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* 9 de agosto de 2020.

La mañana del 11 de abril de 1882, un gran grupo de chiricahuas dejó la Sierra Madre para dirigirse a San Carlos. Su objetivo era llevarse por la fuerza de la reserva a la banda de Loco. Aproximadamente eran 60 guerreros, entre ellos Gerónimo, Naiche, Chihuahua, Mangas, Kaahteney, Bonito, Chato, Cathlay, Sánchez, She-neah, Fun y Jelikine. Juh y Nana se quedaron en La Sierra Madre con las mujeres y los niños.

Durante la tarde del 16 de abril, un apache White Mountain fue corriendo al campamento de ovejas de George Harold Stevens (entonces sheriff del condado de Graham, y que tenía un rancho con 10.000 ovejas), situado en Ash Flat (a 24 km de la actual Bryce, Graham County, Arizona). Cuando trabajaba como jinete de correos en Fort Apache, Stevens conoció a una apache White Mountain llamada Nahlindestowhe, hija de Eskeltecela, jefe de la banda apache de los coyoteros White Mountain. Se casaron en una ceremonia tribal, adoptando la mujer el nombre de Francisca. Su hijo mayor de 12 años, Jimmie Stevens, hablaba perfectamente apache e inglés.

Al llegar al campamento ovejero, el apache White Mountain dijo que había visto chiricahuas (era la primera noticia de su presencia en Arizona). El capataz de Stevens era un mexicano llamado Victoriano Mestas que de niño había sido capturado por Gerónimo en una de sus incursiones por México. Éste lo había tratado bien, como solían hacer los apaches con los niños adoptados, pero al cabo de cierto tiempo se lo cedió a un blanco propietario de un rancho y Mestas creció como un mexicano más, casándose con una mexicana. Era capataz del rancho y en ese momento estaba con seis pastores mexicanos y tres apaches White Mountain, entre ellos Bylas (pariente cercano de Francisca) con su esposa e hijos, junto a otras familias de apaches White Mountain. Con Mestas estaba su mujer, con tres hijos y otras dos mexicanas. Rápidamente Mestas y Bylas trasladaron el campamento a un terreno más alto, empleando toda la tarde en construir fortificaciones.

Antes del amanecer de 17 de abril llegaron los chiricahuas sabiendo Gerónimo que Mestas trabajaba allí. A voces pidió que les dejaran entrar a lo que Mestas, a pesar de la advertencia de Bylas, accedió.

La mujer de Mestas preparó una comida de tortillas y carne de cordero; sin embargo a Gerónimo le gustaba más la carne de caballo por lo que mató una jaca alazana de dos años perteneciente a Jimmie Stevens, el hijo del sheriff, diciendo a la mujer que la cocinase. Cuando los chiricahuas terminaron de comer, Gerónimo hizo una señal y los guerreros desarmaron a los seis pastores, atando sus manos a la espalda. Mestas llevaba una camisa mexicana con bonitos bordados. Gerónimo se la pidió para no mancharla de sangre y Mestas, temblando se la dio (Gerónimo llevó esa camisa durante su incursión en San Carlos). Luego ordenó a sus hombres atar a Mestas, a su mujer, y a dos de sus hijos.

Bylas, que estaba sentado con Naiche y Chato, intercedió por los mexicanos, y Naiche sugirió que Gerónimo pagase a la mujer de Mestas por la comida, siendo apoyado por Chato, pero Chihuahua dijo: Esta gente son mexicanos y son nuestros enemigos. Los mexicanos siempre nos han mentido y matado a nuestro pueblo“.

Apoyado por Chihuahua, Gerónimo ordenó a sus guerreros pasar una larga cuerda por las correas que ataban las manos de cada mexicano y llevarlos colina arriba (hoy conocida como Deadman’s Tank) donde les mataron. (Eran seis pastores, Mestas, su mujer, y dos hijos).

El tercer hijo de Mestas, Estanislao, se salvó gracias a la intervención de un guerrero. Jimmie Stevens diría:Eso fue cuando el guerrero chiricahua amenazó a Gerónimo. Este guerrero era un mexicano que había sido capturado de niño y criado por los chiricahuas (en realidad fue por los Western Apaches). Era pequeño de estatura pero era un gran guerrero y muy valiente. Cogiendo una lanza, la mantuvo sobre el corazón de Gerónimo mientras hablaba: Yo soy un guerrero, Gerónimo, siempre he obedecido tus órdenes. La gente que has matado hoy es mi gente pero algo, creo que es su Dios, ha salvado la vida del pequeño. No le hagas daño o yo te mataré, Gerónimo. Luego se enfrentó a toda la banda: “Mataré a cualquier hombre que haga daño al pequeño. Vosotros sois muchos. Yo estoy solo pero me llevaré a varios por delante”. Jimmie Stevens no mencionó su nombre pero por su descripción está claro que era Jelikine.

El 14 de septiembre de 1898, 20 chiricahuas prisioneros de guerra, entre hombres, mujeres y niños, viajaron bajo custodia, supervisada por el teniente Francis H. Beach, desde Fort Sill al “Congreso Indio” en el marco de la “Exposición Internacional Trans-Mississippi” en Omaha (Douglas County, Nebraska). Eran Gerónimo; Naiche y su esposa Ha-o-zinne y sus hijos, Amelia Naiche (hija de Ha-o-zinne) y Jane Naiche (hija de su 2ª esposa E-clah-heh); Tom Chiricahua con su esposa Coshey y su hija Hattie Tom; Toclanny y su mujer Syekonne (también llamada Siki, Tsa-Kan-e y Tse-kan) con su bebé, Jenny Toclanny; John Loco y su mujer Marion Juan (también conocida como Naizha); Leonard Kanesewah; Sam Haozous; Frank Mangas; Perico; Yahnozha; y las mujeres Banatsi y Tahdaste. Estuvieron hasta el 30 de octubre.

También acudieron apaches San Carlos, White Mountain, Jicarillas, y Kiowa-Apaches.

En el marco de la Exposición, se desarrolló el “Día del Ejército” al que acudió el general Miles, quien participó en un debate con Gerónimo en el que James Stevens hizo de intérprete.

Stevens era el joven que, 16 años antes, presenció la muerte de los mexicanos que trabajaban para su padre. Antes del debate, Stevens reclamó a Gerónimo 50 $ por la jaca que mató ante la cara de perplejidad de Gerónimo. Stevens no dijo ni una palabra de los mexicanos muertos.

* 3 de agosto de 2020.

Gerónimo en Lawton (Comanche County, Oklahoma).

Esta fotografía fue realizada entre los años 1902 a 1906, y pertenece a la Colección de June Harrell. El título de la fotografía es: Escena callejera en Lawton. El anciano que viene hacia ti es Gerónimo, el famoso jefe apache, que ahora es prisionero de guerra en la Reserva de Fort Sill.

Gerónimo era prisionero de guerra pero, aunque controlado, podía moverse sin problemas. Conocía Lawton muy bien. Iba muy a menudo a vender artesanía o a comprar licor. Estaba prohibido vender licores a los nativos pero Gerónimo se las apañaba para conseguirlos. Era muy conocido por lo que bastaba con decirle a alguien que se lo comprase.

También participó en Lawton, junto a otros apaches, en el desfile del 4 de julio de 1902, día de la fiesta nacional en los Estados Unidos.

Gerónimo era asiduo a un banco de Lawton. El 4 de marzo de 1905, participó en el desfile inaugural del presidente Theodore Roosevelt. Poco antes de partir de Fort Sill, el teniente George Purington (a cargo de los chiricahuas en Fort Sill) dio a Gerónimo un cheque de 171 $, quien lo llevó al banco de Lawton, ingresando 170 $ y emprendiendo el viaje con un dólar en el bolsillo. Cada vez que el tren paraba en una estación, la gente se amontonaba en las ventanillas del vagón comprándole autógrafos a 50 centavos. Cuando tenía que cambiar de tren, el intérprete que le acompañaba, George Wratten, tenía muchos problemas para llevarlo a otra estación por la cantidad de gente que le pedía autógrafos. Gerónimo se compró un baúl y ropa, y aún le sobró dinero al regresar. Se cree que cuando murió tenía más de 10.000 $ en el banco de Lawton.

¿Qué estaría haciendo en Lawton, tan bien vestido, el día de la fotografía?

* 2 de agosto de 2020.

Eugene Chihuahua. Chokonen. Nació el 1 de junio de 1881. Era hijo de Chihuahua y de Ilth-gozey. Sus hermanos eran Coquina, Oseola, Ramona y Tom Chihuahua. Se casó con Viola Ziah, teniendo ocho hijos, de los cuales sólo sobrevivieron dos, que se asentaron en Mescalero, Agnes y Louisa. Aunque estaba previsto que Eugene fuese enviado de Fort Marion a Carlisle con su hermana Ramona, la elocuente petición de Chihuahua ante las autoridades militares hizo que se quedase con su familia. La intención de Chihuahua era preparar a Eugene para el liderazgo.

Eugene fue la persona sobre la que, en diciembre de 1886, el cirujano del puesto informó que tenía “heridas contusas”. Según el cirujano, Eugene fue empujado en el muro de las obras exteriores, golpeándose la cabeza contra la escalera cuando se cayó al fondo del foso. Tuvo convulsiones durante 30 minutos, luego se recuperó ocultando con el sombrero las marcas del golpe en la cabeza.

Después de la muerte de su padre en 1901, Eugene se convirtió en responsable del poblado de Chihuahua y más tarde se alistó en el Destacamento de Exploradores. Él tomó parte en la reubicación de los prisioneros apaches en Mescalero, visitando esa reserva en 1911 por sus propios medios (le costó 100 $). Se reunió con los líderes tribales de Mescalero para saber si había tierras aptas para los apaches que iban a venir de Fort Sill. Sam Chino, un chiricahua que dejó Fort Apache poco antes de 1886, asentándose en Mescalero, fue guía de Eugene. Inspeccionó la reserva para encontrar tierras adecuadas para el cultivo.

Una de las hermanas de Eugene, dos hermanastras, y una madrastra fallecieron en Alabama. Dos hermanos, dos hermanas, seis niños, su suegra, y varios familiares cercanos fallecieron en Fort Sill. Eugene ayudó a construir la Misión Reformada Holandesa en Whitetail Canyon en 1916-17, sirviendo como clérigo e intérprete, siendo elegido para el primer Comité de Negocios de Whitetail, en marzo de 1918.

Tras la muerte de su esposa Viola, se casó con Herwanit Hosetosavit, una viuda comanche con tres hijos, pero se divorciaron sin tener hijos. Los hijos de Herwanit se quedaron en Mescalero y ella regresó a Oklahoma. La nieta de Eugene Chihuahua, Anita Lester dijo de su segunda esposa: Ella era la única abuela que yo conocía. En algunos libros aparece que su nombre era Hosey pero su nombre era Hosetosavit. Después del divorcio, ella volvió a Oklahoma. Entonces mi abuelo vivió con nosotros durante varios años. La última mujer de Eugene fue Jennie Peña, una viuda apache mescalero con tres hijos. Eugene Chihuahua falleció en Mescalero el 16 de diciembre de 1965, siendo enterrado en el Mescalero Apache Indian Cemetery, en Mescalero (Otero County, New Mexico).

* 28 de julio de 2020.

Eva Geronimo Godeley era una bedonkohe/nednai, nacida el 23 de septiembre de 1889. Era hija de Gerónimo y de Zi-yeh, y medio hermana de Robert Geronimo. La fotografía de Gerónimo y Eva fue realizada el 14 de marzo de 1904 (según inscripción en el reverso), probablemente en el estudio del fotógrafo H. H. Clarke de Oklahoma City, por fotografías similares.

En julio de 1890, Zi-yeh y su hija Eva, de 10 meses, fueron bautizadas en la Iglesia Católica de Mount Vernon. Cuando Eva tenía tres años, un domingo cualquiera de 1893, se podía ver a la familia Gerónimo bien vestida y al antiguo guerrero llevando a Eva en un cochecito para niños. Otras veces, cuando Gerónimo, entraba en una tienda para comprar suministros y Eva estaba con él, le compraba todo lo que su hija le pedía.

Los chiricahuas fueron trasladados a Fort Sill (Oklahoma), el 4 de octubre de 1894 y pasaron el invierno en las wickiups que construyeron. En la primavera de 1895, construyeron 71 casas en 12 pequeños poblados de cuatro a ocho casas por familia y un jefe por cada poblado. Se esperaba que cada familia cultivara 10 acres (ocho de maíz, uno de algodón y otro de melones, calabazas, patatas, etc.). Ese primer año de 1895, las 71 familias chiricahuas recogieron más de 250.000 melones y calabazas. Uno de los que más éxito tuvo fue Gerónimo, quien aparece en una foto en su campo de calabazas junto a Eva (cinco o seis años), su hijo Fenton, su nieta Nina Dahkeya y Zi-yeh.

En 1897, el pintor Eldridge Ayer Burbank fue enviado por el “Field Museum”de Chicago para pintar un retrato de Gerónimo. También retrató a Eva a los nueve años (en 1898), escribiendo en sus notas: Nadie podría ser más amable con un niño como Gerónimo fue con ella.

En 1904, Zi-yeh murió de tuberculosis. Gerónimo se quedó solo con Eva (Fenton había muerto en 1897). A finales del verano de 1905, tuvo lugar la ceremonia de pubertad de Eva, que duraba cuatro días, ayudada por Ramona Chihuahua. Gerónimo invitó a todos los chiricahuas, a varios kiowas, Kiowa-Apaches y comanches, y a Stephen Melvil Barrett, a quien, con la ayuda de Daklugie como intérprete, le contaría la historia de su vida durante el otoño y el invierno siguientes. El lugar de la ceremonia fue un lugar llano con un gran círculo de hierba muy cortada en Medicine Bluff Creek, cerca del poblado de Naiche. El hijo de Cochise dirigió los cánticos y Gerónimo, con la ayuda de los “hombres medicina”a cargo de la ceremonia, dirigió el baile. La noche que cerró la ceremonia comenzó con un baile social en el que todo el mundo bailó en círculo alrededor de un gran fuego situado en el centro. Cuando la luna comenzaba a descender, el sonido de los tambores fue sustituido por el de las flautas, señal de que los mayores tenían que retirarse para comenzar el “baile de los amantes”, donde los jóvenes formaban un círculo cerca del fuego y las muchachas otro por el exterior, danzando hasta que ellas seleccionaban una pareja con la que bailaban hasta el amanecer. Al final del baile, era costumbre que el joven diera un regalo a su pareja.

Al amanecer, el baile se detuvo y se anunciaron algunos esponsales durante la entrega de regalos. Barrett y Gerónimo fueron de los últimos en irse pero antes dijo a Barrett que Eva había elegido esposo. Sin embargo, ella no se casó, sin saberse la razón. ¿Prohibió Gerónimo la unión? Cuando Gerónimo estaba al borde de la muerte por neumonía, agarró la mano de Daklugie y le dijo: Sobrino, prométeme que tú y Ramona llevaréis a mi hija Eva a tu casa y la cuidarás como a tus propios hijos. Prométeme que no la dejarás casarse. Si lo haces, ella morirá. Las mujeres de nuestra familia tienen grandes dificultades como lo tuvo Ishton (la madre de Daklugie). No dejes que esto le pase a Eva. Gerónimo se durmió un momento y al despertar dijo:Quiero tu promesa. Daklugie dijo:Ramona y yo llevaremos a tu hija y la querremos como nuestra. Pero ¿cómo puedo evitar que se case?. Gerónimo dijo: Ella te obedecerá. Le han enseñado a obedecer. Procura que lo haga. Daklugie dijo que Gerónimo murió agarrando su mano.

Cuando Gerónimo murió, Eva estaba en la Escuela Agrícola India de Chilocco (Newkirk, Kay County, Oklahoma) con su medio hermano Robert, hijo de Ih-tedda. El teniente George Purington, a cargo de los apaches en Fort Sill, envió una carta en lugar de un telegrama a Chilocco para decirles que su padre estaba a punto de fallecer. Llegaron tan pronto como pudieron, pero el servicio funerario tuvo que retrasarse hasta su llegada. Después del funeral, Eva regresó a Chilocco para terminar el trimestre que le quedaba tras lo cual, regresó a Fort Sill para vivir con la familia Daklugie. Aunque intentaron convencerla de que no se casara, al poco tiempo se casó con su compañero de estudios en Chilocco, Fred Godeley o Golene. Tuvieron una hija que nació el 21 de junio de 1910, Evaline Golene, pero falleció a los dos meses, el 20 de agosto.

Eva murió menos de un año después de tuberculosis, el 10 de agosto de 1911. Fue enterrada entre su padre y su hija a un lado de su tumba en el Cementerio Apache de Beef Creek (Comanche County, Oklahoma). Su madre está al otro lado y Fenton cerca. No muy lejos están las tumbas de su media hermana Dohn-say (también conocida como Lulu) Dahkeya y su familia.

Ninguno de los prisioneros descendientes directos de Gerónimo en Fort Sill vivió para llevar su apellido. Los únicos dos descendientes conocidos de Gerónimo que sobrevivieron para llevar su apellido fueron su hija Lenna, y su hijo Robert (hijos de Ih-tedda, a quienes Gerónimo había enviado en 1889 a la Reserva Mescalero en 1889 con la esperanza de que ella y Lenna sobrevivieran).

 

* 23 de julio de 2020.
La detención de
Kaahteney.

El 2 de junio de 1884, el teniente Britton Davis dejó San Carlos para ir a Turkey Creek para hacerse cargo de 527 chiricahuas, incluyendo 23 exploradores, entre los que se encontraban nueve chokonen: Naiche, Chihuahua, Cathlay (también llamado Colle, Kutle o Chullah) y Dutchy, entre otros; siete chihennes: Askadodilges (también llamado Charley), Kaahteney, Ramón y Tsedikizen (también llamado Sundayman) entre otros; cuatro bedonkohes: Bonito (un White Mountain casado con una bedonkohe), Ahnandia, Chappo (hijo de Gerónimo) y Perico.

Davis tenía tres “agentes secretos” que le informaban de cualquier actividad sospechosa:  Dasendy (una chihenne hermana de Askadodilges), Na-nod-di (un Western Apache casado con una chihenne) y Das-e-klest (también llamado Frank, posiblemente un chihenne hermano de la esposa del guía Archie McIntosh). Nadie sabía quiénes eran. Por la noche, si uno tenía algo que informar, tiraba una piedra a la lona de la tienda de Davis, y entraba.

Davis instaló su tienda a la orilla de Turkey Creek. Cerca de él estaba la gran tienda que hacía de hospital y donde almacenaba las raciones mensuales. Sam Bowman estaba con él ejerciendo de cocinero y ayudante del campamento; Mickey Free hacía de intérprete del apache al español; y José Montoya del español al inglés.

Nada más llegar a Turkey Creek, Davis se reunió con los jefes para establecer unas normas básicas de funcionamiento, siendo básicamente dos: no debían elaborar tiswin y no debían maltratar a sus mujeres. Los jefes chiricahuas estaban casi unánimemente opuestos a las normas de Crook, diciendo que sólo habían acordado con el general vivir en paz. No habían hablado de “asuntos familiares” y eran libres de tratarlos como les pareciera. En cuanto al tiswin, siempre lo habían elaborado y no les había hecho daño.

El sábado 21 de junio, el teniente Parker West visitó a Davis para cenar. Esa mañana, Davis fue por el arroyo ascendiendo hacia la cresta donde Kaahteney y su banda tenía su campamento. A media altura oyó un glugluteo. Permaneciendo quieto un momento, regresó al arroyo donde disparó a un pavo. Él y West disfrutaron de una cena con pavo, y después fumaron y hablaron. Apenas habíamos apagado la vela cuando una piedra golpeó la parte superior de mi tienda y rodó por el costado, la señal del servicio secreto. Davis se arrastró por la trasera de su tienda y a unos 20 metros vio a Mickey Free y a Dasendy, la mujer del “servicio secreto”. Lo primero que hizo la mujer fue preguntarle por qué había dado la vuelta en el camino que llevaba al campamento de Kaahteney. Davis contestó que había oído el ruido de un pavo. Dasendy dijo que el pavo pudo haber sido un “buen espíritu” ya que casi seguramente le había salvado la vida. Esa mañana la banda de Kaahteney había estado disfrutando de una borrachera de tiswin cuando vieron al teniente armado con su rifle acercándose a su campamento. Creyendo que alguien había informado a Davis de la existencia del tiswin, Kaahteney y sus hombres tomaron posiciones en la cima de la cresta, listos para emboscarle. Años más tarde, Davis recordaría: Si hubiera asomado mi cabeza por encima de la cresta de ese barranco, habría recibido más plomo del que podría haber proporcionado“.

Dasendy dijo que Kaahteney afirma que va a causar problemas aquí. Hay una danza en marcha y él está hablando con algunos de los hombres. Envió a un apache que fue por el arroyo para avisar a los otros jefes. Davis decidió arrestar a Kaahteney a la mañana siguiente. Envió a West a Fort Apache para traer un destacamento de soldados y a los exploradores White Mountain y Cibecue. A las 23:00 horas escribió una rápida nota para que West se la telegrafiara a Crawford una vez llegara a Fort Apache: Creo que es mejor no retrasar este asunto. Hasta donde sé, muy pocos, o ningún hombre, se han unido a él todavía, y dudo que haya más que unos pocos más. Un retraso puede empeorar las cosas. Si los problemas no comienzan esta noche, arrestaré a Kaahteney al amanecer.

West alcanzó Fort Apache sobre las 02:30 horas del 22 de junio. Tres horas más tarde, el capitán Allen Smith, estaba de camino con dos compañías del 4º de Caballería y seis exploradores White Mountain de Gatewood. Si todo iba como esperaba, su presencia serviría como una demostración de fuerza y nada más. Davis planeaba llamar a sus exploradores chiricahuas y a los jefes como apoyo pero nadie podía predecir el desenlace. Pensaba que Bonito, Chato, Loco, Mangas y Zele le apoyarían, y que Gerónimo y Naiche permanecerían neutrales. Sabía que Kaahteney tenía un núcleo de seguidores entre los jóvenes pero su banda tenía 17 hombres, supervivientes de los grupos de Victorio y Juh. De éstos, quizás una parte podría unírsele y luchar pero nadie lo sabía con seguridad. Davis confiaba en un miembro de la banda de Kaahteney, Askadodilges (el leal explorador Charley).

Antes del amanecer, Davis envió a sus exploradores a traer a los jefes a su tienda para hablar. Poco después de que amaneciese, West cabalgó al campamento con las dos compañías de caballería y los seis exploradores White Mountain, desplegándose a unos 180 metros detrás de la tienda hospital, donde Davis pensaba reunirse con los jefes. Empezó la reunión con los jefes y guerreros más importantes armados a causa de la presencia de los soldados. Como intérpretes estaba Mickey Free y José Montoya. Pero faltaba Kaahteney por lo que Davis envió a un hombre en su busca. Cuando llegó con sus hombres, se detuvo en un pino, a unos 90 metros de la tienda. Pensando que él podía ser el motivo de esa reunión, Kaahteney dijo unas pocas palabras a sus hombres y se acercó solo, entrando en la tienda y colocándose a tres pasos de Davis, le preguntó enfadado por qué le había llamado. Davis le dijo: Nunca has estado satisfecho desde que viniste a la reserva y estás causando problemas y descontento entre los demás apaches. Crawford le había avisado de que se comportase bien pero Kaahteney había seguido con su postura. Además de Dasendy, los otros dos “agentes secretos”, Na-nod-di y Das-e-klest, habían confirmado que Kaahteney estaba hablando de dejar la reserva. Davis le dijo que estaba arrestado y que alegara lo que quisiera ante el capitán Crawford en San Carlos.

Kaahteney preguntó quién le acusaba. Por supuesto, Davis no le dijo nada excepto que Crawford le informaría en San Carlos. Kaahteney salió y se dirigió a sus hombres que estaban fuera con sus armas, quienes se acercaron a la tienda. Dos exploradores se prepararon para apoyar a Davis. Eran Askadodilges (Charley) y Dutchy, quienes siguieron a Kaahteney con sus rifles cargados y amartillados pero nadie se atrevió a iniciar el tiroteo. Los hombres de Kaahteney se pararon a pocos metros de Davis, con su jefe temblando de rabia casi sin poder hablar. El siguiente movimiento de Davis era arriesgado pero tenía que hacerlo, desarmar a Kaahteney. Davis le desabrochó el cinturón con el revólver y lo colocó sobre su brazo. Kaahteney ni se movió. Bonito se ofreció llevar a Kaahteney a San Carlos con Askadodilges (Charley) y Chihuahua pero éste fue sustituido por José First, porque al final del día un médico militar entablilló el brazo roto de Chihuahua (no sabemos el motivo de la rotura).

El 27 de junio, comenzó el juicio de Kaahteney. Crawford seleccionó como jurado a 12 jefes Western Apaches (11 San Carlos y Tonto Apaches, y un White Mountain) de los que tenía asegurada su fidelidad, siendo nombrado Eskiminzin presidente del jurado. Crawford había decidido el resultado y la sentencia antes de comenzar el juicio. A las 10:45 horas de la mañana,  Kaahteney oyó los tres cargos de que le acusaba Crawford: 1º, Kaahteney el, o alrededor del, 17 de marzo de 1884, en San Carlos, Territorio de Arizona, intentó inducir a un número de indios apaches chiricahuas y Warm Springs a emprender el sendero de la guerra; 2º, Kaahteney incumplió premeditadamente ciertas promesas hechas al capitán Emmet Crawford, del 3º de Caballería, oficial al mando, que tras aceptarlas, fue nombrado explorador; 3º, Kaahteney hizo el, o alrededor del, 21 de junio, en Turkey Creek, Territorio de Arizona, un intento de crear disturbios entre los indios chiricahuas y Warm Springs que vivían allí, animándoles a hacer un levantamiento contra las autoridades que los controlaban.

Crawford actuó de fiscal y juez, negándose a revelar la identidad de los acusadores de Kaahteney, quien intentó defenderse a sí mismo pero fue en vano. El jurado le condenó y Crawford le sentenció a tres años de prisión recomendando que estuviese tres años en Alcatraz, donde estaría encadenado… vestiría ropas del hombre blanco, y sería obligado a trabajar. Estuvo en Alcatraz 20 meses, transformando su carácter. Dándose cuenta que toda resistencia sería inútil ayudó a Crook en las negociaciones con Gerónimo y Naiche en el Cañón de los Embudos en marzo de 1886.

 

* 22 de julio de 2020.

El comandante del presidio de Janos (Chihuahua), el capitán Antonio Cordero había enviado a tres soldados al presidio de Bavispe (Sonora) para llevar unos despachos. Los tres soldados eran Justo Mesa, Fermín González y Bartolomé Galaviz.

El 18 de agosto de 1788, los tres correos salieron de Bavispe para regresar a su unidad en Janos. A las 15:00 horas, cuando estaban el el Paso de Carretas (municipio de Janos, Chihuahua) fueron atacados por unos 20 ó 25 chiricahuas. Es difícil saber a qué banda pertenecían porque había bastantes rancherías “hostiles” a los españoles en esa época, entre ellas las de Gniguisén (Manta Negra, el Viejo); la de su hermano Chenaschán o Schenachén (Manta Negra, el Joven); Squielnoctero; Yagonxli (Ojos Colorados); Jasquienachi; y El Chiquito, en contraposición a las de El Zurdo y Natanijú, que colaboraban con los españoles proporcionándoles exploradores.

Los tres soldados abrieron fuego matando a un guerrero e hiriendo a varios más. Al ver que el camino estaba bloqueado por los chiricahuas, regresaron a Bavispe a todo galope. Los guerreros les persiguieron y cuando estaban a punto de ser alcanzados, se giraron y volvieron a disparar, siendo contestados con flechas y con algunos disparos de mosquete. Una flecha alcanzó a Mesa, quien cuando llegó a Bavispe confesó que temió por su vida. Los disparos de los soldados abrieron un hueco entre ellos y los chiricahuas pero éstos continuaron la persecución en cuanto los tres hombres picaron espuelas, alcanzándoles nuevamente. Un guerrero realizó un disparo de mosquete que alcanzó en la cabeza a Galaviz, matándole instantáneamente.

Mesa y González, viendo que no tenían opción si continuaban galopando, desmontaron y disparando sus mosquetes, pudieron mantener a raya a los chiricahuas hasta el anochecer, los cuales ante la falta de luz abandonaron el lugar. Los dos hombres sepultaron a Galaviz colocando piedras sobre su cuerpo y regresaron a Bavispe llevando el caballo de su compañero.

Una patrulla salió de Bavispe para reconocer el terreno, confirmando el relato de los dos hombres. La patrulla encontró en el primer sitio del enfrentamiento el cuerpo de un guerrero, el cual tenía las orejas cortadas (el informe no indica si la ausencia de las orejas era reciente o el guerrero ya las tenía cortadas antes de morir), y evidencias de que varios habían sido heridos. En el segundo lugar había abundantes flechas y restos de papel que envolvían las balas usadas por los mosquetes; y la tumba de Galaviz en el tercero.

El capitán Cordero informó al comandante general, Jacobo de Ugarte, quien recompensó a Mesa, a González, y a los herederos de Galaviz, con 50 pesos a cada uno. González, cuando se licenció con el cargo de sargento, había prestado servicio durante 41 años y participado en 37 campañas y persecuciones pero fue esa larga y terrible tarde la que acudía a su mente. Tampoco Mesa la olvidó.

 

* 19 de julio de 2020.

El joven chiricahua debía servir como “dikohe” o aprendiz de guerrero en sus cuatro primeras incursiones o expediciones guerreras. Este periodo de aprendizaje era el paso previo a través del cual el joven alcanzaba la condición de adulto, pero también demostraba que podía mantener una familia y por lo tanto era apto para obtener una esposa.

No había una edad definida en la que un muchacho debía unirse a su primera expedición, normalmente entre los 14 y 16 años: El joven se ofrecía como voluntario cuando creía que tenía edad suficiente. Aunque no era obligatorio participar, los que estaban en buena forma física y querían disfrutar del botín conseguido en las incursiones, difícilmente podían elegir otro camino. Debido a las complejidades y ceremoniales del aprendizaje, éste era indispensable para tener éxito en una incursión y el hombre que no hubiese sido un “dikohe” difícilmente era aceptado por los miembros del grupo al que quisiera unirse. Había algunos que no se ofrecían como voluntarios por lo que eran rechazados cuando emprendían el sendero de la guerra. Sin embargo, el joven que no estaba preparado no se le animaba a participar prematuramente. Si un joven creía que no podía soportarlo, no iba. Tampoco iba sin saber lo que le esperaba. Si se ofrecía voluntario, sus parientes le contaban las dificultades y los peligros. Si aún así quería ir, le dejaban.

Una vez que el joven declaraba su intención de convertirse en “dikohe”, recibía consejos para guiar su conducta durante las cuatro expediciones: Las primeras cuatro veces son importantes porque si se muestra poco seguro y desobediente, ese será su comportamiento durante el resto de expediciones.

Antes de ser aceptado como “dikohe”, tenía que aprender a cuidar de sí mismo durante la marcha, sobre todo si tenía que separarse del resto del grupo.

Un “dikohe” recibía este tipo de consejos: Antes de salir, haz que las mujeres te machaquen suficiente carne y grasa para una semana. Toma agua. Luego, al anochecer, cuando esté lo suficientemente oscuro como para que no puedas ser visto a lo lejos, avanza. Intenta cruzar los llanos y las montañas al amanecer. Luego ocúltate en la maleza y mira a tu alrededor. Estate ahí hasta la noche y luego ve a la siguiente cordillera. No cruces los llanos de día. Solo viaja de día y de noche si estás en las montañas.

Si no sabes dónde hay agua, vete a un lugar alto y busca las zonas verdes. Donde crecen árboles y hierba verde, allí encontrarás agua. Sin embargo no vayas de día. El enemigo te buscará allí. No importa cuánta sed tengas, espera hasta que llegue la noche. Luego ve allí, bebe y llena cualquier recipiente de agua que hayas traído contigo.

Incluso si es un día caluroso, no vayas a una sombra profunda. Es el primer lugar a donde irá un mexicano, otro nativo o un animal salvaje. Ve debajo de un pequeño arbusto a la intemperie o debajo de la hierba. Si estás entre hierba alta y oyes algo, coge un poco de hierba, sostenla delante de ti y mira a través de ella. Entonces será difícil verte, especialmente desde lejos. Si estás cerca de un lugar donde la maleza es abundante y quieres ocultarte sin moverte, simplemente coge una rama que esté a tu derecha o izquierda y mantenla frente a ti.

Si ves a alguien a lo lejos y no sabes quién es, elije un lugar que esté al aire libre y sea visible desde tu escondite. Coge césped, enciende un fuego con hierba verde para hacer abundante humo. Luego, apágalo de inmediato y corre hacia tu escondite. La persona verá el humo e irá allí y tú podrás saber si es amigo o enemigo.

Si estás perdido o quieres encontrar a alguien, enciende un fuego con humo y apágalo. Mira a tu alrededor. Tus amigos también harán lo mismo y los encontrarás. Si quieres que alguien te siga, haz humo y en el lugar pon un palo con muescas señalando la dirección en la que fuiste. Tus amigos lo encontrarán.

En invierno, trata de encontrar un árbol con ramas anchas, porque allí habrá menos nieve debajo que en otros sitios. Aparta la nieve que haya hasta que aparezca la tierra más seca, corta ramas y apílalas encima, y pon tu manta sobre ellas. Enciende un fuego en el suelo y duerme cerca de él si no vas a quedarte mucho tiempo. Si vas a estar más tiempo allí, haz el fuego en un hoyo.

Aparte del padre o cualquier otro pariente que daba al joven la información necesaria, el “hombre medicina” tenía una función importante porque preparaba al joven para esos viajes. A veces, varios jóvenes de la misma edad se ponían bajo el cuidado de uno de ellos.

Todos los voluntarios eran reunidos e instruidos por el “hombre medicina”. Les decía lo que debían hacer y cómo debían comportarse. Los jóvenes que iban por primera vez como “dikohe” llevaban un sombrero especial y eran los únicos que llevaban un tubo para beber, con un palo rascador unido a él; es decir, con el mismo cordel, todos ellos hechos por el “hombre medicina”. Este palo de rascar tenía aproximadamente cinco pulgadas de largo y estaba hecho de la madera de cualquier árbol que diera fruto. Cuando regresaban, le devolvían el sombrero, el rascador y el tubo para ser usados por otros jóvenes.

Si el joven no usara el rascador, su piel sería suave (sería débil). Tenía que usar el tubo para beber todo. Era una regla que se imponía al joven. Si no usara el rascador y el tubo, sus bigotes crecerían rápidamente.

El “dikohe” no podía comer alimentos calientes. Al cocinar la comida debía dejar que se enfriase antes de comerla. Si comía comida caliente, los caballos no valdrían nada para él. Tampoco podía comer entrañas. Si lo hiciera no tendría buena suerte con los caballos. La carne de la cabeza de un animal también estaba prohibida para él.

El “dikohe” no debía mirar hacia arriba cuando estaba en la incursión para evitar las fuertes lluvias. No podía reírse de nadie aunque la situación fuera divertida. Debía dirigirse con respeto a todos los hombres y no debía hablar libre u obscenamente de las mujeres. Debía permanecer despierto hasta que le diesen permiso para acostarse ya que irse a dormir antes que los demás era un signo de indolencia, haciendo que todos los miembros del grupo se adormecieran.

Los guerreros le ponían a prueba obligándole a realizar tareas menores como cuidar de los caballos, recoger agua y leña, preparar la comida y hacer el trabajo pesado alrededor del campamento cuando el grupo se detenía a pasar la noche. Debían levantarse temprano por la mañana, encender el fuego y cuidar de los caballos si los hubiera. El objetivo era endurecerles y enseñarles la autodisciplina y la supervivencia en un territorio agreste y peligroso.

Aunque su conducta era importante para el éxito de la expedición, el “dikohe” tenía que adquirir experiencia práctica realizando actividades subordinadas. El “dikohe“no combatía salvo en casos de extrema necesidad. La pérdida de un “dikohe” tenía consecuencias en el liderazgo de la incursión ya que el joven estaba bajo la protección de los ritos del “hombre medicina”. Pero incursionar en territorio enemigo era peligroso, y a veces los asaltantes, cuando iban en una misión particularmente peligrosa, debían dejar al “dikohe” atrás para que no fuera arrastrado a la batalla. Luego, si había dificultades o un enemigo superior en número, es posible que no pudieran llegar a donde lo habían dejado. Algunos “dikohes abandonados” fallecían o sufrían grandes dificultades para llegar a su ranchería.

No todos los jóvenes lo pasaban con éxito. Si un joven no era fiable y no mostraba mejoría, ya no lo llevaban más. No se organizaban incursiones a la medida del “dikohe”.

A menos que hubiera una fuerte crítica de la conducta del “dikohe” en la última incursión, cuando regresaba a la ranchería se había convertido en un guerrero.

Significaba que ya era un hombre. No tenía que quedarse en casa. Era libre de hacer lo que quisiera y de tener su propia opinión. Ahora se podía casar.

Cuando se anunciase la próxima incursión o partida de guerra, este nuevo guerrero podría participar en la danza de guerra y comprometerse de manera diferente. La quinta vez no había restricciones. Después de los primeros cuatro viajes, estos jóvenes guerreros iban los primeros en la batalla para probarlos.

 

* 15 de julio de 2020.

El 19 de enero de 1863, Mangas Coloradas murió a manos de los soldados que le custodiaban en Fort McLane (Grant County, New Mexico) por orden del general Joseph Rodman West. El cirujano del puesto, David B. Sturgeon, le cortó la cabeza y su cráneo fue enviado al frenólogo Orson Squire Fowler de New York.

Los chiricahuas buscaron venganza. Cochise, Victorio, y Luis (un subjefe bedonkohe, probablemente un hijo de Mangas Coloradas), organizaron una gran partida de guerra para vengar su muerte. Atacaron a varios grupos de estadounidenses a lo largo del Río Grande y en el Cooke’s Canyon (Luna County, New Mexico). En San Diego Crossing (Doña Ana County, New Mexico), sobre el Río Grande, atacaron el 17 de junio a un destacamento militar, matando al teniente L. A. Bargie y a dos soldados. Los chiricahuas hicieron a Bargie lo mismo que los soldados habían hecho a Mangas Coloradas. Bargie fue encontrado con su cabeza cortada, su pecho abierto, faltándole el corazón.

El 28 de junio, otro ataque cerca de las Gallinas Mountains (Socorro Mountains, New Mexico) a dos soldados correos de Fort Stanton (Lincoln County, New Mexico) acabó con uno de los soldados muertos y el otro, N. Quintana, herido y capturado, al que ataron a un poste y lo quemaron vivo. Tras estos ataques apaches, el general West ordenó al comandante William McCleave: Esta banda de indios del río Mimbres debe ser exterminada hasta el último hombre. En cuanto las condiciones lo permitan cumplirá esta orden. Use cada hombre disponible… explore cada trozo de tierra y deles una paliza en sus lugares preferidos. Mientras, Cochise y Victorio estaban probablemente en el Cook’s Peak atacando a dos columnas de soldados en el Cooke’s Canyon.

En agosto, tres grupos de chiricahuas atacaron Fort Bowie (Cochise County, Arizona) llevándose todos los caballos pertenecientes al pequeño destacamento de la compañía “E”, del 1º de Caballería. Un destacamento dirigido por el capitán Tidball salió en su persecución sin éxito.

 

* 13 de julio de 2020.
Apaches en Bachíniva.

(Este relato está dedicado a mi amigo Turrito De los Ríos que me pidió un escrito sobre la presencia apache en Bachíniva. Tenía previsto incluir parte de este relato en otro contexto en el futuro pero ante su petición, lo hago ahora. Va por él).

La primera referencia que existe de Bachíniva data de 1660. Su nombre original era Santa María de Nativitas de Bachíniva, en honor a la Santa y al arroyo de Bachíniva que cruza el municipio.

Fray Diego de Mendoza partió de Casas Grandes hacia la Sierra Madre dónde permaneció durante seis meses para reunir un grupo de 200 familias nativas para poblar Namiquipa y por ende, sus alrededores.

La historiadora mexicana Clementina Campos Reyes en su tesis doctoral “Namiquipa, un poblamiento lento y difícil (1780-1910)” afirma: Los apaches compartían el espacio con otros grupos, en parte cazadores y recolectores, como los janos, jocomes, tobosos, chizos, sumas y jumanos que terminaron por extinguirse o integrarse a otros grupos en la segunda mitad del siglo XVIII, al no poder resistir a las expediciones punitivas españolas ni a las recurrentes enfermedades epidémicas… Apaches y comanches realizaban periódicas incursiones en los territorios de los actuales estados de Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas, en ocasiones se adentraron hasta San Luis Potosí y Querétaro. Pero en Namiquipa sólo se mencionaba a los apaches.

(Permitidme un inciso en el relato. La directora de tesis de Clementina Campos es Chantal Cramaussel, Licenciada por la ENAH y Doctora en Historia. Si alguien quiere conocer en profundidad la historia antigua de Chihuahua que lea sus trabajos. Es una francesa naturalizada mexicana que ha obtenido varios premios, uno de ellos proporcionado por el Comité Mexicano de Ciencias Históricas por un trabajo sobre historia colonial. Pero sigamos).

El poblamiento de la región de Namiquipa está ligado a la provincia de Nuevo México, que desde principios del siglo XVII conformaba la frontera norte de la Nueva Vizcaya central. Los llamados“indios bárbaros” de las grandes llanuras de los actuales Estados Unidos realizaban intercambios comerciales con los nativos Pueblos desde la época precolombina, cambiando productos de la caza del bisonte y cautivos de guerra por granos y mantas.

Los nativos Pueblos estaban en estrecha relación cuando menos comercial desde tiempo atrás con los habitantes de la región de Casas Grandes, al norte de Namiquipa. Durante el siglo XVII, los españoles se integraron en esas redes prehispánicas de comercio, que incluían las de la esclavitud. El comercio de esclavos incentivó a su vez las incursiones de grupos apaches que buscaban obtener cautivos de otros grupos, tanto nómadas como sedentarios.

Hacia 1690, los tarahumaras se alzaron y se esparcieron hacia el oeste y hacia el norte mientras que unos más se asentaron junto a los tobas de Namiquipa, pero ésta es la única referencia que se tiene de un grupo de nativos con ese nombre. Después de la rebelión, en la que se involucraron también los conchos que solían vivir en Bachíniva, Namiquipa y Yepómera, los tobas y los conchos aparentemente fueron remplazados por tarahumaras, aunque la distinción entre los dos grupos no es del todo clara.

Durante el siglo XVIII, la mayoría de pueblos nativos, excepto los tarahumaras y los apaches, desaparecieron fruto de las enfermedades, la acción bélica, del mestizaje con la población de la zona o por ser absorbidos por otros pueblos nativos, apaches incluidos.

Durante la época de paz de finales del siglo XVIII, varias rancherías chiricahuas (principalmente chihennes y nednais) se establecieron cerca de los presidios de Chihuahua como establecimientos de paz, donde recibían raciones. En 1804, Namiquipa se convirtió en uno de ellos. Allí fueron chiricahuas provenientes de San Buenaventura(municipio de Buenaventura, Chihuahua) y del Carrizal(municipio de Ahumada, Chihuahua), además de la ranchería del chihenne Yagonxli, más conocido como Ojos Colorados, persona destacada en las relaciones hispano-apaches en la región hasta 1800(anteriormente había estado en Janos). El 2 de enero de 1795 la ranchería de Ojos Colorados situada en las inmediaciones del presidio de Janos, estaba integrada por otros 6 varones adultos, 9 mujeres adultas, 3 varones pequeños y 13 niñas. Los jefes de familia eran Ojos Colorados, de 45 años(con 2 mujeres y 2 hijos con cada una); Nataje (soltero de 40 años); Sorgiense, de 25 años(con su mujer y una hija); El Flaco, de 23 años(con su mujer y 2 muchachas); Felipe, de 25 años (con 2 mujeres y 3 hermanas, no sabiéndose si las hermanas eran suyas o de sus mujeres); El Cabezón, de 27 años(con 2 mujeres, 2 sobrinos varones, y 2 niñas agregadas); y Jasquienelgin, de 57 años (con su mujer y una hija). Esta ranchería no variaría mucho en su composición cuando en 1804 se estableció en Namiquipa. Es fácil imaginar a Ojos Colorados y su gente acudir a Bachíniva a comerciar.

Acabada la época colonial, el gobierno mexicano suspendió en 1831 el sistema de raciones por lo que los chiricahuas fueron abandonando progresivamente los asentamientos de paz y regresaron a su estilo de vida anterior por lo que volvieron los enfrentamientos. En los pueblos que rodeaban Bachíniva tuvieron lugar varios enfrentamientos, principalmente en Namiquipa. Solo vamos a mencionar los que afectaron a Bachíniva para no hacer eterno este relato.

La mañana del 15 de junio de 1834, Jesús María Orozco, jefe político de La Concepción (Vicente Guerrero, Chihuahua) partió con 15 soldados y 15 vecinos hacia algunos ranchos y pueblos de la jurisdicción de Bachíniva donde habían sido vistos apaches con caballos robados. Antes de la llegada de Orozco a Bachíniva, ya había partido de esa localidad otro grupo que había ido tras los apaches que se dirigían a las faldas de la Sierra de San Miguel (ubicada entre la villa de La Concepción y el pueblo de Bachíniva). Durante los dos días siguientes no pudieron dar alcance a los apaches, a pesar de haberse reunido los dos grupos. Gastaron solo 45 cartuchos porque dos soldados y los 15 vecinos del grupo carecían de armas de fuego.

La falta de armamento y recursos para combatir a los apaches se hizo más evidente a mediados de 1834. El día 12 de julio a las 8 de la mañana, un grupo de unos 30 apaches atacó a unas personas en el paraje de la Boquilla (cerca del pueblo de Las Cruces) donde mataron a Nepomuceno Cos. A las 6 de la tarde partió Jesús María Orozco con 50 hombres, entre ellos 12 soldados al mando de un capitán. Dieron la alarma al pueblo de Bachíniva, presentándose 30 vecinos que colaboraron en la persecución; y al pueblo de Santo Tomás para que fueran a inspeccionar los puntos de Teseachi y Nayurachi, los más cercanos a ese lugar. Cuando volvieron con las manos vacías, los vecinos pidieron a las autoridades que les dieran armas de fuego ya que tuvieron que salir sin ellas.

En julio de 1834, tres apaches hicieron huir a un vaquero de la Hacienda de San Miguel de Bavícora, mataron a una yegua a lanzadas, descuartizándola para comérsela. Unos mensajeros dieron la noticia a Salvador Solís, alcalde de paz de Bachíniva, quien envió a varias personas para confirmar el suceso e informar a las autoridades de La Concepción. El rastro de los apaches iba hacia el cañón de San José (municipio de Guerrero, Chihuahua ?) pero nadie salió tras ellos ya que las armas disponibles estaban siendo usadas por otro grupo perseguidor al mando del presidente de La Concepción, Jesús María Orozco. En el pueblo de Bachíniva sólo se quedaron los soldados inválidos con armamento en malas condiciones, encargados de proteger a la población.

El día 23 del mismo mes de julio, los correos que iban a pedir ayuda en Bachíniva, se toparon en el camino con el administrador de la Hacienda de San Miguel de Bavícora y otros vaqueros que iban a inspeccionar las reses que apacentaban en ese lugar. Inmediatamente emprendieron la persecución de los apaches, al menos durante dos días. En la mañana del día 25, divisaron desde La Casita, en el camino entre San Miguel y el rincón de La Serna, a dos apaches que estaban llevando caballos a la Sierra de San José (municipio de Guerrero, Chihuahua).

Mientras tanto, otro hecho había ocurrido el día 24 de julio, al constatar la presencia de apaches cerca de Santa Clara, cuyos habitantes pidieron ayuda al presidente municipal de Namiquipa, quien a su vez avisó al juez de Bachíniva. Al anochecer, dicho juez envió a Santa Clara a dos correos a todo galope quienes regresaron el día 25 de julio, alrededor de las 12 del mediodía. Informaron al juez que desde antes del alba, se estaba organizando una partida mandada por el capitán Vázquez.

Los días 2, 4 y 22 de abril de 1835, se registraron incursiones apaches en Santa Clara, en el camino de Agua Zarca que unía ese lugar con Namiquipa. En Los Charcos de Santa Clara se enfrentaron 30 apaches y seis mexicanos; en Agua Zarca, un número desconocido de apaches mató a un hombre llevándose cuatro reses. En el pueblo de Namiquipa hubo igualmente un combate pero se desconocen los detalles del asalto. Los apaches se refugiaron en la sierra de la Agua Zarca. Un incidente más ocurrió el 9 de abril en la Hacienda de Rubio, perteneciente a la jurisdicción de Bachíniva.

A las 20:00 horas del 8 de julio de 1837, llegó a la casa consistorial de Bachíniva, el joven Juan José Domínguez, quien era vecino de ese pueblo diciendo que era un cautivo que había escapado de los apaches. A las 18:00 horas, el joven se había presentado en la casa del indígena José Sánchez alias “Corio”, quien inmediatamente informó del hecho por lo que Domínguez fue conducido a la casa consistorial e interrogado por la autoridad local, José María Merino, quien informó de lo siguiente: Que el viernes 7 del que rige logró fugárseles a los indios de una sierra incógnita trayéndose consigo un caballo melado en que vino montado y llegó en él a este pueblo. No queda duda según el examen referido, en que este desgraciado joven, solo por un milagro de la divina providencia pudo haber sabido, así como no pueda también en decir veracidad en la sucinta narración que ha hecho. En ella hay mención de que los indios se hallan viviendo con sus familias en la tierra donde le tenían, que aunque no la conoce el llevará la gente a ella, que allí viven efectivamente pues tienen hecho rancherías y que ésta se compone de 8 gandules, 8 indias, sus familias [que son algunas] y dos cautivitas chicas: que no tienen más de 5 armas de fuego incluida una pistola; y en fin por la premura del tiempo, no digo a v porción de cosas interesantes que dan a conocer viven hoy los apaches.

Como el interés de castigar a estos es sobrenatural; en tal concepto me puse de acuerdo con los oficiales que componen las fuerzas de este enunciado pueblo y en unanimidad dijeron que se resolvían hacer una campaña de 40 o 50 hombres con el fin de exigir al castigo de tan perversos enemigos, por la Sierra de [Manta Negra] o Metates, según dice el cautivo que por el rumbo donde salió en una de ellas se hallan. Dice también el joven le contaron los indios que en este pueblo mataron 3 hombres y uno se les escapó porque echó a huir, lo que da a conocer que estos son los que a cada paso nos están haciendo muertes.

Una tropa al mando del comandante don Félix Nava fue enviada a Bachíniva. A las 8 de la noche del 16 de julio, se presentó en ese lugar el subteniente Salvador Solís, quien provenía de la sierra del cañón del Palomino y Carrizalejo, en cuyo interior hallaron las rancherías de los apaches que tenían cautivo a Jesús José Domínguez. Para recompensar la honradez y el valor demostrados por Domínguez, el alcalde de Bachíniva, Juan José Ortega le dio en propiedad el caballo con el que había huido de los chiricahuas.

El 24 de julio de 1841, Namiquipa sufrió un asalto con un saldo de más de 100 reses robadas. Luego, durante el mes de agosto, un grupo de 200 apaches mataron a 16 personas en el pueblo de Bachíniva.

El 29 de agosto de 1866, el pueblo de Las Cruces despareció en unas cuantas horas tras el ataque de unos 200 apaches, los cuales mataron a la mayoría de los vecinos (18 varones adultos y un niño). En el mensaje que llegó a Bachíniva el día 1 de septiembre, el presidente de Namiquipa especificó que los apaches, después de matar a los vecinos, se llevaron las cosechas que acababan de realizar los vecinos, y probablemente también el ganado. Al mismo tiempo saquearon las casas y recorrieron a su antojo todo el pueblo: Después de la primera partida que despaché en auxilio la noche del día desgraciado, salió otra hoy de hombres montados que comandaba el Señor Lazo, estos iban porque no se podía saber el resultado de la primera; y a cosa de una legua se encontraron con los correos que vienen solicitando auxilio para levantarse las familias que las han quedado sin recursos, por lo que se ve hoy desaparecer aquel pueblo, quedando como antes en desierto asombroso.

Este resumen de los enfrentamientos que tuvieron lugar entre los chiricahuas y los habitantes de Bachíniva y alrededores dan una idea de lo que tuvo que ser a lo largo de todo Chihuahua.

 

* 9 de julio de 2020.
Guerra y paz.

El 30 de enero de 1757, cerca de San Buenaventura (municipio de Buenaventura, Chihuahua), una banda apache emboscó el tren de suministros del presidio de la ciudad de Chihuahua. Los soldados de la escolta rechazaron a los apaches hacia las montañas cercanas a la vez que otra partida de apaches recorría el Valle de San Buenaventura, al sureste de Janos (Chihuahua), robando dos vacas y varios caballos. Un vecino de dicho valle fue al presidio de Janos para dar la alarma, donde la impresión general era que había sido la banda chihenne de Chafalote.

Un destacamento de 32 soldados al mando del capitán Santiago Ruiz de Ael, ensilló sus caballos, llevando cada hombre uno más de repuesto, más las provisiones, saliendo de Janos cuando se ponía el sol. Cabalgaron durante toda la fría noche dejando atrás el asentamiento abandonado de Casas Grandes, cruzaron el río del mismo nombre y llegaron al Valle de San Buenaventura.

Guiaba el destacamento el cabo Marcelino Antonio de Herrero, un veterano de 50 años, natural de dicho valle y experto en enfrentamientos con los chiricahuas. Deteniéndose lo justo para cambiar de monturas, siguieron adelante. Con las primeras luces de la mañana, encontraron el rastro que iba al sur y al este del Corral de Piedra (municipio de Guerrero, Chihuahua). A media mañana alcanzaron a los apaches, entablándose un enfrentamiento que duró todo el día. Pelearon por las laderas cubiertas de rocas, donde falleció el soldado Basilio Pacheco. Al llegar la noche unos pocos apaches consiguieron llevarse la mayoría del ganado robado mientras el resto se perdía en la obscuridad. Los soldados regresaron a Janos sin haber cumplido su objetivo.

Tuvieron más suerte el 24 de marzo, cuando 15 soldados salieron del presidio de Janos en busca de otro grupo que había robado varios novillos de la Casa de Janos (municipio de Janos, Chihuahua), 48 km al suroeste del presidio. Tras una persecución de unos 72 km, los españoles alcanzaron a los apaches que rápidamente huyeron a las montañas, dejando los animales atrás.

A pesar de estos robos, parece que los apaches querían la paz. El 30 de abril, una anciana apache llegó a Janos con una cruz negra de madera (muy común entre los apaches de la época) pidiendo la paz para su gente. Según el artículo 193 del Reglamento de 1729 que decía: … cualquier indio de rancherías enemigas que venga al presidio y pida la paz, se le otorgará…, el comandante de Janos, Ruiz de Ael, la trató amablemente, dándole tabaco y maíz, y otros regalos para que se los llevase a su jefe con una invitación para ubicarse en Janos.

El 6 de mayo, tres hombres apaches llegaron a Janos, llevando cada uno una cruz negra de madera. Ruiz de Ael les aleccionó para que no se dedicasen a robar, dándoles a continuación unos regalos, yéndose de allí en cuanto se los dieron.

Ruiz de Ael siguió enviando patrullas a las sierras de los alrededores no encontrando a ningún apache. En concreto inspeccionaron las Sierras de Enmedio y de Carcay (las dos en el municipio de Janos, Chihuahua); y la Sierra de la Escondida (municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua) sin ningún resultado positivo. Pero otra vez, el 16 de junio, cinco apaches llegaron a Janos. Encabezando esa delegación iba la esposa del jefe de una ranchería. El presidio tenía ahora un intérprete y los apaches pudieron ser interrogados. La mujer dijo que las familias de la ranchería estaban cazando, esparcidos y acampados a través de las sierras y que tan pronto como regresasen vendrían todos a Janos.

Ocurrió como dijo la mujer. A los pocos días varios grupos se presentaron ante los muros del presidio, donde recibieron regalos y comerciaron con el producto de su caza. Sin embargo, el 24 de junio, durante la noche y sin razón conocida, todos los apaches se fueron. Aunque Ruiz de Ael denominó esa marcha como un “levantamiento“, no envió soldados para perseguirlos ya que los apaches no habían cometido ningún acto violento.

Pero eso cambió en agosto, ya que una patrulla de Janos sorprendió a un grupo de apaches en la Hacienda de Casas Grandes (municipio de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua), recuperando dos caballos robados.

En septiembre, los apaches volvieron a la Hacienda de Casas Grandes donde robaron varias yeguas. Un destacamento de 20 soldados les siguieron hasta la Sierra de Enmedio sin poder alcanzarlos. El 15 de septiembre, varios apaches se llevaron una manada de novillos de Janos. Los soldados siguieron las huellas durante cinco días, logrando recuperar los animales y llevarlos de vuelta al presidio mientras los apaches se refugiaban en las sierras que rodeaban la aldea de Carretas (municipio de Janos, Chihuahua), situada a 63 km del presidio.

De nuevo los apaches alternaron su política de “guerra y paz”. El 10 de octubre, cuatro mujeres apaches llegaron a Janos diciendo que el jefe de su ranchería quería hacer un trueque con algunos cautivos españoles que tenía. Ruiz de Ael respondió que le daría a cambio vacas, caballos, ropa, o lo que quisiera. También ordenó a una patrulla salir para inspeccionar la Sierra de Enmedio pero no encontró nada.

El 21 de octubre, una joven española capturada por los apaches 10 años antes en la Hacienda del Carmen (hoy Flores Magón, municipio de Buenaventura, Chihuahua) se presentó en Janos, huyendo de ellos. Dos horas más tarde una mujer apache llegó para buscarla informando que gente de su ranchería traería pronto a cuatro cautivos para intercambiarlos por la joven. Ruiz de Ael no aceptó pero le dio regalos para su jefe. Tres días más tarde la mujer apache regresó a su campamento sin la joven.

Al día siguiente, 25 de octubre, los apaches buscaron venganza. Un grupo de apaches asaltó la Hacienda de Casas Grandes. Un destacamento les siguió hacia el sureste, hasta el Valle de San Buenaventura, donde los guerreros viraron al oeste y desaparecieron en las sierras. Los apaches estaban de regreso en la hacienda seis días después. Fueron perseguidos por 20 soldados hasta “El Ojo del Suma” (?), un campamento apache hacia el este, donde el rastro desaparecía en dirección al río Gila.

 

** 2 de julio de 2020.
El 30 de marzo de 1854, una fuerza combinada de unos 250 apaches jicarillas, al mando de Flechas Rayadas y sus aliados utes, emboscaron a la compañía “I” y a un destacamento de la compañía “F”, en total 60 soldados, del 1º de Dragones, al mando del teniente John Wynn Davidson, en las Embudo Mountains (Rio Arriba County, New Mexico). Este enfrentamiento se conoce como la batalla de Cieneguilla.
Cada soldado iba armado con un mosquete Springfield, modelo 1847, del calibre 69; y una pistola Springfield, modelo 1842, del calibre 54; aunque algunos llevaban el revólver Colt Dragoon, calibre 44. La columna había salido del pueblo de Cieneguilla (Santa Fe County, New Mexico) a primeras horas de la mañana del 30 de marzo, siguiendo la ruta hacia las Embudo Mountains (Rio Arriba County, New Mexico). Al frente iban dos soldados y un explorador, Jesús Silva. Davidson les siguió durante un tiempo pero pronto se desvió hacia otro sendero que se dirigía hacia las montañas. Por qué envió Davidson a esos tres hombres en otra dirección no está claro. Pero el cuerpo principal encontró pistas frescas de numerosos jicarillas siguiéndolas hasta un estrecho desfiladero en cuya cresta estaban acampados. Los soldados subieron por la parte inferior del cañón a lo largo del sendero hasta llegar a un afloramiento rocoso con cuestas cada vez mayores que impedían nuevos avances, teniendo que ir por el lado derecho a una zona suavemente inclinada, cerca de la base de la cresta, justo sobre el fondo del cañón, desmontando a unos 350 metros del arroyo.
A las 08:00 horas de la mañana, cuando los soldados estaban subiendo la pendiente, los jicarillas les desafiaron a gritos. Habían oído el ruido del eco de los caballos aproximándose hasta el estrecho cañón, enviando a sus ancianos, mujeres y niños lejos, a las boscosas barrancas al sur del campamento. Los guerreros estaban ahora listos para el combate y probablemente habían tenido tiempo para discutir cómo hacerlo. Davidson decidió atacar para que el desafío no quedase sin respuesta. Ataron sus caballos a los árboles quedándose el médico D. L. Magruder y ocho soldados custodiándolos. El resto se dividió en dos pelotones, el primero al mando del sargento 1º William C. Holbrook avanzando por la derecha y el segundo, al mando del sargento William Kent, por la izquierda. Los jicarillas simularon una retirada dirigiéndose a ambos lados del cañón, atacando a los soldados cuando subían por la empinada pendiente, a unos 100 ó 150 metros del campamento. Los soldados agrupados sufrían los ataques de los jicarillas que estaban escondidos detrás de los árboles y las rocas, por encima de ellos. Un pelotón ascendió un corto camino a través de un estrecho paso hacia el norte, mientras el otro iba hacia arriba desde donde estaban atados los caballos. Subieron despacio, combatiendo durante algo más de una hora.
Sobre las 09:30 horas, los soldados llegaron a la cima después de un breve descanso donde estaban los guerreros esperándoles apostados en los alrededores. Tras un combate de 10 minutos, los soldados se retiraron ante las bajas sufridas (el sargento Kent y cuatro soldados fallecieron nada más llegar a la cima, y varios más resultaron heridos) pero tuvieron que detenerse a pelear ante las acometidas de los guerreros (cayendo más soldados) hasta, más o menos, las 10:30 horas.
El soldado James Strowbridge, de la compañía “I”, diría: Los indios enseguida cargaron contra nosotros desde tres puntos a la vez. Los rechazamos de nuevo y nos protegimos tras cualquier árbol o roca que pudimos alcanzar. Pusimos los caballos en una especie de círculo mientras los indios hicieron dos cargas más desde tres sitios a la vez. Los rechazamos otra vez. Entre estas cargas pasaron, algunas veces 20 minutos, otras media hora. Después cargaron juntos, unas veces por un lado, y otras por otro. Los hombres de un lado, iban al otro donde los indios estaban cargando para ayudar a repelerlos. Nosotros los rechazamos todas las veces. Luchamos en ese lugar durante una hora y media a dos horas, perdiendo a algunos hombres allí y matando a algunos indios. Vi a dos indios caer ante mí.
Davidson ordenó retirarse hasta una pequeña colina a 160 metros de distancia. Una vez allí fueron atacados por todos los lados. Davidson se dio cuenta que la posición era débil, cambiando de dirección para cruzar el arroyo. Durante estos movimientos llevaban los caballos que todavía vivían, yendo desmontados, deteniéndose a mitad de la cuesta para descansar. El soldado Strowbridge diría:Estuvimos allí un minuto o dos viendo a los indios cruzar el barranco para subir a la cima de la montaña para dirigirse hacia nosotros. Fuimos hacia arriba, a la colina que estaba más lejos que parecía tener una posición mejor para luchar. Subimos a la colina y plantamos cara a los indios permaneciendo en esa posición durante unos 15 minutos. Los indios siguieron rodeándonos, frente a nosotros, por ambos lados“.
Los soldados vieron a los jicarillas esperándolos en la parte superior. Allí siguieron disparando durante 10 minutos antes de que Davidson llevara a sus hombres a lo largo de la cresta mientras eran atacados varias veces. Davidson, que estaba herido por una flecha, ordenó a sus hombres dejar a los muertos, reunir a los heridos y llegar a la cima del cercano cañón. Habían perdido 17 hombres más durante la retirada con la mitad de los supervivientes heridos. El soldado James A. Bronson diría: En el momento en que llegamos a la cumbre nos atacaron, teniendo un enfrentamiento de 10 minutos. Después la columna cambió de dirección, a la izquierda, yendo a la cima de una montaña. Pero a unos 100 ó 160 metros de nuestro primer enfrentamiento, en la cima de la montaña, los indios nos atacaron por la retaguardia.
Los heridos estaban sobre los caballos mientras los demás defendían las alas y la retaguardia. Nos movimos lentamente así durante cerca de 800 metros, siendo atacados varias veces por los indios, pero cada vez fueron rechazados.
Cuando los soldados se acercaron al sendero vieron que la pendiente lateral era menos empinada, por lo que se retiraron por el lado de la cresta hasta el cañón adyacente, recorriéndolo durante varios kilómetros antes de pararse a descansar. El soldado Peter Weldon, de la compañía “F” recordaría que: Sentía que ya no podía levantarme, mientras el soldado James A. Bronson diría: Al final de esa distancia llegamos a donde la montaña llevaba a un profundo barranco o cañón, donde los indios aparecieron para hacer su gran carga y rodearnos. También los rechazamos. Davidson estaba también herido en esos momentos, y también varios hombres que estaban de pie junto a mí. Davidson habló para ser oído y dijo: ‘No se agiten, hombres. Mantengan la calma. He estado en lugares peores que éste’.
La lluvia de flechas en ese lugar había sido tan grande, que el suelo estaba completamente sembrado de ellas. Los soldados que combatían eran pocos ya que la mayoría estaban heridos, antes de alcanzar ese punto, y escuché a los que defendían la retaguardia y las alas quejarse de que estaban completamente ‘cubiertos’ por ellas. Davidson ordenó al corneta tocar ‘llamada’ para montar y moverse. Entonces comenzó, lo que consideré, una retirada ante los indios, y un testigo ocular, podría reconocer que fuimos vencidos al ser más [los jicarillas] en esos duros enfrentamientos…
… Cuando llegamos al pie de la colina, de unos 40 metros de altura, me volví en la silla y vi en la cima de la colina que habíamos dejado, un gran grupo de indios, unos 60 ó 70, y también otros en los dos flancos, que nos hacían gestos con sus brazos de que podían con nosotros. Después de seguir el barranco a unos 100 metros, vi a dos indios a la derecha del barranco, disparando uno de ellos su arma, alcanzando la grupa del caballo que iba delante de mí. Ese fue el último de los indios que vi“.
El soldado Strowbridge diría: La última vez que nos enfrentamos fue justo antes de bajar al otro lado de la colina. Mantuvimos nuestra posición allí durante unos 20 minutos, luchando contra los indios, creo que con la intención de mantener la posición. Yo estaba sentado tras un árbol tratando de conseguir disparar a un indio cuando un disparó golpeó el suelo junto a mí, y otro pasó entre las piernas del soldado Newhand cuando estaba en cuclillas, diciendo que no era bueno que nos quedásemos allí ya que no estábamos protegidos. Los indios en ese momento comenzaron a disparar flechas, viéndose 15 ó 20 de ellas clavadas en el suelo. Cuando nos levantamos para cambiar de posición escuché a alguien decir que el teniente estaba herido. Me di la vuelta y vi una flecha clavada en su hombro, diciendo que ‘no importaba, que no era nada’. Creo que fue el cabo Dempsey quien se la sacó. Davidson se hirió a sí mismo en el pie por una bala y uno de sus pulgares fue partido en dos trozos.
En esos momentos, el sargento Holbrook vino caminando hacia mí preguntándome si podría conseguirle un caballo ya que le habían disparado y no podía seguir a pie. Le conseguí un caballo e intentó montar pero estaba tan débil que no pudo. Sangraba mucho porque tenía clavadas dos flechas, una en su espalda casi hasta las plumas. Cuando intentó montar el caballo, cayó hacia atrás y falleció. No puedo decir cuánto tiempo después nos alejamos de ese lugar. Fue el último combate que tuvimos. Davidson dio la orden de montar y avanzar colina abajo. Había pocos que no estaban heridos. Pusimos a cada herido en un caballo, y uno ileso tras él, retirándonos así hasta el campo. Así llegaron al camino de Taos dirigiéndose a Fort Burgwin (Taos County, New Mexico).
Los jicarillas dirigidos por Flechas Rayadas habían rechazado a los soldados quienes tuvieron 22 muertos y 23 heridos (al menos uno mortal), además de perder 45 caballos (muchos muertos y otros en poder de los jicarillas), y gran parte de los suministros. Las pérdidas de los jicarillas no están claras pero estimaciones militares creen que llegaron a 50 (entre muertos y heridos). Chacón, un jefe jicarilla que no estuvo presente en la batalla diría que otro jefe, Pacheco, murió allí. Cuando comenzó el combate, los indios estaban haciendo vasijas de barro y algunos de ellos incluso estaban de rodillas pidiendo la paz. Los soldados mataron al jefe Pacheco, y una bala entró en las entrañas de una mujer, que sobrevivió. Alrededor de 50 indios murieron en Cieneguilla.
El “Santa Fe Weekly Gazette” informaría:Fue una de las batallas más duras que jamás haya tenido lugar entre las tropas estadounidenses e indios”.

* 28 de junio de 2020.

¿Cómo desaparece un pueblo? Una de las formas es ser asimilado por otro.
Veamos un ejemplo práctico.
Cuando llegaron los españoles a lo que hoy es el norte de México, y más en concreto, Chihuahua, se encontraron con una serie de pueblos de origen incierto aunque la mayoría de expertos se inclinan por la teoría de que pertenecían al tronco común uto-azteca. Había más pero vamos a referirnos a estos: los chinarras, mansos, janos, jocomes, jumanos, y sumas.
Hay historiadores que dicen que los chinarras eran parte de los conchos y los sumas de los jumanos.
Los janos y jumanos eran los que más se parecían a los nativos de las praderas por lo que algunos los consideran apaches o bien fueron absorbidos por ellos.
No tenemos mucho de donde obtener datos excepto de los informes españoles de la época.
A finales de julio de 1692, Juan Fernández de la Fuente, comandante del presidio de Janos, encontró un gran campamento nativo, a solo 38 km del manantial de La Palotada (municipio de Janos, Chihuahua). Había unas 1.000 personas pertenecientes a una coalición de janos, jocomes, mansos y sumas, con algunos pocos apaches y pimas, dirigida por el jocome El Tabovo. Los españoles les derrotaron, matando y capturando a muchos.
El Tabovo se dirigió hacia la Sierra de Chiricahua (Chiricahua Mountains, Cochise County, Arizona) desde donde enviaba grupos para asaltar los asentamientos españoles de la época.
En junio de 1695, salió del presidio de Janos, un destacamento al mando de Fernández de la Fuente, al que se sumó otro proveniente del presidio de San Pedro del Gallo (municipio de San Pedro del Gallo, Durango) al mando del capitán Domingo Terán de los Ríos; y 60 nativos aliados, 30 conchos bajo su líder Juan Corma y otros 30 ópatas con su jefe Pablo Quique. El destacamento salió de campaña el 18 de junio, explorando durante una semana las sierras al norte y noroeste de Janos. Llegaron a la Sierra de Chiricahua donde localizaron y destruyeron, en un enfrentamiento que duró toda la mañana, la ranchería de El Tabovo, quien lideraba una coalición de su tribu, y de janos, mansos, sumas y chinarras.
Resultaron muertos casi la mitad de los nativos, haciendo huir al resto. Luego El Tabovo vino al frente de los jefes de cada grupo tribal para negociar con los españoles. Durante siete días pidieron que fuesen liberados los familiares que los españoles tenían cautivos y que les devolviesen sus caballos. Durante la negociación recibieron tabaco, pan, mantas, carne y pinole. Sin embargo, los españoles se fueron repentinamente. El motivo era que se había producido una revuelta de los pimas, yendo al oeste a sofocarla. Al tener los jocomes solo 19 hombres vivos (el resto estaban muertos o capturados), El Tabovo decidió ir al río Gila para unirse a los apaches de la zona (¿eran los que ahora conocemos como bedonkohes, chihennes o chokonen? No lo sabemos), por entonces liderados por El Salinero, quien les dio la bienvenida, diciéndoles que les protegería de los españoles, de los que dijo “no eran hombres”. El Salinero fue el líder de esta unificada banda de apaches y jocomes.
(Este proceso de integración se repitió con otros grupos nativos. Los apaches asimilaron a su cultura a miembros de otras tribus y sobre todo a las mujeres. Se dio mucho más el movimiento de asimilación de mujeres de otras tribus hacia los apaches que éstas hacia otros grupos nativos. Una estimación sugiere que el 2 % de las madres en cada generación apache se originaron en grupos cercanos a ellos. Al principio, a causa de la actuación militar de los españoles, ese contacto fue mucho más íntenso, con muchas mujeres jumanos, sumas, mansos, chinarras y jocomes integrándose en la sociedad apache).
Dos meses después, a mediados de septiembre, el destacamento unificado de Fernández y Terán volvió a la Sierra de Chiricahua con más soldados y con un contingente añadido de pimas, habiendo oído que muchos nativos se estaban uniendo a los apaches.
Una patrulla capturó a varios de ellos, enterándose que los janos, jocomes, sumas y chinarras habían ido al territorio del río Gila. Poco después encontraron al hermano de El Tabovo (posiblemente enfrentado a su hermano) quien dijo a Fernández que su hermano estaba enfermo pero que los janos, jocomes y sumas querían la paz. Al día siguiente capturaron a un hombre y una mujer jocomes que les dijeron que los jocomes se habían unido a la banda de apaches de El Salinero. La mujer dijo que los apaches no querían la paz sino vengarse por los muertos y cautivos que hacían los españoles.
El 20 de septiembre el destacamento español estaba acampado en el extremo norte de la Sierra de Chiricahua, cerca del extremo occidental del Puerto del Dado (el actual Apache Pass, Cochise County, Arizona). Muchos hombres estaban resfriados y con fiebre, debido probablemente a una infección viral al haber bebido agua contaminada a causa del calor, la humedad y las fuertes lluvias estivales. Terán estaba demasiado enfermo para montar a caballo y cerca de 100 pimas habían dejado la campaña.
Fernández envió un destacamento para intentar encontrar a los jocomes y ver si de verdad querían la paz. El destacamento estaba formado por 64 hombres con tres caballos cada uno y 100 nativos ópatas, conchos y pimas, con raciones para cuatro días al mando del teniente Antonio de Solís. Tres días después, los jefes ópata y concho regresaron anunciando una victoria. Una avanzadilla de Solís, con Silvestre Pacheco, soldado de Janos, al frente, había descubierto a media mañana el campamento de los aliados jocomes y apaches. El resto de los soldados llegó rápidamente y los persiguió matando a 12, incluyendo a El Tabovo y El Salinero, y capturaron a 44 mujeres y niños, y a dos ancianos. Solís liberó a uno de ellos para que dijese a los huidos que si querían, podían volver y negociar. Solís volvió al campamento de Fernández con las mujeres y los niños cautivos entre dos columnas de soldados, flanqueados por los nativos auxiliares llevando las cabelleras de los muertos.
Fernández preguntó al anciano que si los jocomes querían la paz ¿por qué robaban caballos? El anciano replicó que eran los jóvenes los que lo hacían y que los jefes no podían impedirlo. Continuó diciendo que los apaches no querían la paz. Al día siguiente, Fernández levantó el campamento dirigiéndose hacia el Puerto del Dado, ordenando disparar a cinco jocomes (dos de ellas ancianas) para no retrasar su marcha. Terán iba en una litera y muchos hombres estaban aún enfermos con fiebre. El 26 de septiembre, el destacamento salió del Puerto del Dado hacia el lado este de la sierra y alcanzó las fuentes de San Simón al día siguiente. Allí Fernández decidió descansar hasta que los soldados se recuperaran, enviando patrullas al norte y al sur. Regresaron el 28 de septiembre sin haber visto a nadie por lo que dedujo que los apaches habían huido al río Gila, así que dejó ir a los aliados ópatas, conchos y pimas. Al no poder contar con Terán, demasiado enfermo, Fernández discutió la situación con los capitanes Domingo Jironza Pétriz de Cruzate y Nicolás de la Higuera; con el teniente Antonio de Solís; con los alféreces Francisco de Acuña y Pedro de Villegas; y con los sargentos Diego López Zambrano y Cristóbal de Vargas. Al tener tantos soldados enfermos decidieron abandonar la campaña. Ya volverían más adelante al río Gila. El capitán Terán de los Ríos falleció a la medianoche del día siguiente pero Fernández decidió que una escolta de siete soldados llevara su cadáver a Janos para enterrarle allí. Antes de dejar los manantiales, Fernández sorteó entre sus hombres, las mujeres y los niños cautivos. Fernández informaría: “Todos estaban contentos“. Llegaron a Janos el 3 de octubre después de tres meses y medio de campaña.
Tres años después, en octubre de 1698, unas 120 familias pertenecientes a lo que quedaba de los janos y jocomes, junto a algunos sumas, se presentaron en Janos a solicitar la paz. Los que se quedaron con los apaches fueron asimilados por ellos. Quizás esos jocomes querían reunirse con sus familiares cautivos. Un jocome entregó a Fernández una piel de ciervo pintada con símbolos que representaban a las tribus que querían la paz. Fernández los asentó en los alrededores del presidio donde progresivamente se mezclaron con la población, sufriendo un proceso de hispanización y desapareciendo como entidades nativas. Hoy en día para saber de esos pueblos hay que leer los documentos españoles de la época.

* 29 de mayo de 2020.
El tesoro de
Yahnozha.

El antropólogo noruego Helge Ingstad tenía intención de contactar con los apaches broncos de la Sierra Madre. Ingstad fue a la Reserva Mescalero donde se reunió con el administrador E. R. McCray para exponerle sus intenciones. McCray le presentó a Edwin Yahnozha, antiguo guerrero chiricahua que había luchado junto a Gerónimo.

Yahnozha era de baja estatura, robusto, de pecho ancho, con una cara muy arrugada y de pómulos altos. Tenía unos 76 años pero aún estaba en forma. Cuando Ingstad le preguntó si quería ir aceptó de inmediato y rápidamente empezó a hablar de un tesoro. Ingstad le explicó el objetivo de la misión y que no buscarían el tesoro. Tal vez si estuvieran cerca podrían hacer una breve parada para investigar pero sin prometer nada. Yahnozha aceptó. Ingstad le preguntó si conocía la Sierra Madre lo suficientemente bien como para poder mostrar el camino. Sonrió y dijo que podía encontrar el camino con los ojos vendados. También mencionó que si alguno de esos viejos apaches estaba aún vivo, sobre todo los seis que escaparon cuando Gerónimo se rindió, podría reconocerlos fácilmente porque eran amigos suyos.

Ingstad quería llevar a Asa Daklugie, el hijo de Juh, pero se negó. Quizás porque, tras pasar 27 años como prisionero de guerra, había olvidado los caminos de la Sierra Madre. Cuando Gerónimo se rindió en 1886, tenía solo 17 ó 18 años de edad. Ingstad necesitaba al menos a otro hombre. Había pensado en seis pero la falta de fondos lo hizo imposible. Eligió a Andrew Little, de madre apache y padre mexicano. Cuando su padre era niño había sido capturado por los apaches en la Sierra Madre y adoptado por la tribu, por eso Andrew sabía apache, español e inglés.

Cargaron en un camión 23 bultos, saliendo de Douglas (Cochise County, Arizona)el 4 de noviembre de 1937 en dirección a Bacerac (Sonora). El chófer era un mexicano con sombrero, de mediana edad, que siempre estaba fumando. Al principio, el camino era llano y árido, cubierto de arbustos, hierba, plantas de yuca y árboles de mezquite. Luego llegaron las colinas verdes y rodales de roble y enebros. Poco a poco, los picos más septentrionales de la Sierra Madre aparecieron en el horizonte. De repente Yahnozha se emocionó, señalando las colinas del noroeste, explicando que allí Gerónimo se rindió al general Miles, y él estaba con él.

Cuando llegaron a Bacerac, Ingstad se enteró de que los mexicanos habían matado a varios apaches durante los últimos años. Después de alquilar unas mulas se dirigieron hacia el sur. Pasaron cerca de un pico que Yahnozha le llamó “Nabow-dah-hitsons” (la montaña al borde de una cordillera); a otro, “Isa-dahsia” (la montaña con un recipiente en la cima). Dijo que a menudo había estado allí con Gerónimo, quien prefería estar en las alturas para poder ver al enemigo desde lejos.

De camino, Ingstad contrató a un nativo yaqui, Isidro Mora, que conocía perfectamente la Sierra Madre. Durante su marcha, Mora iba por delante montado en su mula, seguido de Andrew con su yegua. Por detrás iban Yahnozha e Ingstad con la reata de mulas. Yahnozhade vez en cuando se detenía en una cresta y señalaba picos y valles diciendo que una vez había estado allí con Gerónimo, luchando con los mexicanos. También explicó que los líderes apaches de los viejos tiempos controlaban una zona del territorio. Cochise la cordillera al oeste de la Sierra Madre; Juh, y más tarde Gerónimo, la zona occidental y central, mientras Victorio la más cercana a Chihuahua.

Por la noche, Yahnozha cantaba canciones apaches, secundado por Andrew Little. A la hora de dormir, dejaban sus rifles cargados junto a ellos. Mora dormía con su pistola bajo la manta por si acaso.

Llegaron a Nácori Chico (Sonora), una población de unos 400 ó 500 habitantes. Ingstad preguntó a Yahnozha si había estado allí antes. Dijo que de joven había estado muchas veces en las afueras luchando contra los mexicanos. Gerónimo y Cochise no pudieron apoderarse de la población. Y ahora, 50 años después, este viejo guerrero entraba pacíficamente. Cuando Ingstad le preguntó cómo se sentía al entrar dentro, respondió: No siento que sea mi lugar estar aquí. Hace mucho tiempo estas personas eran mis amargos enemigos. Ahora solo veo gente común y buena.

El mes de diciembre llegó mientras Ingstad y sus acompañantes seguían vagando por el corazón de la Sierra Madre en busca de los apaches broncos. Llegaron a un lugar en el que Mora se despidió para ver a su familia diciendo que volvería pronto. Cuando se fue, Yahnozha sugirió que el tesoro no estaba lejos. Hacía más de 50 años, cuando Yahnozha recorría la Sierra Madre con Gerónimo, el yerno de éste, Jelikine, encontró un mapa en el bolsillo de una persona que había matado. Más tarde un amigo blanco le tradujo el texto, resultando que el mapa mostraba tres lugares diferentes donde estaban escondidos varios tesoros. Logró encontrar uno, un montón de lingotes de oro y plata escondidos en una cueva. Sin embargo, ni él ni los cuatro apaches que iban con él cogieron nada porque en aquel momento no significaban nada para los apaches, y además porque no podían llevarlo con ellos, al estar siendo constantemente perseguidos. La primera vez que Yahnozha se enteró de la existencia del tesoro fue por su amigo Jelikine, un mexicano que de niño había sido capturado y adoptado por los apaches y que moriría en un enfrentamiento cerca de Nácori Chico (El 21 de julio de 1883 los chiricahuas atacaron Nácori Chico, defendido por un destacamento de la Guardia Nacional al mando del teniente José Moreno y los ciudadanos armados. Cuando Jelikine subía a una roca, un tirador mexicano le disparó en la cabeza).

Un día que estaban cazando, Jelikine señaló la pared de un acantilado de un profundo cañón diciendo a Yahnozha que allí había una cueva, parcialmente cubierta por una roca, que contenía una increíble cantidad de lingotes de oro y plata. Yahnozha registró mentalmente el lugar.

Por entonces, la banda de Gerónimo tenía su campamento en la cima de una montaña al otro lado del cañón. Cuando se vieron obligados a moverse más al sur, Gerónimo reunió a su gente antes de partir, diciendo mientras señalaba la pared rocosa del cañón: Si algo nos sucediera, el resto debe recordar que allá abajo en la pared del acantilado, hay una cueva llena de oro y plata. Yahnozha estaba presente y nuevamente anotó mentalmente el lugar.

Ingstad y Yahnozha fueron hacia allí. Ataron los caballos y fueron a pie. Ingstad le preguntó si se acordaba del lugar, respondiendo que creía que sí pero que había cosas que habían cambiado con el tiempo. Entraron en varias cuevas sin obtener resultado. Continuaron así durante varios días. Había muchas cuevas pero llegar a ellas no era fácil. Corrieron cierto riesgo al acceder a alguna de ellas. Agotados abandonaron. Por la forma de actuar de Yahnozha, Ingstad no dudaba de su existencia pero con el paso de tanto tiempo, la lluvia y la erosión habían cambiado el paisaje. Seguramente necesitarían más tiempo para una búsqueda más exhaustiva dada la gran cantidad de grutas de esos acantilados.

Esa noche, Ingstad, Yahnozha y Andrew Little se sentaron alrededor de la hoguera, cansados y decepcionados, comiendo la carne de un pavo que habían cazado. El más triste era Yahnozha, quien durante años había soñado con el momento en el que iría a la cueva y se apropiaría del tesoro. Estaba apesadumbrado y silencioso hasta que de repente dijo: Cien veces estuve cazando en el cañón con mi amigo [Jelikine] pasando junto al tesoro. Si hubiese dicho una palabra, él me hubiera llevado a la cueva. Ahora es demasiado tarde. Ingstad le dijo que igual así era mejor para todos. Yahnozha reflexionó un momento, se animó y pareció consolarse un poco.

Cuando regresó Mora, levantaron el campamento, siguiendo buscando a los apaches broncos. Fueron hacia el sur, cruzaron la cabecera del río Bavispe y llegaron al antiguo refugio que los chiricahuas llamaban “Bugatseka”. Yahnozha señaló dos claros en el bosque de pinos y dijo que Gerónimo vivía en el de más abajo y Juh en el de arriba, cada uno con su propia gente. Dijo que el jefe era Juhy Gerónimo un buen amigo pero que tras su muerte, Gerónimo se convirtió en el líder de todos los chiricahuas. Ingstad preguntó como empleaban el tiempo, contestando:Apostando, cazando y comiendo. Teníamos siempre mucha comida.

Ingstad: ¿Cómo eran las incursiones?“.

Yahnozha:A menudo, buenas batallas. Primero enviábamos exploradores. Verificaban el más mínimo detalle antes del ataque. Hablábamos y decidíamos qué iba a hacer cada guerrero. Entonces todos se acercaban con cuidado y saltaban sobre ellos. Casi siempre derrotábamos a los mexicanos. Una vez matamos a muchas personas en un pequeño pueblo de Chihuahua y cogimos un gran botín”.

Ingstad preguntó si Gerónimo tenía autoridad cuando se planificaban los ataques. Yahnozha se rió en tono de burla y dijo:Ningún líder podía dar órdenes a los apaches. Todos tenían su opinión y tomaban las decisiones juntos. El que no estaba de acuerdo cogía su arma y se iba. Pero Gerónimo daba sabios consejos por lo que a menudo le escuchábamos.

Ingstad:¿Cómo era Gerónimo?. Yahnozha, evasivo dijo: Nos quedamos con él porque era bueno en poner a nuestra gente a salvo. Gerónimo fue un gran hombre medicina que vio al enemigo en una visión incluso cuando estaba lejos. Poseía el espíritu de la montaña y éste le ayudaba, y todos rezábamos a ese espíritu”.

Tuvieron lugar varias vicisitudes y al final Ingstad tuvo un problema con Mora y con Andrew Little, a los que despidió. Andrew convenció a Yahnozha para que regresara con él a Mescalero. Ingstad siguió con su misión pero no tuvo éxito, aunque conoció a varios apaches capturados por los mexicanos, Lupe, Carmela Bui y Julio Medina. Para Ingstad era imposible saber exactamente cuántos apaches había en la Sierra Madre. Son tantas las montañas y los escondites tan numerosos, que podría haber lo mismo 50 que 10. Ingstad calculó que durante los últimos 10 años, los mexicanos habían matado o capturado a unos 25 apaches, de los cuales solo cinco eran hombres, el resto mujeres y niños. La mayoría de los hombres probablemente fueron abatidos al principio porque tuvieron que arriesgarse más. Todo indicaba que probablemente la mayoría de los apaches broncos serían mujeres. Ingstad se vio obligado a dar por terminada su aventura en la Sierra Madre.

* 27 de marzo de 2020.

Una orden general del 9 de marzo de 1891, autorizaba que cada uno de los 26 regimientos de caballería e infantería de los Estados Unidos que servían en el Oeste, tuviera una compañía compuesta de nativos.

En Mount Vernon Barracks (Mobile County, Alabama) estaban los prisioneros chiricahuas que habían traído de Florida.

En Mount Vernon se creó la compañía “I”, del 12º de Infantería, compuesta por prisioneros chiricahuas. A cargo de ellos estaba el teniente William Wallace Wotherspoon.

El 1 de mayo, Wotherspoon alistó a 47 apaches figurando en el “Registro de Alistamiento” del Ejército:

1. Ralf Ahnandia, de unos 31 años (falleció de tuberculosis el 7 de febrero de 1892).
2. Benjamin Astoyeh, de unos 29 años.
3. Samuel Binday, de unos 33 años.
4. Joseph Behedo, de unos 32 años (enviado a Fort Apache después de licenciarse en 1894).
5. Richard Chechil, de unos 23 años (falleció de tuberculosis el 27 de febrero de 1892).
6. Benjamin Colle, Cathlay o Cullah, de unos 35 años(falleció en una pelea el 23 de junio de 1894).
7. Alfred Chato, de unos 37 años.
8. Jim Chiricahua, Jim Miller o Eskinzan, de unos 35 años.
9. Tom Chiricahua o Be-da-zis-shu, de unos 40 años.
10. William Coonie, de unos 26 años.
11. Mike Dahkeya, de unos 23 años.
12. Harold Dick o Nahteenesn
, de unos 48 años.
13. Fritz Dutchy o Bakeitzogie, de unos 36 años (falleció en una pelea el 12 de marzo de 1893).
14. David Fatty, de unos 35 años.
15. José First
, de unos 32 años.
16. Larry Fun, de unos 25 años (se suicidó el 8 de marzo de 1892).
17. Frederick Gokliz, de unos 20 años.
18. Nelson Gonaltsis o Patricio, de unos 30 años (falleció de tuberculosis el 2 de abril de 1892).
19. Talbot Gooday, de unos 28 años.
20. Paul Guydelkon
, de unos 31 años.
21. Sam Haozous, de unos 23 años.

22. Walter Juacinto, de unos 28 años (falleció de tuberculosis el 17 de abril de 1892).
23. Pedro Juan o Seegotsi, 30 años (falleció de tuberculosis el 29 de abril de 1893).
24. Jacob Kaahteney, de unos 30 años.
25. Tim Kaydahzinne, de unos 30 años.
26. Arnold Kinzhuna, de unos 28 años.
27. Stephen Kyzha, de unos 27 años.
28. Carl Mangas, de unos 36 años.
29. Charles Martine, de unos 33 años.
30. Lawrence Mithlo, de unos 31 años.
31. Leo Nahnalzhuggi, de unos 30 años.
32. Arthur Nahtoahgahun
, de unos 32 años(falleció tiroteado por Hugh Seeltoe el 18 de abril de 1894).
33. Christian Naiche, de unos 35 años.
34. James Nicholas, de unos 18 años.
35. George Noche
, de unos 35 años.
36. Leon Perico, de unos 35 años.
37. José Second, de unos 42 años.

38. Hugh Seeltoe, de unos 27 años (se suicidó el 18 de abril de 1894).
39. Erick Spitty, de unos 23 años.
40. John Tahnitoe, de unos 36 años.
41. Jewett Tissnolthtos, de unos 31 años.
42. Rogers Toclanny, de unos 28 años.
43. Albert Tooisgah, de unos 30 años.
44. Waldo Sundayman Tsedikizen, de unos 32 años.
45. Burdett Tsisnah, de unos 27 años.
46. Evans Tzozonne, de unos 31 años.
47. Edwin Yanozha, de unos 26 años.

A finales de mayo, la compañía la formaban 47 chiricahuas, además de ocho Tonto Apaches, 11 apaches de San Carlos y dos apaches White Mountain traídos de la Agencia de San Carlos. En septiembre vino otro contingente de San Carlos aumentando a 76, siendo la mayor compañía nativa del ejército. En total, los llegados de Arizona fueron 31 apaches.Tres sargentos blancos fueron asignados a la compañía.

Gerónimo quiso alistarse también, pero Wotherspoon lo consideró demasiado viejo y lo rechazó. Eso ofendió enormemente a Gerónimo, pero al final se le pasó el enfado, siguiendo en sus funciones como Juez de Paz. Wotherspoon había nombrado a Gerónimo, Juez de Paz en el poblado apache con un sueldo mensual de 10’80 $. Wotherspoon había debatido esa cuestión durante mucho tiempo, porque quien resultara elegido tendría que actuar contra su gente. Después de pensarlo mucho, Wotherspoon se decidió. Resultó que las decisiones de Gerónimo fueron “sabias, perspicaces y rápidas”, teniendo una excelente influencia sobre los demás apaches, y cumpliendo con las expectativas de Wotherspoon.

 

* 21 de diciembre de 2019.

A las 05:00 horas de la mañana del 29 de abril de 1882, un gran grupo de chiricahuas que venía de la Reserva de San Carlos (Arizona) llegó al lecho seco del Arroyo de los Alisos, situado en una zona de bajas colinas, estando a su vista las montañas de la Sierra Madre. Estaban agotados después de haber andado durante toda la noche. Iban en una columna de unos 800 metros de longitud con unos pocos guerreros ya que el resto, al mando de Gerónimo y Chihuahua, protegía la retaguardia en previsión de que llegasen los soldados estadounidenses que les perseguían. Las mujeres del frente aceleraron el paso por el olor a café que venía por delante, asumiendo que la avanzadilla había establecido un campamento. Pero la fuente de ese aroma venía del enemigo.

Los soldados del coronel mexicano Lorenzo García salieron de sus posiciones disparando contra el flanco de la larga fila. Los primeros disparos, realizados a unos 90 metros, cayeron sobre las mujeres y niños. Tsoe, más conocido como Peaches, resultó herido, mientras sus dos esposas y su bebé resultaron muertos. Había pocos guerreros para intentar repeler el ataque, cuando los mexicanos salieron de sus posiciones cargando, a bayoneta calada, mientras disparaban a la derecha y a la izquierda sobre las mujeres y los niños. Jason Betzinez iba detrás con su madre y su hermana, y vio lo que pasó: Casi de inmediato los mexicanos estuvieron en medio de nosotros abatiendo a mujeres y niños a diestro y siniestro. Por todas partes a nuestro alrededor había personas que caían ensangrentadas y morían (…) Los que podían correr más deprisa y más lejos lograron huir (…) entre éstos estábamos mi madre, mi hermana y yo porque éramos excelentes corredores (…) Yo no tenía armas de ningún tipo porque todavía no era guerrero. Nos dirigimos rápidamente hacia la montaña“.

Los mexicanos mataron a varios guerreros junto al lecho seco del arroyo donde, después del combate, encontraron 21 cuerpos. Muchas mujeres y niños intentaron huir a las colinas que estaban a unos 800 metros. La infantería mexicana los alcanzó en una cercana quebrada, matando a varios. Ahí encontrarían nueve cuerpos, incluyendo el de un viejo canoso (quizás Gordo) que había matado al menos a dos mexicanos antes de caer. Ese primer asalto causó la mayoría de las bajas, falleciendo unos seis guerreros y unas 50 mujeres y niños.

James Nicholas, un nieto de Chiva, también recordaría el ataque. Él estaba andando cuando oyó los disparos que levantaban polvo y pequeñas piedras al aire. Estaba en la retaguardia del grupo de mujeres y niños oyendo como gritaban: Retroceded. Luego oyó a las mujeres gritar y chillar mientras intentaban que sus mulas diesen la vuelta y escapar. Nicholas agarró la parte posterior de la cola de un caballo mientras la gente caía a su alrededor. En medio del caos cabalgaban los guerreros más jóvenes a quienes Nicholas llamó “chicos grandes”. Ellos salvaron la vida de Nicholas y la de muchos otros.

Entonces llegaron Gerónimo y Chihuahua deteniendo el avance de los mexicanos y probablemente salvaron al grupo de la total aniquilación. A los pocos minutos de la emboscada, Betzinez y Sam Haozous pudieron oír la voz de Gerónimo, viendo como él y Chihuahua llegaban de la retaguardia con 32 guerreros, haciendo un contraataque que hizo retroceder a los mexicanos. Betzinez diría: Mientras corríamos, mi madre y yo oímos detrás de nosotros a Gerónimo, que gritaba a los guerreros que se reuniesen a su alrededor para formar una línea de defensa para proteger a las mujeres y los niños. Luego supimos que 32 guerreros respondieron a la llamada de Gerónimo y a ellos se unieron mujeres y niños en busca de protección“.

García ordenó volver a la carga. Pero ahora los guerreros se habían agrupado alrededor de Gerónimo para interponerse entre las mujeres y niños, y los mexicanos. Cuando los guerreros entraron en acción, varias mujeres cavaron hoyos para tiradores a lo largo de la orilla del arroyo, y protecciones para los no combatientes. Al cavar manó agua del fondo que aprovecharon para beber. Resistieron a los mexicanos en lo que resultó ser la verdadera batalla. Dos tiradores apaches (uno de ellos un fornido joven de poco más de 20 años) se atrincheraron bajo un árbol cerca del borde de la orilla, disparando a los mexicanos que no sabían de dónde les llegaban los disparos. Allí estaban también Loco, Chappo (el hijo de Gerónimo), Perico, Fun, Jelikine, Chihuahua y su sobrino Espida. Los mexicanos empezaron a tener bajas.

Cuando la munición escaseaba, una mujer mayor salió corriendo bajo una lluvia de balas a recoger una bolsa de 500 cartuchos que estaba en el suelo, a unos 15 metros del arroyo. La bolsa se le había caído a Loco cuando estaba bajo el intenso fuego de los mexicanos. Cubierta por Chihuahua, que estaba tumbado a su lado, y por Fun, la mujer llevó a cabo con éxito su misión y arrastró el saco hasta el arroyo. Algunos autores, incluida Eve Ball, han identificado a esta valiente mujer como Lozen, pero según Edwin R. Sweeney están equivocados. Según relatos de los apaches, la descripción de esa vieja mujer no concuerda con la fisonomía de Lozen, y en cualquier caso, ésta no estaba presente. El grupo de Gerónimo que fue a San Carlos a buscar a Loco, solo estaba formado por hombres. Lozen estaba en la Sierra Madre con Juh y Nana.

Las dos partes intercambiaron disparos hasta las 10:00 horas, cuando García reagrupó a sus hombres y ordenó cargar para desalojar al grupo de Gerónimo de la zanja. Los apaches vieron una formación de soldados mexicanos cargando con las bayonetas caladas. Los oficiales alentaban a los soldados: “¡Gerónimo está en esa zanja. A por él!. Pero los apaches respondían con certeros disparos. Fun sostenía varios cartuchos entre sus dedos mientras abatía a más de un mexicano con su rifle Springfield. Perico y Chihuahua no se quedaban atrás.

El oficial que dirigía la carga, el capitán Antonio Rada, cayó muerto alcanzado por Gerónimo, lo que hizo que los soldados se volvieran rápidamente. Cuando alcanzaron la protección de las rocas, intentaron provocarle: ¡Gerónimo, este es el último día de tu vida!. Un joven chiricahua, cuyo nombre se ha perdido en la historia, mató a cinco mexicanos de certeros disparos en la cabeza. Cuando García se percató de ello, ordenó concentrar el fuego contra su posición, matando al guerrero.

Eran las 11:00 horas cuando el combate más enconado se acabó al estar ambos bandos cortos de munición, según el informe de García pero aún así, continuaron disparando esporádicamente hasta el anochecer. En ese intervalo llegó una patrulla de caballería que había estado explorando el nordeste. García tenía a su infantería agotada, ordenando que entregaran su munición a los recién llegados, quienes lanzaron una carga sin mucho entusiasmo, siendo rechazados por los apaches.

Del lado chiricahua hubo tres relatos de lo que ocurrió cuando llegó la obscuridad, todos muy parecidos, el de  Gerónimo; el de James Kaywaykla (que se lo escuchó a Talbot Gooday, el nieto de Loco); y el de Jason Betzinez, que se lo oyó a los guerreros que combatieron. Cuando obscureció alguien prendió fuego a la hierba. Lo hicimos los apaches (dijo Gerónimo) para rechazar a los mexicanos. “Lo hicieron los mexicanos (dijeron Betzinez y Kaywaykla) para desalojar a los apaches con el humo“.

Los apaches aprovecharon el humo para huir sin ser vistos. Antes, según Talbot Gooday, Gerónimo dijo a sus hombres: Si dejamos a las mujeres y a los niños podremos escapar“. Fun, uno de los guerreros que mejor había combatido no podía dar crédito a lo que oía. Cuando Gerónimo iba a dar la orden de partir, Fun le encaró con su fusil y le dijo: Repítelo otra vez y te mato“. Este hecho es tan difícil de explicar como el realizado por Naiche y los otros guerreros que estaban en la vanguardia, que no volvieron a ayudar a sus compañeros ¿No oyeron los disparos? Incluso los más intransigentes detractores de Gerónimo reconocen su valor. ¿No es cierto ese dato? ¿Podría ser este comportamiento, una característica suya en situaciones extremas? Tres veces estuvo a punto o perdió mujer e hijos en combate mientras huía. ¿Es una coincidencia? Edwin R. Sweeney y Angie Debo son escépticos ante ese escenario, dudando de la veracidad de lo declarado por Gooday, ya que éste no era un testigo imparcial pues durante toda su vida (murió en 1962) tuvo un profundo resentimiento contra Gerónimo al que culpaba de la muerte de sus padres por obligar a huir de la reserva a la banda de Loco. Kaywaykla creyó esa versión y así se la contó a Debo. La versión de Gooday no tuvo el apoyo de Betzinez o Haozous. Ninguno mencionó el hecho de que Gerónimo quisiera salvar el pellejo a expensas de las mujeres y los niños. Haozous, que no era ningún admirador de Gerónimo, acreditó que reunió a los hombres para combatir y evitar más muertes.

A pesar de que algunas versiones intentaron retratar a Gerónimo como un cobarde en el Arroyo de los Alisos, éste emergió con mayor reputación. Fue él el que lideró a los guerreros en la parte más cruda del enfrentamiento. Dos chiricahuas, que por entonces estaban en la ranchería de Juh, Eugene Chihuahua (hijo de Chihuahua) y Sam Kenoi (hijastro de Fatty), afirmaron que Gerónimo se escondió con las mujeres y niños durante el enfrentamiento. El explorador Western Apache Sherman Curley examinó el lugar un día después y habló con varios chiricahuas capturados por los hombres de García. Curley creyó que Gerónimo había actuado cobardemente:Gerónimoestaba en el combate pero se escondió y se fue al llegar la obscuridad. Él era el único responsable de todo ese conflicto“. La noticia de la “supuesta cobardía” de Gerónimo también llegaría a la Reserva Mescalero, quizás a través de Choneska, un guerrero chihenne que sería capturado por la policía de la reserva en agosto de 1882, probablemente al ser enviado por Nana en un intento de conseguir más seguidores. No se sabe si estuvo en el Arroyo de los Alisos pero se quedó con los mescaleros hasta su muerte en 1931. Solon Sombrero, un nieto del jefe mescalero Nautzili, refiriéndose a ese enfrentamiento diría a Ball que “Gerónimo estaba en un hoyo donde daba las órdenes desde allí. Ellos (los mexicanos) no pudieron sacarle de ahí. Estaban sin municiones.

Edwin R. Sweeney dio una posible explicación. Cuando los apaches estaban esperando la llegada de la obscuridad durante unas tensas seis horas, se pusieron a cavar trincheras para tener más protección ante los tiradores mexicanos. Quizás Gerónimo, al tener a su joven hijo con él (Chappo), ayudó a cavar y por eso algunos guerreros se lo reprocharon. Gerónimo tuvo detractores pero también un núcleo de partidarios incondicionales. Uno de ellos era Asa Daklugie (hijo de Juh), quien no estaba allí, pero rápidamente condenaba cualquier conversación crítica contra el coraje de Gerónimo. Jasper Kanseah, un líder chiricahua en el siglo XX, coincidía con Daklugie. Y debemos recordar las palabras de Gerónimo, quien creía que su “Poder” le había prometido protegerle en la batalla, una creencia que sostuvo durante toda su vida. Por todo ello, quizás esas críticas fueron malinterpretadas o, por razones interesadas, intentaron manchar su reputación durante el enfrentamiento. Esos “críticos” no dijeron nada del papel de Naiche, Chato y Kaahteney. Simplemente no estuvieron en el combate porque no “oyeron” los disparos. Pero Gerónimo demostró ser un buen líder y un buen luchador durante el sangriento combate. Había llegado de la retaguardia; había sacado a los supervivientes de la emboscada; y más tarde los llevó a través de la Sierra de Carcay y otras montañas más al sur. Después del enfrentamiento en el Arroyo de los Alisos, nadie cuestionó su papel como líder predominante.

* 27 de julio de 2018.

El 21 de agosto de 1879, Victorio huye de la Reserva Mescalero (Otero & Lincoln Counties, New Mexico) con unos 145 chihennes y bedonkohes.

El 4 de septiembre, Victorio y Juh, que habían unido sus fuerzas, atacan la manada de caballos de la compañía “E” del 9º de Caballería de los Estados Unidos, mandada por el capitán Ambrose Eugene Hooker, estacionada en Ojo Caliente (Socorro County, New Mexico). Una vez fuera de la reserva, la banda de Victorio tuvo que sobrevivir cometiendo asaltos. Victorio había robado más de 15 caballos en la reserva pero necesitaba más para mantener su movilidad por lo que se llevaron los caballos de Ojo Caliente. En cinco minutos mataron a cinco militares (el sargento Silas Chapman, y los soldados Lafayerre Hoke, William Murphy, Silas Graddon y Alvrew Percival) y tres civiles que custodiaban los 50 caballos y 18 mulas, llevándoselos sin que se enterara el resto de la guarnición. Lo hicieron observando la rutina de los cuidadores, pacientemente, y sólo atacaron cuando la manada estaba fuera de la vista y alejada del resto de la guarnición. Los apaches notaron que cada día llevaban más lejos los caballos y las mulas a pastar, y que cuando la manada volvía hacia Ojo Caliente, pasaba por una zona sobre el lado más alejado de una gran roca, que estaba cortada por varios arroyos. Mientras llevaban la manada por el otro lado de la roca y mientras se detenían en estos arroyos, un número estimado entre 40 y 60 apaches atacaron.

Cuando los soldados examinaron el terreno después del ataque, vieron que los apaches se habían dividido en tres grupos. El primero, de unos 12 a 15 guerreros, estaba encargado de matar a los guardias, ocultándose en el área donde iban los soldados de caballería, armados sólo con revólveres. Hay señales que indican que no estaban en un punto fijo, sino avanzando silenciosamente en sentido contrario al avance de la manada hasta que los guardias se pararon. Otros apaches estaban ocultos a lo largo de los flancos del avance de la manada, para conducir los caballos y mulas al interior de un arroyo; y un tercer grupo estaba oculto en otro arroyo más alejado de la roca, para detener a cualquier animal que quisiera volver a Ojo Caliente.

Tres de los cinco guardias estaban desmontados cuando los apaches les mataron, mientras los otros dos, todavía montados, habían caído de la silla cuando la manada fue ahuyentada hacia el arroyo. Las señales mostraron que algunos caballos habían tratado de volver hacia Ojo Caliente antes de que los apaches los hubieran capturado, para reunirlos y llevárselos. Un mensajero fue enviado sobre la única mula que quedaba para pedir ayuda. La compañía “E” no recibiría nuevas monturas hasta el mes de diciembre, no pudiendo participar en la búsqueda de la banda de Victorio en los meses de septiembre y en octubre.