Doña Ana County, New Mexico) y el Tularosa Basin (Otero & Doña Ana Counties, New Mexico), llegando al centro de la Sierra Blanca (Lincoln & Otero Counties, New Mexico), el corazón del territorio de los apaches mescaleros.(En ese tiempo estaban bajo la dirección principalmente de los jefes Barranquito, Josecito [chihenne] y Santana [chokonen]. De los tres, Barranquito fue de lejos el menos amistoso para los blancos y el más firme en el combate, Josecito era poco conocido, pero probablemente estaba en un término medio, mientras Santana más tarde demostró ser un leal amigo los estadounidenses. Cuando los soldados acamparon en las cercanías, Santana envió un mensaje de que les atacaría si avanzaban más. El teniente al mando informó que “me dijeron que había unos 2.000 guerreros que me esperaban, y que mi destacamento no era suficiente para enfrentarse a un grupo tan grande de indios, por lo que pensé que era más prudente retirarse …”. Fue un tremendo farol, pero funcionó.
Sin embargo, el creciente número de hombres blancos en su territorio llevó a varias bandas de
mescaleros y jicarillas a buscar algún tipo de acercamiento pacífico. Sus jefes enviaron a los militares mensajes diciendo que estaban dispuestos a renunciar a todos sus cautivos y bienes robados a cambio de un tratado. Contactaron con otras bandas de jicarillas e incluso con los comanches para que no cometiesen depredaciones que pudiesen entorpecer la paz. Ese otoño, un grupo de los más peligrosos mescaleros de Texas contactó con Jefferson Van Horne, comandante militar de la guarnición de San Elizario, cerca de El Paso [El Paso County, Texas], para explorar la posibilidad de una paz. Fueron bien tratados y prometieron volver, pero nunca lo hicieron. Probablemente, porque fueron dos jefes menores, Simón Porode y Simón Manuel, que si hubiesen sido reprendidos por el más poderoso Gómez, probablemente no hubieran podido enfrentarse a él. Las órdenes de Van Horne eran combatir a los indios, no tratar con ellos, por lo que pidió instrucciones y mientras tanto los alentó con comida y regalos.
Estos contactos propiciaron que se abrieran de nuevo las minas de Santa Rita del Cobre [Santa Rita, Grant County, New Mexico] con el establecimiento en las cercanías de Fort Webster [Grant County, New Mexico]; pero estos contactos eran lo suficientemente buenos como para animar a los apaches, por medios pacíficos, a practicar la agricultura y porque había menos de 13.000 hombres en todo el ejército estadounidense, y menos de 1.400 en New Mexico para luchar contra ellos).
* El 26 de julio de 1850, mientras patrullaban por el Camino de Santa Fe, las compañías “C” e “I” del 1º de Dragones; y la Compañía“K” del 2º de Dragones, sorprenden un campamento de unas 150 tiendas, que identificaron de apaches jicarillas, en la parte superior del río Canadian, junto a la actual Ratón ([Colfax County, Texas]. Los jicarillas consiguieron escapar sin saber los soldados con cuantas bajas, falleciendo un soldado)
* El 16 de diciembre de 1850, una banda apache acude a Tucson (Pima County, Arizona) para negociar la paz. (Enviaron a negociar a José Antonio Acuña, un cautivo de los apaches que había sido capturado cuando era niño en el rancho de Cornelio [posiblemente Cornelio Elías]. La llegada de los indios pápagos de San Xavier de Bac, a 16 km de Tucson, produjo un enfrentamiento que fue aprovechado por Acuña para escapar).









